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sábado, 4 de abril de 2026

Si María Corina no puede entregar el país más de lo que lo ha hecho Delcy Rodríguez, entonces las elecciones no son ningún riesgo.

La lógica apunta a que las elecciones presidenciales son preferibles. María Corina Machado, como ha anunciado, privatizaría PDVSA y, a título de apertura a la inversión extranjera, ofrecería los recursos minerales y energéticos de Venezuela a los Estados Unidos, su tutor político. Ocurriría con ella lo más temido por el nacionalismo venezolano: que el país, de facto, se convierta en un protectorado colonial.
Sin embargo, semejante pesadilla sería combatida por las leyes y la oposición de izquierda y hasta de derecha en la Asamblea Nacional. Sudaría su gota gorda para lograrlo, como se dice en vernáculo, si es que lo logra. El país se tensaría ante el comportamiento entreguista y la protesta patearía las calles.
No obstante, préstese atención, por si alguien no lo ha notado. Con Delcy Rodríguez como presidente encargada (E), eso ya está ocurriendo. Y ocurre de la peor manera para el país nacionalista y de la mejor forma para el gringo beneficiario: sin oposición alguna. Por el contrario, sucede con el apoyo de la estructura de un partido de gobierno e instituciones que no terminan de asimilar la connotación histórica de lo acaecido en el país ni aciertan a responderle en función de los intereses soberanos primarios.
Como señalara la presidencia encargada (E) al asumir, uno de sus objetivos es preservar el poder político. Y en tal prosecución se han alineado funcionarios, ciertos militantes, la institucionalidad de gobierno, las Fuerzas Armadas Nacionales y la Asamblea Nacional. Pero semejante estrategia de cuidar el poder tiene sentido cuando hay una amenaza catastrófica de entreguismo optando por él.  
Y no es eso lo que está sucediendo, según lo dicho. Dado que el partido de gobierno entrega sin oposición alguna, con el aval de la Asamblea Nacional, es poco probable que la derecha política, encabezada por Machado, pueda dañar más si afronta a una oposición parlamentaria.
De manera que se puede decir, de modo vergonzoso, que instituciones, partido de gobierno y funcionarios gubernamentales preservan, en efecto, el poder político, pero uno con carácter personal, en nada imbuido de republicanismo. Para decirlo con el vulgo, cuidan cargos y prebendas.
Por ello, la lógica concluye que es más conveniente para la república, con urgencia patria, realizar elecciones. Detendría la regalía presente no autorizada por la democracia y sometería al criterio electoral el destino de la república. Ni los Estados Unidos son socios de Venezuela, como se dispuso gubernamentalmente, ni Venezuela tiene que ser su colonia. Ello constituiría un eje moral a debatir entre todos. Tendría más dignidad, por lo menos, morir en la batalla del debate que entregarse impúdicamente. No renta para la conciencia vivir en un país lleno de vergüenzas y que se deja tomar como un botín.

miércoles, 1 de abril de 2026

El PSUV dividido como ocurrió con el PCV

En 2020, el Partido Comunista de Venezuela (PCV) rompió su alianza con la gestión gubernamental, presidida por Nicolás Maduro. Acusó a este de abandonar el rumbo socialista y de adoptar el neoliberalismo como su nuevo modelo político.
Grosso modo, el PCV denunció la dolarización de la economía nacional, el surgimiento de una burguesía importadora, el desmantelamiento de los derechos laborales, la corrupción, la fuga de la renta petrolera y el aumento de la desigualdad.
Filas adentro, se ordenó el abandono de la coalición gubernamental. Pero hete aquí que surgió una división. Los «comunistas» que ejercían funciones con el gobierno decidieron no acatar la directriz; y los de la directriz, esto es, el PCV histórico, propusieron desconocer la militancia y el ejercicio político de los revoltosos.
Se formó el pleito. Ambas facciones presumieron ser más papistas que el papa, y bastante se habló de Carlos Marx y su genuino materialismo histórico durante la exégesis ideológica que se suscitó.
Finalmente, en 2023, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) intervino al PCV y decidió que los verdaderos comunistas eran los aliados del gobierno, mismos con los que dictaminó su nueva directiva política. De tal modo quedó descabezada la facción crítica al gobierno. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), o partido de gobierno, neutralizaba con dicho movimiento a un eventual disruptor del ecosistema político.
Ahora el PSUV se encuentra en el mismo banquillo de las disquisiciones ideológicas. Ni más ni menos con sus dos bandos. Por un lado, están las cabezas de gobierno, pasando por la Asamblea Nacional, los funcionarios de Estado, hasta aterrizar en la militancia misma; por el otro, los disidentes, los que hablan de entreguismo a los Estados Unidos, de traición a la patria y de concesión de soberanía. Estos últimos, mayoritariamente, son militantes que no detentan nada más que su conciencia y el voto depositado en las elecciones presidenciales de 2025. Son los pata-en-el-suelo, como los motea el populacho, o los «chavestias» o «chaburros», como los insulta la oposición.
Algo hasta peor que lo sucedido en el PCV, donde se hablaba de traición a principios doctrinarios. Con el PSUV, el asunto a dilucidar es la monstruosidad de la traición a la nación venezolana, más allá de los estatutos de un partido.
Y es que, de ningún modo, de acuerdo con los estatutos del partido, se puede denominar psuvista al bando gubernamental, hoy en amoríos con los Estados Unidos; así como tampoco al militante que lo apoya. En sus principios generales, el PSUV y su militancia se declaran «anticapitalista y antiimperialista», una entelequia destrozada por el actual ejercicio de gobierno.
¿Semejante maldición del PCV llegará a tribunales para pleitear por los símbolos y banderas del PSUV verdadero? ¿Surgirá algún adalid del legado histórico de Hugo Chávez para reclamar la esencia del partido, denunciar que lo que se vive no fue aquello por lo cual votó el psuvista auténtico en las elecciones presidenciales de 2025 y para llamar a elecciones? ¿Es posible que el TSJ pueda determinar que los funcionarios de gobierno, en actual romance con los gringos, sean los auténticos fundamentalistas del PSUV?