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miércoles, 30 de junio de 2010

Inesperado crecimiento preferencial de Hugo Chávez sobre un marco de adversidad da la señal de que es necesario aplicar “mano dura”

Mano dura Después del problema eléctrico e hídrico en el país, y luego del último rollo con los alimentos en putrefacción, además del encono mediático por empeorar la percepción del paisaje político venezolano, cuatro temas regurgitan en mi cabeza de analista popular político (así digámoslo, puesto que no ostento título de “sesudo” académico en la materia, aunque me la paso en la calle filmando con mis ojos la diaria vida).  A saber:

  1. Hugo Chávez, de acuerdo a encuestas, sube en la preferencia popular, aumentando su popularidad, rayante en un 60%.
  2. La inseguridad nos mata
  3. Corrupción y motorizados desmoralizan
  4. La lamentable oposición política venezolana luce desguarnecida
  5. Las elecciones para la Asamblea Nacional se presenta como un extraordinario reto de consolidación y continuidad político.

Ello a grosso modo, teniendo en cuenta que los cuatro puntos son una suerte de corolarios de subterráneos procesos, que acomodaticiamente condensamos en breves palabras.

Los puntos de la inseguridad, corrupción y motorizados, que conllevan a incidir en una apreciación maltrecha de la autoridad reinante en el país, es un tema que a diario se presta para que quienquiera desee criticar por criticar se aferre de allí con gran vehemencia.  Por ejemplo, para tomar un aspecto nomás, la expresión típica y resumante de cualquier arrebato opositor es “¡Mira la calle, chico ─señalando a un motorizado─, no hay autoridad!  A este país se lo llevó el diablo.”  Demás está decir y recomendarle al presidente Hugo Chávez que una acción poderosa de ejercicio de la autoridad combatiría en amplia medida el problema y enviaría un mensaje de fuerza a la población (si usted quiere elector), de conciencia y presencia estatales.  ¡Caramba, si el mismo contrato social así lo exige:  usted, ciudadano, desiste de su comportamiento selvático y salvaje y deja en manos del Estado su control para cuando experimente un desbordamiento!  A cambio, usted tiene derechos.

Así de simple, como medida rápida a la mano, si se quiere efectista para quienes quieran ejercer la crítica y enarbolar el consabido clisé de la aplicación de “paños calientes” o maquillaje, que esencialmente nada resuelven.  Pero, antes de continuar desarrollando el punto y pasar a recomendar lo que recomiendo, dejo un acto de conciencia sobre lo esbozado:  el cambio de matriz cultural para exorcizar el problema de la corrupción e inseguridad sabemos radica en un progresivo adecentamiento moral, socioeconómico y educativo, nada subsanable, fundamentalmente, con eventuales encarcelamientos de corruptos y abatimiento de delincuentes. Dejo, pues, bien sentado el clisé, si es que un clisé se puede clavetear aún más sobre el piso semántico: los paños calientes no curan, sino, como sabemos, ejercen su efecto sobre los síntomas, las percepciones y las apariencias, si es que queremos traer estas palabras a colación.

El aspecto político ─aquí voy─ no debe perder su perspectiva y sincronía práctica con la realidad.  En momento electoral como el presente, cuando se apresta la Revolución Bolivariana a consolidar una fuerza operativa en la Asamblea Nacional, conscientes de que los correctivos no han tocado el fondo progresivo del problema en cuanto a corrupción e inseguridad, se impone apelar a las medidas inmediatas a la mano (seguimos con los paños calientes), de ejercicio de la autoridad al menos, no importa que atacando el cariz de la problemática y no sus raíces.

¿Por qué semejante cinismo político, del que  muy argumentadamente se me podría acusar?  Es simple:  existe un ambiente electoral y un sistema político que basa su gobierno y estadía en el arbitrio popular, en el voto, mismo que es necesario procurar.  Para el subsanamiento de los problemas de fondo baste saber que se trabaja en ello, que el proceso es largo y que el liderazgo del presidente Hugo Chávez es garantía de moralidad y compromiso hacia ese sentido.  Por el hecho de que la solución a la corrupción y la inseguridad amerita quizás el decurso de una generación completa no hay que cruzarse de brazos, enviando un mensaje de inoperancia a la población, electora ella.  Asegurar la preferencia electora es garantía de continuidad y de espacio para seguir con el trabajo de educación de masas.

Se debe ejercer acto de presencia y de fuerza estatal y constitucional, lo que nosotros en nuestra jerga llamamos “mano dura”, autoridad, como bien faculta el llamado contrato social.  No es posible que en nombre de protocolares pruritos de una honestidad que ya no es política sino académica se pierda la preferencia electora, de cara como estamos ante un evento de elecciones.  Lo político honesto es saber cuánto se tiene de arraigo en las masas y cómo sostenerse.  Es el uso de la técnica sin sacrificar la ciencia.  Es el manejo de la forma de modo tal que no perjudique la esencia.  Y claro estamos que para seguir luchando por un modelo socialista, según armamento democrático al alcance en el presente, es necesario mantener el voto y la preferencia electoral del pueblo, dado que el avance conquistador de este modelo pide mucho más tiempo.

La aplicación de la “mano dura” es una medida necesaria, con todo y lo dicho sobre que parezca un paño caliente, pero también con todo y lo dicho sobre que capta votos, da una sensación de presencia y acción estatal.  Lo demostró el mismo presidente Chávez subiendo en las encuestas luego que le declarara la guerra a los sectores económicos, metiera entre rejas a unos cuantos y castigara constitucionalmente la lengua de muchos.  Y ello es doblemente significativo si se toma en cuanta que su gestión viene de transitar un momento con el rollo de la electricidad y la escasez de agua, arteramente explotado por la oposición mediática.  Aún hoy vive las secuelas de otro problema al que se le afila punta mediática, como lo es el de los alimentos de la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (PDVAL).

No obstante este último problema, de acuerdo a cifras propaladas esta semana por periodistas como José Vicente Rangel y Eleazar Díaz Rangel en sus respectivos formatos de divulgación, la popularidad de Hugo Chávez experimentó un alza que lo coloca en un 60% de aprobación (uno promedió las encuentras de las últimas semanas y otro se basó en las cifras que presentó la encuestadora GIS XXI).  ¡Es que la aplicación de la ley, de la fuerza constitucional, del poder convencionalmente democrático del Estado, cala positivamente en el elector, aunque sepamos que la aplicación de castigos sólo sea una pequeña parte en la corrección de los problemas!  La gente siente que no está a la intemperie, que el Estado funciona para aquello para lo cual lo contrató, esto es, para protección, corrección y ejemplarización.

Ello nos da pie para desglosar de una vez nuestro consejo en la materia, política y tecnológicamente hablando: despliéguese un operativo de presencia constitucional, sobre propios y opuestos, en materia de inseguridad y corrupción, tomando como modelo el esquema de la guerra presentada a la oligarquía económica en el país.  Extiéndase el operativo, de paso, hacia instancias muy en la percepción del venezolano de a pie, como es el problema de infinito desorden y violencia que presentan los motorizados en la calles en el diario vivir.  El venezolano lo agradecerá y resulta harto ocioso decir cómo.  Téngase como norte que delincuentes, corruptos y motorizados restan votos a diario a la imagen de gestión presidencial, sembrando el caos y una percepción de inexistente autoridad.

Nunca como ahora un simple operativo de seguridad y orden será tan oportuno para efectos políticos.  Y reitero:  ello es ejercicio político, aplicación de tecnología del voto en momento electoral, dejando claro que no resuelve problemas de fondo, como dice el escrito, pero que asegura la continuidad de un modelo político en el poder que trabaja en el asunto y que conciencia que la solución requiere más tiempo.

Jamás imaginó la oposición política venezolana que un simple ejercicio de la autoridad constitucional, como el caso dicho de la guerra contra los sectores económicos contranacionales, emergiendo el presidente de un difícil capítulo de sequía y ataque mediático, y viviendo aún el relacionado con PDVAL, pudiera reportar tanto repunte de aprobación de gestión de parte de la población.  Ello la hunde, incluso más,  en un marasmo de la desintegración y desguarnición política.  Desesperanza sería el mejor semantema para la descripción, dado el caso que el gobierno de Hugo Chávez decida aplicar un orden cerrado constitucional sobre los aspectos mencionados.

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viernes, 18 de junio de 2010

Negación y poderío en la oposición política venezolana

Oposición tonta Como es hábito ya en el sector soñador de la oposición venezolana, Chávez “está caído”, tiene miedo, seguramente anda buscando un lugar para exiliarse, de cara al evento electoral asambleísta que se avecina.  Increíblemente se oye semejante historia desde el año 2.000, cuando se empezó formalmente a conspirar contra un líder que venía a enrarecer la meliflua paz de los muertos de la venezolana Cuarta República.  “Aquí nada cambia, todo sigue igual de próspero, eso de los cambios es mentira” ─parece oírse una voz.

Y ocurrió lo que hemos testimoniado es historia:  el presidente “caído de la mata” se ha impuesto en cada combate electoral al que ha llamado (a excepción de uno), cultivando ya un racimo de más de diez victorias.  Pero, insólitamente, en el contexto de una conversación digamos inteligente en la calle, usted puede oírla todavía, sin ningún tipo de pudor de parte del quien habla, como si abofeteara tus sorprendidas neuronas, locuazmente, irremediablemente concluyendo uno que lo que hay es fanatismo u odio donde sospechó inicialmente inteligencia o moderación.

Lógicamente, es la humana negación entrando en acción, como típico mecanismo de defensa.  Negar es poder, ser, permanecer, vencer.  Tal hay que decirlo en descargo de semejantes señores opositores, desde que se sabe que el hombre, en individual, con un televisor al lado, en una cámara de tortura abarcándolo, confundido en medio de una masa humana, es susceptible de manipulación, de estupidación, por más coeficiente intelectual que ostente.  Ya lo decían los nazistas:  la masa es estúpida.  En lo personal conozco a varias eminencias graduadas en ominosos sitios del “saber” que no tienen empacho en proclamar su “agudeza” al mundo.

Como si hubiera una inteligencia convencional y académica (esa que como maquinaria de reloj se usa para la resolución de problemas) y otra emotiva, de carácter social y cultural, ideológica, afectiva (esa que se usa para afrontar los problemas del alma), que bastante puede hablar de la madurez psicológica de un individuo y bastante, también, puede con su subjetividad barrer de un plumazo cualquier construcción estrictamente lógica que se ice sobre el ruedo.  Es decir, que si soy una criatura internamente desequilibrada (iba a decir disociada), pobrísima en afecto y calidad humana, de nada me valdrá el haber ido a sacar veinte puntos en una universidad (donde se me mide básicamente la lógica) para tirar por el suelo cualquier construcción de la ciencia si le parece de mal gusto al muchachito malcriado que cultivo por dentro.

Si científicamente la pared es roja, caramba, a mi no tendrá que parecérmelo obligatoriamente, simplemente porque no quiero, porque me causa malestar, porque todo en la vida es refutable, porque el rojo no es, pues, el color, porque yo soy así personalmente, porque probablemente desde otra dimensión las sustancias componente del dicho color pueden tener otra química y rendir otra tonalidad.  Y punto.

Tal es, pues, el tama loco del que hablamos.  El presidente Hugo Chávez está caído porque yo, opositor venezolano, lo decreto así, espiritualmente, como si siguiera el consejo de un extraño libro metafísico.  “Decreta tu verdad y cancela las objeciones”.  Es una cuestión del alma:  ni inteligencia ni títulos universitarios han de perturbar la implacable corriente y verdad de los espíritus.  Yo creo y es cierto. Yo.

En Venezuela la oposición política se divide en dos tipos de negadores:  los que (con mucho poder) inventan la mentira para negar una verdad y los que creen en ellos (gente sencilla, del pueblo, por lo general), los que no tiene otra profesión que creer.  Como decir, sin faltarle el respeto a nadie, dejado llevar por el entusiasmo metafórico de las palabras, los dueños del circo y sus payasos.  O sea, gente que en efecto está aterrada por el advenimiento de un real sistema de cambio que ha empezado a enfriarle sus inveterados manjares y gente que vive adosada a ella, timorata, incapaz de apostar al futuro, de desembarazarse, sin otra visión de vida que el esclavismo que inocula el capitalismo y que cree a pie juntillas que los distintos nombres que disimulan la explotación humana es realmente progreso.

“Negar es poder, ser, permanecer, vencer”

He oído con sorprendida conmiseración cómo gente que nunca ha tenido un carrizo ni tiene nada en el presente exclama del modo más franco que con Chávez el país se está yendo a pique.  Esto para juzgar los hechos desde el ángulo predilecto del capitalismo salvaje:  tener o tener.  O sea, personas políticas que apuestan lo que no tienen ni nunca han tenido para defender el sistema que los ha empobrecido.  ¿Duro de digerir, no?  Pero, ya dijimos, el asunto se comprende por esa susceptibilidad de los humanos a ser manipulados a través de diferentes medios y formas que otros más poderosos le instalen entre ceja y ceja.

Y he oído también a los reales timadores de la historia:  los que con su poder político y mediático le colocan un medio de manipulación al pueblo sobre su cabeza para pervertirlo, encauzarlo, borregalizarlo.  Para que vaya contra sí mismo, hasta en contra de su propia vida e interés si es posible, como se sabe lo logran  las medidas de shock político y psicológico aplicadas a las masas, resabios del viejo experimento nazista de considerar estúpido al hombre sumido en agrupaciones, perdido de su individualidad, dócil creyente en una mentira hecha verdad después de repetirla diez mil veces.  Burla por la noción “humanidad”.

Son estos timadores los que hablan de desempleo, pobreza, desastres, quiebra, hambre, analfabetismo, caos, por razones que huelga explicar.  Pronuncian las palabras a conciencia, con el pleno cálculo de la mentira que paren, a sabiendas que en la mayor de los rubros que ellos mencionan los organismos internacionales calificadores han declarado superación o progreso.  Ejemplos sobran:  índice de desarrollo humano, desigualdad social, alfabetismo, educación, salud, disminución de la pobreza.

Pero sepamos su cuento:  cuando digan “perdida de empleo” no se refieren a los tontos que los siguen, sino a ellos mismos, que ya no pueden emplear a tantos pendejos para explotarlos como tradicionalmente lo han hecho.  Cuando hablan de pobreza se refieren a ellos mismos, pero no porque los muchachotes no tengan qué comer, sino porque el sistema político les cambia y ya no obtienen las groseras ganancias de antes.  Cuando hablan de libertad de expresión no es porque ellos o el pueblo no puedan decir lo que piensen, sino porque sus mentiras manipuladoras ya no someten y pierden a tanto idiota como antes.  Etc.

Son ellos, la minoría explotadora, los que se hunden, junto a su amado sistema esclavista.  El mundo cambia, como cambió el país, pero no cesan en el lamento desestabilizador que practican desde que sintieron su piso de prebendas temblar. Se hunden e invitan a sus tontos seguidores a hundirse también, con toda la capacidad de perder mundos que desarrollaron con su dinero y sus universidades.  Aún con grandes poderes económicos, embaucan a muchos desprevenidos con sus aventuras y manipulaciones. Véase y no se vaya tan lejos, para terminar:  échele un ojo nomás al banco que se acaba de intervenir, sin real para cubrir a los ahorrista pero cubierto en sus fondos por el gobierno.... Vea, piense, vea… ¿Con que resultado?  Los ahorristas despotricando de quien le paga sus ahorros (el gobierno) y adorando a los bandidos banqueros que les montaban una celada de mayor quiebra y que actualmente huyen en el extranjero.

¿En virtud de qué semejante preciosura de lógica y pensamiento, apoyando a quien golpea y escupiendo al quien ayuda?  Lea el artículo de nuevo para que consiga la respuesta.

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