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sábado, 23 de mayo de 2026

Maldito el soldado que no disparó el 3 de enero

El trabajo moralizante que hizo Hugo Chávez en las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) fue histórico. Se entendió que fue para bien de la integridad republicana. Eso de que un soldado que dispara contra su pueblo y de que es libre de no ejecutar una orden directa si es contraria a la moral humana sonó, en un principio, imposible de digerir.
Pero, al paso del tiempo, cuando cundió entre las filas la doctrina de lo cívico-militar y el ejército se curtió con la experiencia de las intentonas contrarrepublicanas, se pudo empezar a creer. Golpes de Estado, conspiraciones imperiales, pitiyanquismo, creación de la Milicia Bolivariana, diferenciaron al gobierno bolivariano del formato militar tradicional, servido a las élites, al crimen disciplinado y a la alienación proimperial.
Empezó, pues, a aparecer la figura del pueblo en la catequesis militar, el nacionalismo esencial, el amor bolivariano por la patria y la historia, la historia misma y la difusión de la épica independentista grancolombiana. Se dijo, en fin, que había una revolución, un cambio, una ventana al futuro, un ser diferente… Y, en verdad, eso del soldado humanista, pacifista aunque armado, incapaz de un tiro contra su pueblo y contra la madre patria, se hizo factible en el pensamiento venezolano.
Sin embargo, después de los tiros e invasión del 3 de enero de 2026 (03ENE26), donde el país fue mancillado por una potencia extranjera, su presidente secuestrado y su pueblo asesinado, esa esperanza mostró su cara de utopía lastimosa. Las FAN no habían evolucionado un ápice o, por lo menos, no comprendieron el espíritu de los cambios. Se quedaron de fusiles caídos y, aunque no dispararon contra su pueblo, lo permitieron.
Obedecieron una orden directa de no disparar, de no repeler el ataque, lo cual equivalió, como se vea, a disparar contra el pueblo, contra su país, contra su casa, contra la historia y el porvenir. Arrodillarse, declinar… Cubrirse de indignidad y cometer el crimen de la omisión. Murieron más de cien personas, se cometió un crimen de lesa humanidad, se profanó el suelo sagrado y el uniforme militar, en vez de cubrirse de gloria, cubrió el alma de un soldado cómplice de cualquier dictadura.
Hubo un crimen. La historia demandará juicio y reparación. La patria se cubrió de vergüenza y es un hazmerreír universal. El soldado en revolución no pasó la lección y se quedó con lo de siempre, obedeciendo órdenes inmorales, matando a su pueblo y sirviendo a los poderosos. Incapaz del distingo, no logró entender que no cumplía con su misión al no defender a la república, creyendo, tal vez, que la salvaba al dejarla naufragar.

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