Lo que da pena saber de este país en su reunión con las mayores economías.
Se trata de Venezuela. No es miembro del G20, pero fue invitada por Estados Unidos a firmar más acuerdos petroleros. Lo burlesco del cuadro es que Caracas no tendrá incidencia en los debates oficiales sobre energía; su misión es apuntar el chorro de petróleo donde Trump le indique. Es como si Venezuela no fuera un país con criterios, sino un corral de gallinas rodeado de voraces zorros. Trump acaba de apoderarse del 20% del petróleo venezolano, pero nunca es suficiente. Quiere más para él y sus socios.
Abrir un país soberano a inversiones extranjeras no tiene por qué conllevar entregas vergonzosas. Ello pone en duda la legitimidad de estos funcionarios dadivosos. Sígueme para más. Busca mi blog Animal Político, que cumplió veinte años de reflexiones.

