El abrazo de Delcy Rodríguez y Donald Trump ha tenido el efecto de una bomba nuclear detonada en el corazón de la geopolítica mundial. Traduce el regreso y la aceptación del colonialismo más crudo como forma de vida en pleno siglo veintiuno, de modo oficial, ante la ONU. Su crudeza alarma en la medida en que toca aspectos cuestionables como el esclavismo, lo cual, por cierto, recuerda la forma deshumanizada como Estados Unidos y Europa se convirtieron en potencias. Y ahora, en momentos críticos de rivalidad geopolítica, las potencias parecen desempolvar el rancio modelo de someter países para explotarle sus riquezas.
Una presidenta escucha impasible como su victimario humilla a su país y luego se reúne con él para mendigar apoyo político. Es un hedor insoportable. Te invito a leer mi artículo en mi blog Animal Político.


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