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viernes, 30 de enero de 2026

La infame historia de la falsa independencia de Venezuela

Esa situación de impotencia que vive el país, de imposición extranjera, históricamente no es nueva. Pero, ¿qué hacer? Muchos la padecen como la terrible novedad, oscilantes entre la tentación de patear la mesa política y la incómoda disciplina de seguir acatando tanta insolencia gringa: reforma de leyes petroleras "chavista", retornos de embajadas, retención de ventas petroleras, bloqueo de relaciones con China, Rusia, Cuba e Irán, etc.
Claro, nadie puede aseverar que Donald Trump instruya telefónicamente a la presidente encargada, Delcy Rodríguez, para que haga esto o aquello; pero el asunto es que en el norte se celebra espectacularmente cada paso político dado por la mandataria como una orden cumplida, correlacionando los hechos suscitados con la voz regente del magnate, regularmente burlesca.
Por ejemplo, veinte transnacionales petroleras se reúnen con el presidente estadounidense para pesquisar inversión en Venezuela y, poco después, se reforma la legislación de hidrocarburos para dar más cabida y contento a dichas empresas, una de ellas la ExxonMobil, de malograda trayectoria en el país. Trump vocifera que repondrá la embajada y la presidente encargada anuncia luego que se reabriría para, "cara a cara", "reiterar la denuncia contra la agresión" del 3E.
Y así con otros ítems, unos más inverosímiles que otros. Trump dijo, por ejemplo, que administraría el dinero de la venta petrolera y, de facto, ha comercializado unos cuantos millones de barriles, depositando $300 millones en el Banco Central de Venezuela. La propuesta de que el país rompa con sus aliados de las últimas décadas luce cuesta arriba. Pero son hechos en curso.
Lo cierto de la situación es que se trata de un trago amargo para un montón, entre fanáticos, ideólogos, pensadores, nacionalistas, gente en la calle…
El caso más emblemático de condicionamiento al país desde afuera fue el bloqueo naval de 1902-3: Reino Unido, Italia y Alemania obligan a Venezuela a destinar el 30% de su ingreso aduanero para pagar su deuda con ellos. Un poco antes, en 1895, por extraordinario que parezca, Venezuela invocó la Doctrina Monroe para aupar a los Estados Unidos a bloquear a Gran Bretaña en su avance sobre el Esequibo, lo cual dio paso al Laudo Arbitral de París (1899) en el que, de todas maneras, el país fue abusado.
Finalmente, a principios del siglo XX, los Estados Unidos y el Reino Unido pusieron a Juan Vicente Gómez a redactar leyes favorables a sus compañías petroleras, como la Shell y la Standard Oil, a cambio de reconocimiento y estabilidad política. El parecido con lo presente es extraordinario: si no hay petróleo fácil, no hay reconocimiento imperial, no hay plan de gobierno "Delcy" que valga para la paz y el poder político, y si hay, por montón, amenaza militar.

jueves, 29 de enero de 2026

En la piel de Delcy: concesión o guerra

Venezuela está en paz, es cierto, en tanto "paz" es ausencia de esa guerra convencional que utiliza la pólvora. Después de la traumática incursión estadounidense para derrocar al presidente Nicolás Maduro, la estructura de gobierno (como el mismo país) quedó catatónica, prácticamente bipolar.
Es una situación compleja, amplia, que se expande más allá de las cabezas de gobierno. Donald Trump amenazó con asesinar a la dirigencia sucesora una vez capturado Maduro, según confesó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. De manera que, como dice el dicho, la vida debía seguir y, bajo tal chantaje, dirigencia y país debían de avizorar una opción de supervivencia, necesariamente concediendo.
Así, puede decirse que el plan de gobierno de Delcy se mantiene: estabilidad política, conservación del poder y rescate presidencial. Fue un acuerdo intrapartido, insinuado al país, una especie de guiño de ojo ante el avasallante uso de la fuerza imperialista. Propuesta circunstancial orientada a ganar tiempo ante la presión de un psicótico que, lo más seguro, sea expulsado del poder este mismo año. Ello, por supuesto, daría la razón a la presidenta encargada para luego, retroactivamente, enmendar.
Sin embargo, semejantes concesiones (la humillación de Trump al presumir mando en Venezuela, la ley de hidrocarburos, la embajada gringa de regreso, la retención de las ganancias petroleras, el bloqueo de relaciones con Cuba, China, Rusia e Irán) constituyen un duro golpe de vergüenza para el radical ideológico que no tiene el cañón contra el cuello, pero al que igualmente no le importa.
Estos, en su fuero interior, ya tienen la situación arreglada: rebelarse, ir a la guerra contra el invasor. Es de un tenor inconcebible que el New York Times, el diario El Tiempo (de Bogotá) y hasta un diputado en la Asamblea Nacional (Antonio Ecarri) proclamen que el Estado nacionalista diseñado por Hugo Chávez fue un error.
Por ello, eso de la paz es una situación contenida, tensa, la calma chicha. El capullo de esta flor que está pariendo Venezuela, ambiguo, bipolar, no se desenlaza todavía. Está en trance. La paz que se ha sostenido en el país se debe, en gran medida, al accionar del PSUV con su ramificación intracelular en el país.
Lo peor, lo más dramático que puede ocurrir en estos momentos es una división en el partido de gobierno, necesariamente vista como expresión de esa bipolaridad dicha. Es decir, la fractura: los reformistas extranjerizantes (gobierno/oposición) y los guardas ideológicos de la nación (chavismo bolivariano).
Sería el inicio real de la guerra en Venezuela, externa e interna, civil y militar.


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