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miércoles, 20 de marzo de 2013

Descubriendo a Capri

Henrique Capriles Radonski, el sempiterno y aparentemente único candidato presidencial por la oposición venezolana, se lanzó nuevamente como candidato por la elección presidencial. 

Es decir, aceptó el “reto”, como se dice a sí mismo para envalentonarse.  Porque alicaído andaba después de la pela que recibiese en las anteriores elecciones presidenciales que Chávez ganara, cuando barrió en la casi totalidad de los estados del país.

Al menos eso fue lo que insinuó en las primeras de cambio, cuando murió Chávez y se requirió de nuevo de su inmenguable presencia para concurrir a las constitucionales elecciones que la ley manda.

Según trascendió por los medios, no quería, no aceptaría.  Y así la bola rumorosa corrió por los cuatro costados de la inefable Mesa de la Unidad Democrática (MUD), alborotando sueños fermentados en un montón de bichos jurásicos.  Entonces surgieron nombres sustitutivos:  un “caballero” llamado Ramón Guillermo Aveledo, un fosilizado abogado llamado Henry Ramos Allup, un eterno aspirante con fama de ebrio llamado Oswaldo Álvarez Paz, un famoso ladrón venezolano que no vive en Venezuela denominado Diego Arria, un viejo felino que levantó su imagen sobre las cenizas de su padre político apodado ─se dirá─ Eduardo Fernández.

Hasta los chavistas sesudos lo justificaron atribuyendo su desgano a lo dicho, a la paliza que le propinase Chávez antes de morir, a la situación paupérrima en que los cuadros oposicionistas quedaron después del adverso huracán.  ¿Quién así podía continuar seguir recibiendo escarnios electorales, trompadas populares, tanto palo cochinero por ese rabo?

Porque no de otro modo perfilada está la situación: con la muerte de Hugo Chávez flota en el ambiente una repotenciación de su ideológico espíritu, pareciendo su opción partidista más invencible que nunca.  Si con Chávez vivo perdió las elecciones, ahora con este supra Chávez fallecido, mitificado como un Cid, atomizado entre la conciencia de millones de venezolanos que eventualmente podrían temer perder lo alcanzado con el proceso de cambios políticos iniciado en 1998; más fácilmente luce su persona política para un aplastamiento.  Ya las encuestas lo colocan 14.4 puntos por debajo de su ahora nuevo adversario político, Nicolás Maduro (cifras de Datanálisis, 11 al 13 de marzo). (Al momento de redacción de este artículo, Hinterlaces publica 18 puntos de ventaja para Maduro).

De modo que pareció encerrarse en una cíclica reflexión (por día, ya se verá), donde aparentemente el amor propio pujaba por detenerse un momento para respirar algo de dignidad.  “No iré ─parecía exclamar, abrumado─.  He perdido todas las elecciones y el país ahora, con la última derrota, es rojo chavista por doquier.  No iré:  mi partido y la MUD quedaron despatarrados, como después de la quemazón”.  Y así durante un día Capri pareció cruzarse de brazos, perdido en sus vueltas.

Afuera sus huestes políticas lo animaban, buscando que sintiese importancia, como si le gritaran en sus oídos que las heridas políticas no se curan con vergüenza, para el caso que las sintiera.  ¡No podía ser posible que él dijese eso, justo cuando, ¡plum!, se presenta una bellísima oportunidad para destronar al tirano ese de Hugo Chávez que, aunque muerto, era patente que de algún modo continuaba viviendo!  Había que perseverar, levantarse, dar la cara, recuperarse de los golpes y colocarse algunos filetes en las partes amoratadas del cuerpo.  Se trataba de la gran oportunidad esperada.  Si lograba triunfar en este nuevo chance que el destino político de Venezuela le brindaba, como por arte de magia desaparecerían tantos moscardones de la derrota que le zumbaban en su entorno.

Algunos de su adeptos ─más pesimista y crueles─, molestos con el arrase electoral que hiciera Hugo Chávez antes de  su muerte, de muy pocas esperanzas inclusive con el deceso presidencial, se declaraban cínicos analistas políticos y mentalmente le enviaban sus ondas cargadas de derrota y dolidos reconcomios:  “Dale, Capri, lánzate.  Hace falta alguien para recibir esta nueva coñaza.  Tú eres el indicado, nacido para el fracaso.   Contigo se perdió casi todo en la última batalla.  Tienes ya la curtiembre para recibir trancazos.  Tienes ya corazas sobre las costillas, y esos morados que ahora mismo te curas, tranquilo, se te convertirán en callos.  ¡Dale, porque para perder, hijo, nada mejor que eso, un buen perdedor!  El dinero, ser rico, nada tiene que ver con esto, muchacho, no sirve para un carajo.  No te lamentes.  Piensa que los votos del pueblo son como el amor, no pueden ser comprados con plata. Dale. Contamos contigo.”

 

“Nunca como ahora se presenta la oportunidad de utilizar la fatuidad de un pobre tonto, experto en derrotas y en ansiedad de victoria, para cegarlo respecto de su propia desgracia.”

Capriles apoyado por el norte

Pero la historia ya es conocida.  Se trataba de una burda finta humana de la vergüenza.

El hombre había viajado previamente a los EEUU y recibido instrucciones por allá sobre lo que tenía que hacer por acá, teatro incluido.  En tan tremebundo país, halcones y perros le habían hablado, y lo habían armado contra situaciones venideras, como la presente misma situación de muerte de Hugo Chávez.

Le habían dicho que rechazara todo y amenazara a su partido y a la MUD con un descanso, aunque fuera por un día (nadie podría saber el plazo), como efectivamente lo hizo.  Porque pronto todos volverían a él, a rogarle, a pedírselo.  No había más candidatos opositores en el país en medio de la tan precaria situación en que había quedado la MUD. El efecto Chávez, pues, aun enfermo y ahora muerto. Además, nadie como él tenía tanta plata, tantos recursos económicos y logísticos para emprender una nueva campaña, como tampoco había tiempo para realizar elecciones partidistas internas.  Era el elegido.

Negarse ─aunque fuera por un día o dos, como lo hizo─ tendría el impacto de estrujar conciencias entre los adversarios de Chávez, y equivaldría a darles por el trasero y decirles después que no votaron suficientemente por la causa cuando perdió su presidencial y que ahora les tocaba joderse con una hipotética eternidad chavista.  Había que realizar una siembra de espanto entre sus adeptos, terapia de shock, como bien aconsejan sus mentores.

Y así fue.  Desde los EEUU el hombre vino, se negó, pero poco despues aceptó su candidatura.  Iría a elecciones.  Confrontaría a Nicolás Maduro, el heredero de Chávez.  Vendrían a rogarle sus seguidores, esa tan aporreada oposición venezolana, como vaticinaron los gringos (¡ah, bichos pa`certeros!).  Vino, se negó y venció. Ahora empezaría una nueva lucha.

Nada que ver con vergüenzas y amores propios devastados.  ¡Psssi!  Teatro puro al fin.  Movimientos tácticos políticos. Él, Capri, estaba signado para ser una especie de paladín político venezolano campeón en derrotas.  Tal ha sido, es y será el hecho (¡qué remedio!).  En política no hay espacio para la pena y la derrota, y cuando lo hay tiene que ser como ocurre hoy mismo en el seno del chavismo, donde hasta la muerte es una soberana victoria.

Ya es candidato, pues, y ha recorrido unos tantos estados occidentales como parte de su campaña política. Ahorita mismo anda en el estado Bolívar. Su misión no es tanto vencer a Maduro como derrotarlo, por aquello de la familiaridad verbal con su persona...  Pero, en fin, esas minucias sarcásticas a la sazón poco importan.

Pero también lo gringos le dijeron que evaluara el panorama, que no perdiera las perspectivas políticas.  Que si no lograba remontar en las encuestas y su derrota se perfilaba tan segura como sus anteriores gestas, que renunciara a medio camino (y así se entendería el amago de no aceptar postularse).  Porque más daño infligía al contrario dejándolo sólo en la lid electoral que avalándolo hasta final en su victoria.  Nada perdía, ni cosechaba para su haber político desguarnecido desconocidas medallas; y el acto sí, políticamente, sería una jugada maestra.  Maduro empezaría con mal pie, deslegitimado.  ¡Ah, con estos gringos!

Con la muerte de Chávez ─según pronósticos de la mesa política en el exterior, cuando se fue a los EEUU─, Venezuela se sumiría en un caos coyuntural que no había que desaprovechar.  Por el contrario, había que sumar, manteniendo su situación desestabilizada, en ascuas, hablando como callando, aceptando como renunciando, huyendo como luchando, desprestigiando como avalando... Eso mismo que el ha hecho, como si viviera en un mundo al revés. Y en ese de caso de derrota electoral, pero con las condiciones de desorden y angustia creadas en el país, él, Capri, podría contar con su asistencia, una mano amiga, quién sabe, un conato por allá, una intervención por acá, un voto forjado en la OEA, una resolución de la ONU, armas de cetrería (halcones que vuelan), un cerco o embargo para obligar...  ¡Hummm! “En fin, muchacho, si te adoptamos como nuestro hijo de puta, de cualquier modo te haremos triunfar.”

Pero lo que no le dijeron los gringos fue que, si la ocasión se presentaba “preciosa” para sumir a Venezuela en un caos presidencial con su muerte, lo podrían matar.  Porque así es el cuento:  como entre el amor y el odio, poco trecho ha de haber entre el héroe y la muerte.  Además, humana razón, los signos brillan con intensidad:  ¿qué tan grande diferencia puede haber entre que Capri desaparezca voluntariamente del entarimado electoral presente (al renunciar) y que lo desaparezcan con ardid? Además cualquier puede concluir que un boxeador con tan brillante faja de derrotas es poco promisorio.

Nunca como ahora se presenta la oportunidad de utilizar la fatuidad de un pobre tonto, experto en derrotas y en ansiedad de victoria, para cegarlo respecto de su propia desgracia. Maquiavelo susurrándole su vale-todo allende fronteras:  “Ganarás, Capri, y ganaremos.”

lunes, 11 de marzo de 2013

Chavismo a 50 años si se controlan los intentos paramilitaristas opositores

Lo que viene para Venezuela es un largo período político chavista.  Y viene para quedarse, como cualquier otro fenómeno político que teje su raíz en un colectivo nacional hasta que crece el árbol, florece y se reproduce.

Los ejemplos sobran en países del mundo.  En la misma Venezuela prendió el conocido “adequismo” (que en un principio fue una manifestación genuina popular), aderezado luego con el "copeyanismo" a través del aberrante Pacto de Punto Fijo, instaurándose durante medio siglo.  Usted ponga los ejemplos en otros países si no quiere nombrar Argentina, México, etc., éste último recién salido de un largo calendario priísta, que mencionamos, por supuesto, salvando las distancias entre naturaleza del ejemplo y calidad del hecho aludido.

Hay bases morales para ello.  Las sembró Chávez.  Hay ejército para ello:  lo depuró de pasado Chávez.  Y hay al presente una nueva generación portadora de su genética, testigo del devenir presto de Venezuela hacia una nación transformada.

En cuanto las conciencias de esos miles empiecen aterrizar sobre la cosa política, es ineludible la comprensión de patria preconizada por Hugo Chávez. No se mueve nada en el universo sin consecuencias.

En cuanto se contraste la situación del país con la de otros en el mundo, mundo que vive una quiebra moral y práctica, la sensación de certeza y visión chavista se desmesurará como una alternativa viable para superar tanta degeneración político-humanista entre las sociedades humanas.

No hay oposición que valga para desmentir, combatir o derrocar la idea razonada.  No existe.  No tiene fuelle moral ni esqueleto programático que la haga figurar como un ser político vivo autónomo.  No pasa de ser una entelequia, una especie de animal mitológico proyectado en patas y cabezas hacia adentro, hacia personalísimas complicaciones e intereses, en un enredo existencial donde el pueblo como realidad exterior no constituye una percepción política.

Entelequia o sombra, reflejo de lejanas maquinaciones contra Venezuela.  Porque en Venezuela se conspira a diario desde los EEUU y otros países satélites de sus política. La CIA se mueve a plenitud en el país, entre los estudiantes, en asesinatos anónimos de dirigentes populares, en organizaciones con fachada civil, en personalidades de la misma oposición de la que hablamos.

Porque es así, es la derecha, un sólo ser mundial que se duele de la pérdida de espacio y vitalidad en Venezuela y en cualquier otro lugar del mundo (Ecuador, Bolívar, Nicaragua, etc., y más allá, en otros espacios, Irán, Siria).  Por ello la conspiración, la CIA, el golpismo, esa condición misma de sombra, de existencia alienada, de nuestra triste oposición venezolana. Criatura paravital cuyo existencial no gravita sobre ella misma.

No tiene candidato. No hay hombres con peso moral para contrarrestar no sólo el fenómeno Chávez, sino para nuevamente encantar a sus masas, embaucándolas en el proyecto neoliberal de todos los tiempos.  Eso sí, tiene nombres, gente potentada, como nacida en una galaxia extraña a la tierra de Bolívar, desconocedora de sus connacionales por los cuatro costados.  Capriles, Machado, Mendoza, apellidos de la corporación neoliberal mundial, listos para dar el zarpazo atornillante de sus propios intereses. Listos para esclavizar al venezolano y rifarles su lar.

Esos nombres viajan al corazón capitalista del mundo a buscar órdenes, sugerencias, ideas, directrices, cualquier razón o triquiñuela para compensar la carencia de afecto popular o votos. Porque así nacieron y así son: se figuran que el amor siempre lo pueden comprar. Violan al ser incapaces de conquistar.

 

“Existe el bien, la revolución y la lucha, ¡cómo no!, ¡como se mencione!, pero hay que hacerlos efectivos en medio de una humanidad sojuzgada por la vileza del poder neoliberal y explotador”

 

Pero ese chavismo de medio siglo (mínimo) que se instaura en Venezuela tiene que ir acompañado, férreamente, de una cautela y supervisión sobre cada paso dado.  Es decir, en palabras francas, deberá estar atento a prevenir la formación de facciones opositoras armadas en el país, única salida contraconstitucional para recuperar el poder y el esquema en boga de la agresión imperial para derrocar gobiernos (Irak, Siria, Libia, etc.).  Porque ello es lo que buscará (en medio de la impotencia política) el poder neoliberal interesado en la caída total chavista.  En el mismo momento en que los cuerpos de inteligencia gubernamentales se descuiden y dejen formar una guerrilla urbana, un grupo paramilitar, magnificados por los mass media y sectores extranjeros en su motivación y arraigo popular, en ese mismo punto se generará una situación irreversible de violencia, con los consabidos perfilamientos de “guerra civil” que se han aplicado en otros países, la consabida intervención mercenaria, las subsiguientes presiones institucionales y embargos, y el final estado de sitio del país y expolio de sus riquezas naturales.

Cosa grave porque al punto, cuando ya haya un plan insurgente sobre ruedas, no tendría entonces ninguna efectividad la demostración de que las facciones armadas creadas en Venezuela tienen más de mercenarias y exóticas que de un real venezolanismo. Ahora mismo la CIA (a través de OTPOR o cualquier otra entidad de siglas: ¿tiene alguna importancia?) mueve sus tentáculos sobre algunos grupúsculos de estudiantes (por ejemplo, Juventud Activa Venezuela Unidad, JAVU) utilizándolos como fachada para soslayar sus reales esfuerzos de instaurar en universidades, fincas o quién sabe qué otros huecos, sus soñadas células insurgentes.

Tal es cuento procedimental archiconocido.  Es esquema de aplicación actual para regiones o países de importancia geoestratégica y energética por parte del poder neoliberal y militar mundial.  Es esquema aplicable a Venezuela, país de obvia importancia estratégica en el planeta.

Existe el bien, la revolución y la lucha, ¡cómo no!, ¡como se mencionen!, pero hay que hacerlos efectivos en medio de una humanidad sojuzgada por la vileza del poder neoliberal y explotador.  De nada valdrá entonces, cuando la experiencia revolucionaria sea derrocada, exclamar que el chavismo o Chávez eran los caminos indicados.  Tonta estupidez. Se impone actuar, previendo lo que es seguro se intentará, cosa segura, por cierto, como es seguro que el sol sale y se pone posteriormente.

En el nuevo período que se inaugura para Venezuela (chavismo secular) no se avizoran movimientos telúricos de significativa importancia política sino hasta el final del tiempo propuesto, momento cuando decline la producción petrolera en el mundo y se genere una nueva crisis global, aunque no para la patria de Bolívar, que tiene reservas más allá del siglo.  Pero es crisis global al fin, momento de cambios y de renovación, afincamiento o afloramiento de conciencias.

jueves, 7 de marzo de 2013

Mi presidente Hugo Chávez

Hoy, como un montón, fuera de la formalidad del oficio de escribir determinadas composiciones, te escribo con mi corazón en crudo para despedirte.
Aún sigues allí en Los Próceres, en una capilla ardiente, siendo velado por el mundo y por kilométricas colas de venezolanos que ansían “echarte” un ojo antes de tu definitiva partida física.  Te irás luego a tu Barinas natal, al amparo de los sombríos arboles de tu infancia y adolescencia.
Aunque muchos acá no quieren tu partida, es decir, esa suerte de segunda partida, la de tus restos.  Te piden en Caracas para Caracas; se oyen las transidas peticiones de que depositen tus huesos en el Panteón Nacional, junto a Simón Bolívar, la figura máxima de la independencia suramericana.
La ley dispone que tal ingreso sacro sea después de un período de 25 años posterior a tu muerte.  Pero la gente te quiere, Chávez, te procura, y pide que sea en el acto, que reposes en el Panteón Nacional.  Discordancias a resolver entre el amor, la razón y la ley.  Tocaría reformular o enmendar la ley primero, para luego complacer la petición nacional.
Como es comprensible, tus familiares están destrozados y no dejarán de sentir el ansia de tu deseo postrero de retornar a Barinas, tu tierra natal, así como el ansia del sentimiento materno y paterno.  Son dolores también que piden el alivio de tu proximidad, aunque sea en el formato del polvo, en tu caso polvo eterno.
Nuestra ciudad, amada Caracas, anda compungida.  No hay tráfico más allá del 10% de lo regular.  Las calles se muestran desiertas.  Silencios.  Rostros compungidos que te miran de soslayo cuando cruzas una esquina.  ¡Te digo que el ambiente es de tal luctuosidad que hasta quienes te adversaron en vida ─gente que conozco y te testimonio─ humedecieron sus ojos por causa de tu partida!
Es algo extraordinario: fue decretada una semana de luto para tí, estrella política y benefactora de nuestra patria, querida Venezuela.  Y más allá casi una decena de países también hicieron lo mismo, aunque por menos días.  Sobre Venezuela recae una solidaridad mundial para mitigar en algo la pena colectiva, y hasta los sectores opositores, esos que tanto te enfermaron en vida con su acoso y desestabilización, han mantenido la compostura, no esperando tanto que se conduelan de tus huesos, pero al menos guardando un silencio reverente (hasta ahora).  Ellos han tomado la experiencia como una lección de unidad y amor, de gran precariedad entre sus filas, y lloran en tí aquello de lo que carecen. 
Palicen ante tu fuerza, aun siendo cadáver como eres, con esa fuerza vital de Cid Campeador que destellas ahora desde el más allá.   Ellos se anotan en la lista interminable de los hombres o entidades humanos que esperan su especie de Mesías para sus particulares intereses, capitalistas, como nosotros sabemos, de vil explotación del humano por el humano mismo.  Esperan su hombre fuerte, una idea brillante, su período de plenitud, para su decadente y crítica estirpe política.
Pero ya tú sabes:  con tu persona y tu formación humanista, tú hiciste ese efecto envidiado por la canalla pero para nuestras filas, sector socialista, corrector de humanidades, fabricante de justicia para arrasados y desposeídos.  Te inventaste el “chavismo”, modo amoroso de llamar a la ciencia política socializante, y dignificaste a nuestro país salvándolo de incontables crisis y explosiones que lo acechaban; estremeciste a la América Latina, estrujándola con la recarga del sueño integracionista de Bolívar, vencedor de imperios y libertador de colonias; y diste tu mensaje al mundo de que la cosa, así como iba, de barranco en barranco, perdido como erra en medio del paradigma capitalista, no caminaba.
Que ése no era el camino, el de la máquina y la tuerca impuesta sobre la carne de los pueblos; que el camino era el amor, el mismo del milenario profeta cristiano, el de la atención al desposeído y al que padece injusticia.  Le propusiste a todos que un Estado debe de cumplir su papel rector e interventor ante la penuria, haciendo barrera contra tanta teoría conspirativa de lo humano (promovida por los poderosos de la Tierra),  como esa de figurarse que la sangre y la moneda han de recorrer juntas los cauces de un abominable y libre mercado de la vida.
Malo, te fuiste. Duro para todos, como es notorio, y para tí mismo, que no ocultabas tu apetito por vivir, por seguir dando, Chávez, como es voz corrida en las calles cuando la gente adolorida exclama:  “¡Gracias, Chávez, por tanto!”  Es el reconocimiento justo del pueblo llano en las calles, y todo bajo la humedad de las lágrimas.
Déjame decirte mi lugar común antes de que te vayas:  dejas la patria, lo haces físicamente, pero como Bolívar, como una piedra de amor, de patria y esperanza en el corazón, te quedas en el alma.  Ahí dejas tu silueta, tu busto, tu escritorio, tus papeles, tus Alo, Presidente inconclusos.  Pero ahí están tus planes y lineamientos:  en primer lugar el nombre de la patria, República Bolivariana de Venezuela; luego la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y, finalmente, varias grandezas:  tu Programa de Gobierno 2013-2019, el Proyecto Nacional Simón Bolívar y, en detalles tácticos partidistas, las Líneas estratégicas de acción política (PSUV – lineamientos).
Fuiste lo que profesaste y así mismo serás lo que profesas:  eres lo más importante político en la patria de Bolívar, el candil, estrella venezolana en el cielo, que uno levantará en la oscuridad para conjurar la sombra y allanar el futuro.
Mi amor infinito para tu vida entregada a todos, para tu recuerdo eterno, para tu merecida gloria.
Camarada.