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martes, 6 de octubre de 2026

El ataque nuclear a Irán y el camino hacia el futuro de la humanidad

¿Qué no es posible hoy? Después de la Segunda Guerra Mundial, dos hechos quedaron, titularmente, vedados para la malsanía humana: el nazismo y el ataque a poblaciones de Homo sapiens con armas nucleares. Aparentemente…
Al precio de 80 millones de vidas, la humanidad revivió rápidamente una experiencia lo más cercana a la era de piedra. Y luego, con escandalosa reconvención, se reorganizó y dio lugar a un nuevo período de convivencia, centrado moralmente en un ente arbitral como la ONU.
La catástrofe parecía haber pintado a un hombre nuevo, con base en el escarmiento recién sufrido. Y, de entrada, no parecía factible que repitiera episodios que pudieran desbordar las bajas pasiones.
En lo sucesivo, la Alemania nazi fue amarrada, cual perro rabioso, con tratados de sumisión y supervisión; y el hongo nuclear fue satanizado con escandalosa gravedad sobre el paisaje deshumanizado y monstruoso de Hiroshima y Nagasaki. ¿Quién podía atreverse a qué de nuevo?
Todavía hay quienes cazan nazis debajo de la corteza de la tierra, invocando aquel severo discurso sancionatorio de la nueva era. Aún regañan los libros de historia por la pesadilla nuclear. Pero es tiempo pasado. El cariz de lo poco probable fue perdiendo aristas a lo largo de las décadas, al grado de que hoy no es retórica repetir la pregunta del principio: ¿qué no es posible? Véase.
Lo primero que envejeció fue la ONU. Funcionó en el pasmo inicial de la novedad, pero luego empezó a dejar dudas sobre su capacidad para contener crisis humanitarias y guerras, las mismas razones que dieron pie a su nacimiento. Se retiró de Ruanda (1994) cuando sabía de la inminencia de un exterminio; en una zona bajo su custodia (Bosnia, 1995), “permitió” la masacre de más de 8.000 musulmanes; los Estados Unidos y sus aliados la ignoraron para invadir Irak en 2003, buscando ficticias armas de destrucción masiva… La lista de disfuncionalidades es notable: Haití (2010), Siria y Yemen (2011), Ucrania (2022), Gaza (2023)… Venezuela, con la incursión estadounidense del 3 de enero de 2026 y el secuestro de su presidente (preso actualmente en los Estados Unidos), sería el nuevo nombre para estampar en tal lista de la vergüenza.
En un capítulo previo de Irak (Guerra del Golfo, 1991), el tabú de las armas nucleares fue burlado de modo artero: detonaron el equivalente a 6 bombas atómicas. Para burlar el derecho internacional que predicaba la ONU en favor de los Estados-nación, no lanzaron armas nucleares propiamente, pero utilizaron dispositivos hechos con TNT y explosivos plásticos convencionales. ¡90 kilotones, 90.000 toneladas de explosivos, más de seis veces el poder de la bomba atómica de 1945! De manera que es correcto decir que no se han detonado más bombas atómicas contra poblaciones, pero sí se ha usado varias veces su poder destructivo en una contienda. Se dirá que lo que está prohibido es su formato, no el efecto.
La recreación de lo acontecido con la ONU es fundamental para desentrañar un discurso putrefacto del orden y la seguridad, así como el fin de una época. Una vez inutilizado el tejido discursivo de ese humanismo de posguerra, a la deriva quedan los hilos mencionados del nazismo y de las armas nucleares. Por ello, la justicia que había en el acto de detener a un viejo nazi camuflado en un país suramericano ha sido sustituida por el valor inverso de recrear la vieja práctica de los campos de concentración: expulsar migrantes hacia zonas remotas, diezmar poblaciones de lugares como Palestina… Ucrania, con el desmontaje bélico operado por Rusia, develó una estructura político-social con códigos nazis importantes.
Cuando al mundo adviene un mandatario que, en el mismo foro de la ONU, amenaza a la humanidad con guerras, con desaparecer civilizaciones y con retrotraerla hacia estadios de la época de piedra, es porque el soporte de los tiempos está hecho trizas. El hecho de utilizar al mismo organismo de distensión y orden para expresar los contenidos bárbaros parece un colmo apocalíptico. De forma que parece un jueguito fútil hacer de nuevo la pregunta de las posibilidades.
Nuevamente, el mundo se da licencia para ejercer la demencia de la especie contra la especie misma. Y precipita la urgencia de un estremecimiento, de un terremoto de conciencia, para detener la fácil lógica de los acontecimientos.
En el contexto de lo dicho (un mundo demente sin reglas), no es difícil pronosticar que el Medio Oriente es donde el fin de la era quebrará sus vidrieras. Allí están encarnados los valores económicos y geopolíticos más importantes para la estructura del poder imperante: energía y posicionamiento militar.
La región ya posee armas nucleares bajo las arenas desérticas del Néguev, el poder imperante (EE. UU.) ya autorizó el desarrollo de otras en otro país (Arabia Saudita) y repele con ansiedad su desarrollo en regiones adversas (Irán).
Una región tan estratégica, pero en la Edad de Piedra; un árbitro internacional decaído; y las dos nociones forjadas mencionadas hacen de la tentación nuclear casi un hecho en la mira del poder interesado, en procura de la fácil preda.
Por tanto, no es aventurado especular que podría ser Irán el próximo punto de quiebre de la conciencia humana por causa de un ataque nuclear. No ha podido ser reducido militarmente y ofrece resistencia a esos fundamentales intereses geoestratégicos de algunas potencias. Ya ruedan varias teorías con relación al desencadenamiento, como la Opción de Sansón, de Israel, la más conspicua. La modalidad podría ser la moralina de aplicar la potencia de varias bombas utilizando TNT o plástico explosivo convencional, o el descaro mismo de detonarlas con su ropaje nuclear oficial.
Los actores: Estados Unidos por la vía de Israel. Los resultados: una guerra multirregional o mundial, un reacomodo del poder en el mundo y, con todos los visos de oficialidad, la inauguración de un nuevo período de convivencia humana. Las razones: la subsistencia geopolítica de los Estados Unidos y la hegemonía de Israel sobre su imperio prometido.
 


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domingo, 4 de octubre de 2026

Zarpazo - Este gobernador le abrió el infierno a Delcy Rodríguez

En Carabobo nunca se va la luz. Lo dijo el gobernador, Rafael Lacava,  a un periodista que le pidió garantías sobre un evento para finales de mes. Sorprendido, el comunicador lo refutó, diciéndole que él mismo había propuesto un plan de racionamiento eléctrico. Ahora mira la lectura de fondo: ni Lacava es loco ni la gente es imbecil. Sí se va la luz a diario y la gente ha salido a reclamar. Pero, ante una situación tan evidente, el politico ejerce su derecho al sarcasmo. Así como la presidenta encargada (con quien ha tenido roces) traiciona descaradamente al país, el show del gobernador resalta la burla del poder ejecutivo con el tema. 

En política no hay hilos sueltos. Sus palabras no atraen la atención sobre él, sino sobre el gobierno nacional. Lacava acaba de desatar las protestas en el país. Sigue mi blog Animal Político.




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