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viernes, 18 de junio de 2010

Negación y poderío en la oposición política venezolana

Oposición tonta Como es hábito ya en el sector soñador de la oposición venezolana, Chávez “está caído”, tiene miedo, seguramente anda buscando un lugar para exiliarse, de cara al evento electoral asambleísta que se avecina.  Increíblemente se oye semejante historia desde el año 2.000, cuando se empezó formalmente a conspirar contra un líder que venía a enrarecer la meliflua paz de los muertos de la venezolana Cuarta República.  “Aquí nada cambia, todo sigue igual de próspero, eso de los cambios es mentira” ─parece oírse una voz.

Y ocurrió lo que hemos testimoniado es historia:  el presidente “caído de la mata” se ha impuesto en cada combate electoral al que ha llamado (a excepción de uno), cultivando ya un racimo de más de diez victorias.  Pero, insólitamente, en el contexto de una conversación digamos inteligente en la calle, usted puede oírla todavía, sin ningún tipo de pudor de parte del quien habla, como si abofeteara tus sorprendidas neuronas, locuazmente, irremediablemente concluyendo uno que lo que hay es fanatismo u odio donde sospechó inicialmente inteligencia o moderación.

Lógicamente, es la humana negación entrando en acción, como típico mecanismo de defensa.  Negar es poder, ser, permanecer, vencer.  Tal hay que decirlo en descargo de semejantes señores opositores, desde que se sabe que el hombre, en individual, con un televisor al lado, en una cámara de tortura abarcándolo, confundido en medio de una masa humana, es susceptible de manipulación, de estupidación, por más coeficiente intelectual que ostente.  Ya lo decían los nazistas:  la masa es estúpida.  En lo personal conozco a varias eminencias graduadas en ominosos sitios del “saber” que no tienen empacho en proclamar su “agudeza” al mundo.

Como si hubiera una inteligencia convencional y académica (esa que como maquinaria de reloj se usa para la resolución de problemas) y otra emotiva, de carácter social y cultural, ideológica, afectiva (esa que se usa para afrontar los problemas del alma), que bastante puede hablar de la madurez psicológica de un individuo y bastante, también, puede con su subjetividad barrer de un plumazo cualquier construcción estrictamente lógica que se ice sobre el ruedo.  Es decir, que si soy una criatura internamente desequilibrada (iba a decir disociada), pobrísima en afecto y calidad humana, de nada me valdrá el haber ido a sacar veinte puntos en una universidad (donde se me mide básicamente la lógica) para tirar por el suelo cualquier construcción de la ciencia si le parece de mal gusto al muchachito malcriado que cultivo por dentro.

Si científicamente la pared es roja, caramba, a mi no tendrá que parecérmelo obligatoriamente, simplemente porque no quiero, porque me causa malestar, porque todo en la vida es refutable, porque el rojo no es, pues, el color, porque yo soy así personalmente, porque probablemente desde otra dimensión las sustancias componente del dicho color pueden tener otra química y rendir otra tonalidad.  Y punto.

Tal es, pues, el tama loco del que hablamos.  El presidente Hugo Chávez está caído porque yo, opositor venezolano, lo decreto así, espiritualmente, como si siguiera el consejo de un extraño libro metafísico.  “Decreta tu verdad y cancela las objeciones”.  Es una cuestión del alma:  ni inteligencia ni títulos universitarios han de perturbar la implacable corriente y verdad de los espíritus.  Yo creo y es cierto. Yo.

En Venezuela la oposición política se divide en dos tipos de negadores:  los que (con mucho poder) inventan la mentira para negar una verdad y los que creen en ellos (gente sencilla, del pueblo, por lo general), los que no tiene otra profesión que creer.  Como decir, sin faltarle el respeto a nadie, dejado llevar por el entusiasmo metafórico de las palabras, los dueños del circo y sus payasos.  O sea, gente que en efecto está aterrada por el advenimiento de un real sistema de cambio que ha empezado a enfriarle sus inveterados manjares y gente que vive adosada a ella, timorata, incapaz de apostar al futuro, de desembarazarse, sin otra visión de vida que el esclavismo que inocula el capitalismo y que cree a pie juntillas que los distintos nombres que disimulan la explotación humana es realmente progreso.

“Negar es poder, ser, permanecer, vencer”

He oído con sorprendida conmiseración cómo gente que nunca ha tenido un carrizo ni tiene nada en el presente exclama del modo más franco que con Chávez el país se está yendo a pique.  Esto para juzgar los hechos desde el ángulo predilecto del capitalismo salvaje:  tener o tener.  O sea, personas políticas que apuestan lo que no tienen ni nunca han tenido para defender el sistema que los ha empobrecido.  ¿Duro de digerir, no?  Pero, ya dijimos, el asunto se comprende por esa susceptibilidad de los humanos a ser manipulados a través de diferentes medios y formas que otros más poderosos le instalen entre ceja y ceja.

Y he oído también a los reales timadores de la historia:  los que con su poder político y mediático le colocan un medio de manipulación al pueblo sobre su cabeza para pervertirlo, encauzarlo, borregalizarlo.  Para que vaya contra sí mismo, hasta en contra de su propia vida e interés si es posible, como se sabe lo logran  las medidas de shock político y psicológico aplicadas a las masas, resabios del viejo experimento nazista de considerar estúpido al hombre sumido en agrupaciones, perdido de su individualidad, dócil creyente en una mentira hecha verdad después de repetirla diez mil veces.  Burla por la noción “humanidad”.

Son estos timadores los que hablan de desempleo, pobreza, desastres, quiebra, hambre, analfabetismo, caos, por razones que huelga explicar.  Pronuncian las palabras a conciencia, con el pleno cálculo de la mentira que paren, a sabiendas que en la mayor de los rubros que ellos mencionan los organismos internacionales calificadores han declarado superación o progreso.  Ejemplos sobran:  índice de desarrollo humano, desigualdad social, alfabetismo, educación, salud, disminución de la pobreza.

Pero sepamos su cuento:  cuando digan “perdida de empleo” no se refieren a los tontos que los siguen, sino a ellos mismos, que ya no pueden emplear a tantos pendejos para explotarlos como tradicionalmente lo han hecho.  Cuando hablan de pobreza se refieren a ellos mismos, pero no porque los muchachotes no tengan qué comer, sino porque el sistema político les cambia y ya no obtienen las groseras ganancias de antes.  Cuando hablan de libertad de expresión no es porque ellos o el pueblo no puedan decir lo que piensen, sino porque sus mentiras manipuladoras ya no someten y pierden a tanto idiota como antes.  Etc.

Son ellos, la minoría explotadora, los que se hunden, junto a su amado sistema esclavista.  El mundo cambia, como cambió el país, pero no cesan en el lamento desestabilizador que practican desde que sintieron su piso de prebendas temblar. Se hunden e invitan a sus tontos seguidores a hundirse también, con toda la capacidad de perder mundos que desarrollaron con su dinero y sus universidades.  Aún con grandes poderes económicos, embaucan a muchos desprevenidos con sus aventuras y manipulaciones. Véase y no se vaya tan lejos, para terminar:  échele un ojo nomás al banco que se acaba de intervenir, sin real para cubrir a los ahorrista pero cubierto en sus fondos por el gobierno.... Vea, piense, vea… ¿Con que resultado?  Los ahorristas despotricando de quien le paga sus ahorros (el gobierno) y adorando a los bandidos banqueros que les montaban una celada de mayor quiebra y que actualmente huyen en el extranjero.

¿En virtud de qué semejante preciosura de lógica y pensamiento, apoyando a quien golpea y escupiendo al quien ayuda?  Lea el artículo de nuevo para que consiga la respuesta.

viernes, 11 de junio de 2010

La guerra de los imbéciles

Guerra de los imbéciles Los viejos suelen decir “en mis tiempos” para calificar una época como mejor.  O “eso no se veía antes”.  Yo, no tan viejo, puedo creer que no haré tal, pero al dar expresión a criterios estrictamente pesimistas sobre la hora presente que vive la humanidad, no me queda otro remedio que incluirme en el triste geriátrico pintoresco.  Sin salida, al parecer, obligándome a rematar el cuento con el dicho poético de que “todo tiempo pasado fue mejor”

No me autoengañaré para autosentirme mejor ─valga esta palabra─, como recomienda una psicología por allí.  Considero que si alguien reconoce que el derrotero escogido por el mundo no tiene más salida que una guerra, mal puede ponerse a negar la inminente explosión de las bombas sobre su cabeza en nombre de un ridículo y ficticio estado de buena salud.  Puede resultar saludable correr un poco, esconderse y salvaguardarse, si no se es guerrero en combate.

Ya dicen los científicos que si tienes cáncer nada ayuda que tu actitud mental sea positiva.  Las células agigantadamente se multiplican y ello es un hecho físico, químico y biológico, sin contención mental.  Es decir, es mejor identificar el problema y atacarlos con soluciones de la misma naturaleza.

Muchos creen que negar ayuda, cuando la afirmación está sobre sus cuellos.  Podría ser que un moribundo se vaya de este mundo creyendo que no murió y empiece luego a aparecer por allí, paranormalmente.  Dice la leyenda hollywoodense que el Titanic se hundió por la ansiedad de cierta persona en demostrar que la velocidad de la embarcación era una maravilla, negándose a aceptar la existencia de unos témpanos a pocos kilómetros, hecho que obligaría a bajar la velocidad y a desviar el curso.

Hay mucha estupidez en la inteligencia del hombre.  Hace poco también dijo una autoridad (en Chile) que la situación después del terremoto estaba calmada, para no generar pánico, cuando la realidad era que un tsunami distaba a pocos minutos.

Todo es calma, autohipnosis en general.  No pasa nada.  Ni siquiera una calma chicha.  Los mercados están saludables, el número de pobres en el mundo es el normal, el sistema no se estremece, no ocurren mutaciones, hay la guerra que debiera haber, la gente no muere más que en la normalidad mortal, si es eso lo que en última instancia importa por aquello del derecho y el respeto a la vida.

Hablo de la realidad humana en general, mundial digamos, y no de particularidades o nacionalidades que, como ustedes saben, presentan sus propias peculiaridades domésticas, si políticas más apocalípticas.  Me explico con un ejemplo emblemático:  una oposición como la venezolana no compartirá jamás mis palabras para describir su estado de ánimo y situación actual, es decir, jamás dirá que hay calma, que el mundo no pasa, Etc. Etc.; por el contrario, para ella en el país se vive un Apocalipsis, en la medida en que su viejo mundo de prebendas se les va al suelo y su sistema de valores empieza a estrellársele también.

Hablo de la situación humana en general, del hombre como especie, metido en un juego vital sin salida, puesto a pensar como se le enseña, manipulado grandemente por quienes se hacen dueños de los medios de la verdad (no quedó más remedio que expresarlo así).

Por supuesto, dado que el mundo cada vez más se hace aldea global y la información o los hechos están a la vuelta de la esquina, es cada vez más difícil engañar al hombre con versiones de realidad incomprobables.  No diré que el mundo esta siendo invadido por ovnis y crearé un desbarajuste (como hiciera Orson Wells en su tiempo), si cada quien tiene la versión de la vida mundial a la mano por diferentes vías.  Es difícil, como dije, pero compréndase también que las proporciones y las simetrías evolucionan en reciprocidad:  los manipuladores de mundos, como los delincuentes respecto de los policías, le buscan la “vuelta” al gato y la “caída” del sistema. Mutan.

“Tres son los problemas terribles de la humanidad, donde se ejercita la mentira a diario, el cinismo como regla, por un lado,  pero donde, también, por el otro, se acumulan las grandes energías de protesta indignante de aquellos que suelen estar pisoteados e insurgen:  (1) el tema climático y ambiental, (2) el modelo político y (3) las armas de destrucción masiva.”

 

Voy con un ejemplo:  el reciente capitulillo de la llamada Flotilla de la Libertad, masacrada por los israelíes, habría pasado como una tontería veinte años atrás, cuando nosotros, los de entonces pasivos receptores, no teníamos la posibilidad de ver los hechos a ciencia cierta.  Otrora, dije. Pero hoy el mundo estuvo todo metido allá mirando la ocurrencia de los crímenes, debido a la emisión telemática de algunos tripulantes.  Sin embargo, como vimos, dando por tonto al mundo y creyéndolo estático en la idiotez, el gobierno israelí intento “sembrar” el barco con terroristas, de merecible exterminio. Un algo más del cansancia de siempre, por estas épocas.

Y es por aquí por donde, a propósito, se viene la reflexión del escrito.  El intento de creer en un mundo idiota poblado por homúnculos, gobernado por hombres realmente hombres (los que tienen la verdad-verdad y el monopolio de sus medios), no puede conducir a ese estatismo soñado por sus poderosos, a una eternidad parmeniana, de evidentes conveniencias.  No puede desembocar, pues, a lo que llaman “paz”, ese estado que poco a poco como que quisiera irse pareciéndose a la tranquilidad de un camposanto.

La burla a la inteligencia humana supongo tendrá su límite, y parece que mucho de ello hay en el presente.  Por eso digo, con los viejecillos, que las cosas no están bien.  Dotado el mundo como está en la actualidad, con miles de ojos visores, aun se le intenta dar por ciego, generándosele una acumulanate deuda de indignación, explosiva algún día.  Ya casi nadie aguanta:  todo se parcializa hacia el engaño y el maltrato.  Se miente descaradamente, se hace con el mayor cinismo.  Se te dice en tu cara que se te engaña, como si te provocasen, como si quisieran asegurarse de que eres un real estúpido.

¿Qué se busca?  Hablo de los grandes poderes del mundo, abusando de las gentes.  De las organizaciones mediadoras y canalizadoras mundiales, institucionalizando el delito, el crimen, el genocidio, el ventajismo, el poder de uno.  Intentando hacer del mundo una realidad etnocéntrica.  Condenando culturas, proponiendo guerras de civilizaciones, narcoterrozidando al orbe, para pintarse como mejores, para sujetarlo, dividirlo, quebrarlo, manipularlo, gobernarlo...  La ONU, la OTAN, la OIEA, el G8, OMC, la OEA en nuestras inmediaciones, al servicio de un bando, permanentemente satanizando al contrario, como si en efecto el “contrario” fuese eso, demonios, nada emparentados con la especie, de merecible exterminio también.

No censura la ONU los delitos de los propios (¿que pasó con la condena y sanciones a Israel por la masacre?), no se mete la OIEA con las bombas fabricadas por los del bando “bueno” (el suyo), salva el G8 a los bancos y al modelo capitalista y no a los ahorristas, hace lo mismo la OMC, y la OEA en nuestros predios acaba de descubrir ─por decir algo─ el paramilitarismo en Colombia, esa fulgurante colonia de los EEUU, país jefe éste ─por cierto─ del bando “bueno”, de la zona etnocéntrica, de los predestinadamente elegidos.  Satánicos son otros:  Corea del Norte, China, Irán, Bielorrusia, Venezuela, Bolivia, hasta los casi exterminados palestinos, etc.

No puede durar tanto la mentira abierta y su efecto humillante, y por eso digo, con pesimismo, que el mundo se apresta a una explosión.  Mucho hay ya de esclavo que ha desarrollado la conciencia del amo que lo espolea, y por doquier se generan espacios sublevados contra las viejas hegemonías, suerte de terremotos políticos.  Tres son los problemas terribles de la humanidad, donde se ejercita la mentira a diario, el cinismo como regla, por un lado,  pero donde, también, por el otro, se acumulan las grandes energías de protesta indignante de aquellos que suelen estar pisoteados e insurgen:  (1) el tema climático y ambiental, (2) el modelo político y (3) las armas de destrucción masiva.

Los grandes cínicos y engañadores del mundo se retrotraen de las obligaciones de cuidar el hábitat, en nombre de su peculiaridad existencial (las obligaciones son para los pendejos), persisten en presentarnos como saludable un modelo político-económico en debacle (el capitalismo, con todo lo que ello implica en esclavitud y pobreza) y, finalmente, se permiten hacer ostentación de las 5.113 cabezas nucleares que tienen en almacenamiento, además de la miles que mantienen sembradas en diferentes espacios.  El mundo bomba, pues, internamente humillado en su inteligencia y al mismo tiempo temblando por su propia reacción y dignidad, lo cual habrá de ser el precio de su despertar.

Como se ve, toda una ambigüedad pesimista sobre la guerra y la humana dignidad, como emotivos factores de convulsión.

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