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jueves, 2 de diciembre de 2010

EEUU en tangas

I

EEUU en tanga ¿Quién creerá que a los EEUU los hunda nadie?  ¡Pssssii!...  Es un acorazado contra el que ni las videncias de Cayce han podido...  Bueno, seamos precisos:  Edgar Cayce vaticinó el hundimiento de gran parte de los EEUU hacia el 2.100, a la vez que la emersión de nuevas tierras en el Atlántico.  Y apenas canturreamos el año 2.010, aunque momento, también, de predicciones y crisis, pero lejos de cualquier presunta debacle.  Y soy sincero:  no sé qué dice Nostradamus.

Mientras tanto, ¡psssii!, decía que el acorazado si se quiere vuela.  Vino, vio y venció, se dirá, como dijeron aquellos viejos romanos, artífices de la otra descomunal máquina de sujeción humana.  Y aunque los de Roma duraron media siglo por ahí marcando los escaques del tablero del mundo conocido y estos (los EEUU) apenas ensayan unos 160 años, aproximadamente, desde que le arrebataron media manzana territorial a México, el hecho es que hoy son los que marcan y desmarcan preponderantemente sus botas militares sobre la jurisdicción de otros Estado con el fin siempre maquillado de expandir su poder político y hasta territorial.

Muchos les darán 20 ó 30 años más como fenómeno imperial, desde que decidió engullir a La Florida, que entonces le pertenecía a otro imperio  ─ya feneciente─, el español, y que hasta en algún momento determinado le pudo pertenecer a la victoriosa Venezuela o Gran Colombia como heredera de los territorios bajo dominio de la derrotada Corona española.  Otros dirán que la ansiedad de latitud mundial se remonta hacia la misma época de la Declaración de Independencia gringa, habiendo quienes hiperbólicamente puedan decir también que los EEUU son imperio desde que navegaron a nuevas tierras aquellos primero colonos, arrechos con los ingleses y ansiosos por fundar a sus anchas su nueva Inglaterra.  Otros invocarán la doctrina Monroe, de 1.823 (“América para los americanos”) o el periodo de la primera guerra mundial como puntos de arranque.  Etc, etc.

Lo cierto es que ese país, desde que leyó su Declaración en Filadelfia, en 1.776, hasta la toma territorial de California, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y Colorado (medio México), en 1.848, lo que había acometido en tierra y mar eran incursiones de piratería, cuidos de rutas comerciales y disputas contra otros estados imperiales, incluyendo la ya mencionada Florida.  El arrebatón contra México fue contra un Estado, declarado, constituido y reconocido independiente y soberano.

Después de entonces, los estadounidenses se desataron sobre el acto de embolsarse al mundo entero dentro de los confines de la palabra “América”, esa misma de la tendrían que tomar posesión, como ellos mismos se mandaron.  Sobra mencionar listas de lugares pisoteados e invadidos por sus marines a escala global, harto conocidos por todos (200 invasiones, más o menos), siendo América Latina conspicuamente el patio trasero de sus entrenamientos y punto de inicio.

Simón Bolívar, premonitoriamente, fue el primero y quien mejor delineó la palpitante apetencia imperial que tomaba forma cuando sentenció en 1.829 que "Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad".  Hoy sabemos que la palabrita “América” se quedó chiquita y mejor se le acomoda el contexto al sustituirla por “mundo”.  Y hoy sabemos, además, dentro de la pérfida y cínica dialéctica imperial, que libertad es un discurso, un semantema técnico o artístico de la misión diplomática, cuyo trabajo es lubricar y anestesiar el hundimiento de la daga imperial entre la humanidad de sus víctimas.  Como en los viejos tiempos, cuando la cruz antecedía a la espada, libertad es el reclinatorio moral donde se purgan o excusan las cargas de tantos e inimaginables crímenes.

Y al sol de hoy ahora usted ve al acorazado que vuela, más fortalecido después de la segunda guerra mundial, a la que llegó a tomar despojos casi que cuando la guerra estaba consumada y otros habían derramado el grueso de su sangre definitoria; allí alcanzó la certificación digamos “oficial” de águila siniestra, derramando la sangre de los otros y no la propia, después de lanzar aquellas dos célebres bombas que aniquilaron en suma a más de un cuarto de millón de seres humanos.  Bombas que hoy ─se descubre─ las tienen por doquier, en Italia, en Holanda, con aliados, hasta debajo de las arenas del Naguev,  a escala de más de 5 mil..., listas para explotar la Tierra si así lo determinan las ofensas mundiales contra el ideal libertario.  ¡Valga la libertad al estilo americano por encima de los escombros de un planeta conquistado!

Ronald Reagan, esa suerte de refundador de los EEUU imperiales, terminó por elevar aún más su vuelo, al decir de ellos mismos, ante ese pantéón de esos sus héroes patrios.  Le atribuyen el haber arrodillado a la URSS, el gran rival, hasta el grado de su desintegración en particulares republicas conspiradas, pudiéndose decir, entonces y en consecuencia, que el mundo quedaba a su merced, ya sin competencia, sin Guerra Fría, sin bipolaridad, abierto para el genético ejercicio de su condición imperial, tantas veces represada, maquillada, escamoteada, en nombre del buen porte, la civilización y el progreso.

Después de Reagan cayeron las máscaras, y que se siga todavía utilizando fórmulas exculpatorias como “guerra contra el terrorismo” para realizar avances imperiales sobre otros países parece mero hábito y formalidad. Digan lo que digan en el mundo y chillen lo que chillen sus propios ciudadanos, el pueblo estadounidense…, esas bases electoras de la gran mentira republicana y democrática que son los EEUU, esos hombres y mujeres estereotipos ya como un desorbitado factor de consumismo distractor.  No importando que “Los [EEUU] de hoy no [tengan] nada que ver con la declaración de principios de Filadelfia formulada por las 13 colonias que se rebelaron contra el colonialismo inglés”¹ para fundar una república con proclamas de “libertad, igualdad y fraternidad”, tal como pregonaba el alto ideal de la Revolución francesa; o, dicho de otro, nada importando que se pueda tener la percepción de que los EEUU son en realidad unos “estados fallidos”, no sólo desde el punto de vista de los desvirtuados principios fundacionales, sino desde el ángulo fraudulento de un real ejercicio de la democracia.

“Hoy constituyen un gigantesco imperio, que no pasaba en aquel momento por la mente de sus fundadores”, como asevera Fidel Castro,² en nada sembrado por los valores espirituales de la Revolución francesa, sino, peor aun, plagado por vicios como la mentira, el cinismo, la manipulación, el desprecio por su población, en nada condolidos con ningún ideal democrático.  Al respecto, dice Noam Chomsky que en los EEUU priva lo que él denomina como “déficit de democracia”,³ a saber, una creciente incorrespondencia o brecha entre las expectativas de la opinión pública y la política pública, constatable tanto en lo interno de los EEUU como en sus políticas aplicadas en el exterior.  Dentro se manipula al ciudadano, se le engaña, se le estafa, se le induce, se le conmina, se le despoja, y aun así su dirigencia continúa presumiéndose de democracia:  la verdad es que en la actualidad la política pública es rechazada por la población, así como es verdad que la población paga los impuestos y los ricos quedan exentos, a la población se le confisca y allana mientras al ricachón se le auxilia en sus problemas financieros, a la población se le excluye del sistema político, a la población se le somete lentamente a un proceso de desmantelamientos de estructuras institucionales a su servicio, como harto es conocido el tema de la seguridad social…; y con semejante perfil interno, EEUU se atreve a promover la democracia hacia fuera (no la suya, por cierto), hacia otras partes del mundo.

Temeridad de la razón y lógica, sin duda.  Pero, como se dice, es lo que hay.  Democracia y libertad al modo imperial, si dialécticamente el asunto es posible.  En discurso bélico, como otrora fue la cruz, llave y argumento hacia la mortandad.

II

¿Pueden poner a temblar (como se dice) a semejante imperio las revelaciones macabras de la hoy archiconocida página WEB Wikileaks? ¡Pssssiiiii!, exclamamos ahora en coro, y repetimos, peor aun, que el acorazado pueda envalentonarse mucho más con sumados superpoderes.  El imperio que sabíamos eran los EEUU, detrás del cariz moralino democrático y libertario, lo será ahora abiertamente, sin tapujos, con desvergüenza, con mayor radio y posibilidad de acción, a conciencia de que el mundo tiene la conciencia a su vez de que son ellos, los EEUU, en catadura y condición.  Wikileaks descarnó la trama nauseabunda de la política y diplomacia estadounidense:  medio millón de documentos y memoranda oficial exponen a la opinión mundial las entrañas del monstruo.  Y puede, ahora mismo, en su efecto aún no desarrollado cabalmente, estar quitando la última reserva de dignidad en un país vil y desvergonzado. Tal es lo que hay.

Su trabajo, en realidad, fue coadyuvar al desenmascaramiento a ciencia cierta de lo que todos sabíamos.  Esto es, los EEUU son una farsa de democracia, de libertad, de república, lo que es decir un imperio.  Al diablo con aquellos 13 estados pendejos que exprimieron su sangre para fundar una nación santificada por elevados ideales.  La realidad fue que el pobre pendejo murió para que el rico o poderoso viva, como parece ser el sino de jungla de la historia de la humanidad, lejos del sublime valor de la civilización y de los altos valores de evolución pregonados.  ¡Pssssi!  Véalo así, para retratar la catadura del estado imperial desbocado del que hablamos:  Julian Assange, el creador de la mencionada palabrita, fue acusado de violación, se recomienda su ejecución y se procura su captura en cualquier parte que esté del globo terráqueo; y vea usted, no se le busca no por creador de la tal palabrita WEB ni por revelar cientos de miles de documentos comprometedores para los EEUU, sino por violación.  ¿Se dan cuenta?  ¿Notamos de lo que hablamos cuando oímos de labios de los EEUU sus ofendidas quejas sobre la democracia y la libertad para descoñetar a segundos países?  Hablamos de eso, de los EEUU mismos, de lo que se es precisamente por lo que no se es.

El efecto Wikileaks es un viento que corrió el cortinaje del engaño y dejó en pelotas a la dama embustera, en tangas, como se dice en Venezuela, pero no mostrando sus encantos (que los tendrá, seguramente, como toda dama al desnudo), sino discursos, puñales, galimatías, fusiles, burlas, metrallas, muertes y bombas nucleares.

Vive el acorazado imperial, volando contraconceptualmente, como desde el principio hablamos, haciendo caso omiso de agüeros o videncias; por el contrario, alimentándose hasta de lo que parece apuntar a su destrucción.  Poco habrá de importarle los señalamientos del loco paisano suyo ese que mencionamos al principio, Profeta Durmiente, Edgar Cayce, cuando pinta el futuro sin ellos, los EEUU, en medio de un panorama dominado por China y Rusia. Y menos habrá de importarles, ahora en condición tan desnuda y siniestra, que quienquiera diga que los imperios pasan y que no hay futuro, cuando la verdad es que lo que cuenta es el presente, el ahora, su hora.   Punto.

Notas:
¹  Fidel Castro:  “La política cínica del imperio” (en línea).  En Diario Gramma. – 25 may 2008. - [pantalla 4]. - http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/ref-fidel/art20.html. - [Consulta:  2 dic  2010].
²  Loc. cit.
³  Noam Chomsky / Entrevista para Democracy Now:  “EEUU o Estados fallidos” [en línea].  En Rebelión. – 4 abr 2006. - [pantalla 20]. - http://www.rebelion.org/noticia.php?id=29354. - [Consulta:  2 dic 2010].

jueves, 28 de octubre de 2010

Los animales políticos de la Academia Sueca y su Premio Nobel contra el Miedo

Alfred Nobel Estemos claros:  un premio corona a quien ciudadano ejemplar con su acción u obra fomente valores de conservación del sistema que lo otorga.  Puede inclusive ensalzar la crítica, siempre y cuando con su luz apunte a la recuperación o perpetuación del sistema político y social sobre cuyas bases se erige.  Otórguese en el área que se otorgue, incluso reconociendo méritos en el campo científico, aspecto donde no debería privar el criterio político o ideológico a la hora de sentenciar, dado que no existen enigmas naturales físicos o químicos propiamente capitalistas o socialistas...

Pero ya sabemos, hombre y sistema social ─por más civilizados que se cataloguen─ poseen severos aportes de animal instintualidad, directriz esta orgánica de su naturaleza.  Sigamos claros.  No de otro modo se entiende por qué una altísima civilización como la occidental haya sido capaz de lo que fue recientemente:  las guerras más terribles, la bomba nuclear, las persecuciones políticas y los campos de concentración.  Como si la civilización y la cultura fueran el despecho de la naturaleza animal del hombre, que no termina por desaparecer del todo.  Se traga el avasallador progreso a las selvas primigenias y sus animales, pero no puede acabar consigo mismo, el ser humano, otrora pájaro selvático.  O no se atreve del todo. La alta y etérea intelectualidad está soportada sobre fundamentos animales.

Tal es la contradicción civilizatoria.  Los hombres son esas elevadísimas criaturas civilizadas que no pueden desprenderse de esa maldita condición animal que los acompaña o, mejor dicho, aqueja, con toda su infraestructura natural de temores, limitaciones y debilidades.  Cerebros luminarias por un lado, capaces de cualquier utopía, rozantes con lo divino, y cuerpos actorales por el otro, ejecutantes de lo odioso animal, encarnantes de la debilidad terrenal en general, de la vergonzosa huída, del apenante grito, de la traidora mentira por la vida propia, del silencioso arrodillar por el placer profano, profano intelectual... 

El animal humano está allí en la carne propia, con su carga de pavores y fulgurantes estampidas, imposibilitando que hasta el más alto místico fornique triunfalmente con Dios.

De forma que (dicho lo anterior sobre la humana debilidad animal) habrá que sentar que dificilmente una naturaleza conspirará contra sí misma, llámese hombre, hombre animal, hombre intelectual, sociedad, civilización, cultura y hasta barbarie, para hiperbolizar un tanto.  Así, pues, no es fácil entregar ese premio a hombres, obras o corrientes contrarios al sentido ideológico que lo propulsa, so pena de incurrir  en un “autosuicidio”, para utilizar una maravillosa expresión de un conocido expresidente venezolano, famoso por su brutal ilustración.  Y déjese constancia de que lo dicho no es producto de una ardua intelectualidad que parió una gran conclusión, ¡va, pamplinas!,  sino una soberana pendejada con todos los viso de una animal perogrullada.

Ninguna bestia, por más ilustrada que se perfile (según lo anterior, no es un contrasentido), se tenderá una celada a sí misma, menos una cúpula de la alta intelectualidad civilizada occidental (la Academia Sueca) intentando cultivos de valores adversos.  Ya de eso existe un sinfín de muestras en materia de Premios Nobel (para volver a lo nuestro),  la más emblemática el premio jamás concedido a Jorge Luis Borges por aquello de piropear a la Revolución cubana en momentos en que el macarthismo jineteaba por doquier y el comunismo había sido conceptuado como la plaga de los siglos contra la sociedad del progreso, léase capitalista.

Por supuesto, la Academia Sueca está por allá y los EEUU por aquí, pero hay que ser ese pedazo de animal de la selva que se lleva por dentro para no comprender que la derecha política (de la que hemos estado hablando siempre en el texto) es un ser viviente globalizado no precisamente desde el advenimiento de la Era de la Información, sino desde la invención de la idea y de los bandos.

No sólo desfalleció la Academia Sueca cuando obliteró para siempre al argentino, sino a muchos otros que usted seguro conoce o investigará, estimado lector.  Ella, la Academia, atalaya de la civilización y cultura occidentales, en virtud de su triste condición animal (hay que imaginarse a esos sublimes académicos lamentando su condición de humanidad animal) y desde que empezó a repartir premios,  ha venido flotando en diversos mares desde su fundación: la contradicción (silogística contradicción), el temor (temor cultural o de civilizaciones) y la confusión (confusión de lo sublime con lo profano, o, mejor dicho, de lo sublime con lo político).

Pero no son los académicos suecos (o los que postulan candidatos) los únicos animales que se dejan abrumar por sus naturales o culturales bríos a la hora de premiar a sus héroes...  Es la derecha política mundial que está en crisis y hace aguas...

 

Esbócese:  la Fundación Alfred Nobel rinde homenaje a quien enaltezca la inteligencia, humanidad y arte digamos de la especie humana, pero el fundador legó a la posteridad uno de los dispositivos de guerras más arrasadores de la vida inventados. No obstante, acéptese que se actúa por remordimiento y véase en esto un rasgo sublime del hombre.  Los Premios Nobel coronan casi exclusivamente a esas luminarias de la especie humana que pertenecen al partido digamos cultural, en la línea de la expresión “guerra de civilizaciones”, y se ciñen en cabezas del bando contrario cuando se declaran afectos al alto estamento occidental político, lo cual equivale a decir que premian la disidencia y en muchos casos a traidores.  Difícilmente se puede concebir un reconocimiento a los inventores de la bomba atómica si ésta hubiese sido lanzada sobre la humanidad de la etnocéntrica cultura occidental.

Los Nobel boquean cuando todo su estamento digamos premiante, en todas las ramas de la divinidad humana, pujan como para crear una suerte de premio político, resumen de todas las contradicciones que privan en la mecánica de concesión de los otros premios.  Al presente, tal confusión de lo político con lo sublime o viceversa, se ejerce cuando se toma la decisión de otorgar el Premio Nobel de la Paz.  Sin más palabras, piénsese en el otorgado a Barack Obama, lo cual nos pone también a viajar en el tiempo y a imaginar los frustrados ánimos académicos por no habérselo podido otorgar a Joseph Raymond McCarthy en su época, por su “encomiable” labor de perseguir comunistas, animales humanos estos portadores de ideas contrarias al “progreso humano”, es decir, a la corriente política, cultura y civilización propias.

Pero no son los académicos suecos (o los que postulan candidatos) los únicos animales que se dejan abrumar por sus naturales o culturales bríos a la hora de premiar a sus héroes...  Es la derecha política mundial que está en crisis y hace aguas, colocando a toda su institucionalidad en el trance de pervertir sus valores y asumir la guerra política en todas sus esferas. La guerra total, de balacera, ideológica y cultural, esa que suelta que si no estás conmigo estás en contra.   Se derrumba el sistema económico capitalista que soporta al político y es posible ya que ande difundida la pesadilla de ver a unos académicos suecos otorgando premios a criaturas socialistas o comunista descubridoras de enigmas cósmicos de la misma nacionalidad ideológica.  ¡Horror e hipocresía de este mundo!  Cojea y teme la derecha política mundial y es fácil constatar por doquier el ejercicio del cinismo y la conveniencia.  Un premio de la paz que es en realidad de la guerra, o un premio de literatura que es en realidad de conveniente apoyo ideológico, en medio de una líquida estampida ideológica institucional en crisis. Es decir, un Nobel de Literatura que no es de literatura, sino político.

Así, el premio otorgado al escritor Mario Vargas Llosa parece encuadrar en las últimas palabras, restándole brillo a su figura, en vez de sumarle.  En el contexto de los enunciados temores animalescos de la civilización occidental y de la consecuente politización de los criterios de la Academia Sueca, detrás de la concesión del premio habrá que sospechar que no se premia su obra tanto como su accionar político, conocido por todos anticomunista, antisocialista, concretamente en el tiempo presente cuando sus posturas han sido muy específicas en contra de Venezuela y su Revolución bolivariana, y han sido prolongadas en contra de la cubana.  Y precisamente en una región del planeta que parece fracturarse del esquema capitalista de la derecha política mundial.

Nadie tendrá que interpretar que la obra del escritor no merece reconocimiento como aporte histórico y sociopolítico en el ámbito latinoamericano (La casa verde, La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo), pero hay que denunciar, ¡caramba!, que después de la concesión del Nobel de la Paz a Obama los otros premios de la Academia figuran como suertes de caramelos repartidos en un circo.  Se perdió la compostura. Se dirá, con todo lo que pueda faltar en este breve artículo para la argumentación, que el premio dado a Vargas Llosa es político antes que literario.  Una razón:  el escritor estaba prácticamente retirado y su obra, con toda su importancia, ya figuraba como espacios cubiertos en los anaqueles de las bibliotecas.  Otra:  el comportamiento en sus últimos años de retiro literario ha sido principalmente político, de defensa del sistema neocolonialista y capitalista mundial (siendo él peruano de origen), circunstancia que lo llevó hasta a candidatearse a la presidencia de su país.

¿Quién puede creer que lo premian inocentemnte por escritor y no por político, ahora precisamente que él mismo había confesado haber abandonado la escritura y tener dificultades para ejercerla? A punto está la Academia de implantar la modalidad post mortem de concesión de premios, según los cadáveres postulados evolucionen hacia posiciones políticas de férrea defensa del sistema, es decir, a propósito de esta fabularia conversación, de humanos hacia perros, pero perros cancerberos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Ministro José Mata Figueroa: La Fuerza Armada evoluciona hacia la integración con el pueblo

En una entrevista con el conocido periodista José Vicente Rangel (José Vicente Hoy, 15 de agosto de 2010, Televen), el Ministro del Poder Popular para la Defensa, G/J José Mata Figueroa destacó que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ha operado sobre su organización un rescate histórico en relación a dos aspectos claves, como lo son la estructura y el pensamiento militares, organización y doctrina, hecho que la ha llevado a una situación de integración con el pueblo.

La aseveración la hizo cuando se le consultó si en las transformaciones que experimenta la FANB influyó el golpe del 11 de abril de 2002, hecho respecto del cual no tuvo la menor duda. “Después del 2002 es que se potencia con mayor fuerza las transformaciones en la FA.”, dijo, trayendo a colación, más avanzada la entrevista, el artículo 326 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, donde se observa el principio de corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil a efectos de garantizar soberanía y seguridad a la Nación.

Durante la IV República la Fuerza Armada había sido separada de su pueblo, como quedó cabalmente demostrado con los acontecimientos de El Caracazo, cuando de entre su confrontación se generó el saldo lamentable en pérdida de vidas humanas que se conoce. El rescate histórico se opera cuando el Estado y la sociedad civil se aseguran de no volver a incurrir en situaciones parecidas, mediante la implementación de mecanismos constitucionales (como el referido artículo 326), la recuperación del espíritu libertario de nuestros ancestros y la creación de una nueva organización cívico-militar, como la Milicia Bolivariana, que da protagonismo al pueblo en la defensa integral de la Nación.

En tal sentido, recalcó el Ministro, Venezuela se desprende del adoctrinamiento norteamericano que durante años se ejerció en el seno de la Fuerza Armada y asume uno más auténtico, de mayor consonancia y comunión con la figura

pueblo venezolano, pueblo en armas, coprotagonista en la gesta de preservar a una nación soberana. Así, la Milicia Bolivariana, con este objetivo de incorporar a la sociedad civil en la defensa integral nacional, se convierte en una expresión emblemática de las transformaciones estructurales que se ejercen sobre la Fuerza Armada.

El ministro Mata Figueroa fue enfático al resaltar que la Fuerza Armada desde el 2004 se ha volcado hacia el tema de la seguridad y defensa enfocándose en 3 lineamientos: fortalecimiento de la Fuerza Armada, fortalecimiento de la relación cívico-militar y fortalecimiento del pueblo en armas, elementos que dieron nacimiento a la figura de la “Milicia Nacional Bolivariana”.

En otro orden de ideas, aludiendo ya a la declaraciones de “baja moral” que el designado embajador estadounidense lanzara en relación a las Fuerzas Armadas, destacó el Ministro que ello es poco probable que sea así cuando el país dispone de uno de los “mejores armamentos del mundo”, hecho que, si se suma a lo dicho sobre la milicia, que incorpora al pueblo en la defensa, desmiente cualquier afirmación por el mismo estilo que se pueda hacer.

Finalmente, en un mensaje a Venezuela, ofrece el Ministro garantías de que la Fuerza Armada es constitucional, cada día más estrechada con su pueblo, lista para combatir el delito en la frontera, así como su defensa, en modo alguno amparando grupos que se permean, por ejemplo, desde el espacio colombiano.

Ofreció garantías a todos los venezolanos durante las elecciones para la Asamblea Nacional del día 26 de septiembre.

lunes, 9 de agosto de 2010

EE.UU. y Colombia como esfuerzo de guerra continental, sino mundial (ojo)

Colombia, Venezuela Simplemente Larry Palmer, el funesto embajador que EE.UU. había determinado viniera a Venezuela, no cuajó porque se cayó uno de los elementos del contexto para el cual fue enviado:  la agresión militar de Colombia a Venezuela, sobre un presunto campamento guerrillero en Apure, al mismo estilo de la agresión hecha al Ecuador, en la provincia de Sucumbios.  Pero, como ya sabemos, se fue Uribe y no le dejó el panorama “hecho”, por más que a última hora insistió este saliente Presidente en el ataque, cancelado finalmente por las nuevas autoridades militares y por el mismo presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos.

El embajador Palmer no hizo gala de gran creatividad a la hora de declarar a la prensa, luciendo como un muñeco computarizado de esos que responden según el programa inoculado.  Como lo demostró, venía con la expresa intención de atacar a la Fuerza Armada, tildándola de “baja moral”, atizándola, precisamente para desmoralizarla, procurando su inoperancia o fragmentación en el momento justo en que debía hacer frente a una agresión armada desde Colombia, o al menos en el momento que el embajador y los EE.UU. la daban por inminente o consumada.  La llegada de Palmer a Venezuela era la llegada de la guerra, sólo que a hora última se le cayó Uribe, como se dijo, al menos por ahora.

El hoy expresidente colombiano digamos “descuidó” esa sugerencia puesta en la mesa por el gobierno de los EE.UU. desde hace tiempo:  atacar a Venezuela, generar el conflicto, ir por el Golfo de Venezuela, posicionar y poner en funcionamiento práctico las entonces virtuales bases militares, incendiar la región, tomar el petróleo venezolano y acabar de una buena vez con ese brote malévolo socialista amenazante del bienestar derechista político internacional, en crisis en la actualidad.  Atacar a Venezuela ha lucido desde un tiempo para acá como una medida saludable, cuando no de supervivencia, algo así como matar la culebra por cabeza para emprenderla luego contra países como Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba, entre otros.

Sólo que el Uribe saliente no sintió antes esa soledad de “otoño del patriarca” o de “general [que] no tiene quien le escriba”, sentimiento perfectamente delineado por el Gabo para situaciones en que los “poderosos” ya no lo son tanto.  Pero confrontado a la inminencia de que apenas le quedaban semanas como hombre de poder en Colombia sin que nada ocurriese en su entorno que lo dilatará en su posición, el hoy expresidente pareció entrar en pánico, seguramente figurándose centenares de juicios tras sí por tanta sangre derramada durante su gobierno.  Uribe hoy es susceptible de ser acusado hasta en la Corte Penal Internacional de la Haya, instancia donde precisamente dejó en curso una demanda contra la figura y persona del Estado y Presidente venezolanos, respectivamente.

Entonces retomó las cartas barajadas por los EE.UU. sobre la mesa, a cuyo programa dio ejecución lo más que pudo, permitiendo la impunidad e inmunidad de la soldadesca estadounidense en tierra colombiana, por mencionar un detalle, además de las ya conocidas bases militares, mencionando ya el más terrible hecho.  Del único detalle que el faltó para complacer en un 100% el petitorio imperial de los EE.UU., esto es, atacar a Venezuela, se le hizo grande y balsámico el escándalo que traería consigo:  nadie pensaría en él si reventaba una guerra entre los dos países, nadie se preocuparía por la nimiedad de buscar o acusar a un expresidente por unos cuantos crímenes de lesa humanidad, inclusive sobre el hecho espectacular del descubrimiento de la maldada fosa común más grande jamás hallada en Suramérica, obra de su gobierno para y narcomilitar.

Uribe dio la señal de su postrimera determinación al gobierno de los EE.UU., quien, como sabemos, ansía una situación de caos en Suramérica con el abierto propósito de “pescar en río revuelto”.  Pero ya se había hecho tarde, como quedó demostrado con los acontecimientos.  Informaciones de inteligencia venezolana certificaron que el recién electo presidente de Colombia (además de las nuevas autoridades militares) se opuso por considerar que ya la “movida” (de atacar Apure) estaba desenmarañada por el gobierno venezolano, siendo una temeridad tantear la capacidad de respuesta de un ejército alertado, aparte el lodo de descrédito que cubriría a Colombia por atacar a un país como Venezuela.

“[...] las bases militares en Colombia obligan.  Como la nobleza, la vileza también obliga.”

De manera que Uribe llegó nomás a cumplir la fase de denunciar a Venezuela ante la OEA para dar curso a su precipitado ataque, quedándose trunco en el plan, como fuera de lugar quedó también el enviado de la guerra gringo, Larry Palmer, suerte de surfista sobre oleadas de muerte.  Ambos abortos de misiones bélicas, por un lado, y nombramientos diplomáticos, por el otro, estuvieron apegados a una estricta lógica:  Venezuela había movido “en silencio” tropas hacia el punto de ataque y el presidente Hugo Chávez ya le había manifestado a su manera al país lo que se avecinaba (“Uribe es capaz de cualquier cosa”).

Sin embargo, hay que decir que son situaciones circunstanciales que en modo alguno niegan la probabilidad de que el conflicto entre Venezuela y Colombia siga siendo atizado desde los EE.UU.  Nunca se debe olvidar que Juan Manuel Santos es ahora, y desde tiempos de Uribe, el hombre estrella de los EE.UU. en América Latina.  Su negativa a atacar a Venezuela no debe interpretarse como un “pase” de página en la relación entre los dos países, mucho menos como reflexión alguna de un estadista preocupado por la Patria Grande.  Sería un error.  La Colombia presente es un país de irreversible alma en concesión a los EE.UU. y no tiene otro desenlace que la guerra.  Los compromisos por años firmados por el gobierno de Álvaro Uribe y subscritos por el ahora Presidente (antes ministro de Guerra) condenan al país a la confrontación, ya no tanto hacia lo interno como hacia lo exterior.  EE.UU. coronó con el gobierno de Álvaro Uribe su primera victoria militar en la región, en hora de rebelión de pueblos suramericanos como la presente, a propósito, “hora Chávez”, girando hacia la izquierda política.

Nunca tampoco se debe olvidar lo que sigue, para este período que se inicia con el soldado estrella estadounidense, Juan Manuel Santos:  las cartas están echadas.  Del mismo modo que el ahora huidizo expresidente Uribe buscó desesperadamente la confrontación para solaparse, así mismo procederán las castas económicas y políticas de Colombia en medio de una hora de crisis mundial ideológica derechista, en medio de una hora en que los pueblos suramericanos parecen ejercer históricos reclamos con mayores fuerzas.  La guerra es una medida desesperada de las clases dominantes para mantener su estatus.  Además, las bases militares en Colombia obligan.  Como la nobleza, la vileza también obliga.

Mucho más si se considera la cristalización de los objetivos bélicos estadounidenses en la región, esto es, valerse de las discrepancias políticas y económicas internas de otros países para generar guerras.  EE.UU. logró con Colombia sus preliminares propósitos de guerra en Suramérica:  poner a pelear a dos una guerra cuyo triunfo de antemano no le pertenecerá a ninguno, sino a ellos, allá, muy alejadito de sus fronteras, como bien se corresponde con los crímenes de autores intelectuales.  Tal ha sido su práctica en las cantidades de guerra que han generado y generan al presente:  Irak, Afganistán, Pakistán, Irán, las Corea; todas lejos de su frontera, ejecutándose en manos de otros.  Ellos luego entran con sus marines a “reforzar”, como ya sabemos. Hematófago bélico de los pueblos.

Como nota final, dejo una reflexión:  EE.UU., de cara a su necesidad energética y geoestratégica, requiere de una guerra.  Al presente amaga tres:  una en Irán, otra en entre las Corea y la nuestra, entre Colombia y Venezuela.  La primera ofrece el riesgo de afectar a su aliado estructural, Israel, y probablemente sea postergada; la segunda implica una conflagración con uso de armas nucleares, razón que también llevaría a repensarla; finalmente, la tercera luce más fácil, corriéndose (aparentemente) no más el enojo de afrontar un transitorio descrédito internacional por atacar a un país de paz como Venezuela.   Pero hay que decir como el dicho, que nunca se sabe por dónde salta la liebre.  En el pasado, el ataque a un leve país como Polonia desencadenó la segunda guerra mundial.  En el presente, dado que el país comporta un interés geoestratégico y energético de la mayor altura (las mayores reservas de petróleo y la asociación a otros países consumidores diferentes a los EE.UU., como China y otros), podría no ser suficiente el rezo de que Venezuela no es Polonia para generar un efecto dominó internacional de reactividad. 

La guerra depende, por los momentos, de donde sea más fácil expoliar el petróleo (o al menos de donde lo parezca más) y resulte más simple operar a distancia y a través de otros para obtenerlo.  Eso dicho por el carácter cobarde de los ejércitos norteamericanos para guerrear directamente (los soldados se suicidan a montones ante la inminencia de un conflicto) y por el sentido de oportunidad zamuresco que los animan a entrar en combate cuando ya la tarea está realizada por otros o cuando las condiciones se prestan para aplicar la sofisticación de su armamento, destructor de pueblos a distancia.  No de otro modo (oportunistamente) fue que entraron en la segunda guerra Mundial, cuando la URSS ya había realizado casi todo el trabajo de derrota del ejército nazi; y no de otra manera fue que derrotaron a Japón, cobardemente, detonándole dos bombas nucleares.

Habría que verlos en su propia frontera, defendiéndose de una guerra que ponga a prueba la valentía de tanto muchachito hedonista forofo del llamado “sueño americano”, puesto contra la pared ante la disyuntiva de defender su estúpido consumismo (modelo político) o correr por su vida. Visto ello, se podría decir otra cosa.  Pero, por lo pronto, hoy se sufrirá de esa “valiente” modalidad que tienen de hacer la guerra de lejitos, como la que plantean entre Venezuela y Colombia.  Ya empezaron a volar en la frontera los aviones “drones” (no tripulados) desde hace unos meses...

viernes, 23 de julio de 2010

Los hijos de Páez y Santander

Uribe bélico1 ¿Sorprendido de la ruptura de relaciones diplomáticas?  No hay para tanto, paisa o paisano, colombiano o venezolano, respectivamente.  Eso estaba sobre la mesa, dado el espíritu de guerra que merodea desde una década para acá a la región, cuyo único delito parece haber sido despertar de un mal sueño libertario y descubrir que todavía se vive en medio de condiciones coloniales.  Lo que pasa es que duele, por muchísimas razones.

La suerte está echada no desde ahorita, que formalmente se rompieron las cosas, sino desde hace casi 180 años cuando poderes extracontinentales e intereses locales (cuando no personales) obraron para dividir y quebrar un sueño que lucía demasiado poderoso como para ser cierto:  la unidad, la mancomunidad.  Potencias extracontinentales, codicia y sed de poder de muchos pusieron a los pueblos, primero, a dormir y, luego, a naufragar.

Páez y Bolívar Como reza una teoría del caos por allí: nada es casual y solo en su ser, y todo acarrea consecuencias, hasta el aleteo de una mariposa.  Bolívar luchó por una integración que siempre en la historia la humanidad ha sonado utópica (¡cómo cuesta poner a congeniar a un hombre con otro!) y que luego derivó en un fruto maldito de contiendas y afanes particulares.  Muerto él, murió el poder moral, y ya no consiguieron freno los padres de quienes al presente han conducido a los pueblos de América Latina por el derrotero de una falsa democracia y prosperidad.  El débil aleteo inicial se ha convertido en una borrasca hoy, no pareciendo importar tanto los culpables como los hechos, que ya parecen bogar indeteniblemente.

Sería ridículo que, como el chiste*, un paisano o paisa detenga a un gobernante de esos, hijo de Páez o Santander (que los hay indistintamente en todos los países bolivarianos), y le caiga a trompadas para cobrarle el haber trabajado por la separación de las patrias, contrario al sueño bolivariano, cuadrado con el interés extranjero, con el capitalismo destructor e imperial, amador de dioses paganos.  La América Latina cundió en esa prole de Santander y Páez, leguleya y engañifa ella, brutal y caudillista, servida a su propio gusto luego de la muerte del Libertador.

Chávez y Uribe en son bélico Fueron esos hijos suertes de hormigas que se adueñaron del poder, convirtiendo en cuevas de batallas sus respectivos países.  Caídos en la trampas de sus propias divisiones (caudillismo), peleados codiciosamente por el pulgón de sus intereses (poder económico), se apoderaron de las tierras y bienes de las repúblicas, consolidándose en castas, sembrando la miseria social, la división, la exclusión, unas veces unos apoyados por padrinazgos extranjeros, otras veces otros, según la conveniencia del padrino, lógicamente.

Se juraron estos hijos de Páez o Santander la guerra a muerte entre hermanos (ya como cúpulas económicas), calculándose socarronamente quién ganaba más o quién obstentaba el mayor blasón de pulcritud de sangre o de poder político, cada cual desde sus respectivos huecos, como si una reciente guerra de Independencia no hubiera acabado de concluir, hecha precisamente para destruir lo que ahora ellos parecían seguir cultivando con una ansiedad de inusitado colonialismo...  Como si el piso republicano que tocaban no les hubiera sido dado por la sangre y el sudor de un hombre que durante la lucha dejó una cuantiosa fortuna y se vio precisado a cubrirse con una ropa ajena para vestir su muerte.

Ministro Defensa colombiano SilvaEso entre ellos, en las alturas paecistas o santanderistas; entre iguales, digamos, sobre  los niveles de sangre, desde un bunker de país contra otro, como amos del coroto que siempre han sido. Mientras tanto el pueblo siempre fue en medio de semejante juego de poderes y caprichos ricachonescos una masa despaturrada, destripada, descarnada, descalzada.  Suerte de cantera o mina de oro donde se acudía periódicamente para seguir refrendando el poder bajo el discurso del engaño, poder alimentado y sostenido por sudores, sangres y lágrimas.  Ya saben..., es el sistema, la costumbre, la ley, la patria, donde todos tenemos que luchar y defender, entendiendo, lógicamente, que la historia del mundo siempre ha sido un desglose entre unos que mandan y otros que obedecen, unos que comen y otros que son bocados, unos que depredan y otros que sostienen la cadena alimenticia. Lo dice la sabia cultura universitaria.  Lo normal a aceptar.

Tal pareciera ser el historial, grosso modo, de esas iniciales cúpulas que se disputaron el terruño de los países como unas haciendas, ya en forma de proles olvidando todo pasado independentista y procedencia, sembrando la división, cosechando hoy tormentas, como se ve soplan los vientos.  Cada uno en su bando, utilizando la antigua unidad mejor como un argumento de soberanía y guerra, apadrinándose en el juego de la historia de sus intereses locales con poderes extranjeros.  Los EE.UU. fueron una potencia que en un principio los trató como socios comerciales (S. XIX) y luego, cuando se declaró imperio (S. XX), ya los mantenía envueltos, enhebrados, dependientes, casi como protectorados, digamos hasta con la historia y valores comprados.

“Hijos de Páez y Santander terminando de aniquilar al padre Bolívar. Parricidas de la historia”

 

Río frontera colombo-venezolana Y hoy, que las masas ya no se aguantan tanto tener vocación de mina, porque del hueso no se explota gran cosa (y eso no le encaja ni al explotado), los pueblos parecen haber despertado y tomado su lugar en el reclamo.  Hay el derecho a la vida, al disfrute de la riqueza patria, a la ilustración, a la libertad...  Hoy entonces se caen las máscaras de quienes secularmente han expoliado y cargado con todo.  Hoy entonces los responsables buscan otra vez al padrino para su defensa (no resisten tanta miradera), pero no como ayer, cuando se defendían entre guerras caprichosas de ellos mismos, sino para contener a los pueblos, que reclaman historia.  Entonces hoy ocurre el fenómeno indigno:  se declaran de una vez de la misma materia y condición del padrino y presentan guerra a aquellos a quienes inveteradamente han explotado, es decir, a los suyos, a su propia gente, su propio pueblo.  Ocurre que las castas de sangre, económicas y gobernantes se hacen aéreas, extranjeras, volátiles nacionales, y van contra los propios, enemigos dentro de la misma patria, patria patria o Patria Grande.

¿A quien no habrá de dolerle semejante historia?  Hijos de Páez y Santander terminando de aniquilar al padre Bolívar. Parricidas de la historia, sembrando el continente de armas, infundios y bases militares para ir en contienda en contra de nacionales esencias, que jamás sintieron ni comprendieron porque se acostumbraron a mirar hacia afuera, a sostenerse mirando para afuera, simplemente.  Trayendo el afuera para el adentro ─se dirá─ para terminar de dinamitar el resto interno y así conservar el interés y posición personales, el negocio, el billete, la empresa, la hacienda, los esclavos, el perfil “connotado” de siempre, el lindo niño hijo de siempre aprendiendo a domeñar pueblos, entrenando esclavos...

Son castas que gobiernan todavía y apuestan a la destrucción del todo para existir en el uno personal, con su amada ventana abierta hacia el exterior, por donde ahora entran irremediablemente corrientes contranacionales, amenazantes hasta de ellos mismos (si no se “cuadran” fiel con el padrino), arrasantes, imparables.  Ahora que los pueblos despertaron y parecen de armas tomar, reclamando historias, a ellos ya (a los hijos de Páez y Santander) no les queda más que la formalidad de declarar su bando, es decir, el foráneo, es decir, el extranjero, pero sobre tierra propia, yendo vilmente contra sus paisas y paisanos.

¿Qué dos países bolivarianos hayan roto relaciones, porque uno despierta pueblos y el otro los adormece?...  ¿Cuándo en el interés de las castas hubo establecidas relaciones diplomáticas entre los pueblos y para los pueblos, más allá de la macolla de los innombrables interés de ellas mismas?  Había relaciones comerciales, capitalistas de las “buenas”, pero jamás un vaso comunicante de sentimientos de patria, de conciencia, de historia, de identificación e identidad, de orígenes y procedencias históricos, de sentimientos auténticos de pueblos. Siempre hubo un estatus de sangre, poder y dinero por encima, y otro de sudor, explotación y miseria por debajo. ¿Quién pueblo famélico puede intentar relaciones de fraternidad si apenas el fuelle le alcanza para la supervivencia, cercado como vivió en medio del dominio a través de la ignoracia? La historia, también, le había sido sustraída.

Ahora, que el pueblo se levanta, empieza la guerra de Independencia de nuevo, fratricida ella, como toda guerra cuando el enemigo convive en casa como un hermano que nunca fue, o contra un capataz (la clase económica y de gobierno) al que siempre el gobernado por lo menos le reconoció nacionalidad, inocente del engaño.

Pero podría no haber guerra, ni presente ni futura.  Baste con que el pueblo se vuelva a acostar a dormir y ningún dirigente revolucionario se ponga a revolver el divino estatus del sistema de cosas del pasado; baste con que los esclavos vuelvan a sus norias y la clase tradicional dominante, junto a su sistema de cartillaje de explotación humana (el capitalismo), vuelva a ocupar sus puestos de mando, como hijos de Páez y Santander que son, sobre el polvo tranquilo depositado encima de sarcófago de Simón Bolívar; baste con que el padrino de la clase gobernante vuelva a recibir bombeos de energéticos recursos hacia sus arcas, no importando que algún “loco” por allí hable de justicia, revolución o traición a la patria, ni que la gente llana de pueblo pierda el pellejo sobre el asa de las palas.

Caso contrario..., habrá la guerra, una inusitada, que se palpa en el ambiente histórico, entre el bando de los ahijados y padrinos, y los descamisados en rebelión.  No se trata de una suerte echada, sino de una historia.

Notas:
* El chiste aludido más o menos dice así: Un criollo le cae a golpes a un español porque ellos “nos cambiaban espejitos por oro o nos mataban”. Cuando el agredido replica que eso fue hace mucho tiempo, el agresor responde “pero yo me enteré esta mañana”.

viernes, 16 de julio de 2010

Hugo Chávez en Colombia, entre dioses y designios

Magnicidio1 De antiguo sabemos de videncias.  Entre griegos, cuando un guerrero moría en manos de otro, solía predecirle la muerte.  Es famosa la sentencia de Héctor a Aquiles, al pronosticarle su muerte por causa de las flechas de Paris.  Mucho más tarde, a años de haber finalizado la Guerra de Troya, Ulises muere de la manera más simple, cuando era rey en su isla y nada como una guerra lo amenazaba.  El oráculo le había vaticinado que la muerte le vendría del mar y, en efecto, acabó con él un erizo.

Sin duda, si queremos ser efectivos adivinos, podemos sentenciar que todos moriremos.  De ello no hay duda.  El problema siempre será saber cuándo o cómo, a menos que una enfermedad incurable le haga decir a un médico que contamos con tantos meses de vida, por ejemplo.  Edgar Cayce, vidente estadounidense, le dijo un día a una actriz que no se montara en el avión, por más importante que le pareciera aquello que la esperaba en su destino.  No obedeció y su capítulo es historia.  (Por cierto, este vidente vaticinó la desaparición de los EEUU bajo inundaciones, luego de lo cual una era de preponderancia encarnaría en Suramérica)

Vivimos, en fin, en la incertidumbre de la vida, que es como decir de la muerte, no sabiendo cuándo nos toca viajar tan largamente.  No tenemos muy a la mano matar a alguien para que nos “confiese” el futuro, como entre griegos, ni tampoco la suerte de que un amigo vidente como Cayce tenga una visión y nos advierta. Nada de oráculos por estás épocas.

Ello nos lleva a las “confianzas” de vivir como todo el mundo, bajo la incertidumbre, que a fuer de ser normalidad la asumimos como invulnerabilidad, no creyéndonos nunca que la pelona nos vendrá a buscar.  ¿Se imaginan?  ¿Pensar en la muerte a cada paso?  Terrible, sin duda, y sería como si muriésemos permanentemente estando en vida, dada la angustia o temores.

Se acabaron aquellos tiempos míticos, de previsión futura, al parecer.  No se movía un soldado griego o troyano hacia el combate (para seguir con la referencia) si un águila daba un “mal vuelo” en el cielo; o si las vísceras de un ave sacrificada revelaban algo siniestro.  A no ser por el pulpo Paul del reciente mundial de futbol, que acertó todos los resultados que predijo, no parece haber en el presente fuentes fiables de predicción, como se corresponde con una época tan científica y desmenuzadora de mitos cual la que vivimios.  Al desconfiar de todo, incluso de aquellos vates que te aconsejan, terminamos confiando en nosotros mismos, casi exclusivamente, como bien se corresponde con una era moderna y postmoderna que propugna a la razón como el don personal, divino y hasta contradivino.  Ya no hay dioses.

Y así el cuento, no nos queda a nosotros más que nosotros mismos, es decir, la razón, la lógica, el auxilio de la ciencia, política y social.  Como dijera nuestro filósofo J.R. Guillent Pérez, hablando de los griegos, por cierto, y del mensaje de su filosofía: “el hombre ha de ser libre, ha de vivir sin dioses”.

De manera que nos queda el análisis para intentar prever el futuro, la consideración en frío de los hechos, en medio del despliegue de un acto mental muy contrario al implicado en cualquier teoría surrealista o caótica, que observa la supresión de la razón.  Más cuanto si lo que pretendemos augurar es nuestra propia seguridad. 

“Se sobredimensiona el efecto de una simple visita en aras de una ansiada probabilidad de muerte”

El presidente Hugo Chávez ha sido invitado a asistir a la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos; y al parecer, según ha proyectado hacia los medios de comunicación, el primer magistrado se debate entre ir o no.  Sin duda un acto audaz, no más de pensarlo, cuanto más en su vacilación.

Lógica y razón, que es lo que nos queda, como dijimos, gritan templanza, frialdad en la consideración.  La lógica, por ejemplo, pide respeto en el planteamiento de sus premisas.  No diremos que Colombia, tal cual la configuran sus castas gobernantes decimonónicas, es un pedazo de patria continental perdido, para no sumirnos en una espuma pesimista; pero no debemos dejar al olvido que nunca nos ha pertenecido en alma, realmente, ni siquiera durante la época de Bolívar, época también de Santander, cuando empezó a cuajar como un sistema de gobierno contrarrevolucionario, traidor y apátrida.

Con todo su amor integracionista, Bolívar nos quiso llamar “colombianos”, pero dejó la vida en ello, en el seno mismo de una Colombia ya irremediablemente santanderista y entregada al designio de una nueva fuerza extranjera imperialista, en lugar de la vieja española desalojada.  Casi como un sarcasmo de la vida, de profundo simbolismo histórico, Bolívar murió en sus tierras, mismas en la que floreció todo aquello contra lo cual en vida luchó:  opresión social, opresión colonial, explotación del hombre por hombre, castas terribles de diferenciación social..., y donde al sol de hoy continúa ese jardín muy frondoso.  Colombia es hoy cuna de la contrarrevolución, sede del antibolivarianismo, protectorado imperial de los EEUU, base de 7 guarniciones militares extranjeras, cuña contra la integración latinoamericana, espíritu demoledor contranacional y de ideales.  Hugo Chávez, por su lado, encarna lo contrario, es un espíritu bolivariano, de esos asesinados en el cuerpo de Bolívar en su época... ¿cómo pretender encajar en el centro mismo de la antonimia moral?  Se oyen las protestas de las premisas y las lógicas.

Se debe tener presente hoy y por un largo lapso de tiempo, según el enclave que ha practicado el imperio de los EEUU sobre sus tierras (bases militares, financiamiento), que Colombia es un país perdido para la causa, casi enemigo a no ser por su pueblo llano, igual al venezolano, ecuatoriano o peruano, siempre necesitado de independencia.  Creer lo contrario, anclado en un noble deseo de no reconocer realidades, es perder las únicas defensas que provee el vivir a lo moderno, a lo griego, sin dioses, como dijimos, entregados únicamente a nuestros propios y racionales designios.  Ningún lugar mejor para asesinar a un presidente o ideal como Hugo Chávez que Colombia.  Colombia hoy es el resultado de un proceso histórico, nada borrable en sus resultados en dos o tres años, menos por la vía ilusoria de unos buenos deseos o mentalismo, muchos menos por una simple visita.

Desde el punto de vista de la razón, sobran las consideraciones.  Ella es una capacidad de conciencia.  Hugo Chávez está obligado a tenerla y a regirse por ella.  El mismo presidente ha dicho lo que sería del país si él muriese asesinado.  Huelga hablar de las consecuencias.  Bástese dejar aseverado que pasarán décadas para que una promesa de transformación socialista vuelva a prender en nuestras tierras, mismas que a futuro estarán severamente atenazadas por la derecha política, más acuciosa, más avisada, más inescrupulosa, consciente de la indeseada e histórica experiencia chavista.

Hoy la oposición magnicida y quienes internacionalmente le prenden velas negras a las revoluciones rezan para que Hugo Chávez pierda su guarnición:  una decisión huérfana del visto bueno de los únicos dioses personales de nuestros tiempos modernos:  razón y lógica.  ¿No ha visto usted la alharaca en los medios políticos opositores, donde casi empujan y sentencian “¡Qué cobarde!” para que el presidente se embarque de una mala vez hacia Colombia?  Una de sus plegarias favoritas es el efecto a recoger de la afirmación de que con no ir Hugo Chávez en nada recompone las relaciones con el vecino país.  ¡Por favor...!  ¡Arreglar Chávez el asunto con Colombia cuando 7 base militares de los EEUU se ejercitan y uno de sus soldados predilectos (Juan Manuel Santos) ejerce el poder! Se sobredimensiona el efecto de una simple visita en aras de una ansiada probabilidad de muerte.

miércoles, 14 de julio de 2010

Lo inevitable.

Guerra EEUU-Irán No estoy por saber cuándo sonará el primer disparo, ni desde dónde.  Una guerra empieza o de improviso o después de una larga provocación, hasta que se escapa un primer tiro.  EEUU e Israel pasean su embarcaciones en las aguas internacionales del Medio Oriente, tentando un acto provocante, más allá  de los plazos de espera planteados por la letra de las sanciones de la ONU, figura esta que puede importar un bledo, como quedó demostrado cuando el ataque a Irak.  Los policías del mundo se fueron hacia las aguas internacionales adyacentes al Golfo Pérsico a provocar la suerte, a correr con la tentación de inspeccionar un barco iraní, lo cual tendría su respectivo correlato del país asiático sobre los barcos en aguas del Golfo y del estrecho de Ormuz, como advirtiera un comandante de la Armada.  Inmediatamente podría comenzar el ir y venir de proyectiles, como advierte Fidel Castro en uno de sus escritos. Una lluvia de guerra.

Pronosticar guerras es lo más simple que hay.  Basta con saber cuáles son las objeciones al poder y quién tiene algo que ese poder necesita para seguir ejerciéndose.  Sáquese no más la cuenta a partir del hecho de que se hacen guerras nomás por orgullo, y hasta por imágenes simbólica; con tanta mayor razón y predeterminación, si por necesidad.  Usted recuerde cuando era niño y el más guapetón de los muchachos le pintaba a su madre sobre el suelo y acto seguido la emprendía con escupitajos o lascivos movimientos de caderas sobre “ella”.  Allí empezaba una pelea, una guerra, pues, aunque un abuelo desde una ventana advirtiera que era estúpido caerse a piñas por causa de unas rayas dibujadas sobre la tierra.

O piense en el bombardeo al que fue sometida Libia luego que Muammar Khadafi llamara “perro rabioso” a Ronald Reagan, entonces presidente de los EEUU.  Por supuesto, no diremos que fue por causa del insulto en cuestión que se decidió el bombardeo, ¡pero cuanto hay de eso si consideramos que la guerra contra el terrorismo que por aquellos años se iniciaba era la pantomima que se sabe es ahora (un burdo pretexto)!  ¡Échele coco, por este mismo orden de ideas, barajando a la Venezuela actual, acusada de los tres argumentos históricos imperiales de la guerra:  comunismo, terrorismo y narcotráfico!

La guerra que se plantea en el Medio Oriente tiene un cariz de necesidad para la preponderancia de los EEUU en el mundo. Dejémoslo claro. Nada tiene que ver con orgullo, perros africanos o gringos, imágenes o símbolos; ni en modo alguno obedece a la tan cacareada confrontación de civilizaciones, que nos pone a pensar en una sarta de gringos (y al francés Sarkozi, especialmente) yendo hacia esos lugares a prohibir la amputación de manos para los ladrones y el uso de la burka en mujeres.  Nada más lejos.  Cuando los EEUU se posicionan en las tierras del Medio Oriente y aguas del Golfo Pérsico, en plena Guerra Fría, por allá en 1.957 en virtud de una llamada doctrina Eisenhower y posteriormente Carter, lo hacen antes por petróleo y recursos minerales que por contener a la Unión Soviética.

El Medio Oriente estaba formado por estados “canallas” y era un territorio a disputárselo en influencia a los soviéticos, pero también contenía y contiene el “80% o más de las reservas mundiales de gas natural y petróleo, así como reservas de uranio, cobre, cobalto y otros materiales industriales cruciales.”¹  De manera que su teatro de operaciones hoy ─de guerra─ es una consecuencia de un consciente perfilamiento de los EEUU en su condición de aparato industrial extremo-dependiente de la energía, así como es una consecuencia de cálculos geoestratégicos militares.

Es claro que EEUU y compañía se disparan el último cartucho de guerra y expoliación antes de volcarse “preocupadamente” hacia América Latina.  De no resultar satisfactorias las cosas por allá, en breve los tendremos en casa.

Dígase, pues, del modo más simple posible, que los EEUU se la juegan como potencia industrial y militar con su aventura en el Medio Oriente y en aguas del Golfo Pérsico, aunque suene espectacular.  Sobremanera hoy día cuando se proyectan mermadas las reservas de petróleo en el planeta y cuando otro voraz y coloso competidor surge en el panorama internacional (China).  Mírelo así:  los EEUU son unos de los principales productores de petróleo en el mundo, pero no se bastan así mismos para autoabastecer su necesidad, teniendo que importar.  Consumen 20 millones de barriles diarios (produce 5), y se estima que en el 2.025, junto a China, consumirán el 35% de la reserva mundial.

Vea la preocupación norteña […]:  en 1970 los EEUU producían de su propia cosecha más de 10 millones de barriles diarios; hoy apenas llega a 5.  Tienen reservas por el orden de los 16 mil millones, y consume anualmente 7.300 millones, es decir, dos años aproximados de subsistencia.  Diariamente se tragan 19 millones de barriles y, como les dije, ¡produce 5!²

Ellos lo sabían desde mediados del siglo pasado y antes cuando desarrollaron inusitadamente su aparato industrial, tomaron previsiones geoestratégicas; hoy se disponen a recobrar la inversión.  ¿Quién se atreve, ergo, a apostar a que no habrá guerra?  Ya en Irak mantienen presencia y aseguran un alto porcentaje de conquista regional, por más que se arguya que la guerra le resultó un fiasco, según el país es un desorden y no hay seguridad para óptimas extracciones de hidrocarburos.  ¡Pero tal es el plan!  No existe ─por principio─ un país pacificado tomado por los EEUU (Japón, quizás, a precio tan alto), dado que la doctrina de dominio no es precisamente la paz sino el estado incendiario de la zozobra.  Ello faculta permanentemente a la intervención imperial y mantiene en debilidad al objeto de la sujeción. Es decir, la doctrina maquiavélica in situ y en vivo.

Una vez dejado en claro la voracidad y la extremo-dependencia energéticas de los EEUU, el otro factor a considerar es el sionismo que se ha posicionado medularmente en el aparato de poder político y económico del país, hasta el punto que empleados de la CIA, para hablar de un nivel de expresión significativo, se quejan de que se han convertido en un apéndice operativo del Mossad.³  Más allá, incluso, al echar usted un ojo a las estructuras gubernamentales de los EEUU, notará que las instancias están copadas por personalidades y funcionarios que no parecen vacilar en considerar a Israel como una suerte de “patria histórica”, hacia cuyo ara se opaca el juramento de fidelidad debido a los EEUU.  Rahm Emanuel (jefe en la Casa Blanca), Hillary Clinton (Secretaria de Estado), Joseph Baiden (Vicepresidente), Robert Gates (ministro de Defensa), Timothy Geithner (ministro de finanzas), Bill Richardson (ministro de comercio), Tom Dashle (ministro de salud), entre otros, son bueyes que inclinan la balanza hacia una región imperializada por el Estado de Israel, que es como si dijéramos EEUU.

Para finalizar y para hacer más próximo el drama del Medio Oriente respecto de nosotros, acérquelo usted a América Latina y correlacione la situación en el aspecto de los recursos naturales, de la geopolítica y geoestrategia.  Como allá, donde el Medio Oriente fue registrado como un haber geoestratégico, acá existe un registro de “patio trasero”, figurando Venezuela y Brasil como los fuertes en reservas de recursos naturales, geopolíticos y geoestratégicos, y Colombia o Chile como la avanzada de la bota imperial en el continente. Es claro que EEUU y compañía se disparan el último cartucho de guerra y expoliación antes de volcarse “preocupadamente” hacia América Latina.  De no resultar satisfactorias las cosas por allá, en breve los tendremos en casa.

Notas:
1. Michael T. Klare:  “La nueva geopolítica de la energía” [en línea].  En Indymedia Colombia. – 11 mayo 2.008. - [Pantalla 8]. - http://colombia.indymedia.org/news/2008/05/86487.php. - [Consulta: 14 Jul. 2.010].
2. Oscar J. Camero:  “Breve retrato petrolero del sistema imperial de los EEUU” [en línea].  En Animal Político. – 23 Oct. 2.009. - [Pantalla 9]. - http://zoopolitico.blogspot.com/2009/10/breve-retrato-petrolero-del-sistema.html. - [Consulta:  14 Jul. 2.010].
3. Nil Nikándrov:  “El Bilderberg conspira en América Latina” [en línea].  En Fondo de la Cultura Estratégica. – 3 Jun. 2.010]. - [Pantalla 5]. - http://es.fondsk.ru/article.php?id=3070. - [Consulta:  14 Jun. 2.010].

 

viernes, 9 de julio de 2010

5 de julio: firma del Acta de Independencia y ascensión de Manuela Sáenz al Panteón Nacional

La Milicia Bolivariana desplegó un operativo de custodia y seguridad

Histórico reconocimiento a quien en vida fuera una soldado y compartiera vida sentimental con el Libertador. Se reporta, además, el sin precedente ascenso de dos mujeres al rango de vicealmirante en evento protocolar en el Fuerte Tiuna.

Caracas. Con motivo del traslado de los restos simbólicos de Manuela Sáenz al Panteón Nacional, desde la Casa Natal del Libertador donde reposaban en vigilia desde el sábado, la Milicia Bolivariana desplegó el 5 de julio un operativo de seguridad que consistió en extender una cadena humana de custodia entre los sitios, realizando labores de resguardo público para la comitiva que, en una primera fase, tenía la responsabilidad del traslado del cofre contentivo de los restos de la heroína.

En un primer tiempo, bajo el mando de los comandantes, la Milicia se formó en la Plaza El Venezolano, diagonal a la Casa Natal del Libertador, desplegada en dos agrupaciones de diferente uniforme: la verde oliva de la Milicia Territorial y la gris de la zamorana o milicia campesina, como se le conoce. Luego, hacia las 10:00 AM empezó el movimiento hacia la zona norte de la ciudad, desde la esquina San Jacinto, pasando por la Av. Urdaneta y continuando hacia la Av. Panteón, a objeto de habilitar el paso de la comitiva hacia el Panteón Nacional. La comitiva con los restos de la heroína “Manuelita” Sáenz hizo acto de presencia poco antes del mediodía, escoltada por cadetes y distintas organizaciones civiles y sociales.

La heroína.

Manuela Sáenz nació en Ecuador el 27 de diciembre de 1.797 y murió en Paita, Perú, el 23 de noviembre de 1.856, bajo los efectos de una trágica peste de difteria que asoló la zona, hecho que conllevó a que sus restos fueran enterrados en una fosa común y sus posesiones incineradas, perdiéndose con ello una valiosísima documentación histórica de la que era custodia.

Durante ocho años fue compañera sentimental del Libertador, llegándole a salvar la vida en Santa Fe de Bogotá en 1.928 al hacerle frente a los conspiradores. Por tal razón, según cuño del mismo Libertador, se le conoce como la Libertadora del Libertador.

Manuela Sáenz ya mucho antes de conocer a Bolívar era una activista política, desde la época de su matrimonio con el médico inglés James Thorne, en Lima, donde vivió y compartió con otras mujeres adversas a la autoridad española un creciente descontento que finalmente derivó con una participación femenina en los movimientos revolucionarios de la época, encabezados por Simón Bolívar en Nueva Granada y San Martín en el Perú.

Se le conoce, además, como una persona irreverente y desafiante de las convenciones culturales que enclavaban a la mujer en una posición sumisa y secundaria respecto a un rol más protagónico en los asuntos sociales. En lo sucesivo renegó del matrimonio contraído con el inglés (arreglado, como era la costumbre), excusándose con que no podía vivir con un hombre que le causaba repulsión; decidió seguir a Bolívar, a quien “adoró” vivo y “veneró” muerto. Este hecho le acarreó no poca crítica durante la época, dada su condición de mujer casada.

Posteriormente, cuando es ya mujer militar, ”mostraba su talante vistiéndose de hombre (...) y cabalgando con mayor destreza que sus acompañantes (...) rebelde y luchadora", como lo expresó el presidente Rafael Correa en el acto de recepción de los restos en el Panteón, al retomar la valoración histórica que se desprende de la figura de Manuelita como defensora de los derechos de la mujer y de su autodeterminación.

Manuelita combatió en la Batalla de Pichincha, recibiendo el grado de Teniente de Húsares del Ejército Libertador. Luego participó en la Batalla de Ayacucho, desde donde el mariscal Sucre la postula a Bolívar para coronela en los ascensos. El 22 de mayo de 2.010 el Presidente de la República de Ecuador, Rafael Correa la asciende al grado de Generala de Honor de la República, en el mismo sitio donde se sellara la independencia del Ecuador (Cima de la Libertad). El pasado día 5 de julio, a 199 años de la firma del Acta de la Independencia venezolana, es promovida al grado de General de Brigada del Ejército Bolivariano y sus restos se depositan al lado derecho del sarcófago del Libertador, Simón Bolívar, en el Panteón Nacional, máximo altar de la patria.

Es de hacer notar que a estos efectos de reconocimiento del papel de la mujer en la gesta revolucionaria, en fecha conmemorativa de independencia como lo es el 5 de julio, posteriormente el presidente Hugo Chávez, presidió los ascensos de 381 oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, celebrados en le Patio de Honor de la Academia Militar, Fuerte Tiuna, donde en un acto sin precedentes ascendieron dos mujeres al rango de vicealmirante.

Se trata de Carmen Meléndez de Maniglia y Silvia de Semeco. Desde 1832, en la Armada Nacional no hay registro de ascenso de oficiales femeninos a tal grado.

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miércoles, 30 de junio de 2010

Inesperado crecimiento preferencial de Hugo Chávez sobre un marco de adversidad da la señal de que es necesario aplicar “mano dura”

Mano dura Después del problema eléctrico e hídrico en el país, y luego del último rollo con los alimentos en putrefacción, además del encono mediático por empeorar la percepción del paisaje político venezolano, cuatro temas regurgitan en mi cabeza de analista popular político (así digámoslo, puesto que no ostento título de “sesudo” académico en la materia, aunque me la paso en la calle filmando con mis ojos la diaria vida).  A saber:

  1. Hugo Chávez, de acuerdo a encuestas, sube en la preferencia popular, aumentando su popularidad, rayante en un 60%.
  2. La inseguridad nos mata
  3. Corrupción y motorizados desmoralizan
  4. La lamentable oposición política venezolana luce desguarnecida
  5. Las elecciones para la Asamblea Nacional se presenta como un extraordinario reto de consolidación y continuidad político.

Ello a grosso modo, teniendo en cuenta que los cuatro puntos son una suerte de corolarios de subterráneos procesos, que acomodaticiamente condensamos en breves palabras.

Los puntos de la inseguridad, corrupción y motorizados, que conllevan a incidir en una apreciación maltrecha de la autoridad reinante en el país, es un tema que a diario se presta para que quienquiera desee criticar por criticar se aferre de allí con gran vehemencia.  Por ejemplo, para tomar un aspecto nomás, la expresión típica y resumante de cualquier arrebato opositor es “¡Mira la calle, chico ─señalando a un motorizado─, no hay autoridad!  A este país se lo llevó el diablo.”  Demás está decir y recomendarle al presidente Hugo Chávez que una acción poderosa de ejercicio de la autoridad combatiría en amplia medida el problema y enviaría un mensaje de fuerza a la población (si usted quiere elector), de conciencia y presencia estatales.  ¡Caramba, si el mismo contrato social así lo exige:  usted, ciudadano, desiste de su comportamiento selvático y salvaje y deja en manos del Estado su control para cuando experimente un desbordamiento!  A cambio, usted tiene derechos.

Así de simple, como medida rápida a la mano, si se quiere efectista para quienes quieran ejercer la crítica y enarbolar el consabido clisé de la aplicación de “paños calientes” o maquillaje, que esencialmente nada resuelven.  Pero, antes de continuar desarrollando el punto y pasar a recomendar lo que recomiendo, dejo un acto de conciencia sobre lo esbozado:  el cambio de matriz cultural para exorcizar el problema de la corrupción e inseguridad sabemos radica en un progresivo adecentamiento moral, socioeconómico y educativo, nada subsanable, fundamentalmente, con eventuales encarcelamientos de corruptos y abatimiento de delincuentes. Dejo, pues, bien sentado el clisé, si es que un clisé se puede clavetear aún más sobre el piso semántico: los paños calientes no curan, sino, como sabemos, ejercen su efecto sobre los síntomas, las percepciones y las apariencias, si es que queremos traer estas palabras a colación.

El aspecto político ─aquí voy─ no debe perder su perspectiva y sincronía práctica con la realidad.  En momento electoral como el presente, cuando se apresta la Revolución Bolivariana a consolidar una fuerza operativa en la Asamblea Nacional, conscientes de que los correctivos no han tocado el fondo progresivo del problema en cuanto a corrupción e inseguridad, se impone apelar a las medidas inmediatas a la mano (seguimos con los paños calientes), de ejercicio de la autoridad al menos, no importa que atacando el cariz de la problemática y no sus raíces.

¿Por qué semejante cinismo político, del que  muy argumentadamente se me podría acusar?  Es simple:  existe un ambiente electoral y un sistema político que basa su gobierno y estadía en el arbitrio popular, en el voto, mismo que es necesario procurar.  Para el subsanamiento de los problemas de fondo baste saber que se trabaja en ello, que el proceso es largo y que el liderazgo del presidente Hugo Chávez es garantía de moralidad y compromiso hacia ese sentido.  Por el hecho de que la solución a la corrupción y la inseguridad amerita quizás el decurso de una generación completa no hay que cruzarse de brazos, enviando un mensaje de inoperancia a la población, electora ella.  Asegurar la preferencia electora es garantía de continuidad y de espacio para seguir con el trabajo de educación de masas.

Se debe ejercer acto de presencia y de fuerza estatal y constitucional, lo que nosotros en nuestra jerga llamamos “mano dura”, autoridad, como bien faculta el llamado contrato social.  No es posible que en nombre de protocolares pruritos de una honestidad que ya no es política sino académica se pierda la preferencia electora, de cara como estamos ante un evento de elecciones.  Lo político honesto es saber cuánto se tiene de arraigo en las masas y cómo sostenerse.  Es el uso de la técnica sin sacrificar la ciencia.  Es el manejo de la forma de modo tal que no perjudique la esencia.  Y claro estamos que para seguir luchando por un modelo socialista, según armamento democrático al alcance en el presente, es necesario mantener el voto y la preferencia electoral del pueblo, dado que el avance conquistador de este modelo pide mucho más tiempo.

La aplicación de la “mano dura” es una medida necesaria, con todo y lo dicho sobre que parezca un paño caliente, pero también con todo y lo dicho sobre que capta votos, da una sensación de presencia y acción estatal.  Lo demostró el mismo presidente Chávez subiendo en las encuestas luego que le declarara la guerra a los sectores económicos, metiera entre rejas a unos cuantos y castigara constitucionalmente la lengua de muchos.  Y ello es doblemente significativo si se toma en cuanta que su gestión viene de transitar un momento con el rollo de la electricidad y la escasez de agua, arteramente explotado por la oposición mediática.  Aún hoy vive las secuelas de otro problema al que se le afila punta mediática, como lo es el de los alimentos de la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (PDVAL).

No obstante este último problema, de acuerdo a cifras propaladas esta semana por periodistas como José Vicente Rangel y Eleazar Díaz Rangel en sus respectivos formatos de divulgación, la popularidad de Hugo Chávez experimentó un alza que lo coloca en un 60% de aprobación (uno promedió las encuentras de las últimas semanas y otro se basó en las cifras que presentó la encuestadora GIS XXI).  ¡Es que la aplicación de la ley, de la fuerza constitucional, del poder convencionalmente democrático del Estado, cala positivamente en el elector, aunque sepamos que la aplicación de castigos sólo sea una pequeña parte en la corrección de los problemas!  La gente siente que no está a la intemperie, que el Estado funciona para aquello para lo cual lo contrató, esto es, para protección, corrección y ejemplarización.

Ello nos da pie para desglosar de una vez nuestro consejo en la materia, política y tecnológicamente hablando: despliéguese un operativo de presencia constitucional, sobre propios y opuestos, en materia de inseguridad y corrupción, tomando como modelo el esquema de la guerra presentada a la oligarquía económica en el país.  Extiéndase el operativo, de paso, hacia instancias muy en la percepción del venezolano de a pie, como es el problema de infinito desorden y violencia que presentan los motorizados en la calles en el diario vivir.  El venezolano lo agradecerá y resulta harto ocioso decir cómo.  Téngase como norte que delincuentes, corruptos y motorizados restan votos a diario a la imagen de gestión presidencial, sembrando el caos y una percepción de inexistente autoridad.

Nunca como ahora un simple operativo de seguridad y orden será tan oportuno para efectos políticos.  Y reitero:  ello es ejercicio político, aplicación de tecnología del voto en momento electoral, dejando claro que no resuelve problemas de fondo, como dice el escrito, pero que asegura la continuidad de un modelo político en el poder que trabaja en el asunto y que conciencia que la solución requiere más tiempo.

Jamás imaginó la oposición política venezolana que un simple ejercicio de la autoridad constitucional, como el caso dicho de la guerra contra los sectores económicos contranacionales, emergiendo el presidente de un difícil capítulo de sequía y ataque mediático, y viviendo aún el relacionado con PDVAL, pudiera reportar tanto repunte de aprobación de gestión de parte de la población.  Ello la hunde, incluso más,  en un marasmo de la desintegración y desguarnición política.  Desesperanza sería el mejor semantema para la descripción, dado el caso que el gobierno de Hugo Chávez decida aplicar un orden cerrado constitucional sobre los aspectos mencionados.