No se puede complacer a Donald Trump en todo. ¿A título de qué? ¿Por qué secuestró al presidente Nicolás Maduro y mató a más de cien personas para capturarlo? Marco Rubio confesó ante el Senado (28-01-2026) que Maduro rechazó todas las ofertas de salida del poder, incluida la del exilio.
Eso puede significar que el mismo presidente desaprobaría acciones que no hagan justicia a una actitud de resistencia. Lo apuntaron con un cañón desde el Caribe y decidió resistir: en nada ceder, complacer ni abandonar. Además, la incursión de Trump contra Venezuela no tiene por qué acreditarlo como alguien que tenga que esperar cortesías del país, sino como enemigo.
A menos que se les tenga que decir a los venezolanos que el 3E Venezuela perdió la guerra ante los Estados Unidos sin pelear gran cosa, viviéndose entonces una capitulación, aceptándose unas condiciones de derrota… Condiciones que, si no se cumplen, se penalizan con una nueva agresión.
Esto último conduciría a la aceptación de que el país perdió su independencia y cede ahora soberanía para salvar el pellejo como protectorado de los Estados Unidos, cual Puerto Rico. ¡Así de simple, sin grandes diatribas ni disparos! No de otro modo se puede interpretar que Trump ya cobre el petróleo por Venezuela y le "pase" su mesada al BCV, como en los tiempos coloniales; o que diga que abrirá su embajada porque sí en Caracas; o que el mundo contemple cómo se derogan estatutos nacionalistas de la Ley Orgánica de Hidrocarburos para permear a las transnacionales trumpistas hacia los campos petroleros; o que se empiecen a liberar montones de delincuentes políticos, ahora inocentes en virtud de los mandatos del hombre naranja.
¡Si Laura Dogu, la encargada de negocios designada por Trump, acaba de traerle a Venezuela su hoja de ruta política…! ¡Seguridad interna, negocios bilaterales y transición democrática! Como si se dijera: necesitamos garantías para extraer el petróleo o llamamos a elecciones y revolcamos al país.
¡Y allí está! Los estudiantes ya empezaron a ser utilizados por la extrema derecha para plenar las calles con amenazas de guarimbas. Esta vez de modo intocable, con las armas de Trump, no extrañando que blandan banderas estadounidenses. Lo que se avecina es el caos y el chantaje imperial de la estabilidad política y social.
¿En qué momento el país hizo tanto demérito para merecer tal destino? Es decir, el de perder sin siquiera luchar… Habría sido mejor una muerte más digna, algo de resistencia, como un Vietnam, una Cuba, un Afganistán…: al menos es más digno que igualmente entregar todo en medio de la vergüenza. ¿Hasta dónde puede el sofisma político disfrazar semejante afrenta?
El país se pierde en medio de la implementación de medidas que apuntan contra su propio cuello. Es cuestión de tiempo verificar que no habrá marcha atrás: por ejemplo, ya los liberados políticos encabezan marchas de calle junto a los estudiantes. O: la embajada gringa empezará a monitorear a los militares para ultrajar su código nacionalista.
Si puesto se está para complacer al emperador, habrá que derogar las leyes que propiciaron la civilidad, el respeto y el amor patrio entre los venezolanos, como la Ley Constitucional Contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos y la Ley Orgánica Libertador Simón Bolívar para la Defensa de la Paz y la Soberanía. Tales leyes obstaculizan el estado de jaque perpetuo que el presidente norteamericano procura instaurar en las calles del país para implementar su chantaje: petróleo a cambio de estabilidad. Si el petróleo no fluye, si hay rebelión, solo bastaría con azuzar a las huestes callejeras para llamar a elecciones. Háblase de un país cautivo, como el mismo presidente.
¿Que Trump puso un arma al cuello de la presidente encargada...? Venezuela es un país de izquierda, no exento de riesgos mortales, como el mismo Maduro lo ejemplificó. Y los riesgos se asumen al asumir.

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