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miércoles, 24 de junio de 2026

El regreso del exilio como humillación postrera para el chavismo

En el curso de la Segunda Guerra Mundial ocurrió un hecho de gran vergüenza para el derrotado. Francia debió firmar su capitulación en el mismo vagón donde obligó a los alemanes a firmar la suya durante la Primera Guerra. Tan icónico es el hecho que bien podría conocérsele como la “humillación de 1940”: Hitler se esmeró de tal modo que llegó al extremo de romper el museo donde el vagón estaba incrustado para regresarlo a su ubicación de 1918 (cuando Alemania se rindió) y hacer que Francia allí firmara su rendición.
Son los humores y avatares de la guerra. El odio, la venganza, la humillación y el revanchismo son parte de la jerga emocional bélica. Los que se van, recurren al arte de reaparecer para ejecutar venganzas; los que han sido derrotados, de pronto, se reactualizan victoriosos en pos de su revancha; y los que han mordido el polvo hasta pueden regresar del más allá, cuales espectros, para demostrar su poderío ultraterrenal.
Como de amor, el hombre es un ser de odios. Es un Aquiles arrastrando durante días el cuerpo de un Héctor sobre la arena. El alma humana pide sangre para equilibrar, como puede pedir flores para celebrar la paz. Tiene una preocupación enormemente animal por restablecer equilibrios y saciedades.
En Venezuela, el 03ENE26 marca una derrota para quien ejerce el poder. Es decir, para el chavismo de nuevo cuño, los mencheviques del socialismo venezolano.  Vino la ultraderecha y dio su golpe, manteniendo aún en vilo el cadáver del derrotado en medio de la vacilación de la muerte. El mensaje simbólico es que la izquierda cae, aunque se trate de una idea degenerada, y la derecha se resarce de toda la humillación recibida durante casi tres décadas de injurias, disfrutando del espectáculo de muerte.
Como la política es la madre conceptual de todas las batallas y la guerra no es más que su continuación instrumental (según Carl von Clausewitz, De la guerra), no hay dudas de que la tierra bolivariana experimenta a cabalidad un conflicto bélico. Tras su zarpazo, la derecha política disfruta su revancha. Sueña con ver al jinete sin cabeza caer de la cabalgadura y con su vagón simbólico para la firma de derrotas. Aspira a su reequilibrio mental e histórico.
Como Hitler, estiliza su cóctel de la victoria. Prepara la mejor de las venganzas contra el chavismo. Y es la de hacer resurgir desde el fondo del inframundo a los espectros políticos que se fueron en exilio y regenerarlos sobre los escombros del ogro caído. Traerlos uno a uno y reconstruir con su simbolismo el país perdido. Cambiar el nombre de la república. Desenterrar cadáveres. Quitar fotos, banderas y estrellas. Eliminar la teoría y la praxis de la organización comunal. Reconstruir la militancia y hacer del país la colonia de siempre, pero abiertamente esta vez, como humillación mayor para el vencido, sin tapujo ni vergüenza alguna.


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sábado, 20 de junio de 2026

¿En dónde se esconderán cuando las aguas se desborden?

En la era de los satélites no se pierde una aguja en el pajar. El dicho es de los abuelos, cuando los teléfonos eran vasos interconectados por un hilo. Ahora la pregunta es dónde perderse.
Al hecho hay que sumar la persona o el temple del perseguidor. Si el sabueso es un simple mortal, las posibilidades del fugitivo son algo más aliviadas. Pero si se trata de un Estado, minado de tecnologías, como los Estados Unidos, hasta el centro de la Tierra de Julio Verne puede resultar inseguro.
Quienes detentan el poder en Venezuela (el llamado gobierno interino) movieron sus cartas con los hechos del 03ENE26 para ganar tiempo, según razonan sus seguidores y hasta ellos mismos. Desde el perfil ideológico de quien lucha contra el imperialismo, dieron el salto de cabra para aliarse con ese mismo adversario y así salvar el pellejo, y la paz de los venezolanos, presuntamente...
Tal es el razonamiento y casi la posición de Estado filtrados al país con visos de oficialidad. El respeto a la paz, a la ley, al derecho internacional y a la vida, además de una fiera creencia en el diálogo, son los pétalos de la flor discursiva gubernamental que intenta suavizar el hedor de la cobardía y la entrega.
Porque ese es el viento que sopla y el agua que se estrella sobre el pavimento de las calles: en el país avanza una poderosa ola de opinión que los retrata como desertores de un sistema, por un lado, y como apéndices odiosos de algo que ha debido desaparecer del todo, por el otro.
Esto equivale a decir que el triunvirato que gobierna a Venezuela en la actualidad está sumido en un serio problema de afectividad política. Es odiado por los odiadores naturales de la derecha política, por más que se afane en ganársela con sus acciones de camuflaje; y dentro de sus propias filas experimenta un creciente rechazo. Vale decir, se les agosta el país y la consistencia política.
La cruda realidad para estos personajes es que, también, el presunto tiempo ganado ante sus inevitables verdugos se agota. A la situación del acabose interna, se le suma la externa, es decir, el accionar de los Estados Unidos, tutores que, finalmente, serán sus ejecutores. Estos ya afinan su fase final, llamada transición, lo cual da igual llamar elecciones o sustitución política.
Y he allí que hay que hacer la pregunta trágica para el triunvirato: ¿dónde habrán de esconderse Delcy y Jorge Rodríguez, y Diosdado Cabello cuando hayan cumplido su fase de bobos útiles y se resistan al cesto del basurero? La historia no le atribuye piedad al país imperial si sus intereses se tornan riesgosos. Simplemente, ejecutan.
De allí la imagen inicial de este escrito. No hay lugar donde refugiarse cuando la lluvia genere sus inundaciones. Delcy arregló su situación de proscripción internacional, quizás extensiva a su hermano. Pero Cabello es un blanco que tendrá que traicionar más para ampararse debajo del regazo de los extranjeros. Se les carcome el espacio desde adentro hacia afuera y viceversa.
Son carreras políticas que están muertas y que, en efecto, deben buscar la morada final para sus huesos. El drama perturbador está en que una persona tenga que huir hasta después de muerta, no encontrando lugar ni para plantar sus huesos, ni siquiera en el patio de su casa. Podría ser que los de afuera quieran incinerarlos, como dizque amenazaron el 03ENE26, o ponerlos detrás de unas rejas, como hicieron con Nicolás Maduro; y podría ser que los de adentro se ofendan sabiendo que están por allí, cloqueando libremente, como dicen que sonaban los huesos ancestrales de la Rebeca Buendía, de Cien años de soledad.


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