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miércoles, 27 de mayo de 2026

El partido de gobierno está arruinando el afecto de la militancia y se encamina a un hundimiento electoral seguro.

Es grave. Si el gobierno encargado es tutelado, como la fuerza de la razón lo pinta, entonces se encamina a un seguro hundimiento popular. Es matemática certera. Si en el país de las confrontaciones medio mundo no comulga con el partido de gobierno, la otra mitad, la que lo apoya, está siendo erosionada.
Ningún país como Venezuela tolera tanto avergonzamiento de su ser nacional e histórico. Es la mala suerte de los políticos sumisos y sin cojones. La gente, con ese rumor arquetípico sobre su gloriosa gesta emancipadora, ya tiene su predefinición libertaria. Eso no se borra porque son los genes impalpables de la psique, tan determinantes como la sangre y los huesos en el ser humano.
Suponer que a ese engaño inicial del 03ENE26 pueda suceder un período largo e indeterminado de indecisión ciudadana es pecar de ingenuo, lo cual es mortal en política. Creer en la existencia de una especie de licencia para conducir tontos es ser más tonto que la creencia misma. La conciencia tiene semáforos.
La erosión de la parte afecta estriba en la acumulación de colmos. Y ya se apelmaza un peligroso calibre de ellos. El primero es no hablarle claro al país sobre la situación política después del 03ENE26. Se pretende, suicidamente, preservar el poder político a costa de la independencia nacional, invitando a la militancia a compartir el pecado. Tal es un daño al patrimonio. Urge desistir.
Modificar las leyes del país en materia de riqueza nacional a favor de potencias ocupantes es la prueba contundente del delito. No disimula el crimen el retórico argumento de la apertura económica para atraer y diversificar la inversión extranjera. Tolerar que dicha potencia extranjera administre los ingresos de las ventas petroleras es la bandera más horrorosa de este primer delito patrimonial.
El segundo colmo es jugar con los símbolos y la vergüenza, no tanto ya de los militantes, sino de la gente racional del país: por un lado (el de las ideologías), meter una embajada gringa en Caracas cuando la genética ideológica del militante no lo toleraría es una irreverente falta; por el otro lado (el de la racionalidad), dejar sobrevolar el espacio aéreo por las mismas naves que condujeron secuestrado al presidente de la república en la agresión del 03ENE26 es violentar el decoro y el amor propio de quien piensa a Venezuela como un país serio.
Por supuesto, en la psique de todos pesa la mentira sostenida sobre lo que sucedió en esa fecha inicial, el pecado o colmo original.
En otras palabras, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), partido de gobierno, está expulsando a sus partidarios con sus acciones y omisiones. Se reitera: preservar el poder político a costa de hundir la polis es suicida.
La lógica del tutelaje dice que se llamará a elecciones justo cuando la parte afín partidista se encuentre significativamente quebrada, militando en la adversidad. Sería la hora del hachazo final.


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lunes, 25 de mayo de 2026

Delcy y Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino, Yván Gil, Héctor Rodríguez, Indira Urbaneja y demás cobardes cuida-cargos ante el espejo de la historia

1000 años antes de Cristo, un joven pastor derrota a un gigante filisteo. Lo sacó de su convencional esquema de combate (cuerpo a cuerpo) y lo enfrentó con una honda. Sin que hubiera manuales exhaustivos sobre la guerra asimétrica y anteponiendo la supervivencia a la arrogancia, venció.
En la Venezuela de 2026, tres mil años después, con ingente cantidad de manuales recopilados, sus políticos petroleros y bananeros cuestionan la ilustración histórica de David. Como fueron humillados por los Estados Unidos el 3 de enero y se dejaron birlar al presidente del país, justifican su cobardía ante el Goliat del momento con el cuento de que es un enemigo mucho más que el antiguo Goliat.
En esa retórica están incursos la presidente encargada de Venezuela (Delcy Rodríguez), el presidente de la Asamblea Nacional (Jorge Rodríguez), la misma Asamblea Nacional en pleno, el ministro de la Defensa (Vladimir Padrino) y otros políticos y comentaristas de menor catadura, como el canciller Yván Gil, el exgobernador Héctor Rodríguez, la influencer Indira Urbaneja, entre otros muchísimos que cuidan el cargo y encargo de la cosa política.
En 480 a.C., el rey Leónidas contiene al desmesurado ejército persa. Con 300 guerreros y el apoyo de unos miles de griegos, obliga al enemigo a una confrontación asimétrica en un estrecho, induciéndolo a su modalidad hoplita de combate. Fueron derrotados, pero, grosso modo, determinaron el rumbo victorioso de las Guerras Médicas.
En la Venezuela de 2026, al soldado que no disparó para defender a su país ante el ataque de los Estados Unidos ni siquiera se le ocurrió que su trabajo y esfuerzo podrían haber dado lugar a un mañana de independencia o esperanza, por lo menos. Obedeció una orden espuria; o, peor aún, no hizo nada. Se echó a dormir, como les respondieron a los familiares que los consultaron.
En 1812, durante la guerra de independencia de México, José María Morelos resistió durante 72 días el asedio del ejército realista, superior en fuerza y número. Antepuso la necesidad y supervivencia de los suyos a la confianza del enemigo, para romper filas posteriormente y vencerlo.
El 3 de enero de 2026, bastó un par de horas para colonizar a un país que estaba avisado de guerra. Venezuela se rindió a pesar de contar con un arsenal de primera línea militar y un ejército, presuntamente, hijo de la heroicidad de Simón Bolívar.
En 1819, en Boyacá, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander vencen a los realistas a pesar de anteponer campesinos y voluntarios a la fuerza expedicionaria del ejército español. En 1821, un Bolívar debilitado y con menos recursos logra la victoria en Carabobo con brillantes estrategias, el apoyo de José Antonio Páez y la Legión Británica. En 1822, en Pichincha, Ecuador, el ejército fatigado de Antonio José de Sucre, vence a los españoles en un terreno escarpado.
En 2026, los hijos de estos próceres, alegando la estrategia de cuidar el cargo político, ceden la carísima soberanía histórica a unos extranjeros que apenas dispararon para prenderlos.
En 1954, las fuerzas del Viet Minh (Vietnam), ensayando claramente una estrategia asimétrica, echan a los franceses de su país a punta de la famosa guerra de guerrillas. Transportaron pieza por pieza artillería ligera a través de la selva.
En la Venezuela de 2026, enero, al parecer hubo la orden de apagar radares y dormir ante la incursión de naves invasoras al espacio sacro bolivariano. Ni las explosiones de las bombas despertaron a los obedientes soldados.
En 1957, Fidel Castro, con unos cuantos “barbudos” de su Ejército Rebelde, atacó el cuartel de Fulgencio Batista y lo expuso al asedio constante de la guerra de guerrillas, doblegándolo, finalmente.
¿No basta, acaso, la historia para seguir argumentando que el enemigo estadounidense era muy grande como para enfrentarlo y que era mejor salvar el pellejo, aunque la patria se perdiera? ¿Es que, por desventura, los militares venezolanos no estaban ese día hechos de la misma carne y sangre que el pastor David o los lanceros de Páez en Carabobo? ¿O es que son los soldados del ejército venezolano unos seres humanos huérfanos de historia, ajenos a la galaxia heroica de sus padres independentistas?
Es claro que esta ilustración magnánima rebasa la pobre capacidad de un político vendido del partido de gobierno (PSUV colonial), cuidando cargos y prebendas. No disponen de neuronas para contraargumentar. Lo que puedan decir para sustraerse del infame cargo de cobardía y traición los hunde más en el fango de la vergüenza.