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viernes, 30 de octubre de 2009

El petróleo está echado

Ya usted lo habrá oído mucho:  las cartas están echadas; o, como dijo César con sus tropas cruzando río prohibido en su camino hacia Roma, lo cual desataría una confrontación con el Senado y una sangrienta guerra civil:  alea jacta est, la suerte está echada. Bastante hemos oído de historias fantásticas donde el personaje, para obligar a la suerte o definir su destino, lanza la llave del retorno a la profundidad del mar.  Así el camino toma un solo derrotero, y valga la caminería en la expresión.

Dos años de subsistencia tendrían los EEUU de utilizar sus propias reservas petroleras.  Usted vea las cifras nomás (1).  Ello simplemente debiera iluminar nuestro entendimiento:  su economía, su infraestructura, su perfil imperial, su rol protagónico político en el mundo, quedarían debilitados y comprometidos.  De manera que se trata para ellos de una situación de vida o muerte, tanto peor cuanto no se ha dado con una fuente energética sustituta, mucho menos construido su correspondiente infraestructura de explotación; y tanto peor, además, si se considera su creciente dependencia petrolera, lo cual resulta insólito de un país inteligente y previsor..  Para el 2.025, junto a China, se estima que EEUU consumirá el 40% de las reservas mundiales de petróleo (2).

El petróleo es la vía fácil o señalada porque su explotación tiene una infraestructura centenariamente cimentada.  Ni cerca le ha llegado ni le llega otra fuente alternativa de combustible.  Es la fuente de energía que alimenta al mundo, que le da soporte a su nivel de vida, y no se exagera al valorarla como una condición basal de la actual civilización en tanto sostiene confortables costumbres, ideas y artes humanas (los derivados del petróleo cubren hasta el cuerpo humano).  Quizás billones de dólares podrían necesitarse nada más para reducir la dependencia de la energía importada (petróleo incluido), invirtiendo su gasto en combustibles alternativos, como los de fuentes renovables (solar o eólica), en la llamada segunda generación de biocombustibles (tomados de los vegetales no comestible) o en la gasificación del carbón (3).  Hidrógeno, energía nuclear o celestial, o cualquier otro tópico energético implica un gasto descomunal en su implementación como fuente sustituta alternativa, sin contar que la energía nuclear involucra criterios morales de uso y su utilización está confiscada por las potencias militares del mundo.

Esos billones de dólares es lo que vale nuestra civilización petrolera, que cuenta con el conocimiento tecnológico para dar el vuelco, pero que no arriesga el gasto.  Más barato es la guerra, porque por aparejos suma un botín cuando se es vencedor, y, como sabemos, ese botín son países asolados, confiscados en sus territorios y recursos naturales, por supuesto, incluyendo el petróleo.  Invadir a un país y tomar su petróleo es ridículamente más sencillo y baratillo que ponerse a sustituir fuentes energéticas, y no existen razones para creer que así no seguirá siendo hasta el momento en que sea impostergable aferrarse al precipicio final de la era petrolera.

Momento final, crítico, traumático, de reacomodo de fuerzas en el mundo.  Con toda seguridad, momento de guerra, como la Primera y Segunda guerras mundiales.  El fin de la era, y la hora de la incertidumbre respecto del porvenir, con toda la sintomatología de los cambios de las eras y finales de mundos:  que si el Apocalipsis, que si los jinetes de colores, que si las pestes, que si la señora guerra.  Probablemente hasta  llegué el Anticristo, para darle un tono pintoresco a las palabras.  La desinstitucionalización del mundo se empieza a perfilar, y eso no equivale más que a decir que las instituciones dejan de ser convenientes a sus signatarios y creadores.  Recordemos a la ONU respecto de Irak (por poner el ejemplo mayor), esto es, su resolución de que no se invadiera, y, también, el acto de omisión que hiciera EEUU al respecto, invadiendo finalmente porque sí.  Porque su subsistencia está primero y el pan-petróleo debe ser procurado a toda costa.  Nada digamos respecto de Cuba (para seguir la línea, aunque ya no petrolera), que por años ha obtenido su resolución favorable a la suspensión del bloqueo que le aplica EEUU y de nada ha servido.  De la era que muere, las organizaciones  empiezan a no servir a los propósitos creados.  65 guerras se han suscitado desde la creación de la esa organización inservible que ha sido la ONU.  Pero volvamos…

Países hay cuyas reservas aguantan para ciento cincuenta años, como Venezuela y Arabia Saudita, pero la era del aprovechamiento sistemático, suficiente y global del petróleo la estiman los técnicos hasta los años setenta del siglo.  Y no debe ocultarse a la inteligencia dos cosas, so pena de ser un estúpido (los hay muy cultos, graduados en universidades europeas):  (a) EEUU muere petroleramente y busca con ansiedad prolongar su vida; ser un país armado poderosamente, hasta el grado que lo ha llevado a llamarse “policía del mundo”, le da la facilidad de tomar de donde quiera (me refiero a países vulnerables) su panacea.  De hecho, ningún tonto creerá que, en nombre de principios de no intervención y del derecho internacional, ellos están dispuestos a morir.  Ya Irak y la ONU nos contaron un cuento en la materia .  (b) Venezuela es uno de esos países “vulnerables”, pacífico, insuficientemente armado, incipiente en revolución, con más grito humano que tiro de arma de fuego, de paso anegado en petróleo, esa preciada sangre del vampiro.  Hagamos un silogismo con los dos considerandos, “a” y “b”, y obtendremos un futuro “c” apesadumbrado.

La suerte, pues, que es como decir la guerra, está echada, y recuerde que no a otra cosa aludió Julio César cuando sentenció la frase frente a su río Rubicón.  Y no porque yo lo diga o porque Venezuela comete el “delito” de ser rica en petróleo, proposiciones ambas ridículas.  Se trata de una circunstancia de convergencia histórica, cuando se acaba el recurso, una gran civilización de consumidores se ve amenazada de extinción, y, sobremanera, los agentes depredadores comprenden que la cadena alimentaria se les subleva, es decir, América Latina y el Caribe, su tradicional “patio trasero”, despiertan, alzan la voz y se rehúsan al destino de ser sólo bocados en las fauces.  América Latina, del Sur, del Caribe, en revolución, con movimientos telúricos de conciencia , sublevada y, en breve, según la pintan las señales, en armas, para defender sus espacios.

Para los EEUU, la comprensión de que en su “patio trasero” cunde una suerte de rebelión en la granja, es un detonante de altos niveles de alarma:  a su problema de exploración estratégica de recursos, se le suma que el granero quiere arder en llamas.  Han tirado la llave del destino al mar y nos han “entubado” hacia la guerra de defendernos en nuestro hábitat.  Son ellos o nosotros, en esa restante porción de vida que le promete el secuestrarnos como fuente energética para su feneciente modelo civilizatorio.  Véase la siguiente cronología, que figura una lógica de precipitantes factores de confrontación:

  • Golpe de Estado en Venezuela, con participación de los EEUU (frenar la Revolución Bolivariana)
  • Reactivación de una flota de guerra en el Caribe (síntoma de preocupación, de pérdida de influencia)
  • Golpe de Estado en Honduras, con participación de los EEUU (crear un espacio, básicamente, de intimidación hacia el continente, como diciendo es lo que pasará a quien insista en sustraerse de su influencia o dominio)
  • Bases militares en Colombia (las alarmas se disparan y se comprende que Venezuela ha tomado una conciencia peligrosa de cambios, contagiada a otros países).
  • Venezuela empieza a comprar armas para su defensa (hecho necesario, según se perfilan las pretensiones de los EEUU, pero al mismo tiempo argumento útil para acusarla de armamentismo).
  • Y, lo último, el intento del Congreso de los EEUU de colocar a Venezuela en la lista de países terroristas (difuso concepto que aglutina narcotráfico y guerrilla) (4).

Venezuela, como ojo del huracán, puesta en el trance de ser reserva energética a cualquier precio (precio ínfimo comparado con el esfuerzo de buscar nuevas fuentes de suministro), tanto más cuanto mayor es la probabilidad de que su presidente no se someta voluntariamente al imperativo de ser “granero” y, también, tanto más cuanto grandes son sus presentes esfuerzos  por diversificar el mercado de sus ventas petroleras.  Por ello las rondas de buques de guerra en los alrededores del país, las bases militares en Aruba y Curazao (al norte), la del Arauca, Colombia (al suroeste), y las tantas otras restantes proyectadas en su periferia (5).  En lista negra Venezuela, terrorista ella, probablemente bloqueada, seguramente consumiendo internamente su petróleo, esperaría la hora final de la invasión mientras es obligada a preservar sus recursos para los amos del mundo.  Una forma estratégica de preservar su recurso petrolero es bloqueando o embargando al país, impidiendo su comercialización, penalizando al país que se atreva a comprarle, como se hace con Cuba y su bloqueo desde hace décadas, como reza por allí una tal Ley Helms-Burton.

Probablemente la guerra contra nuestro país tarde en llegar una década o unos quince años ─siendo optimista (6)─, pero lo cierto es que en la hora presente sus halcones preparan las condiciones.  Mientras tanto tiene el país, como única vía de supervivencia, (a) procurar alianzas más activas con Rusia y China, de mayor compromiso, (b) armarse adecuadamente para su defensa (por lo menos para disuadir con numerosass bajas al contrario), ( c) obtener la tecnología necesaria para autodotarse de armamento defensivo en caso de bloqueo (7) y (d), también, ir abandonando la actitud dependiente petrolera, de tal modo que el oro negro no sea una condición de chantaje para la existencia propia.

Si somos una reserva energética, granero o patio o lo que sea, si nos sentimos como tal o no nos sentimos como tal (da igual), si nos perfilan las potencias militares como tal, si tenemos petróleo (que es el hecho), combustible del mundo; no tendríamos ya que decir que la suerte o la guerra o las cartas o los dados están echados, sino el petróleo.  La humanidad siempre ha tenido un futuro de guerra:  le toca a los unos u otros, circunstancialmente.  Esta vez el hado revolotea sobre Venezuela, y es bueno conocer de ese destino bélico y nada halagüeño del mundo, porque sirve para decir ─parafraseando un refrán─ que guerra avisada no debería permitir que desaparezcan naciones.

Notas:

(1)  Oscar J. Camero:  “Breve retrato petrolero del sistema imperial de los EEUU” [en línea].  En Animal político. – 23 oct 2.009. - [Pantalla 8]. - http://zoopolitico.blogspot.com/2009/10/breve-retrato-petrolero-del-sistema.html. - [Consulta:  29 oct 2.009].

(2)  Michael T. Klares:  “La nueva geopolítica de la energía” [en línea].  En Indymedia Colombia. – 11 may 2.009. - [Pantalla 14]. - http://colombia.indymedia.org/news/2008/05/86487.php. - [Consulta:  29 oct 2.009].
(3)  Klares, Op. Cit., [pantalla 12].
(4)  Eva Golinger:   “US CONGRESS MEMBERS ATTEMPT TO PLACE VENEZUELA ON TERROR LIST/CLINTON PACTS WITH DICTATOR MICHELETTI IN HONDURAS” [en línea].  En Postcards from the Revolution. – 28 oct 2.009. - [Pantalla 2]. - http://www.chavezcode.com/2009/10/us-congress-members-attempt-to-place.html. - [Consulta:  29 oct 2.009].
(5)  “Bases militares de EEUU en Latinoamérica” [mapa] [en línea].   En Telesur. – 2.009. - [Pantalla única]. - http://www.telesurtv.net/noticias/afondo/especiales/bases_militares_latinoamerica/. - [Consulta:  29 oct 2.009].
(6)  2.025 no es un capricho.  México, el gran vecino energético de los EEUU, estará ya seco en sus pozos y las proyecciones disparan las necesidades de los EEUU hacia niveles alarmantes.
(7)  James Petras:  “Venezuela debe buscar apoyo extra continental para hacer un balance y equilibrar el peso que tiene EEUU en Colombia” / entrevista [en línea].  En Rebelión. – 14 sep 2.009. - [Pantalla 4]. - http://www.rebelion.org/noticias/opinion/2009/9/venezuela-debe-buscar-apoyo-extra-continental-para-hacer-un-balance-y-equilibrar-el-peso-que-91448. - [Consulta:  29 oct 2.009].

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miércoles, 28 de octubre de 2009

Desprecio gringo

EEUU nos desprecia profundamente.  Un pito vale para ellos nuestra cultura, nuestros valores patrios o históricos, mirándolos, según sus pretensiones, como eventuales objeciones a su política colonizante de devastaciones nacionalistas. Un carrizo valen para ellos nuestros liderazgos, soberanías, leyes, mejoras sociales; por el contrario, son piedras en el camino, vallas a tumbar, para ellos poder ejercer su prerrogativa de dominio.

Una nación sin convicciones históricas y fundacionales suficientemente fuertes es para ellos un candidato fuerte a colonia, base militar o granero energético.  Un país sin una arraigada conciencia histórica se le figura un pasto fácil para las llamas, para la aniquilación del poco valor que pueda resguardar.

Necesario es el vacío, la ignorancia, el caos, para ellos ejercer, maquiavélicamente, su hegemonía.  Un Simón Bolívar molesta, en tanto icono de lucha por la libertad y contra la opresión procedente de imperios.  ¿Por qué?  Porque su sola mención, su solo recuerdo, invoca sentimientos de pertenencia, de patria, de igualdad, de conciencia y lucha contra el invasor.  De resistencia, hecho que le resulta enormemente costoso al país norteño en la eventualidad de una guerra domeñante, invasión o expropiación.

Son ellos quienes, en nombre de semejantes apetencias imperiales, hacen del desprecio cultural una política de dominio.  Son ellos quienes inventan y ejercen la tesis de la aniquilación de culturas, de guerra de civilizaciones.  Son ellos quienes pregonan y ejercen el modelo unipensador en el mundo, ése que te demuele en un país una estatua del Che Guevara o Sandino para colocar una del payaso de McDonald's, y hablar luego de libertad, unidad o uniformidad, derechos civiles, libre albedrío y tantas otras pajas instituidas en sus discursos.  Son ellos quienes nos desprecian.

Matar al líder para acabar con la resistencia; incendiar las bibliotecas, para acabar con las memorias históricas; robar las obras civilizatorias,  los íconos culturales, las joyas históricas, la arqueología, para figurarle a los pobladores que tales son solo sintomatología de un mal recuerdo, de un país débil que se llamó tal, de una noción de nación tan frágil que es una invitación ─suponen ellos─ a que los lugareños se aborrezcan a sí mismos y los amen a ellos.  (Véase nomás el caso Irak). Tal es el discurso del desprecio, del irrespeto a la inteligencia de los demás, cínicamente sin importarles que a la víctima no se le esconda una de las evidencias más grandes del sistema solar:  que son ellos, los EEUU, su dirigencia que no su pueblo, la entidad que cultiva más odios en la Tierra.

Otrora (Guerra Fría) fue la lucha contra el comunismo y el antisemitismo su bandera cínica de combate, su política de Estado abusiva e invasora, su discurso caza-bobos y despectivo de la inteligencia de los pueblos.  Hoy son el terrorismo, el narcotráfico y el militarismo, las nuevas herramientas discursivas de dominio, el nuevo modo de decirte que les importa un gajo lo que pienses o seas, en aras de avasallar y penetrarte para pisotear tus fundamentos:  tu historia, tus valores nacionales, tu sentido de pertenencia, tu psique colectiva; y en aras de implementar ellos, finalmente, su hegemonía.  La nueva manera de despreciarte en tu ser histórico para ellos fundar sobre tus huesos una nueva colonia.

No otra cosa hace cuando con descaro puede acusar al mundo entero de militarismo, y son ellos quienes venden el 75% de las armas que se producen en el mundo, y tienen un presupuesto militar y de defensa superior a la suma de los presupuestos militares del mundo.  ¿Qué le puede importar quién cuando lo acusa de desarrollar o comprar armamento y amenaza con invadirlo?  Un carajo. ¿Qué de historia, nombre, inteligencia, nacionalidad, puede importar en ti si cada una de tales cosas resulta para ellos un problema, una estupidez nacionalista a resolver, o, mejor dicho, una nadería a aniquilar?  ¿Dónde queda la lógica, la inteligencia, la estadística, que eventualmente se pueden invocar para concitar la justicia?  ¿De qué sirve saber que tienes razón si a la final morirás igualmente bombardeado?  No está la razón al servicio de la vida, podría, para el caso, sentenciar el filósofo.

“Yo soy idiota, tú eres idiota, ellos piensan…”

Y para el caso de América Latina y el Caribe, no puede ese país (EEUU) ejercer un mayor despectivo cinismo.  Allí nadie puede ser inteligente, ni tener historia, ni hablar de estadísticas, ni de lógica, ni tener próceres, ni moral, ni patria, para rebatir nada.   Es un “patio trasero” y punto, al que en la actualidad le calzan sus últimas irrefutables invenciones:  narcotráfico y militarismo.  Venezuela se arma dizque nuclearmente (lo dicen así como así) y el resto de los demás países o coadyuvan al narcotráfico o son narcotraficantes.  Un Bolívar, Martí, Sandino, Guevara, son solo objeciones histórico-nacionalistas que impedirían el florecimiento de su dominio cultural y civilizatorio, o, en el mejor de los casos para ellos, rótulos tras los cuales se solaparían la subversión y el terrorismo. Lo que ellos dicen ha de ser la verdad y lo que los demás oyen debe de ser cierto; el resto de cualquier consideración es estúpido.  Yo soy idiota, tú eres idiota, ellos piensan…

Somos militaristas y narcotraficantes, y punto, sobremanera ésta última acusación, que ellos providencialmente parecen haber reservado para nuestros países.  No puede tener lógica ─ni la merece─ quien será destruido.  Como si tal fuese el eslogan de sus maquinaciones, de su política imperial.  Veamos el sarcasmo sobre este punto del narcotráfico:

¿Para efectos de qué puede servir que alguien exponga que Puerto Rico, por ejemplo, es dominado por ellos en mar, tierra y aire, y es ese país un paraíso para el narcotráfico; que alguien denuncie que ellos utilizan dineros del narcotráfico para financiar guerras, como el caso Irán-Contras respecto de Nicaragua; que ellos son el principal productor de marihuana y el mayor consumidor de cocaína en el mundo; que la producción de droga aumentan donde ellos es establecen supuestamente a “ayudar” con su DEA; que el Plan Colombia aceleró los índices de producción de estupefacientes; que ellos solo certifican y penalizan ─metiéndolos en listas “negras”─ a quienes sólo producen y no a quienes consumen descomunalmente, como ellos; que obliguen a otros países invadidos (por razones de narcotráfico) a ejercer impunidad hacia ellos, como el caso de Colombia, donde sus soldados tienen una especie de derecho de pernada sobre la población femenina, a quien violan sin que los pueda penalizar el Estado?

Solo hay una respuesta:  para nada, para sólo ver que a los caballeritos del norte les importa un carrizo tu inteligencia y tus convicciones.  ¿No fue a eso, por cierto, que vino Obama a las cumbres de nuestros países, para a burlarse en propia cara de nuestros presidentes y ejercer un profundo desprecio de Estado?  Parece allí, a propósito, quedar institucionalizado el desprecio del que hablamos.

Somos narcotraficantes, terroristas y militaristas, y punto.  Que alguien, llevado por el silogismo o la lógica, argumente que la cosa parece un invento (o una burla, mejor dicho) y que no parece justo que quien adolezca de llagas llame a los demás llagosos, es un firme candidato a ser hecho burla por sus inusitadas conclusiones.   Un loco, probablemente un suicida, un bicho nacionalista, algún anacronismo que no parece apreciar el progresista pensamiento del mundo.

No pareciera tener gran valor que las evidencias hagan parir una pregunta como esta:  ¿con todo lo que sabemos, con lo que se sabe de ellos, qué son ellos cuando nos hablan de militarismo y nos imputan como narcotraficantes?  Según ellos, nadie parece suficiente aquí para contestar; y lo mejor que se puede hacer es esperar que ellos nos “soplen” la respuesta.

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