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viernes, 20 de febrero de 2026

El FMI y el regreso de los fantasmas a Venezuela. Trump de visita

Ahora que Donald Trump manda en Venezuela, como él dice, los fantasmas de la opresión preparan sus maletas para regresar al país. No se trata nada más de que gringos vengan, como antes, a radiografiar el país para proponer luego que es suyo, so pena de desestabilización. ¡No, qué va! Ahora ha empezado a hablar el FMI, más allá de esas visitas de funcionarios estadounidenses (jefe de la CIA, secretario de Energía, jefe del Comando Sur, etc.).
Dijo que, prácticamente, Venezuela necesita financiamiento porque este año la inflación bordeará el 700%, el PIB decrecerá en un 3% y, lo más grave, explotará una crisis humanitaria porque la asistencia externa está dificultada por el aislamiento financiero del país. Ni más ni menos, pues, el razonamiento de un pequeño y salvador préstamo.
Había estado calladito el susodicho sistema financiero. Hugo Chávez lo había corrido del país, en aquellos tiempos cuando refutó su modo tendencioso de medir niveles de prosperidad. No debía privar la narrativa de los indicadores macroeconómicos —decía— por encima del desarrollo humano y la igualdad. Y centró Chávez, de hecho, su enfoque social en las personas (por la vía de las Misiones Bolivarianas) en lugar de los fríos números que suele atender el FMI.
Este "veneno mortal" que es el FMI (para citar a Chávez) presentó hasta el último momento a la Argentina de 2001-2 como el país modelo a seguir para optar al progreso y a los préstamos de la entidad crediticia. Hasta que en ese mismo año, vergonzosamente, estalló la peor quiebra financiera del mundo: los gauchos, el país mimado de los entes crediticios, caían…
Pero los tiempos han retrocedido de golpe, como se dijo, y los fantasmas vuelven. Ahora que se dice presidente de Venezuela y la ha orientado hacia su mapa de gabinete, Trump ha empezado a enviar a cuanto bicho capitalista pueda dar una vuelta de tuerca y contribuya a dejar anclado al país en el patio de los tiempos. Ha ofrecido, incluso, venir él mismo a colocar una piedra refundacional en la patria de Simón Bolívar. Puede especularse que Caracas se prepare para recibirlo y que, probablemente, sea Gustavo Petro el portavoz de la eventualidad, listo para comunicársela a Delcy Rodríguez en la próxima reunión de estos presidentes en Colombia.
Mientras tanto, seguirán desfilando funcionarios yanquis sobre la geografía de Venezuela. Téngase en cuenta que "turistas" como estos en tiempo pasado se cogieron virtualmente la Amazonía, escribiendo en los textos escolares de sus muchachos que les pertenecía y que, por los momentos, era manejada por una sarta de indios tercermundistas.
 


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jueves, 19 de febrero de 2026

La capitulación y docilidad como estrategia inconfesable de los Rodríguez

Los hermanos Rodríguez atraviesan una situación política extremadamente difícil y compleja. Una es la presidente encargada del país, Delcy Rodríguez, quien asumió después de los hechos del 3 de enero de 2026, cuando fueron secuestrados el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores; el otro, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. En sus manos tienen las riendas de un país que rayó en lo inesperado al no responder como el mundo esperaba ante la agresión anunciada de los Estados Unidos.
Por supuesto, no es responsabilidad de ninguno de ellos que nadie respondiera en la asonada como la lógica de la lucha militar manda, volando, por lo menos, unos cazas para atacar algún buque enemigo en el Caribe. Tal es una responsabilidad que se le enrostra a la cúpula militar, soberana en el tema de la defensa nacional, tanto más cuanto la reacción ha debido ser cuasifrefleja, de esas que no consultan obviedades para salvaguardar.
Lo "difícil" y "complejo" del asunto estriba en que sobre los Rodríguez se ha tejido una maraña de suposiciones que intentan explicar por qué dieron continuidad a la actitud de manos caídas de la Fuerza Armada Nacional (FAN). En la lógica de millones, se esperaba, al menos, una acción de contundente protesta que indujera a pensar que el país poseía una reserva de moralidad al estilo heroico-bolivariano.
Pero no ocurrió de tal modo. Los Rodríguez presentaron una agenda inesperada, de aparente capitulación, según signos. No se dice que hayan tenido que hacer de blancos de ataques ante un orate como Donald Trump, inmolándose como un Salvador Allende en su Palacio de La Moneda. No es la idea. Lo que resuena en la cabeza de millones es la automática aceptación de todas las propuestas y condiciones del agresor, como el que es derrotado sin pelear. Vuelos, reinstalación de embajadas, reformas de leyes, exclusividad petrolera gringa, espalda a los viejos aliados, visita del director de la CIA, del secretario de Energía, del jefe del Comando Sur y del mismísimo Trump, según proyecciones.
La primera reacción de un radical es pensar en componendas, traición, capitulación… Con inevitable indignación y vergüenza… Pero hay un hecho irrefutable que encarnan los Rodríguez, uno de ellos amenazado de muerte por Trump: preservan el poder político sistémico, piso sobre el cual se puede ganar tiempo y emprender enmendaduras. El problema es que, si hay un plan de resistencia y despiste, no se le puede explicar al país so pena de develar la estrategia ante el enemigo.