Dirigir a otros nichos

PUEDES CONSULTARME EN ESTOS NICHOS SEGÚN CONVENIENCIA

sábado, 21 de marzo de 2026

Islam: no basta su comunión con Dios para concitar unidad y evitar el fratricidio regional

Cuando se mira la desunión de lo que debería ser la nación islámica, el mundo duele. Podría comprenderse que lo árabe tenga sus fracturas traumáticas por origen o territorio, pero no la fe musulmana, la familiaridad espiritual, especialmente cuando se ciernen amenazas existenciales en su contra.
Por supuesto, nadie atesora autoridad para hablar con inocencia sobre el tema. Por la fe, probablemente, han muerto más personas en la historia humana que por cualquier otra causa. Los cristianos mismos, por ejemplo, se han perfilado como la mejor ilustración de un libro con ese título.
Pero, precisamente, esas fracturas espirituales han derramado sangre porque una raza de la fe ─permítase el término─ ha estado amenazada de destrucción por otra. De manera que la defensa, para el caso, es crucial, existencial.
Durante el siglo VII, cuando los musulmanes ─a propósito─ conquistaron la Península Ibérica, pequeños grupos de fe cristiana en Asturias y los Pirineos preservaron su hermandad hasta presentar batalla a la amenaza existencial en Covadonga, en 722, iniciando, entonces, la Reconquista cristiana.
Sin embargo, el musulmán del llamado Oriente Medio no reacciona. Permanece impávido ante acciones que apuntan contra sí mismo, constatándose hasta históricas alianzas con sus destructores. El pesar mayor de la decepción no recae en el hecho de que se peleen entre sí, como si se dijera entre hermanos, sino que sean herramientas de aniquilación entre ellos por la mano de un conglomerado extraño a su fe.
Sí duele al raciocinio humano que, en la actual guerra contra Irán, países musulmanes presten sus territorios para atacar a los persas. Los iraníes no son árabes, pero abrazan el islam y son, de facto, el último reducto de la resistencia imperialista occidental en el mundo. No logran clarificar los islámicos que urge la destrucción del hermano persa para luego acometer la de la familia regional en general. No logran sentir el llamado de la unidad. Incapaces son para comprender que Irán es su último bastión de libertad y defensa.
Los Estados Unidos e Israel, con su baza esclavista occidental, con su sionismo, con su capitalismo utilitarista, con su empuje maquiavélico, dividen para vencer o gobernar. Han colmado el espacio espiritual del musulmán con el monetarismo y han quebrado su alma. EAU, Arabia Saudita y Bahréin, por ejemplo, son suertes de protectorados occidentales que acogen cual madrigueras a la sierpe fundamental de la autodestrucción.
No pesa gran cosa, al parecer, la hermosura poética y divinizante del Corán, piedra angular de una de las religiones más auténticas, de las más puras brotadas de la boca de un profeta. Mil perversiones posee la Biblia como documento expreso de Dios, mancillado en su mensaje por concilios y triquiñuelas de Estado; no se sabe de ninguna tergiversación ecuménica en la semántica del Corán.
No obstante, no parece bastar la legitimidad sagrada del libro fundamental para concitar fe y unidad en su rebaño, devastado por el histórico accionar del infiel. La decepción, incluso, puede llegar al extremo de hablar de una nación espiritual fratricida, según el caos flagrante.

jueves, 19 de marzo de 2026

El bueno de los Estados Unidos reconoció a Delcy y suspendió las sanciones petroleras a Rusia

¿Cómo definir la reflexión? Si el lobo se ajusta o se quita la máscara, es posible que el gesto pueda interpretarse por la oveja como un acto de bondad. Es probable que sesudos analistas del reino ovejuno se lancen a perfilar las honduras significativas del movimiento lupino.
Por ejemplo, podrían interpretar que el lobo muta, o que reflexiona, o que ha desarrollado conciencia, concluyendo que comerse a esos pobres animalitos es un crimen. No faltará, inclusivo, una ovejita blanca escritora que concluya que el lobo podría hasta convertirse en oveja con el tiempo, impregnando el ambiente con un hedor de amor y paz.
La imagen también trae a las mientes al ogro mitológico que asesina a diez humanos al mes en una villa y, cuando decide matar a nueve, es elevado en panegíricos hacia el infinito. El amor y la piedad son la fuerza que mueve al universo.
Tal ocurre con dos acciones de carácter geopolítico que ensayó Donald Trump recientemente. La primera fue en el marco inicial de la agresión contra Irán, suspendiendo las sanciones al petróleo ruso. Algunos idiotas interpretaron la movida como debilidad o concesión cuando lo que procedía era hablar de necesidad. La guerra contra Irán acarrearía carestía energética y convendría a los intereses imperiales permitir la fluidez petrolera.
Hoy, el estrecho de Ormuz está bloqueado por Irán y cualquier barril de petróleo que ruede por ahí es bienvenido por los aterrorizados estadounidenses. No se diga nada de la industria petrolera de Venezuela, a la que le están aflojando las amarras sancionatorias con gran bondad y piadoso sentido de progreso popular.
La otra es la medida de reconocer a Delcy Rodríguez como mandataria legítima de Venezuela, haciendo caso omiso de lo que puedan pensar los verdaderos electores del país. Entonces saltaron muchos cerebros a prodigar las merecidas loas a los vientos, incluyendo a personeros del mismo gobierno. El imperio estaría a punto de reconocer su error al agredir a Venezuela y, lo que es mejor, podría liberar a su presidente.
La cruda verdad es que, precisamente, para hundir a Nicolás Maduro, se requería ante los tribunales gringos anular su legitimidad presidencial, reconociendo en su lugar a Delcy. Las instancias federales de justicia de los Estados Unidos, para continuar con su caso, solicitaron al gobierno trumpista pronunciamiento sobre su investidura presidencial. Si se respondía «presidente», entonces la justicia debía reconocerle inmunidad y, posiblemente, hasta desestimar el proceso penal.
¿A qué hablar de progreso o de sentido moral por causa de un simple reajuste de la soga en el pescuezo?