De acuerdo con Delcy Rodríguez, presidente encargada de Venezuela, no hay tropas extranjeras en el país. Así lo declaró recientemente ante un periodista español. No las hubo ni siquiera cuando fue dado de baja el “Niño Guerrero”, allá en Las Claritas, Bolívar. Hubo, sí, inteligencia de agencias estadounidenses para orientar al ejército venezolano en las operaciones, pero no tropas.
Tampoco las hay ahora en La Guaira, donde los estadounidenses se estacionaron en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y no cesan de traer vehículos y equipos para mapear la región, acción nada consonante con el hecho humanitario. Los dos buques militares que atracaron en aguas venezolanas habrá que considerarlos unidades civiles, dizque convertidos en sendos hospitales ambulantes. Y las más de dos mil tropas reportadas en el país bolivariano por los mismos Estados Unidos tienen que ser un elemento paranormal en las declaraciones de la política venezolana.
¿Cómo que no hay tropas asentadas en Venezuela? A poco habrá que declarar que no las hubo tampoco el 03ENE26 y que el secuestro de la pareja presidencial es una ficción. La historia registra que murió una treintena de cubanos y tal vez un centenar de venezolanos. ¿Cuál es el punto? ¿Acomodar la realidad? ¿Sugerir alguna dolencia congnitiva bolivariana? Tan cierto es que hay tropas estadounidenses e israelíes en Venezuela como que lo de Nicolás Maduro capturado ocurrió.
En la doctrina militar de asistencia humanitaria de los Estados Unidos no existe praxis sin presencia de tropas. Otros países envían rescatistas, pero los norteños no. Ellos envían militares para aprovechar el accidente natural y entrenar sus juegos de guerra, radiografiar al país averiado con sus satélites e intentar apropiárselo mediante la instalación de una base militar. Casos ejemplares hay; Haití, el último, donde inventaron la noción de bases militares “temporales”.
La Guaira es un delirante estacionamiento para quien sueña con el petróleo y el oro venezolanos, además de todas las riquezas suramericanas. Allí, entrada al continente, resulta ideal la construcción de un faro geopolítico. América para los americanos. Ni rusos ni chinos, rivales geoestratégicos, tendrían posibilidades de competir contra el destino manifiesto de Yanquilandia.
Se dice que no existen los unicornios. Nadie los ha visto, ni siquiera los griegos, que inventaron el cuento; pero algunos persisten en su creencia y se convencen de que los bits de la era informática son los genes de una realidad perdida. Difunden en las redes sociales no sólo avistamientos de tales animalitos fabulosos, sino de duendes, hombres de las nieves, entre otras imágenes ufológicas desclasificadas por el gobierno de los Estados Unidos.
Para un cabal convencimiento, es necesario un creyente desprevenido, ingenuo, ignorante o tonto, y un prestidigitador. ¿Son los venezolanos esas personas, según Delcy, la maga? El último avistamiento que se hiciera de los mitológicos soldados estadounidenses en Venezuela fue en Caracas, caminando uniformados por El Rosal. Hay fotografías y es un hecho científicamente documentado. Cumplen semanas caminando la geomorfología de la tierra de Simón Bolívar.


