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viernes, 22 de mayo de 2026

El nuevo poder económico detrás del desecho de Alex Saab

Se explora. Se investigan cosas. Se topa el hombre con cosas. La verdad, aunque a veces del tamaño de un estadio de fútbol, no es visible al estar tapiada por barro o polvo. Otras veces es como un grano y se la lleva el explorador incrustado en la suela del zapato, sin saberlo.
Alex Saab es, sencillamente, un cambio de época. De un momento a otro, en virtud de un tiroteo en una zona militar de Caracas, experimentó la locomotora del tiempo sobre su cuerpo.
Los vikingos ya sabían de América, mucho antes de que la bautizaran a lo español o italiano. Se encuentran cosas. El sol, la luna, los planetas… Circulares o cuadrados, hieráticos o paganos.
El hombre fue el cerebro de una maquinaria inteligente que burló las sanciones y cumplió la misión de abastecer a Venezuela. Se afincó en personeros financieros del mismo poder que sancionaba y los embaló en una dinámica furtiva de compra y venta para el país suramericano. Estados Unidos, Europa, Turquía, Vietnam, Irán…
Se descubren trampas vergonzosas. Saber, por ejemplo, que los chinos o griegos ya lo habían dicho todo fue un acto de conocimiento portentoso en su tiempo. Pero, presentar ese conocimiento lejano o vedado como invento o creación, no deja de ser una estafa histórica. La circulación de la sangre en el cuerpo humano (William Harvey), la teoría heliocéntrica, los viajes a la luna… Si no trampas, puras mentiras del mundo occidental.
Se apoyaba en un famoso banquero estadounidense que, junto a una petrolera, nunca dejó de operar en Venezuela, cortinas adentro. Saab los beneficiaba por su furtividad, incorporándolos, con PDVSA, en los actos de permear el sistema sancionatorio. No solo llegaban alimentos a los CLAP, sino que también cubrieron áreas relacionadas con la defensa nacional. Rusia, Irán, China…
Claro, hay detalles que son difíciles. El descubrimiento de la rueda por los sumerios o de la agricultura por gente que vivió en Siria nunca podrá conocerse de modo personalizado. Pero son hechos circunscritos grosso modo. Descubiertos.
Pero cobró realce un financista de la campaña de Donald Trump, que persistía también en Venezuela, como la petrolera y el banquero. Y se le sumó luego al juego un empresario aliado de Trump, conocedor de Venezuela. Así derrotaron al banquero y obraron el cambio de santo y seña financieros en el país. Es decir, los negocios cambiaron de manos: a la era de Nicolás Maduro le sucede la de Delcy Rodríguez, recomendada al hombre naranja por estos empresarios como figura manejable. Llegaba, pues, la hora de los desechos y de los reacomodos del poder. La nueva clase.
Hay gente aún que dice que es nuevo el conocimiento de que la Tierra es redonda.
Después de deportarlo, porque ahora estorbaba, los bártulos de Saab pasan a los nuevos operarios. Su conocimiento financiero, artimañas incluidas (nombres de infractores estadounidenses contra su propio estado), será utilizado para hundir aun más al banquero derrotado y, tal vez, al mismo presidente encarcelado. Guerras comerciales de siempre.
A veces, sin tocar la realidad física, con sólo ver o imaginar, el pensamiento descubre y reconstruye cosas. Sócrates, Carlos Marx… Marx, a propósito, dejó sentado que la fuerza que modela sociedades y hasta la historia misma es la económica.
 
 


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martes, 19 de mayo de 2026

De sucesor de Hugo Chávez a Capitán América

¿Y ahora por quién votar? Diosdado Cabello se acaba de suicidar políticamente por el tema de Alex Saab. Era percibido como el último bejuco al que aferrarse durante la caída en el barranco.
El “hombre fuerte”, decían algunos. El sucesor natural de Hugo Chávez. El pertinaz. El ministro de Interiores que no perdonaba una ofensa. El que, tiempo atrás, sometió al periódico El Universal al pago de una indemnización por difamación. El implacable al que parecían ofrendarle cada opositor que era penalizado en las redes sociales con los famosos “tres doritos después”, esto es, la violación de la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (de posible anulación en estos tiempos de colonia).
“Era” porque, puede decirse, quedó despojado de sus poderes en el acto cuando refrendó la deportación del neogranadino hacia los Estados Unidos. De inmediato corrió la bola nacional de que, pudiendo tener armas nucleares en su haber, había dejado de inspirar confianza en la audiencia política, esa que no come cuentos de miedo desde que el sufragio es lo que es, un acto universalmente secreto.
El hecho de sumarse al coro de los hermanos Rodríguez como el nuevo poder tutorado de Venezuela quebró la esperanza de ese eventual votante, buscador del patrio consuelo en medio de la vorágine colonialista del momento. Hundir en el fango a un antiguo compañero de lucha, no importa que colombiano o demente, sonó feo en el alma magnánima del venezolano.
Fresco está en la memoria cuando, junto a los Rodríguez y muchos otros que detentan cargos, participó en la costosísima campaña del país para pedir la liberación del exministro de Industria y Producción Nacional. Eso fue un marchar de la militancia casi a diario. Y esa victoria de lograr liberarlo desde la gestión de Joe Biden sentó un precedente prestigiosísimo del país ante el mundo.
Pero de pronto, para pasmo del ser político, del pobre venezolano ─amellado en su capacidad de asombro─, aparece en televisión revelando el hallazgo de que el hombre era colombiano, portador de cédula falsa. ¡Si había sido ministro y su compañero mismo de trabajo… debiéndose conocer ese “secreto” desde hacía tiempo! Hombre de confianza del presidente de la república, al servicio de la causa de luchar contra las sanciones, rodando por aquí y por allá en el mundo en busca de la papa para los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). ¿Qué importancia podía tener, para el caso de que fuese culpable de qué? ¿Es que acaso aquí los únicos que pueden ser imperfectos son los estadounidenses con sus asesinatos y pisoteos del derecho internacional?
La gente gritó traición e ingratitud, y borró un tarjetón electoral de su alma, en medio de un panorama político derruido nacionalmente. Lo más pecaminoso de la asina movida de Cabello es que Saab será utilizado para acusar a Nicolás Maduro en los Estados Unidos y eso, como se ponga ante la percepción, es obra suya.


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