martes, 20 de octubre de 2026

El gen de la cobardía (derecha) y el gen de la ideología (izquierda): apuntes para entender el drama venezolano

Según la ciencia, se nace con una predisposición genética a ser de izquierda o de derecha. Esa inclinación es del 60%; el resto lo abona el entorno con su influencia psicosocial.
Dos palabras clave surgen para comprender lo que la naturaleza pone en la balanza: miedo y tolerancia. Según un estudio neurocientífico (Ryota Kanai), el cerebro de un derechista o izquierdista registra diferencias estructurales e induce a respuestas distintas ante situaciones riesgosas o amenazantes.[1]
La persona de derecha (conservadora) muestra una amígdala (cerebral) derecha con mayor cantidad de materia gris. Son proclives a activar el sistema de alerta (lucha o huida) y a priorizar, por consiguiente, el orden en sus vidas, la seguridad, las instituciones, evitando los cambios. Es la zona del miedo.
La persona de izquierda (liberal/progresista), en cambio, muestra un mayor volumen en la corteza cingulada anterior, que es una región donde se gestiona la resolución de conflictos y el manejo de situaciones ambiguas. Estas personas asimilan el cambio social y la diversidad de opiniones. Es el conglomerado de la tolerancia.
Ambas estructuras funcionales forman parte del sistema límbico, ese contexto primitivo de las emociones. Pero debe hacerse una precisión determinante. Desde el punto de vista neuroevolutivo, la amígdala es una estructura pequeña y muy antigua, parte del llamado cerebro reptiliano. Tiene por trabajo activar, de modo básico, el miedo o el pánico como mecanismo de supervivencia en reptiles, aves y mamíferos.
En cambio, la corteza cingulada es una estructura de mayor tamaño, envolvente del cerebro, con un desarrollo evolutivo más reciente y avanzado, masivo en los mamíferos superiores, refinado en primates y humanos. Su misión es contener el desbocamiento instintivo de la amígdala, establecer la calma biológica, invitando a la razón.
Sin duda, toda una explicación que pareciera querer clasificar a los humanos en seres viscerales (derecha) y cerebrales (izquierda). Dicho de otro modo, rayando en lo peyorativo: seres primitivos (reptiles) y seres evolucionados (primates). Al final, son hallazgos científicos que proponen, inevitablemente, una violencia conceptual en la psicología política y alimentan el viejo debate sobre cómo debería ser el mundo feliz: si gobernado por monarquistas, donde uno ejerce el poder y el resto se inclina; o por colectivos, donde los ciudadanos ejercen el poder, y prima una conciencia de la igualdad social.
La derecha tiene como lastre su definición biológica misma: obedece a lo instintivo con su básico miedo a los cambios y su anquilosada cobardía (conservadurismo); y la izquierda es una propuesta de evolución explorativa que no finaliza y, en su amplitud o idealismo, no termina por concretar la fórmula definitiva (progresismo).
Pero hay más. Se trata de un aspecto que introduce juicios de valor en el cuadro, propendiendo a retratar a los monárquicos como ese egoísta reptil que se apodera de los espacios y paraliza la historia (degradación); y a los socialistas, como esos primates evolutivos que pierden el contacto con la realidad por su pretensión de vuelo (utopía).
Aunque la ciencia no habla de «gen de la derecha» ni de «gen de la izquierda», ha identificado un par de genes que la genopolítica ha asumido para cada ámbito. El primero es el gen de la estatmina (llamado «gen de la cobardía»), presente en la estructura característica de los «derechistas». Su trabajo es regular la producción de una proteína altamente concentrada en la amígdala, para establecer ese quantum de alarma en el individuo como respuesta ante una amenaza.
De manera que se tiene que el correlato psicosociológico de tales individuos es el sobresalto volátil y la ágil carrera, y la búsqueda de refugio en ideologías conservadoras o de derecha.  Su configuración es: todo en orden y nada de cambios amenazantes. La derecha no es, precisamente, la que hará una revolución para establecer un cambio, sino una contrarrevolución para restaurar un orden perdido. Y semejante acto, de aparente valentía, ocurre cuando se dispara el pánico y se torna insoportable la pérdida de la propiedad, de la cultura o de la nación. Su alivio es reencontrar la seguridad conocida. La historia la documenta con el fascismo en Italia (1922) y el nazismo en Alemania (1933).
Tan «monstruosa» derivación del temor (el calificativo va de la mano con el fascismo o el nazismo) es tamizada por la conclusión principal de la politóloga Rose McDermott (Universidad de Brown, American Journal of Political Science): «No es que la gente conservadora sea más miedosa, sino que la gente genéticamente más propensa al miedo tiende a volverse conservadora.»[2] Su estudio, que fue hecho sobre una muestra de gemelos y familias, terminó adosando al perfil temeroso de un derechista el anhelo de medidas proteccionistas, como el rechazo a la inmigración, el armamentismo, el orden estricto y, por supuesto, el severo control de las fronteras.
El segundo gen es el DRD4, o «gen de la ideología».[3] Es un receptor de dopamina, la cual es definida como un neurotransmisor clave en las motivaciones de un individuo para encontrar recompensas cerebrales, según su cumplimiento de metas o hallazgo de estímulos sociales. El trabajo del gen, pues, consiste en motorizar esa exploración placentera desde la dopamina, innovando el modus vivendi o instaurando el cambio social.
En términos históricos, las concreciones de esta pulsión hacia la novedad fueron la Revolución Francesa (1789) y la Revolución Bolchevique (1917). A diferencia del retrato pánico del derechista, el individuo con esta caracterización de corteza cingulada y gen ideológico no teme destruir estructuras tradicionales para iniciar un reloj civilizatorio desde cero. Inclusive, el izquierdista puede tolerar entornos multiculturales en virtud de su orientación hacia la justicia social.
Aunque los resultados históricos parezcan satanizar el accionar de la derecha cuando se le detona el pánico, desde el punto de vista de la supervivencia de la especie, la llamada cobardía es un componente importante. El miedo no solamente te puede bautizar como un cobarde, en términos culturales, sino que te puede también salvar la vida, en términos biológicos. Habría que decir que la historia, en su enigmático devenir, hace uso conveniente de un motor u otro para proseguir. Luego, en manos del pensador o científico recaería la tarea de evaluar la catadura de una condición humana averiada con tan abominables actos de exterminio. Pudiera el moralista argüir que son retos evolutivos que la especie marca para su superación.
Cuando es propicio conservar lo construido para proseguir, he allí que el miedoso entra en acción; cuando es conveniente revolcar, también para proseguir, he allí que entra en juego este explorador de mundos, cuyo placer es la refundación y la tolerancia del caos o lo diverso. Como se vea, se trata de una correlación necesaria en el corazón de toda sociedad humana: mientras el temor en uno tiende a formar escudos para preservar (amígdala y gen de la estatmina), la tolerancia y el sentido exploratorio pueden conllevar la transformación de lo conocido (corteza cingulada y gen de la ideología).
Conviene precisar nociones sobre nombre tan extraordinario: gen de la ideología. Más allá de que el miedo es un componente fundamental para la supervivencia, es de resaltar también que los reinos o monarquías son la forma más espontánea de organización política en el hombre. Es decir, la primera forma de poder político. Un líder, una nación: la mayor garantía de seguridad a la mano. También la mejor manera de exorcizar la angustia en tiempos de dioses, de humanos divinizados y de gran incertidumbre racional. De hecho, reyes y monarcas, hasta hace poco, se consideraban divinidades, para mejor respaldo.
Semejante espontaneidad se corresponde con la historia neurobiológica del cerebro: primero fue esa almendra básica llamada amígdala, con su arsenal receloso, y luego fue aquella estructura confeccionada en la corteza del cerebro, cuya fisiología opuesta es la regulación de la incertidumbre y una mayor determinación para emprender reformas, como se ha dicho. Esta segunda instancia es como la calma previa al uso de la razón. La función pánica se desata y el neocórtex (lugar de la estructura de izquierda) después labora para discriminar. En medio de tal dinámica fisiológica, es de cajón aseverar que lo que es expreso no necesita elaboración ni ideología (el miedo, pues). Y lo que es de reflexión es lo que se ha dado por llamar «gen de la ideología» al implicar un control de la animalidad para invitar al discernimiento de la razón o de la idea. Como postrera es esa estructura cerebral en la historia neurobiológica, posterior también es la Revolución Francesa en el historial humano.
Sin embargo, aunque la semántica sea de cuño nuevo (izquierda y derecha políticas se conocen después de la Revolución Francesa), el mundo ha sido una expresión «derechista» desde un principio, como se corresponde con lo histórico explicado sobre las monarquías. En cuanto a la izquierda, probablemente hayan sido los griegos, como constructores de la razón, los primeros revolucionarios expresivos de esta actividad neocortical (pensamiento, capa más evolucionada del cerebro). La obra de pensadores y filósofos, como Sócrates, Platón y Aristóteles, no dejó ladrillo sin tocar de las viejas estructuras, incluso bajó a los dioses de sus pedestales, como lo confirma la experiencia de Sócrates. Para rematar, con engranaje neurohistórico perfecto, Platón postuló la creación de una república gobernada por hombres de pensamiento sosegado, en medio de una época primaria plagada de monarquías. En este sentido, hasta se puede afirmar que la Revolución Francesa fue un evento tardío como efecto espejo.
Si la eventualidad descrita no refleja ese pulso conflictivo entre cobardes políticos y utópicos reformadores, es por el bloqueo mismo de las estructuras mentales ideológicas. El mundo se debate entre los que amarran y los que liberan, siempre infiriendo que la historia los utiliza por ciclos en su sentido decursivo. Inclusive, lo hace asimilando los perturbadores desastres del cerebro derechista, como los campos de concentración, el fascismo y el nazismo, esos abyectos medios que utiliza para rescatar su seguridad perdida.
Lo que se llama humanismo no puede ser caracterización de quienes, pulsionalmente, profesan la animalidad emocional para atenazar sus viejas estructuras de tranquilidad. Para tales, es posible la quema inclusive del género humano para el logro de los fines, como lo ha demostrado la historia.  La ansiedad destructiva por rescatar un escombro del pasado es de magnitud épica, de manera que se incurre en la paradoja de aniquilar para conservar. Es entonces cuando adviene el constructor y recreador de mundos, para borrar o reparar, en momentos en que se amenaza el cimiento civilizatorio. El ejemplo mismo del humanismo recrea un momento de revolución cultural frente a la insostenible explotación del hombre por el hombre de la vieja era feudal.
De suyo, ya para hablar en propiedad con los vocablos, la izquierda suele terminar recogiendo el reguero que la derecha deja en su ejercicio político. Entonces despliega su trabajo, diseñador del mundo nuevo o coexistencial. Cuando su efecto reparador sacia los niveles de convivencia social de sus mismos adeptos y satura, consecuentemente, los niveles de terror de sus opositores, vuelven la historia y los votantes a repetir el ciclo de la autodestrucción, como esa mítica serpiente que se devora la cola.
Finalmente, a modo de viñeta, habría que decir que el izquierdismo no es de fácil consecución, dado que hasta biológicamente es una elaboración.  Precisa, no tanto como el derechismo, de ese 40% de influencia ambiental para consolidarse. La diferencia estriba en que ese mismo 40% debe ser también constructivo, o formativo, para mayor precisión. Como arrojan los estudios, el sujeto debe militar en la escuela social de la vida, con debidos estímulos que desafíen la ambición compensatoria de la dopamina y lo empujen inclusive hacia experiencias importantes exploratorias.[4]
El ser de derecha es de más simple logro, casi expreso, como se dijo. El sujeto adviene al mundo con su inclinación genética del 60%, no requiriendo significativamente del efecto ambiental para quedarse en ese predio. De derechas será. Es una simple correspondencia con la estructura límbica, donde la amígdala, con su gen del terror, proclama el pánico o la inseguridad. Al no existir una corteza circunstancialmente estimulada ni un gen ideológico (la amenaza de la izquierda), el resultado es irremediable. El hecho de que el mundo sea una construcción mayoritaria de derechas parece apoyar el razonamiento. Desde un punto de vista histórico y considerando el esfuerzo para su expresión, luce el ser de izquierda como un fenotipo recesivo.
Véase la ventaja abrumadora de la animalidad (en sentido biológico y no peyorativo) sobre la intelectualidad. De joven, el hombre es impulsivo y disruptivo, lo cual es confundido con liberalidad. La realidad es que despliega una conducta refleja de la almendra temeraria, que te habla de enemigos amenazantes. El acto de arrojo sencillamente es una saturación glandular que intenta matar la aprensión con el miedo mismo. De modo que es difícil comprobar la condición de genuina valentía desde el punto de vista de la refinada izquierda.
La frase «Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica», atribuida a Salvador Allende, podría no tener asidero real y funcionar como un constructo con efecto de sofisma. Lo que sí podría ser más real es que la juventud no ha dado el tiempo necesario para la maduración ideológica (gen de la ideología) y lo más probable es que sea un sujeto cautivo de esa actividad límbica primera de las emociones. Debe quedar claro que el razonamiento no niega la valentía como hecho fáctico de arrojo, sino que invita a sopesarla como expresión genuina izquierdista.
De igual modo, cuando el hombre envejece, se hace conservador en virtud de abrumadores efectos socioambientales que deconstruyen el trabajo formativo de la izquierda. La debilidad corporal y la angustia por la proximidad de la muerte, los hijos, la familia, los bienes y la comodidad adquirida son una dura prueba para la consistencia progresista. El confort, como valor burgués, podría estar asumiendo el rol de la seguridad tan neuróticamente buscada por el derechista, ante cuya amenaza el pavor se apodera del alma.
Bajo esta óptica, es fácil ilustrar con casos históricos el espectacular tránsito de posturas ideológicas de jóvenes revolucionarios a viejos conservadores, sin sumar que la misma psicología perfila al viejo como persona conservadora por antonomasia. Por ejemplo, para mencionar un hecho local, háblese en Venezuela de un conocido «marxista» que involucionó a opositor de la propuesta socialista que representó Hugo Chávez: Teodoro Petkoff. Antes del resultado final, ya había aceptado cargos ministeriales en gobiernos que duramente había adversado en su juventud socialista. Podría, inclusive, hablarse de la mandataria actual de Venezuela, Delcy Rodríguez, junto a su hermano, pero es de advertir que el ejemplo rompe el molde del transfuguismo de manera particularmente animal. Además, la historia ofrece ejemplos con mejor delineamiento clásico para comentar con mayor dignidad.
Aunque la ciencia lo niegue por reticencias moralistas, sí parece existir un gen tanto de izquierda como de derecha. El estudio mencionado sobre el gen de la cobardía para caracterizar al derechista y el realizado sobre gemelos para evaluar la contextura formativa de la corteza, y caracterizar al izquierdista, dejan en claro el miramiento. Por supuesto, es más criticable hablar, por extensión, de «gen capitalista» y «gen socialista». Pero, sépase, en genopolítica, en la ciencia del control de masas, en la publicidad y el mercadeo, estas nociones biológicas apabullantes son ya herramientas más que hechos.


[1] Harkness, Timandra. 2014. “¿De izquierda o de derecha? Un escáner de su cerebro puede tener la respuesta”, BBC, 20 mayo <https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/05/140520_ciencia_cerebro_conexiones_ideas_politicas_innatas_np> [consultado el 19 de octubre de 2026]
[2] Harkness, Timandra. 2014. “¿De izquierda o de derecha? Un escáner de su cerebro puede tener la respuesta”, BBC, 20 mayo <https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/05/140520_ciencia_cerebro_conexiones_ideas_politicas_innatas_np> [consultado el 19 de octubre de 2026]
 
[3] “Nuestros genes podrían definir si somos de izquierda o de derecha”. 2015. Clarín, 5 agosto <https://www.clarin.com/sociedad/genes-genetica-gen-iquierda-derecha-politica-liberal-conservador-estudio_0_B1G6ertP7l.html> [consultado el 19 de octubre de 2026]
[4] “Nuestros genes”, Clarín.


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martes, 13 de octubre de 2026

Zarpazos - ¿Para qué contramarchas si ya no hay revolución que defender?

Gremios y oposición del sector público, jubilados y una Alianza por los Presos Políticos (que no debería estar allí) salieron hasta Miraflores para exigir mejoras en los salarios. Denuncian que el salario quedó congelado en ciento treinta bolívares en 2022 y que lo que ganan son las bonificaciones del Cestaticket y el Bono de la Guerra Económica, las cuales no aplican para el cálculo de los aguinaldos ni prestaciones.
Devengan aproximadamente doscientos cincuenta dólares cuando la canasta básica vale quinientos.
Pero no pudieron llegar a Miraflores. Diosdado Cabello lideró la contramarcha de los “trabajadores por la paz” hasta la Asamblea Nacional, cerrando el paso con la Policía Nacional.
Los tiempos cambiaron. No existe ahora una oposición peligrosa que contener con contramarchas cuando el mayor riesgo contra la patria anida en Miraflores.
Busca mi blog Animal Político y te digo más.





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domingo, 11 de octubre de 2026

Zarpazos - Los diputados que regalan petróleo ahora se ofenden si les recuerdan los hechos

En el seminario “Los partidos y una nueva sociedad”, realizado en México, Gustavo Petro dijo que Venezuela no tuvo sino a treinta y dos cubanos para que la defendieran del ataque estadounidense de enero de 2026. Todos asesinados, por cierto. Allí estaban los diputados Jesús Farías y Tania Díaz, gritando, el primero, que eso era mentira y, la segunda, acusándolo de “Santander”. No había fuerza armada, completó el expresidente, y agregó que los cadáveres de los cubanos llegaron a su país no por obra de venezolanos, sino de un cubano que sobrevivió.
Es el sino de ese nuevo PSUV que gobierna en Venezuela. Quiere que, sin el Hugo Chávez ideológico, lo llamen chavista para embaucar a millones de votantes. Para empezar, Petro dijo la verdad, y esos diputados son los que han estado legislando para que Trump se robe el petróleo, para terminar. Sigue mi blog Animal Político.





Zarpazos - Lo que oculta la acusación de tortura contra Maduro.

La fiscalía de Nueva York tiene la directriz de dejar entre rejas a Nicolás Maduro y a su esposa bajo cualquier cargo. El negocio petrolero entre Delcy Rodríguez y Donald Trump no puede ser perturbado. Por eso, acaba de sumarle el cargo de tortura y detención injusta contra ciudadanos estadounidenses. El de jefe del "Cártel de los Soles" se le cayó porque nunca existió tal organización, pero el de introducir cocaína a los Estados Unidos y el de poseer una ametralladora (para defenderse) se siguen sosteniendo. Como tales cargos lucen tambaleantes, la fiscalía se buscó a los implicados en la Operación Gedeón para dar el estacazo. Sépase que estas personitas fueron las que liberó Maduro a cambio de Alex Saab.
Se trata de una guerra, donde el sucio es el jabón. Los mercenarios están libres, quieren más y Saab está preso. Busca mi blog y comprueba la miseria tú mismo.





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jueves, 8 de octubre de 2026

Los nuevos cargos que ridiculizan la detención de Nicolás Maduro y lo hacen oler a libertad de guayaba fresca

La fiscalía de Nueva York trabaja intensamente para acumular la mayor cantidad de acusaciones posible y evitar que Nicolás Maduro quede en libertad tras el juicio que le han pautado para 2027. El esfuerzo abarca también, como es lógico, a su esposa, Cilia Flores. El objetivo es armar un convoy de acusaciones lo más variado posible, de modo que, si no es condenado por A, lo sea por B.
La novedad del día consiste en incoar cargos por tortura contra ciudadanos estadounidenses que, durante su mandato como presidente, atentaron contra el gobierno. Por ejemplo, son centrales los casos de Luke Denman y Airan Berry, ex boinas verdes que participaron en la fallida Operación Gedeón, en mayo de 2020, cuando los neutralizaron unos pescadores venezolanos.
Estos, entre otros, fueron liberados en 2023, canjeados por Alex Saab durante el gobierno de Joe Biden. Y ahora harán confesión sobre las presuntas artes de tortura del mandatario venezolano. En la lista también entra el exmarine Matthew Heath. Con exámenes médicos en mano, esperan el momento de subir al estrado y rendir testimonio.
No tiene que importar que parezca desleal que unos beneficiarios de una medida de libertad se dispongan a morder la mano que los liberó. La opinión pública sabe del fondo que tocaron al participar en un acto armado contra un país soberano y de la merecida pena que han debido pagar. Es irrelevante que, después de sus testimonios, la gente pueda pensar que no son las mejores personas del mundo; como irrelevante es que, después de la aventura, estén libres y quien fue canjeado por ellos esté preso. Naturaleza mercenaria, podría apuntarse.
Lo importante es que, a cualquier precio, Maduro no salga en libertad y se dedique luego a estropear la colonización que se está llevando a cabo contra Venezuela en la actualidad, de la mano de los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello. El rebrote de una pizca de socialismo o revolución genuinos en el país bolivariano volcaría los grandes negocios que Donald Trump ha hecho con los recursos naturales del país y con la traición política de los personajes mencionados.
En un principio, Maduro fue acusado de ser el jefe de un inexistente “Cártel de los Soles” (narcoterrorismo) y de introducir cocaína hacia los Estados Unidos. Casi de inmediato, como fue escándalo, la ficción del cártel se aclaró, desestimándose que el presidente pudiera ser jefe de algo inexistente. Pero la fiscalía mantiene los cargos de narcotráfico, además de la acusación de tenencia de una ametralladora (arma de guerra).
Como se vea que estos cargos parezcan absurdos y puedan, de hecho, desaparecer de un soplo si la justicia es persuadida de que el hombre es un jefe de Estado con inmunidad, la fiscalía no escatima esfuerzos por reclutar gente de abyecta ralea para conseguir sus objetivos. Lo de Maduro y Flores es una apuesta contra un gigantesco poder corporativo capaz de quemar a sus propios dioses por el petróleo venezolano.
La razón humana misma es quemada en el intento: el cargo por tortura y detención ilegal que se planea no parece sostenerse ni siquiera a modo de burla. ¿Cómo se puede hablar de “detención injusta” con relación a unos individuos que asaltaron la frontera de un país para derrocar a su presidente? El acto es penalizable hasta en la imaginación de la existencia de otros mundos, donde habría que suponer que tienen sus propias reglas, no necesariamente universalizables por el derecho penal de los Estados Unidos.



martes, 6 de octubre de 2026

Zarpazos - Lo que no se dice de Lula da Silva, quien ahora pierde las elecciones en Brasil.

Ya usted ve, la derecha viene duro en América Latina. Ignacio Lula perdió la primera vuelta ante el hijo de Bolsonaro. Un desastre. Hugo Chávez fue quien inauguró una etapa de oro para la izquierda latinoamericana y hasta mundial; pero, también, su muerte proclamó un fin. Hoy puede hablarse de islotes que sobreviven, prácticamente acorralados: Nicaragua, Cuba y Brasil mismo, hoy en crisis. Fin de una era. Recurrente como es el tiempo, le toca a la derecha. Pero, hay que decirlo: la izquierda tiene su montón de llagas: Lula mismo, con su envidia geopolítica, atacó a Venezuela y cerró su admisión en los BRICS.
La política tiene su efecto bumerán En cierto modo, él mismo azuzó al gringo contra Venezuela. Ahora le llegó su turno. Trump está sobre su cabeza. Es difícil que contenga la era Bolsonaro, cruel y vengativa. Mi blog es Animal Político, para más.




El ataque nuclear a Irán y el camino hacia el futuro de la humanidad

¿Qué no es posible hoy? Después de la Segunda Guerra Mundial, dos hechos quedaron, titularmente, vedados para la malsanía humana: el nazismo y el ataque a poblaciones de Homo sapiens con armas nucleares. Aparentemente…
Al precio de 80 millones de vidas, la humanidad revivió rápidamente una experiencia lo más cercana a la era de piedra. Y luego, con escandalosa reconvención, se reorganizó y dio lugar a un nuevo período de convivencia, centrado moralmente en un ente arbitral como la ONU.
La catástrofe parecía haber pintado a un hombre nuevo, con base en el escarmiento recién sufrido. Y, de entrada, no parecía factible que repitiera episodios que pudieran desbordar las bajas pasiones.
En lo sucesivo, la Alemania nazi fue amarrada, cual perro rabioso, con tratados de sumisión y supervisión; y el hongo nuclear fue satanizado con escandalosa gravedad sobre el paisaje deshumanizado y monstruoso de Hiroshima y Nagasaki. ¿Quién podía atreverse a qué de nuevo?
Todavía hay quienes cazan nazis debajo de la corteza de la tierra, invocando aquel severo discurso sancionatorio de la nueva era. Aún regañan los libros de historia por la pesadilla nuclear. Pero es tiempo pasado. El cariz de lo poco probable fue perdiendo aristas a lo largo de las décadas, al grado de que hoy no es retórica repetir la pregunta del principio: ¿qué no es posible? Véase.
Lo primero que envejeció fue la ONU. Funcionó en el pasmo inicial de la novedad, pero luego empezó a dejar dudas sobre su capacidad para contener crisis humanitarias y guerras, las mismas razones que dieron pie a su nacimiento. Se retiró de Ruanda (1994) cuando sabía de la inminencia de un exterminio; en una zona bajo su custodia (Bosnia, 1995), “permitió” la masacre de más de 8.000 musulmanes; los Estados Unidos y sus aliados la ignoraron para invadir Irak en 2003, buscando ficticias armas de destrucción masiva… La lista de disfuncionalidades es notable: Haití (2010), Siria y Yemen (2011), Ucrania (2022), Gaza (2023)… Venezuela, con la incursión estadounidense del 3 de enero de 2026 y el secuestro de su presidente (preso actualmente en los Estados Unidos), sería el nuevo nombre para estampar en tal lista de la vergüenza.
En un capítulo previo de Irak (Guerra del Golfo, 1991), el tabú de las armas nucleares fue burlado de modo artero: detonaron el equivalente a 6 bombas atómicas. Para burlar el derecho internacional que predicaba la ONU en favor de los Estados-nación, no lanzaron armas nucleares propiamente, pero utilizaron dispositivos hechos con TNT y explosivos plásticos convencionales. ¡90 kilotones, 90.000 toneladas de explosivos, más de seis veces el poder de la bomba atómica de 1945! De manera que es correcto decir que no se han detonado más bombas atómicas contra poblaciones, pero sí se ha usado varias veces su poder destructivo en una contienda. Se dirá que lo que está prohibido es su formato, no el efecto.
La recreación de lo acontecido con la ONU es fundamental para desentrañar un discurso putrefacto del orden y la seguridad, así como el fin de una época. Una vez inutilizado el tejido discursivo de ese humanismo de posguerra, a la deriva quedan los hilos mencionados del nazismo y de las armas nucleares. Por ello, la justicia que había en el acto de detener a un viejo nazi camuflado en un país suramericano ha sido sustituida por el valor inverso de recrear la vieja práctica de los campos de concentración: expulsar migrantes hacia zonas remotas, diezmar poblaciones de lugares como Palestina… Ucrania, con el desmontaje bélico operado por Rusia, develó una estructura político-social con códigos nazis importantes.
Cuando al mundo adviene un mandatario que, en el mismo foro de la ONU, amenaza a la humanidad con guerras, con desaparecer civilizaciones y con retrotraerla hacia estadios de la época de piedra, es porque el soporte de los tiempos está hecho trizas. El hecho de utilizar al mismo organismo de distensión y orden para expresar los contenidos bárbaros parece un colmo apocalíptico. De forma que parece un jueguito fútil hacer de nuevo la pregunta de las posibilidades.
Nuevamente, el mundo se da licencia para ejercer la demencia de la especie contra la especie misma. Y precipita la urgencia de un estremecimiento, de un terremoto de conciencia, para detener la fácil lógica de los acontecimientos.
En el contexto de lo dicho (un mundo demente sin reglas), no es difícil pronosticar que el Medio Oriente es donde el fin de la era quebrará sus vidrieras. Allí están encarnados los valores económicos y geopolíticos más importantes para la estructura del poder imperante: energía y posicionamiento militar.
La región ya posee armas nucleares bajo las arenas desérticas del Néguev, el poder imperante (EE. UU.) ya autorizó el desarrollo de otras en otro país (Arabia Saudita) y repele con ansiedad su desarrollo en regiones adversas (Irán).
Una región tan estratégica, pero en la Edad de Piedra; un árbitro internacional decaído; y las dos nociones forjadas mencionadas hacen de la tentación nuclear casi un hecho en la mira del poder interesado, en procura de la fácil preda.
Por tanto, no es aventurado especular que podría ser Irán el próximo punto de quiebre de la conciencia humana por causa de un ataque nuclear. No ha podido ser reducido militarmente y ofrece resistencia a esos fundamentales intereses geoestratégicos de algunas potencias. Ya ruedan varias teorías con relación al desencadenamiento, como la Opción de Sansón, de Israel, la más conspicua. La modalidad podría ser la moralina de aplicar la potencia de varias bombas utilizando TNT o plástico explosivo convencional, o el descaro mismo de detonarlas con su ropaje nuclear oficial.
Los actores: Estados Unidos por la vía de Israel. Los resultados: una guerra multirregional o mundial, un reacomodo del poder en el mundo y, con todos los visos de oficialidad, la inauguración de un nuevo período de convivencia humana. Las razones: la subsistencia geopolítica de los Estados Unidos y la hegemonía de Israel sobre su imperio prometido.
 


domingo, 4 de octubre de 2026

Zarpazos - Este gobernador le abrió el infierno a Delcy Rodríguez

En Carabobo nunca se va la luz. Lo dijo el gobernador, Rafael Lacava,  a un periodista que le pidió garantías sobre un evento para finales de mes. Sorprendido, el comunicador lo refutó, diciéndole que él mismo había propuesto un plan de racionamiento eléctrico. Ahora mira la lectura de fondo: ni Lacava es loco ni la gente es imbecil. Sí se va la luz a diario y la gente ha salido a reclamar. Pero, ante una situación tan evidente, el politico ejerce su derecho al sarcasmo. Así como la presidenta encargada (con quien ha tenido roces) traiciona descaradamente al país, el show del gobernador resalta la burla del poder ejecutivo con el tema. 

En política no hay hilos sueltos. Sus palabras no atraen la atención sobre él, sino sobre el gobierno nacional. Lacava acaba de desatar las protestas en el país. Sigue mi blog Animal Político.




sábado, 3 de octubre de 2026

¿Puede decapitarse una nación? Apuntes sobre Venezuela y la memoria del porvenir

¿Ha oído la infinita historia de la serpiente que se muerde la cola? ¿O que se la devora, para más precisión mitológica? Es un cuento viejo, por supuesto, de por allá, en el antiguo Egipto, en el siglo XIV a.C. Se convirtió en un cliché literario y filosófico para señalar fenómenos vitales e históricos que finalizan, pero que, en su mismo ocaso, encuentran los recursos para reiniciarse.
Pues, tal es el todo de la historia humana, sin ánimo de presumir filosofía. Que las cosas se repiten podría ser el primer salmo de semejante metáfora, pudiendo ser el segundo, que todo muere. El hálito de la esperanza y de la continuación está, precisamente, en el primer acto, repitiéndose, pero cobrando forma de nuevo.
Así son, en fin, los tiempos, tanto en su final como en su inicio. Los griegos vinieron y dijeron todo con su razonamiento. Y ahí empezó, por cierto, Heráclito, el tipo que no se bañaba dos veces en el mismo río, por decirlo metafóricamente. La vida, la historia, continúan con fuerza tal que se atropellan a sí mismas, como si se burlaran de su propia capacidad de recomenzar. O sea, se alude a ese otro modo de decirlo en cliché: el eterno retorno.
Tal esbozo del pensamiento, pesimista, si se quiere, no deja de asistir al hombre en sus horas más oscuras de desesperanza. Que para eso está, a propósito, según lo dicho, para revestir de esperanza el porvenir funesto de los humanos. No es azar que el símbolo Ouroboros (Ourá=cola, borá=alimento), descubierto en la tumba de Tutankamón, esté documentado en los textos funerarios de la época faraónica.
Navegar en la historia es toparse con múltiples culturas y ejemplos que dan fe de los giros infinitos del cambio, pero que sostienen el núcleo imperturbable del movimiento, si es posible el contrasentido.
Por ejemplo, que un venezolano se siente ante un atardecer a meditar el caos histórico de su patria, no se aleja en imagen de los días tristes de Odiseo en la isla de Ogigia, mirando el mar infinito que lo separaba de su amada isla Ítaca y de su esposa Penélope, aparentemente perdidas. No se diferencia en nada de alguien que haya perdido un gran amor y vea su suelo destruido en cualquier momento de la historia humana.
Pero, como se dijo, el mito destructivo viene zurcido a la esperanza. Y la esperanza, secuencialmente, está más allá de la destrucción, plena, con su grávido vientre de las reiteraciones. Es el consuelo de Odiseo encontrar algo en medio de la destrucción temporal que lo reivindique para proseguir el camino: su perro Argos vivo, su carísimo hijo Telémaco, su recuerdo del ser pasado… Es, para completar el giro, el venezolano que sabe que su país tiene una identidad prototípica en el tiempo y que la eventual decapitación política que padece no es una condena eterna.
Esperar que el tiempo reúna los papeles para volver a quemarlos es, quizás, la mejor descripción de toda revolución: el albañil que fabrica el cemento futuro a partir de cenizas y escombros. Porque eso es esa serpiente que se devora a sí misma: un ciclo completo de la vida y la muerte, un revuelco de lo que es y hay para seguir existiendo, quizás de un modo más digno. Y es un hecho que la historia está enhebrada con tales cambios interminables: la revolución que colma, la revolución que calma, la revolución que sana…
Aunque hay un detalle: no se pervive, no se continúa la historia, no se repite el ciclo ni hay lugar para la esperanza, si no hay identidad que reencontrar. Clasificó Carl Jung a la serpiente que devora sus propios contenidos entre sus arquetipos del inconsciente humano. Y en este sentido, para ensamblar el ejemplo, Venezuela es una construcción de difícil demolición dentro de la psique colectiva latinoamericana, aunque, en la actualidad, viva una debacle revolucionaria con el tutelaje estadounidense (3 de enero de 2026: captura presidencial), como pudo haberla vivido en el pasado en otras circunstancias.  Es como la madre patria o madre nutricia en política continental. Aquello que dio vida a la forma geopolítica presente a partir de un pannacionalismo bolivariano originario. Una ínclita historia de humanismo y libertad.
De manera que, después de la destrucción, sí hay algo que un venezolano decapitado puede reencontrar: su recuerdo en el tiempo, su destino, su indestructible identidad. Es algo más que una simple cabeza circunstancial.


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viernes, 2 de octubre de 2026

La Venezuela nueva: una palabra en ruinas y un pueblo atolondrado

En Venezuela se agotan las palabras para denunciar. Y eso no extraña. El cinismo gubernamental, por un lado, es una dura coraza ante la queja y, por otro, es un hecho que la palabra, como poder literario, está en decadencia. De manera que se puede escribir intensa y extensamente, sin gran efecto. La historia continúa con sus navíos en llamas, iluminando un cambio de época.
Quedaría el verbo como recurso, la palabra hablada, el grito en la calle, para más precisión. Pero, como se insinuó, el cinismo es parte morbosa del cambio y de la degeneración. No ha lugar el oído. Si a ello se le suma que la literatura es, en gran medida, la organizadora del discurso oral, entonces se tiene una situación de antemano quebrada, habida cuenta de que quebrado está el hecho literario. Un hundimiento.
Vladimir Lenin solía visualizar con sus escritos la manera práctica de afrontar grandes problemas. Los enunciaba con su teoría al servicio de la praxis, como si, primero, se aclarara él mismo la situación; y luego volcaba ese poder de la palabra escrita, como un fuego viviente, sobre las masas, henchidas de movimiento. Famosa fue su Tesis de Abril, en 1917, que resolvió la traba marxista de transitar fases doctrinarias antes de aspirar al socialismo, proclamándolo, finalmente, a través de la acción práctica de los soviets (aquel pueblo hambriento, pero organizado y decisor).
Pocas veces, como en ese momento histórico, la palabra abrió brechas en la realidad, cambiando, de facto, el mundo.
Como se empezó diciendo, en Venezuela se gesta una explosión social y una segura guerra civil de continuar el poder obtuso y el pueblo ciego y ensordecido. Se puede, incluso, para exagerar algo, anunciar que una bomba nuclear arrasará Caracas en breve. El poder político y el pueblo reaccionarán, en efecto: uno para desmentir la amenaza sobre sus privilegios y el otro para desoír aquello que perturbe la paz de los muertos.
Pero son nuevos tiempos. Quizás preludios apocalípticos, en el sentido de un apagón del intelecto humano. Es la era digital con su imagen como poder de facto y su palabra veloz, cual resuello: imaginatura en lugar de literatura. Como si se viviera una especie de peste del sueño, donde todo pasa y se deja hacer.
Ya usted puede comprobar que la prensa escasea y los libros empiezan a parecer símbolos incrustados entre paredes. Mucho menos podrá referirse a una arenga movilizadora en una plaza, ni a aquello que durante un tiempo se llamó “manifiesto”: todos recursos concitadores de masas en movimiento.
Probablemente, sea el sino de los tiempos. Lo que está en curso y lo que ha de venir. Progreso. Hecho que, por cierto, exonera de cuestionamiento a cualquier bello durmiente. Dígase que se vive la era del rayo: la breve luz de la conciencia humana ante el poder tutelar de la era digital, que te castra y te celebra como eunuco de nuevo cuño —ese autista perdido en medio del mar de la manipulación y la estupidez políticas.

jueves, 1 de octubre de 2026

Zarpazos - Lo que esconde la expulsión gringa de Irak

Salieron de Irak. Dejaron la base Victoria, atacada por la resistencia iraquí. Son los últimos soldados ocupantes estadounidenses en ese país, desde dos mil tres, cuando derrocaron a Sadam Hussein buscando armas de destrucción masiva, dejando una siembra de más de un millón de cadáveres. Pero detrás de la huida se esconde una humillación. Están los iraníes, que también los atacaron, no solo en Irak, sino en sus cinco bases del Medio Oriente, destruyéndolas. De manera que Irán se alza como el gran liberador de la región, aunque no hay que descartar que Estados Unidos recoja fuerzas para concentrarse contra el país persa.

Cierto sarcasmo hay en la situación, para hablar de América Latina. Mientras unos se liberan, otros caen cautivos, como Venezuela, donde los gringos planean una base militar. Sígueme, busca Animal Político y no se deje engañar.