martes, 7 de agosto de 2018

DE LA NECESIDAD DE LA MILICIA BOLIVARIANA PARA LA GUERRA ASIMÉTRICA

El millón de miliciano debe alcanzarse.  No hay otra vuelta.  Las guerras del presente y del futuro no son ni serán convencionales, sino asimétricas, atípicas, invisibles en su accionar, aparentmente sin ejércitos, soterradas debajo de la alfombra del discurso del oficial orden internacional. Todo empieza con que resultes inadecuado para el concierto de intereses económicos y transnacionales de la plutocracia mundial (EE.UU. y U.E.); luego sigue con la inculpación de que eres terrorista (Gadafi), narcotraficante (Maduro) o fabricante de armas de destrucción masiva (Hussein), quebrantador del progreso; después, con la tramoya de unos fáciles falsos positivos y la forja de una mayoritaria condena en organizaciones del orden internacional (ONU, OEA), pagadas por los mismos interesados (EE.UU. y la U.E.); y finaliza con la generación de una guerra y ejército invisibles (llamados de Cuarta Generación) para asesinatos selectivos, atentados, utilización de factorías político internas del país asediado para fines golpistas, desestabilización, entre otras maravillas, todo soportado en millonarios financiamientos a través de fundaciones-cortinas que velan por la "moral" y "ética" mundiales (USAID, NED, etc.).  Ergo, la Milicia Bolivariana, con su millón de efectivos en filas, por su naturaleza de componente cívico-militar, presenta las mejores posibilidades estratégicas de acción para lo asimétrico, a diferencia de las fuerzas armadas nacionales, sumidas aún en el paradigma de lo convencional y frontal.

Con la milicia la guerra sería total, integral, con el pueblo mismo como mina logística, táctica y estratégica para el combate.  El enemigo "invisible", por ejemplo, no lo será tanto si hay una inteligencia cívico-militar operativa en los cónclaves urbanos y rurales capaz de detectar formaciones seudosistémicas, como colectivos paramilitaristas o congregaciones políticas golpistas o contrarrevolucionarias; o movimientos o tráficos sospechosos; o indicios y pintas reales y virtuales (redes sociales).  Con un millón de milicianos habría dos de ojos vigilantes desde cada grieta urbana o rural (poderosa y necesaria inteligencia cívico-militar). Esto para el caso de la fase de la guerra puramente conspirativa, desestabilizadora, solapada, aparentemente virtual; porque para el caso de la confrontación directa (¡la invasión, pues!) habría que decir que con un millón de milicianos habría un millón de grietas disparando desde la urbe o campo, con el agregado de contar con dos millones de pies estratégicamente plantados sobre un terreno vernáculamente conocido.  Dígase en términos más efusivos: habría un millón de milicianos vomitando plomo desde grietas asimétricas.  Súmese que el miliciano también podría asumir puestos frontales de combate, más convencionales, al lado de los efectivos de los otros componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

En caso de la guerra que seguiría a una invasión, este conglomerado de saber castrense popular tributaría a los comandos de las FANB para acometer la defensa integral de la nación, vale decir guerra integral en tiempos de confrontaciones sin ejércitos visibles y regulares.

La contextura de país de Venezuela irremediablemente obliga a una condición nacional armada, y no hay que engañarse en esto con discursos floridos y progresistas, a veces hasta pendeja y poéticamente utópicos.  Así lo obliga su situación geoestratégica y el aluvión de recursos naturales; así lo define su historia tremebundamente libertaria.  En fin: así lo obliga, de facto, la confabulación interna y externa contra el país por causa de sus valores ideológicos y territoriales.

viernes, 20 de julio de 2018

GALPÓN EL NACIONAL OCUPADO POR EL ESTADO COMUNAL

El día 21 de junio de 2018 la Comuna Arquitecto Carlos Raúl Villanueva, de El Silencio, Caracas, ocupó los espacios del galpón del antiguo El Nacional, ubicado en la avenida Oeste 12, frente a la esquina Puente Nuevo, en El Silencio.

Los argumentos para la ocupación: (1) era un espacio baldío, guarida de la oscuridad y el delito; (2) en consecuencia, dicho espacio era "ocupable" en virtud del decreto presidencial 2.496 (20 de octubre de 2016), que declara "afectos al desarrollo de la agricultura urbana" y para la producción de alimentos los terrenos ociosos y abandonados ubicados en zonas urbanas (Art. 1); (3) los presuntos propietarios no fueron capaces de mostrar un documento legítimo de propiedad (¿cómo si es un terreno del Estado); (4) Venezuela, orientada hacia un socialismo redentor, propulsa el Estado comunal, la diversidad de formas de organización popular para ejercer el poder administrativo, económico y político; (5) en la zona de El Silencio, donde está enclavado el terreno, coexisten seis consejos comunales, debidamente organizados bajo la figura de comuna; (6) éticamente no es sostenible la existencia de espacios abandonados, aptos para la producción alimentaria, cuando el país vive una feroz crisis económica propiciada desde los centros del poder hegemónico mundial.

Cien personas se presentaron ante la vigilancia y solicitaron la apertura del espacio.  Y desde el mismo día, sábado 21 de junio, representantes de los seis consejos comunales se abocaron a limpiar el lugar, removiendo escombros, clasificando los desechos, acondicionando, pintando, electrificando (vea el testimonio gráfico en https://photos.app.goo.gl/vd2zBxMMS9YnlBKC3).  A partir de entonces, un consejo comunal por turno custodia el sitio a diario mientras se afinan los detalles de la instalación productiva.

Para el lugar está proyectado un criadero urbano de conejos con el propósito de producir tres toneladas mensuales de carne, además de los consiguientes subproductos como pelos para la industria textil, gelatina a partir de las orejas, piel, vísceras, cerebro, entre otros, cada uno con una posibilidad de desarrollo en el seno de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

El acto de ocupación se realiza con la siguiente coordinación organizativa: el activador productivo parroquial por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV, Oscar Camero), la Jefa del Círculo de Lucha Popular número 6 (Marlene Rodríguez), los Jefes de las tres Unidades de Bolívar-Chávez del área (Durwin León, Fátima Goncalvez y Lisbeth Acosta), y los voceros de los seis consejos comunales de la comuna de marras.

El galpón, ocioso como ya se indicó, tiene su historia.  En los años treinta del siglo XX fue plano para la construcción de casas multifamiliares, atendiéndose así, al margen de la Quebrada Caroata, a familias pobres; Marcos Pérez Jiménez las demuele y proyecta la Avenida "H", uniendo a Puente Nuevo con Puente Junín,  pero el proyecto queda inconcluso y, en el desorden complaciente de la flamante democracia venezolana, la familia Otero se coge los espacios.

Durante la acción de ocupación, fue emotivo el momento cuando cada parroquiano presente se turnó para borrar con pintura rojinegra el nombre "El Nacional", distintivo frente al galpón (véase video https://www.youtube.com/watch?v=IjaROCZDZeg).

Así, pues, con fines de utilidad pública, figura contemplada en la legislación venezolana (Ley de Expropiación por Causa de Utilidad Pública o social), el espacio es ocupado por el poder popular, lo cual es ya un estadio adelantado de lo que vendrá: el Estado comunal.