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martes, 27 de enero de 2026

El precario futuro de la Venezuela petrolera y libre según el derecho internacional

Venezuela es un país de gestas, fundamentalmente bolivariano. Su gente, por más que ignore su historia, sabe de su forma republicana, revolucionaria, vencedora de un viejo imperio español. Ser independiente o libertario es, prácticamente, un rasgo de personalidad del venezolano.
Pero también es petrolero. Si el país tiene una edad de 214 años como república, la mitad de esa historia está engrasada con la actividad petrolera. El 14 de diciembre de 1922 reventó un pozo petrolero en Cabimas, Zulia, alzando su chorro a 50 metros de altura, inundando con un millón de barriles el área del caserío de La Rosa. El hecho fue como una bandera que metió a Venezuela en el paquete de la producción petrolera mundial.
Sin embargo, ambos rasgos de lo nacional parecen ser inconciliables. Y no porque exista algún deseo contranatural en el país, sino por las apetencias energéticas de otros países poderosos, como los Estados Unidos. Para tales, la forma republicana de un país minado de hidrocarburos podría ser simplemente un impedimento para acceder a los recursos.
En consecuencia, en virtud del poder militar, tales países proponen, subrepticia o expresamente, la abolición de tal formato, recomendando el coloniaje o protectorado. Un territorio densamente rico no puede tener impunemente leyes republicanas que impidan a los poderosos la extracción del oro, negro o blanco. Venezuela y Groenlandia en la actualidad ilustran grandemente el asunto.
Tales territorios (no se hable de países si son aplastados por otros), si aspiran a una autonomía o libertad, deben comprender la ilustración histórica del pillaje del fuerte contra el débil. Y deben, en consecuencia, armarse para defender su humanidad, sea guerreando o disuadiendo. No existe una isla de la fantasía en el mundo donde mane el oro y solo sea protegida por el derecho internacional. Es utopía, tanto más cuanto el susodicho derecho está maltrecho ahora. Por supuesto, el territorio puede, también, decidir dejarse asimilar y acabar de una vez con el dolor de cabeza de una existencia libertaria.
El uso de la fuerza es un lenguaje entre hombres. Si quieres imponer, ser temido o libre, debes recurrir a ella. Es ley natural. Lo comprendieron hace siglos los antiguos griegos: solo es posible la justicia entre iguales en poder. Lo demás es debilidad y esclavitud. «Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben» (Tucídides). Quien no tiene poder no tiene derecho ni a la justicia ni a la moralidad, sino ser lo que es: un débil en sujeción. Así se lo hicieron comprender los griegos a los melios en 416 a.C. cuando se negaron a apoyarlos en la guerra, aduciendo neutralidad: ejecutaron a los hombres y esclavizaron a las mujeres y niños.


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domingo, 25 de enero de 2026

Aparte de Groenlandia, ahora vienen por Cuba y Canadá... Y la ONU disfuncional...

Como ya no hay derecho internacional que ampare a nadie, ni mucho menos ONU que valga, parece de expresa lógica señalar que los próximos a "neocolonizar" por Donald Trump son Cuba y Canadá. Si alguien no está de acuerdo con semejante divagación, debe preparar su defensa para Gaza, Venezuela y la probable Groenlandia, que padecen deshuesamiento a la vista impávida del mundo.
Respecto a estos países, ¿alguien ha hecho algo más allá de algún quejido? Ni la misma ONU lo ha hecho con el rigor que los casos ameritan. Su funcionamiento se estira en un puro pedir permiso a los poderosos hasta para pronunciarse; no se hable ya de hacer algo. La ONU tiene amo doctrinario y no es precisamente esa teoría hermosa de la ley internacional. Envía cascos azules cuando dos o tres quieren profanar el color hermoso del cielo.
El silencio ante la pregunta es la confirmación de un miserable declive. ¿Por qué? Porque la ONU es una organización creada por poderosos para regir a débiles e, idealmente, explotarlos. Quien no concuerde debe, nuevamente, preparar su razonamiento para defender el arbitrio de Irak, Libia, Siria, Gaza y Venezuela.
No de otro modo se puede comprender que un país robe lo que necesite de otros y lo haga, precisamente, a través de la organización de marras, como hicieron los Estados Unidos en Irak en 2003 y en Libia en 2011 (allí roban petróleo hasta hoy). Esos únicos hechos son suficientes para darla por muerta. Pero, atención, la ONU tiene otra modalidad de funcionamiento y es cuando sus dueños deciden tomar lo que quieren sin ella y la muy viva se hace la muerta. Tal es la situación de Venezuela: se le secuestra a su presidente y, peor aun, se le tima su petróleo.
El pisoteo descarado del derecho internacional es paso necesario para socavar a la ONU de una vez por todas, la organización "réferi" del planeta. Quizás por eso Trump la burla de lo lindo y ya presentó su desmantelamiento en Davos 2026 con su Consejo de Paz paralelo.
Dado el momento de quiebre que vive el mundo, cuando se ha retomado la política del cañón y hasta piratas han resurgido en los mares, es fácil hacer predicciones basadas en las apetencias del fuerte y en los temores del débil. Como dijo Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso: «Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben». Así, pues, Estados Unidos necesita Groenlandia para su seguridad nacional, además de sus minas, oro, uranio; y del petróleo de Venezuela, por si fuera poco. ¿Quién dijo ONU?
Según prensa propia, Canadá se prepara para un ataque estadounidense y Cuba es una deuda vieja que los gringos creen que se les debe desde que le ganó las colonias a España en 1898. México se respeta un poco, por ahora, porque bastante ha sido esquilmado (¡50% del territorio original!).





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