lunes, 13 de enero de 2020

DE LA TIRANÍA DEMOCRÁTICA

Política es arte, modo, habilidad para ejercer el gobierno de un Estado, primordialmente; aunque no todo es tan inaccesible para los sencillos mortales: político es también quien ejerce la dirección de una comunidad. En esencia, la semántica de la palabra se encuentra atrapada por la expresión aristotélica que dice que el hombre es un animal político, es decir, un mamífero (a lo menos) en la polis, en la ciudad. No queda más remedio que imaginar que lo relativo a semejante animal moviéndose en la ciudad es político. O sea, todo.

Normalmente se dice que un tipo es un hábil político si logra lo que desea, aunque sea despiadado. Y es justificado largamente por el criterio común, que no ahorra palabras para celebrar que el tal es un zorro, un tigre, un lince… En fin, un animal completo, sin importar la brutalidad incluida.  Es un buen político ─es el dicho─, hace su trabajo, logra la meta como sea, direcciona, funciona.

Hitler convulsionó Europa y la metió en un abismo a punta de carisma y política de la "buena", esa que te convierte en un león; Stalin hizo lo suyo en la Unión Soviética, erigiéndose en oso depredador; los presidentes estadounidenses, uno a uno, con sus guerras y su parafernalia comunicacional, han hecho de hienas en contra del mundo. 

Entre antiguos no era tan peyorativa la tiranía (que de tiranía política se habla), de modo que la destemplanza moral, los personalismos y excesos contra plebeyos o nobles, se toleraban como inherencias de la condición. Entonces un tirano detentaba el poder por la fuerza, sea acompañado por lo militar o lo popular, siempre en sublevación, y no por derecho o sucesión institucional. Casi siempre el tirano resultaba ser un intruso estamental. Ejercer, pues, a plenitud la condición animal en esos términos de ilegitimidad parecía un requerimiento defensivo, luciendo hasta racional.

Al paso del tiempo el hombre se hizo ilustrado, más culto, refinado, civilizado, científico, aunque, como se ve el panorama, puede haber reservas al respecto.  Decir que un contemporáneo es más culto que un griego antiguo tiene su problematización. Con la Edad Moderna (siglo XV en adelante) el político de forma tiránica empezó a ser satanizado y a ser llamado déspota o sátrapa; y totalitario o autoritario, es decir, fascista, comunista o nazista, más contemporáneamente (a partir del siglo XVIII, Revolución Francesa).

De manera que, desde aquel primer político de estilo tiránico que fue Giges de Lidia (región turca, siglo VII A.C., referido por los historiadores griegos) hasta el animal pleno que es hoy Donald Trump, por mencionar uno de los más notables engendros de las sociedades, media un montón de semánticas civilizatorias que lo único que hacen es legitimar de manera cabal, con argumentos sociológicos contemporáneos convincentes, la condición disfrazada de tirano. En otras palabras, si antiguamente se le criticaba a un gobernante su catadura ilegítima y se le toleraban ciertos desmanes en su ejercicio político, hoy, en virtud de estamentos muy elaborados y lavados mentales por la vía de la aculturación y el efecto de los medios de comunicación, se acepta a plenitud la tiranía bajo el engaño de la forma democrática. Para seguir con el ejemplo zoológico de Trump, se habla de presidente de un país y no de tirano, sin contar que es normal y necesario que cometa exceso, mate gente, explote países, amenace al mundo y esclavice a su propio pueblo.  Esto en cuanto a ejercicio de la condición humana. En cuanto a la legitimidad, a los EE.UU. (para mencionar el zoológico) salta a la vista que no es auténtica la democracia cuando sólo pueden ser presidente de ese país los plutócratas y los líderes de las comerciales transnacionales. Un habitante de esa polis, común y corriente, no puede desde su simple condición de bolsillos vacíos optar a una candidatura presidencial.

Salta a la vista que el paradigma de la tiranía plena se ha atornillado de una manera cuasi mágica en la sociedad contemporánea como el arte maravilloso de ser político. ¡Loa al tigre, oda al hombre!  Legítimo lo ilegítimo y lo despiadado; normal la locura y ese encantador mundo al revés donde el lobo devorante es devorado y las tímidas ovejas emergen como las victimarias.  A las claras queda que el hombre es ese ser de ideas que por ellas mismas es engañado y encuentra en su esplendor civilizatorio su pena, destino y hasta muerte.


domingo, 10 de noviembre de 2019

EL ERROR DE EVO

La derecha está de fiesta. Esa que empezó a sentarse al lado derecho del parlamento francés después de las revoluciones que derrocaron monarquías.  Esa que sueña con el sueño de uno: un rey, un amo, un millonario y, por contraparte, un súbdito, un esclavo y un miserable.  Este sueño es: "el país es mío".

La derecha con Hugo Chávez fue acorralada en el continente con jugadas maestras de ajedrez político. Lo primero fue la comprensión de la fortaleza productiva de Venezuela: el petróleo. El político inició un viaje por los países petroleros y otros espacios para fortalecer los precios.  Ningún debilitado revoluciona nada.  Entonces se le acusó de utilizar el petróleo para comprar fuerza.  "¿Y qué?", vale responder ante el abanico de bajezas que utiliza la contraparte política para atacar.

Luego Chávez se inventó las UBCh (Unidades de Batalla Hugo Chávez, también conocidas como Unidades de Batalla Bolívar-Chávez), unas células de la fuerza política que lo mantendría en el poder hasta su muerte por enfermedad y que en la actualidad, como una férrea herencia, ha sostenido a Venezuela y su propuesta socialista contra la tormenta golpista que la ha asediado desde siempre.

Tan poderosas son en su accionar electoral y organización de masas populares que, vale decir, los gobiernos con propuestas de izquierdas, si no las tienen en el continente americano, caerán ante el asedio de la derecha, como sucedió con Salvador Allende en Chile y ahora con Evo Morales en Bolivia.  En un mundo en sujeción esclavista neoliberal, una propuesta socialista equivale a una propuesta de guerra.  Es como el Norte portentoso ante el Sur esclavizado durante la época de esclavitud en los EE.UU.  Por lo tanto, responsablemente, cada gobernante con pretensión de liberar a su pueblo con la propuesta humanista debe organizar a las masas para su defensa, para defender al pueblo y al ente mismo ejecutor de la propuesta.

Al cabo de una primera etapa política, marcada por la muerte de Hugo Chávez, empezó la derecha continental su contraataque. Y logró posicionar fuerza en el continente con esbirros bajo el mando de los EE.UU.  Básicamente se centró continentalmente en sumar fuerzas contra Venezuela, el motor ideológico de la América mestiza.  Se posicionó en Brasil,  Argentina, Perú, Ecuador, entre otros. Pero, de pronto, en virtud de las recetas económicas mortales del FMI, de explotación de los pueblos, empezó un proceso de declive político que, como aviones asediados por su propio peso, derribó gobiernos.  Y ese declive continúa hasta hoy.

La mecha se encendió en Ecuador, estuvo en Perú, pasó a Argentina y golpea a Brasil, entre otros.  Pero es Bolivia, en medio del derrumbe del modelo neoliberal en América Latina, quien abre la fiesta para la derecha política, que se aferra a este logro de haber hecho correr a Evo como un evento de supervivencia crucial.

El mensaje es grave: el golpe de Estado es la salida para las situaciones críticas de los gobiernos de derecha política.  Nada nuevo, pero terriblemente eficiente y flagrante, como ocurrió en Bolivia, donde Evo Morales facilitó las cosas con dos acciones.

La primera fue haber aceptado la tutoría de la OEA en relación a los resultados electorales.  Decir que aceptaría lo que la OEA recomendase en relación a las elecciones, fue condenatorio.  La OEA es el departamento de colonias del Departamento de Estado de los EE.UU., primer interesado en restar a un incómodo contra las políticas neoliberales.  Fue un error grueso.

La segunda acción fue más grave.  Irse, renunciar, declinar, facilitar la asonada. Anunciar que renunciaría, que se asilaría en México, amedrentado por la policía y el Jefe del Ejército, sonó  a huir y a abandonar a su suerte a quienes lo acompañaron durante tanto años. Simplemente no debió ocurrir.  Evo debió asumir en su país el devenir político e ir, si es el caso,  como prisionero a la cárcel derechista, como lo hizo Luiz Inácio Lula da Silva

Vaya lo anterior sin contar lo que se ha reflexionado en el escrito: ¿dónde están las huestes organizadas de Evo Morales, tipo UBCh, ésas que protagonizan 13 de abriles en Venezuela ante golpes de Estado y mantienen la democracia en los países? 

Lula mostró el camino.  No se abandonan los espacios, no se dan las espaldas. Los revolucionarios deben persistir en el combate, sembrarse en la pachamama si es posible.

Oscar J. Camero