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miércoles, 11 de febrero de 2026

La Asamblea Nacional violó la Constitución en su ceguera reformista.

Toda la edificación del conocimiento humano, cualquiera que sea su parcela, se fundamenta sobre unos principios lógicos elementales. Que luego, en virtud de la evolución y densificación de los campos del saber, 2 + 2 no parezca ser igual a 4 es un asunto que compete a la lógica como ciencia, sea ya en su aspecto formal (matemático) o informal (retórica, sofisma).
El meollo del asunto es que, en principio, de cajón, 2 + 2 es igual a 4 y a partir de allí, como punto de arranque, es posible construir todo el resto de la divagación humana que arroje otro resultado. La política, por ejemplo, sería una ilustración de uno de esos procesos divagatorios de la lógica informal. De hecho, se dice que en política 2 + 2 nunca es igual a 4.
Los legisladores que reformaron la Ley Orgánica de Hidrocarburos, de 2006, incurrieron en un acto de nulidad notable. De cajón saben que la supremacía constitucional es un principio fundamental del derecho moderno. Es decir, que la Constitución es la «norma de las normas» o ley suprema, equivaliendo esto a saber que 2 + 2 es igual a 4. Y saben, también, que no hay asamblea, entidad o ley menor que valga que pueda validar un acto legislativo (inclusive con mayoría absoluta) en contradicción con la norma madre.
Sin embargo, pusieron al artículo 8 de la ley reformada a desdibujar el artículo 151 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En ese punto, la Constitución establece que las dudas o controversias relacionadas con los contratos de interés público «serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras.»
Por su lado, el artículo 8 de la Reforma de la Ley de Hidrocarburos de 2026 dice que tales dudas o controversias «podrán ser decididas por los Tribunales competentes de la República, o mediante mecanismos alternativos de resolución de controversias, incluyendo mediación y arbitrajes independientes».
De manera que, de cajón, 2+2=4, corresponde a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declarar la nulidad total o parcial de dicha ley. Todos los pilares definitorios de la soberanía son violentados: autodeterminación, control territorial, independencia jurídica y control de recursos. ¿O es que, acaso, en virtud de la apertura petrolera, la soberanía es ahora negociable?
La Asamblea Nacional cometió un error, por no poder hablar de delito. Ella representa al pueblo y puede parecer que su acto sea «constitucional». Pero su «legitimidad» está supeditada a las reglas del juego establecidas en la Carta Magna, cuya redacción es, por cierto, del mismo pueblo.
Por supuesto, el reformista (que busca atraer la inversión, así sea jalada por los pelos) defiende que el arbitraje internacional no es una «reclamación extranjera» prohibida, sino una medida de seguridad jurídica para el inversor.
Aquí entra en ejercicio la lógica en su cualidad informal: mediante retórica y sofismas, el legislador ahora busca engañar a su pueblo queriéndole significar que 4 es igual a 2+1. Los griegos se divertían mucho con estos ejercicios de lógica en el ágora: es un clásico el cuento de Aquiles siendo derrotado en una carrera por una tortuga, con demostración matemática y todo. Parece conveniente decir (un millón de veces más) que una apariencia no hace la verdad.


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domingo, 8 de febrero de 2026

La espantosa agenda de Delcy: preservar y, a la vez, conceder.

Han transcurrido un mes y cinco días desde el 3E. Donald Trump bombardeó, Nicolás Maduro y su esposa están secuestrados en los Estados Unidos; Delcy Rodríguez funge como presidente encargada y el país y las fuerzas armadas, sorprendentemente, están en calma. Pero, la verdad, el país ha estado «tranquilo» desde el mismo día de la agresión.
Lo de Maduro, sí, se definió como un trabajo «quirúrgico», según jerga especializada de los cuerpos de inteligencia. Fue erradicado sin afectar el funcionamiento general del Estado. En el Irak de 2003 se derrocó el gobierno, se entronizó un gobierno pelele, se desmontaron las fuerzas armadas y, por si acaso, se creó una insurgencia.
Como en Venezuela, el objetivo siempre fue el petróleo. Sin embargo, en esta ocasión, aprendiendo de un pasado que no los colmó con un hidrocarburo tranquilo, los gringos no desmontaron nada. Todo el mundo anda por allí, en aparente calma, como si el país no hubiera sido ultrajado. Hay gobierno, Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), oposición, Tribunal Supremo de Justicia, Fiscalía, militares asistiendo a sus puestos, banca y comercio trabajando, gente en la calle… Por el contrario, los gringos se esfuerzan por pintar una fachada de alianza con lo que quedó del gobierno de Maduro, sin desperdiciar Trump la ocasión para afirmar que trabaja de «maravillas» con Delcy.
Las movilizaciones que han salido para protestar la captura de Maduro se realizan sin ser reconducidas hacia una real resistencia, sino como actos para aliviar la contradicción que hay en una agenda de gobierno que debe defender la soberanía, por un lado, y que parece atenerse a los designios de un Trump gobernante de Venezuela, por el otro. Mientras más se hagan concesiones (petróleo, presos políticos, embajadas, aceptación de vuelos, derogación de leyes incómodas y creación de otras maleables), más se incrementarán las acciones para pedir la liberación de Maduro y su esposa.
Tal es la situación de la presidencia encargada: moverse entre una presión abrumadora extranjera y la lealtad hacia su base política. La misión de Delcy es durísima: evitar la parálisis y destrucción del Estado con las inevitables concesiones, y preservar, a un tiempo, el poder político y la soberanía nacional.
Sin embargo, siendo francos, hay que ver la realidad. Por un lado, lo que define a «soberanía» (autodeterminación política, integridad territorial, independencia jurídica y soberanía económica y de recursos) es lo que, precisamente, está siendo mancillado desde el norte; por el otro, lo que se llama «tranquilidad» de la población se refiere a un estado psíquico cargado de indignación y afrenta, de inevitable explosión y fragmentación en algún momento.


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sábado, 7 de febrero de 2026

El sacrificio político y consensuado de Nicolás Maduro en Venezuela

Háblese con la rigurosidad de la lógica: el derrocamiento de Nicolás Maduro no generó ni de cerca la conmoción del Hugo Chávez derrocado. Hasta hoy, se realizan movilizaciones no solo en Venezuela, sino también en el mundo, pidiendo la liberación de la pareja presidencial. Pero no hay parangón: en Venezuela son marchas controladas, institucionalizadas como una acción de cuido de las apariencias en medio de una agenda reformista y de concesiones de la presidencia encargada.
Lo de Chávez fue una fuerza histórica de imparable cambio, en un momento genésico. Gente brotando de la tierra, dirigiéndose a un rescate.
No se trata de menosprecio histórico ni de nada personal, sino de la fría razón. En Venezuela se asumió que, por un incontrolable imprevisto, Maduro se fue y, sencillamente, se sustituyó con la legalidad sucesora del país. Se puede decir que se sintió como un hecho de tácita aceptación por los poderes establecidos, que decidieron continuar con las actividades normales y fundar una agenda de apertura hacia los Estados Unidos: presidencia encargada, Asamblea Nacional, Fuerzas Armadas.
Aquí es donde se comprende por qué las movilizaciones pro-liberación de Maduro no se orientaron hacia la resistencia. Salieron el ejército y la policía a las calles, pero sin connotar llamados masivos populares para el combate y la defensa soberanos. La vida debía continuar.
Maduro, en conclusión, fue sacrificado políticamente dentro de su país, por más que dentro del plan de gobierno esté aludido en uno de sus puntos: rescate presidencial.
Eso tiene una lectura. El presidente había llegado a un punto muerto en el contexto de la situación político-económica. Se precisaba de otra creatividad para avanzar y salir del marasmo de las sanciones y el aislamiento internacional. Los salarios eran polvo, evolucionando hacia un esquema de bonificaciones; las pensiones equivalían a menos de un dólar, se creó una cultura de subsistencia con la deficiencia de los servicios públicos, la gente persistía en emigrar…
Pero he aquí lo impresionante: indagando se averiguan cosas. La agenda reformista de Delcy Rodríguez ya, de hecho, la ensayaba Maduro a la calladita ante Donald Trump: reforma petrolera, anulación del Estado, desnacionalización del chavismo petrolero, minimización de PDVSA, etc. Su plan empezó a caminar desde que recibió a Richard Grenell en 2025, cuando proclamó un "nuevo comienzo" en las relaciones. Incluso había un apartado de revisión de lo chino.
Tal alineación desesperada con los intereses estadounidenses no fue aceptada. Le pasó como a Moammar Gadafi, quien fue asesinado a pesar de ofrecer rectificación ante los imperialistas. Toda esa flota sobre el Caribe era para realizar algo en concreto: escarmentar con Venezuela al hemisferio monroísta y reafirmar el poder imperial de la potencia en declive.
 

jueves, 5 de febrero de 2026

¿Degrada Venezuela a colonia sin resistencia o sigue siendo una república presta para defender su integridad?

No se puede complacer a Donald Trump en todo. ¿A título de qué? ¿Por qué secuestró al presidente Nicolás Maduro y mató a más de cien personas para capturarlo? Marco Rubio confesó ante el Senado (28-01-2026) que Maduro rechazó todas las ofertas de salida del poder, incluida la del exilio.
Eso puede significar que el mismo presidente desaprobaría acciones que no hagan justicia a una actitud de resistencia. Lo apuntaron con un cañón desde el Caribe y decidió resistir: en nada ceder, complacer ni abandonar. Además, la incursión de Trump contra Venezuela no tiene por qué acreditarlo como alguien que tenga que esperar cortesías del país, sino como enemigo.
A menos que se les tenga que decir a los venezolanos que el 3E Venezuela perdió la guerra ante los Estados Unidos sin pelear gran cosa, viviéndose entonces una capitulación, aceptándose unas condiciones de derrota… Condiciones que, si no se cumplen, se penalizan con una nueva agresión.
Esto último conduciría a la aceptación de que el país perdió su independencia y cede ahora soberanía para salvar el pellejo como protectorado de los Estados Unidos, cual Puerto Rico. ¡Así de simple, sin grandes diatribas ni disparos! No de otro modo se puede interpretar que Trump ya cobre el petróleo por Venezuela y le "pase" su mesada al BCV, como en los tiempos coloniales; o que diga que abrirá su embajada porque sí en Caracas; o que el mundo contemple cómo se derogan estatutos nacionalistas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos para permear a las transnacionales trumpistas hacia los campos petroleros; o que se empiecen a liberar montones de delincuentes políticos, ahora inocentes en virtud de los mandatos del hombre naranja.
¡Si Laura Dogu, la encargada de negocios designada por Trump, acaba de traerle a Venezuela su hoja de ruta política…! ¡Seguridad interna, negocios bilaterales y transición democrática! Como si se dijera: necesitamos garantías para extraer el petróleo o llamamos a elecciones y revolcamos al país.
¡Y allí está! Los estudiantes ya empezaron a ser utilizados por la extrema derecha para plenar las calles con amenazas de guarimbas. Esta vez de modo intocable, con las armas de Trump, no extrañando que blandan banderas estadounidenses. Lo que se avecina es el caos y el chantaje imperial de la estabilidad política y social.
¿En qué momento el país hizo tanto demérito para merecer tal destino? Es decir, el de perder sin siquiera luchar… Habría sido mejor una muerte más digna, algo de resistencia, como un Vietnam, una Cuba, un Afganistán…: al menos es más digno que igualmente entregar todo en medio de la vergüenza. ¿Hasta dónde puede el sofisma político disfrazar semejante afrenta?
El país se pierde en medio de la implementación de medidas que apuntan contra su propio cuello. Es cuestión de tiempo verificar que no habrá marcha atrás: por ejemplo, ya los liberados políticos encabezan marchas de calle junto a los estudiantes. O: la embajada gringa empezará a monitorear a los militares para ultrajar su código nacionalista.
Si puesto se está para complacer al emperador, habrá que derogar las leyes que propiciaron la civilidad, el respeto y el amor patrio entre los venezolanos, como la Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos y la Ley Orgánica Libertador Simón Bolívar para la Defensa de la Paz y la Soberanía. Tales leyes obstaculizan el estado de jaque perpetuo que el presidente norteamericano procura instaurar en las calles del país para implementar su chantaje: petróleo a cambio de estabilidad. Si el petróleo no fluye, si hay rebelión, solo bastaría con azuzar a las huestes callejeras para llamar a elecciones. Háblase de un país cautivo, como el mismo presidente.
¿Que Trump puso un arma al cuello de la presidente encargada...? Venezuela es un país de izquierda, no exento de riesgos mortales, como el mismo Maduro lo ejemplificó. Y los riesgos se asumen al asumir.
 


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martes, 3 de febrero de 2026

Vuelven los estudiantes a las calles, esta vez intocablemente trumpistas

El viento sopla y estremece los árboles, generando estruendo de hojas y ramas. Pero debajo de las copas hay silencio, uno disciplinado. Venezuela fue golpeada el 3E; luego de ello, quedó abatida, impávida. Los ánimos quisieron expandirse, expresarse, desquiciarse… Sin embargo, hubo una propuesta de contención desde la línea de gobierno: mantener la paz, conservar el poder político, rescatar al presidente de la república. Permanecer en la sombrita…
No obstante, el ánimo disciplinado, formalmente calmado, interiormente arde. Quiere sol y cielo. Comprende que el poder inmenso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus venas comunicantes comunitarias han obrado el milagro de mantener esa paz pactada. Ya hubo una incursión el 3E, una masacre, un secuestro, ¿para qué encender más mecha?
Se puede esperar, está bien. Después de todo, el presidente gringo no está ni muy bien de salud corporal ni política, y puede desprenderse en cualquier momento desde la altura de la rama. Ello daría la oportunidad de recomponer, de retrotraer, tal vez bajo el régimen de otro gringo menos disparatado. Así, habría valido la pena esperar, evitando males peores bajo un cielo abierto.
El problema es que ese espíritu aquietado, de tensa paz, como se lleva dicho, descubre cosas. Por ejemplo, que la presidencia encargada tenga que sufrir la infausta presión desde el norte y, malo, que esa presión se haga nacional, comunal, personal, espiritual… Es el precio de la unidad, la misma que ha evitado que el tornado se dispare, arrastrando árboles al paso y arrojándolos contra el río.
Es de un quilate intolerable que Donald Trump proclame que gobierna Venezuela y que internamente las acciones, en forma y esencia, le den la locuaz razón: ley de hidrocarburos, la embajada de nuevo en Venezuela, los delincuentes políticos… El espíritu calmo clama, también, desde la sombrita y recostado al tronco, que el gobierno tampoco intente romper la tolerancia acatada con medidas tan abiertamente proestadounidenses. Después de todo, es fácil comprender que el PSUV tiene una base marxista y que las esencias ideológicas pueden resultar tan tóxicas como las sustancias moleculares.
Otra cosa que descubre con horror el calmo espíritu disciplinario es que se está perdiendo la paz estructural lograda antes de Trump-Venezuela. El extremista se rearma y se apresta (ahora con chantaje imperial) a revolver las calles, con impunidad, a sabiendas de que el gobierno no tiene cojones para contenerlo. Si no, mire de nuevo a los estudiantes de la extrema derecha-UCV: ya marcharon por los presos políticos a sus anchas y ahora, envalentonados, proponen hacerlo para exigir transición inmediata, esto es, la cabeza de la presidente y la maltrecha dignidad de millones.
¿Qué puede hacer el gobierno contra ellos, sumido como está en el encabalgamiento imperial? ¿Complacerlos? Las perspectivas no son halagüeñas. Se rearma nuevamente el manual de la revolución de colores, por tantos años derrotado.