Todavía retumba en mi oído adolorido la vociferación de una "doña" escualida en una de las concentraciones estudiantiles: "Yo sí mando a mis hijos como carne de cañón. ¿Y qué?" Se diría que quiso decir: "Si nosotros los padres no pudimos en el 2.002, podrán nuestros hijos ahora. ¡La patria ha como de lugar!"
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