Compartir la entrada

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Los candidatos faranduleros y la dedocracia derrotada

No sé de tí y tu opinión, ni de la oposición con sus candidatos, pero en lo que a mí respecta no estoy de acuerdo con las designaciones a dedo de los candidatos a elecciones, así el designado sea un ministro del cielo o una luminaria de los medios de comunicación, el deporte o la farándula.  Me importa un coroto cómo hayan puesto en la oposición, por ejemplo, a Fabiola Colmenares como abanderada en Vargas (hoy derrotada, por cierto); o cómo le haya ido al basquetbolista Iván OIivares, también derrotado.

Lo que sí me importa es lo ocurra en la filas del Partidos Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con sus candidatos, esta vez con ese montón de “faranduleros”, si me permiten la expresión para englobar a todos estos famosos que fueron impuestos en el PSUV y que, lamentablemente y con excepción de Magglio Ordoñez, salieron derrotados en el combate electoral.  Tales son, como sabemos:  el periodista Ernesto Villegas (área metropolitana), el presentador de TV Miguel Ángel Pérez Pirela (Maracaibo), el cantante-beisbolista Antonio “El Potro” Álvarez (Sucre, Miranda), el animador de TV Winston Vallenilla (Baruta, Miranda,), todos con sus respectivas tablas sobre la testa.

Se lo había criticado siempre al presidente Chávez, que en su tiempo impuso unas tantas candidaturas, y ahora lo hago con Nicolás Maduro, que parece adoptar también ese camino.  No se puede estar pasando por encima de la organización partidista, menos cuando su institucionalidad política amaneció cristalizada después de las elecciones municipales como la única organización propiamente partidista de Venezuela, con más mérito si consideramos que satisfactoriamente exorcizó los temores de pasar la dura prueba sin la presencia del líder Hugo Chávez.

Es una falta de respeto de plano.  El PSUV se supone que cultiva y concentra la conexión con las bases; luego sus abanderados proceden de tales honduras populares, según decantación normativa, disciplinaria y democrática.  Pasar por encima de tal estamento, incluida la omisión de los naturales candidatos que se ganan la nominación trabajando en sus respectivas jurisdicciones, figura una abominación.  Las tablas en la cabeza obtenidas en estas elecciones con los impuestos mencionados hablan por sí solas.  Leña.

 

“La práctica de las imposiciones a dedo, por lo dicho anteriormente, por ética y disciplina, debe llegar a su fin.  Véanse los resultados:  Caracas faranduleramente derrotada.”

 

Sencillamente porque una persona sea más conocida a través de las pantallas de televisión en Venezuela y el mundo no asegura el apoyo electoral en la región específica donde sea impuesto como candidata.  Es una lógica descabellada y huérfana de alma.  Un cascarón.  Allí, en el sitio donde las bases han cultivado sus naturales liderazgos, la gente conoce a su gente y votará por ella.  Cualquier otro bicho, famoso o bonito que advenga, podría ser rechazado como contranatural, impuesto, injusto, inmerecido, arribadizo, arrimadizo o lo que sea.  Cuando una persona vota por alguien lo hace guiada por factores de identificación y pertenencia, reconocimiento y familiaridad.  En política ni el miedo ni la gratitud, cuando están en condición de imponer, necesariamente obligan.  A la historia y al tiempo presente nos remitimos.

El candidato, para ganar, requiere ser valorado en la circunscripción donde se lanza a la batalla, y no ha de importarle su popularidad en el resto del mundo, al menos circunstancialmente.  Algunos de los candidatos mencionados, que no señalaré por vergüenza, dada la cantidad de votos obtenidos, pudieron haber sido derrotados por un recoge-latas conocido en la comunidad.  El caso de Magglio, sin ser propiamente un político y ni siquiera nativo del sitio donde ganó las elecciones, no es tan excepcional ni da una impresión tan cabal de paracaidismo:  jugó con los Caribes de Oriente, compró el equipo, jugó en la Grandes Ligas, tiene sus cobres y la gente lo percibió digamos como un “rico completo” que no se venía a robar sino ayudar.  Encarna un par de premisas que deben personalizar a un político respecto de su mundo elector:  identificación y arraigo.

La práctica de las imposiciones a dedo, por lo dicho anteriormente, por ética y disciplina, debe llegar a su fin.  Véanse los resultados:  Caracas faranduleramente derrotada.  Al presidente Chávez se le consintió por su condición fundadora, pero el presidente Maduro debe en lo sucesivo dar el ejemplo del respeto partidista y dejar que sean las bases quienes elijan sus gallos de pelea.  No se puede seguir enfrentando a famosos o faranduleros (me vuelven a perdonar la palabrita) contra políticos de oficio, quienes (¡estos sí!) son en la práctica difíciles de derrotar y hasta te ganan elecciones desde la cárcel, con el perdón de la ética (hubo en Venezuela un tal Modesto Freites que así ganó, lanzado en Guárico en 1989), o apolillados (como un tal vendedor de madera podrida que, también, recién ganó en Valencia).

lunes, 9 de diciembre de 2013

Gracias, Daka; gracias, Pablo Electrónica: Maduro, artífice de la victoria

El presidente Nicolás Maduro, tan aparentemente bisoño como político en su cargo, y tan vilipendiado por afectos (“Maduro no es Chávez”) y extraños (“es un chofer, no político”), acaba de asestar un magistral golpe político y ganar las elecciones municipales en Venezuela con mayoría amplia para su tolda pesuvista.

Se aguantó hasta las últimas de cambio, muy cerquita de la contienda electoral, para proclamar su magnífica guerra económica y, principalmente, para actuar en contra de especuladores y ricachones, consiguientemente en favor de una mayoría poblacional, potencialmente electora, trajinante masa popular que consume, compra y patea las calles de Venezuela.  Al punto tal fue su efecto que alguien podría exclamar con sorna y como corolario:  “¡Gracias, Daka; gracias Pablo Electrónica!”

Fuera de los necesarios y anónimos esfuerzos de quienes hicieron posible la campaña y la elección, las llamadas hormigas trabajadoras del partido, y también aparte la acción de las grandes dirigencias, que encauzaron la disciplina y la claridad en el logro del objetivo; el golpe de timón provino de Nicolás Maduro desde el poder central.  Fue contundente en el resultado de las elecciones municipales y lo perfila como un hacedor político de inusitada capacidad para el combate.

 

...“Nicolás Maduro suple así de modo satisfactorio, y como en primera prueba, la expectativa de lo que habría de ser del país fuera de la conducción concreta de Hugo Chávez.”

 

Pero esto de “inusitado” es per se, visualizando a Nicolás Maduro por sí mismo como una abstracción histórica en la Presidencia; porque harto conocido es que Hugo Chávez lo postuló para sucederlo en el cargo, y tal recomendación no la habrá realizado el líder supremo del socialismo en Venezuela sobre la base de un vacío, sino de algunos talentos y virtudes que circunstancialmente han empezado a emerger, como se ha dicho.

Y a propósito, para decirlo con Chávez, quien no se hartaba de proclamar que lo político va de la mano de lo económico, el golpe de Maduro es una confirmación de una sentencia en materia marxista:  las fuerzas económicas determinan el ser político de una sociedad y en amplia medida su historia.  Y para decirlo con el socialismo, hijo doctrinario (aunque no histórico) del marxismo, la movida de pieza de Maduro evidencia también el rol determinante del Estado sobre los bienes y medios de una sociedad, con incidencia sobre su configuración social, política y hasta psíquica, aparte, lógicamente, del efecto histórico.

Lo cierto de hecho, aparte ya de consideraciones cuasifilosóficas o sociológicas, es que Nicolás Maduro suple así de modo satisfactorio, y como en primera prueba, la expectativa de lo que habría de ser del país fuera de la conducción concreta de Hugo Chávez.

martes, 3 de diciembre de 2013

“Extraño” nada, Sr. Presidente

El presidente Nicolás Maduro declaró ayer, luego del “extraño” apagón en aproximadamente diez entidades del país, que no había razones que lo justificasen, lo cual nos lleva a concluir que tendría que ser un sabotaje, sumidos como estamos en medio de un proceso electoral que, como sabemos, incorpora a un sector político opositor harto abierto a la penetración de intereses extranjeros y a la traición patria.

Y estamos de acuerdo.  No hay sequía, que hace poco nos las puso fea para generar electricidad, y se dispone en el país de una capacidad adicional de generación eléctrica de unos casi 2 mil megavatios, precisamente instalada por las recientes situaciones que se presentaron durante el verano.  Aun con un eventual aumento de la demanda, la electricidad ha debido estar fluyendo con normalidad, sin baches, sin apagones mucho menos.

Pero ya ustedes ven:  contra toda esta lógica, hubo un descomunal apagón en el país, evento que no deja muy bien parada la capacidad gubernamental de calar el ataque adversario para accionar preventivamente a futuro.

Lo que acaba de suceder no es ni extraño ni nuevo como para estar tomando de sorpresa a nadie.  Rememórese un poco:  venimos de eso, de recientes actos de sabotaje, y hasta unos detenidos pillados in fraganti hay; además, ¿no andamos en elecciones, momento de gran irracionalidad política donde cualquier cosa se puede esperar, conociendo como conocemos a nuestra “entrañable” oposición?  Súmese el hecho de que el día de ayer, cuando el apagón, se cumplían 11 años de haber empezado esta funesta oposición nuestra el paro petrolero de 2002, que tanto daño infligió a la economía venezolana.

Por más que estemos reacios a creerlo, eventualidades por este orden se celebran en el bando adverso, tal cual como si estuviéramos en una guerra o de una biblia invertida se tratase:  lo que es bueno para ellos es malo para nosotros, y viciversa.  El enemigo nos derribó un avión atestado de soldados o nos hundió una nave.  Uno podría conmemorarlo, recordarlo como la calamidad que fue, para extraer permanentemente del hecho el jugo moral necesario para reafirmar el valor filas adentro y evitar parecidos descalabros en el porvenir.

 

“Sin tapujos humanistas, una declaratoria de guerra al punto es un acto de justiciera simetría, muy necesario”

 

De manera que nuestra inteligencia ha debido amanecer revisando el calendario, como debe hacerlo a diario, para intentar develar el pensamiento enemigo, ahíto de tanta carencia de amor nacional (si tal malabarismo del lenguaje me permite expresarlo así).  Pero falló, y del modo más injustificado si consideramos la recurrencia saboteadora enunciada anteriormente.  En vez de electricidad, se ha dejado fluir más profusamente la ingenuidad por la venas del aparato político nacional.

No es admisible, pues, que salga un ministro a vociferar que la cosa fue un “acto de sabotaje”.  Se ha contado y se cuenta con suficientes recurrencias y elementos históricos como para prevenir.  En lugar de lamentaciones lo que procede son tomas de acciones, renuncias,  purgas si es posible de esas quintas columnas que hacen vidas dentro de las instituciones del Estado, tanto más cuanto si son de importancia estratégica para lo económico y político del país.  No puede ser sostenible que mientras el adversario nos golpee, uno apenas se lamente y, lo que es peor, no se disponga a prevenir acaecimientos posteriores.  Golpes que asestan daños reales contra quejas que en nada mellan siquiera la malvada moralina del atacante.  Duros de aprender.

Puede, en fin, Sr. Presidente, que el hecho sea injustificable como usted lo dice, pero en modo alguno extraño.  Muchos más allá podríamos ir:  era esperable.  Simplemente pifiamos y, una vez más, hemos dejado de caer en la cuenta de que el enemigo permanentemente está en guerra contra nosotros, esto es, de que estamos en guerra nosotros también, por más que nos atapucemos con elevados valores revolucionarios del humanismo y la paz para amarrarnos las manos.

Comprender tal punto es crucial para penetrar en la psique del contrario y prevenir sus maquinaciones, evitándonos así tantos descalabros.  Sin tapujos humanistas, una declaratoria de guerra al punto es un acto de justiciera simetría, muy necesario.  Hay que cristalizar la comprensión de que nuestro adversario es único en el mundo, el mismo en cada rincón del planeta, lo cual constituye una enorme enciclopedia que tendría que ilustrarnos el devenir:  es esa derecha ─moderada o recalcitrante─ que se sostiene en el capitalismo y no vacila en realizar ventas patrias a franquicias exógenas; es esa que se enquista en pequeños porcentajes de explotadores sobre grandes cifras de esclavizados; es esa que se deja permear por valores mercenarios para atacar a su propio país y hasta a los suyos; son esos rebeldes sirios comprados por fuerzas exteriores; son esa facción opositora en Francia que durante la segunda guerra mundial coadyuvó a la formación de un gobierno nazi sobre propia tierra; son esos soldados tras el dictador PInochet, comprados por los EEUU contra Allende; son esos opositores nuestros, desesperados por subvertir a Venezuela para vivir de sus pedazos en compartición con poderes innominados extranjeros.

Procede la acción en vez del lamento.