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lunes, 25 de mayo de 2026

Delcy y Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino, Yván Gil, Héctor Rodríguez, Indira Urbaneja y demás cobardes cuida-cargos ante el espejo de la historia

1000 años antes de Cristo, un joven pastor derrota a un gigante filisteo. Lo sacó de su convencional esquema de combate (cuerpo a cuerpo) y lo enfrentó con una honda. Sin que hubiera manuales exhaustivos sobre la guerra asimétrica y anteponiendo la supervivencia a la arrogancia, venció.
En la Venezuela de 2026, tres mil años después, con ingente cantidad de manuales recopilados, sus políticos petroleros y bananeros cuestionan la ilustración histórica de David. Como fueron humillados por los Estados Unidos el 3 de enero y se dejaron birlar al presidente del país, justifican su cobardía ante el Goliat del momento con el cuento de que es un enemigo mucho más que el antiguo Goliat.
En esa retórica están incursos la presidente encargada de Venezuela (Delcy Rodríguez), el presidente de la Asamblea Nacional (Jorge Rodríguez), la misma Asamblea Nacional en pleno, el ministro de la Defensa (Vladimir Padrino) y otros políticos y comentaristas de menor catadura, como el canciller Yván Gil, el exgobernador Héctor Rodríguez, la influencer Indira Urbaneja, entre otros muchísimos que cuidan el cargo y encargo de la cosa política.
En 480 a.C., el rey Leónidas contiene al desmesurado ejército persa. Con 300 guerreros y el apoyo de unos miles de griegos, obliga al enemigo a una confrontación asimétrica en un estrecho, induciéndolo a su modalidad hoplita de combate. Fueron derrotados, pero, grosso modo, determinaron el rumbo victorioso de las Guerras Médicas.
En la Venezuela de 2026, al soldado que no disparó para defender a su país ante el ataque de los Estados Unidos ni siquiera se le ocurrió que su trabajo y esfuerzo podrían haber dado lugar a un mañana de independencia o esperanza, por lo menos. Obedeció una orden espuria; o, peor aún, no hizo nada. Se echó a dormir, como les respondieron a los familiares que los consultaron.
En 1812, durante la guerra de independencia de México, José María Morelos resistió durante 72 días el asedio del ejército realista, superior en fuerza y número. Antepuso la necesidad y supervivencia de los suyos a la confianza del enemigo, para romper filas posteriormente y vencerlo.
El 3 de enero de 2026, bastó un par de horas para colonizar a un país que estaba avisado de guerra. Venezuela se rindió a pesar de contar con un arsenal de primera línea militar y un ejército, presuntamente, hijo de la heroicidad de Simón Bolívar.
En 1819, en Boyacá, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander vencen a los realistas a pesar de anteponer campesinos y voluntarios a la fuerza expedicionaria del ejército español. En 1821, un Bolívar debilitado y con menos recursos logra la victoria en Carabobo con brillantes estrategias, el apoyo de José Antonio Páez y la Legión Británica. En 1822, en Pichincha, Ecuador, el ejército fatigado de Antonio José de Sucre, vence a los españoles en un terreno escarpado.
En 2026, los hijos de estos próceres, alegando la estrategia de cuidar el cargo político, ceden la carísima soberanía histórica a unos extranjeros que apenas dispararon para prenderlos.
En 1954, las fuerzas del Viet Minh (Vietnam), ensayando claramente una estrategia asimétrica, echan a los franceses de su país a punta de la famosa guerra de guerrillas. Transportaron pieza por pieza artillería ligera a través de la selva.
En la Venezuela de 2026, enero, al parecer hubo la orden de apagar radares y dormir ante la incursión de naves invasoras al espacio sacro bolivariano. Ni las explosiones de las bombas despertaron a los obedientes soldados.
En 1957, Fidel Castro, con unos cuantos “barbudos” de su Ejército Rebelde, atacó el cuartel de Fulgencio Batista y lo expuso al asedio constante de la guerra de guerrillas, doblegándolo, finalmente.
¿No basta, acaso, la historia para seguir argumentando que el enemigo estadounidense era muy grande como para enfrentarlo y que era mejor salvar el pellejo, aunque la patria se perdiera? ¿Es que, por desventura, los militares venezolanos no estaban ese día hechos de la misma carne y sangre que el pastor David o los lanceros de Páez en Carabobo? ¿O es que son los soldados del ejército venezolano unos seres humanos huérfanos de historia, ajenos a la galaxia heroica de sus padres independentistas?
Es claro que esta ilustración magnánima rebasa la pobre capacidad de un político vendido del partido de gobierno (PSUV colonial), cuidando cargos y prebendas. No disponen de neuronas para contraargumentar. Lo que puedan decir para sustraerse del infame cargo de cobardía y traición los hunde más en el fango de la vergüenza.

sábado, 23 de mayo de 2026

Maldito el soldado que no disparó el 3 de enero

El trabajo moralizante que hizo Hugo Chávez en las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) fue histórico. Se entendió que fue para bien de la integridad republicana. Eso de que un soldado que dispara contra su pueblo y de que es libre de no ejecutar una orden directa si es contraria a la moral humana sonó, en un principio, imposible de digerir.
Pero, al paso del tiempo, cuando cundió entre las filas la doctrina de lo cívico-militar y el ejército se curtió con la experiencia de las intentonas contrarrepublicanas, se pudo empezar a creer. Golpes de Estado, conspiraciones imperiales, pitiyanquismo, creación de la Milicia Bolivariana, diferenciaron al gobierno bolivariano del formato militar tradicional, servido a las élites, al crimen disciplinado y a la alienación proimperial.
Empezó, pues, a aparecer la figura del pueblo en la catequesis militar, el nacionalismo esencial, el amor bolivariano por la patria y la historia, la historia misma y la difusión de la épica independentista grancolombiana. Se dijo, en fin, que había una revolución, un cambio, una ventana al futuro, un ser diferente… Y, en verdad, eso del soldado humanista, pacifista aunque armado, incapaz de un tiro contra su pueblo y contra la madre patria, se hizo factible en el pensamiento venezolano.
Sin embargo, después de los tiros e invasión del 3 de enero de 2026 (03ENE26), donde el país fue mancillado por una potencia extranjera, su presidente secuestrado y su pueblo asesinado, esa esperanza mostró su cara de utopía lastimosa. Las FAN no habían evolucionado un ápice o, por lo menos, no comprendieron el espíritu de los cambios. Se quedaron de fusiles caídos y, aunque no dispararon contra su pueblo, lo permitieron.
Obedecieron una orden directa de no disparar, de no repeler el ataque, lo cual equivalió, como se vea, a disparar contra el pueblo, contra su país, contra su casa, contra la historia y el porvenir. Arrodillarse, declinar… Cubrirse de indignidad y cometer el crimen de la omisión. Murieron más de cien personas, se cometió un crimen de lesa humanidad, se profanó el suelo sagrado y el uniforme militar, en vez de cubrirse de gloria, cubrió el alma de un soldado cómplice de cualquier dictadura.
Hubo un crimen. La historia demandará juicio y reparación. La patria se cubrió de vergüenza y es un hazmerreír universal. El soldado en revolución no pasó la lección y se quedó con lo de siempre, obedeciendo órdenes inmorales, matando a su pueblo y sirviendo a los poderosos. Incapaz del distingo, no logró entender que no cumplía con su misión al no defender a la república, creyendo, tal vez, que la salvaba al dejarla naufragar.