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martes, 19 de mayo de 2026

De sucesor de Hugo Chávez a Capitán América

¿Y ahora por quién votar? Diosdado Cabello se acaba de suicidar políticamente por el tema de Alex Saab. Era percibido como el último bejuco al que aferrarse durante la caída en el barranco.
El “hombre fuerte”, decían algunos. El sucesor natural de Hugo Chávez. El pertinaz. El ministro de Interiores que no perdonaba una ofensa. El que, tiempo atrás, sometió al periódico El Universal al pago de una indemnización por difamación. El implacable al que parecían ofrendarle cada opositor que era penalizado en las redes sociales con los famosos “tres doritos después”, esto es, la violación de la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (de posible anulación en estos tiempos de colonia).
“Era” porque, puede decirse, quedó despojado de sus poderes en el acto cuando refrendó la deportación del neogranadino hacia los Estados Unidos. De inmediato corrió la bola nacional de que, pudiendo tener armas nucleares en su haber, había dejado de inspirar confianza en la audiencia política, esa que no come cuentos de miedo desde que el sufragio es lo que es, un acto universalmente secreto.
El hecho de sumarse al coro de los hermanos Rodríguez como el nuevo poder tutorado de Venezuela quebró la esperanza de ese eventual votante, buscador del patrio consuelo en medio de la vorágine colonialista del momento. Hundir en el fango a un antiguo compañero de lucha, no importa que colombiano o demente, sonó feo en el alma magnánima del venezolano.
Fresco está en la memoria cuando, junto a los Rodríguez y muchos otros que detentan cargos, participó en la costosísima campaña del país para pedir la liberación del exministro de Industria y Producción Nacional. Eso fue un marchar de la militancia casi a diario. Y esa victoria de lograr liberarlo desde la gestión de Joe Biden sentó un precedente prestigiosísimo del país ante el mundo.
Pero de pronto, para pasmo del ser político, del pobre venezolano ─amellado en su capacidad de asombro─, aparece en televisión revelando el hallazgo de que el hombre era colombiano, portador de cédula falsa. ¡Si había sido ministro y su compañero mismo de trabajo… debiéndose conocer ese “secreto” desde hacía tiempo! Hombre de confianza del presidente de la república, al servicio de la causa de luchar contra las sanciones, rodando por aquí y por allá en el mundo en busca de la papa para los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). ¿Qué importancia podía tener, para el caso de que fuese culpable de qué? ¿Es que acaso aquí los únicos que pueden ser imperfectos son los estadounidenses con sus asesinatos y pisoteos del derecho internacional?
La gente gritó traición e ingratitud, y borró un tarjetón electoral de su alma, en medio de un panorama político derruido nacionalmente. Lo más pecaminoso de la asina movida de Cabello es que Saab será utilizado para acusar a Nicolás Maduro en los Estados Unidos y eso, como se ponga ante la percepción, es obra suya.


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lunes, 18 de mayo de 2026

El PSUV como espectro bolivariano: urge su desmantelamiento

Según lo han demostrado los hechos, a partir del 3 de enero de 2026, la ferocidad política del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se dirigía contra el presupuesto de una oposición venezolana traidora. No contra factores extranjeros. No más.
De hecho, desde el punto de vista existencial y doctrinario, el PSUV requiere esa adversidad, del mismo modo que el bien se justifica con el mal y viceversa. Le da ser, brillo y carácter patriótico. Siente revolotear el espíritu de Simón Bolívar entre sus filas militantes. Se siente, en fin, partido con ese montón de venezolanos abominando de la patria. ¡Plomo!
No parece indignar tanto un extranjero que entre al país y se robe un lingote de oro como una pila de paisanos ondeando una bandera gringa. ¿O no ha sido eso lo que han demostrado los hechos después de la fecha indicada?
Mucho fue el que pagó prisión por una bandera o comentario traicionero en las redes sociales o cotidianidad callejera. Mucho fue el que emigró. La furiosa Asamblea Nacional (AN), imbuida de sacros sentimientos nacionalistas, condenaba, prácticamente, de manera serial a esas pobres criaturas.
A tales tontos se les ajustaban las cuentas por hacer o soñar con lo que los extranjeros, primordialmente estadounidenses, hacen en la actualidad. Cargar con su oro y petróleo venezolanos. No amerita pena el fondo, sino la forma. No se trata, finalmente, de dolerse por la muerte concreta de la república, sino del cómo de esa muerte.
Y, por lo visto, morir bajo el peso del calzado de tanto gringo caminando encima del país, llevándose cosas de aquí y de allá, no es tan grave como perecer bajo el mal deseo de un paisano aplaudiendo semejante expolio. Las consignas “¡Muera Chávez!” o “¡Viva el norte!” fácilmente podrían haber inspirado la promulgación de la pena de muerte por parte de la AN. Y habría sido fácil, también, adivinar en la exposición de motivos de tal edicto la referencia al capítulo histórico de la guerra a muerte, decretada por Bolívar so pretexto de salvar a la república.
Habrá que concluir, pues, que esa invitación de los estatutos generales del PSUV a ser anticapitalistas y antiimperialistas ─al grado de tomar las armas─ es sólo una narrativa hueca dirigida exclusivamente contra venezolanos alienados. Porque el mal ideológico y doctrinario ─para ponerlo en estos términos─ anda caminando impúdicamente por ahí, a punto de ordenarle a la AN impunidad en favor de su persona y actos.
Es triste la historia del partido, glorioso en la actualidad sólo porque lo gestó Hugo Chávez. Descolocado, sin dirección, desvirtuado, urgido de venezolanos proimperialistas y traidores contra los cuales ensayarse con su letra, como Leopoldo López, María Corina Machado, Juan Guaidó o Julio Borges. El PSUV requiere, desesperadamente, de “vendepatrias” contra quienes gritar y marchar, no de “comprapatrias” en plena acción. Estos, por el contrario, de facto, son tolerados, celebrados, agasajados…
No cae en cuenta ese partido de que, cuando es él quien regala el país al extranjero, el espíritu de Bolívar deja de ser tal para convertirse en espectro.


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