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viernes, 27 de marzo de 2026

Delcy Rodríguez debe asamblear a Venezuela o se derrumbará aquello por lo cual decidió no presentar batalla

La situación de falsa normalidad en Venezuela no se sostendrá durante mucho tiempo. Hay problemas, como los ha habido durante años, pero más serios. No han pasado aún los cien días del gobierno o "sociedad" de Donald Trump con Venezuela y ya el árbol empieza a estremecerse de raíz.
La inflación en febrero se disparó al 600%. La de diciembre (2025), que es el mes cumbre para la subida inflacionaria, fue de 400. No hay platita para pagar sueldos ni para ajustar aumentos significativos. No se hable de aquellos "bonos de la patria" que, por concepto de guerra económica, se pagaban a la población y ahora han desaparecido.
La producción petrolera, contrario a lo predicho por Trump y por la rumorosa apertura inversora, cayó de 1 millón de barriles diarios a 750. ¿Qué pasó allí?
Súmese que la gente está empezando a salir a la calle a protestar por cualquier cosa y, detrás de los muros, se le oye deplorar contra el gobierno. Lo peculiar es que en las manifestaciones hay expresión de ambos bandos, chavistas, exchavistas y opositores. Ello sería indicativo de que el reclamo parece libre de intencionalidad política y obedece a la necesidad. Sueldos, luz, agua…
Por supuesto, está también el malestar político. Por un lado, el opositor (alegre por la invasión) no se cansa de arrostrarle al contrario que ahora sí se es el estado número 51 de los Estados Unidos; por el otro, el chavista ha empezado a hablar abiertamente de traición, señalando a los hermanos Rodríguez. Es vox populi.
Lo espectacular es que la bomba explota cuando el mesías estadounidense se apodera de Venezuela y se cumple el sueño de derrocamiento presidencial de muchos: Nicolás Maduro, señor de todos los males. A la espectacularidad, además, se le puede agregar el contrasentido del aumento de los precios del petróleo sin que el país se favorezca de la coyuntura, como siempre ha ocurrido.
Son tiempos serios, distraídos en la población por la festividad consecutiva del carnaval y la Semana Santa. Pero el tiempo pasa y no faltará mucho para que se descubra la terrífica realidad: el país, en su inédita condición de protectorado, vende petróleo y Estados Unidos cobra las transacciones.
La suspicacia de que Trump y su OFAC del Departamento del Tesoro han represado los fondos de Venezuela parece tener una fundamentación irrefutable. El hombre vive una adversidad crucial ante Irán y es lógica de oro que cubra la deficiencia energética del mercado con el petróleo venezolano. De manera que el país bolivariano, hasta un punto, cubre la guerra contra el país asiático.
Además, el mismo Trump insinuó desde un principio que Venezuela, a cambio de no recibir una segunda oleada de ataques, tendría que compensar los gastos de guerra de los Estados Unidos, aquellos $10 millones diarios de su flota en el Caribe. De lo cual se infiere que el país bolivariano paga, también, esos costos de los Estados Unidos que condujeron a la matanza de treinta custodios cubanos y más de cien venezolanos, y a la captura de Maduro y su esposa.
Si alguien duda sobre lo dicho, entérese de lo que acaba de declarar el presidente de los Estados Unidos: que mantiene con Delcy Rodríguez una «empresa conjunta» que le ha permitido obtener «miles de millones de dólares» y pagar varias veces sus gastos del 3 de enero. «Hemos cubierto el coste de esa acción militar muchas, muchas veces».
Una situación de tal calaña, para expresarlo en su sana interpretación, no la puede soportar la psique de un país durante mucho tiempo. Es una humillación, para decir poco. Se trata, en el peor de los casos, más allá de la vergüenza colonialista, del borrado de una nación. Como dice el filósofo, el hombre es un animal de ideas y, como tendría que decir el historiador, Venezuela es una idea patria y de tradición heroica. La colisión de los contrasentidos ha de tener un peso catastrófico cultural. Dígase, sin embargo, como contrapeso y esperanza, que militan en las bases de la república los llamados radicales, hombres que honran con el nombre su connotación de raíz, contenidos hasta el momento ante la frescura de los hechos.
Es verdad, como argumenta el gobierno, que se evitó un baño de sangre mayor con la capitulación; y, como dijo el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, se mantuvo el aparato político con no enviar a morir con dignidad a los soldados. Pero la gravedad de la paz capitulada es que se está proponiendo la erradicación de la nación, cultura e historia venezolanas. Con cada concesión que se le hace al norte, con cada ley modificada para abrir el vientre de los recursos naturales, con cada visita de inspección que hace un funcionario gringo al país, con cada embajada que se reabre, se le ajusta una amarra más de opresión a Venezuela.
Es decir, se pone en vilo la independencia y, de todos modos, se pospone hasta un plazo no muy lejano una inevitable guerra de reconquista, la misma guerra de la que se dice se evitó hoy.
Nadie pretende dividir al enunciar los hechos. Tampoco debe interpretarse como traición al acto de no acompañar la narrativa de "estabilidad" del gobierno interino. El amor al país del denunciante no debe valorarse menos que el mostrado por el perpetrador mismo de los hechos. Si la presidente encargada tiene un plan inocente, libre de sospechas de traición, como se difunde en la calle, urge conocerlo y presentarlo al país. Dar por sentadas las explicaciones es el más expreso camino al desastre.
De todas maneras, para quien con facilidad acuse de divisionismo, debe valorar su posición propia. Si lo hace desde las instancias del gobierno, debe presumir que actúa como militante también del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que fue la organización política que ganó las elecciones con una oferta electoral específica. Sin embargo, debe tener en cuenta que el PSUV, en sus principios generales, se declara «anticapitalista y antiimperialista», y ya se sabe que todo eso está desvirtuado por la situación política presente.
Si se ejerce la crítica desde el seno del partido mismo, es asunto más grave. A tal, habría que decir que el PSUV, en tanto gobierno, desde hace rato está deslegitimado. De hecho, aunque por sucesión el gobierno de Delcy Rodríguez es legal, no es legítimo porque no encarna los valores que se votaron en las elecciones presidenciales de 2025 con Maduro. Un tanto igual habría que decir de la Asamblea Nacional.
Explicar al pueblo, llamar a elecciones, es deducción lógica del presente escrito. El razonamiento de que el gobierno interino ejecuta un ardid para ganar tiempo y esperar, por ejemplo, la muerte o el cumplimiento de funciones de Donald Trump, debe argumentarse con los venezolanos en asambleas populares. Así, también, se debe razonar la tesis de que, con semejante ardid de la capitulación, se preserva el aparato político de gobierno ante posibilidades políticas peores, como la de María Corina Machado.
Sépase, de todos modos, que la gente ya está en la calle haciendo sus asambleas cuando conversan, protestan o cuestionan al gobierno. La vergüenza, la necesidad y la opinión pública son una única masa capaz de suscitar impensables avalanchas del desastre en todos los planos de la vida humana.


miércoles, 25 de marzo de 2026

El síndrome de Ormuz: cuando la resistencia quiebra el mito de la potencia invencible

 La derrota de Donald Trump en el Medio Oriente es ya un hecho. Irán no cayó ni en un día ni en una semana.  Ya pisa la tercera, en resistencia. Y ahora el hombre naranja echa cuentos sobre retirarse, inventando honorabilidades reculatorias.
Para triunfar sobre sus adversarios, a Irán le bastaba nomás con resistir y quedar incólume en su sistema de gobierno. Ninguna lógica podía pretender que se fajase de igual a igual contra una potencia militar de carácter globalista como los Estados Unidos, tanto menos si la agresión junto a Israel hacía más desigual el combate.
Sin embargo, a pesar de importantes bajas, el país persa sobrevive con su mecanismo de gobierno intacto. A un ayatolá le ha sucedido otro, siendo lo más importante que está en pie la asamblea político-religiosa que posibilita la sucesión, lejos de ser destruida, como afirmara un día Trump.
¿Es concebible tal situación? ¿Qué una potencia militar, junto a su rémora regional, pueda perder la guerra frente a un adversario solitario, incluso superándolo en términos cuantitativos? No solo es posible; es un hecho.
La guerra contra los iraníes nunca se trató de un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, ni de ver corriendo a uno de los contrincantes frente a la fiereza del otro. De allí el error de cálculo del presidente de los Estados Unidos, mal asesorado y embebido en la visceralidad sionista de Israel.
Siempre se trató de resistir, manteniendo la capacidad operativa para generar bajas económicas al enemigo. Y eso hizo Irán: luego de tres semanas de bombardeos y asesinatos, bloqueó el estrecho de Ormuz. Resistir nomás, de acuerdo con cálculos del mismo Pentágono, les ha generado diariamente a los americanos un gasto de mil millones de dólares.
Por otro lado, el cierre del estrecho supera dramáticamente cualquier cálculo numerológico. Más allá del dinero y de quiebras en las bolsas, el síndrome de Ormuz arruina la ya maltrecha imagen de los Estados Unidos, interior y exteriormente. Es poco creíble que un mundo omiso de petróleo esté festejando a los Estados Unidos como policía universal, mucho menos sus mismos aliados en la región, que ven en baja su producción energética.
Los soldados estadounidenses no quieren luchar una guerra ajena; el cuento del país invencible se dio de bruces contra un charco cuando Irán le averió una de sus supernaves F-35 y, poco antes, había salido huyendo del mapa un portaaviones.
La falla de cálculo del par de aliados en contra de Irán fue creer que, al atacar, se suscitaría una revuelta interna y un consiguiente derrocamiento del régimen político de ese país. A menos que utilice armas nucleares, inevitable es la derrota.


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Predecibles cuando hablan de paz: el siguiente e inevitable ataque de los Estados Unidos contra Irán

Donald Trump dijo ahora que no atacaría a Irán, que iría por una pausa y unas conversaciones para la paz. Que Irán, pues, tiene chance de pensarlo mejor y hasta de rendirse.
Ha poco había dicho que tomaría la energética isla de Jark, además de otras, para obligar a los persas a abrir el estrecho de Ormuz. Dijo, también, que dejaría a ese país a oscuras después de atacarle su sustentación eléctrica.
Por la fuerza y la humillación, intenta que un país no tenga potestad sobre su propio territorio y márgenes marinos; también quiere volar el liderazgo político, a los ayatolás, al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), etc.
En fin, Estados Unidos quiere y necesita el petróleo, así como su estabilidad de mercado. Es el monstruo que mayormente consume petróleo en el planeta, junto a China. Y como niño que anhela, proyecta su sueño.
Pero, atención, hay más dimes y diretes. Había dicho que borraría del mapa a Irán. Vino con su poder y su rémora regional (Israel), presentó sus sofisticadas armas y pretendió vencer mediante la sola impresión de las armas. Dar miedo con su poder militar, como siempre ha hecho, para poner en fuga al contrario.
Pero no funcionó. Irán resistió. El primer objetivo gringo fue asesinar a la asamblea electoral del liderazgo espiritual. No funcionó. Un ayatolá fue sucedido por el otro y la asamblea permaneció en pie. El otro objetivo fue generar una revuelta popular con sus ataques; que la oposición en el país se subvirtiera y derrocara a los líderes del gobierno. Tampoco.
Desmesurado error de cálculo. Mientras tanto, mil millones de dólares diarios se gastan en movidas militares. Se para la circulación sanguínea del mundo con el estrecho de Ormuz cerrado. Caen las bolsas. Derriban un F-35 y otras tres naves en un país amigo. Los marines se han pronunciado y manifiestan no querer morir en una guerra ajena. Líos aguas adentro. Los amigos árabes no parecen contentos con que les lleven la guerra a la puerta de su casa y, de paso, les cierren el negocio.
Ahora el «hombre naranja» dijo que conversaría con Irán. ¡Es que las perspectivas se tornaron costosas, monstruosas, incisivas…! El naranjo, entonces, parece cambiar de color con la presión. Y dice: se puede, aún, recoger la tela arrugada.
Sin embargo, aunque tales reacciones puedan resultar reales, secuencias necesarias, son también parte de una guerra sicológica para desconcertar a los iraníes. 3.000 soldados se dirigen a la región. Trump quiere islas. Es su otro plan, letra C. Asfixiar.
Mientras tanto, habla de paz, de pausa y, como ya es estereotipo, atacará. Es un trillado lector de manuales militares, como El arte de la guerra. Predecible. Ya anteriormente lo hizo durante la mesa de diálogo nuclear, con la agencia de energía de la ONU como punta de lanza.
En cualquier circunstancia, sea para asfixiar y proseguir con su ofensiva, o para irse en retirada, golpeará. Esta última segunda opción es su artimaña para rendirse con dignidad. Es decir, declarar que ganó la guerra con narrativas, aunque la haya perdido en la realidad.


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sábado, 21 de marzo de 2026

Islam: no basta su comunión con Dios para concitar unidad y evitar el fratricidio regional

Cuando se mira la desunión de lo que debería ser la nación islámica, el mundo duele. Podría comprenderse que lo árabe tenga sus fracturas traumáticas por origen o territorio, pero no la fe musulmana, la familiaridad espiritual, especialmente cuando se ciernen amenazas existenciales en su contra.
Por supuesto, nadie atesora autoridad para hablar con inocencia sobre el tema. Por la fe, probablemente, han muerto más personas en la historia humana que por cualquier otra causa. Los cristianos mismos, por ejemplo, se han perfilado como la mejor ilustración de un libro con ese título.
Pero, precisamente, esas fracturas espirituales han derramado sangre porque una raza de la fe ─permítase el término─ ha estado amenazada de destrucción por otra. De manera que la defensa, para el caso, es crucial, existencial.
Durante el siglo VII, cuando los musulmanes ─a propósito─ conquistaron la Península Ibérica, pequeños grupos de fe cristiana en Asturias y los Pirineos preservaron su hermandad hasta presentar batalla a la amenaza existencial en Covadonga, en 722, iniciando, entonces, la Reconquista cristiana.
Sin embargo, el musulmán del llamado Oriente Medio no reacciona. Permanece impávido ante acciones que apuntan contra sí mismo, constatándose hasta históricas alianzas con sus destructores. El pesar mayor de la decepción no recae en el hecho de que se peleen entre sí, como si se dijera entre hermanos, sino que sean herramientas de aniquilación entre ellos por la mano de un conglomerado extraño a su fe.
Sí duele al raciocinio humano que, en la actual guerra contra Irán, países musulmanes presten sus territorios para atacar a los persas. Los iraníes no son árabes, pero abrazan el islam y son, de facto, el último reducto de la resistencia imperialista occidental en el mundo. No logran clarificar los islámicos que urge la destrucción del hermano persa para luego acometer la de la familia regional en general. No logran sentir el llamado de la unidad. Incapaces son para comprender que Irán es su último bastión de libertad y defensa.
Los Estados Unidos e Israel, con su baza esclavista occidental, con su sionismo, con su capitalismo utilitarista, con su empuje maquiavélico, dividen para vencer o gobernar. Han colmado el espacio espiritual del musulmán con el monetarismo y han quebrado su alma. EAU, Arabia Saudita y Bahréin, por ejemplo, son suertes de protectorados occidentales que acogen cual madrigueras a la sierpe fundamental de la autodestrucción.
No pesa gran cosa, al parecer, la hermosura poética y divinizante del Corán, piedra angular de una de las religiones más auténticas, de las más puras brotadas de la boca de un profeta. Mil perversiones posee la Biblia como documento expreso de Dios, mancillado en su mensaje por concilios y triquiñuelas de Estado; no se sabe de ninguna tergiversación ecuménica en la semántica del Corán.
No obstante, no parece bastar la legitimidad sagrada del libro fundamental para concitar fe y unidad en su rebaño, devastado por el histórico accionar del infiel. La decepción, incluso, puede llegar al extremo de hablar de una nación espiritual fratricida, según el caos flagrante.

jueves, 19 de marzo de 2026

El bueno de los Estados Unidos reconoció a Delcy y suspendió las sanciones petroleras a Rusia

¿Cómo definir la reflexión? Si el lobo se ajusta o se quita la máscara, es posible que el gesto pueda interpretarse por la oveja como un acto de bondad. Es probable que sesudos analistas del reino ovejuno se lancen a perfilar las honduras significativas del movimiento lupino.
Por ejemplo, podrían interpretar que el lobo muta, o que reflexiona, o que ha desarrollado conciencia, concluyendo que comerse a esos pobres animalitos es un crimen. No faltará, inclusivo, una ovejita blanca escritora que concluya que el lobo podría hasta convertirse en oveja con el tiempo, impregnando el ambiente con un hedor de amor y paz.
La imagen también trae a las mientes al ogro mitológico que asesina a diez humanos al mes en una villa y, cuando decide matar a nueve, es elevado en panegíricos hacia el infinito. El amor y la piedad son la fuerza que mueve al universo.
Tal ocurre con dos acciones de carácter geopolítico que ensayó Donald Trump recientemente. La primera fue en el marco inicial de la agresión contra Irán, suspendiendo las sanciones al petróleo ruso. Algunos idiotas interpretaron la movida como debilidad o concesión cuando lo que procedía era hablar de necesidad. La guerra contra Irán acarrearía carestía energética y convendría a los intereses imperiales permitir la fluidez petrolera.
Hoy, el estrecho de Ormuz está bloqueado por Irán y cualquier barril de petróleo que ruede por ahí es bienvenido por los aterrorizados estadounidenses. No se diga nada de la industria petrolera de Venezuela, a la que le están aflojando las amarras sancionatorias con gran bondad y piadoso sentido de progreso popular.
La otra es la medida de reconocer a Delcy Rodríguez como mandataria legítima de Venezuela, haciendo caso omiso de lo que puedan pensar los verdaderos electores del país. Entonces saltaron muchos cerebros a prodigar las merecidas loas a los vientos, incluyendo a personeros del mismo gobierno. El imperio estaría a punto de reconocer su error al agredir a Venezuela y, lo que es mejor, podría liberar a su presidente.
La cruda verdad es que, precisamente, para hundir a Nicolás Maduro, se requería ante los tribunales gringos anular su legitimidad presidencial, reconociendo en su lugar a Delcy. Las instancias federales de justicia de los Estados Unidos, para continuar con su caso, solicitaron al gobierno trumpista pronunciamiento sobre su investidura presidencial. Si se respondía «presidente», entonces la justicia debía reconocerle inmunidad y, posiblemente, hasta desestimar el proceso penal.
¿A qué hablar de progreso o de sentido moral por causa de un simple reajuste de la soga en el pescuezo?

martes, 17 de marzo de 2026

Verdades o mentiras: Estados Unidos, Israel, Ormuz, Irán y un ataque nuclear

La primera verdad o mentira es que Israel gobierna a Estados Unidos. Su poder de persuasión filas adentro es impresionante, sobremanera en los mandatarios y otras figuras claves. Admira cómo el hebreo toma al americano de la mano y lo lleva de guerras. La tesis parece de naturaleza conspiranoica, pero luce un mundo factible con el maleable Donald Trump obedeciendo a Benjamín Netanyahu en aspectos que contradicen los intereses de los Estados Unidos en el Medio Oriente. El último que la cerebró fue el periodista estadounidense Tucker Carlson.
A Netanyahu le interesa borrar a su enemigo "existencial" por encima de reveses petroleros imperiales; pero a Estados Unidos también se le va la vida con la asfixia que genera el cierre del estrecho de Ormuz y con la ruina de la producción petrolera. Sin embargo, helos allí consintiendo adversidades, como un tentativo barril a $150 y un panorama energético destruido en nombre de una guerra que no es suya. Obrando, pues, contra su propia necesidad y naturaleza.
Un asesor del mismo Trump, David Sacks, expresó en una emisión digital que, si la guerra con Irán se prolonga durante meses, Israel podría ser destruido. Dado que su vulnerabilidad es la defensa aérea, ésta se desgastaría durante tanto tiempo. Imágenes recientes ya han empezado a dar fe de esta situación al mostrar la caída impune de misiles iraníes sobre suelo israelí.
Esto conlleva la segunda verdad o mentira. Israel, en vista de los acontecimientos, prepara ataques nucleares contra Irán. En su retórica belicista, son ellos o son los iraníes. Tal razonamiento no da pie a atenuantes. Su derecho a la vida, a su defensa, es una incuestionable argumentación universal, aunque sean ellos los atacantes. Cuesta arriba se ha tornado el panorama de recursos para sitiar de una vez por todas a los persas, y en el esfuerzo se ha evidenciado más de lo esperado la ruina de la credibilidad estadounidense, sin fuerza siquiera para convocar cooperación aliada para reabrir el estrecho.
En la medida en que ese estrecho continúe cerrado y generando quiebras, Israel juega a la desesperación de su propio aliado, los Estados Unidos, en el sentido de que sean ellos los que, finalmente, proyecten en Israel la necesidad del ataque nuclear. De manera que las armas nucleares se lanzarían por el "pueblo elegido" con la indignada desaprobación del país gringo. Una jugada maestra más de las tantas ensayadas.
90 ojivas nucleares de plutonio posee Israel, no declaradas, no inspeccionadas por la AIEA, y una capacidad para fabricar hasta 200 armas. Las lanzaderas podrían ser aviones estadounidenses, submarinos alemanes o los misiles Jericó israelíes. Dígase, de paso, que la preocupación nuclear de los iraníes para equilibrar la balanza de la fuerza en el Medio Oriente está más que justificada.
Finalmente, la tercera verdad o mentira es la desaparición de Netanyahu. Real o simulada, es un hecho que da piso para construir una narrativa inaplazable de enemigo a vencer, inclusive a través de la vía extraordinaria. La apreciación no es huérfana de autoridad: desde agentes de la CIA hasta exmilitares informados la avalan.


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domingo, 15 de marzo de 2026

Desastre y desespero de Trump con su espejismo de Venezuela en Irán

Probablemente, tenga Venezuela peso en la alocada decisión de Donald Trump de atacar Irán. Se da por descontado que los israelíes, durante décadas, han influido en la toma de decisiones de los mandatarios estadounidenses, no siendo excepción Benjamín Netanyahu ahora respecto de Trump. Pero, aparte de este efecto, ha de haber incidido con fuerza el envalentonamiento derivado del fácil descabezamiento del gobierno bolivariano, por un lado, y la confianza de disponer del petróleo venezolano para momentos de crisis, por el otro.
Los hechos están sobre un primer plano, en evidencia. A pesar de proclamar a cada rato Trump que arrasó con la capacidad militar de los iraníes, hundiendo su armada y capando la capacidad misilística, los Estados Unidos se encuentran impotentes ante el cierre del estrecho de Ormuz, lugar de tránsito del 25% de la corriente energética del planeta.
Dicha impotencia, que se evidencia cuando piden ayuda hasta a China para que envíe buques de guerra al estrecho, deja en entredicho la retórica de destrucción de los Estados Unidos. Si ya no hay capacidad militar en Irán, ¿por qué, entonces, no pueden restablecer el tráfico en el sector?
Sí, así es, los Estados Unidos piden que otros lleven buques al área para obligar a Irán a que no meta sus narices en su propio estrecho. Y esa locura de pedir hasta buques de guerra chinos para apoyar el sueño raya en uno de los más locos disparates del hombre naranja. Solamente los más ingenuos desconocen que los navíos chinos son los únicos que transitan sin objeciones frente a Irán.
Pero hay más. El envalentonamiento de Trump lo llevó a atacar la isla energética de Irán, Jark, ubicada en el Golfo Pérsico, buscando redondear con golpes económicos la derrota de los iraníes, cosa que, por lo visto, no termina de ocurrir. La operación Promesa Verdadera IV alcanzó la 51.ª oleada contra objetivos israelíes y estadounidenses.
Trump también empezó a atacar oficinas bancarias. En fin, semejantes «agudezas» del presidente de los Estados Unidos lo han llevado a declararse sorprendido, según sus propias palabras. Los iraníes han desatado, en consecuencia, una cacería de militares, instalaciones industriales y edificaciones bancarias estadounidenses en la región, invitando a sus aliados a aplicarse a la faena cinegética. Las industrias en el Medio Oriente son objetivos declarados y ya fueron atacadas sedes bancarias gringas en Emiratos Árabes Unidos y Baréin.
Todo lo anterior (hechos y amenazas) se suma, dramáticamente, a lo principal: el desastre petrolero. El barril subiendo de precio (rumbo a $150), los países desesperados liberando sus reservas. A puerta cerrada, ya se sabe que los asesores le recomiendan al tozudo magnate que termine la guerra.


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viernes, 13 de marzo de 2026

Delcy Rodríguez fue coronada y María Corina Machado ya no viene

María Corina Machado está indecisa. No sabe si venir a Venezuela. Había dicho que sí, que vendría los primeros quince días de marzo. Su sueño era iniciar una gran campaña electoral que la convertiría en presidente de Venezuela.
Pero había un gran escollo. Debía hablar con Donald Trump, el gobernador de Venezuela. Nada se mueve en el interior de su recién conquistado país sin su consentimiento. Allí mana mucho oro negro y amarillo como para dejarlo al azar.
Entonces habló con el hombre. Almorzaron. Fue un viernes. Y se le dijo, con gran amabilidad política, que podría no ser conveniente. Su persona era dura y camorrera con los chavistas, los nuevos aliados del jefe en el país. Además, allí estaba Delcy Rodríguez, con quien el petróleo había empezado a fluir de maravillas. ¿Qué tendría que ir a hacer ella allá con su extremado humor político? Era impopular, no la querían.
Por supuesto, estas últimas líneas no se las dijo Trump. Pero ella no es estúpida. Comprendía. No le dijeron "perra", pero le enseñaron el hueso, como dice un refrán en Venezuela. En consecuencia, ahora vacila. ¿Qué hacer? ¿Seguir exiliada o entrar sin el consentimiento del jefe, quien ahora parece encariñado con su juguete nuevo? ¿Le ganó Delcy la partida?
Ha soportado cosas, sí. Lo primero fue que no la impusieron como gobernante al derrocar a Nicolás Maduro; lo segundo, que de nada le valió donarle su premio Nobel al jefe para congraciarse; y lo último, esto: que le prohíba regresar a su país.
Su esperanza era realizar elecciones en pocos meses en este 2026. Pero entre Trump y Marco Rubio la cayapearon y le dijeron que la transición se haría en 2027. Rubio fue claro al decir que debía haber un presidente avalado por Trump en el poder de Venezuela antes de 2028, hora de partida del hombre naranja.
«Tenemos una gran situación allí, con una maravillosa presidenta, una maravillosa presidenta electa, Delcy. Y ella está haciendo un gran trabajo, y todos ellos están haciendo un buen trabajo», dijo Trump. «Ya sacamos cientos de millones de barriles de petróleo». ¿Para qué María Corina Machado?
Ella ofreció privatizar PDVSA, abrir las venas del petróleo y del oro venezolanos a los Estados Unidos para traer inversión y capital. Pero todo eso ya lo está haciendo Delcy sin ningún grado de obstrucción, como su caso supondría. Delcy tiene el poder y la Asamblea Nacional, que no tiene ella. El chavismo es clave para la billetera de Trump. Con Machado, que no es inclusiva con los chavistas, habría que guerrear de nuevo, hacer elecciones, referendos, pulsear en el parlamento por los votos para modificar las leyes. ¡Eso ya está listo!

miércoles, 11 de marzo de 2026

El secuestro del oro y petróleo venezolanos por parte de los Estados Unidos requerirá a futuro de una guerra de liberación.

Con el propósito de evitar otro ataque como el que derrocó a Nicolás Maduro, la presidente encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha estado concediendo privilegios a los Estados Unidos en materia de recursos naturales y estratégicos del país.
Lo primero fue el petróleo; ahora se trata del oro. Dos rubros fundamentales en el país, más allá de lo estratégico, dado que Venezuela es un proveedor y no un país industrializado. Su valor supremo radica en las minas, el subsuelo, en la extracción y el posterior envío de materiales.
Por tanto, cualquier trato que se concrete sobre tales rubros, siempre afectará de modo vital la soberanía económica del país. Y, aunque los Estados Unidos, por su parte, posee otro perfil como potencia industrializada, se juega también su destino en el pulso global geopolítico al necesitar con desesperación determinados recursos minerales.
Lo de Venezuela, por momentos, es petróleo y oro; pero su importancia proveedora atañe a todo el contenido de su vientre minero: hierro, coltán, bauxita, níquel, diamantes, tierras raras… Como se dijo: su importancia proveedora es la importancia.
Se ha detectado una sincronización entre la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, una agencia de inteligencia financiera del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos) y las modificaciones legislativas de este año en Venezuela. Cuando vino Chris Wright (febrero de 2026), secretario de Energía de Estados Unidos, ya se había aprobado la Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos; pero es claro que ya la OFAC tenía lista desde enero su Licencia General 46 y 46ª. En ella ya se contextualizaba la modificación legislativa que abría la actividad de extracción petrolera de Venezuela hacia los Estados Unidos, sacando del juego a la empresa estatal PDVSA.
Doug Burgum, el secretario de Interior gringo, llega al país (4 de marzo) cuando la OFAC (6 de marzo) prepara su otra licencia (la 51) para regular la extracción de oro en Venezuela. Curiosamente, el 9 de marzo la Asamblea Nacional aprobó en primera discusión el proyecto de reforma de la Ley Orgánica de Minas. Burgum vino a hablar de tierras raras y del restablecimiento formal de las relaciones entre ambos países. En la ley, tanto de allá como de acá, se prepara el contexto para que el país del norte exporte, transporte y venda oro venezolano mediante la empresa estatal Minerven.
Se puede, pues, hablar de una sincronía sospechosa, hasta humillante para el país bolivariano, en el sentido de que la OFAC pudiera estar preparando en líneas el material legislativo de los legisladores venezolanos.
En cualquier caso, la pregunta de rigor para la presidencia encargada es, primero, si posee garantías de que los Estados Unidos respetarán la soberanía nacional con cada correa de fuerza que el país bolivariano se deja apretar; y, segundo, si ese país es merecedor de semejantes privilegios, entregados con indescriptible mansedumbre, sin percibir nada concreto a cambio.
Porque hay que resaltar que el presidente de los Estados Unidos, como rotundamente lo ha demostrado, no respeta el derecho internacional, siendo ejemplo de ello, a propósito, el secuestro reciente que perpetrara contra el presidente venezolano y su esposa, además de los ataques a Irán, la voladura de escuelas infantiles y la promesa de toma de otros territorios nacionales. Por otro lado, mientras Venezuela se esfuerza por abrirle la cantera de los privilegios minerales, el país gringo no vacila en renovar la Orden Ejecutiva 13692 que delinea a Venezuela como una amenaza para los Estados Unidos y posibilita que la OFAC continúe sosteniendo las sanciones. No suficiente con ello, ya el 9 de enero de 2026 ese país había emitido la Orden Ejecutiva 14373, que propone secuestrar los ingresos venezolanos por concepto petrolero.
Venezuela no ha recibido nada a cambio en la transacción más allá de evitar una segunda oleada de ataques, como parece razonar la presidencia encargada, quien, inclusive, declaró haber recibido amenazas de muerte de los estadounidenses. Esto lleva a concluir que los Estados Unidos son enemigos de Venezuela y que su relación de trabajo con la patria bolivariana estriba sobre unos términos de capitulación y amenazas.
Lo que se concreta es un cableado de sujeción colonialista, de difícil desenmarañamiento a futuro. Puestos a razonar, podría ser factible que la presidencia del país requiera ideas, ayuda, cuestionamiento, oposición, no siendo creíble que personas como Delcy Rodríguez y su hermano estén sumidos en la ceguera de no ver el futuro del país. No existe ninguna apertura petrolera o energética a futuro que valga si se secuestra la autonomía libertaria de un país.
La pregunta capital es: ¿ha valido la pena evitar una guerra con los Estados Unidos para no perder soberanía, teniendo en cuenta que, igualmente, en estos momentos se está perdiendo la misma sin disparar un tiro? ¿Se trata eso de una situación ideal para Venezuela o para los Estados Unidos?
Si a Hugo Chávez le costó un mundo político cerrar la embajada de los Estados Unidos en Venezuela y expulsar a sus diplomáticos y a otros conspiradores militares ubicados en la Base Aérea La Carlota (por mencionar un lugar), a la Venezuela futura de Delcy lo mínimo que le costará para nuevamente ser libre es la misma guerra que hoy presuntamente se está evitando

jueves, 5 de marzo de 2026

Diosdado Cabello debe reclamar el PSUV y llamar a elecciones

En Venezuela urge considerar la celebración de elecciones. Es claro que la presidencia encargada no gobierna según la línea política ofertada en las elecciones de 2024. Nicolás Maduro está secuestrado y, si es cierto que su causa no obliga a interrumpir la sucesión, el país político no está recibiendo su parte ideológica y fundamental del contrato electoral.
Se sobreentiende que la razón del quiebre de la oferta electoral es la invasión estadounidense; y que el partido de gobierno (PSUV), junto con su mayoría en la Asamblea Nacional, hace lo necesario para conservar el poder, como lo ha dejado sentado la presidente encargada con su plan de gobierno. Pero, dados los hechos de presión (Delcy Rodríguez manifestó que el gobierno de los Estados Unidos la amenazó de muerte), no se puede pretender que tal agenda sobrevenida, de revuelco ideológico, deba ser de legítima aceptación en la masa militante.
El paisaje político cambió. Se puede esperar un atajo de comprensión por los hechos de fuerza y amenazas de guerra sufridos. Se puede, también, argumentar que el legado de Hugo Chávez es la paz y, en consecuencia, evitar una guerra. Sin embargo, no se puede pretender utilizar estas mismas razones para desmontar, de manera antagónica, la propuesta ideológica progresista votada en la contienda electoral de 2024. No es de legitimidad…
Entonces se enfrentaban la oferta proestadounidense de María Corina Machado y la oferta nacionalista de Hugo Chávez, en el continuismo que representaba Nicolás Maduro, con todos sus defectos…
Ahora, cuando el caso es que el mismo partido de gobierno se vuelca contra sus propios principios fundacionales y se hace proestadounidense, por la razón que fuere, es claro que hay una desvirtuación ideológica que debe consultarse con el piso electoral. Proseguir con la tónica encamina al país hacia una situación explosiva, de contenida tensión política.
No hay más salida. El gobierno encargado de Venezuela está siendo obligado a empeñar la soberanía nacional. Con cada visita que hace un funcionario de gobierno estadounidense (acaba de irse el Secretario del Interior, Doug Burgum), se modifica o se crea una ley regulatoria de la riqueza nacional. Tal situación conllevará, cada vez más, no hacer distingos de gobernanza entre Delcy Rodríguez y María Corina Machado. Ésta proponía, por ejemplo, privatizar PDVSA y abrir salvajemente el campo minero del país a los Estados Unidos; pero Delcy, por su lado, con su agenda de «obligada» apertura, ya ha llevado a la empresa del Estado a una situación de disfuncionalidad: ni siquiera cobra la venta petrolera.
Urge, por consiguiente, llamar a elecciones. Considerarlo… Postergar es dar cauce a descomunales distorsiones. Una de ellas es que la derecha política ha empezado a gobernar a través de la "izquierda". Otra, que el PSUV, anticapitalista y antiimperialista por principios, ya no puede así llamarse si se dice acompañante del gobierno encargado. El país se abre al capitalismo despiadado, que ya propone fracking, por ejemplo, y alza sus brazos hacia el imperialismo con palpitaciones colonialistas. Esto, incluso, ha hecho que la Asamblea Nacional, de mayoría socialista, no luzca legítima en la actualidad. De manera que ese PSUV no es el histórico conocido, de vena chavista y bolivariana.
En consecuencia, el fundamental PSUV debe desligarse de semejante plan de gobierno y sincerar su audiencia política nacional. Diosdado Cabello, 1.° secretario general del PSUV y el natural sucesor de Chávez (inclusive con prevalencia respecto de Maduro), debe realizar el reclamo y sugerir, si no elecciones, al menos una cruzada nacional de reflexión política.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Irán y Venezuela, dos caras de moneda en medio de la guerra

Irán resiste. En la trama de la guerra, esa que al simple mortal le llega a través de los medios informativos, hay más mentiras que verdades. Hecho lógico si se toma en cuenta que el manejo de los medios de difusión es parte de la misma guerra. Se dice que fue Esquilo, el trágico autor griego, quien asentó que «en una guerra, la verdad es la primera víctima».
Fluyen tanto ríos de información como mares de desinformación. La situación, en consecuencia, es bipolar. El jefe del cártel Epstein, Donald Trump, por ejemplo, dice que tiene casi extinto a Irán y que han sido muy pocas las bajas de sus coetáneos en el conflicto. Dice, además, que ha hundido una flota iraní compuesta por veinte navíos. Como corolario, a modo de justificar la mortandad de un montón de niñas en una escuela, el jefe del cártel asegura que Irán habría cocinado una bomba nuclear en un par de semanas de no ser por su ataque.
Pero está la otra cara de la moneda. Es un hecho que derribaron a los Estados Unidos tres F-15E, cazas con un costo de reemplazo de $117 millones cada uno. Se habla, también, en medio de este maremágnum de versiones, de que hay un sentimiento profundo de derrota en la dupla Estados Unidos-Israel porque no pudieron concretar el ansiado cambio de régimen en Irán. Quedó intacta la capacidad de sucesión clerical de los persas, a pesar de difundir la mentira del asesinato de los 88 miembros del cónclave responsable de la elección.
La nube coge más polvo cuando se habla del cierre de tres embajadas de los Estados Unidos en el golfo, pidiéndose a más de un millón de gringos que abandonen el área; cuando la financiera Bloomberg L.P. anuncia que los países asiáticos han empezado a retirar fondos del país de Trump y cuando, según fuentes informadas, hay el temor de que se descubra que fue el Mossad quien atacó la refinería de Aramco en Arabia Saudita.
Lo cierto del caos es que, al decir de académicos (https://bit.ly/3MGUTGB), a Irán le basta con sobrevivir para ganar, pero sobrevivir no siendo peón de los Estados Unidos e Israel, al estilo Venezuela, por ejemplo, que se rindió en mansa paz y hasta entregó a su presidente, seguido con millones de barriles de petróleo.
Según la reseña del columnista Alfredo Jalife-Rahme (https://www.jornada.com.mx/2026/03/04/opinion/014o1pol?partner=rss), un consultor ruso registra las proyecciones de Serguéi Lavrov: «Irán obtendrá su bomba nuclear».
Así los vientos, soplando a diestro y siniestro sobre el panorama informativo, hay pánico en la dupla macabra. Se dice que Trump se jugó su suerte presidencial en los hechos y que lo único que lo aliviaría en su catastrófica derrota es el triunfo «perfecto» que logró ante Venezuela, donde aseguró petróleo para enfrentar su crisis.

martes, 3 de marzo de 2026

Venezuela ahora es modelo para colonizar a otros países

En su himno nacional, Venezuela exhorta a seguir el ejemplo "que Caracas dio" si el despotismo llegara a levantar la voz en la "América toda". Es un canto patrio con mucha fuerza y dignidad de rebelión y combate.
Dicha idea ha sido la imagen proyectada por el país suramericano desde su época independentista. Un país duro, rebelde, revolucionario, guerrero, digno, capaz, inspirador, intocado por la bota extranjera hasta los hechos del bloqueo naval de 1902 y la invasión estadounidense de 2026.
La "bravura" del país fue puesta a prueba en ambas fechas. En 1902, desesperado ante el bloqueo naval de alemanes, italianos e ingleses, que venían por una deuda, Venezuela cometió el desliz neocolonial de acogerse a la Doctrina Monroe, recurriendo a los Estados Unidos para que lo defendieran de los viejos colonialistas.
Un acto, a todas luces, paradójico, en tanto el ícono de la nación bolivariana ha sido el de madre histórica de la independencia suramericana, ese ejemplo batallador consagrado en la letra de su himno nacional.
La consecuencia inmediata de aquella primera debilidad fue la penetración imperial, que prácticamente se apoderó de la riqueza petrolera del país a partir del "Reventón" de los años veinte. Se cobraba el favor. Los Estados Unidos construyeron la infraestructura de extracción desde entonces y usufructuaron el oro negro durante casi una centuria.
En enero de 2026, Venezuela no fue ya protegida por los Estados Unidos ante nadie, sino invadida precisamente por ellos. No hubo lucha. Venían a por el petróleo, presuntamente de ellos desde aquellas primeras fechas de descubrimientos, arrebatado por los venezolanos con su nacionalización. El presidente del país fue secuestrado con su esposa en medio de un acto de colonización impune, así, sin más, sin resistencia militar.
La nación heroica de épocas prototípicas fue desmitificada en el acto por fuerza de las amenazas y los cañones. Aquel primer gesto de vacilación de 1902 se trocó en un hecho de penosa palpitación en la actualidad, con riesgos severos de pérdida de la condición republicana.
¿Se exagera? ¿Se peca de traición al parecer que se denuesta de un país herencia de Simón Bolívar? No. Es mejor preguntar qué está ocurriendo y ponerse a enderezar el rumbo nacional. Venezuela es un bochorno de indignidad en estos momentos de convulsión mundial. Son los hechos.
Donald Trump no se cansa de ejemplarizar con Venezuela el modelo colonial «perfecto» ante el mundo. En plena agresión contra Irán, aspira a replicar en este país la situación venezolana: un país derrotado en el que "se mantuvo al gobierno existente después de que éste aceptara recibir instrucciones de Washington" (https://www.nytimes.com/es/2026/03/02/espanol/estados-unidos/trump-guerra-iran-plan.html).


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domingo, 1 de marzo de 2026

Fin de mundo: el guabinoso comunicado de Venezuela condenando el acto defensivo de Irán

Considerado la última resistencia musulmana contra el imperialismo occidental y el sionismo aberrante, Irán fue atacado el sábado 28 de febrero.
Los Estados Unidos, junto con Israel, hicieron la vuelta. Su argumento es ofensivamente fútil, como es costumbre: acabar con asesinos, enemigos de la paz mundial, como si ellos no fuesen la guerra misma.
Así también, burlescamente, procedieron contra Venezuela: dizque para acabar con el tráfico y los cárteles de la droga, amenazantes de la seguridad nacional gringa.
No pasó nada, por supuesto. Nadie reaccionó más allá de las palabras. No hay ONU ni derecho internacional, como si el mundo fuese una farsa o una película más llamada "Matrix". Plomo y bomba son el lenguaje de la civilización humana después de 5 mil años de existencia. Lo demás (ese silencio que lo envuelve todo en medio de la polvareda) es cobardía.
Venezuela, que por cierto desde el 3 de enero de 2026 dejó de ser ejemplo heroico para nadie y no es resistencia contra nada en la región, dijo algo. Miró que atacaron al país islámico y condenó la agresión gringa porque se realizó durante el curso de unos "esfuerzos diplomáticos y negociaciones", según comunicado del gobierno.
Pero también vio que Irán se defendió como pudo de la cayapa, atacando las bases militares de los Estados Unidos ubicadas en los países circundantes. Entonces, de manera insólita, como si no fuese el país bolivariano por antonomasia, condenó a Irán por ejercer "indebidas y condenables represalias militares en contra de objetivos ubicados en distintos países de la región".
Es decir, haciendo conciencia omisa de la vergüenza recién vivida precisamente a manos del mismo agresor de Irán, se pronunció a favor de Dios y en contra del diablo, como mandan los amos de la civilización occidental, siendo ahora demonio el país acuciado y Dios el atacante.
Una voltereta ideológica espeluznante, tanto más cuanto menos se solidariza con el país que, hasta hace poco, fue su aliado incondicional en su lucha contra las sanciones imperialistas.
Lo peor de la situación es que, mientras se redacta esta nota, la cancillería elimina el comunicado oficial, no por lo que atañe a Irán, que ya es vergüenza, sino porque critica a los Estados Unidos (https://www.el-carabobeno.com/canciller-venezolana-elimino-comunicado-de-condenaba-al-ataque-de-ee-uu-contra-iran/). De manera que la cosa queda como que fue una fake news (https://diario-octubre.com/wp-content/uploads/2026/03/01/venezuela-condena-la-respuesta-de-iran-a-los-ataques-de-ee-uu-e-israel/imagen.jpg) o algo que nunca se publicó, no dejando evidencias críticas en la red. Si usted busca ahora en la red, notará que los portales oficiales y cuasi oficiales retiraron la información y presentan ahora error de página. Si quien escribe incurrió en la confusión del error, lo hizo en medio del efecto dominó de dichos portales.
Una expresión, a no dudar, de la disfuncionalidad de Estado del país bolivariano, convertido ahora en una duditiva colonia o protectorado estadounidense.
Si ya no hay antiimperialismo que enfrentar ni revolución que cabalgar, déjese, al menos, el derecho de otros a soñar mundos mejores y no se emprenda ahora una cruzada "bolivariana" en contra de las ideas progresistas.