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lunes, 23 de febrero de 2026

México invadido de manera artera, Canadá en espera, Venezuela tramitada…

Donald Trump inició su mandato amenazando primero a México y Canadá que a Venezuela. Sin embargo, disparó sus cañones contra el país bolivariano en primer término, dejando lo mexicano y lo canadiense en suspenso, aparentemente, entre la diatriba o la reserva política.
Pesó mucho más el petróleo, como cupo esperar. Venezuela es un mar subterráneo de oro negro, y petróleo es lo que necesita el país más consumidor de energía del mundo. Para 2035, está proyectada en la economía estadounidense una disminución drástica de la producción nacional debido a la merma natural del esquisto. Eso es mañana y la urgencia se evidenció en el quiebre del derecho internacional para atacar a Venezuela.
México es un cascarón vacío en materia petrolera y la fachada de su problema con los Estados Unidos es el fentanilo. Canadá, por su parte, posee petróleo en cuantificación importante, pero no calza con la infraestructura de refinación instalada en los Estados Unidos. Tal infraestructura, con mayor concentración de refinerías en la Costa del Golfo de los Estados Unidos, está hecha para el petróleo venezolano, construida a lo largo de un siglo de relaciones comerciales.
No obstante, es una ilusión creer que la potencia imperial ha descartado sus planes contra ambos países. México es un reservorio de tierras raras y minerales críticos esenciales para la tecnología moderna de transición energética (neodimio, praseodimio, disprosio y terbio); Canadá, más allá del petróleo, posee rutas y recursos en el Ártico que sustentan una narrativa política de seguridad estratégica para los Estados Unidos.
Pero, véase, por hablar de uno de estos países: México ya ha sido invadido por su vecino de un modo distinto al de Venezuela. Es verdad, los Estados Unidos han hecho alharaca con meter tropas en tierra azteca para perseguir a los cárteles de la droga (para eso declararon terroristas a dichas organizaciones). Sin embargo, se trata de una pantomima política para distraer.
La captura de El Mencho evidenció el trabajo de zapa que los estadounidenses realizan para desestabilizar a los mexicanos hasta un nivel de justificable permeabilidad: las armas decomisadas a los narcotraficantes son de guerra, exclusivamente fabricadas para el ejército estadounidense. No son de venta civil, por ejemplo, los lanzagranadas M203, los lanzacohetes M72 LAW (arma antitanque), la carabina M4/M4A1, el fusil Barret M82, la ametralladora Browning M2 y las municiones procedentes de una fábrica gubernamental.
Mientras se lucran con el negocio de vender armas, derrotan desde adentro a un país apetecido por sus recursos estratégicos y geopolíticos.

domingo, 22 de febrero de 2026

El virreinato de Venezuela y su real gobernanza

De acuerdo con Donald Trump, no es Delcy Rodríguez la verdadera gobernante de Venezuela, sino Marco Rubio. Delcy sería la presidente encargada de un régimen ilegítimo. Esto lo ha repetido como fórmula mágica Rubio cada vez que se le antoja amenazar al país con un ataque si no se hace lo que la administración Trump indique. Dizque Nicolás Maduro no ganó las elecciones. Sin embargo, después de su derrocamiento, se tolera a la encargada para no sumir al país en un caos y ponerlo a producir petróleo.
El plan de conquista lo sugirió la CIA. Aprendió que, con un calco de lo ocurrido en Irak, Venezuela no fluiría en oro negro. Sin liderazgo político, sin fuerzas armadas y con una oposición terrorista incoada, el país bolivariano generaría más gastos que oportunidades de negocio. De hecho, John Ratcliffe, el director de la CIA, ya visitó a Caracas para reclamar su autoría —se dirá— en la nueva criatura política engendrada, cual si se tratara de otro insólito Frankenstein de la historia.
El 7 de enero de 2026, cuatro días después del secuestro de Maduro, Rubio asumió su gobernanza y presentó su plan de gobierno: «Estabilización, recuperación y transición». Así lo había ya dispuesto poco antes Trump: Rubio «gobernará» Venezuela hasta completar «una transición segura, apropiada y juiciosa».
Pero, en teoría, Rubio ya es presidente también de Cuba, como lo propuso el jefe. Falta nomás esperar el efecto del bloque caribeño y la caída de Miguel Díaz-Canel. Cuba podría prestársele mejor al hombre por su tierra ancestral.
Lo cierto en todo este panorama de legitimidades y golpismos, claro para los gringos y torcido para los venezolanos, es que el plan de Rubio se ejecuta con coherencia. Él funge como virrey, Delcy como la capitana general y Venezuela como el virreinato conquistado. Colonia, de facto, se le administran sus ingresos petroleros. De existir alguna pizca de duda, como se dijo, el virrey no vacilaría en recurrir al derrocamiento de la "ilegítima".
No hay fisuras en el esquema. Laura Dogu, la encargada de negocios de Trump, no vacila tampoco en dar fe a cada rato de que se transita la fase política de la "estabilización". Por ello, su última tarea consiste en "fortalecer" el sistema de salud del país. Ha traído ya más de 70 toneladas de productos médicos.
Sin duda, una manera genial de endeudar al país mediante la fachada de una ayuda humanitaria —que nadie pidió—, pero que imponen. Venezuela debe pagar los insumos, han dicho.
Finalmente, para continuar con su potestad de seguir imponiendo sanciones y restricciones económicas sobre el virreinato, Trump acaba de renovar por un año el decreto de Barack Obama que declara a Venezuela como "amenaza inusual y extraordinaria" para la seguridad nacional de los Estados Unidos.


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