jueves, 3 de abril de 2025

VENEZUELA COMO BOTÍN EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

Si el mundo es un teatro donde innombrados poderes determinan el curso de la sociedad humana, entonces, valga la redundancia, hay dos teatros de operaciones, militares para mayor seña. El primero es Ucrania, apuntando a Europa (Occidente), y el segundo, Irán-Siria, apuntando al Medio Oriente (Oriente), ambos frentes fraguando el nuevo esquema de poder mundial.
Tres potencias se dividen el nuevo orden, a saber, Estados Unidos, Rusia y China, destacando la desaparición de la vieja Europa como polo de poder. Por el contrario, su destino parece rifarse en los acontecimientos que se suscitan ahora en la guerra de Ucrania.
En el nuevo esquema, como si de un acuerdo global se tratará, Rusia resolvería sus preocupaciones en su flanco occidental, dando cuenta de Ucrania y de gran parte del ego europeo; Estados Unidos y su satélite Israel, habiendo reducido ya a Siria, doblegarían a Irán, amén de hacer recular la idea nacionalista de Palestina en Gaza; y China reclamaría su mesa con la recuperación de Formosa.
Para ese logro, es claro que tales actores adoptarían la política de "dejar hacer, dejar pasar", resolviendo la individualidad propia permitiendo la ajena. Un panorama en extremo bélico, a no dudar, mientras se cumplen los objetivos de la nueva realidad geopolítica.
Latinoamérica, en especial Venezuela, que es un país de enorme importancia energética, y hasta Brasil, de potencial variado, al no disponer de un poder militar disuasivo para el nuevo esquema mundial, queda al margen del desarrollo, estigmatizada como zona de minería y reservorios. Su papel proveedor quedará en importante parte bajo efecto estadounidense, pero, si se está por creer en una nueva era de entendimiento geopolítico, se dividirá en zonas de influencias china, rusa y gringa.
Las actuales acciones de los Estados Unidos contra Venezuela (sanciones, aranceles, restricciones a la producción petrolera, Esequibo), intentando reservársela con sus recursos minerales, evidencian su afán por asegurar desde ya su tajada geopolítica, por cierto, secularmente colonialista (Doctrina Monroe); evidenciando también que, para este orden nuevo y cualquiera que advenga, el rol empático del país bolivariano siempre será un problema por dilucidar. En el barajar de las cartas, la potencia que lo sume podría asegurar una prometedora ventaja.
Pero, incluso, para esta hipotética proyección geopolítica, luchar siempre podrá cambiar el curso del destino e historia.


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miércoles, 2 de abril de 2025

EL MUNDO QUIERE GUERRA Y VENEZUELA ANDA POR AHÍ

El mundo es una bomba. Resuena a paso militar. Sus naciones se atapuzan con diversidad de problemas y cunde la impotencia al grado que la guerra aflora como la más fácil alternativa.
Viejas doctrinas hablan, maquiavélicamente, de desviar la atención con el inicio de una guerra cuando un líder presente problemas en su gestión o vida política. Benjamín Netanyahu, el actual primer ministro de Israel,  calzó en el esquema y se enrumbó a guerrear contra Líbano, Gaza, Siria e Irán, ésta última la joya dorada de su corona. Y esa situación extraordinaria de su país en guerra lo mantiene en el poder.
Otros rezos susurran que, cuando un país no pueda con sus problemas económicos y depresiones, guerree contra su opresor y confunda el mercado. Bajo tal tesis se explica el génesis de la primera y segunda guerras mundiales, brutal lucha de mercados. Estados Unidos al presente, con tanto problema (atraso militar, deuda con China, dólar infundado, declive económico, líos discriminatorios y migratorios) no parece precisamente un país estable, y se despedaza. Con Donald Trump ha girado hacia la modalidad de guerras comerciales, sin dejar, claro está, de guerrear de modo convencional y encender guerras a través de otros que combatan por ellos. Generar una guerra contra China probablemente conlleve a extraviar el cuaderno deudor.
Otros países, opulentos o no, se defienden o aspiran a recuperar o resarcir situaciones. China tiene una mecha encendida en Taiwán, su querida Formosa; Corea del Norte tiene su contraespejo en su homólogo del sur; Rusia desarma a Ucrania por su seguridad nacional; Irán debe mantenerse alerta ante la amenaza israelí; Venezuela se prepara para evitar el despojo de su Esequibo.
Países ricos hay que se deshacen en suicidios. Son los llamados de primer mundo, donde el individualismo y la competencia han derivado en deterioro de los vínculos primarios de organización, como la familia y la comunidad. Son países (Europa, Rusia, Estados Unidos) que viven por adelantado la soledad como secuela típica de una guerra.
Considérense los siguientes eventos como indicios del fin de una era: Alemania, sabedora de su responsabilidad en las dos grandes guerras, deja a un lado sus escrúpulos contra el militarismo y se arma, presuntamente temiendo a Rusia; y Rusia, por su lado, convoca a sus reservistas para ampliar su ejército a 2.19 millones de efectivos.