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jueves, 5 de febrero de 2026

¿Degrada Venezuela a colonia sin resistencia o sigue siendo una república presta para defender su integridad?

No se puede complacer a Donald Trump en todo. ¿A título de qué? ¿Por qué secuestró al presidente Nicolás Maduro y mató a más de cien personas para capturarlo? Marco Rubio confesó ante el Senado (28-01-2026) que Maduro rechazó todas las ofertas de salida del poder, incluida la del exilio.
Eso puede significar que el mismo presidente desaprobaría acciones que no hagan justicia a una actitud de resistencia. Lo apuntaron con un cañón desde el Caribe y decidió resistir: en nada ceder, complacer ni abandonar. Además, la incursión de Trump contra Venezuela no tiene por qué acreditarlo como alguien que tenga que esperar cortesías del país, sino como enemigo.
A menos que se les tenga que decir a los venezolanos que el 3E Venezuela perdió la guerra ante los Estados Unidos sin pelear gran cosa, viviéndose entonces una capitulación, aceptándose unas condiciones de derrota… Condiciones que, si no se cumplen, se penalizan con una nueva agresión.
Esto último conduciría a la aceptación de que el país perdió su independencia y cede ahora soberanía para salvar el pellejo como protectorado de los Estados Unidos, cual Puerto Rico. ¡Así de simple, sin grandes diatribas ni disparos! No de otro modo se puede interpretar que Trump ya cobre el petróleo por Venezuela y le "pase" su mesada al BCV, como en los tiempos coloniales; o que diga que abrirá su embajada porque sí en Caracas; o que el mundo contemple cómo se derogan estatutos nacionalistas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos para permear a las transnacionales trumpistas hacia los campos petroleros; o que se empiecen a liberar montones de delincuentes políticos, ahora inocentes en virtud de los mandatos del hombre naranja.
¡Si Laura Dogu, la encargada de negocios designada por Trump, acaba de traerle a Venezuela su hoja de ruta política…! ¡Seguridad interna, negocios bilaterales y transición democrática! Como si se dijera: necesitamos garantías para extraer el petróleo o llamamos a elecciones y revolcamos al país.
¡Y allí está! Los estudiantes ya empezaron a ser utilizados por la extrema derecha para plenar las calles con amenazas de guarimbas. Esta vez de modo intocable, con las armas de Trump, no extrañando que blandan banderas estadounidenses. Lo que se avecina es el caos y el chantaje imperial de la estabilidad política y social.
¿En qué momento el país hizo tanto demérito para merecer tal destino? Es decir, el de perder sin siquiera luchar… Habría sido mejor una muerte más digna, algo de resistencia, como un Vietnam, una Cuba, un Afganistán…: al menos es más digno que igualmente entregar todo en medio de la vergüenza. ¿Hasta dónde puede el sofisma político disfrazar semejante afrenta?
El país se pierde en medio de la implementación de medidas que apuntan contra su propio cuello. Es cuestión de tiempo verificar que no habrá marcha atrás: por ejemplo, ya los liberados políticos encabezan marchas de calle junto a los estudiantes. O: la embajada gringa empezará a monitorear a los militares para ultrajar su código nacionalista.
Si puesto se está para complacer al emperador, habrá que derogar las leyes que propiciaron la civilidad, el respeto y el amor patrio entre los venezolanos, como la Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos y la Ley Orgánica Libertador Simón Bolívar para la Defensa de la Paz y la Soberanía. Tales leyes obstaculizan el estado de jaque perpetuo que el presidente norteamericano procura instaurar en las calles del país para implementar su chantaje: petróleo a cambio de estabilidad. Si el petróleo no fluye, si hay rebelión, solo bastaría con azuzar a las huestes callejeras para llamar a elecciones. Háblase de un país cautivo, como el mismo presidente.
¿Que Trump puso un arma al cuello de la presidente encargada...? Venezuela es un país de izquierda, no exento de riesgos mortales, como el mismo Maduro lo ejemplificó. Y los riesgos se asumen al asumir.
 


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martes, 3 de febrero de 2026

Vuelven los estudiantes a las calles, esta vez intocablemente trumpistas

El viento sopla y estremece los árboles, generando estruendo de hojas y ramas. Pero debajo de las copas hay silencio, uno disciplinado. Venezuela fue golpeada el 3E; luego de ello, quedó abatida, impávida. Los ánimos quisieron expandirse, expresarse, desquiciarse… Sin embargo, hubo una propuesta de contención desde la línea de gobierno: mantener la paz, conservar el poder político, rescatar al presidente de la república. Permanecer en la sombrita…
No obstante, el ánimo disciplinado, formalmente calmado, interiormente arde. Quiere sol y cielo. Comprende que el poder inmenso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y sus venas comunicantes comunitarias han obrado el milagro de mantener esa paz pactada. Ya hubo una incursión el 3E, una masacre, un secuestro, ¿para qué encender más mecha?
Se puede esperar, está bien. Después de todo, el presidente gringo no está ni muy bien de salud corporal ni política, y puede desprenderse en cualquier momento desde la altura de la rama. Ello daría la oportunidad de recomponer, de retrotraer, tal vez bajo el régimen de otro gringo menos disparatado. Así, habría valido la pena esperar, evitando males peores bajo un cielo abierto.
El problema es que ese espíritu aquietado, de tensa paz, como se lleva dicho, descubre cosas. Por ejemplo, que la presidencia encargada tenga que sufrir la infausta presión desde el norte y, malo, que esa presión se haga nacional, comunal, personal, espiritual… Es el precio de la unidad, la misma que ha evitado que el tornado se dispare, arrastrando árboles al paso y arrojándolos contra el río.
Es de un quilate intolerable que Donald Trump proclame que gobierna Venezuela y que internamente las acciones, en forma y esencia, le den la locuaz razón: ley de hidrocarburos, la embajada de nuevo en Venezuela, los delincuentes políticos… El espíritu calmo clama, también, desde la sombrita y recostado al tronco, que el gobierno tampoco intente romper la tolerancia acatada con medidas tan abiertamente proestadounidenses. Después de todo, es fácil comprender que el PSUV tiene una base marxista y que las esencias ideológicas pueden resultar tan tóxicas como las sustancias moleculares.
Otra cosa que descubre con horror el calmo espíritu disciplinario es que se está perdiendo la paz estructural lograda antes de Trump-Venezuela. El extremista se rearma y se apresta (ahora con chantaje imperial) a revolver las calles, con impunidad, a sabiendas de que el gobierno no tiene cojones para contenerlo. Si no, mire de nuevo a los estudiantes de la extrema derecha-UCV: ya marcharon por los presos políticos a sus anchas y ahora, envalentonados, proponen hacerlo para exigir transición inmediata, esto es, la cabeza de la presidente y la maltrecha dignidad de millones.
¿Qué puede hacer el gobierno contra ellos, sumido como está en el encabalgamiento imperial? ¿Complacerlos? Las perspectivas no son halagüeñas. Se rearma nuevamente el manual de la revolución de colores, por tantos años derrotado.