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sábado, 18 de abril de 2015

De cómo el Movimiento de Inquilinos y la comunidad organizada pararon un desalojo a dos cuadras de Miraflores

En el edificio Don Ricardo, piso 3, situado en la esquina Aurora, Puente Miraflores, parroquia Altagracia, dos cuadras arriba del Palacio de Miraflores, se presentaron el día catorce del corriente mes funcionarios de los tribunales, vestidos de negros, con oscuras gafas (”hombres de negro”, pues), el Juez Séptimo del Municipio Mauro José Guerra, ejecutor de la medida, un camión cava 750,  para desalojar a una arrendataria con 11 años de arriendo en dicho inmueble, embarazada, madre de una menor adolescente

A las 8:30 AM llegaron los hombres de negro y un abogado, a las diez el juez.  Los movimientos sociales de Caracas (San Juan, Altagracia, Paraíso, San José, San Agustín, San Pedro, Candelaria, El Recreo, según lista de firma de asistencia, unas cien personas), el movimiento de pobladores y de inquilinos estuvieron desde primera hora.

Cuando el ejecutor se dirigió hacia la entrada del edificio para iniciar su procedimiento de desalojo, la comunidad reunida en el sitio para acompañar y defender a la señora afectada se dirigió, pancartas en mano y consignas en los labios, hacia la puerta del inmueble, a objeto de expresar su rechazo ante tan inhumanitaria pretensión de botadura a la calle de una venezolana si techo junto a su familia.

Confrontadas las partes, desalojantes y antidesalojos, empezó la conversación para alcanzar acuerdos en paz.  Decidieron los tribunales no entrar al edificio.  A los minutos se presentó al sitio, para la mediación, el funcionario Reverol, sección desalojos de la Superintendencia Nacional de Arrendamiento (SUNAVI).  Se trabó una conversación entre el juez, el funcionario de la SUNAVI, Rigel Sergent, del Movimiento del Inquilinos, la arrendataria y la arrendadora.

Se pudo saber que la arrendadora es multiarrendadora, pero se presentó como una persona que no tiene donde vivir.  Hubo unos movimientos extraños de motorizados en el área.  El camión para el desalojo al ver la multitud se fue.  La discusión se prologó hasta las doce mientras los movimientos sociales ocuparon la calle con sus consignas antidesalojos.  Se apersonaron en el sitio (10:00 AM) funcionarios de la Policía Nacional, intachables, respetuosos y mediadores en el asunto; algo más tarde, alejados del meollo de las discusiones, también se desplegó una comisión antimotines, protocolarmente, dada la proximidad del Palacio de Miraflores

Las posiciones fueron las siguientes:  la parte ejecutora de la medida, legal, firmada por el juez y cursada ante la SUNAVI, se inscribe bajo el efecto de una decisión que emanó del TSJ el 3 de octubre de 2014, Sala Constitucional, a pluma de Carmen de Merchán, quien sentencia la habilitación de desalojos vía jueces si el caso fuere que lleva cursando más de 6 meses sin respuesta ante la SUNAVI (ver reflexión sobre el caso en http://sunavimperial.blogspot.com/2014/11/del-sentimiento-arrendatario-al.html).  La parte antidesalojos, en cambio, argumenta que los desalojos en general, salvo razonadas circunstancias humanitarias y reglamentarias respecto del arrendador, están prohibidos según la implementación de la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda es de novísima data y no ha tenido el tiempo ni la voluntad administrativa de las instituciones suficiente para ordenar el caos en materia de vivienda del país. La ley es clara en cuanto a las prelaciones que se deben observar en un arrendador para adelantar un desalojo, sin arbitrariedades, forjamientos o violaciones de los derechos humanos. 

Para el caso, el de la señora de Don Ricardo, la posición fue de rotundo rechazo, argumentándose que, si es cierto que la presencia del juez confería legalidad a su pretensión, la acción en sí no comportaba justicia ni respetaba el cuadro de los derechos humanos de una familia venezolana sin vivienda y sin tener a dónde ir.  La parte ejecutora de la medida de desalojo, junto a la SUNAVI misma, proponía que la respuesta al problema de la arrendataria se entubaba hacia un refugio, hecho rechazado por la unanimidad de los presentes dado los conocidos problemas de inseguridad y de vejación humana a los que se exponen los desalojados, más cuanto si se trata de una mujer y una joven. 

El Movimiento del Inquilinos y de Pobladores propuso la medida de que la afectada recibiese casa por refugio mientras se le daba respuesta habitacional, a lo que la arrendadora se opuso.  Guardado las distancias entre una figura y otra, el movimiento de gente presente coreaba que si casa por cárcel recibían los malandros políticos, ¿por qué no podía una señora del pueblo recibir el beneficio de casa por refugio?    Así las cosas, finalmente, sin solución institucional decisiva, hubo que levantar un acta y reconocer la imposibilidad de ejecución de la medida de desalojo por la oposición de la comunidad presente.

La reflexión:  la ley en la materia habitacional no se está cumpliendo; la SUNAVI no está siendo capaz de atender el ingente problema (lo que hace es registrar, no solventar); los arrendadores, propietarios y la cámara inmobiliaria que los agremia están ganando una partida con leyes y tribunales que, si no se ha pintado como en la IV República, con vejaciones y violencia, es porque el espíritu solidario y revolucionario de todos esos venezolanos presentes en el sitio lo han impedido.  Arrendadores y propietarios cumplen las leyes a medias para evitar las multas, pero finalmente se hacen los desentendidos, viviéndose situaciones lamentables como la aquí narrada en la que el ente creado para defender a los arrendatarios, SUNAVI, toma partido por la causa que desaloja a sus defendidos.  Mundo al revés, nave de los locos, Venezuela en materia de vivienda olvidada.

Imágenes de las acciones en el canal Youtube del camarada “Cabeza e`Mango”, de Venezolana de Televisión, equipo ZurdaKonducta, a quien en nombre de todos los arrendatarios afectados se le transmiten las gracias por su solidaridad en la cobertura del problema.

viernes, 17 de abril de 2015

Guerrilla colombiana: regreso a la polis

Si los EE.UU. buscan la división y la guerra como mecanismo de control sobre los pueblos suramericanos, no puede haber paz en Colombia.  Es cuento viejo del repertorio en la usanza imperial.  Es Nicolás Maquiavelo susurrando al oído del emperador sus recomendaciones belicistas.

Siete bases militares norteamericanas hacen “vida” sobre su tierra, de la manera más cómoda y permisible posible, bajo inmunidad, en impunidad no sólo contra el pueblo colombiano, sino contra el continente completo.  En lo pequeño, aparentemente en actos insignificantes, para apuntar un detalle de lodo indigno nacional, los soldados gringos violan a las neogranadinas sin reconvención alguna; en lo grande, conspiran contra la unidad suramericana, contra Venezuela, su petróleo y revolución, contra el agua entre las fronteras guaraníes, contra los cuantiosos metales preciosos y no tanto dispersos en la geografía.  Contra la unidad.

Desde hace meses se reúnen las partes en conflicto en Cuba para pactar la paz, guerrilleros unos, el Estado colombiano el otro.  Ha rodado bastante la historia desde Gaitán para llegar ello, al enclave de la conversación, al cambio de estrategia, a los necesarios reconocimientos:  no ha sido posible la concreción de la ansiada revolución en Colombia; por el contrario, la derecha del país se ha hecho más fuerte, vendiéndose inclusive para lograrlo, vendiendo el país a los estadounidenses sin importarle un carajo.  Asunto complicado.  Hora de cambiar la táctica de las armas de fuego por otra modalidad.  Hacer como hizo Hugo Chávez en Venezuela:  utilizar los recursos convencionales de la civilización y la política para vencer al enemigo; utilizar sus propias armas y discursos, su mismo caldo de cultivo:  democracia, elecciones, organización del pueblo, voto.

El Estado colombiano va a las conversaciones en Cuba a regañadientes.  No quiere la paz porque sabe que se cae.  Primero porque entraría en conflicto con sus mentores, los gringos, quienes se esfuerzan por no permitirla (a la paz); segundo, porque sabe que Colombia, ya inoculada como Chile en su tiempo por el virus redentor del socialismo, no tardeará en retomar el camino de la liberación, cosa insoportable para el que explota y domeña, intolerable visión de un pueblo organizándose cívicamente para el combate electoral, en células sociales, en debates, en vez de seguir sumido en el fango selvático e inútil de la guerra que, contrario a lo esperado, fortalece al contrincante.  Es lo que viene.

Juan Manuel Santos no manda en el país, mandan los gringos.  Va a las reuniones con ínfulas de mandatario cuando es mandado.  No quiere la paz; no puede concederla ni firmarla.  Es el gran mentiroso, como cualquier presidente de la derecha que vaya, como por antonomasia lo es Álvaro Uribe Vélez y su mesnada paramilitarista.

¿Prueba?  La razón, la lógica.  ¿Prueba de hecho?  Como el Estado colombiano no quiere la paz, busca boicotearla, haciendo cínicamente la guerra mientras delante del espejo propala otra cosa.  Vea:  avanzó filas militares contra la guerrilla y, como ésta se defendió, en el acto gritó “guerra”, violación, ruptura de negociaciones, de palabras.  El hecho de que se hable de paz no comporta perder la vida para convencer a nadie, y menos si ese nadie busca eliminarte físicamente.  Nobeliana estupidez.  El Estado colombiano provoca, pues, y boicotea, y no tan a la calladita.

Pero es el camino.  La guerrilla colombiana lo ha comprendido.  El camino es Hugo Chávez, el socialismo, la organización de la gente, la revolución bolivariana, la lucha bajo la forma misma del enemigo (su “democracia”), el camino a elecciones, el voto, que es expresión del corazón justo inalienable.  Nadie te lo compra, se lo ganan. 

Hay que deponer las armas y regresar a la polis, tragándose un poco la sensación de pérdida inicial.  La lucha es con la gente en las barriadas, con ideas, con posicionamiento.  ¿No lo cree?  Pues mire como la guerrilla obligó al gobierno a asistir a conversaciones de paz cuando, sustancialmente, no lo desea.  Para ser más exactos, dígase que fue la opinión pública.  Por allí se encuentra la clave.  Y así como está obligado el gobierno a hablar de paz, poco a poco, conciencia a conciencia, forma a forma, voto a voto, tendrá que perder espacio contra una mayoría ganada sobre el plano de la inteligencia política.  El pueblo colombiano reúne condiciones para la invitación socialista.

En Colombia se ha instituido un ecosistema de poder sobre un factor único de la cadena alimentaria:  la guerrilla.  Tal es excusa, argumento, razón, necesidad, pábulo para la preponderancia del formato de poder en el país.  Mientras exista se justificará el paramilitarismo, el uso de la fuerza, las humillaciones, las bases gringas, el abuso, toda acción que sacuda la sacralidad del espíritu y la nacionalidad neogranadina.  Se vive hoy en aldea global, prácticamente; otras estrategias existen, ahora en mundo tan pequeño, para obligar a los poderosos al cambio.

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