Dirigir a otros nichos

PUEDES CONSULTARME EN ESTOS NICHOS SEGÚN CONVENIENCIA

sábado, 8 de agosto de 2026

Se puede vivir de la compasión… en el paraíso

El mundo es una guerra. No es una excreta, como dice el dicho. Sería hablar mal del hombre, la cima creativa o evolutiva de la vida. Guerra en el sentido casi genético. Ha sido su sentido histórico y biológico. La supervivencia, la competencia, el exterminio y el placer mortal están metidos en los genes de lo humano.
Ergo, hacer la guerra es una plenitud de la especie. Vivir durante siglos en ausencia de guerra, es decir, en paz, parece contranatural. De hecho, escasean esos períodos en la historia. El hombre necesita de la autodestrucción para sentir el valor de su humanidad. El poder y la compasión son su sino existencial. Arthur Schopenhauer decía que la compasión es el fundamento de la ética y la moral, y el sentimiento más elevado del hombre.
Pero no es cierto. Es el poder. Y el poder es la nomenclatura de la guerra. Luego, el hombre es un animal belicista. El Homo sapiens necesita sentirse grande para luego, desde su magnanimidad, experimentar el regocijo de la compasión ante lo destruido. Semejante camino hacia el otro extremo es la ruta de bautizo del asesino. Es allí cuando necesita llamarse humano. Y, ya usted sabe, se hace magnánimo también a través de la piedad.
Esto habla de la gran mentira que vive el mundo. Del conflicto moralista del asesino. Es decir, del hombre. Hipócritamente, se enseña que la grandeza humana estriba en el ejercicio de lo pequeño. La compasión, que es como promulgar la abolición del egoísmo. Pero esto lo dicen los poderosos, los asesinos, para sitiar al débil. La grandeza humana está en ser exterminador y asesino. Es la mentira verdadera que ansían publicar. De allí que la educación sea la gran estafa que oculta los homicidios. El minusválido, el destruido, siempre será el trapo de culpa, el altar de depuración, del victimario.
¿Tiene alguien culpa de ello? ¿Está mal el asunto? ¿Reconocer que el hombre es una bestia detrás de un refinamiento? Es a lo que le llaman cultura. El ser humano es tan culto como inocente.
El Homo sapiens bellicus fue quien dijo a los melios, vestido como griego antiguo, en 416 a.C., que «los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben». Fue quien, vestido luego como romano, en 146 a.C., arrasó Cartago, cuando no era necesario. Y quien, modernamente, en 1999, desapareció a Yugoslavia al imponerle condiciones imposibles, no tanto de rendición, sino de existencia.
Desaparecer la nación de Melos, Cartago y Yugoslavia no es un acto casual. Es el destello duro de una naturaleza auténtica. Tales lugares, que de un modo sistémico dejaron de existir, son, en sí, un nimio porcentaje de tantos egos que requirieron planos similares de expresión. El mundo es un libro escrito a capítulos. Aquiles, Alejandro Magno, Aníbal, Julio César, Gengis Khan, Bonaparte, Bolívar, Hitler… son páginas.  El hombre es como un gigante que requiere, de vez en cuando, agacharse para insuflarse de compasión sobre los charcos de sangre.
Por eso el poderoso, con su tramoya educacional, parece haber inventado el mito del cristianismo, que es como una columna real de la historia: los pequeños, esos que inspiran compasión con sus extraños comportamientos, son también seres humanos.
Bajo semejante reflexión, para hacer locativa la idea, podría ensayarse una alusión a un país o circunstancia cualesquiera. Por ejemplo, Venezuela, que es desde donde nace la voz de estas letras. El destino de la nación bolivariana, tutelada como está, desprovista de su naturaleza bélica, es una invitación al vacío. Así como subsiste, sin autonomía, tiene que saber que la compasión en el poderoso es un acto que solamente se ejerce en el momento de la destrucción.
 

domingo, 2 de agosto de 2026

La desincorporación de la FANB del plano republicano como esquema tutelar

Siempre resultará temerario hablar de la desincorporación de las fuerzas armadas de un país. Normalmente, encarnan proezas fundacionales, objeto de la loa eterna de los ciudadanos a quienes se deben. Por ejemplo, el Ejército Rojo (1918, creador del primer Estado socialista del mundo, vencedor del nazismo), que dio pie al Ejército Soviético (1951) y luego a las actuales Fuerzas Armadas Rusas.
O el Ejército Popular de Liberación, artífice de la “Larga Marcha” y proclamador de la República Popular de China, en 1949. O las mismas Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, Estado victimario al cual aluden estas letras. Son gestoras de la independencia de las trece colonias británicas y baluartes de la actual república federal norteamericana.
Locuaz, es lo menos. Tales entidades siguen siendo fortalezas de sus naciones, sobremanera cuando entrecruzan sus existencias en medio de una enorme rivalidad geopolítica. ¿A quién se le podría ocurrir pedir su disolución?
Lo mismo tendría que decirse de la Fuerza Armada Bolivariana de Venezuela (FANB), genética del Ejército Libertador, fundado el 19 de abril de 1810, emancipador por antonomasia de Suramérica. Su gesta fue la independencia casi continental, vencedora en Carabobo y Boyacá, liberadora de Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Panamá.
¿Cómo sugerir semejante tremendura demencial? Por historia y gesta, Venezuela parece unida de manera identitaria a su FANB. El artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) la reconoce como una institución fundamental para la seguridad nacional. De hecho, el Código Penal venezolano ratifica la sacralidad de tal institución y sanciona a quien ofenda su institucionalidad. Criticar la utilidad o validez del cuerpo armado venezolano podría sonar a instigación a la desobediencia o rebelión. Más en concreto: si tal cuerpo está consagrado a la seguridad nacional, pedir su disolución podría implicar un llamado a la subversión del orden público.
Pero así está sonando la voz del país después de su invasión, el 3 de enero de 2026, por parte de tropas estadounidenses. En vez de ofensión para dignidad institucional alguna, es afrenta al oído ciudadano. El hecho terminó en una indescriptible derrota, casi sin combate y con muchos muertos, y con el presidente de la república capturado. Esto equivale a decir que una institucionalidad “fundamental” del país no cumplió su rol en materia de seguridad nacional, capitulando operativamente, dejando que otra institucionalidad sacra (como la presidencial) fuese violentada.
El mayor problema moral de emprender una reflexión crítica contra una institución de semejante envergadura es el honor militar, sin duda mancillado cuando se habla de inutilidad y disolución. Sin embargo, tiene que haber un modo de analizar la eventualidad sin que el señalamiento de la verdad resulte menoscabado. Se trata de la verdad por la verdad. José Gervasio Artigas, prócer de la independencia uruguaya, dijo que “con libertad ni ofendo ni temo”, que es como decir que “con la verdad ni ofendo ni temo”, dado que se refería a la honradez que quita el cuidado de no dañar a nadie.
En todo caso, el autor de estas líneas esboza los hechos acaecidos, lo cual jamás podría ser más tremebundo que ser autor o partícipe de ellos. Por supuesto, no se niega que, en un mundo de realismo mágico, hablar de un crimen pueda resultar más criminal que el ejecutor o el crimen mismo. Y, para ser francos, el universo de responsables de la situación crítica actual del país se cosifica desde la presidencia encargada para abajo, pasando por la Asamblea Nacional, el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela y el mismo ministro de la Defensa en funciones de entonces.
Puestos a respetar la constitucionalidad, por cierto, el artículo 25 de la CRBV habla de nulidad cuando el Poder Público viola constitucionalidades, enfatizando, como la guinda del pastel, que un funcionario no podrá eludir con su rango la responsabilidad penal, civil o administrativa.
De todos modos, hay que sentar que debe el honor existir primero para que luego pueda ser mancillado. Y, por lo que la historia ha grabado, no hay honor en la especie de los hechos mencionados: un país tutelado de manera flagrante, un presidente secuestrado, una soberanía pisoteada, unos recursos naturales robados por apetitos ajenos, un futuro hipotecado e incierto… La reflexión, pues, se devuelve al punto primero: si la flagrancia sigue persistiendo en la inutilidad de una FANB, que no se pronuncia ante la afrenta en curso ni asume su rol defensivo, desincorpórese. Ni honor ni dignidad hay en el acto de desentenderse de la vergüenza.
Países hay sin fuerzas armadas, propiamente. A saber: Costa Rica, Panamá, Japón (sus fuerzas son de “autodefensa”), Islandia, Andorra, Mónaco, Liechtenstein, Samoa, aparte de otros microestados y estados insulares. A propósito, llama la atención que Japón y Panamá abolieron sus fuerzas armadas después de sufrir una invasión estadounidense. Las prohíben en sus cartas magnas, además de Costa Rica, que lo hizo después de la guerra civil, en 1949. Se hace la mención porque Venezuela acaba de ser invadida y su fuerza armada acallada, como si no existiera. Con las ideas siempre hay peligro de que, más allá de un contagio, se conviertan en esquemas.
La irracionalidad de un desmontaje de la fuerza armada venezolana cobra sentido monstruoso cuando se sopesa que el país, más allá de institucionalidades o rubros republicanos, es una mina planetaria de recursos naturales energéticos y una potencia geopolítica. Pero, como se dijo, esta imprescindibilidad es un deber ser, no materializado como realidad. Constitución e historia nacionales exigen con toda ley lógica la persistencia de una fuerza armada, operativa y funcional; no obstante, los hechos presentes, como si se tratara de un ejemplar que se separa de la manada, desdicen de la tesis necesaria.
Desafortunadamente, la incursión estadounidense del 3 de enero evidenció la especie de prescindibilidad que se analiza: (1) la inutilidad operativa ante el despliegue de 150 aeronaves invasoras y la anulación en minutos de los misiles claves antiaéreos Buk-M2E (24 objetivos al mismo tiempo, hasta 20 km de distancia); (2) la incapacidad defensiva ante la captura de Nicolás Maduro, lo cual dejó al descubierto que los millones de dólares invertidos en equipamiento militar no sirvieron para la función constitucional de defender la soberanía y proteger al jefe de Estado; (3) la crisis de legitimidad institucional que condujo al Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, a proponer un “plan de transformación” de cara a los hechos, dándole consistencia, de manera inquietante, a la crítica que se ejerce en este espacio. Exactamente, no dijo Padrino que la institución debería ser desincorporada, sino transformada {S/f-c. Elpitazo.net <https://elpitazo.net/politica/un-mes-despues-de-la-captura-de-maduro-padrino-lopez-anuncia-investigacion-por-hechos-del-3ene/> [consultado el 2 de agosto de 2026]}.
En fin, la Operación Resolución Absoluta del 3 de enero de 2026 expuso a una FANB ineficaz, costosa en su aparataje, inútil en su infraestructura antiaérea, neutralizada en apenas un par de horas.
No hay allí honor que defender ni susceptibilidad que respetar. El honor fue asesinado y se lo llevaron a la tumba los más de 100 soldados que murieron en la contienda, 30 de ellos cubanos, en general, un 0,04% del conglomerado total de la tropa venezolana. Quien no luchó quedó afrentado o, peor, en un estado dantesco de muerte cívica si tuvo que obedecer una orden superior que no lo eximirá del incumplimiento del deber. Tanto más grave si, como la caracteriza el artículo 329 de la CRBV, la FANB es una entidad apolítica: defender el país de la injerencia extranjera tiene que ser un movimiento reflejo que no consulta criterios partidistas.
Una Venezuela sin fuerzas armadas es un contrasentido no solo histórico, como se dijo, sino existencial. Desmontarla es menoscabar la república y lesionar legados. No tener una infraestructura para defender sus riquezas conllevará un futuro de descomposición explotativa. Y eso no sería, ni en el sentido griego ni en el francés, una república, sino aldeas. Como se dijo, los tiempos que corren son impredecibles. Si ya hay desclasificación de materiales ufológicos y un desbordamiento imaginativo sobre las realidades que fueron o serán, habría que suponer que, sin fuerzas armadas, el país se amparará bajo la tutela del derecho internacional, lo cual ya es un sentimiento familiar.

miércoles, 29 de julio de 2026

Secuestro, robo y burla del siglo

Siguiendo el rastro del dinero, se descubre la magnitud del robo y del secuestro que los Estados Unidos han cometido contra Venezuela. “Robo” por los $13.000 millones que el país bolivariano ha vendido por concepto de exportaciones petroleras entre enero y julio de 2026, y que el país del norte represa; y “secuestro” por la obviedad de la captura del presidente Nicolás Maduro, ocurrida el 3 de enero próximo pasado, metáfora, también, del secuestro del país.
Cada palabra es una responsabilidad y establece una relación lógica. Procede el robo una vez que es secuestrado el custodio principal. Nicolás Maduro, al parecer, según restos amorfos de un aparato de Estado ante el extranjero, era la única resistencia nacionalista. En ausencia de la cabeza, alimento es el resto del cuerpo. Y así Venezuela deja de ser Estado, hasta cierto punto, como dejaron de ser los incas cuando cayó Atahualpa ante Francisco Pizarro o los aztecas debido a la muerte de Moctezuma II. Ni imperio ni república. No se hable de Guaicaipuro, resistencia nativa cuya muerte desmoronó a los Teques y a la gran alianza caribe de Caracas.
Más allá de analogías, Maduro era hombre de diálogo, un civil, en nada un guerrero de espada o flecha, como las referencias belicistas apuntadas. Pero durante su estadía en el poder, nadie se atrevió a vejar tanto la patria de Simón Bolívar como se vejan ahora los restos de lo que fue un sistema de gobierno. Tuvo que ser capturado, reducido por las armas (más de cien bajas).
Se trata, más bien, de un esquema estratégico militar, empleado hoy, por ejemplo, en el Medio Oriente, en específico contra Irán, donde se ha intentado reducir a un Estado a fuerza de asesinar su liderazgo (los ayatolás).
Y al seguirse el rastro del dinero, como se dijo al principio, lo que se descubre, además de robo y secuestro, es una infame tutela, para no hablar de colonia de manera precipitada. Un país con sus recursos capturados, explotados, administrados, sin liderazgo digno. Que a Venezuela le hayan abierto los Estados Unidos una cuenta bancaria que se extiende hasta Qatar para recabarle los fondos de las ventas petroleras, habla del tamaño de la vergüenza.
Véase: Caracas vendió, más o menos, 200 millones de barriles de petróleo en el lapso indicado. Facturó los $13.000 millones dichos, actualmente en cuentas gringas. Y ha recibido solamente $300 millones, el equivalente a 5 días de producción petrolera, de un total de 180 días [(N.d.). Com.Mx. Retrieved July 29, 2026, from https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/22/economia/financial-times-eu-recauda-mas-de-13-mil-mdd-por-petroleo-venezolano-sin-transparentar-el-destino-de-los-recursos]. De allí que se comprenda, cabalmente, el porqué de la alegría del presidente estadounidense cuando celebra que está haciendo mucho dinero con la presidente venezolana y que, con el petróleo retenido, ha cobrado a Venezuela el equivalente a 28 veces el gasto de su incursión militar.
Lo más grave es que se detectó desde el Congreso que la Casa Blanca ordenó el desembolso de $6.000 millones por concepto de ayuda humanitaria por los terremotos, y el gobierno venezolano no ha registrado disponibilidad de tal monto. Hay el antecedente inmediato de una farsa imperialista acometida en Haití desde el terremoto de 2010: los recursos liberados para la asistencia humanitaria jamás llegaron a manos de la empresa local, sino que fueron asignados a contratistas de los Estados Unidos, lo cual equivale a decir que el dinero retornó a su país de origen. La gravedad del desfalco que se cierne sobre un dinero que es propiedad del Estado venezolano es obvia.
Finalmente, más allá de la burla y el robo del siglo denunciados, asiéntese dos hechos, por si acaso aún existe alma humana que no esté al tanto: (1) el país es una tutela o protectorado desde el momento mismo en que no administra sus recursos y es despojado de su soberanía fiscal elemental mediante cuentas bancarias de sus fondos; (2) no hay buena fe en un país que, además de invadir y secuestrar al presidente de otro, es incapaz de liberarle con transparencia sus propios fondos en el contexto de una crisis humanitaria.
Ciérrese la rueda diciendo que, así como se evidencia la mofa contra una república humillada, el hecho acarrea responsabilidades penales sobre los funcionarios públicos que han hecho posible el esperpento, desde la presidente encargada para abajo, pasando por la Asamblea Nacional, el vicepresidente del partido PSUV o el ministro de la Defensa. No es posible que se continúe propalando la especie de que en Venezuela se evitó una guerra el 3 de enero de 2026 capitulando como se capituló. Como si se dijera que se defendió la patria de Bolívar entregándola. Semejante absurdo hace más cara la pena que merece la traición al involucrar la burla contra la inteligencia y la buena fe de un pueblo que quiso confiar en su dirigencia.
Nota de honestidad intelectual: El autor contó con la asistencia del modelo de inteligencia artificial Gemini (Google, 2026) como herramienta de soporte para la investigación documental, contraste de datos y estructuración de este artículo.


Libre de virus.www.avg.com

miércoles, 22 de julio de 2026

La toma imperialista de La Guaira paso a paso según modelo de ocupación doctrinario y militarista

El presente escrito tiene cuatro momentos reflexivos, que se desglosan desde la misma determinación doctrinaria de los Estados Unidos de posesionarse de La Guaira hasta su defensa final como base militar adquirida, argumentando y desargumentando pretextos. Se trata de un breve análisis de hechos consignados por la historia que, a fuer de premisas, concluye en una serie de razonamientos dirigida a quienes son responsables del destino político de Venezuela. Con el conocimiento de un pasado es posible prevenir un futuro consabido.
En un primer momento, es imperativo saber que las bases militares son mecanismos doctrinarios de expansión y poder de los Estados Unidos. Por ello, tienen cientos en el mundo, como ningún otro país. Son como puestos de avanzada del Imperio Romano en sus caminos de conquista. Asentarse sobre puntos de importancia geopolítica y estratégica es, prácticamente, un mandato de su aparato político estatal, que busca proyección y control globales. Arrestos de imperio, pues.
De manera que, para el caso de la preocupación presente, la aspiración de asentarse como base militar en La Guaira no tiene por qué sorprender a nadie, aunque indigne a quien posea un corazón nacionalista. De hecho, de modo específico y agravante, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos se rige por una doctrina regulatoria militar para situaciones de desastre natural en las que tenga que desplegarse para “ayudar”: el programa de Asistencia Humanitaria Extranjera (FHA).
No es más que un manual de operaciones que, bajo una pantalla de asistencia humanitaria, comisiona a sus tropas para recopilar inteligencia militar, económica y medioambiental del área afectada; mediante el mecanismo de cooperación económica, allana un acceso directo a los Comandos Combatientes en el área ─como el Comando Sur, por ejemplo─ para tejer una narrativa de influencia y de objetivos de seguridad nacional para los Estados Unidos; y, detrás de la cortina de las maquinarias, helicópteros, hospitales de campaña y mapeo de infraestructuras críticas, reconoce el terreno del país anfitrión con el objetivo de medir su capacidad de respuesta en una situación militar eventual.
Dígase que la pretensión operativa, más allá de la instalación militar, es la configuración de un gobierno total en el área asistida. La doctrina es clara en su objetivo de lograr un “gobierno completo” (whole-of-government response): si los Estados Unidos son quienes financian, reconstruyen y rescatan, su influencia debe ser primordial, incluso por encima de la autoridad local. Se trata de un ejercicio de toma física y funcional, con una peligrosa dosis de asunción de soberanía orientada al tutelaje administrativo.
Con tal alerta, resulta en extremo riesgoso infectar una soberanía nacional con la inoculación de semejantes formas de ayuda humanitaria, configuradas con tan específicos genes de la destrucción. Sin embargo, sobre las conclusiones de un análisis objetivo, la carga política y moral tendría que recaer sobre el gobernante que transija con tal daño para su patria.
En un segundo momento, cuando ya la base militar está instalada en la zona aquejada, habría que saber sobre la renuencia del gobierno de los Estados Unidos a retirarse. Es historia. Innumerables son las tácticas dilatorias para evitar o posponer el abandono de una de sus tantas bases militares de la red mundial. Nunca dejará de ser espectacular la intención de permanencia de ese país, incluso en contra de la voluntad del país anfitrión. Suerte de oda al cinismo geopolítico.
El país invasor apelará a la ambigüedad contractual de su permanencia, valiéndose de figuras interpretativas que usualmente requieren años de examen judicial; exigirá reemplazos, es decir, se negará a los desalojos hasta tanto el país anfitrión financie o apruebe una base sustitutiva para los desalojados; se reetiquetará de manera constante como “centro de investigación” o “misión de asesoría” para evadir las prohibiciones de permanencia militar. Toda una charada ensayada a lo largo de capítulos históricos.
Véase: los Estados Unidos no abandonaron la Base Aérea de Clark ni la Base Naval Subic Bay, en Filipinas, hasta 1991, a pesar de que el Tratado de Bases Militares de 1947 había vencido. Recurrió a un paquete de ayuda económica y a una asesoría militar para Manila, condicionando así  permanencia de sus tropas en el país asiático. Solo la erupción del volcán Pinatubo, al dañar la base Clark, logró echarlos.
En Ecuador se pusieron “duros” con la Base de Manta, que tuvieron que abandonar, finalmente, en 2009, ante una inflexible decisión del presidente Rafael Correa. Sin embargo, recurrieron a la táctica dilatoria de instalar mesas de diálogo para enfocar el problema del narcotráfico y así cambiar la naturaleza de su presencia militar en el área. Se propusieron, entonces, como paladines contra el tráfico de drogas.
En Japón, la Base Aérea de Futenma fue protestada intensamente en la década de los 90, siglo XX, debido a la conducta delictiva de las tropas estadounidenses. Los americanos recurrieron a la táctica dilatoria de la “reubicación”. Para irse, exigieron la construcción de otra base para reubicar la estación aérea del Cuerpo de Marines de Futenma. Ello ha llevado décadas de estudio de suelos, de evaluación de impacto ambiental, para la nueva base, lo cual ha dificultado ─¡hasta hoy!─ la devolución de los espacios ocupados por los Estados Unidos en el país asiático.
En Hawái, acusados de daño ambiental, no quieren devolverles los terrenos a los aborígenes, alegando, precisamente, periodos de plazo para la ejecución de estudios de impacto ambiental demostrativos. En Irak, después de que el parlamento acordara el retiro inmediato de sus tropas (por causa del asesinato del general Qasem Soleimani), los gringos recurrieron a la estrategia dilatoria de mutar a “asesores técnicos y fuerzas de asistencia” no combatientes para poder continuar operativos en el área. En Haití, desde 2010 hasta hoy, se inventaron una denominación de base militar “temporal”.
El tercer momento, el de las argucias para evitar el desalojo, es una especie de ofensa a la inteligencia humana por el descaro que comporta. Téngase claro, primeramente, que una base militar en La Guaira, Venezuela, como ya se dijo, revestiría una importancia enorme para los Estados Unidos desde el punto de vista geopolítico y estratégico. Dicha base fungiría como un faro de valor incalculable para el cotejo del país más rico en hidrocarburos del mundo y de las riquezas suramericanas en general. Petróleo, agua, oro, tierras raras… Ni siquiera el vuelo de las aves podría escapar a la auscultación imperial. Con semejante mirilla en el Caribe, poco es lo que podrían aspirar los competidores geopolíticos chinos, rusos o iraníes en la región.
Lo primero que intentarán los Estados Unidos es aducir incapacidad local venezolana para la asistencia logística humanitaria. Que ellos se retiren traería consigo un vacío logístico, lo cual, por nobleza humanitaria, ellos tendrían que rechazar. Cursa, a propósito, una campaña desinformativa en el país al respecto, orientada a retratar a un Estado venezolano inútil con relación a sí mismo en contraste con unos Estados Unidos magnánimamente heroicos.
Luego hablarán de la norma internacional de la Responsabilidad de Proteger. Esto los pondría a charlar sobre la definición de soberanía, aclarando que hay soberanía nacional solo cuando una población vive en estado de bienestar. Por tanto, no se retirarían del sitio mientras existan “criminales” estadísticas de desnutrición y servicios básicos deteriorados. Ellos serían incapaces de abandonar un país a su suerte y es probable que, según documentaciones que los muestran experimentando con su propia población, esparzan vectores infecciosos en el litoral guaireño (como antecedentes, hasta 1969 criaron masivamente mosquitos y garrapatas para propagar la fiebre amarilla y en Cuba pusieron en marcha la Operación Mangosta para arruinar su economía agrícola mediante la inoculación de plagas y del dengue hemorrágico).
Alegarán inseguridad en el área del desastre, justificando la presencia de sus tropas para el debido resguardo y protección. El asunto, inclusive, podría complicarse en una dimensión más amplia: emergerán el crimen organizado en las costas de La Guaira, la piratería marítima, el tráfico de armas y el narcotráfico, lo cual, aunado al vacío de poder venezolano, le dará un giro de inseguridad hemisférica al asunto, con repercusiones sobre la seguridad nacional de los mismos Estados Unidos de América. En el acto se convertirán en custodios del comercio caribeño, no solo con licencia para perdurar, sino para matar.
Finalmente, para decirlo con la infaltable certeza a la que obliga el examen de los tiempos y la razón de sus intereses concretos: los Estados Unidos permanecerán destacados en La Guaira para monitorear y asegurar la transición democrática en Venezuela. No se retirarán hasta tanto la circunstancia política y electoral decante una forma de gobierno satélite, de importancia económica para su subsistencia en medio de un contexto geopolítico de rivalidad con China y Rusia. Sus tropas se venderán como una garantía de paz ante un país convulso, disfuncional, precipitado por ellos mismos al abismo con sus prolongadas sanciones y el golpe militar del 3 de enero de 2026.
Qué hacer es el cuarto momento. Y este aspecto se orienta a la gobernanza responsable del país bolivariano, a sus fuerzas armadas, a todas esas entidades que deben estar comprometidas con la libertad y el ejercicio de soberanía en un país republicano como Venezuela, bolivariano por antonomasia.
Lo primero es evitar la militarización extranjera de la ayuda. Cero de ese personal militar uniformado debiera ser la norma. Venezuela tiene su propia fuerza armada, que podría condicionar el comportamiento de otras auxiliares. Para rescatar una vida no hace falta el traje de la muerte, armado hasta los dientes. Ser rescatista no justifica la toma militar de los espacios, del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, de las telecomunicaciones, del mapeo satelital del territorio… como aspira el país del norte. Es responsabilidad del Estado venezolano velar por que ningún extranjero con capacidad de combate se destaque en el área, permitiendo únicamente a la Cruz Roja o a la ONU labores directrices en materia de asistencia humanitaria. Lo militar nacional es quien podría entrar en apoyo con su fuerza y maquinaria. Desafortunadamente, como síntoma de algo que se desata, ya se han avistado militares estadounidenses uniformados caminando por las calles de Caracas.
Lo segundo es quitar protagonismo de asistencia humanitaria a un país determinado para evitar unipolaridades que puedan derivar en situaciones de chantaje político. Es histórico lo que ocurrió con determinados bloques de países durante la Guerra Fría, que sufrieron la coerción política y económica según dependían de un único surtidor. Venezuela debe promover la asistencia multipolar, con participación de Rusia y China, de manera que se evite decir que únicamente los Estados Unidos proveen la logística.
Sigue luego el consejo de evitar la construcción de infraestructura propia que permita enraizar a los Estados Unidos en la región, como, por ejemplo, campamentos, redes de comunicaciones militares independientes, búnkeres, etc. Es un hecho que el gobierno de los Estados Unidos, en estos momentos, trabaja en la apropiación del aeropuerto más importante del país, procurando construir una infraestructura propia.
Otro punto es orientar a las comunidades organizadas, civiles o milicianas, a velar por los espacios circundantes a los centros de acopio. La presencia ciudadana, según ejemplos históricos (Base Naval de Vieques, Puerto Rico), rebate la presencia militar extranjera indeseable. La ciudadanía es un valor republicano por excelencia.
Para terminar, se alerta al Estado venezolano para que evite refrendar acuerdos de “cooperación técnica” o cualquier otra circunstancia que induzca al otorgamiento de inmunidad a agentes extranjeros. La recomendación viene a cuento porque, precisamente, los Estados Unidos utilizan los Acuerdos sobre el Estatuto de la Fuerza (SOFA) para intentar obtener inmunidad y permanencia para su soldadesca. La historia aconseja al respecto y previene situaciones como la de Colombia, por ejemplo, donde las tropas de las bases militares norteamericanas tienen inmunidad ante cualquier delito que puedan cometer contra la población civil.
Nota de honestidad intelectual: El autor contó con la asistencia del modelo de inteligencia artificial Gemini (Google, 2026) como herramienta de soporte para la investigación documental, contraste de datos y estructuración de este artículo.


Libre de virus.www.avg.com

sábado, 18 de julio de 2026

Delcy Rodríguez: no hay tropas extranjeras en Venezuela

De acuerdo con Delcy Rodríguez, presidente encargada de Venezuela, no hay tropas extranjeras en el país. Así lo declaró recientemente ante un periodista español. No las hubo ni siquiera cuando fue dado de baja el “Niño Guerrero”, allá en Las Claritas, Bolívar. Hubo, sí, inteligencia de agencias estadounidenses para orientar al ejército venezolano en las operaciones, pero no tropas.
Tampoco las hay ahora en La Guaira, donde los estadounidenses se estacionaron en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar y no cesan de traer vehículos y equipos para mapear la región, acción nada consonante con el hecho humanitario. Los dos buques militares que atracaron en aguas venezolanas habrá que considerarlos unidades civiles, dizque convertidos en sendos hospitales ambulantes. Y las más de dos mil tropas reportadas en el país bolivariano por los mismos Estados Unidos tienen que ser un elemento paranormal en las declaraciones de la política venezolana.
¿Cómo que no hay tropas asentadas en Venezuela? A poco habrá que declarar que no las hubo tampoco el 03ENE26 y que el secuestro de la pareja presidencial es una ficción. La historia registra que murió una treintena de cubanos y tal vez un centenar de venezolanos. ¿Cuál es el punto? ¿Acomodar la realidad? ¿Sugerir alguna dolencia congnitiva bolivariana? Tan cierto es que hay tropas estadounidenses e israelíes en Venezuela como que lo de Nicolás Maduro capturado ocurrió.
En la doctrina militar de asistencia humanitaria de los Estados Unidos no existe praxis sin presencia de tropas. Otros países envían rescatistas, pero los norteños no. Ellos envían militares para aprovechar el accidente natural y entrenar sus juegos de guerra, radiografiar al país averiado con sus satélites e intentar apropiárselo mediante la instalación de una base militar. Casos ejemplares hay; Haití, el último, donde inventaron la noción de bases militares “temporales”.
La Guaira es un delirante estacionamiento para quien sueña con el petróleo y el oro venezolanos, además de todas las riquezas suramericanas. Allí, entrada al continente, resulta ideal la construcción de un faro geopolítico. América para los americanos. Ni rusos ni chinos, rivales geoestratégicos, tendrían posibilidades de competir contra el destino manifiesto de Yanquilandia.
Se dice que no existen los unicornios. Nadie los ha visto, ni siquiera los griegos, que inventaron el cuento; pero algunos persisten en su creencia y se convencen de que los bits de la era informática son los genes de una realidad perdida. Difunden en las redes sociales no sólo avistamientos de tales animalitos fabulosos, sino de duendes, hombres de las nieves, entre otras imágenes ufológicas desclasificadas por el gobierno de los Estados Unidos.
Para un cabal convencimiento, es necesario un creyente desprevenido, ingenuo, ignorante o tonto, y un prestidigitador. ¿Son los venezolanos esas personas, según Delcy, la maga? El último avistamiento que se hiciera de los mitológicos soldados estadounidenses en Venezuela fue en Caracas, caminando uniformados por El Rosal. Hay fotografías y es un hecho científicamente documentado. Cumplen semanas caminando la geomorfología de la tierra de Simón Bolívar.

sábado, 11 de julio de 2026

Estados Unidos trabaja desde ya en la secesión de La Guaira

En el estado La Guaira se gesta una secesión. Puede sonar escandalosamente exagerado, pero habría que responder que exagerado es el cielo, que no tiene fin, y que hiperbólico es querer apropiarse, por ejemplo, de Groenlandia.
Egos hay que desbordan el lenguaje de la razón con su apetito. El mundo se hace pequeño para el hambre. En un principio, siempre hay incrédulos que exclaman “¡Imposible!”, “¿Quién puede creer eso?”, y hasta de estúpido es moteado quien reporte avistamientos. Alejandro Magno, Gengis Kan y Napoleón Bonaparte son todos ellos egos hiperbólicos.
Donald Trump, de la saga de los imperios, no es la excepción. Aún hoy calcula que  Canadá, Groenlandia, México, Cuba, Irán y Venezuela deben ser sus anexiones, si no todos, por lo menos en parte. Es probable que el cazador de estúpidos aduzca que no es lo mismo, que son tiempos diferentes y que Trump sólamente es un hombre millonario.
Pero el ego no cambia en la especie. Es su sello, la conciencia diferencial. Encuentra que la riqueza exorbitante, la anexión espacial o la celebridad son los únicos mecanismos que hacen justicia a su grandeza. Todo narciso pide estatua. Y ya sabemos que el presidente estadounidense pierde la compostura hasta por una medalla de oro que no le ha sido adjudicada (como la del Premio Nobel de la Paz, de María Corina Machado).
De los tantos objetivos que se planteó morder con su dentadura áurea, Venezuela se le ha dado a la perfección. A Groenlandia le salieron hasta defensores de ultramar. México ofreció guerra, como Canadá. Cuba espera. Irán se batió a muerte.
Los militares del país bolivariano entregaron sin protesta a su presidente, lo cual, para empezar, endulzó la gesta conquistadora del yanqui, quien celebró con millones de barriles de petróleo. Luego siguió el oro. Pero es La Guaira, con sus cataclismos aliados, la que ofrece la oportunidad dorada de entrar y tomar espacios, para nunca más soltarlos.
La doctrina militar del gringo trabaja de manera incesante. Hoy es humanitaria, constructora de refugios para presuntos damnificados; pero, esencialmente, construye fortalezas para la prolongada instalación de su “gobierno completo”. La doctrina militar humanitaria del gringo utiliza la causa noble para penetrar y sembrar.
Y ello hace, en efecto. Ya ensaya en el estado costero su fase ejecutiva. Manda. Dispone. Controla el espacio aéreo. Atraca buques sobre aguas venezolanas. Camina el terreno con carros y botas militares. Maneja la logística. Mapea el terreno. Digitalizar lo que ha de ser suyo. Todo un trabajo que no se compagina con la naturaleza de las labores de ayuda. En fin, gobierna.
Y ya recoge frutos que le dan un olor a propiedad a sus nuevas tierras. Las autoridades venezolanas, en apenas semanas, empiezan a lucir disfuncionales. Los funcionarios y políticos son rechazados. Los diputados Jorge Arreaza y Nicolás Maduro Guerra (“Nicolasito”), por ejemplo, fueron repelidos por habitantes del Urbanismo Hugo Chávez Frías, Catia La Mar, cuando fueron a interactuar con ellos. Poco antes, se había visto a un Diosdado Cabello discutir con un rescatista gringo, que quería hacer lo que quería. La misma presidente encargada no se atreve a caminar entre el populacho, prefiriendo sobrevolar el área. Hubo alianza, sí, pero en el pasado inmediato.
La mordida de Trump en las costas de La Guaira es profunda, de difícil soltura. Como en Haití, donde los estadounidenses instalaron bases militares temporales tras los eventos naturales de 2010, el objetivo es hacer lo propio en la tierra de Simón Bolívar. Es incontenible. La patria gringa así lo requiere, como precisa, también, de Groenlandia, según se dijo. La seguridad nacional y estratégica es inaplazable. Van y vienen a ese país antillano. Controlan cuando quieren su aeropuerto, su espacio aéreo, terrestre y acuático. Le desembarcaron 7.000 tropas con el cuento de la ayuda humanitaria. Le atracaron un portaaviones.
En Venezuela están en eso. Prosperan. El mandato es construir en la cabeza del continente suramericano una base militar con la función estratégica de repeler al enemigo geopolítico (Rusia, China e Irán) y velar por la propiedad de los recursos energéticos, minerales y raros del hemisferio. No se olvide lo dicho, precisamente porque suena a locura: el ego atrabiliario del emperador es capaz de lanzar su candidatura presidencial en el estado La Guaira, para concretar el golpe y cobrar “favores” concedidos. Ya Trump había manifestado su deseo de ser candidato en Venezuela, como Marco Rubio en Cuba. Declaraciones registradas por la historia.


Libre de virus.www.avg.com

sábado, 4 de julio de 2026

Una república caída… ¿Es el fin o vendrá otra?

La caída de Venezuela como república está en proceso… avanzado. Una de sus columnas conceptuales ya se ha quebrado y las otras tiemblan como hojitas ante el viento. El tutelaje que han empezado a ejercer los Estados Unidos sobre el país desde el 03ENE26 fracturó el nervio primordial definitorio. El ideal constitucional, la palabra escrita con sangre universal y patria, el poder formal ciudadano…
Al no haber poder o soberanía que resida en el pueblo (Art. 5, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela), no hay, pues, la idea libertaria que orientó a la Revolución Francesa contra la monarquía como sistema ancestral. Ni hay ese antecedente fundacional de tres capítulos republicanos que legara Simón Bolívar y el resto de los próceres de la independencia.
Del otro lado de la acera hay, en fin, monarquía o imperio. No hay término medio. O son los ciudadanos con su Estado y el pacto social, de un lado; o es el poder formal de un Estado absoluto que dicta la pauta sobre sus tutelas, del otro. El legado universal y progresista de la Revolución Francesa es la erradicación final de ese sistema vitalicio, hereditario y cuasidivino que es un reinado como eje formal político.
Desarrollarse en función de una mancomunidad ciudadana que asienta y respeta leyes es distinto a hacerlo a través de la expansión y anexión militar que las omiten. Lo primero es república ideal y democracia; lo segundo, imperio. Ideales de conquistas del hombre versus arquetipos de convivencia animal. Y Venezuela hoy es una anexión.
Por consiguiente, la teoría y praxis de la soberanía como conquista ejercida por el pueblo están rebasadas desde el momento en que el gobierno encargado de Venezuela aceptó la tutela de una potencia extranjera sobre sus recursos naturales, el 03ENE26, y sobre su territorio, hoy con la catástrofe de La Guaira. Los Estados Unidos, so pretexto de asistencia humanitaria, están ocupando hoy ese estado costero, con dominio militar del espacio aéreo y terrestre, y con su logística asistencial en hora de contingencia. Hay “marines” tipo litoral apostados en el aeropuerto principal de Venezuela y un par de buques están atracados en las aguas bolivarianas. La pesadilla de la Primera República de 1812, que cae, en gran medida, por causa de un terremoto, vuelve ahora para anunciarle la muerte a la Quinta con los eventos sísmicos de La Guaira. Históricamente, entre los intervalos de una república y otra, se es colonia.
Pero, con la soberanía violada, se mueven también las otras hojitas republicanas. Estados Unidos, además, está determinando la orientación de los poderes del Estado, minándolos en su concepción de independencia y autonomía. Ahora critica y recomienda atribuciones para el poder electoral, ora el ciudadano. Ejerce dominio pleno sobre el poder ejecutivo y legislativo, y amenaza al judicial. Para muestra, un botón: ordenó la modificación a su conveniencia de la ley que rige el oro y el petróleo, y pareciera que la Asamblea Nacional fuese el tinglado de sus viscerales deseos en materia de voracidad energética.
Respóndase a la siguiente prueba: ¿es posible hoy en Venezuela hablar de democracia o libertad republicanas sin apuntar a la subversión y la revolución ciudadanas que las restauran?

lunes, 29 de junio de 2026

Se metieron en La Guaira: la doctrina militar de la ocupación estadounidense bajo el pretexto de la ayuda humanitaria

En diciembre de 1999, Hugo Chávez rechazó la oferta de ayuda de los Estados Unidos. Era la Tragedia de Vargas. 450 “marines” estaban listos para desembarcar en las costas con maquinarias. Chávez adujo que el país no requería personal militar extranjero, menos estadounidense, dado que detrás del argumento los gringos encubrían la intervención, la ocupación territorial y el espionaje.
Este capítulo fue apenas el preámbulo de la tormentosa relación del gobierno bolivariano con los Estados Unidos. Entre la izquierda latinoamericana hay la conseja de que "no se puede confiar en el imperialismo, pero ni un tantito así, nada", atribuida a Ernesto “Che” Guevara. Esta sentencia es reforzada por la jocosa idea de que en los Estados Unidos no es posible un golpe de Estado porque en su capital no hay una embajada de ellos mismos.
De hecho, volviendo a la relación tormentosa, en septiembre de 2008, Chávez expulsó a los norteamericanos y su embajada de Venezuela. Fue una medida solidaria con Evo Morales, quien, previamente, había expulsado al embajador estadounidense por injerencismo y comando de la oposición boliviana. Chávez adujo, además, que desde la embajada yanqui en Caracas se conspiraba para asesinarlo, desplegando actividad de inteligencia hacia los cuarteles militares.
El tiempo terminó dándole consistencia a las sospechas del presidente venezolano. La embajada, en efecto, podría haber sido un comando general de operaciones. En 2013, Edward Snowden expuso que los Estados Unidos espiaban a 38 embajadas en el mundo, controlando sus comunicaciones, “sembrándoles” con micrófonos, obligando en secreto a las grandes firmas de telecomunicaciones a entregarle a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) los metadatos de las llamadas telefónicas y mensajería.  
En modo alguno fueron infundados tales temores. Chávez era militar y sabía de doctrinas. Y la doctrina militar de los Estados Unidos en contextos humanitarios es clara y aprehensiva. Se llama Asistencia Humanitaria Extranjera (FHA) y contempla la obligatoria "recopilación de inteligencia concerniente al ámbito político, militar, paramilitar, étnico, económico y medioambiental" del país afectado; tiene como misión reconocer y mapear el terreno, así como identificar los espacios donde el acceso militar estadounidense pueda estar restringido; y perfilar el acceso directo del Comando Sur en las regiones estratégicas de interés para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Pero, atención: el punto más inquietante de esta doctrina es que, si el gobierno de los Estados Unidos asume las tareas de búsqueda, la reconstrucción y el control de las telecomunicaciones (ya dan Internet Starlink), entonces su desempeño debe ser de gobierno completo (whole-of-government response). Es decir, su influencia debe determinar las decisiones civiles y administrativas del territorio, lo cual, como se analice, es una toma y comporta el debilitamiento de la soberanía del país afectado en nombre de una catástrofe que no puede sofocar.
En la actualidad, la presencia militar de los Estados Unidos en La Guaira es masiva, ejerciendo control operativo directo. Es prácticamente imposible diferenciar asistencia humanitaria de ocupación geopolítica cuando el país “ayudado” es la mayor reserva de hidrocarburos del planeta. Dígase, para redondear, que el gobierno interino de Delcy Rodríguez no ofrece resistencia a los norteamericanos y que Venezuela aún está bajo el efecto de la intervención militar denominada “Operación Resolución Absoluta”.
Todo el espacio aéreo de La Guaira está bajo control de aeronaves de última generación: helicópteros pesados MV-22B Osprey y Bell UH-1Y Venom, y aviones de carga pesada C-17 Globemaster movilizando tropas aéreas. Oficialmente, el ejército de los Estados Unidos ya empezó a radiografiar la estructura del Puerto de La Guaira y su sistema de vialidad.
El Comando Sur movilizó sobre las aguas venezolanas los buques de transporte y asalto anfibios USS Fort Lauderdale (LPD-28) USS Billings (LCS 15), respectivamente. Y el Cuerpo de Marines (Fuerza de Combate Litoral-24) tomó el control del Puerto de La Guaira.
Finalmente, asiéntese que la injerencia se torna completa (en el sentido doctrinario mencionado de “gobierno completo”) cuando el presidente de los Estados Unidos habla ya de un financiamiento inicial de $150 millones de asistencia y el embajador John Barrett camina junto al mayor general del ejército gringo, Kevin J. Jarrard, sobre los espacios litorales. Podría Donald Trump decir en cualquier momento, conociendo su locuacidad, que ya adquirió los derechos de propiedad de la costa venezolana y que no hay nadie en el mundo que pueda impedir que ellos, los estadounidenses, fotografíen, sobrevuelen o se queden por largo tiempo sobre esa tierra de desgracias. Es como si el asunto fuese una compensación a su fallido sueño de apoderarse de Groenlandia.
Fatídicamente, este texto no puede desembarazarse de un ánimo profético: pasarán eras antes de que los Estados Unidos y sus apetencias geopolíticas suelten la mordida que le acaban de inferir al territorio venezolano con esa excusa perfecta de la ayuda humanitaria. Será precisa una guerra para expulsarlos, y es precisamente la que está prevista, la guerra de independencia bolivariana.
 


Libre de virus.www.avg.com

sábado, 27 de junio de 2026

Tembló y no hay hoy un Simón Bolívar para dar un sablazo a los curas del desastre

Los místicos explican que las grandes crisis de la historia venezolana coinciden con períodos de alta actividad sísmica. Como bandera, enarbolan el terremoto que asoló a Caracas el 26 de marzo de 1812.  Las tensiones de entonces, la guerra, la pobreza y el sufrimiento habrían herido la corteza terrestre con su emocionalidad corrosiva. En su visión, la tierra no es una piedra descomunal, sino un ser vivo que interactúa con el hombre.
El religioso, por su lado (ser político y dogmático), también dicta su cátedra cuando la tierra se enfurece (según los místicos). Así fue como el fraile Felipe de Quevedo, sobre los escombros de la iglesia de San Jacinto, se atrevió a formular un discurso político disfrazado de religión ese 26 de marzo, Jueves Santo, de paso. Según su arenga, se vivía la “ira de Dios”, un “justo castigo” por haber profanado el orden divino al desconocer al rey Fernando VII, de España.
Simón Bolívar, al notar que estaba amedrentando a la muchedumbre en favor de la monarquía, se dirigió hacia el pilar donde se había subido el dominico y lo tiró violentamente del brazo, desenvainando luego la espada para conminar al motín religioso que se había formado. Militarmente, impuso orden y acatamiento, y movilizó a los sobrevivientes hacia los trabajos de rescate y reconstrucción. Allí profirió su famosa frase, subiéndose al pilar de donde había bajado al clérigo: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca».
Se ve, pues, cómo el místico razona para buscar consuelo divino; y cómo procede el religioso para hacer lo que la Iglesia siempre ha hecho a lo largo de siglos: cizañar para mover al hombre a través del miedo y la culpa hacia el consuelo de la sumisión.  Y se ve, también, cómo siempre habrá de necesitarse de una conciencia superior que zanje lo etéreo con golpes de realidad.
Ese terremoto, con una magnitud estimada en 7.1, destruyó Caracas y mató a 10.000 personas. Como el evento telúrico tenía como marco a una secuencia sísmica que sumó a las fallas de San Sebastián y la de Boconó, asoló también a Mérida y Barquisimeto, destruyendo iglesias y cuarteles patriotas. Tuvo una pavorosa réplica nueve días después, el 4 de abril. Entre tantos efectos que tuvo, determinó la caída de la Primera República de Venezuela, en gran medida porque la catástrofe se ensañó contra los bastiones republicanos (La Guaira, Caracas, Mérida, El Tocuyo, Barquisimeto), matando soldados y destruyendo armamento, y “perdonando” al enemigo realista (Coro, Maracaibo y Guayana).
No se culpa, pues, a los místicos y fanáticos religiosos que buscan acomodar sus razones sobre unos hechos que, aparentemente, parecieran querer dárselas. De eso se ve hoy bastante, a propósito del doble terremoto del 24 de junio de 2026. No ofende tanto la perspectiva del místico como la del fanático religioso, que es como si se dijera político. El místico entra en conflicto con la ciencia; el fanático, con la humana razón. La indignación es la cabalgadura de este último.
En efecto, como en 1812, por allí andan rezando para que Venezuela diluya su republicanismo y se sume a la confederación estadounidense, estado número 51. Ven en el 03JUN26 una señal, como un rayo divino; y han empezado a utilizar el presente terremoto como una argumentación de la destrucción para buscar salvación bajo el ala imperial.
Incluso, algunos parecieran lamentar que no hubiera una mayor destrucción para precipitar sus ansias. Es cosa de locos, que de fanáticos e iglesias se habla. Afortunadamente, el epicentro del terremoto presente se localizó lejos, a 250 km, en Yaracuy. Por tal razón, con todas las bajas que ocasionó en La Guaira, se cataloga como un evento moderado, aunque su magnitud (7.5) haya sido superior a los otros dos terremotos devastadores de Caracas: el de 1812 (7.1) y el de 1967 (6.6).
Estos dos últimos mencionados, tuvieron su epicentro a 25 km, en el litoral. De allí su altísimo potencial destructivo. El de 1812 se considera catastrófico; el de 1967, grave.
A falta de un Bolívar contemporáneo que aplique el sablazo al artero, tienen que bastar la ciencia y la historia para explicar y disuadir pasiones. La crisis republicana que se inició con la captura del presidente del país no necesariamente tiene que derivar en desintegración nacional, apalancándose en el esoterismo de un desastre natural. A una Primera República le sucedió una Segunda, como a una Quinta ha de sucederle una Sexta. ¡Que así sea esa simplicidad numérica de la historia donde jamás calce la noción colonialista!

miércoles, 24 de junio de 2026

El regreso del exilio como humillación postrera para el chavismo

En el curso de la Segunda Guerra Mundial ocurrió un hecho de gran vergüenza para el derrotado. Francia debió firmar su capitulación en el mismo vagón donde obligó a los alemanes a firmar la suya durante la Primera Guerra. Tan icónico es el hecho que bien podría conocérsele como la “humillación de 1940”: Hitler se esmeró de tal modo que llegó al extremo de romper el museo donde el vagón estaba incrustado para regresarlo a su ubicación de 1918 (cuando Alemania se rindió) y hacer que Francia allí firmara su rendición.
Son los humores y avatares de la guerra. El odio, la venganza, la humillación y el revanchismo son parte de la jerga emocional bélica. Los que se van, recurren al arte de reaparecer para ejecutar venganzas; los que han sido derrotados, de pronto, se reactualizan victoriosos en pos de su revancha; y los que han mordido el polvo hasta pueden regresar del más allá, cuales espectros, para demostrar su poderío ultraterrenal.
Como de amor, el hombre es un ser de odios. Es un Aquiles arrastrando durante días el cuerpo de un Héctor sobre la arena. El alma humana pide sangre para equilibrar, como puede pedir flores para celebrar la paz. Tiene una preocupación enormemente animal por restablecer equilibrios y saciedades.
En Venezuela, el 03ENE26 marca una derrota para quien ejerce el poder. Es decir, para el chavismo de nuevo cuño, los mencheviques del socialismo venezolano.  Vino la ultraderecha y dio su golpe, manteniendo aún en vilo el cadáver del derrotado en medio de la vacilación de la muerte. El mensaje simbólico es que la izquierda cae, aunque se trate de una idea degenerada, y la derecha se resarce de toda la humillación recibida durante casi tres décadas de injurias, disfrutando del espectáculo de muerte.
Como la política es la madre conceptual de todas las batallas y la guerra no es más que su continuación instrumental (según Carl von Clausewitz, De la guerra), no hay dudas de que la tierra bolivariana experimenta a cabalidad un conflicto bélico. Tras su zarpazo, la derecha política disfruta su revancha. Sueña con ver al jinete sin cabeza caer de la cabalgadura y con su vagón simbólico para la firma de derrotas. Aspira a su reequilibrio mental e histórico.
Como Hitler, estiliza su cóctel de la victoria. Prepara la mejor de las venganzas contra el chavismo. Y es la de hacer resurgir desde el fondo del inframundo a los espectros políticos que se fueron en exilio y regenerarlos sobre los escombros del ogro caído. Traerlos uno a uno y reconstruir con su simbolismo el país perdido. Cambiar el nombre de la república. Desenterrar cadáveres. Quitar fotos, banderas y estrellas. Eliminar la teoría y la praxis de la organización comunal. Reconstruir la militancia y hacer del país la colonia de siempre, pero abiertamente esta vez, como humillación mayor para el vencido, sin tapujo ni vergüenza alguna.


Libre de virus.www.avg.com

sábado, 20 de junio de 2026

¿En dónde se esconderán cuando las aguas se desborden?

En la era de los satélites no se pierde una aguja en el pajar. El dicho es de los abuelos, cuando los teléfonos eran vasos interconectados por un hilo. Ahora la pregunta es dónde perderse.
Al hecho hay que sumar la persona o el temple del perseguidor. Si el sabueso es un simple mortal, las posibilidades del fugitivo son algo más aliviadas. Pero si se trata de un Estado, minado de tecnologías, como los Estados Unidos, hasta el centro de la Tierra de Julio Verne puede resultar inseguro.
Quienes detentan el poder en Venezuela (el llamado gobierno interino) movieron sus cartas con los hechos del 03ENE26 para ganar tiempo, según razonan sus seguidores y hasta ellos mismos. Desde el perfil ideológico de quien lucha contra el imperialismo, dieron el salto de cabra para aliarse con ese mismo adversario y así salvar el pellejo, y la paz de los venezolanos, presuntamente...
Tal es el razonamiento y casi la posición de Estado filtrados al país con visos de oficialidad. El respeto a la paz, a la ley, al derecho internacional y a la vida, además de una fiera creencia en el diálogo, son los pétalos de la flor discursiva gubernamental que intenta suavizar el hedor de la cobardía y la entrega.
Porque ese es el viento que sopla y el agua que se estrella sobre el pavimento de las calles: en el país avanza una poderosa ola de opinión que los retrata como desertores de un sistema, por un lado, y como apéndices odiosos de algo que ha debido desaparecer del todo, por el otro.
Esto equivale a decir que el triunvirato que gobierna a Venezuela en la actualidad está sumido en un serio problema de afectividad política. Es odiado por los odiadores naturales de la derecha política, por más que se afane en ganársela con sus acciones de camuflaje; y dentro de sus propias filas experimenta un creciente rechazo. Vale decir, se les agosta el país y la consistencia política.
La cruda realidad para estos personajes es que, también, el presunto tiempo ganado ante sus inevitables verdugos se agota. A la situación del acabose interna, se le suma la externa, es decir, el accionar de los Estados Unidos, tutores que, finalmente, serán sus ejecutores. Estos ya afinan su fase final, llamada transición, lo cual da igual llamar elecciones o sustitución política.
Y he allí que hay que hacer la pregunta trágica para el triunvirato: ¿dónde habrán de esconderse Delcy y Jorge Rodríguez, y Diosdado Cabello cuando hayan cumplido su fase de bobos útiles y se resistan al cesto del basurero? La historia no le atribuye piedad al país imperial si sus intereses se tornan riesgosos. Simplemente, ejecutan.
De allí la imagen inicial de este escrito. No hay lugar donde refugiarse cuando la lluvia genere sus inundaciones. Delcy arregló su situación de proscripción internacional, quizás extensiva a su hermano. Pero Cabello es un blanco que tendrá que traicionar más para ampararse debajo del regazo de los extranjeros. Se les carcome el espacio desde adentro hacia afuera y viceversa.
Son carreras políticas que están muertas y que, en efecto, deben buscar la morada final para sus huesos. El drama perturbador está en que una persona tenga que huir hasta después de muerta, no encontrando lugar ni para plantar sus huesos, ni siquiera en el patio de su casa. Podría ser que los de afuera quieran incinerarlos, como dizque amenazaron el 03ENE26, o ponerlos detrás de unas rejas, como hicieron con Nicolás Maduro; y podría ser que los de adentro se ofendan sabiendo que están por allí, cloqueando libremente, como dicen que sonaban los huesos ancestrales de la Rebeca Buendía, de Cien años de soledad.


Libre de virus.www.avg.com

domingo, 14 de junio de 2026

Entre la república y el imperio: del padecimiento político del venezolano

El país padece dos problemas fundamentales, políticamente hablando. Uno es marasmo ideológico, que genera desasosiego en la población y la conduce, indefectiblemente, a la confrontación. El otro es la realidad fáctica con sus carencias o limitaciones (alimentación, servicios, salud), lo cual, también, suele conducir a las masas a la explosión.
Puede decirse, incluso, que tales puntos son delineados universales del comportamiento humano en sociedad. No necesariamente la ambigüedad ideológica o la carestía económica detonan niveles de desdicha en el ser humano. En sociedades “avanzadas”, dígase de primer mundo, la unicidad de pensamiento o el abrumante bienestar socavan la felicidad de ese animalito intranquilo llamado hombre. De un tiempo para acá, las evaluaciones sociológicas han tipificado el suicidio como una constante en esos paraísos.
Tendríase, pues, que concluir que no hay manera de hacer feliz al ser social. La disconformidad parece ser un lastre de su complexión psíquica. Ambos rasgos, idea y realidad (o espíritu y cuerpo biológico), aparentemente antitéticos, rigen su comportamiento explosivo en la polis, como ya desde antiguo lo señalara Aristóteles. El hombre es un animal político.
Este ser de ideas y de padecimientos realistas u orgánicos es la figura con la cual tienen que lidiar las teorías políticas de todos los tiempos. Explicarlo, comprenderlo, consolarlo, conducirlo, cualquiera que sea el sistema político que lo enmarque. Háblese de república o monarquía; o de izquierda o derecha.
Después del 03ENE26, con la irrupción de la violencia contra la soberanía republicana, ambos padecimientos se han acentuado en Venezuela. En términos ideológicos, el país parece querer enfrascarse nuevamente en la típica polarización jacobina y girondina, de izquierda y derecha, república e imperio. La histórica y revolucionaria república frente a la amenaza monárquica.
No se habla de que haya el riesgo de que en Venezuela se proclame un reinado, encabezado por la líder de la derecha política. Pero agobia el hecho de que la agresión extranjera haya descolocado los pilares de la historia bolivariana, así como la percepción de que el mismo republicanismo se preste para su propia disolución. Y que pueda concretarse, después, la abominable idea de que en el país se establezca, oficialmente, una colonia o protectorado, como parece pintar la actualidad. Esto ha puesto a la fiera de las ideas a caminar frenéticamente dentro de la jaula. Desde afuera hay palos y piedras que le caen para azuzarla.
Es verdad que, romanamente, el modelo de república nació siendo sucedido por el de la perenne monarquía o imperio, como propuesta a la incapacidad política del hombre para distribuir justicieramente el poder entre la ciudadanía. A esa idea gremial de filósofos y soñadores fracasados (la república), se antepuso la imagen de un solo hombre encarnando el poder de manera pragmática para remediar problemas concretos de la gente (el emperador). Es decir, el nacimiento de la república como idea comportará siempre el temor y la amenaza monárquicas como correctivos.
Tal es el agobio existencial del animal político en su polis, Venezuela. Por otro lado, en términos pragmáticos, está esa otra realidad que incide en la explosividad humana, exacerbada después de la fecha indicada, como se ha dicho. A los gestos de descomposición republicana, como la cesión de soberanía y la creación o modificación de leyes complacientes con lo imperial, se suma una realidad de adversidades ciudadanas. El país experimenta una inflación cabalgante, un deterioro peligroso en el suministro de los servicios, una quiebra consolidada en los rubros educación y salud, y un desmontaje raudo de programas compasivos sociales. Las famosas misiones de la era chavista están siendo desprogramadas y, al parecer, el esquema abanderado de la república socialista venezolana, como lo son los consejos comunales y las comunas, tendrá el mismo destino.
De manera que vive el venezolano las dos vertientes clásicas del malestar cívico: idealismo y realismo, por expresarlo de una manera cómoda. Y las vive, precisamente, en medio de una circunstancia precipitada y de ruptura, con funcionarios extranjeros caminando en su país, extrayendo unas riquezas que podrían explicar los costillares de la pobreza ciudadana.  Parece, pues, que el venezolano, en tal sentido, es un ser social íntegro para la explosión.
 
 
 
 


Libre de virus.www.avg.com

sábado, 13 de junio de 2026

El tren rojo del pasado

Para expresarlo gráficamente, dígase que el tren llegó a una parada complicada. El tren rojo… Se le informa en el sitio sobre la vialidad y la dificultad con su carga. Tiene que regresar, le ordenan unos inspectores con el ceño muy fruncido.
El tren rojo puede ser un país o una persona. O una visión de mundo. Pero, en cualquier caso, se le alega inaceptabilidad. El mundo tiene otra coloración, incompatible con ciertas tonalidades, como la suya. Tiene dueño y no se pueden aceptar disformidades.
Soñar y ser distinto es imperdonablemente molesto. El sistema se desgasta procesando rasgos diferenciales. Regresar a los talleres, desarmarse, rearmarse y, sobremanera, pintarse de otro color. Es la licencia.
En el mundo ajeno no se toleran ni presuntuosos ni locos que se crean de otra especie. La única clase y forma aceptables es la obediencia. No importa que, siendo el mundo así, parezca ancho y ajeno. Eso sería problema de los disconformes, parias permanentemente depurados. Finalmente, es cosa del dueño. Venir con cuentos de redecorados y otros candiles perturba el ecosistema libertario. Esa paz, tanto de vivos como de muertos.
Tampoco hay tiempo para oír historias, por más que se presuman hermosas. El mundo no puede ser cambiado y punto. Le pertenece al futuro, y eso es una línea tendida al frente, sin cuestionables cálculos ni lógicas aberrantes. Ha de comprenderse que, cuando el mundo es de uno, el resto vive la felicidad de no hacerse cargo. Simple. Su coloración ideal tendría que ser el blanco, la distinción del todo o de la nada.
De manera que debe girar el tal tren rojo, en forma de U, y dar marcha hacia atrás. Tuvo su oportunidad. Recorrer los rieles del pasado tiene que ser su segundo viaje. Su incentivo: haber avizorado, por momentos, el poder y la potestad del Señor en la tierra futura, y prepararse para volver con el formato requerido. Además, disfrutó del paisaje, rápido y lejano a sus costados. Se le da garantías de que el camino de regreso al pasado permanece en buenas condiciones y jamás se daña.
Después de instruírsele en el rechazo y firmar obligaciones, el tren debe aceptar la incineración de su carga. Es más fácil el cambio si, de facto, se empieza a dejar de ser. Entregar sus pertenencias. Arrodillarse y jurar, como ante un señor feudal, para evitar el borrado en el porvenir.
Y esos pasajeros asomados desde las ventanillas deben ser regresados hacia sus orígenes remotos o míticos, hacia un tiempo donde puedan bañarse en las aguas del Leteo, pasando el río Estigia, ensayando mil veces el futuro buscando El Dorado. Una y otra vez naciendo, repitiendo la historia, como medidas reeducativas.


Libre de virus.www.avg.com

domingo, 7 de junio de 2026

Las elecciones presidenciales de Venezuela en 2027

El río ha empezado a resonar. La palabra “elecciones” ya se perfiló entre el montarrascal. Por supuesto, hay muchos murmullos entre las briznas de los montes. Pero “elecciones” fue escuchado por los simples mortales, esos a quienes se les dosifica la realidad y se les modela el pensamiento con las redes sociales y las mentiras verdaderas.
El Departamento de Estado llamó al gobierno encargado de Venezuela para instruirlo. Marco Rubio, el secretario de Estado que no ama ni a cubanos ni a venezolanos, dio su veredicto. María Corina Machado lleva meses trabajándolo para incidir en Donald Trump en relación con las elecciones. Y dijo a Delcy Rodríguez el gringo que había que ir preparando las condiciones.
Se vienen, pues, las elecciones. No ahora, como dijera el mismo Rubio y la congresista mayamera María Elvira Salazar. Pero tampoco en el plazo de la previsión constitucional. Serán en 2027.
Cuando el Departamento de Estado llama a la presidente encargada para instruir una ley, operativo o incursión, da plazos muy breves para su ejecución. No de diez minutos, como explicó Jorge Rodríguez en la reunión secreta del PSUV. Tampoco así. Son lapsos semanales, por mencionar un plazo, sin embargo, relampagueantes en políticas, en verdad apremiantes.
No debe haber “presos políticos”, dijo Machado a Rubio. Y éste se lo dijo a Delcy, y pronto se le oirá también a Trump, como si fuera idea de su cuño. Es simple imaginación. Diosdado Cabello, que también recibe llamadas, dejó entrever en unas pantanosas declaraciones que no habrá elecciones en ningún 2030. Había que vaciar, en fin, el Helicoide, y soltar a las avecillas, inocentes o culpables. Rubio siempre remacha sus palabras con el recuerdo del acuerdo alcanzado con la presidente encargada, a quien le reflota que le perdonó la vida. También dejó instrucciones sobre los directivos del CNE, donde siempre hay que purgar con celeridad.
Para los efectos, no importa tal impronta, si los presos son monstruos o santos. Hay que liberar. Es la orden. Las leyes de la república importan un bledo si quienes mandan en Venezuela son los Estados Unidos. Que nadie se engañe. Hay que apremiar esa ejecución de la Ley de Amnistía. Al país deben volver, también, todas esas avecillas políticas que volaron en el exilio. Urge conformar el nuevo ecosistema ultraderechista que habrá de purgar al chavismo y su horrible ideología del país.
Tampoco importan un carajo los plazos constitucionales. Las elecciones vienen. 2027. Si la Constitución manda a escenificarlas en 30 días (falta presidencial absoluta) o en 180 días (la falta temporal del TSJ), es irrelevante. Venezuela está tutelada y punto. Manda el gringo. A una gente que no respeta el derecho internacional poco debe importarle la legislación de un pobre rico país petrolero.


Libre de virus.www.avg.com