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sábado, 31 de mayo de 2008

Vientos de paz para Venezuela

Imagen tomada de Redsur De nada vale negar la realidad cuando su evidencia es contundente.  A lo sumo sirve para mantener un estado de saludable moralidad ante situaciones adversas, como se hace en una guerra cuando no les comunican a los soldados combatientes los daños infligidos por el enemigo a sus filas, las bajas sobre los puntos estratégicos de su ejército.  El propósito es avanzar, mantener la moral, el alimento del espíritu, a quien poco importa la vida de su propio cuerpo si las idean gobiernan en la cabeza.

No es que los soldados no intuyan o desconozcan de su situación desesperada; pero se trata de que no racionalicen el desastre, porque el contagio de una derrota a priori es una autentica enfermedad:  deserciones, suicidios, rendiciones.  A nadie favorece, ni al soldado mismo, que se muere de una vez por todas.  Por ello a un buen soldado en estado de guerra −al menos desde una óptica clásica− no se le puede dejar tiempo para pensar “liberalidades”, permanentemente sus mandos mayores dosificándoles la información sobre la realidad, dejándole conocer únicamente lo que requiera para la estricta ejecución de sus misiones.  Son figuras técnicas, inmunizadas contra la enfermedad de la derrota psicológica, esa misma que se alimenta del análisis de las evidencias mundanales.

Su mandato es ver lo que haya que ver a objeto de mantenerse saludable para cumplir la misión, esquema mismo de la psique humana cuando intenta protegerse de lo que anuncian los signos adversos exteriores −negándolos−  a objeto de no permitir lesiones a la autoestima.  La salud a cómo de lugar.  El mismo mecanismo de elaboración de los sueños que describiera Freud; el mismo esquema de los mecanismo de defensa psíquicos, descritos por Melanie Klein y Anna Freud, posteriormente.  Pero una salud cimentada sobre una base virtual, falsa, a modo de ídolo con los pies de barro, cuando su certificación no se circunscribe estrictamente a los factores de combate o en guerra.  Una salud enferma cuando sus portadores (aquejados) son quienes precisamente están llamados a mirar, ver, a objeto de promover una conciencia de la alerta:  los medios de comunicación y la dirigencia política.

Semejante enfermedad del soldado parece vivirla Venezuela en la actualidad cuando su dirigencia política encuentra objeciones para colocar sobre la mesa que el país está próximo a una agresión extranjera, arteramente trabajado en ese contexto de la desestabilización continental que es Colombia, el país vecino de las siete plagas.  Vía medios de información −no los adversos políticos, como es lógico− se difunde una falsa certificación de salubridad que a no dudar habrá de atentar contra el soporte mismo del proceso de cambios que se opera en Venezuela.  "¡La revolución está blindada con el apoyo del pueblo!", se oye exclamar optimistamente, cuando a la noción misma de "pueblo" se le quiere dar el mismo tratamiento que al soldado y como que no se le quiere dotar de la herramienta informativa que procure su participación, reacción, racionalización o prevención.    Existe una amenaza concreta de guerra, y esa matriz de información no se ha propalado entre las masas (¿cuál es el tabú?), hecho que políticamente pasará factura hasta en el caso de la menor incidencia en la frontera. Se protege una estabilidad bajo un fondo de guerra. Desenmascar y racionalizar en modo alguno significaría irresponsabilidad sino compromiso sano con la verdad y el país.

Se dirá que el gobierno es culpable, que es una gestión de guerra y ajetreo para Venezuela; que el venezolano, ignorante y por lo tanto sorprendido ante los roces de guerra, no ha tenido nunca que estar batiendo ninguna batalla contra los saltimbanquis gringos.  Por supuesto que de semejante situación defensiva de "paz pública" comen y ganan los factores adversos, como los medios políticos conocidos, cuando callan y así facultan la preparación de unas condiciones de agresión para el país.  "¡Patria, socialismo o muerte!" también se oye exclamar cuando, como una oración de exorcismo,  se quiere obviar la evidencia de un hecho nada comulgante con la estabilidad procurada.  Es decir, una paz que, a fuer de tranquila, no es más que la peligrosa paz de los muertos.  En política, existiendo el lugar para los sueños, no lo existe para su connotación singular.

El intelectual saludable prefiere celebrar el momento a arruinarlo con anuncios de pájaros de mal agüero.  La publicación de una nota analítica sobre una agresión a Venezuela es ocasión para caerles a hachazos al leño −como han hecho con algunos escritos de alerta de Heinz Dieterich, por ejemplo−.  La emisión de unas palabras pesarosas en algún medio de comunicación es expresión de una también pesarosa enfermedad de pesimismo, manía, complejo de persecución o neurosis.  Cierran la ventana para que el brillo de la vela no se apague.

Aquí no se trata de que la gente no se entere con miras a mantener una alta moral de la convivencia ciudadana, pseudo sintomatología de una situación política estable.  No se trata de llamarse a engaños ni de ensimismarse en charcas de egos enjundiosos.  Aquí la situación es al revés, no teniendo nada que ver con aquellas historias ejemplares de moral que nos enseña el pasado como, por ejemplo, el cuento de los japoneses −durante la II Guerra Mundial−  que seguían atacando a los norteamericanos, ignorantes de la bomba atómica detonada en su país y de la rendición de su emperador; ni con  las frecuentes técnicas de ocultamiento de las bajas militares que sistemáticamente aplican los mandos ingleses o estadounidenses, a efectos de no herir el ánimo de combate de sus tropas en misiones.  Se trata de lo contrario:  alertar, concienciar, explicar, ganar...  Si se quiere, para complacer a aquellos felices más radicales, picar un poquito, con una leve punción, la naturaleza confiada del pueblo. Para el caso, un gobierno que no informa a sus gobernados, podría ser víctima de lo que calla. Si hay amenazas es más sano combatirlas con el reconocimiento cabal de su problemática.

Se busca una sinceración, la propalación de una preocupación si se quiere sana, o al menos más saludable que andar ocultando o no queriendo ver las evidencias de los críticos vientos de guerras que una voluntad internacional e ideológica pretende acarrear para Venezuela.  No tendría que ser necesario que una situación como la del 11 de abril de 2002 se vaya acercando elusivamente hacia su consumación sin ningún tipo de prevención o accionar.  El mismo analista mencionado arriba, Heinz Dieterich, acaba de alertar sobre una cercana agresión contra Venezuela.¹  Es que el análisis conlleva a concluir que una fatal copa brinda en la oscuridad por una guerra para nuestro país.  En modo mundo se procura alarmismo, porque su preocupación no se funda sobre una ciencia cierta.  El alarmismo es una planta que no chupa de la realidad, como los rumores o chismes; del mismo modo que los óptimos arrestos de un soldado, cuando todavía sigue luchando un batalla perdida.  El quijotismo nunca ha sido un arte de realidad.

"EEUU no requiere justificaciones ciertas para emprender guerras; le basta con el espoleo de su necesidad y supervivencia, mismo que disfraza con campañas mediáticas superpoderosas y el apoyo interno de grupos enajenados en los países asediados.  Sin embargo, para el caso que nos preocupa (Venezuela), EEUU ya cuenta con una feliz argumentación de guerra:  la vinculación de su presidente con los tópicos del narcotráfico y el  terrorismo. "

A la apreciación del citado analista (considerado como pájaro molesto de mal agüero, al que me sumo entonces) de que en la destrucción de la guerrilla colombiana y movilización de la IV Flota de la Armada en el Caribe hay descubrir la determinación de "vida o muerte" de los EEUU de preservar su influencia en América Latina, habría que sumar lo siguiente, largamente argumentado por quien escribe²:

a) EEUU tiene las manos más libres para América Latina y Venezuela desde su desistimiento de invasión a Irán, allá en el Medio Oriente,

b) George Bush se va con una imagen por el suelo, sin tener nada que perder, comprometiendo a la gestión inmediata venidera con una guerra.  Una guerra para él es sólo un procedimiento. Hoy propone una contra Venezuela.

c) Obama apunta a ganar las elecciones en EEUU, corriéndose la tesis de aprovechar la ocasión los factores tradicionales del poder para  lanzarle a esta persona "de color" todos los "muertos" y desaciertos políticos de las gestiones de gobierno, incluida la recesión y el malestar popular por las guerras que sostienen en el mundo.

d) Dentro de la geoestrategia del Pentágono está la toma o custodia de los yacimientos energéticos del mundo, política que contempla como necesaria competencia la lucha contra el otro monstruo que importa energía en el mundo:  China.  Se sabe que China aseguró excelente influencia en Birmania en este sentido, además de que crece significativamente en América Latina, el "patio trasero" gringo, especialmente en Venezuela.

e) Existe el antecedente de actuación sin el visto bueno de la ONU y sin argumentación alguna, como lo demuestra la invasión a Irak y las armas de destrucción masiva jamás encontradas.  EEUU no requiere justificaciones ciertas para emprender guerras; le basta con el espoleo de su necesidad y supervivencia, mismo que disfraza con campañas mediáticas superpoderosas y el apoyo interno de grupos enajenados en los países asediados.  Sin embargo, para el caso que nos preocupa (Venezuela), EEUU ya cuenta con una feliz argumentación de guerra:  la vinculación de su presidente con los tópicos del narcotráfico y el  terrorismo.  Con el modelo del Manuel Antonio Noriega en la mente, vienen por el Presidente de la República (corrieron la voz de que Noriega tenía una plantación de alucinógenos en el patio de su casa); con el modelo de los Balcanes en mentes, vienen también por el petróleo del Zulia, por su base militar en la Guajira, por un gobierno conjunto sobre América Latina con las oligarquías colombo-venezolanas.

f)  La invasión procedería desde Colombia, país que, como Bush, nada tiene que perder en su oligárquica dirigencia.  Está en descomposición institucional por causa del problema narcoparapolítico.  Intenta salvar el  pellejo para seguir en el poder y sobre las tradicionales prebendas, ser sostenido por el ejército norteamericano encima del coroto político.  Ya ha iniciado operaciones de hostigamiento en las fronteras.  Ya ha atacado a Ecuador, ya pretende moverse en la Guajira, ya recibe aterrizaje de aviones norteamericanos desde el Caribe. Una invasión desde este país no descarta que se consideren otras medidas fulminantes, como una operación comando contra el Palacio de Miraflores.  O la simultaneidad.

De manera que no tendría por qué justificarse tanta inoperancia informativa y tanta orfandad de conciencia entre las masas, de tener algún viso de realidad lo anteriormente expuesto.  Venezuela es casi un país en guerra (¿a qué engañarnos?), y el trabajo que haya que hacer con el pueblo, tendría que hacerse también con el colectivo diplomático internacional, así como en el seno de las Fuerzas Armadas, donde la cátedra de la previsión y el alistamiento  tendría que ser la primera materia. Y a propósito de lo militar:  La reciente incursión del avión S-3 Viking norteamericano, de guerra antisubmarina, dotado de potente radar, fue a un tiempo parte de una táctica bélica de hostigamiento como una demostración de indefensión nacional.  Tenía que ser detenido y obligado a aterrizaje; ¿dónde estaban los cazas F-16 y los flamantes Sukhoi, recientemente adquiridos?  Hacerse de la vista gorda para traducirnos que no somos objetos ya de hostigamientos de guerra por parte de los EEUU y Colombia, no parece ser una buena estrategia de salud mental.

Por supuesto, para el caso −felicísimo− que resulte infundada la preocupación esbozada en esta líneas, manifestamos nuestra disposición a pedir excusas, no queriendo ser tildados como malvados arruinadores de fiestas, pájaros de mal agüero o bichos enfermos que ven en otros enfermedades.  Procuraríamos, más bien, sumarnos al bando de los eternos felices, despreocupados soldados de la república.

¹ "Heinz Dieterich cree posible un ataque contra Venezuela" en Aporrea.org [en línea].  29 mayo 2008.  Págs.:  1 pantalla. - http://www.aporrea.org/tiburon/n114786.html. - (Consulta:  31 mayo 2008).

² Oscar J. Camero:  "Venezuela y su petróleo gringo o los designios de una guerra" en Animal político [en línea].  28 mayo 2008.  Págs.:  10 pantallas. - http://zoopolitico.blogspot.com/2008/05/venezuela-y-su-petrleo-gringo-o-los.html. - (Consulta:  31 mayo 2008).

Archivo de Premios, críticas y menciones amigas

Los siguientes son expresiones amables de compañeros blogueros, quienes se han tomado la molestia de reseñar nuestro trabajo como un aporte bien sea en el ámbito de la reflexión política, del diseño o formato de presentación de la información o como un sencillo reconocimiento al esfuerzo perseverante de escritura, de contenido.  Los destacamos a continuación, excusándonos cuando no hayamos tenido la ocasión de hacerlos extensivos a otros, según su mecánica de adjudicación sea una cadena.

 

Por: Socialismo actual

¡Yosmary Socialista! (14 de mayo 2008)

Premios concedidos blogger del día

miércoles, 28 de mayo de 2008

Venezuela y su petróleo gringo o los designios de una guerra

Imagen tomada de Taringa La frase trillada, pero poderosamente utilizada para certificar situaciones encajonadamente predichas por la lógica: alea jacta est, o "la suerte está echada".  El ejército de Julio César atravesando la muralidad de un río, teniéndolo como cortafugas en la retaguardia, y teniendo al frente, en el porvenir, las tropas mismas coterráneas a combatir.  Demasiada gloria militar alcanzada en las aventuras andantes como para ser tolerada por el resto de los mortales, sus mismos paisanos, prestos a la intranquila imaginación de tener que soportar en trato y vista a un ciudadano romano apenas ayer por debajo de la dignidad de cualquier senador, y hoy encumbrado.  Mejor resultaba satanizarlo y no dejarlo entrar en su propio país, corriendo la especie de que aplastaría la institucionalidad y la tranquila paz de los que duermen entre los privilegios.  César presentado como el enemigo del pueblo precisamente cuando el fervor del pueblo lo ensalzaba.

La misma situación se presenta para Venezuela (o Suramérica) en este otro año crucial para las revoluciones del mundo, o para la izquierda, de mayor arraigo en esta parte del mundo, América Latina.  Pero en cuanto a humanos personalismos, sino en cuanto a hechos inexorables. El río Rubicón de la revolución ha sido atravesado y no deja posibilidad de retorno, encontrando en el porvenir, en el frente, un panorama de supervivencia política y de lucha enconada contra las fuerzas del pasado que no puede compadecerse ni siquiera con el análisis de la humana razón cuando trata de racionalizar o escapar de la guerra.  Es un hecho y ya.  Las huestes del pasado están al frente, con su propuesta de permanencia eterna y de no dejarse desalojar, de hacerse futuro infinito, de retornar para siempre o lo que sea, custodios de los milenarios privilegios de la perversión política humana; las huestes del cambio están sobre el terreno también, únicamente con la opción de avance, con un peligroso abismo como cortafugas en la retaguardia, con un "vencer o morir" como eslogan, con un predeterminado José Félix Ribas en el recuerdo (y la sangre de tantos otros próceres), huestes necesariamente dispuestas no para el combate, sino para el triunfo.  Es un año de coyunturas, de determinantes políticas para América Latina y, de lo que en ella se derive, como en un efecto dominó, para el mundo.  Alea jacta est.

El crecimiento de la izquierda en América Latina se ha hecho intolerable para quienes extranjeros nos educan para la explotación y el dominio, y para quienes connacionales utilizan tal paternalismo para ejercer también sus pequeños imperios.  No existe peor plaga que la misma especie, lo cual no es otro modo de decir que quien mejor te conoce puede llegar a ser tu peor enemigo.  La izquierda es promulgación de criterios visualizantes, herramienta desenmascarante; conciencia en el oído y luz en los ojos.  La derecha, de la mano con la doctrina político-económica afín a su naturaleza (el neoliberalismo), es propalación de discursos de falsas libertades individuales, de mentiras para el dominio; es engaño en las mentes. Es discurso institucional para el dominio, como fue la religión el opio de las masas en otro tiempo. El libertadurismo como excusa para utilizar los Estados al servicio de unos pocos tras bastidores: el pueblo es perraje a quien se le tiran huesos consumistas o comunicaciones para su entretenimiento. Es efecto placebo de la libertad al servicio de élites.

El continente se ha hecho adulto, vive una fase de su desarrollo, se sabe en dominio de recursos propios y capacidades para ejercer su individualidad en el mundo.  Presenta una propuesta de independencia intolerable para los EEUU.  Ha visto cómo en medio de un mundo mermado en sus recursos naturales se brilla como un descomunal reservorio de riquezas, de vida, de agua, de aire, de una Amazonia vivificante.  América Latina es la propuesta de juventud y de renovación mundiales.  Es el próximo bloque potencia.  Ha visto también, como parte de su crecimiento y conciencia, que indefectiblemente es pergeñada para la jugarreta y el engaño, como botín de bucaneros, moneda que enriquece el bolsillo ajeno, infinito dispensador de bienes sin rédito propio.  En otras palabras, es hoy una voz de alto que se ha desperdigado por el continente.  Se yergue y propone un trato digno que no quiere ser oído por quienes se presumen sus dueños y propugnan el tráfico de la desigualdad.  Ello constituye un modo de lanzar ciertas cartas sobre la mesa y asumir sus consecuencias.

América Latina ha concienciado cómo los EEUU se han convertido en una plaga en nombre de la libertad y la democracia hasta para el más pequeño de sus terruños.  Con claridad sabe que el nuevo cuento del narcotráfico y el terrorismo es el viejo del comunismo, argumento feliz en el pasado para la invasión, el exterminio y el terrorismo de Estado.  La Guerra Fría de las Ideas es hoy la piedra inequívoca de la guerra, de la provocación de las acciones directas dentro del terreno, igual que ayer.  El mismo viejo cerebro con nueva dentadura en la boca y otras palabras pronunciadas, pero de igual significado que anteriores connotaciones.   La certificación de madurez, de crecimiento sostenido, de independencia y criterio propio, se traduce en una propuesta de guerra de los EEUU.  Como cuando el viejo y colonial padre se opone a la hombría de su "muchacho".  Se alzaron las neocolonias; vendrá la guerra.  Es una voz, tal vez de oráculo. No hay otra lectura; las cartas están sobre la mesa.

Cuando Simón Bolívar lanza, preclaramente, sus alertas de que "Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad", le faltó nomás la mención de una fecha, de un año, quitar la palabra "parecen", para inundar el suelo de fatalismo, tan tremendamente cierto.  Porque este año luce fundamental, como dijimos, pero no porque querramos o no, sino por el concierto histórico de elementos para la argumentación racional y especular.  Las flotas norteñas ya se pasean por el mar Caribe; el secesionismo se propaga por América Latina como nueva receta operativa; el terrorismo y el narcotráfico son las argumentaciones a la mano para intentar la toma de Venezuela; Colombia es el neomalinchismo de los tiempos de conquista que se viven, adecuación neocolonial de la traición:  vendedora de una conciencia y soldado armado hasta los dientes a una vez.  Los idus de marzo ahora son de mayo, el mes escogido para las reuniones y conspiraciones; un mes romano de las bendiciones y un mes gregoriano de las floraciones y primaveras.  Pero ambos obligados a parir maldiciones por los personeros de la historia anquilosados.  "¡Cuídate de los Idus de marzo!" se le había dicho a César; el mes de mayo ha transcurrido como el de mayor conspiración continental:  referendos secesionistas, flotas armadas, reuniones en islas caribeñas, embajadores y diferentes funcionarios de gobiernos locales reunidos en diferentes lugares.

"Y este considerar de que la suerte está echada traduce en concreto una severidad contra Venezuela, puntal geoestratégico de América Latina:  los EEUU, junto a Colombia, Perú y otros soportes militares de sus tropas, han encontrado en la tesis de que el presidente venezolano es cooperante de la guerrilla (terrorismo en su jerga) y el narcotráfico la excusa perfecta para su guerra"

La gota que desbordó el cáliz fue el descubrimiento de una reunión secreta entre funcionarios del gobierno colombiano y estadounidenses; léase Uribe, Santos y el embajador norteamericano en ese país, William Brownfield.  La declaración del embajador es lapidaria:  se ha tenido ya mucho tiempo trabajando el asunto de la secesión del Zulia, se ha venido planificando el modo de entubar a Venezuela hacia una guerra.  Pero más que este signo local, está el grosso modo internacional:   (1) EEUU está liviano, se ha desprendido un poco de su locura en el Medio Oriente, sus manos están más libre para "su" América Latina; (2) George Bush se va sin tener nada que perder en la actualidad:  es un bate quebrado, el presidente más impopular de todos los tiempos en los EEUU, el mayor peligro de guerra, por consiguiente, para el continente al no tener nada que salvar ni en lo personal o gestional; (3) un negro "dialogante" amenaza con tomar el poder en su país, en opinión de muchos oportunidad para "echarle el muerto político" de las desgracias actuales estadounidenses:  recesión económica y el desenmascaramiento argumental de sus guerras:  o la mentira de la democracia, el terrorismo y ahora el narcotráfico; (4)  la Colombia institucional se cae a pedazos por su problema narcoparapolítico y se juega su supervivencia montado sobre las espaldas de su protector político, cual enano que señala desde arriba las desgracias, los terrenos a pisar, el águila que aguza su vista sobre la presa, resollando sobre el oído imperial.  A menos que ocurra un fenómeno de conmoción global, una hecatombe planetaria, como una declaración de guerra entre las potencias, un ataque ovni o una inesperada declaración de alianza militar entre Rusia, China y Venezuela, el camino hacia la intervención militar de los EEUU en Suramérica está allanado. Un quinto punto (5) sería la madurez que presentan las oligarquías internas al servicio de la penetración de sus propios países.

De manera que el alarmismo no lo dictan los agüeros de estas líneas, sino lo que han lanzado sobre el tapete la razón y el análisis de las evidencias, el comportamiento perverso mismo de quienes se sujetan a modelos de vidas humanamente denigrantes.  En cielo encapotado per se es un hecho natural, inocente en su fenomenología de humores o humanos estados; pero mata con sus tormentas o con la interpretación de se haga de ella:  la lluvia, como se la mire, es bendición para unos y maldición para otros.   Se encapota América Latina y ella debe ser capaz de leer el mensaje.  Es parte de su nueva madurez adquirida.  El ejército de la revolución y la independencia, de frente al pasado, y con el pasado como plaga de modelo propuesto para el futuro, no tiene más opción que afrontar el reto y diseñar su pervivencia.  No se tendría que concebir a una América Latina como la esperanza desvanecida.  Sus nuevas ideas, sus propuestas de un socialismo adecuado al espacio de las naciones y peculiares necesidades, llamado socialismo del siglo XXI, desprovisto del yerro histórico conocido de las inoculaciones extrañas, tendrían que superar la carga misma de su humanismo doctrinario para sortear el nuevo reto de guerra que se le plantea.

En algún momento se verá precisada la llamada Patria Grande a decir “¡Basta!”, en su conciencia humanística y socialista, en su creciente ejercicio de la izquierda política y de la integración.  En algún momento se verá compelida hacia las acciones de fuerza con el objeto de la supervivencia, cambiando el ideario de "vivir o vivir" por el de "matar o morir", como lo plantea la selva neoliberalista del mundo.  El asunto es cuando precisamente, un asunto de interpretación.  Año 2008, extendido hasta el 2009, hasta tanto no tome posesión el nuevo presidente estadounidense, a quien se le habrá de servir una bandeja política obligantemente predeterminada.  La historia viene al auxilio en estos casos de la acción o la reflexión.    Se puede no hacer nada o se puede guerrear.  Se puede decretar una "no violencia activa" y que salga el pueblo a que lo maten con los brazos cruzados en la calle, como en la vieja India de Gandhi; se puede tomar el fusil y darle gusto a los factores que atenazan:  la guerra directa, la excusa esperada.  Es una cuestión de tino político, de criterio, hasta de iluminismo, cuando no de providencialismo; es un asunto de oráculos al parecer, de interpretación y lecturas. ¿Cómo?, ¿exactamente cuándo?  Pero lo clave es la comprensión de que hay una configuración de guerra al frente y que mucho de la experiencia de otros países no es propicia para América Latina.  El río Rubicón de la revolución está en la retaguardia; al frente está el porvenir, barajado designio y consecuencia de la naturaleza humana.  Las fuerzas del pasado (en un sentido de progreso, porque siempre han estado ahí) vienen por lo que consideran suyo:  recursos y combustibles para seguir pergeñando la explotación de los mundos.  El asunto es que no siempre se queden con nuestros países y bienes de cualquier modo.

Y este considerar de que la suerte está echada traduce en concreto una severidad contra Venezuela, puntal geoestratégico de América Latina:  los EEUU, junto a Colombia, Perú y otros soportes militares de sus tropas, han encontrado en la tesis de que el presidente venezolano es cooperante de la guerrilla (terrorismo en su jerga) y el narcotráfico la excusa perfecta para su guerra.  Hugo Chávez constituye sus armas de destrucción masiva .  Vienen por él, como una vez se vino aquí el Perú por Montesinos, violando fronteras; como una vez lo hizo EEUU con Noriega y como lo hace todos los días el gobierno colombiano cuando se mete en Venezuela con sus fuerzas paramilitares y hasta ejército.  Es un corolario pesimista, aunque alertador, del anterior discurso de estas palabras.

lunes, 26 de mayo de 2008

De la muerte de Fidel Castro, Hugo Chávez y Marulanda, y del sueño político de la inexistencia de la izquierda en América Latina

Imagen tomada de WeblogsNo obstante el crecimiento notable de la izquierda en América Latina, con células en el poder en Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Venezuela, y con futuras sumas en Perú y México, de vez en cuando el panorama político tiembla y, en virtud de poder mediático de la derecha, se corre la voz agorera de la destrucción, apuntando al apocalipsis, al fracaso de la esperanza correctora y a la retoma de fortaleza del decadente modelo neoliberal, en debacle en nuestros países. Como buen alumno de Goebbels, el poder mediático imbuye de cariz real y general a cualquier evento adverso de la rama política de la izquierda con visos de probabilidad o particularidad, respectivamente. Así, ya muchas veces en su imaginario han dado muerte a Fidel Castro, han expresado el deseo de un Chávez asesinado, de una invasión norteamericana para restablecer el orden alterado por las hordas comunistas y de continuo trabajan en la creación de matrices de opinión tendentes a la elaboración de un mundo virtual, espacio, sino para el consuelo, para la desinformación y la parcialidad.

A la prédica de que el modelo ya es un fracaso probado con la caída de la URSS y con el giro actual del continente Europeo hacia la derecha política, suman como hecho lo que no ha ocurrido aún en plano de las ideas socialistas, como cuando proclamaron el fin de la historia y la hora del pensamiento único, en medio del furor neoconservador de las celebraciones. La tabla rasa para el mundo. Por ejemplo, aquí en América Latina, donde al parecer la dichosa profecía tuvo sus defectos, asumen olímpicamente que los gobiernos de izquierda se proponen en lo inmediato repetir el error histórico de trasvasar el modelo soviético comunista a sus países, restándoles a los líderes la inteligencia de la reflexión, de la capacidad de adecuación de las ideas a la realidad particular de cada país, negando siempre que se ande en la búsqueda de afinar un modelo de justicia social para el continente, fundado primordialmente bajo el concepto de la integración geopolítica bolivariana. Ningún socialismo del siglo XXI en construcción. En su lugar, la satanización mediática realiza su trabajo: los comunistas o socialistas son anacrónicos fanáticos come niños, duchos en el arte de quebrar países.

Así, con el envenenamiento de las masas, crean la ficción de que lo que está por venir, es decir, la implementación de todo un gobierno de izquierda en América Latina vía integración y el deshecho del aniquilante modelo neoliberal, es una hórrida perspectiva de un acabose político, en nada comparable ni siquiera con la peor imaginación caótica de su modelo de las desgracias. Su característico estilo de concentración de poder político y económico en poquísimas manos, su democracia tramposamente representativa, su falsa liberalidad y liberalismo, su siembra a más no poder de desigualdad y pobreza, su comercialización para peculio propio de los bienes que son propiedad de una nación completa, su libre mercado infernal y su temible espíritu transnacionalista, son rasgos que ponen a volar como inocentes defectos del mejor sistema político y económico del mundo, su daños colaterales, consiguientemente aceptables, en nada evitables, pero siempre preferibles a las particularidades del sistema demoníaco socialista.

Naturalmente, cuando el hecho adverso dentro del filón ideológico socialista deja de ser una probabilidad y se convierte en uno de facto, el redoble apocalíptico de campanas mediáticas es espectacular. Ya no es la muerte casi segura de Fidel o Chávez, sino el hecho cierto, por ejemplo, de la muerte de Raúl Reyes o Manuel Marulanda, o el referendo secesionista de Santa Cruz, cuando no es −otro ejemplo− la derrota aplastante de la izquierda en Italia, del alcalde izquierdista ingles Ken Livigsdtone o la retoma casi total del poder por parte de la derecha política en Europa, con toda su carga de daños colaterales, como la xenofobia y el racismo. Para los Goebbels de nuevo cuño, si una presunción la traducían en una sintomatología de irrefutable realidad, un hecho cierto pasa a convertirse en una especie de marcha triunfal, cuando no en una suerte de ofensiva cazadora de las últimas brujas que se supone sobreviven por ahí.

La confirmación de la muerte de Manuel Marulanda, para tocar la noticia del día, más allá de leerlo como que la organización que dirigía está padeciendo algunas dolencias de carácter moral (primero fue Reyes), es presentada por los medios casi como una noticia de certificación de victoria por parte de la oligarquía colombiana, de unas FARC en desbandaba, desesperadas por rendirse, sin ningún poquitín de dignidad después de sostener una prolongada lucha que raya ya en las seis décadas. No existe ningún reparo en reconocer siquiera que cabe la posibilidad de que el grupo guerrillero, dado el cálculo con el que realizó el anunció de fallecimiento de su líder (fenecido dos meses atrás), pudiera estar preparando una demostración a gran escala, concretas acciones de guerra y expresión de salud organizativa. Pero la campaña es completa. La izquierda, se dirá, creciendo en América Latina, está en retirada; y en Europa, decreciendo, tendría que decirse que está desaparecida, según lógica mediática. En mundo al revés, tanto que ya parece fastidiar.

"Es la propaganda, pues, no de la existencia de un ejército o modelo invencibles, sino de que nosotros, el resto de los mortales, somos estúpidos."

América Latina izquierdista, buscando un modelo que rescate de otro; el viejo continente ubicado en la derecha, recaminando viejos senderos de liberales mercados que ya condujeron a varias guerras. Otra vez el fascismo, las raza superior, el etnocentrismo y el providencialismo, viejas y nuevas Cruzadas hacia los santos destinos. Y las grandes corporaciones de la noticia y el consumismo intentando hacer prevalecer el modelo único con sus escuelas de adoctrinamiento público. Los elegidos de dios no pierden guerras ni tienen bajas entre sus filas, soldados perfectos de la cultura. Una baja estadounidense o europea vale por mil del resto de los mortales. El neoconservadurismo es invencible, curtido en la experiencia de haber tumbado muros berlineses y haber acabado con estigmas ideológicos de la perdición del mundo, como el comunismo. La explicación de por qué éste en Europa parece en reculada y en América Latina se proyecta como prevaleciente en su forma socialista es la que sin ningún pudor dan las corporaciones mediáticas: América Latina es un patio trasero del atraso, huérfana de todo sentido de progreso humano, granero o almacén del mundo, pequeño surtidor energético de la tierra. Como en tiempos de conquista, su destino tiene que ser reconducido, desmenuzándola de brotes ideológicos malignos.

Y las tensiones, en consecuencia, están a la orden del día. España tiene la cuchara enterrada a fondo en Bolivia, en Colombia y en otros países, y como los imperiales EEUU, defiende sus intereses invocando el yerro político planteado para el continente con el socialismo, utilizándolo para la descalificación, mandando a callar presidentes, así como trayendo a colación también su alta cultura superior, de modelo único, de derecha neoliberal corrida en la siete plazas, por más que su presidente se califique de socialista. Alemania, de la boca de su canciller, Ángela Merkel, del modo más espontáneo solicita cerco contra el país líder de los cambios en Suramérica, Venezuela, probando con ello también el convencimiento de su cultura superior, modelo de modelos, sistema neoliberal, capitalismo salvaje o cualquier otro nombre que ponga en sujeción a unos respecto de otros. Porque en Europa, como en los EEUU, no existe la izquierda más que como parodia, como museístico recuerdo ideológico de la historia, ejercida en su denominación en varios países como una manera de atenuar el purismo de la derecha política, como en España. Es un disfraz. La generalidad es que existan dos partidos de un mismo bando: la derecha y la derecha, "socialista" uno de ellos.

De manera que el modelo perfecto jamás estará en disposición de reconocer derrotas, hecho que ocurre cuando reconoce victorias en el contrario. Tal es el desiderátum operativo de los medios de comunicación. Para el modelo, no existe la izquierda en América Latina, y si lo reconoce, lo hace como un molesto galimatías ideológico en boca de una pila de indios, indios entre los cuales Evo Morales es propuesto como emblema. Pasar por alto, por ejemplo, que el líder guerrillero Manuel Marulanda haya muerto de modo natural y no asesinado por el ejército colombiano, es otro ejemplo de una pequeña muestra de la gran variedad universal que hay. El ejercicio del periodismo al servicio de sus portales y soportes ideológicos naturalmente castra el intelecto y funda la escuela del exterminio del raciocinio poblacional.  Es el Gran Hermano, el libro 1984, de George  Orwell, con todo y la alusión que la novela hace hacia factores de una izquierda abominable.  Imagen tomada de Noticiero Digital Del mismo modo que cuesta para que se reconozca la baja de un soldado norteamericano en una invasión, o  el derribamiento de una nave, nunca habrá el reconocimiento de la materia simbólica que hay implicada en el hecho que el guerrillero más viejo del mundo haya muerto inmune a las balas de la oligarquía colombiana (la derecha política), casi octagenario.  Es la propaganda, pues, no de la existencia de un ejército o modelo invencibles, sino de que nosotros, el resto de los mortales, somos estúpidos.

jueves, 22 de mayo de 2008

Colombia, propuesta de guerra para las Américas

Imagen tomada de Nuestros reflejos A estas alturas de los acontecimientos respecto del papel claro y conciso de guerra de Colombia para Suramérica, no nos sentaremos a escribir a quejarnos como niños preguntándonos "¿por qué?" ¿Por qué Colombia compra armas y moderniza su arsenal militar sin que nadie lo resalte, en especial esos medios de comunicación social que se escandalizan porque Venezuela cambia los viejos FAL de su ejército por los más nuevo fusiles Kalashnikov? ¿Por qué, papá, por qué? ¿Debo creer el cuento que me recita que ellos sí pueden y nosotros no a título de albergar una guerrilla en armas a combatir y que por eso mismo poseen la segunda mayor cantidad de efectivos militares en pie de Latinoamérica (220.000), listos para el combate, y que también, por la misma razón, han triplicado para este año su gasto militar (del 2 a 6% del PIB, uno de los más altos en el continente? (1). ¿Por qué los medios no miran esta realidad y la resaltan en sus pantallas, preocupadamente? ¿Por qué, papá? ¿Por qué el gobierno colombiano, si el problema es la guerrilla, no compraba tantas armas en el pasado como ahora?

¿Será que es algo así como que hay que acostumbrarse a los desequilibrios e injusticias del mundo, no teniendo nada que ver con ideologías políticas ni con esfuerzos de liberación de los pueblos, ni con Venezuela ni Brasil, ni con el crecimiento de la izquierda en América Latina? ¿Será? ¿Por qué, por ejemplo, se destaca descomunalmente que el gobierno de Venezuela injiere en Bolivia al manifestar su oposición a brotes políticos secesionistas y al Departamento de Estado, cuyo embajador trabaja tesoneramente para desmembrar al país, nadie le dice nada? Ni los medios de información, ni la OEA (donde se ha llevado el caso), ni nadie.

¿Será que algunos nacimos, por desventura, con derecho a cierta porción del mundo nada más, es decir, en términos ecuménicos, con limitados derechos y libertades civiles, porque determinados hechos y espacios de la humanidad ya tienen dueños, están sustraídos de este mundo y lo que desde allí emane no tiene porque ser materia de humana aprehensión, siendo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos rige para todos? O sea, como decimos en el coloquio, que lo que es bueno para el pavo no lo es para la pava; algo así como que los bofetones que propinan los elitescos seres de esas esferas intocadas no pueden registrarse en la prensa como agravios para nadie, considerándose como tal −¡eso sí!− hasta una palabra que no pronuncie el resto de los mortales, más si es portador de ciertas ideas. Como si se propusiera desde los centros de procesamientos científico de los medios de comunicación que los escupitajos de Álvaro Uribe y George Bush en modo alguno son afrentosos (no son noticias), comparados con las palabras ni siquiera pronunciadas por cualquier otro presidente del hemisferio, sea Chávez, Lula, Correa o Evo.

No, caballero, ya estamos creciditos para eso, para preguntas con respuestas obvias. Tal sería la indagatoria de quien pareciera, masoquista e inútilmente, solazarse en la llaga propia, como muchachito estrellando el juguete contra el suelo (juego al fin), quejándose en vez de preguntar: ¿por qué?, ¿por qué el mundo es así? Es hora de la acción y la prevención hasta donde sea posible, políticamente; y en términos de la conceptualización, es hora de las cuentas claras: Colombia viene por la guerra. Su línea dura contra Venezuela, su política exterior agresiva, de desprecio contra el continente o lo que suene suramericano, es a un tiempo expresión de temores de caída oligárquicos y sujeción salvadora a las políticas belicistas de los EEUU en América Latina. Los primeros, los mantuanos decimonónicos, temblando por la alta descomposición parapolítica de su sistema de gobierno, aferrados hasta la entrega al favor que puedan derivar del gran país del norte, como enanos montados sobre los hombros de un coloso; los segundo, preocupados por la pérdida de sus intereses e influencia en el área. El pago gringo es soportarlos en el poder, como hacen con otros países, como con el dictador Musharraf en Pakistán, o como hicieron con Pinochet en Chile, mientras le permitan velar por sus "subhemisféricos" intereses; y la cuota colombiana es la entrega, ir contra los suyos, facilitar los propósitos desestabilizadores de su gigante defensor, mirar más allá desde su altura, suerte de profesión de mesonero de la traición, que sirve cabezas de su pueblo en bandejas de plata (2).

¡Qué los medios se hagan de la vista gorda y obliteren tan descomunal realidad, prefiriendo hacer noticias de detalles banales, como una mirada supuestamente diabólica que Hugo Chávez lanzare a una foto de Uribe o Bush en un recorte de prensa, o como el poder regional desestabilizador de los 100 mil fusiles Kalashnikov que compró para modernizar al ejército venezolano, en comparación con la fuerza "buena" de la IV Flota de la Armada de los EEUU recorriendo el Caribe, donde ese país posee submarinos nucleares y demás artilugios de muerte! Ello ya no debería quitarle el sueño a nadie en momentos de sopesar concretamente los hechos. El sesgo de los medios de información es parte de la guerra neocolonial que le está proponiendo Europa y los EEUU a través de Colombia a América Latina. Sus intereses corporativos son demasiado grandes como para pasarlos por alto, como parecieran recomendarnos que callemos. Con saber que España, Inglaterra y los EEUU son los mayores inversionistas en el país neogranadino, se tiene para coser un rato; con saber, más concretamente, que el grupo Prisa, de España, dueña del diario El País (furibundo periódico antigubernamental venezolano), es propietario también en Colombia del diario El Tiempo y de la Cadena Caracol, socio además de la revista Cambio, se tiene también para coser otro largo rato. "La campaña de El País contra Chávez se diseña en Madrid y se repite en Colombia para todo el mundo, a través de estos medios" (3).

En un tiempo Venezuela intentó comprarle a España embarcaciones y aviones de patrullaje para sus costas, pero el gobierno de los EEUU se interpuso en la transacción alegando derechos tecnológicos; pero España vende sin problemas armamento militar y moderniza la Armada colombiana sin problema alguno y tampoco sin reclamo alguno tecnológico. Naturalmente, nadie protesta ni destaca nada, y no es objeción alguna para España que el gobierno de Álvaro Uribe ande imbricado en un terrorismo de Estado y en ejercicio de un paramilitarismo y narcotráfico de los cuales los medios interesados quieren convertir en leyenda. La lucha contra la guerrilla da para todo, para bombardear países vecinos, llamar a otros jefes de Estado terroristas y para armarse militarmente, enfáticamente hasta los dientes. ¿Quién dirá que es casual que Colombia se haya destapado en una carrera armamentista, ahora precisamente que se tutea bravuconamente con Ecuador y Venezuela, que la izquierda se posiciona en el continente como expresión de rechazo al modelo neocapital, ahora que los intereses de los "lobos hambrientos" de Europa y los EEUU se ven amenazados? (4).

"Es hora de la acción y la prevención hasta donde sea posible, políticamente; y en términos de la conceptualización, es hora de las cuentas claras: Colombia viene por la guerra. Su línea dura contra Venezuela, su política exterior agresiva, de desprecio contra el continente o lo que suene suramericano, es a un tiempo expresión de temores de caída oligárquicos y sujeción salvadora a las políticas belicistas de los EEUU en América Latina."

La compra reciente que hiciera Venezuela de los fusiles de asalto Kalashnikok AK-103, de helicópteros y aviones rusos, además de unos radares para modernizar el sistema de defensa de nuestras Fuerzas Armadas, estuvo acompañada de un escándalo comunicacional en el que los medios globales, el Departamento de Estado de los EEUU, así como Colombia misma, intentaron delinear al país como una nación amenazante para la paz en América Latina, un país que posee una fuerza de efectivos en pie siete veces menor que el vecino colombiano. Pero por su parte Colombia se ha armado grandemente en medio de la más grande complicidad mediática, incluyendo el silencio de los medios mismos venezolanos, quienes en una ocasión de tensión pasada llegaron hasta datear a Colombia la posición de nuestros recursos militares. Al presente, de la forma más comercial, técnicamente hablando, le venden armas a Colombia EEUU, Rusia y España, como si se estuviera prendiendo una guerra aquí, del modo más deportivo, donde los grandes ganadores serán los que están detrás de bastidores. Vea usted dónde anda nuestro vecino bolivariano:

Confirmada la llegada de 25 helicópteros, 8 aviones Supertucanos, 13 armas y 187 camiones blindados para transporte. Las Fuerzas Militares del vecino país reforzarán la frontera con Venezuela con vigilancia aérea y terrestre en la zona del Guaviare, Guainía y Vaupés, informan fuentes oficiales anónimas. La Aviación del Ejército recibirá 5 helicópteros MI-17 rusos para transporte de tropas y vigilancia satelital. Tras la visita del ministro Santos a Israel, la industria militar de ese país dotará en septiembre de 8 mil fusiles Galil 5.56 mm a las fuerzas especiales del Ejército neogranadino, así como de morteros, lanzagranadas y equipos de visión nocturna (5).

La pregunta es, padrecito, cómo enfrentar tal situación con Colombia, un país que, en medio de esa locura neocapitalista de mercantilizar las relaciones humanas y las nociones patrias de los países, recibe el apoyo hasta de grupos opositores de la derecha venezolana. Porque Colombia es un país ganado para la contienda regionalizante, penetrada por el afán guerrerista de los EEUU y la megalomanía de un Ministro para la Guerra como Juan Manuel Santos, tapujo institucional de la política guerrerista de Álvaro Uribe. Como se dijo arriba, el mantuanismo colombiano se juega en la aventura bélica el aseguramiento de su permanencia política, no dando cuartel en su determinación militar de hacer causa común con los intereses trasatlánticos respecto de América Latina, como lo demostró apenas ayer al rechazar, sistemáticamente uno a uno, los esfuerzos de países amigos para hacerla volver la mirada, al menos para intentar una reflexión halándola hacia la causa comunitaria de nuestros países. Hecho completamente inútil: sin gran dificultad, el presidente Uribe (a) rechazó la presidencia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) que le ofrecieran, (b) desestimó que Colombia participase en la Oficina de Seguridad Regional (propuesta para América Latina por el presidente Luiz Ignácio Lula da Silva) dizque por respetar la instancia de la OEA; (c) declaró que la Comunidad Andina (CAN) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) no son prioritarios para su país, confesando, finalmente, que (d) un acuerdo con la Unión Europea (UE) es el "centro de gravedad" de sus intereses (6). Como si tratara de rematar que el territorio colombiano es un pedazo de tierra ajeno a nuestros aires latinoamericanos, casi extraplanetario, de la región de las cosas extrañas . Por este filón de las ideas no es difícil evocar su decisión en el pasado de apoyar a las potencias extranjeras en el conflicto por las Islas Malvinas.

De modo que no hay que ser muy sensible para sentir en el rostro los vientos de guerra que le están haciendo soplar al continente, gran esfuerzo soterrado (en su descarada naturaleza) por las grandes corporaciones de la noticia, ganadas preferiblemente a presentar a otros como causales de guerra, léase Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, seguras víctimas pero presentadas como los terribles demonios de una eventual contienda. En cuanto a los EEUU, cabeza fundamental detrás de Colombia, conocida son sus artimañas, tanto en la propaganda (sus técnicas goebbelianas) como en el plano de la guerra psicológica (guerra de Cuarta Generación), colecciona una fila de "errores" y travesuras en nuestra América que dan pasmo. Así como en otros lados cometió "equivocaciones", como en Taiwán, donde dejó colar unas ojivas nucleares, con el propósito de intimidar a China, también dejó volar equivocadamente −hará unos días− un avión de su flota sobre el espacio norte venezolano, justo en momentos en que se vuelven a enrarecer las relaciones con Colombia, cuando ellos mismos amenazan con trasladar su base militar desde Manta (Ecuador) hasta la Guajira colombiana, justo cuando anda para arriba y para abajo en el Caribe la IV Flota de su Armada y cuando, también recientemente, el gobierno venezolano protesta una incursión de una cuadrilla militar colombiana dentro de su territorio.

Colombia apuesta a una aventura militar en un momento coyunturalmente adverso para sus tutores políticos y económicos: EEUU y Europa. No le queda más remedio que pagar su parte en el trueque. Y no es pequeño el pago, porque grande es la concesión que se le hace a un presidente incurso en delitos de narcotráfico y paramilitarismo como para que otros jefes de Estado, no tanto como Zapatero y Bush, se hagan de la vista gorda ante la evidencia. El primero, encantado, le dispensa armas; el segundo lo llama "valiente" por enfrentarse a hermanos países y permitirle el destacamento de tropas sobre su territorio (Plan Colombia), con propósitos hartamente conocidos (7). Y no desentona del todo el calificativo, porque para ir contra los suyos en verdad hay que tener cojones, como dicen en mi tierra por todo el medio de la calle.

Notas:

(1) Véase el origen de las cifras y reflexión sobre el tema militar en Oscar J. Camero: "Colombia, la yesca de la guerra" en Animal político [en línea]. 12 febrero 2008. Págs.: 6 pantallas. - http://zoopolitico.blogspot.com/2008/02/colombia-la-yesca-de-la-guerra.html. - (Consulta: 22 mayo 2008).
(2) En este sentido, mirando el tema de la traición contra los propios connacionales, hace pocos días el gobierno colombiano decidió extraditar en masa hacia los EEUU a los paramilitares detenidos en las cárceles colombianas. La razón es simple: su testimonio avivaba el escándalo de la descomposición narcoparapolítica de la gestión uribista. Vea tan lamentable nota, pero muy amenamente presentada en "Uribe traiciona en masa a sus compinches" en Moliere... un perro en la red [en línea]. [sin fecha]. Págs.: 11 pantallas. - http://molierico.blogspot.com/2008/05/colombia-uribe-traiciona-en-masa-sus.html. - (Consulta: 22 mayo 2008).
(3) José Luis Carpio: "La Puerta de Alcalá" en Las Verdades de Miguel. - (2008) mayo 16-22; p. 6.
(4) Además de deplorar que se pretenda convertir a nuestras naciones en mercancía, critica Fidel Castro la falta de honestidad tanto de Europa como de EEUU respecto de América Latina, así como el teatro de la hipocresía de los gobernantes europeos y locales participantes en la reciente Cumbre entre Europa, el Caribe y América Latina, celebrada en Perú el día 15 del corriente, como de los medios de difusión noticieros. (Vea su artículo "Dos lobos hambrientos y una caperucita roja" en Diario Gramma [en línea]. 19 mayo 2008. Págs.: 6 pantallas. http://www.granma.cubaweb.cu/2008/05/19/nacional/artic10.html. - (Consulta: 22 mayo 2008).
(5) Carpio: Op. cit., (2008) mayo 9-15; p. 3.
(6) "Colombia no aceptó presidencia de Unasur por tensión con Venezuela y Ecuador" en Unionradio.net [en línea]. 21 mayo 2008. 3 pantallas. http://www.unionradio.com.ve/Noticias/Noticia.aspx?noticiaid=242080. - (Consulta: 22 mayo 2008).
(7) Vea la referencia "Al final del gobierno, Bush analiza y justifica su política hacia América Latina" en La Jornada [en línea]. 8 mayo 2008. Págs.: 7 pantallas. - http://www.jornada.unam.mx/2008/05/08/index.php?section=mundo&article=033n1mun. - (Consulta: 22 mayo 2008).

lunes, 19 de mayo de 2008

América Latina y Europa, o de un viejo malestar entre culturas

Imagen tomada de special.radioextremo.com El mundo no parece nada feliz, según lo clasifiquemos en segmentos contrapuestos y le examinemos luego el rostro. Ricos y pobres, desarrollados y subdesarrollados, vendedores de materias primas e industrializados, explotadores y explotados, capitalistas y socialistas. Por donde usted vea la pata cojea. Los unos contra los otros, en medio de una sociedad de guerra. El rico molesto porque el otro no se deja quebrar hasta lo más profundo y el pobre alzado, intentando preservar su vida, indignado porque no lo dejan vivir, por lo menos, probablemente ansiando algún día ser como el "patrón", para cobrar revancha o darse la "gran vida" a costa de los de su misma condición. Es lo que se le enseña, según trabaja en medio de un gran charco de sudor para quien se mueve entre los efluvios de costosos perfumes.


Pero no es sólo eso, no son las diferencias las que únicamente se combaten entre sí. Los del mismo bando también se dan lo suyo, se caen a mazazos. Intentan también establecer diferencias entre ellos mismos, si es posible uno colocando al otro en el plano mismo de lo contrario, como si fuera su opuesto, su enemigo, el explotador o explotado, el pobre o el rico jodiendo al pobre o al rico, según sea la posición que ocupe en esta tan simple dualidad que planteamos aquí para ver el mundo. Por ejemplo, los llamados países del "primer mundo", por extensión o intención potencias industriales y militares, no se andan con rodeos a la hora de reclamar lo suyo cuando toca dividirse los territorios en zonas de influencias: se pelean los mercados, las rutas comerciales, el subsuelo de los países del otro segmento (de los huevones, pues), sus recursos naturales, sus alianzas o espacios para colocar empresas que de suyo no colocarian jamás en sus países de origen. Se pelean hasta por los nombres que han de recibir sus espacios de "trabajo", sea como patio trasero, aliado, amigo o lo que sea que haga sentir a esa pila de pendejos como de su propiedad. Como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, sus diferencias pueden desembocar en terribles guerras.

Se pelean el mundo, una gran causa. Europa, el viejo continente, ha echado muchas vainas en este sentido, tanto antiguo como modernamente. España, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Rusia y ahora EEUU (importado desde allá): todos gatos del mismo saco, en ejercicio del viejo modelo de la supremacía y la competencia, oriundos de ancestrales tribus nacionalistas, enfrentadas por ejercicio militar, por hábito, por supervivencia, por malsania o por lo que fuere que apuntale que el mundo es un espacio para sus apoderantes plantas. Feudos sus países en un principio, con atrabiliarios modos de ser dominantes. Feudo hoy el planeta, asomándose de vez en cuando hacia su espacio exterior para constatar si han aparecido otros países en la vía láctea, que no planetas. El globo terráqueo es una presea de guerra, como en el principio de los principios, cuando el hombre no se contaba tan "abundante como las estrellas", lo era una comarca o meseta o región montañosa.

Y los otros, los demás, los habitantes de esos espacios subastados por la historia, los que causan molestias por no dejarse masacrar hasta el fondo mismo de la existencia, indefectiblemente suelen ser los causales de la guerra, con culpa o si ella, según lo coloque el discurso dominante, aunque esto último importa un carajo, porque nadie habla de motivaciones en el medio del fragor de sus consecuencias. Es el formato, la educación, la historia, hasta la culpa de nadie si en el trance estamos por aceptar de una vez por todas que el hombre es un pequeño animalito de guerra. Tales habitantes son la hierba mala de la tierra, aquella paja molesta que crece sobre las minas de oro o yacimientos petroleros que debe ser erradica de la faz del apetecido planeta. Pobres o condenados de la tierra, como diría Fanon −para no perder nuestro maniqueo modo de explicarnos la vida−, bichos sin derechos pero sí con obligaciones y deberes para la causa que los conquista. De modo que no le basta al desposeído con lo que no tiene (o no le dejan poseer), sino que, de paso, comportan un mal estigma para el hombre: son causales de guerra, la semilla mala en el civilizado mundo, peste a erradicar, los dueños por accidentes de las "riquezas" que pisan sus patas.

Por increíble que parezca, así como están de jodidos entre ellos mismos, los pendejos de la tierra también tienen sus diferencias internas. Se caen a mazazos. Se ponen zancadillas entre sí y juegan a exterminar o a subyugar a los de su misma condición. No es que sean una uniforme masa de espaldas que corren hacia allá o resquebrajadas partes traseras por efecto del sol, al servicio de la comodidad de un pequeño porcentaje de la población mundial. ¡No, no, nada que ver! Encuentran que su manera de prosperar es parecerse a su vilipendiador, haciendo propia su causa, así desde allá se le impartan iguales latigazos sobre la carne o la conciencia. Priva en sus filas una especie de sadismo contra los suyos (por otros llamado traición), de furor culposo por la situación propia, institucionalizado mediante habilidosas acciones desde los centros de poder que los domina, desde allá arriba; y así como la luz genera sombras (o viceversa), priva también esa suerte de masoquismo complaciente hacia quienes los sujetan (entreguismo, le llaman, variante de lo primero), asustado u obligado medio de supervivencia subdesarrollado. Cada quien cavando a fondo en sus propias posiciones históricas. Definitivamente, el formato.

El viejo cuentito de "el pobre cada vez más pobre y el rico, más rico". No hay duda. Y la ceguera pululando por doquier, generando felicidad para algunos y oscuridad para otros muchos. De eso tampoco hay dudas.

Lo cierto del caso es que los países en vías de desarrollo, amén de ser causales, juguetes o trofeos de guerras, mala hierba sobre sus desaprovechadas riquezas, son también una pila de mentalidades empeñadas en cavar sus propias fosas de descanso final. Como los grandes se pelean los mercados y las rutas del mundo, ellos se pelean por ser los pasillos o parajes para el paseo del coloso, llegando también a los extremos de la guerra, como si se espetaran entre ellos: "¡Soy mejor botín de guerra que tú, payaso, apártate!" No se cansan de la división, del fratricidio, del encandilamiento de las estrellas. Incapaces de la unidad, hacen causa común con las empresas desaparecidas del mundo. Hacen de su hermano un rival por la competencia del bagazo. Objetos ciegos en sí mismos, incapaces de mirar más allá del oído, es decir, más allá del restallar del látigo (con el perdón de la imagen). Nadie exagera al decir que muchos andan por allí presumiendo ser la bacinilla de oro de las imperiales posaderas.

En América Latina hay mucho de ello, nadie lo cuestiona. Luminosos nombres de países, en el pasado emblemas de luchas patrias, hoy se erigen como amoratadas dignidades. Consuetudinarias alcobas de la entrega, encandiladas doncellas de la perdición, con precolombina carga malinchista; criaturas que aguzan más el ojo hacia lo inalcanzable extraño que hacia propio logrado; repúblicas aéreas del presente, sin futuro. Porque el esclavo que tiende un latigazo al condiscípulo, tiende una mano a la patria del látigo, incapaz de la humanidad propia. Porque así son las cosas, aunque el lenguaje duela. América Latina, después de un pasado genial pintado por los libros de historia, de aguerrida lucha antiimperialista y contracolonialista, se debate hoy en la colonia, en el colonialismo, siendo objeto y sujeto de poderes supremos, luchando contra sí misma, contra sus testaferros internos, no superando siquiera viejos hitos del progreso humano como la abolición de la esclavitud, recientemente comprobada en uno de sus países, Bolivia, bajo el manto anónimo de los poderosos. ¿A qué alzar la palabra hacia infundadas alturas de la dignidad ofuscada? Al estaño, estaño, y al petróleo, petróleo, para decirlo en los términos de nuestras materias primas, cimiento mental de tantos.

"Nunca salió América Latina de una dependencia: se quedó en otra, siempre mirando hacia el temido continente, dueño del mundo, formato de la depredación y las guerras viscerales"

500 años suman de travesías para la América Latina, 300 de ellos de trabajo colonial, de birlamiento de los recursos naturales y genocidio indígena. Los restantes 200 son, también, de atraco colonial, o neocolonial, cuando se supone que tendrían que considerárselos de soberanía e independencia. ¿A qué tanta sangre derramada, entonces? No salían nuestros países de los desórdenes de la guerra contra España, convertidos en incipientes repúblicas, cuando ya tenían, otra vez, a la vieja Europa de las batallas metida entre sus paisajes, dispuesta a "ayudar", a financiar, so cuento de exorcizar para siempre el horrible vestigio del imperio español. Primeros los ingleses y después los norteamericanos, a fin de cuentas el mismo cuento recontado. Nunca salió América Latina de una dependencia: se quedó en otra, siempre mirando hacia el temido continente, dueño del mundo, formato de la depredación y las guerras viscerales. ¡200 años de neocolonización, robo y explotación de las riquezas propias en nombre de la libertad y la democracia, cuna de los derechos humanos! Nacían los EEUU de América. Se salía del español europeo para caer en la garra del inglés americano.

Y con ello se devenía también en los nuevos aires del progreso, del nuevo territorio, de la nueva raza y del nuevo pensamiento. Y desde entonces muchos han razonado −por cierto− sobre la pertinencia de los nuevos métodos, por ejemplo sobre la acción "progresista" de haber eliminado durante la conquista la totalidad de la semilla aborigen, como hicieron los EEUU, confinando algunas muestra vivas por ahí en reservas, como en un zoológico o museo de la genética historia humana. Arguyen que el español cometió el error de no haber realizado el trabajo completo, causal de subdesarrollo de sus antiguas colonias. Son los voceros, ni modo, del llamado primer mundo, del modelo de la felicidad para los hombres, y de los amantes de él, habitantes de nuestros países hoy, las encandiladas doncellas del progreso −digamos−, mismas que consideran a los suyos como custodios "accidentales" del suelo que pisan, la molesta mala hierba del camino a ser segada, aunque la siega lass pode a ellas mismas, de cualquier modo. En su opinión, el bloque de cultura, en este caso anglosajona, de "clase superior", tenía la mayor ventaja y posibilidad de progreso si eliminaba hasta los residuos autóctonos.

Y así se dio sobre el terreno, a gusto de los hoy amantes de la cultura anglófila, migrada al Nuevo Mundo. La vieja Europa, con su bagaje de guerra y quebranto, en un nuevo continente, para sí sola. La guerra del exterminio autóctono fue el nombre para el modelo de vida de los nuevos colonos. La invasión y el despojo territorial fueron la consigan de batalla para el nuevo país del mundo: la mitad de México despojada, la Florida robada al mismo español (el otro imperio) y hasta las frías regiones de Alaska compradas a Rusia. La nueva plaga para los países latinoamericanos, frescos de la guerra aún, pero avisados por una profecía bolivariana: no tardó en abrir la boca uno de los presidentes del nuevo gran país para enarbolar la consigna de vida para las futuras neocolonias del otro lado: "América para los americanos", semilla rimbombante de otra pesarosa frase: el "patio trasero". No fue casual el sabotaje que EEUU hizo después del Congreso Anfictiónico de Panamá, tumbando una propuesta de integración bolivariana.

De forma que si el destino manifiesto de los EEUU ha sido y es históricamente convertir a nuestros suelos en sus patios y a nuestros mares en sus bañeras particulares, haciendo letra muerta de nuestra historia, con el auxilio mismo de los amantes cipayos del feliz modelo, simplemente no queda otra alternativa que asumir que la lucha de independencia no se ha concretado o no ha terminado en nuestro países, para no pecar de injusto con nuestros próceres de la independencia. Esto a despecho y en sobreposición a la voluntad de quienes parecen proponerse convertir estas tierras en protectorados de los EEUU. No existe otra opción. El modelo no deja otra salida que el modelo único para abandonar el estigma de la opresión y navegar, por lo menos, hacia una sensación de libertad, quizás sin el auxilio del humanizado idealismo del intelectual, pero libertad al fin. ¿Y cuál es ése camino en el contexto de la maniquea reflexión de estas palabras?

Es una conclusión necesariamente pesimista: si se está entre los polos de la opresión y la sumisión, puja el oprimido para convertirse en opresor, aparente receta única de felicidad que parece trasuntar del modelo, también único. Si un apéndice de la vieja Europa se vino aquí con su predeterminación de destino manifiesto, con su cultura bélica y de posesionamiento telúrico, no queda otra opción que el combate en el mismo plano, con la mismas herramientas: armamentismo, cultura de la fuerza, inspiración del respeto guerrero, tal vez la democratización del conocimiento atómico o lo que sea que apunte a la supervivencia, propósito jamás compadecido con embarazosos conceptos humanistas. Lo dicho porque su propuesta es milenariamente conocida, la de Europa: todo o nada, cultura de imperio romano, sumisión o exterminio. No puntos medios. El milagro de su integración actual en una macro- comunidad, económica y política, sobre la noción bélico e individualista de su pasado feudal, tendría que interpretarse bajo la óptica de que el mundo se ha globalizado, digamos empequeñecido, requiriéndose la unidad continental, como en un único ejército, para conquistarlo. No es difícil ser más pesimista para predecir más confrontaciones, guerras, enfrentamientos de culturas, guerra de civilizaciones, limpiezas étnicas, imperialismo, etc. El viejo continente, con su paladín medieval suelto (los EEUU), lleva la batuta en esto. Es una cultura de bárbaros triunfantes, estatuida en un aparato de Estado imperial colosal.


viernes, 16 de mayo de 2008

Secesión y silencio para Venezuela

Zulia secesión

Como técnica comunicacional de la derecha política venezolana, el secesionismo denunciado por el Ejecutivo es motivo de mofa y risas, presentándosele a la opinión pública como un chiste de vieja data en el país.

Del mismo modo que no hubo armas de destrucción masiva en Irak y la acusación de todos modos le trajo consecuencias, hay secesionismo en Venezuela y a toda costa se niegan sus repercusiones para el país, cuando no se ridiculizan.  Escríbalo.  Ambas son argumentaciones del "vacío" −si así las podemos llamar− , la primera invitando a actuar sobre la base de algo ficticio, a título puro de pretexto para actuar militarmente; la segunda llamando a lo contrario, es decir, a no hacer nada sobre un hecho cierto con el propósito de ganar terreno en la preparación de determinadas condiciones políticas y también −¿por qué no?− militares.  Elaboraciones discursivas del desastre que apuntan a la distracción de la opinión pública mientras el trabajo de zapa mina el terreno.

En el caso de Irak, el discurso se manejó de tal manera que la atención recayera sobre el hecho mismo de la acusación (las armas de destrucción masiva) y no sobre la realidad, claramente definida como una parcela a tomar desde que en 1980 la doctrina Carter dibujó al Medio Oriente como un gigantesco tanque de petróleo donde había que entrar para asegurar su flujo y no permitir la competencia de potencias rivales.  Tal es la razón de fondo:  un lenguaje de la guerra y la conquista que a fuerza tiene que ser disimulado por el de la academia y los valores idealizados:  la paz y la civilización.  Saddam Hussein tenía que ser borrado del mapa por el "peligro" de guerra y exterminio que comportaba para la región, y no porque detentara el poder, adversamente al interés estadounidense, sobre un área preñada de petróleo.  Cuando el vicepresidente de la presente gestión estadounidense, Dick Chenney, confiesa que quien sea capaz de controlar el petróleo del Golfo Pérsico será también "capaz de dictar el futuro de la política energética mundial", no hace más que acogerse a la mencionada doctrina, trabajada sistemáticamente, gestión tras gestión,  por el Departamento de Estado, amén de tumbarle la careta a cualquier discurso de paladín redentor (1).

Y puestas las cosas así, un Saddam Hussein ansioso por borrar al Medio Oriente del mapa y a unos EEUU convertidos en los policías "buenos" del mundo, nada interesados más que por la paz y la democracia, cualquiera vota por ello.  De eso no hay duda.  Si no, pregúntese al pueblo mismo norteamericano, que no vacila en responder con discursos hechos y mayormente con incoherencias sobre la política exterior de su propio gobierno cuando se le pregunta.  "La lucha contra el terrorismo", oye uno de lo más impresionado, como si fuera un hecho casi obligado que todo el mundo tenga que pensar del mismo modo.  Ello se explica, a no dudar, por el férreo y casi absoluto control del flujo de la información que tienen los EEUU en el mundo, un 84%, o, lo que es decir lo mismo, poderosísimas trasnacionales de la "verdad" ante cuya autoridad tu criterio es una ridiculez, cuando no una expresión demencial (2).

Como el cuento del rey que salió desnudo ante sus súbditos porque se le aseguró que lucía un vestido estupendo, hecho sostenido por todos.  ¿Cómo hacer, pues, cuando el 99,99% de las voces asegura que una pared de color negro es blanca y sólo tu voz afirma lo contrario, aunque diga la verdad?  Lo más probable es que los "cuerdos" recomienden para tí un sanatorio.  Porque ese es el poder de los espejos, capturar la luz y multiplicarla, del mismo modo como hacen los medios de comunicación social al capturar las voces de la "mayoría" y multiplicarlas, ante cuyo cariz de realidad no queda gran cosa que hacer.  Como el viejo mito de Prometeo robándole el fuego a los dioses para entregarles a los hombres una herramienta de verdad y realidad,  los medios de comunicación le secuestran la voz a los hombres para llevarles una herramienta de control y fantasía a los dioses.  Una matriz de opinión, como técnica, independientemente de que propale un hecho cierto o falso, se sustenta sobre la posibilidad de resonancia de una caja encefálica configurable.

No de otro modo −para seguir con el Medio Oriente− se puede entender que, efectivamente, se haya logrado enfocar la atención mundial sobre la posibilidad de un hecho incluso por encima de los mismos hechos reales y concretos sobre el terreno, regularmente de necesario ocultamiento o menor promoción.  Si no es reflejado por los medios, nadie nunca dirá algo o tendrá idea alguna sobre esos otros "detalles", de mayores posibilidades reales, para no hablar de certezas y no caer en el mismo error criticado.  Hechos como el seguro arsenal nuclear que ya debe de poseer Israel, para no hablar tampoco de "doctrinas Carter" ni de policías mundiales que practican un  terrorismo "decente".  "Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo", dijo en un pasado Arquímedes de Siracusa; "dadme los medios de comunicación y hundiré al hombre", podría exclamar hoy el mismo pendejo incurso en el hundimiento.

El asunto es que en la Era de la Informática casi toda la humanidad es conocida, sólo que el conocimiento es clasificado y difundido en dos versiones, según el interés institucional:  la sacralizada y la satanizada.  Y en este caso el hombre, sea en su forma individual o de Estado o corporativa, es víctima de su maquinación propia, cayendo en la creencia de sus propias ficciones.   Y si así resulta para el segmento humano de los mismos maquinadores, ¿qué habrá de quedar para el que anda en la calle, el hombre corriente, ese hombre vulnerable, esa figura masificada de pueblo, especie de territorio bombardeable, suerte de esponja impregnable con el capricho de los destinos?  De su opinión, cuando su propia carne ha sido alcanzada por las explosiones de un ataque a Las Torres Gemelas, pongamos por caso, es difícil esperar un pronunciamiento que no sea que el gobierno que lo rige es un paladín de la lucha civilizatoria en el mundo.

En el caso de Venezuela, cuando se propala una especie de que se le separará uno de sus estados de mayor reservorio petrolero, con específico propósito autonómico, la receta del discurso trabaja haciendo recaer la atención no sobre el hecho mismo de la acusación, ¡que no es negada!, sino sobre sus efectos interpretativos, es decir, sobre la ridiculización y banalización de la especie, mal enfocada por la brutalidad del gobierno y de quien quiera humano que se atreva a retar el criterio del espejo de voces de los medios de comunicación, bajo el control de la derecha política.   Cuando para Irak se procuraba la licencia "civilizada" para actuar y entrar, para Venezuela se propone un concurso de risas respecto de los señalamientos autonomistas.  Allá se aspiraba a no dilatar el accionar de las tropas, preparadas desde largo tiempo; aquí se procura la descalificación y la burla para ganar tiempo.  Ambas situaciones implican un escenario de guerra, uno consumado ya y el otro en ciernes.  Acaba de generarse un brote autonómico en una de las repúblicas del continente suramericano −ahora el nuevo ingrediente de la receta− y la derecha manipuladora del país pretende que la preocupación o la prevención se tiren al suelo a morirse de la risa.

¿Las motivaciones de proceder tan "errático" −ahora− de la estrategia estadounidense y el malinchismo interno respecto de cómo preservar su hegemonía en América Latina?  ¿No basta hoy, como en el pasado, con una rápida intervención o un bombardeo para poner en fuga la amenaza contra sus intereses, contra el abrevadero de sus necesidades?  La explicación está clara a la vista en dos vertientes.  Primero:  EEUU se hizo ducho en el arte de hacer prevalecer sus intereses en la región, arrogándose ellos mismos, a fuer de obligantes, la condición del "actor exterior más importante en América Latina” (3).  Segundo:  el argumento de la guerra directa luce hoy a la mar de descarado y desprestigiado, después de los fiascos de Irak y Venezuela (y hasta Bolivia), una invasión uno y un intento de golpe de Estado otro, con mayores objeciones si consideramos que la razón primera ya no tiene visos de gran poder en la realidad.  Ello sin mencionar que el Chile de Allende floreció el grano del resentimiento imperial en América Latina, inexplicablemente pobre y subdesarrollada a pesar de tantas riquezas en su subsuelo.  Algo ha estado ocurriendo.

Es decir, arrodilla un golpe de Estado, un embargo o un regaño a un país dependiente cien por ciento de la economía norteamericana.  Ni te compro ni te vendo nada, y estás arruinado; por consiguiente, quito y pongo presidentes.  Simple lógica y hasta facilismo.  Ha sido la tradición del monroeista "patio trasero".  Pero el asunto evolucionó al punto que la confiada arrogancia del país del norte dejó hacer y pasar las insignificantes "vicisitudes" de los países del subhemisferio, dedicándose a temas más importantes, como legendarias guerras en el Medio Oriente, cómo acabar con China y Rusia, y cómo balcanizar un pedazo de la vieja Europa.  Al despertar, aporreado de otros lados y con la misma necesidad de petróleo, multiplicada por las proyecciones a mediano plazo, encuentra que la América Latina ha racionalizado su situación, tanto nacional como en el contexto mundial, al grado que han tenido sus voceros que reconocer que se ha suscitado "nada menos que [...] una revolución social en la mayoría de nuestro hemisferio" (4).  ¡Un continente completo, preñado de ingentes recursos naturales, sentándose a discurrir sobre su pasado y futuro!

Pero el despertar es doble.  En efecto, los países latinoamericanos de pronto se encuentran que han hecho crecer el comercio estadounidense en un 139%, nada más desde 1996 hasta el 2006; que se han convertido en el 30% de las importaciones gringas de petróleo, superando a los países del Medio Oriente; que sus emigrantes representan el 15% de la población estadounidense y, de paso, el 50% de crecimiento de la población.  De tal manera que la relación de dependencia como que ahora no se expresa únicamente en un sentido (sur-norte), comportando ello la necesidad de otro nivel de tratamiento, y no el grosero mote de economía subdesarrollada, "india", precolombina, neocolonialista o lo que sea que haga fácil su control a través de recetas tanto militares (invasiones) como económicas (Fondo Monetario Internacional).  El reconocimiento suramericano de su valía propia, en términos de correlación económica y en el contexto de una lenta pero segura apertura hacia otros mercados (China y Rusia), ha concluido ahora en que "la política estadounidense es sólo uno de varios factores que compiten para influir en la región, y varios países grandes del área ya han diversificado sus relaciones al grado de que Estados Unidos ya no es determinante" (5). Y ello sin la necesidad de asomar intenciones de chantajes ni nada por el estilo. 

..."es hasta natural concluir, pesimistamente, que América Latina está de guerra, por ahora contenida en su germinalidad.   Y Venezuela, como punta de lanza, en el ojo del huracán, como si se hurgara en todo el continente para llegar hasta  ella, presea final.  Padece la 'maldición de los recursos"...

Ello determina que cuando el buen policía del mundo vuelve la vista hacia sus "posesiones", después de trabajar arduamente en otros departamentos del planeta Tierra, ponga manos a la obra  para recuperar el terreno perdido, dada la decidida disposición de varios gobiernos del continente de europeizar las formas geopolíticas:  una moneda única, una unión latinoamericana, una OTAN latinoamericana.   Y su regreso no puede ser más que del modo conocido por todos, más cuanto el jinete del alarmismo espolea sus ijares:  la guerra.  Pero no la guerra convencional, también ahora convencionalmente ineficiente, más cuanto los EEUU flotan sobre un mar de desprestigio, y en los actuales momentos, de pérdida de poder económico, resultaría prácticamente traumático recuperar a un país después de una guerra para ponerlo a generar sus recursos.  Ahora es la guerra balcánica y balcanizante, la nueva lección aprendida en una de sus correrías, ya implementada en América Latina con el capítulo de Bolivia.  El objetivo, a grosso modo, es impedir la unidad latinoamericana y, en específico, la toma de los recursos posibles de la región.  Porque una mayor unidad latinoamericana se traduce en una mayor debilidad y menor capacidad de injerencia norteamericana.  De la actitud que adopten a futuro respecto del desarrollo de América Latina depende que salgan o no afectados los EEUU, y ello es un condicionamiento que en el presente se proponen aniquilar.

De manera que se anda en ello respecto de Venezuela.  Un secesionismo real, preliminar trabajo balcanizante, con baluartes en financiados grupos políticos opositores internos.  La mecha kosovar se incendió en Bolivia y pretende recorrer el continente en sentido inverso a la guerra de independencia bolivariana:  sur-norte.   Los locales conspiran deportivamente en Venezuela, jugando con las palabras, como es gusto de quienes les dictan la pauta desde el norte.  La consigna es la risa, hacer mofa de las denuncia secesionista mientras se gana tiempo y se "siembra" el ambiente.  Decir que el gobierno no entiende y concentra poderes, que Hugo Chávez es un autócrata, buscando ellos, los demócratas opositores, "descentralizar" el poder con la medida de aprobar un estatuto autonomista en el estado Zulia, es la consigna.  Y para los efectos, sin gran pérdida de tiempo después de lo de Bolivia, se le da en la Cámara Legislativa del estado Zulia un derecho de palabra a la organización separatista en la jugada, llamada Rumbo Propio.  El propósito es institucionalizar la medida para consumo propio, como agenda de trabajo política, pero banalizarla de la puerta para afuera, para el consumo común, como una ridiculez increíble del gobierno cuando se atreve a denunciarla.

Y a rasgos mayores se apoya el trabajo interno con el externo:  reuniones en las islas del Caribe entre  ex militares, políticos y extranjeros para afinar los detalles, a sabiendas que la inteligencia de Estado les pisa los talones (6); reuniones "fortuitas", como la del gobernador del estado con Álvaro Uribe en Valledupar, Colombia, en ocasión de un festival vallenato, donde Manuel Rosales al parecer ensayó la política exterior de acercamiento entre los países, es decir, entre el estado Zulia y Colombia, manifestando la necesidad de "estrechar relaciones" (7).  Reuniones, finalmente, como la acaecida entre el embajador William Brownfield, el presidente Uribe y su viceministro, donde se alude al gobernador del estado como una ficha de apoyo para la acción secesionista, bautizada en su punto de arranque como "el mayo venezolano", hora de concepciones conspirativas (8).

Así, es hasta natural concluir, pesimistamente, que América Latina está de guerra, por ahora contenida en su germinalidad.   Y Venezuela, como punta de lanza, en el ojo del huracán, como si se hurgara en todo el continente para llegar hasta  ella, presea final.  Padece la "maldición de los recursos" y no es claro el momento cuándo ensayará, plenamente, su condición soberana y su libertad de desarrollo, si se considera que durante los años de la llamada Cuarta República estuvo entregada al interés extranjero.  Como para correr, y no para chistar, como es el empeño de la derecha política en su nuevo plan mediático, llega de Guayaquil la denuncia de la fundación (septiembre de 2006) de un cónclave separatista para el continente, con participación inicial  de sectores políticos de Perú, Ecuador, Venezuela, Guatemala y Bolivia:  es la Confederación Internacional por la Libertad y la Autonomía Regional (Confilar).  Ya ustedes pueden ver el nombre, típicamente de facturación gringa, faltando nomás las palabras "democracia" o "paz" (9).

Resta esperar, aparte la habilidad del liderazgo regional para sortear la apetencia neoimperialista de los EEUU, que los grupos autonomista en la América Latina sean plenamente identificados y castigados hasta donde sea eficazmente posible con el rechazo electoral de los pueblos, hasta el grado que sean desmontados, por más que reciban financiamiento desde el extranjero.  En Venezuela, de cara a las próximas elecciones regionales, este asunto de la desmembración del país podría pasarle facturas al segmento opositor, porque no obstante el trabajo mediático de pintar las cosas de modo desorientador a la opinión pública, los venezolanos rechazan mayoritariamente cualquier acción autonomista, como lo dijera el mismo Álvaro Uribe en su aquelarre con el embajador de EEUU en Colombia, mencionado arriba. Imagen tomada de Moliere, un perro bloguero Pero ya usted lo ve, señor lector: a ojos interesados no necesariamente es democrático y viable lo que la mayoría de un pueblo piense y desee.  La "libre determinación" también se  impone.  Recuérdese siempre el poder mencionado de los espejos, creador de irrealidades, con más presencia a veces que este mundo virtual en que habitamos nosotros los simples mortales.

Notas:

(1)  Michael T. Klare:  "La nueva geopolítica de la energía" tomado de Colombia.Indimedya.org [en línea].  11 mayo 2008.  Págs.:  12 pantallas. - http://colombia.indymedia.org/news/2008/05/86487.php. - (Consulta:  16 mayo 2008).
(2) Tomado de  Oscar J. Camero:  "Perlas de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)" en Tips Políticos de Venezuela [en línea].  1 mayo 2008.  Págs.:  1 pantalla. - http://politips.blogspot.com/2008/05/perlas-de-la-sociedad-interamericana-de.html. - (Consulta:  16 mayo 2008).
(3) "Se acabó hegemonía de EU en América Latina:  expertos" en La Jornada [en línea].   15 mayo 2008.  Págs.:  8 pantallas. - http://www.jornada.unam.mx/2008/05/15/index.php?section=mundo&article=027n1mun. - (Consulta:  16 mayo 2008).
(4) Lo dijo Condoleezza Rice en el foro anual del Consejo de las Américas realizado el 7 de mayo de 2008  en el Departamento de Estado, en Washington:  "Al final de su gobierno, Bush analiza y justifica su política hacia América Latina" en La Jornada [en línea].  8 mayo 2008.  Págs.:  8 pantallas. - http://www.jornada.unam.mx/2008/05/08/index.php?section=mundo&article=033n1mun. - (Consulta:  16 mayo 2008).
(5)La Jornada, Ídem.
(6) José Luis Carpio:  "La Puerta de Alcalá" en Las Verdades de Miguel. - (2008) may 9-15; p. 3.
(7) Eva Golinger: "Maniobras imperiales" en Aporrea.org [en línea]. 11 mayo 2008. Págs.: 6 pantallas. - http://www.aporrea.org/tiburon/a56760.html. - (Consulta: 12 mayo 2008)
(8) Tomado de Camero:  "El mayo venezolano" de William Brownfield" en  Animal político [en línea].  27 abr 2008.  11 pantallas. - http://zoopolitico.blogspot.com/2008/04/el-mayo-venezolano-de-william.html. - (Consulta:  16 mayo 2008).
(9) Vea la nota "Confirma Alcalde de Guayaquil existencia de movimiento autonomista en Suramérica" en La Jornada [en línea].  12 mayo 2008.  Págs.:  2 pantallas. - http://www.jornada.unam.mx/2008/05/12/index.php?section=mundo&article=030n1mun. - (Consulta:  16 mayo 2008).