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viernes, 17 de agosto de 2012

Hasta que la guerra nos coja

I

Atomo El rollo en el Medio Oriente sigue allí a diario, en llama insistente.  Yo como, tú bebes y ellos juegan por allá o por aquí a los lejos, como si la vaina nos fuera con nosotros.  Y lo es, de hecho, si no pensamos en ello; si vemos TV, damos un beso al ser querido y nos servimos una copa.  Como reza el refrán, “Ojos que no ven, corazón que no sufre”.

Se dirá, en fin, que es como un cometa que se dirige a chocar contra la Tierra, exterminándola, sin que nosotros lo veamos ni sepamos nada.  Así, podría decirse, se vive en paz hasta el último minuto, despreocupado de tan funesto porvenir.

 

II

Y es cada quien está en su derecho. Nadie lo criticará.  Nadie tendrá que venir a mí, por ejemplo, a decirme que tengo que sufrir antes de tiempo, antes de que me llegue la segura muerte, el choque contra el meteoro, momento cuando coronaré el sufrimiento previo.  “Se acabará el mundo ─imagino decir─; corran.”  Laméntense, prostérnense, quéjense, entre otras tantas formas de exhalar suspiros.

Una estupidez, ¿no?  Igual vendrá.  Felices los hippies con su antihistoria y contracultural indiferencia.  Habrá quienes que, en medio de tal onda de amor, paz e indiferencia podrían disponerse a realizar un sancocho a la orilla de un río, festín que llevarían a su fin aun bajo la contemplación del temible meteorito surcando los cielos.

 

III

Pero hay gente que se preocupa, que se la pasa pendiente de los signos, que los estudia, que hace de ellos su oficio, aunque al final igualmente muera como los felices indiferentes mencionados, si es que el cáncer de su misma preocupación no la liquida antes.

Porque en la naturaleza todo está dispuesto a perfección:  unos para contemplar, otros para oír y otros para ignorar.  Igual el mundo avanza y es un súmmun de armonía.  Son roles de calculada evolución planetaria.   Póngase como se quiera:  unos que comen, otros que son comidos y otros que contemplan.  Nadie negará que así no sea la vida.

Después de muerto es difícil saber qué diferencia hay entre morir a conciencia o huéfana de ella.

 

IV

El presidente de Israel, Shimon Peres, recién declaró que su país no se encontraba bajo la capacidad de atacar solo a Irán, su archirrival en la región.  No obstante a diario su país también declaraba que atacaría, que bombardearía, que exterminaría la amenaza nuclear que representan los persas; y en ocasiones han asomado que lo harían inclusive sin el aval de su principal aliado, los EEUU.

Discursos son, por supuesto, cuanto más de guerra, más irreales o irracionales.  Nadie cuestiona ese cuento.  Total, es la guerra, esa misma que en los refranes echa mano a cualquier argumento, como en el amor, para rendir a la otra parte.  Inclusive bajo la eventualidad de su acaecimiento, bajo el ruido sordo o monstruoso de la explosión de las bombas, siempre habrá parias culturales (¡si pudiéramos darle un buen sentido a esta expresión!) que continuarán con su fogata cerca del arrullo de las aguas, disfrutando de un tajo de carne asado o una deliciosa sopa; lógicamente, esto si la explosión no es tan poderosa que acabe con los ríos y las tierras sobre la cual hacer vida.

 

V

El lío está encendido.  Los actores en concierto no son tales o los más importantes, como ilógicamente hay que decirlo.  Irán, Irak, Siria, Israel, Líbano, Libia, Turquía, Palestina y árabes en general cayéndose a puñetazos no constituyen el póster protagónico, aunque sí pueda serlo su entarimado.  Sombras, pelusas, entelequias, criaturas que padecen de irreales sensaciones humanas con pretensiones de existencia (me recuerda a un personaje de cuento de Jorge Luis Borges), una no vista obra de teatro donde insólitamente el ambiente dramatiza y el espacio son las personas.   No existen más que como teatro donde se derrama la sangre y se siente el dolor de las heridas.  Piezas del ajedrez tumbándose entre sí, movidas por la superior mano.

La representación arde, humea, continúa.  Por encima está el espíritu que planea, el dador o quitor de realidades (con el permiso de la palabra), el verdadero responsable.  Sí, ese dios como el de los hombres de madera o de maíz del Popol Vuh, ensayados para inaugurar nuevas eras.

Fuera del tablero siempre estarán los mencionados hippies, recoge-latas o dementes celebrando o conmemorando sus alegrías o penas a las orillas del Guaire, hasta que venga también el espacio, el efecto de la explosión universal, y los protagonice.

jueves, 2 de agosto de 2012

El Consejo de Seguridad de la ONU y Siria, ¿cuadrilátero último de la paz mundial?

I

Consejo de Seguridad, ONU Al ver cómo se deslizan los hechos en el Medio Oriente, en tierra Siria para lo concerniente, se puede presentir que algo está por reventar, no refiriéndonos a la guerra, claro está, porque de todos es conocidos que ésta ya empezó hace rato (al menos la guerra parcial y solapada de Occidente contra Siria, que no una guerra mundial, lo cual siempre será el verdadero peligro a reventar).

Nos referimos a la otra guerra, la que se libra en los espacios de los protocolos, de la formas, de la instituciones, de las convenciones, de la diplomacia..., y que de ordinario contiene a las partes confrontadas y las aterra a acuerdos después de cortas o largas conversaciones, de pulsos abiertos o disimulados, de guiños o cumplimientos obligatorios de normas; evitando el temido evento de la guerra directa entre las potencias, normalmente tras bastidores.

Es decir, para que las partes reales de poder se confronten directamente en medio de una guerra total debe fracasar primero el formato de contención institucional y de la diplomacia, encarnado en los actuales momentos en los espacios de discusión de la ONU, cual el Consejo de Seguridad.  La preguerra.  Allí las partes en desencuentro ostentan su lustre digamos de civilización antes de decidirse a hundir sus botas en el barro bélico (o lo hacen cuando ya calladamente lo han decidido).  Despliegan o agotan el cartucho de la cultura que insufla en cada una de las partes; hacen alarde de alianzas, de palabras bonitas o ingeniosas, de ilustración, de conocimientos, de ciencia, de historia, con el propósito de persuadir al contrario; deliberan y votan, como en las viejas ágoras de los antiguos antes de emprender una guerra o decidir no empezarla.

El discurso de la no-guerra prende en los espíritus y cada quien lo esboza como plaga a evitar para la humanidad.  Se habla siempre de paz, de historia, de masacres, de violación de los derechos civiles, de genocidio, democracia, invocando leyes, y cada quien parece lanzarle al otro a los pies el terrible cadáver de la guerra, sea ya como recordatorio fatal, sea ya como virtual acusación de villanía, como amenaza, como descalificación del contrario en todo caso.

En la contienda de las palabras cunde el esperpento de acusar al contrario de villano o bárbaro y de erigirse a sí mismo como salvador o benefactor; a cualquier precio y forma, bajo cualquier inusitada palabra o mecanismo, al amparo de una arreglada mayoría o cofradía.  El objetivo siempre será vencer en el ínterin de los sofismas, de las ágoras o senados griegos, donde sabemos la razón es un parto dialéctico en divorcio con la real contextura de la humanidad; obtener los votos necesarios ha de ser la meta para luego revestirse de legalidad y actuar consiguientemente, como corresponda actuar, bárbaramente o no pero en legalidad, como se dijo, lo cual figura extender una suerte certificado civilizatorio sobre las futuras acciones a acometer.

Son los juegos de la preguerra, contorno calculado del entrecruce civilizatorio para conciliar diferencias.

II

Hoy está a punto de reventarse la cuerda de tal contorno, con el riesgo consabido de la confrontación directa, peligro este siempre negado por los civilizados analistas (ya los oigo:  el mundo ha aprendido mucho para caer tan simplemente en una nueva gran guerra).  Como decir, si se cae la forma, se quiebra el cristal y se derrama el contenido.   Hasta hoy, después de la última gran guerra, las partes de poder se han enfrentado a través de terceros, peones representativos de sus intereses; ahora, con el comportamiento despectivo y violatorio de las formas protocolares por parte de los EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU, no parecen salvarse los institucionales argumentos de contención.

Esto es, si se agota la preguerra, el juego de los pulsos dialecticos, ¿qué queda?  Es decir, si se acaba el juego de los pretextos confrontatorio a través de otros...

La embajadora de ese país ante la ONU declaró que EEUU haría lo que tendría que hacer para deponer al gobernante Sirio, como los hizo en Libia, no obstante la renuencia de preponderantes miembros del Consejo de Seguridad al respecto, Rusia y China.  En fin, fin del juego.  Acabose de la forma, caída del telón y desmantelamiento del teatro de las conversaciones.  Pase a los hechos.

III

El antecedente más rápido es Irak.  Entonces los EEUU volaron por encima de las resoluciones de la ONU y bombardearon, facilitando el derrocamiento de Saddam Hussein.  Luego, ocupación, toma del petróleo, afincamiento de poder geoestratégico y debilitamiento consiguiente del contrario geoestratégico mundial, Rusia y hasta China.

Hasta ahora no hay resolución respecto a Siria, pero los EEUU parecen no aguantarse.  Ciertamente no hay resolución prohibitiva que violar porque Rusia y China se han negado a caer en la jugada de votar una para que luego sea burlada; y los EEUU no han incurrido (aún) el abierto descaro del bombardeo aéreo sobre Siria, en pleno rostro opositor Ruso o Chino; pero han hecho lo que dijo la embajadora que harían e infiltran mercenarios a granel a desde Irak, Turquía, Jordania, Egipto, Líbano, Sudán, Somalia, afianzando a los Contras sirios.  ¿A qué bombardear con aviación si compensatoriamente las fuerzas terrestres mercenarias permiten burlar las apariencias y suplir el defecto aéreo?

 

“En fin, fin del juego.  Acabose de la forma, caída del telón y desmantelamiento del teatro de las conversaciones.  Pase a los hechos”

 

La aviación impide la debida defensa del objetivo y posibilita su posterior toma por las fuerzas terrestres, incluso sin que éstas se cuenten en gran número. Irak y Libia son el muestrario.  En su defecto, o sea, ante la imposibilidad de aplicar el recurso aéreo, multiplican el terrestre, que no es comprobablemente evidente (“¡Demuéstramelo, pues, yendo al terreno de los hecho!”).  Al decir de Siria, 60 mil mercenarios la han penetrado hacia Damasco, capital del país sobre el cual aún no existe una resolución de guerra, pero que es atacada desde todos los ángulos terrestres sin la evidencia del escándalo aéreo y sin contemplación de nada ni nadie.

IV

De forma que la grosería imperial de los EEUU, su Europa y su OTAN quedan al desnudo.  Su desprecio por el orden del mundo y la institucionalidad que lo rigen es olímpico.  Desmorona con su actitud y acciones lo poco que en el mundo queda de ONU o Consejo de Seguridad.  Se burlan, en fin, del árbitro y tientan al caos implicado en su desconocimiento.  Con ello, inundan de ofensión e indignación a las partes activas en la organización (Rusia y China), quienes una vez más (como cuando Irak y Libia) quedarían ante el mundo como payasos monigotes para el escarnio.

No bombardean a Siria, es cierto; no logran instaurar sus soñadas coordenadas de vuelo para sus naves, pero abren brechas en las fronteras sirias y envían sus mercenarios.  El objetivo, como se dice, es Irán, y no tanto Siria por Siria.

Así los reveses que representa la renuncia chino-rusa en el Consejo de Seguridad ante sus planes expansivos, son exorcizados, suplidos.  Y cumplen, pues, como dijo la embajadora, con sus metas de hacer lo que tienen que hacer.  Punto.

Peligroso tentar de la suerte, de la paciencia del contrario, del accionar de tantos pueblos, incluso de aquellos que no están metidos en el cuento (cree uno: todo lo humano afecta: nada humano me es ajeno).  Uno mismo por acá, donde no se oyen las explosiones, aparentemente ajenos a los acontecimientos, en realidad explota en indignación:  no es posible que la progresiva hegemonía de unos pocos rubrique como “idiotas” al resto de quienes habitan este mundo.

V

Expuesta así la locura, Rusia y China tendrían que responder para mantener, por un lado, sus intereses y, por el otro, como efecto, el equilibrio de los polos de poder en el planeta.  Responder a través de otros, en la medida en que los espacios de la preguerra lo permitan, es decir, a través de terceros:  armando al ejército sirio e iraní, adiestrándolos, sumándoles también mercenarios.  No sería trampa devolverles la moneda a los estadounidenses y occidentales. Sopa de su propia sopa.

Y caído el espacio de la preguerra, actuar directamente, con tropas, como una vez asomó China hacia su aliado ruso.  Si no hay ONU, no hay árbitro; ergo, el caos y el actuar libremente es la consecuencia natural, según la razón de los armamentos.  Si se desinstitucionaliza el mundo, muta la civilización, adviene el gen de la guerra nuevamente, emergiendo de lo recesivo.

La otra cara de la moneda, el no-hacer y cruzarse de brazos, es la resignación a que el mundo tiene su amo:  los EEUU y la OTAN.  En el terreno, significa perder geoestrategia, socios económicos, políticos y militares.  Los rusos perderían sus contratos y el pequeño puerto que cultivan en Siria, pero mucho más les acaecería con la caída de Irán, hacia donde finalmente apuntan los cañones occidentales; y a los chinos les sucedería un tanto igual.  China es un devorador de petróleo que no puede darse el lujo de perder un potencial surtidor de país libre como lo es Irán hoy; privatizado bajo el armamento estadounidense, tendrían poco menos que arrodillarse para seguir alimentando su fabulosa infraestructura energética, y nada menos que ante el rival energético (las proyecciones colocan a estos países seriamente enfrentados por el surtido petrolero).

Ante el nuevo orden geoestratégico mundial al que podría apuntar la toma de un leve país como Siria (¿la Polonia de la segunda guerra mundial?), rusos y chinos conminados quedarían a ocupar sus puestos en la flamante configuración, sea ya en una última y debilitada alianza binacional (en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái, OCS), sea ya subsumidos en sus fronteras nacionales para defender lo que les queda tierra adentro.  Porque no existe polo de poder estabilizador en el mundo sin el concurso neutro del Medio Oriente (es decir, libre), madre de la mayoritaria reserva planetaria de hidrocarburos, paisaje de ingentes mares y extensísimas tierras aún no exploradas del todo (Irán no ha explorado la totalidad de su territorio en la busca de petróleo).

Quien tome el Medio Oriente se impone y manda al diablo la bipolaridad de poder que a duras penas parece existir en el mundo; hegemoniza el planeta.  Gana, para decirlo infantilmente, como provoca.  Se hace emperador. Inaugura ese insólito III Reich etnocéntrico, tan temido y abominado en la historia.