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jueves, 30 de agosto de 2012

Cómo es que nos atacarán los EEUU, luego de entender el porqué

A vuelo de pájaro, como reza el clisé, uno se puede imaginar la situación, esto es, cómo es que la derecha internacional (plutocracia mundial, imperialismo occidental, etc.)  pretende desplazar a Hugo Chávez del poder, es decir, a esta semilla de socialismo que se desarrolla en el país en medio de un esforzado propósito humanista, por ende, contracapitalista.

Las razones, muy simples pero descomunales:  como en los viejos tiempos de las nacientes repúblicas suramericanas a despecho del imperio español, cuando Simón Bolívar lo confrontó, éste hombre le ha hablado de frente, de tú a tú,  a los imperialistas de turno, a los postmodernistas EEUU.

Lógicamente, semejante actitud ha sido acompañada en la práctica por acciones que apuntan al cumplimiento de unos objetivos ideales e ideológicos (y valga el ideario), de la misma manera que lo fue en el pasado:  la autonomía política, la soberanía nacional, la independencia, en fin, el manejo y administración de la hacienda y casa propias.  Uno en tiempos de ilustración y romanticismo, cuando el hombre se debatía entre guerras y revoluciones por el amanecer de una nueva era, de libertad política e individual en aras de una felicidad social suprema; otro en tiempos…, ¿cómo decirlo?, de supervivencia y dignidad.

Porque hoy, amigos míos, hombres viejos que somos (en realidad lo que llamamos época antigua pertenece a la edad juvenil de nuestra historia),  después de tantas históricas guerras , sangre sacrificada, ideologías enarboladas o desmontadas, experiencias acumuladas, sistemas filosóficos ensayados, agudeza del pensamiento y herramientas de análisis puestas a su servicio, no parece concebible, mucho menos aceptable, que burdamente se recurra a proposiciones de control y sometimiento, como el cuento tal de la globalización y la pérdida de identidad, o la ridícula propuesta neoliberal de señoreo del mercado por encima de las pasiones y del alma humana, por mencionar sólo un tentaculito del monstruo que intenta hacer eterno su trabajo de opresión.  Debiera de haber suficiente salud mental para desenmascarar y combatir semejante estupidez

Tales acciones prácticas se han aplicado en correspondencia programática con los objetivos de soberanía de un humanístico socialismo, apuntando al desmontaje de la doctrina y práctica capitalistas y neoliberales de nuestros usos, con el tiempo (idealmente) de nuestra cultura.  (Vale preguntarse, en especial en aquéllos que aún no arriman una reflexión respecto del ejercicio de sistema tan vil, cómo es que los ojos no ven y las almas no sienten cuando la doctrina y praxis de marras han hablado por obra propia y arrasado a Europa y  América Latina, para contentarnos con dos menciones, disponiéndose a completar la obra con el resto del mundo, de cualquier modo, como lo demuestran ahora, por fuerza, por engaño, chantaje, bombas, embrujo o lo que fuere).

En Venezuela se han concretado en los siguientes aspectos, corriendo al monstruo no tanto por atacarlo directamente como por efecto secundario al atender las necesidades prioritarias de los nacionales y recomponer la soberanía política:  (1)  bienestar económico y salud:  emblemáticamente Mercal (Mercado de Alimentos) y Barrio Adentro, misiones de alimentación y salud, respectivamente, desmontaron el espíritu mercantilista que imperaba en la fisiología económica de estas actividades:  las transnacionales de los alimentos hacían desastres con sus monopolios y excepción del Estado en la materia, por un lado, y los médicos venezolanos, por el otro,  mercantilizados ellos, reacios a ofrecer sus servicios en las zonas pobres donde no brillase una moneda, debieron aprender de la humildad valiente de los médicos cubanos que, sin cortapisas, enarbolaron la bandera de Hipócrates sobre predios inimaginables para la mentalidad burguesa.  De este modo, con intervención reguladora del Estado, quebraron las empresas (transnacionales ellas) que basaban su actividad en el hambre y enfermedad del pueblo.

(2) Soberanía:  Venezuela afinca su autonomía política combatiendo la presencia e injerencia de los EEUU en tierra patria:  expulsión de la misión militar que hacía vida en La Carlota (en pleno centro de la capital), sinceramiento de las relaciones diplomáticas con los EEUU (lo que lleva a una crisis), promulgación de leyes para regir apoyos o financiamientos foráneos a sectores opositores, establecimiento libre y soberano de relaciones políticas y comerciales con países como China, Rusia, Irán, etc., todos ellos fuera del espectro de dominio político de los EEUU.  De forma que, por esta línea, se procura concretar lo que se ha dado en llamar nuestra segunda independencia política, ayer del colonialismo, hoy del neocolonialismo (siempre del imperialismo).

 

“Queda claro, en fin, dónde es que hay que trabajar desde el punto de vista de la inteligencia y la defensa nacional”

 

(3) Integración:  Venezuela ha extendido a todos los rincones de Suramérica, con trascendencia mundial, el espíritu de la solidaridad e integración en procura de la soberanía política y económica continental, en aras del establecimiento en el mundo de un orden y poder multipolares.  La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Petrocaribe, la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), son todas iniciativas con el sello humanista e integracionista de la patria de Bolívar.  Ello por sí solo, con empuje de patria grande, ha arrinconada a las viejas organizaciones como la OEA , donde la presencia de los EEUU ha servido únicamente para injerir y manipular la paz política de las naciones integrantes.  Ante la reacción continental integral, política y diplomáticamente los EEUU se han visto precisados a recular desde su concepción colonialista de “patio trasero” respecto de Suramérica.

Dicho todo lo cual, esto es, las razones por las cuales Venezuela es motivo de roncha para la derecha política y objetivo de ataque, la reflexión lógica nos coloca en el principio del escrito, que es saber cómo es qué se dará el ataque, dejando sentado que su lógica o mecánica procedimental no es nada nueva y se basa en el uso que la potencia estadounidense y sus aliados han desplegado en los últimos años a la hora de emprender sus guerras, coloniales,  neocoloniales o siempre imperiales.  Colóquese este “cómo” en fases, como a continuación se explican:

Fase A:  el país a ser asaltado debe figurar dentro de un esquema programático y geoestratégico de empoderamiento político o ataque militar con miras a cubrir la necesidad de supervivencia o de hegemonía globalizante de las potencias colonialistas occidentales.  De sobra sabemos que la toma del  Medio Oriente y sus recursos geoestratégicos, geopolíticos, geográficos y energéticos, por ejemplo, figura en los planes de expansión y hegemonización mundial de los EEUU.  Nada digamos de Venezuela que, por su ubicación geoestratégica y su condición de mayor reservorio de hidrocarburos planetario, con seguridad ha de estar protagonizando a futuro uno de tales esquemas.

Fase B:  el país a ser asaltado, si rebelde (los hay pacíficamente domeñados), debe ser satanizado ante la opinión mundial con el propósito de permear los requeridos apoyos institucionales para emprender el ataque, revestido de legalidad.  Irak en su tiempo fue calumniado como poseedor de armas de destrucción masiva (las cuales no se hallaron jamás), lo cual sustentó resoluciones de la ONU que dieron pie a su final agresión; Libia fue enturbiada con la acusación de genocidio y la agresión se permeó por los caminos de la “ayuda humanitaria” y “protección de la población civil”; hoy Siria es “trabajada” con el argumento del probable uso de sus armas químicas, caso que ameritaría el inevitable asalto benefactor de las potencias imperialistas con el propósito de “proteger” a la población civil.  A nadie se le esconde que Venezuela es perennemente acusada de cualquier cosa, esto hasta encontrar un argumento que sirva a los fines de su ataque, es decir, a hacer parir a la ONU ambiguas resoluciones justificantes:  narcotráfico, armamentismo, derechos humanos, dictadura.

Fase C:  el país a ser asaltado debe contar con una factoría política opositora dispuesta a ofrecer una cuota de sacrificio, es decir, a ofrecer una mortandad  de nacionales atribuibles al régimen adversado para así hacer patente su criminalidad o ineptitud y justificar el golpe.  Tal  mortandad puede operarse de varias formas:  que parezcan cifras directamente atribuibles al régimen adversado (asesinatos) o que se trate de cifras indirectas producto de su gestión (sabotaje), así sitiada con la finalidad de desestabilizarla y propiciar la aventura del garrotazo.  Véase la antigua Yugoslavia:  los serbios “parieron” sus muertos (asesinaron a su propia gente)  para endilgárselos a los serbio-bosnios bajo el rótulo de crímenes de guerra, contribuir a su satanización y a su final  arremetida desde el extranjero.  En Libia Gadafi “masacraba” a su pueblo (en realidad se defendía de la factoría política alimentada desde afuera que buscaba derrocarlo, como a la final lo logró); en Siria hoy Bashard Al-Assad ya es un cacareado asesino de lesa humanidad con varias masacres en su haber, listo para dar el siguiente paso de rociar con armas químicas a su propio pueblo (no se dice que se defiende de la factoría golpista alimentada desde el extranjero que en cualquier momento podría cumplir con el requerimiento de forjar un ataque químico sobre sus connacionales para atribuírselo al más grande criminal de todos los tiempos).    Respecto de Venezuela, huelga decir que la factoría política neocolonial (la oposición, pues) ya ofreció su cuota de “sacrificio” a la maquinaria extranjera que aspira a derrocar a Hugo Chávez con los muertos que “justificaron” el golpe de Estado del 11 de abril de 2002; y hoy, muy recientemente, al parecer de un intelectual como James Petras, acaban de asestar otra operación de sabotaje (tragedia de la refinería de Amuay) tendente a desacreditar al “régimen”, presentándolo como inepto y para incidir en los resultados electorales de 7 de octubre de este año, cuando se elige presidente.

Intente usted reflexionar que actualmente Venezuela no cumple con  los tales requerimientos que la hacen acreedora de los tales y respectivos porqué y cómo.   Piense:  según lo explicado, ¿no estriba en casa propia la probabilidad de gestarle al país el golpe derrocante?  O sea, para entendernos mejor:  ¿no ha dejado en claro la historia de las agresiones imperiales recientes que sus ataques a países se soportan sobre una pila opositora interna y apátrida que virtualice el maquiavélico apotegma de la división, esto es, el “dividir para gobernar”?

Queda claro, en fin, dónde es que hay que trabajar desde el punto de vista de la inteligencia y la defensa nacional.

viernes, 17 de agosto de 2012

Hasta que la guerra nos coja

I

Atomo El rollo en el Medio Oriente sigue allí a diario, en llama insistente.  Yo como, tú bebes y ellos juegan por allá o por aquí a los lejos, como si la vaina nos fuera con nosotros.  Y lo es, de hecho, si no pensamos en ello; si vemos TV, damos un beso al ser querido y nos servimos una copa.  Como reza el refrán, “Ojos que no ven, corazón que no sufre”.

Se dirá, en fin, que es como un cometa que se dirige a chocar contra la Tierra, exterminándola, sin que nosotros lo veamos ni sepamos nada.  Así, podría decirse, se vive en paz hasta el último minuto, despreocupado de tan funesto porvenir.

 

II

Y es cada quien está en su derecho. Nadie lo criticará.  Nadie tendrá que venir a mí, por ejemplo, a decirme que tengo que sufrir antes de tiempo, antes de que me llegue la segura muerte, el choque contra el meteoro, momento cuando coronaré el sufrimiento previo.  “Se acabará el mundo ─imagino decir─; corran.”  Laméntense, prostérnense, quéjense, entre otras tantas formas de exhalar suspiros.

Una estupidez, ¿no?  Igual vendrá.  Felices los hippies con su antihistoria y contracultural indiferencia.  Habrá quienes que, en medio de tal onda de amor, paz e indiferencia podrían disponerse a realizar un sancocho a la orilla de un río, festín que llevarían a su fin aun bajo la contemplación del temible meteorito surcando los cielos.

 

III

Pero hay gente que se preocupa, que se la pasa pendiente de los signos, que los estudia, que hace de ellos su oficio, aunque al final igualmente muera como los felices indiferentes mencionados, si es que el cáncer de su misma preocupación no la liquida antes.

Porque en la naturaleza todo está dispuesto a perfección:  unos para contemplar, otros para oír y otros para ignorar.  Igual el mundo avanza y es un súmmun de armonía.  Son roles de calculada evolución planetaria.   Póngase como se quiera:  unos que comen, otros que son comidos y otros que contemplan.  Nadie negará que así no sea la vida.

Después de muerto es difícil saber qué diferencia hay entre morir a conciencia o huéfana de ella.

 

IV

El presidente de Israel, Shimon Peres, recién declaró que su país no se encontraba bajo la capacidad de atacar solo a Irán, su archirrival en la región.  No obstante a diario su país también declaraba que atacaría, que bombardearía, que exterminaría la amenaza nuclear que representan los persas; y en ocasiones han asomado que lo harían inclusive sin el aval de su principal aliado, los EEUU.

Discursos son, por supuesto, cuanto más de guerra, más irreales o irracionales.  Nadie cuestiona ese cuento.  Total, es la guerra, esa misma que en los refranes echa mano a cualquier argumento, como en el amor, para rendir a la otra parte.  Inclusive bajo la eventualidad de su acaecimiento, bajo el ruido sordo o monstruoso de la explosión de las bombas, siempre habrá parias culturales (¡si pudiéramos darle un buen sentido a esta expresión!) que continuarán con su fogata cerca del arrullo de las aguas, disfrutando de un tajo de carne asado o una deliciosa sopa; lógicamente, esto si la explosión no es tan poderosa que acabe con los ríos y las tierras sobre la cual hacer vida.

 

V

El lío está encendido.  Los actores en concierto no son tales o los más importantes, como ilógicamente hay que decirlo.  Irán, Irak, Siria, Israel, Líbano, Libia, Turquía, Palestina y árabes en general cayéndose a puñetazos no constituyen el póster protagónico, aunque sí pueda serlo su entarimado.  Sombras, pelusas, entelequias, criaturas que padecen de irreales sensaciones humanas con pretensiones de existencia (me recuerda a un personaje de cuento de Jorge Luis Borges), una no vista obra de teatro donde insólitamente el ambiente dramatiza y el espacio son las personas.   No existen más que como teatro donde se derrama la sangre y se siente el dolor de las heridas.  Piezas del ajedrez tumbándose entre sí, movidas por la superior mano.

La representación arde, humea, continúa.  Por encima está el espíritu que planea, el dador o quitor de realidades (con el permiso de la palabra), el verdadero responsable.  Sí, ese dios como el de los hombres de madera o de maíz del Popol Vuh, ensayados para inaugurar nuevas eras.

Fuera del tablero siempre estarán los mencionados hippies, recoge-latas o dementes celebrando o conmemorando sus alegrías o penas a las orillas del Guaire, hasta que venga también el espacio, el efecto de la explosión universal, y los protagonice.

jueves, 2 de agosto de 2012

El Consejo de Seguridad de la ONU y Siria, ¿cuadrilátero último de la paz mundial?

I

Consejo de Seguridad, ONU Al ver cómo se deslizan los hechos en el Medio Oriente, en tierra Siria para lo concerniente, se puede presentir que algo está por reventar, no refiriéndonos a la guerra, claro está, porque de todos es conocidos que ésta ya empezó hace rato (al menos la guerra parcial y solapada de Occidente contra Siria, que no una guerra mundial, lo cual siempre será el verdadero peligro a reventar).

Nos referimos a la otra guerra, la que se libra en los espacios de los protocolos, de la formas, de la instituciones, de las convenciones, de la diplomacia..., y que de ordinario contiene a las partes confrontadas y las aterra a acuerdos después de cortas o largas conversaciones, de pulsos abiertos o disimulados, de guiños o cumplimientos obligatorios de normas; evitando el temido evento de la guerra directa entre las potencias, normalmente tras bastidores.

Es decir, para que las partes reales de poder se confronten directamente en medio de una guerra total debe fracasar primero el formato de contención institucional y de la diplomacia, encarnado en los actuales momentos en los espacios de discusión de la ONU, cual el Consejo de Seguridad.  La preguerra.  Allí las partes en desencuentro ostentan su lustre digamos de civilización antes de decidirse a hundir sus botas en el barro bélico (o lo hacen cuando ya calladamente lo han decidido).  Despliegan o agotan el cartucho de la cultura que insufla en cada una de las partes; hacen alarde de alianzas, de palabras bonitas o ingeniosas, de ilustración, de conocimientos, de ciencia, de historia, con el propósito de persuadir al contrario; deliberan y votan, como en las viejas ágoras de los antiguos antes de emprender una guerra o decidir no empezarla.

El discurso de la no-guerra prende en los espíritus y cada quien lo esboza como plaga a evitar para la humanidad.  Se habla siempre de paz, de historia, de masacres, de violación de los derechos civiles, de genocidio, democracia, invocando leyes, y cada quien parece lanzarle al otro a los pies el terrible cadáver de la guerra, sea ya como recordatorio fatal, sea ya como virtual acusación de villanía, como amenaza, como descalificación del contrario en todo caso.

En la contienda de las palabras cunde el esperpento de acusar al contrario de villano o bárbaro y de erigirse a sí mismo como salvador o benefactor; a cualquier precio y forma, bajo cualquier inusitada palabra o mecanismo, al amparo de una arreglada mayoría o cofradía.  El objetivo siempre será vencer en el ínterin de los sofismas, de las ágoras o senados griegos, donde sabemos la razón es un parto dialéctico en divorcio con la real contextura de la humanidad; obtener los votos necesarios ha de ser la meta para luego revestirse de legalidad y actuar consiguientemente, como corresponda actuar, bárbaramente o no pero en legalidad, como se dijo, lo cual figura extender una suerte certificado civilizatorio sobre las futuras acciones a acometer.

Son los juegos de la preguerra, contorno calculado del entrecruce civilizatorio para conciliar diferencias.

II

Hoy está a punto de reventarse la cuerda de tal contorno, con el riesgo consabido de la confrontación directa, peligro este siempre negado por los civilizados analistas (ya los oigo:  el mundo ha aprendido mucho para caer tan simplemente en una nueva gran guerra).  Como decir, si se cae la forma, se quiebra el cristal y se derrama el contenido.   Hasta hoy, después de la última gran guerra, las partes de poder se han enfrentado a través de terceros, peones representativos de sus intereses; ahora, con el comportamiento despectivo y violatorio de las formas protocolares por parte de los EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU, no parecen salvarse los institucionales argumentos de contención.

Esto es, si se agota la preguerra, el juego de los pulsos dialecticos, ¿qué queda?  Es decir, si se acaba el juego de los pretextos confrontatorio a través de otros...

La embajadora de ese país ante la ONU declaró que EEUU haría lo que tendría que hacer para deponer al gobernante Sirio, como los hizo en Libia, no obstante la renuencia de preponderantes miembros del Consejo de Seguridad al respecto, Rusia y China.  En fin, fin del juego.  Acabose de la forma, caída del telón y desmantelamiento del teatro de las conversaciones.  Pase a los hechos.

III

El antecedente más rápido es Irak.  Entonces los EEUU volaron por encima de las resoluciones de la ONU y bombardearon, facilitando el derrocamiento de Saddam Hussein.  Luego, ocupación, toma del petróleo, afincamiento de poder geoestratégico y debilitamiento consiguiente del contrario geoestratégico mundial, Rusia y hasta China.

Hasta ahora no hay resolución respecto a Siria, pero los EEUU parecen no aguantarse.  Ciertamente no hay resolución prohibitiva que violar porque Rusia y China se han negado a caer en la jugada de votar una para que luego sea burlada; y los EEUU no han incurrido (aún) el abierto descaro del bombardeo aéreo sobre Siria, en pleno rostro opositor Ruso o Chino; pero han hecho lo que dijo la embajadora que harían e infiltran mercenarios a granel a desde Irak, Turquía, Jordania, Egipto, Líbano, Sudán, Somalia, afianzando a los Contras sirios.  ¿A qué bombardear con aviación si compensatoriamente las fuerzas terrestres mercenarias permiten burlar las apariencias y suplir el defecto aéreo?

 

“En fin, fin del juego.  Acabose de la forma, caída del telón y desmantelamiento del teatro de las conversaciones.  Pase a los hechos”

 

La aviación impide la debida defensa del objetivo y posibilita su posterior toma por las fuerzas terrestres, incluso sin que éstas se cuenten en gran número. Irak y Libia son el muestrario.  En su defecto, o sea, ante la imposibilidad de aplicar el recurso aéreo, multiplican el terrestre, que no es comprobablemente evidente (“¡Demuéstramelo, pues, yendo al terreno de los hecho!”).  Al decir de Siria, 60 mil mercenarios la han penetrado hacia Damasco, capital del país sobre el cual aún no existe una resolución de guerra, pero que es atacada desde todos los ángulos terrestres sin la evidencia del escándalo aéreo y sin contemplación de nada ni nadie.

IV

De forma que la grosería imperial de los EEUU, su Europa y su OTAN quedan al desnudo.  Su desprecio por el orden del mundo y la institucionalidad que lo rigen es olímpico.  Desmorona con su actitud y acciones lo poco que en el mundo queda de ONU o Consejo de Seguridad.  Se burlan, en fin, del árbitro y tientan al caos implicado en su desconocimiento.  Con ello, inundan de ofensión e indignación a las partes activas en la organización (Rusia y China), quienes una vez más (como cuando Irak y Libia) quedarían ante el mundo como payasos monigotes para el escarnio.

No bombardean a Siria, es cierto; no logran instaurar sus soñadas coordenadas de vuelo para sus naves, pero abren brechas en las fronteras sirias y envían sus mercenarios.  El objetivo, como se dice, es Irán, y no tanto Siria por Siria.

Así los reveses que representa la renuncia chino-rusa en el Consejo de Seguridad ante sus planes expansivos, son exorcizados, suplidos.  Y cumplen, pues, como dijo la embajadora, con sus metas de hacer lo que tienen que hacer.  Punto.

Peligroso tentar de la suerte, de la paciencia del contrario, del accionar de tantos pueblos, incluso de aquellos que no están metidos en el cuento (cree uno: todo lo humano afecta: nada humano me es ajeno).  Uno mismo por acá, donde no se oyen las explosiones, aparentemente ajenos a los acontecimientos, en realidad explota en indignación:  no es posible que la progresiva hegemonía de unos pocos rubrique como “idiotas” al resto de quienes habitan este mundo.

V

Expuesta así la locura, Rusia y China tendrían que responder para mantener, por un lado, sus intereses y, por el otro, como efecto, el equilibrio de los polos de poder en el planeta.  Responder a través de otros, en la medida en que los espacios de la preguerra lo permitan, es decir, a través de terceros:  armando al ejército sirio e iraní, adiestrándolos, sumándoles también mercenarios.  No sería trampa devolverles la moneda a los estadounidenses y occidentales. Sopa de su propia sopa.

Y caído el espacio de la preguerra, actuar directamente, con tropas, como una vez asomó China hacia su aliado ruso.  Si no hay ONU, no hay árbitro; ergo, el caos y el actuar libremente es la consecuencia natural, según la razón de los armamentos.  Si se desinstitucionaliza el mundo, muta la civilización, adviene el gen de la guerra nuevamente, emergiendo de lo recesivo.

La otra cara de la moneda, el no-hacer y cruzarse de brazos, es la resignación a que el mundo tiene su amo:  los EEUU y la OTAN.  En el terreno, significa perder geoestrategia, socios económicos, políticos y militares.  Los rusos perderían sus contratos y el pequeño puerto que cultivan en Siria, pero mucho más les acaecería con la caída de Irán, hacia donde finalmente apuntan los cañones occidentales; y a los chinos les sucedería un tanto igual.  China es un devorador de petróleo que no puede darse el lujo de perder un potencial surtidor de país libre como lo es Irán hoy; privatizado bajo el armamento estadounidense, tendrían poco menos que arrodillarse para seguir alimentando su fabulosa infraestructura energética, y nada menos que ante el rival energético (las proyecciones colocan a estos países seriamente enfrentados por el surtido petrolero).

Ante el nuevo orden geoestratégico mundial al que podría apuntar la toma de un leve país como Siria (¿la Polonia de la segunda guerra mundial?), rusos y chinos conminados quedarían a ocupar sus puestos en la flamante configuración, sea ya en una última y debilitada alianza binacional (en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái, OCS), sea ya subsumidos en sus fronteras nacionales para defender lo que les queda tierra adentro.  Porque no existe polo de poder estabilizador en el mundo sin el concurso neutro del Medio Oriente (es decir, libre), madre de la mayoritaria reserva planetaria de hidrocarburos, paisaje de ingentes mares y extensísimas tierras aún no exploradas del todo (Irán no ha explorado la totalidad de su territorio en la busca de petróleo).

Quien tome el Medio Oriente se impone y manda al diablo la bipolaridad de poder que a duras penas parece existir en el mundo; hegemoniza el planeta.  Gana, para decirlo infantilmente, como provoca.  Se hace emperador. Inaugura ese insólito III Reich etnocéntrico, tan temido y abominado en la historia.