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martes, 18 de julio de 2017

LA PARROQUIA SAN JUAN, DE CARACAS, SE ACTIVO CON EL SIMULACRO CONSTITUYENTE

El día domingo 16 la parroquia San Juan se activo con el simulacro de elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente.  A las 9:00 am empezó el proceso en la plaza Capuchinos, en la escuela 19 de Abril, y se extendió hasta que quedó gente en la cola de votación.
El Equipo Político Parroquial, las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCh), miembros del Comité Constituyente Popular (CCP) y otras delegaciones comunitarias aportaron presencia y esfuerzo para convertir la cita en un éxito.
La actividad se ejerció como un ensayo con vista a la elección constituyente del 30 de julio, aparte de que, en lo político, se traduce en una medición de operatividad y respuesta de la militancia del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Como se ha explicado incansablemente, la constituyente es un recurso democrático convocado por el presidente de la República, Nicolás Maduro, con el propósito de concitar la paz y el entendimiento entre los venezolanos, y así combatir la facción terrorista opositora, mil veces llamada infructuosamente a diálogo.
En la parroquia San Juan la oposición instaló tres puntos para realizar su ilegal procedimiento de plebiscito, no obstante respetado por los parroquianos.  Habría que preguntarse, imaginarse por unos segundos, si un toldo del PSUV, constituyente lógicamente, hubiera sido tolerado en los espacios donde ellos tienen sus baluartes guarimberos, como en el municipio Chacao.  Fijaron un punto a pocos metros de la esquina El Carmen, Puente Arauca; otro, cerca del Colegio Ezequiel Zamora Quintana y uno más en el Bloque 1, de El Silencio.  Todos en la notable paz que acompaña a procesos con escasa participación.
A continuación,  para virtualizar aquello de que una imagen cuenta más que mil palabras, se coloca un vídeo que muestra algunos pormenores del evento, la asistencia, la tenacidad del elector debajo del sol, la gran cantidad de personas de tercera edad que apoya el proceso abierto a la historia por Hugo Chávez.  



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martes, 11 de julio de 2017

LEOPOLDO LÓPEZ Y LUISA ORTEGA DÍAZ: INTERCAMBIO DE PRISIONEROS

Después de asegurar su carnet bolivariano de trabajo entre las profundidades de sus ropas, de tal modo que no se descubriese que trabajaba para un ministerio de tan tiránico gobierno, el opositor alzó la palabra en medio del maremágnum humano del metro de Caracas para denunciar la jugada del gobierno.

─No les hablaré de la constituyente, de su fraude…  ¡En modo alguno!  Denuncio las movidas políticas del régimen tiránico, veladas para la mayoría.

Había decidido hablar desde la estación plaza Venezuela en adelante, seguro de que sus despreciables compañeros de trabajo, pobre gente del Oeste, ya no podría descubrirlo en una actividad política contraria a lo que laboralmente aparentaba.  La mayoría vivía en Catia, Caricuao, estado Vargas, La Vega, 23 de Enero.  Se le había dañado el vehículo y, consiguientemente, debía abordar la unidad pública de transporte.  Y aquel gentío lo enervaba, retorcía su vena política, tanto tiempo relajada.  Sentía un implacable deseo de aportar su cuota de lucha en el combate por la libertad de Venezuela.

─Les hablaré de Leopoldo López, el preso mártir.  Todo el mundo sonríe, sí, diciéndose, feliz, que se le ganó la partida al régimen y se le obligó a claudicar, a liberarlo.  ¡Que el régimen tuvo miedo!  ¡Que cien días de protestas doblegaron!...  ¡Insensatos!

Hablaba con ojos encendidos por la cólera, y la gente callaba, mirándolo como se mira, monótonamente, a cuanto demente se le ocurre gritar en público, vender cualquier baratija o mendigar.  Se desplazaba con lentitud por el vagón, asumiendo locuazmente que todos compartían sus ideas, casi reprendiendo a quien lo contactaba visualmente.

─No echan de ver que es una jugada orientada a anestesiar, a causar modorra, a dar la impresión de que lo poderes públicos son independientes y separados de la voluntad del dictador.  ¿De qué te ríes tú?  ¿Y tú, y tú? ─arengó a un grupo de jóvenes que reían su espectáculo─.  Les aseguro que no hay razones para estar contentos en la lucha.  No es victoria alguna.  Es un anzuelo con carnada para tontos.  ¡El régimen sólo aspira confundir, crear la sensación de ecuanimidad para, ¡zas!, descabezar  en breve a Luisa Ortega Díaz, la fiscal patriota!

La estación Chacaíto lo vapuleó un rato con el flujo imposible de personas, obligándolo a callar y a recogerse un poco; pero apenas arrancó de nuevo el metro, volvió con su cántico.

─Soldado:  el régimen no esperará la constituyente para descabezar, sino los cinco días que anunció el Tribunal Supremo de Justicia.  Es lo que hay que leer entre líneas, y no sonreír como idiotas pensando que la lucha se gana al momento.  ¡Por favor!  Leopoldo López libre, o preso en su casa, como sea que lo interprete la estupidez, es sólo el preludio de un feroz contraataque del régimen.  Viene con todo, y no es posible quedarse de manos cruzado.  ¡Hay que salir a la calle!  ¡Proteger a los baluartes!  ¡Seguir con la presión en la calle, con el paro, el saqueo, la oposición feroz en las vías públicas hasta que el apoyo extranjero amigo llegue y termine torciéndole el pescuezo a los inmorales!

De pronto calló y muchos de los presentes, apretujados incómodamente, centraron en él sus miradas con expectación, como si lo odiasen.

─Señor criticón ─digo una señora con voz burlona─, ¿es este su carnet de empleado público por casualidad, que se le cayó al piso?

El opositor amarilleó, empezándole a temblar el cuerpo.  Repentinamente su voz se hizo trémula, como sus propios huesos.  Se le había caído su identificación de trabajo, tan afanadamente escondida entre su camisa, peligrosamente encintada con color rojo.  Agradeció sonriente a la señora, tomando la ficha con decisión, y a partir de entonces, hermético, contó la eterna llegada de su estación destino, Chacao.

─¡Escuálido sinvergüenza! ─le gritó un pasajero cuando, finalmente, se abrieron las puertas y pudo salir huyendo del vagón, como perro apaleado con el rabo entre las piernas.  Secó su sudorosa frente y tuvo la palpitante certeza de que, de modo abrupto, se había salvado de la muerte.  Aquel vagón, lleno de chavistas u opositores, había perdonado su vida.

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