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martes, 20 de septiembre de 2016

LA VIDA DE TIMOTEO ZAMBRANO

Timoteo Zambrano, diputado a la Asamblea Nacional y Parlasur, Secretario de Política Internacional del partido de derecha Un nuevo Tiempo y coordinador internacional de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ha sido removido de algunos de tales titulares por sus controvertidas declaraciones a favor de Venezuela luego de que miembros del Mercosur la sancionasen y excluyesen como miembro.  Timoteo, en un comunicado posterior a sus preocupadas palabras sobre el país, insiste en que "la suspensión de Venezuela del Mercosur […] atenta contra los intereses de los venezolanos y es contrario a la política integracionista latinoamericana."

Su contravención al lineamiento sagrado de la MUD de deponer al gobierno de Nicolás Maduro a cualquier costo, atacando en todos los frentes de la actividad política, nacional e internacional, sin concesiones de ninguna índole, ha acarreado que lo amenacen hasta de muerte, como públicamente lo denunció.  Y es aquí donde seriamente se tuercen los nudos para reflexionar sobre reales riesgos contra su vida.

Fácil y doloroso es rememorar el accionar violento de la tolda política en la que milita, empezando con los hechos criminales del puente Llaguno en 2002, pasando por las conocidas guarimbas y los asesinatos selectivos que acomete permanentemente el extremismo opositor.  Su gente no juega, habría que decir, y lo induce preocupado a acudir a la Fiscalía a denunciar.  Sabe que si al asesino, a quien no le cuesta nada matar, te amenaza, hay que tomar su propuesta en cuenta.  Por eso la alharaca de Timoteo, quien debe de tener la certeza de que, si al Departamento de Estado de los Estados Unidos de América se le ocurre ordenar su muerte para proyectar el escenario de una Venezuela enrarecida y aterradora, sus días están contados.

Una de sus pesadillas podría ser que, como al final es un hombre de derecha que juzga por su condición cuando se ha opuesto con injusticia al gobierno, imagine que un chavista podría asesinarlo aprovechando la circunstancia política de su condena a muerte dentro de sus propias filas.  La opinión pública diría luego que se lo zamparon extremistas de la MUD.  Pesadilla dos:  que lo mate uno de los suyos, aprovechándose de este mismo razonamiento para inculpar a algún filamento gubernamental.  La opinión pública razonaría que se lo zamparon miembros criminales del "régimen".

Un asunto espinoso por ambos ángulos, y de grande angustia en noches oscuras a solas con los propios pensamientos.  Timoteo necesariamente tiene que saber de lo que es capaz su gente, gente que cazó como a conejos a venezolanos inocentes el 11 de abril de 2002.  Algunos de esos fantasmas pueden asomarse en su ventana y mostrarle el hueco de entrada de la bala.  No hay juego en las amenazas.

Por el otro lado, lado de los chavistas, del gobierno de Nicolás Maduro, del Partidos Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lado ideológico, humanista y revolucionario, podría decírsele que puede dormir tranquilo.   De ser las cosas como la propaganda detractora las pintas ("los asesinos del puente Llaguno" y tal), es decir, que el gobierno es asesino, estaría muerto desde hace mucho rato aprovechándose oportunidad tan dorada para un montaje.  Dada la amenaza de sus propios correligionarios, su muerte quedaría atribuida a ellos mismos, en familia.

viernes, 9 de septiembre de 2016

EL BAJÓN DE FREDDY [CUENTOS POLÍTICOS]

El dirigente opositor se había subido a la tarima, el pecho brotado con  el rostro convicto de Leopoldo López en su franela, los mechones de sus cabellos sobre su frente, algunas gotitas de sudor refrescando sus mejillas coloradas.  Miró a lo lejos el sector de la autopista Francisco Fajardo donde estaban, como para aumentar con la vista la extensión de la gente congregada, no depositando sus ojos en nadie en particular.  Una deliciosa sensación de liderazgo irredento hormigueó sus fofas carnes, contorneando en especial la prominencia de su vientre. "Así tendrían haberse sentido los libertadores", pensó, terminando de alinear sus hombros con el horizonte antes de saludar a las gentes.  Se sentía corresponsable de aquel "llenazo" humano en la patria de Bolívar.
─Buenas tardes, amada Venezuela ─empezó, levantando la voz con su hilillo entrecortado y estridente─.  ¡Aquí estamos presentes, en la gran toma de Caracas, como se los prometimos y cumpliiiiimooos!...
El sol castigaba el panorama con la leve verticalidad de las dos de la tarde.  Habían metido su gente, se decía, pero se percibía en el ánimo de los congregados una abatida desazón, tal vez molestias por el calor.
─No celebres mucho ─le recomendó bajo a sus espaldas la odiosa y malcriada voz del presidente de la Asamblea Nacional─ porque los chavistas metieron su gente en la avenida Bolívar.
─¡Y vamos directo hacia la victoria popular a decirle "No" a este régimen oprobioso y "Sí" al referendo revocatorio ─continuó, no haciendo caso de aquel dinosaurio de la política venezolana, sabiéndose joven y estelar, presente y futuro por la patria─.  Se lo dijimos, y aquí estamos, como un clavel, haciendo patria.
No miraba a nadie en concreto, sino que su vista elucubraba el firmamento donde el cielo se fusionaba con aquel embravecido mar humano.  Sudaba, gordo y torpe se sentía para expresarse como la oportunidad histórica se lo pedía, y a intervalos lo incomodaban los recuerdos de sus tiempos de estudiantes cuando huesudo y ágil pateaba las calles.  Algunas manos a sus pies se agitaban frenéticas y lo señalaban, pero él estaba emocionado, preocupado por sus palabras a pronunciar.  Pensó de nuevo en el viejo dinosaurio, y lo maldijo reprochándole sus malos agüeros en época de triunfos.
─¡En breve, cumplido los trámites de esta jornada epopéyica, tomaremos a Venezuelaaaaaaa! ─soltó, desenfrenando su alma a chorretones sobre las mesnadas, no pudiéndose sacar la imagen del viejo aguafiestas de su cabeza.  Poco antes, junto a otros cuervos, lo había oído razonar que los chavistas armaron en una semana una concentración igual a la fraguada por ellos durante un mes, y que los esperaban en la avenida Bolívar para batuquearlos; otro cuervo había graznado diciendo que capturaron cerca de Miraflores a los francotiradores con mirilla telescópica preparados y a otros paramilitares.
─¡Uuuuu! ─le pareció oír y, haciendo gala de un humor sano y evasivo entre sus pensamientos, buscó la cisterna ruidosa de los bomberos para localizar el ruido.
─¡Y venceremos a pesar de las objeciones! ─prosiguió, obviando los manoteos destemplados de algunos de sus partidarios a los pies de la tarima─.  ¡Así nos desentierren y entierren a cuarenta mil paramilitares con mira telescópica para abortarnos el futuro!
─¡Uuuuu! ─volvió a oír el murmullo, esta vez debajo de su vista, plano y pleno, compactado sobre aquellas cabezas, y tuvo que atender a un fanático de los suyos que logró asirlo por una trenza de sus zapatos marca Nike original─ ¿Qué pasa, compatriota? ─le ripostó en voz baja, manteniendo una luminosa sonrisa hacia el frente─.  ¡Estamos en la marcha, haciendo historia, celebrando!  ¡Disciplina, por favor!
─Freddy, tú nos prometiste ir a Miraflores ─dijo la mano─.  ¿Qué pasó? ¿Qué estamos haciendo aquí, como unos muñequitos de torta de televisión?
─Sí, es verdad ─intervino otra mano, gritando─.  Hoy es un día grande, y estamos preparados para las cosas grandes que nos dijiste.  ¿Qué pasó?  Vengo de lejos, de la gloriosa tierra del Táchira, frontera con Colombia.
─¿Sí, qué paso? ─se extendió la pregunta en coro, revoloteada nerviosamente por decenas de manos hacia el cielo.
Mantuvo la sonrisa al frente, hacia la avenida Francisco Fajardo, allá en Las Mercedes, donde su vista terminaba, y con ventriloquia respondió hacia abajo como pudo a sus allegados, manteniendo la compostura.
─Tenemos un plan y debemos respetarlo ─les dijo bajito─:  hoy tomamos Caracas, mañana iremos a los CNE del país y después tomaremos Venezuela por completo.  El mundo es nuestro.
─Pero hoy es el día, Freddy, estaba planeado…  ¡Miraflores, hermano, Miraflores!
─Los chavistas están en el centro, compañero…  Además, capturaron a unos paramilitares.
─¡Y qué, y qué!? ─exclamó obstinadamente una voz─.  ¡Plan B, compañero, plan B!
Los dientes se le habían enfriado; sentía los ojos clavados del viejo dinosaurio en sus espaldas.  Se arrechó, y así se lo hizo saber a sus conchupados, echándoles la culpa.
─No tenemos suficiente gente para ir hasta la Miraflores.  Cancelado.  Seguimos la lucha y ya se abrirá la puerta cuando ustedes sean más y más resteados por los objetivos.
Un rumor escandaloso se diseminó sobre aquellas cabezas, ojos y bocas desencantados, torcidos en rictus de impotencia.  Corearon con encono imparable:
─¡Que se baje!  ¡Que se baje!  ¡Fuera!  ¡Que se baje!  ¡Gallina!  ¡Que se baje!  ¡Gordo 'e mierda!  ¡Que se baje!  ¡Que se baje!  ¡Que se baje!  ¡Que se baje!
El líder histórico intento seguir hablando hacia el frente largo, dando por hecho que el incidente se había localizado a sus pies, mascullando "el tirano de Miraflores", "el régimen", "la patria", "enchufados", "rojos del infierno", "¡Venezuela libreeeee!", etc., hasta que el ruido se hizo maremágnum y el dinosaurio vino hasta el podio a rescatarlo, quitarle el micrófono, recoger sus restos políticos y empujarlo hasta el suelo, como si se dijera "el pasado en auxilio del presente, hacia donde nunca se movilizó".

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