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sábado, 4 de julio de 2026

Una república caída… ¿Es el fin o vendrá otra?

La caída de Venezuela como república está en proceso… avanzado. Una de sus columnas conceptuales ya se ha quebrado y las otras tiemblan como hojitas ante el viento. El tutelaje que han empezado a ejercer los Estados Unidos sobre el país desde el 03ENE26 fracturó el nervio primordial definitorio. El ideal constitucional, la palabra escrita con sangre universal y patria, el poder formal ciudadano…
Al no haber poder o soberanía que resida en el pueblo (Art. 5, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela), no hay, pues, la idea libertaria que orientó a la Revolución Francesa contra la monarquía como sistema ancestral. Ni hay ese antecedente fundacional de tres capítulos republicanos que legara Simón Bolívar y el resto de los próceres de la independencia.
Del otro lado de la acera hay, en fin, monarquía o imperio. No hay término medio. O son los ciudadanos con su Estado y el pacto social, de un lado; o es el poder formal de un Estado absoluto que dicta la pauta sobre sus tutelas, del otro. El legado universal y progresista de la Revolución Francesa es la erradicación final de ese sistema vitalicio, hereditario y cuasidivino que es un reinado como eje formal político.
Desarrollarse en función de una mancomunidad ciudadana que asienta y respeta leyes es distinto a hacerlo a través de la expansión y anexión militar que las omiten. Lo primero es república ideal y democracia; lo segundo, imperio. Ideales de conquistas del hombre versus arquetipos de convivencia animal. Y Venezuela hoy es una anexión.
Por consiguiente, la teoría y praxis de la soberanía como conquista ejercida por el pueblo están rebasadas desde el momento en que el gobierno encargado de Venezuela aceptó la tutela de una potencia extranjera sobre sus recursos naturales, el 03ENE26, y sobre su territorio, hoy con la catástrofe de La Guaira. Los Estados Unidos, so pretexto de asistencia humanitaria, están ocupando hoy ese estado costero, con dominio militar del espacio aéreo y terrestre, y con su logística asistencial en hora de contingencia. Hay “marines” tipo litoral apostados en el aeropuerto principal de Venezuela y un par de buques están atracados en las aguas bolivarianas. La pesadilla de la Primera República de 1812, que cae, en gran medida, por causa de un terremoto, vuelve ahora para anunciarle la muerte a la Quinta con los eventos sísmicos de La Guaira. Históricamente, entre los intervalos de una república y otra, se es colonia.
Pero, con la soberanía violada, se mueven también las otras hojitas republicanas. Estados Unidos, además, está determinando la orientación de los poderes del Estado, minándolos en su concepción de independencia y autonomía. Ahora critica y recomienda atribuciones para el poder electoral, ora el ciudadano. Ejerce dominio pleno sobre el poder ejecutivo y legislativo, y amenaza al judicial. Para muestra, un botón: ordenó la modificación a su conveniencia de la ley que rige el oro y el petróleo, y pareciera que la Asamblea Nacional fuese el tinglado de sus viscerales deseos en materia de voracidad energética.
Respóndase a la siguiente prueba: ¿es posible hoy en Venezuela hablar de democracia o libertad republicanas sin apuntar a la subversión y la revolución ciudadanas que las restauran?

lunes, 29 de junio de 2026

Se metieron en La Guaira: la doctrina militar de la ocupación estadounidense bajo el pretexto de la ayuda humanitaria

En diciembre de 1999, Hugo Chávez rechazó la oferta de ayuda de los Estados Unidos. Era la Tragedia de Vargas. 450 “marines” estaban listos para desembarcar en las costas con maquinarias. Chávez adujo que el país no requería personal militar extranjero, menos estadounidense, dado que detrás del argumento los gringos encubrían la intervención, la ocupación territorial y el espionaje.
Este capítulo fue apenas el preámbulo de la tormentosa relación del gobierno bolivariano con los Estados Unidos. Entre la izquierda latinoamericana hay la conseja de que "no se puede confiar en el imperialismo, pero ni un tantito así, nada", atribuida a Ernesto “Che” Guevara. Esta sentencia es reforzada por la jocosa idea de que en los Estados Unidos no es posible un golpe de Estado porque en su capital no hay una embajada de ellos mismos.
De hecho, volviendo a la relación tormentosa, en septiembre de 2008, Chávez expulsó a los norteamericanos y su embajada de Venezuela. Fue una medida solidaria con Evo Morales, quien, previamente, había expulsado al embajador estadounidense por injerencismo y comando de la oposición boliviana. Chávez adujo, además, que desde la embajada yanqui en Caracas se conspiraba para asesinarlo, desplegando actividad de inteligencia hacia los cuarteles militares.
El tiempo terminó dándole consistencia a las sospechas del presidente venezolano. La embajada, en efecto, podría haber sido un comando general de operaciones. En 2013, Edward Snowden expuso que los Estados Unidos espiaban a 38 embajadas en el mundo, controlando sus comunicaciones, “sembrándoles” con micrófonos, obligando en secreto a las grandes firmas de telecomunicaciones a entregarle a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) los metadatos de las llamadas telefónicas y mensajería.  
En modo alguno fueron infundados tales temores. Chávez era militar y sabía de doctrinas. Y la doctrina militar de los Estados Unidos en contextos humanitarios es clara y aprehensiva. Se llama Asistencia Humanitaria Extranjera (FHA) y contempla la obligatoria "recopilación de inteligencia concerniente al ámbito político, militar, paramilitar, étnico, económico y medioambiental" del país afectado; tiene como misión reconocer y mapear el terreno, así como identificar los espacios donde el acceso militar estadounidense pueda estar restringido; y perfilar el acceso directo del Comando Sur en las regiones estratégicas de interés para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Pero, atención: el punto más inquietante de esta doctrina es que, si el gobierno de los Estados Unidos asume las tareas de búsqueda, la reconstrucción y el control de las telecomunicaciones (ya dan Internet Starlink), entonces su desempeño debe ser de gobierno completo (whole-of-government response). Es decir, su influencia debe determinar las decisiones civiles y administrativas del territorio, lo cual, como se analice, es una toma y comporta el debilitamiento de la soberanía del país afectado en nombre de una catástrofe que no puede sofocar.
En la actualidad, la presencia militar de los Estados Unidos en La Guaira es masiva, ejerciendo control operativo directo. Es prácticamente imposible diferenciar asistencia humanitaria de ocupación geopolítica cuando el país “ayudado” es la mayor reserva de hidrocarburos del planeta. Dígase, para redondear, que el gobierno interino de Delcy Rodríguez no ofrece resistencia a los norteamericanos y que Venezuela aún está bajo el efecto de la intervención militar denominada “Operación Resolución Absoluta”.
Todo el espacio aéreo de La Guaira está bajo control de aeronaves de última generación: helicópteros pesados MV-22B Osprey y Bell UH-1Y Venom, y aviones de carga pesada C-17 Globemaster movilizando tropas aéreas. Oficialmente, el ejército de los Estados Unidos ya empezó a radiografiar la estructura del Puerto de La Guaira y su sistema de vialidad.
El Comando Sur movilizó sobre las aguas venezolanas los buques de transporte y asalto anfibios USS Fort Lauderdale (LPD-28) USS Billings (LCS 15), respectivamente. Y el Cuerpo de Marines (Fuerza de Combate Litoral-24) tomó el control del Puerto de La Guaira.
Finalmente, asiéntese que la injerencia se torna completa (en el sentido doctrinario mencionado de “gobierno completo”) cuando el presidente de los Estados Unidos habla ya de un financiamiento inicial de $150 millones de asistencia y el embajador John Barrett camina junto al mayor general del ejército gringo, Kevin J. Jarrard, sobre los espacios litorales. Podría Donald Trump decir en cualquier momento, conociendo su locuacidad, que ya adquirió los derechos de propiedad de la costa venezolana y que no hay nadie en el mundo que pueda impedir que ellos, los estadounidenses, fotografíen, sobrevuelen o se queden por largo tiempo sobre esa tierra de desgracias. Es como si el asunto fuese una compensación a su fallido sueño de apoderarse de Groenlandia.
Fatídicamente, este texto no puede desembarazarse de un ánimo profético: pasarán eras antes de que los Estados Unidos y sus apetencias geopolíticas suelten la mordida que le acaban de inferir al territorio venezolano con esa excusa perfecta de la ayuda humanitaria. Será precisa una guerra para expulsarlos, y es precisamente la que está prevista, la guerra de independencia bolivariana.
 


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sábado, 27 de junio de 2026

Tembló y no hay hoy un Simón Bolívar para dar un sablazo a los curas del desastre

Los místicos explican que las grandes crisis de la historia venezolana coinciden con períodos de alta actividad sísmica. Como bandera, enarbolan el terremoto que asoló a Caracas el 26 de marzo de 1812.  Las tensiones de entonces, la guerra, la pobreza y el sufrimiento habrían herido la corteza terrestre con su emocionalidad corrosiva. En su visión, la tierra no es una piedra descomunal, sino un ser vivo que interactúa con el hombre.
El religioso, por su lado (ser político y dogmático), también dicta su cátedra cuando la tierra se enfurece (según los místicos). Así fue como el fraile Felipe de Quevedo, sobre los escombros de la iglesia de San Jacinto, se atrevió a formular un discurso político disfrazado de religión ese 26 de marzo, Jueves Santo, de paso. Según su arenga, se vivía la “ira de Dios”, un “justo castigo” por haber profanado el orden divino al desconocer al rey Fernando VII, de España.
Simón Bolívar, al notar que estaba amedrentando a la muchedumbre en favor de la monarquía, se dirigió hacia el pilar donde se había subido el dominico y lo tiró violentamente del brazo, desenvainando luego la espada para conminar al motín religioso que se había formado. Militarmente, impuso orden y acatamiento, y movilizó a los sobrevivientes hacia los trabajos de rescate y reconstrucción. Allí profirió su famosa frase, subiéndose al pilar de donde había bajado al clérigo: «Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca».
Se ve, pues, cómo el místico razona para buscar consuelo divino; y cómo procede el religioso para hacer lo que la Iglesia siempre ha hecho a lo largo de siglos: cizañar para mover al hombre a través del miedo y la culpa hacia el consuelo de la sumisión.  Y se ve, también, cómo siempre habrá de necesitarse de una conciencia superior que zanje lo etéreo con golpes de realidad.
Ese terremoto, con una magnitud estimada en 7.1, destruyó Caracas y mató a 10.000 personas. Como el evento telúrico tenía como marco a una secuencia sísmica que sumó a las fallas de San Sebastián y la de Boconó, asoló también a Mérida y Barquisimeto, destruyendo iglesias y cuarteles patriotas. Tuvo una pavorosa réplica nueve días después, el 4 de abril. Entre tantos efectos que tuvo, determinó la caída de la Primera República de Venezuela, en gran medida porque la catástrofe se ensañó contra los bastiones republicanos (La Guaira, Caracas, Mérida, El Tocuyo, Barquisimeto), matando soldados y destruyendo armamento, y “perdonando” al enemigo realista (Coro, Maracaibo y Guayana).
No se culpa, pues, a los místicos y fanáticos religiosos que buscan acomodar sus razones sobre unos hechos que, aparentemente, parecieran querer dárselas. De eso se ve hoy bastante, a propósito del doble terremoto del 24 de junio de 2026. No ofende tanto la perspectiva del místico como la del fanático religioso, que es como si se dijera político. El místico entra en conflicto con la ciencia; el fanático, con la humana razón. La indignación es la cabalgadura de este último.
En efecto, como en 1812, por allí andan rezando para que Venezuela diluya su republicanismo y se sume a la confederación estadounidense, estado número 51. Ven en el 03JUN26 una señal, como un rayo divino; y han empezado a utilizar el presente terremoto como una argumentación de la destrucción para buscar salvación bajo el ala imperial.
Incluso, algunos parecieran lamentar que no hubiera una mayor destrucción para precipitar sus ansias. Es cosa de locos, que de fanáticos e iglesias se habla. Afortunadamente, el epicentro del terremoto presente se localizó lejos, a 250 km, en Yaracuy. Por tal razón, con todas las bajas que ocasionó en La Guaira, se cataloga como un evento moderado, aunque su magnitud (7.5) haya sido superior a los otros dos terremotos devastadores de Caracas: el de 1812 (7.1) y el de 1967 (6.6).
Estos dos últimos mencionados, tuvieron su epicentro a 25 km, en el litoral. De allí su altísimo potencial destructivo. El de 1812 se considera catastrófico; el de 1967, grave.
A falta de un Bolívar contemporáneo que aplique el sablazo al artero, tienen que bastar la ciencia y la historia para explicar y disuadir pasiones. La crisis republicana que se inició con la captura del presidente del país no necesariamente tiene que derivar en desintegración nacional, apalancándose en el esoterismo de un desastre natural. A una Primera República le sucedió una Segunda, como a una Quinta ha de sucederle una Sexta. ¡Que así sea esa simplicidad numérica de la historia donde jamás calce la noción colonialista!

miércoles, 24 de junio de 2026

El regreso del exilio como humillación postrera para el chavismo

En el curso de la Segunda Guerra Mundial ocurrió un hecho de gran vergüenza para el derrotado. Francia debió firmar su capitulación en el mismo vagón donde obligó a los alemanes a firmar la suya durante la Primera Guerra. Tan icónico es el hecho que bien podría conocérsele como la “humillación de 1940”: Hitler se esmeró de tal modo que llegó al extremo de romper el museo donde el vagón estaba incrustado para regresarlo a su ubicación de 1918 (cuando Alemania se rindió) y hacer que Francia allí firmara su rendición.
Son los humores y avatares de la guerra. El odio, la venganza, la humillación y el revanchismo son parte de la jerga emocional bélica. Los que se van, recurren al arte de reaparecer para ejecutar venganzas; los que han sido derrotados, de pronto, se reactualizan victoriosos en pos de su revancha; y los que han mordido el polvo hasta pueden regresar del más allá, cuales espectros, para demostrar su poderío ultraterrenal.
Como de amor, el hombre es un ser de odios. Es un Aquiles arrastrando durante días el cuerpo de un Héctor sobre la arena. El alma humana pide sangre para equilibrar, como puede pedir flores para celebrar la paz. Tiene una preocupación enormemente animal por restablecer equilibrios y saciedades.
En Venezuela, el 03ENE26 marca una derrota para quien ejerce el poder. Es decir, para el chavismo de nuevo cuño, los mencheviques del socialismo venezolano.  Vino la ultraderecha y dio su golpe, manteniendo aún en vilo el cadáver del derrotado en medio de la vacilación de la muerte. El mensaje simbólico es que la izquierda cae, aunque se trate de una idea degenerada, y la derecha se resarce de toda la humillación recibida durante casi tres décadas de injurias, disfrutando del espectáculo de muerte.
Como la política es la madre conceptual de todas las batallas y la guerra no es más que su continuación instrumental (según Carl von Clausewitz, De la guerra), no hay dudas de que la tierra bolivariana experimenta a cabalidad un conflicto bélico. Tras su zarpazo, la derecha política disfruta su revancha. Sueña con ver al jinete sin cabeza caer de la cabalgadura y con su vagón simbólico para la firma de derrotas. Aspira a su reequilibrio mental e histórico.
Como Hitler, estiliza su cóctel de la victoria. Prepara la mejor de las venganzas contra el chavismo. Y es la de hacer resurgir desde el fondo del inframundo a los espectros políticos que se fueron en exilio y regenerarlos sobre los escombros del ogro caído. Traerlos uno a uno y reconstruir con su simbolismo el país perdido. Cambiar el nombre de la república. Desenterrar cadáveres. Quitar fotos, banderas y estrellas. Eliminar la teoría y la praxis de la organización comunal. Reconstruir la militancia y hacer del país la colonia de siempre, pero abiertamente esta vez, como humillación mayor para el vencido, sin tapujo ni vergüenza alguna.


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sábado, 20 de junio de 2026

¿En dónde se esconderán cuando las aguas se desborden?

En la era de los satélites no se pierde una aguja en el pajar. El dicho es de los abuelos, cuando los teléfonos eran vasos interconectados por un hilo. Ahora la pregunta es dónde perderse.
Al hecho hay que sumar la persona o el temple del perseguidor. Si el sabueso es un simple mortal, las posibilidades del fugitivo son algo más aliviadas. Pero si se trata de un Estado, minado de tecnologías, como los Estados Unidos, hasta el centro de la Tierra de Julio Verne puede resultar inseguro.
Quienes detentan el poder en Venezuela (el llamado gobierno interino) movieron sus cartas con los hechos del 03ENE26 para ganar tiempo, según razonan sus seguidores y hasta ellos mismos. Desde el perfil ideológico de quien lucha contra el imperialismo, dieron el salto de cabra para aliarse con ese mismo adversario y así salvar el pellejo, y la paz de los venezolanos, presuntamente...
Tal es el razonamiento y casi la posición de Estado filtrados al país con visos de oficialidad. El respeto a la paz, a la ley, al derecho internacional y a la vida, además de una fiera creencia en el diálogo, son los pétalos de la flor discursiva gubernamental que intenta suavizar el hedor de la cobardía y la entrega.
Porque ese es el viento que sopla y el agua que se estrella sobre el pavimento de las calles: en el país avanza una poderosa ola de opinión que los retrata como desertores de un sistema, por un lado, y como apéndices odiosos de algo que ha debido desaparecer del todo, por el otro.
Esto equivale a decir que el triunvirato que gobierna a Venezuela en la actualidad está sumido en un serio problema de afectividad política. Es odiado por los odiadores naturales de la derecha política, por más que se afane en ganársela con sus acciones de camuflaje; y dentro de sus propias filas experimenta un creciente rechazo. Vale decir, se les agosta el país y la consistencia política.
La cruda realidad para estos personajes es que, también, el presunto tiempo ganado ante sus inevitables verdugos se agota. A la situación del acabose interna, se le suma la externa, es decir, el accionar de los Estados Unidos, tutores que, finalmente, serán sus ejecutores. Estos ya afinan su fase final, llamada transición, lo cual da igual llamar elecciones o sustitución política.
Y he allí que hay que hacer la pregunta trágica para el triunvirato: ¿dónde habrán de esconderse Delcy y Jorge Rodríguez, y Diosdado Cabello cuando hayan cumplido su fase de bobos útiles y se resistan al cesto del basurero? La historia no le atribuye piedad al país imperial si sus intereses se tornan riesgosos. Simplemente, ejecutan.
De allí la imagen inicial de este escrito. No hay lugar donde refugiarse cuando la lluvia genere sus inundaciones. Delcy arregló su situación de proscripción internacional, quizás extensiva a su hermano. Pero Cabello es un blanco que tendrá que traicionar más para ampararse debajo del regazo de los extranjeros. Se les carcome el espacio desde adentro hacia afuera y viceversa.
Son carreras políticas que están muertas y que, en efecto, deben buscar la morada final para sus huesos. El drama perturbador está en que una persona tenga que huir hasta después de muerta, no encontrando lugar ni para plantar sus huesos, ni siquiera en el patio de su casa. Podría ser que los de afuera quieran incinerarlos, como dizque amenazaron el 03ENE26, o ponerlos detrás de unas rejas, como hicieron con Nicolás Maduro; y podría ser que los de adentro se ofendan sabiendo que están por allí, cloqueando libremente, como dicen que sonaban los huesos ancestrales de la Rebeca Buendía, de Cien años de soledad.


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domingo, 14 de junio de 2026

Entre la república y el imperio: del padecimiento político del venezolano

El país padece dos problemas fundamentales, políticamente hablando. Uno es marasmo ideológico, que genera desasosiego en la población y la conduce, indefectiblemente, a la confrontación. El otro es la realidad fáctica con sus carencias o limitaciones (alimentación, servicios, salud), lo cual, también, suele conducir a las masas a la explosión.
Puede decirse, incluso, que tales puntos son delineados universales del comportamiento humano en sociedad. No necesariamente la ambigüedad ideológica o la carestía económica detonan niveles de desdicha en el ser humano. En sociedades “avanzadas”, dígase de primer mundo, la unicidad de pensamiento o el abrumante bienestar socavan la felicidad de ese animalito intranquilo llamado hombre. De un tiempo para acá, las evaluaciones sociológicas han tipificado el suicidio como una constante en esos paraísos.
Tendríase, pues, que concluir que no hay manera de hacer feliz al ser social. La disconformidad parece ser un lastre de su complexión psíquica. Ambos rasgos, idea y realidad (o espíritu y cuerpo biológico), aparentemente antitéticos, rigen su comportamiento explosivo en la polis, como ya desde antiguo lo señalara Aristóteles. El hombre es un animal político.
Este ser de ideas y de padecimientos realistas u orgánicos es la figura con la cual tienen que lidiar las teorías políticas de todos los tiempos. Explicarlo, comprenderlo, consolarlo, conducirlo, cualquiera que sea el sistema político que lo enmarque. Háblese de república o monarquía; o de izquierda o derecha.
Después del 03ENE26, con la irrupción de la violencia contra la soberanía republicana, ambos padecimientos se han acentuado en Venezuela. En términos ideológicos, el país parece querer enfrascarse nuevamente en la típica polarización jacobina y girondina, de izquierda y derecha, república e imperio. La histórica y revolucionaria república frente a la amenaza monárquica.
No se habla de que haya el riesgo de que en Venezuela se proclame un reinado, encabezado por la líder de la derecha política. Pero agobia el hecho de que la agresión extranjera haya descolocado los pilares de la historia bolivariana, así como la percepción de que el mismo republicanismo se preste para su propia disolución. Y que pueda concretarse, después, la abominable idea de que en el país se establezca, oficialmente, una colonia o protectorado, como parece pintar la actualidad. Esto ha puesto a la fiera de las ideas a caminar frenéticamente dentro de la jaula. Desde afuera hay palos y piedras que le caen para azuzarla.
Es verdad que, romanamente, el modelo de república nació siendo sucedido por el de la perenne monarquía o imperio, como propuesta a la incapacidad política del hombre para distribuir justicieramente el poder entre la ciudadanía. A esa idea gremial de filósofos y soñadores fracasados (la república), se antepuso la imagen de un solo hombre encarnando el poder de manera pragmática para remediar problemas concretos de la gente (el emperador). Es decir, el nacimiento de la república como idea comportará siempre el temor y la amenaza monárquicas como correctivos.
Tal es el agobio existencial del animal político en su polis, Venezuela. Por otro lado, en términos pragmáticos, está esa otra realidad que incide en la explosividad humana, exacerbada después de la fecha indicada, como se ha dicho. A los gestos de descomposición republicana, como la cesión de soberanía y la creación o modificación de leyes complacientes con lo imperial, se suma una realidad de adversidades ciudadanas. El país experimenta una inflación cabalgante, un deterioro peligroso en el suministro de los servicios, una quiebra consolidada en los rubros educación y salud, y un desmontaje raudo de programas compasivos sociales. Las famosas misiones de la era chavista están siendo desprogramadas y, al parecer, el esquema abanderado de la república socialista venezolana, como lo son los consejos comunales y las comunas, tendrá el mismo destino.
De manera que vive el venezolano las dos vertientes clásicas del malestar cívico: idealismo y realismo, por expresarlo de una manera cómoda. Y las vive, precisamente, en medio de una circunstancia precipitada y de ruptura, con funcionarios extranjeros caminando en su país, extrayendo unas riquezas que podrían explicar los costillares de la pobreza ciudadana.  Parece, pues, que el venezolano, en tal sentido, es un ser social íntegro para la explosión.
 
 
 
 


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sábado, 13 de junio de 2026

El tren rojo del pasado

Para expresarlo gráficamente, dígase que el tren llegó a una parada complicada. El tren rojo… Se le informa en el sitio sobre la vialidad y la dificultad con su carga. Tiene que regresar, le ordenan unos inspectores con el ceño muy fruncido.
El tren rojo puede ser un país o una persona. O una visión de mundo. Pero, en cualquier caso, se le alega inaceptabilidad. El mundo tiene otra coloración, incompatible con ciertas tonalidades, como la suya. Tiene dueño y no se pueden aceptar disformidades.
Soñar y ser distinto es imperdonablemente molesto. El sistema se desgasta procesando rasgos diferenciales. Regresar a los talleres, desarmarse, rearmarse y, sobremanera, pintarse de otro color. Es la licencia.
En el mundo ajeno no se toleran ni presuntuosos ni locos que se crean de otra especie. La única clase y forma aceptables es la obediencia. No importa que, siendo el mundo así, parezca ancho y ajeno. Eso sería problema de los disconformes, parias permanentemente depurados. Finalmente, es cosa del dueño. Venir con cuentos de redecorados y otros candiles perturba el ecosistema libertario. Esa paz, tanto de vivos como de muertos.
Tampoco hay tiempo para oír historias, por más que se presuman hermosas. El mundo no puede ser cambiado y punto. Le pertenece al futuro, y eso es una línea tendida al frente, sin cuestionables cálculos ni lógicas aberrantes. Ha de comprenderse que, cuando el mundo es de uno, el resto vive la felicidad de no hacerse cargo. Simple. Su coloración ideal tendría que ser el blanco, la distinción del todo o de la nada.
De manera que debe girar el tal tren rojo, en forma de U, y dar marcha hacia atrás. Tuvo su oportunidad. Recorrer los rieles del pasado tiene que ser su segundo viaje. Su incentivo: haber avizorado, por momentos, el poder y la potestad del Señor en la tierra futura, y prepararse para volver con el formato requerido. Además, disfrutó del paisaje, rápido y lejano a sus costados. Se le da garantías de que el camino de regreso al pasado permanece en buenas condiciones y jamás se daña.
Después de instruírsele en el rechazo y firmar obligaciones, el tren debe aceptar la incineración de su carga. Es más fácil el cambio si, de facto, se empieza a dejar de ser. Entregar sus pertenencias. Arrodillarse y jurar, como ante un señor feudal, para evitar el borrado en el porvenir.
Y esos pasajeros asomados desde las ventanillas deben ser regresados hacia sus orígenes remotos o míticos, hacia un tiempo donde puedan bañarse en las aguas del Leteo, pasando el río Estigia, ensayando mil veces el futuro buscando El Dorado. Una y otra vez naciendo, repitiendo la historia, como medidas reeducativas.


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domingo, 7 de junio de 2026

Las elecciones presidenciales de Venezuela en 2027

El río ha empezado a resonar. La palabra “elecciones” ya se perfiló entre el montarrascal. Por supuesto, hay muchos murmullos entre las briznas de los montes. Pero “elecciones” fue escuchado por los simples mortales, esos a quienes se les dosifica la realidad y se les modela el pensamiento con las redes sociales y las mentiras verdaderas.
El Departamento de Estado llamó al gobierno encargado de Venezuela para instruirlo. Marco Rubio, el secretario de Estado que no ama ni a cubanos ni a venezolanos, dio su veredicto. María Corina Machado lleva meses trabajándolo para incidir en Donald Trump en relación con las elecciones. Y dijo a Delcy Rodríguez el gringo que había que ir preparando las condiciones.
Se vienen, pues, las elecciones. No ahora, como dijera el mismo Rubio y la congresista mayamera María Elvira Salazar. Pero tampoco en el plazo de la previsión constitucional. Serán en 2027.
Cuando el Departamento de Estado llama a la presidente encargada para instruir una ley, operativo o incursión, da plazos muy breves para su ejecución. No de diez minutos, como explicó Jorge Rodríguez en la reunión secreta del PSUV. Tampoco así. Son lapsos semanales, por mencionar un plazo, sin embargo, relampagueantes en políticas, en verdad apremiantes.
No debe haber “presos políticos”, dijo Machado a Rubio. Y éste se lo dijo a Delcy, y pronto se le oirá también a Trump, como si fuera idea de su cuño. Es simple imaginación. Diosdado Cabello, que también recibe llamadas, dejó entrever en unas pantanosas declaraciones que no habrá elecciones en ningún 2030. Había que vaciar, en fin, el Helicoide, y soltar a las avecillas, inocentes o culpables. Rubio siempre remacha sus palabras con el recuerdo del acuerdo alcanzado con la presidente encargada, a quien le reflota que le perdonó la vida. También dejó instrucciones sobre los directivos del CNE, donde siempre hay que purgar con celeridad.
Para los efectos, no importa tal impronta, si los presos son monstruos o santos. Hay que liberar. Es la orden. Las leyes de la república importan un bledo si quienes mandan en Venezuela son los Estados Unidos. Que nadie se engañe. Hay que apremiar esa ejecución de la Ley de Amnistía. Al país deben volver, también, todas esas avecillas políticas que volaron en el exilio. Urge conformar el nuevo ecosistema ultraderechista que habrá de purgar al chavismo y su horrible ideología del país.
Tampoco importan un carajo los plazos constitucionales. Las elecciones vienen. 2027. Si la Constitución manda a escenificarlas en 30 días (falta presidencial absoluta) o en 180 días (la falta temporal del TSJ), es irrelevante. Venezuela está tutelada y punto. Manda el gringo. A una gente que no respeta el derecho internacional poco debe importarle la legislación de un pobre rico país petrolero.


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domingo, 31 de mayo de 2026

Sé traidor, pero, por favor, no quieras que los demás te acompañen en tu triste alegría

Ahora se ha verificado una ofensiva de quienes callaron el golpe del 03ENE26 para convencer a la militancia de que no hubo traición. Iris Varela, otrora radical por antonomasia, dijo que no hubo traición, sino golpe. Héctor Rodríguez explicó que está bien eso de arrastrarse ante el gringo porque Hugo Chávez dio un paso atrás cuando se sublevó, yendo luego a la cárcel. Diosdado Cabello tomó las cámaras de televisión para perpetrar la traición de hundir a un antiguo aliado como Alex Saab. Habrá que suponer que Lina Ron, de estar viva, habría también dicho que es estratégico eso de entretener al tigre con el país para luego recuperar el hueso.
De los Rodríguez no se hable.  Es historia arremolinada contra los árboles. La femenina dice que está allí para salvar al país de caer en las garras de María Corina Machado, aunque su gestión siga el paso de la agenda opositora en su programa de gobierno. El masculino, por su lado, ejerce hipnosis sobre una Asamblea Nacional que, literalmente, ha “ganado” el norte.
Todos, al unísono, de descuidarse el escucha, podrían intentar convencerlo de que Chávez habría hecho lo mismo de estar vivo. Qué fue retórico eso de llamar a los norteños “gringos de mierda” y de ofrecer unos cojones de los que careció siempre. Podrían proponer, además, que Salvador Allende fue un estúpido cuando se inmoló y que la victoria de Vietnam sobre los Estados Unidos es una ficción tan cuestionable como el viaje a la luna canturreado por los embusteros. Nadie diga nada de Irán: ahora todos coinciden en que le ha hecho frente al invasor porque era una superpotencia escondida, con cojones, en nada parecido a Venezuela, un pobre país recogelatas y eunuco, de paso, con un Simón Bolívar muerto.
En la fábula “La zorra con la cola cortada”, de Esopo, la pobre miserable reúne a sus compañeras para convencerlas de que tener cola es un estorbo y que lo mejor es amputársela. La verdad es que, para aliviar el peso de su vergüenza por la nueva apariencia, intentó que todos los demás se igualaran a ella.
Nicmer Evans, un politólogo, dice que antes del 03ENE26, Jorge Rodríguez y su hermana, además de Cabello, fueron convocados por los Estados Unidos a una reunión, sin que se les avisara de que habían sido invitados los demás. El tema a abordar fue la transición. Otra fuente que circula dice que fue el poder económico relacionado con los Estados Unidos el que desplazó la preferencia de Cabello hacia Delcy, recomendándola como “manejable” para suceder a Nicolás Maduro.
¿Qué se puede hacer si alguien decide ser traidor y arrastrado por la historia? La genética actual dice que la cobardía se explica por la presencia de un gen en tales engendros. Vivir plenamente una condición natural tiene que ser una explosión de libertad. La filosofía tradicional china dice que no hay problema con la felicidad de un asesino si no siente remordimiento.
No se quiera, pues, que todos los demás sean libres y traidores como la naturaleza se los demanda a ellos. Estas personas están cometiendo el error histórico de divorciarse de la militancia férrea de cara a un futuro electoral. Y ya se sabe: tal militancia es una columna ideológica que no puede ser doblegada. Es la izquierda, aunque sea lo que queda de ella en suelo patrio.

miércoles, 27 de mayo de 2026

El partido de gobierno está arruinando el afecto de la militancia y se encamina a un hundimiento electoral seguro.

Es grave. Si el gobierno encargado es tutelado, como la fuerza de la razón lo pinta, entonces se encamina a un seguro hundimiento popular. Es matemática certera. Si en el país de las confrontaciones medio mundo no comulga con el partido de gobierno, la otra mitad, la que lo apoya, está siendo erosionada.
Ningún país como Venezuela tolera tanto avergonzamiento de su ser nacional e histórico. Es la mala suerte de los políticos sumisos y sin cojones. La gente, con ese rumor arquetípico sobre su gloriosa gesta emancipadora, ya tiene su predefinición libertaria. Eso no se borra porque son los genes impalpables de la psique, tan determinantes como la sangre y los huesos en el ser humano.
Suponer que a ese engaño inicial del 03ENE26 pueda suceder un período largo e indeterminado de indecisión ciudadana es pecar de ingenuo, lo cual es mortal en política. Creer en la existencia de una especie de licencia para conducir tontos es ser más tonto que la creencia misma. La conciencia tiene semáforos.
La erosión de la parte afecta estriba en la acumulación de colmos. Y ya se apelmaza un peligroso calibre de ellos. El primero es no hablarle claro al país sobre la situación política después del 03ENE26. Se pretende, suicidamente, preservar el poder político a costa de la independencia nacional, invitando a la militancia a compartir el pecado. Tal es un daño al patrimonio. Urge desistir.
Modificar las leyes del país en materia de riqueza nacional a favor de potencias ocupantes es la prueba contundente del delito. No disimula el crimen el retórico argumento de la apertura económica para atraer y diversificar la inversión extranjera. Tolerar que dicha potencia extranjera administre los ingresos de las ventas petroleras es la bandera más horrorosa de este primer delito patrimonial.
El segundo colmo es jugar con los símbolos y la vergüenza, no tanto ya de los militantes, sino de la gente racional del país: por un lado (el de las ideologías), meter una embajada gringa en Caracas cuando la genética ideológica del militante no lo toleraría es una irreverente falta; por el otro lado (el de la racionalidad), dejar sobrevolar el espacio aéreo por las mismas naves que condujeron secuestrado al presidente de la república en la agresión del 03ENE26 es violentar el decoro y el amor propio de quien piensa a Venezuela como un país serio.
Por supuesto, en la psique de todos pesa la mentira sostenida sobre lo que sucedió en esa fecha inicial, el pecado o colmo original.
En otras palabras, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), partido de gobierno, está expulsando a sus partidarios con sus acciones y omisiones. Se reitera: preservar el poder político a costa de hundir la polis es suicida.
La lógica del tutelaje dice que se llamará a elecciones justo cuando la parte afín partidista se encuentre significativamente quebrada, militando en la adversidad. Sería la hora del hachazo final.


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lunes, 25 de mayo de 2026

Delcy y Jorge Rodríguez, Vladimir Padrino, Yván Gil, Héctor Rodríguez, Indira Urbaneja y demás cobardes cuida-cargos ante el espejo de la historia

1000 años antes de Cristo, un joven pastor derrota a un gigante filisteo. Lo sacó de su convencional esquema de combate (cuerpo a cuerpo) y lo enfrentó con una honda. Sin que hubiera manuales exhaustivos sobre la guerra asimétrica y anteponiendo la supervivencia a la arrogancia, venció.
En la Venezuela de 2026, tres mil años después, con ingente cantidad de manuales recopilados, sus políticos petroleros y bananeros cuestionan la ilustración histórica de David. Como fueron humillados por los Estados Unidos el 3 de enero y se dejaron birlar al presidente del país, justifican su cobardía ante el Goliat del momento con el cuento de que es un enemigo mucho más que el antiguo Goliat.
En esa retórica están incursos la presidente encargada de Venezuela (Delcy Rodríguez), el presidente de la Asamblea Nacional (Jorge Rodríguez), la misma Asamblea Nacional en pleno, el ministro de la Defensa (Vladimir Padrino) y otros políticos y comentaristas de menor catadura, como el canciller Yván Gil, el exgobernador Héctor Rodríguez, la influencer Indira Urbaneja, entre otros muchísimos que cuidan el cargo y encargo de la cosa política.
En 480 a.C., el rey Leónidas contiene al desmesurado ejército persa. Con 300 guerreros y el apoyo de unos miles de griegos, obliga al enemigo a una confrontación asimétrica en un estrecho, induciéndolo a su modalidad hoplita de combate. Fueron derrotados, pero, grosso modo, determinaron el rumbo victorioso de las Guerras Médicas.
En la Venezuela de 2026, al soldado que no disparó para defender a su país ante el ataque de los Estados Unidos ni siquiera se le ocurrió que su trabajo y esfuerzo podrían haber dado lugar a un mañana de independencia o esperanza, por lo menos. Obedeció una orden espuria; o, peor aún, no hizo nada. Se echó a dormir, como les respondieron a los familiares que los consultaron.
En 1812, durante la guerra de independencia de México, José María Morelos resistió durante 72 días el asedio del ejército realista, superior en fuerza y número. Antepuso la necesidad y supervivencia de los suyos a la confianza del enemigo, para romper filas posteriormente y vencerlo.
El 3 de enero de 2026, bastó un par de horas para colonizar a un país que estaba avisado de guerra. Venezuela se rindió a pesar de contar con un arsenal de primera línea militar y un ejército, presuntamente, hijo de la heroicidad de Simón Bolívar.
En 1819, en Boyacá, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander vencen a los realistas a pesar de anteponer campesinos y voluntarios a la fuerza expedicionaria del ejército español. En 1821, un Bolívar debilitado y con menos recursos logra la victoria en Carabobo con brillantes estrategias, el apoyo de José Antonio Páez y la Legión Británica. En 1822, en Pichincha, Ecuador, el ejército fatigado de Antonio José de Sucre, vence a los españoles en un terreno escarpado.
En 2026, los hijos de estos próceres, alegando la estrategia de cuidar el cargo político, ceden la carísima soberanía histórica a unos extranjeros que apenas dispararon para prenderlos.
En 1954, las fuerzas del Viet Minh (Vietnam), ensayando claramente una estrategia asimétrica, echan a los franceses de su país a punta de la famosa guerra de guerrillas. Transportaron pieza por pieza artillería ligera a través de la selva.
En la Venezuela de 2026, enero, al parecer hubo la orden de apagar radares y dormir ante la incursión de naves invasoras al espacio sacro bolivariano. Ni las explosiones de las bombas despertaron a los obedientes soldados.
En 1957, Fidel Castro, con unos cuantos “barbudos” de su Ejército Rebelde, atacó el cuartel de Fulgencio Batista y lo expuso al asedio constante de la guerra de guerrillas, doblegándolo, finalmente.
¿No basta, acaso, la historia para seguir argumentando que el enemigo estadounidense era muy grande como para enfrentarlo y que era mejor salvar el pellejo, aunque la patria se perdiera? ¿Es que, por desventura, los militares venezolanos no estaban ese día hechos de la misma carne y sangre que el pastor David o los lanceros de Páez en Carabobo? ¿O es que son los soldados del ejército venezolano unos seres humanos huérfanos de historia, ajenos a la galaxia heroica de sus padres independentistas?
Es claro que esta ilustración magnánima rebasa la pobre capacidad de un político vendido del partido de gobierno (PSUV colonial), cuidando cargos y prebendas. No disponen de neuronas para contraargumentar. Lo que puedan decir para sustraerse del infame cargo de cobardía y traición los hunde más en el fango de la vergüenza.

sábado, 23 de mayo de 2026

Maldito el soldado que no disparó el 3 de enero

El trabajo moralizante que hizo Hugo Chávez en las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) fue histórico. Se entendió que fue para bien de la integridad republicana. Eso de que un soldado que dispara contra su pueblo y de que es libre de no ejecutar una orden directa si es contraria a la moral humana sonó, en un principio, imposible de digerir.
Pero, al paso del tiempo, cuando cundió entre las filas la doctrina de lo cívico-militar y el ejército se curtió con la experiencia de las intentonas contrarrepublicanas, se pudo empezar a creer. Golpes de Estado, conspiraciones imperiales, pitiyanquismo, creación de la Milicia Bolivariana, diferenciaron al gobierno bolivariano del formato militar tradicional, servido a las élites, al crimen disciplinado y a la alienación proimperial.
Empezó, pues, a aparecer la figura del pueblo en la catequesis militar, el nacionalismo esencial, el amor bolivariano por la patria y la historia, la historia misma y la difusión de la épica independentista grancolombiana. Se dijo, en fin, que había una revolución, un cambio, una ventana al futuro, un ser diferente… Y, en verdad, eso del soldado humanista, pacifista aunque armado, incapaz de un tiro contra su pueblo y contra la madre patria, se hizo factible en el pensamiento venezolano.
Sin embargo, después de los tiros e invasión del 3 de enero de 2026 (03ENE26), donde el país fue mancillado por una potencia extranjera, su presidente secuestrado y su pueblo asesinado, esa esperanza mostró su cara de utopía lastimosa. Las FAN no habían evolucionado un ápice o, por lo menos, no comprendieron el espíritu de los cambios. Se quedaron de fusiles caídos y, aunque no dispararon contra su pueblo, lo permitieron.
Obedecieron una orden directa de no disparar, de no repeler el ataque, lo cual equivalió, como se vea, a disparar contra el pueblo, contra su país, contra su casa, contra la historia y el porvenir. Arrodillarse, declinar… Cubrirse de indignidad y cometer el crimen de la omisión. Murieron más de cien personas, se cometió un crimen de lesa humanidad, se profanó el suelo sagrado y el uniforme militar, en vez de cubrirse de gloria, cubrió el alma de un soldado cómplice de cualquier dictadura.
Hubo un crimen. La historia demandará juicio y reparación. La patria se cubrió de vergüenza y es un hazmerreír universal. El soldado en revolución no pasó la lección y se quedó con lo de siempre, obedeciendo órdenes inmorales, matando a su pueblo y sirviendo a los poderosos. Incapaz del distingo, no logró entender que no cumplía con su misión al no defender a la república, creyendo, tal vez, que la salvaba al dejarla naufragar.

viernes, 22 de mayo de 2026

El nuevo poder económico detrás del desecho de Alex Saab

Se explora. Se investigan cosas. Se topa el hombre con cosas. La verdad, aunque a veces del tamaño de un estadio de fútbol, no es visible al estar tapiada por barro o polvo. Otras veces es como un grano y se la lleva el explorador incrustado en la suela del zapato, sin saberlo.
Alex Saab es, sencillamente, un cambio de época. De un momento a otro, en virtud de un tiroteo en una zona militar de Caracas, experimentó la locomotora del tiempo sobre su cuerpo.
Los vikingos ya sabían de América, mucho antes de que la bautizaran a lo español o italiano. Se encuentran cosas. El sol, la luna, los planetas… Circulares o cuadrados, hieráticos o paganos.
El hombre fue el cerebro de una maquinaria inteligente que burló las sanciones y cumplió la misión de abastecer a Venezuela. Se afincó en personeros financieros del mismo poder que sancionaba y los embaló en una dinámica furtiva de compra y venta para el país suramericano. Estados Unidos, Europa, Turquía, Vietnam, Irán…
Se descubren trampas vergonzosas. Saber, por ejemplo, que los chinos o griegos ya lo habían dicho todo fue un acto de conocimiento portentoso en su tiempo. Pero, presentar ese conocimiento lejano o vedado como invento o creación, no deja de ser una estafa histórica. La circulación de la sangre en el cuerpo humano (William Harvey), la teoría heliocéntrica, los viajes a la luna… Si no trampas, puras mentiras del mundo occidental.
Se apoyaba en un famoso banquero estadounidense que, junto a una petrolera, nunca dejó de operar en Venezuela, cortinas adentro. Saab los beneficiaba por su furtividad, incorporándolos, con PDVSA, en los actos de permear el sistema sancionatorio. No solo llegaban alimentos a los CLAP, sino que también cubrieron áreas relacionadas con la defensa nacional. Rusia, Irán, China…
Claro, hay detalles que son difíciles. El descubrimiento de la rueda por los sumerios o de la agricultura por gente que vivió en Siria nunca podrá conocerse de modo personalizado. Pero son hechos circunscritos grosso modo. Descubiertos.
Pero cobró realce un financista de la campaña de Donald Trump, que persistía también en Venezuela, como la petrolera y el banquero. Y se le sumó luego al juego un empresario aliado de Trump, conocedor de Venezuela. Así derrotaron al banquero y obraron el cambio de santo y seña financieros en el país. Es decir, los negocios cambiaron de manos: a la era de Nicolás Maduro le sucede la de Delcy Rodríguez, recomendada al hombre naranja por estos empresarios como figura manejable. Llegaba, pues, la hora de los desechos y de los reacomodos del poder. La nueva clase.
Hay gente aún que dice que es nuevo el conocimiento de que la Tierra es redonda.
Después de deportarlo, porque ahora estorbaba, los bártulos de Saab pasan a los nuevos operarios. Su conocimiento financiero, artimañas incluidas (nombres de infractores estadounidenses contra su propio estado), será utilizado para hundir aun más al banquero derrotado y, tal vez, al mismo presidente encarcelado. Guerras comerciales de siempre.
A veces, sin tocar la realidad física, con sólo ver o imaginar, el pensamiento descubre y reconstruye cosas. Sócrates, Carlos Marx… Marx, a propósito, dejó sentado que la fuerza que modela sociedades y hasta la historia misma es la económica.
 
 


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martes, 19 de mayo de 2026

De sucesor de Hugo Chávez a Capitán América

¿Y ahora por quién votar? Diosdado Cabello se acaba de suicidar políticamente por el tema de Alex Saab. Era percibido como el último bejuco al que aferrarse durante la caída en el barranco.
El “hombre fuerte”, decían algunos. El sucesor natural de Hugo Chávez. El pertinaz. El ministro de Interiores que no perdonaba una ofensa. El que, tiempo atrás, sometió al periódico El Universal al pago de una indemnización por difamación. El implacable al que parecían ofrendarle cada opositor que era penalizado en las redes sociales con los famosos “tres doritos después”, esto es, la violación de la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (de posible anulación en estos tiempos de colonia).
“Era” porque, puede decirse, quedó despojado de sus poderes en el acto cuando refrendó la deportación del neogranadino hacia los Estados Unidos. De inmediato corrió la bola nacional de que, pudiendo tener armas nucleares en su haber, había dejado de inspirar confianza en la audiencia política, esa que no come cuentos de miedo desde que el sufragio es lo que es, un acto universalmente secreto.
El hecho de sumarse al coro de los hermanos Rodríguez como el nuevo poder tutorado de Venezuela quebró la esperanza de ese eventual votante, buscador del patrio consuelo en medio de la vorágine colonialista del momento. Hundir en el fango a un antiguo compañero de lucha, no importa que colombiano o demente, sonó feo en el alma magnánima del venezolano.
Fresco está en la memoria cuando, junto a los Rodríguez y muchos otros que detentan cargos, participó en la costosísima campaña del país para pedir la liberación del exministro de Industria y Producción Nacional. Eso fue un marchar de la militancia casi a diario. Y esa victoria de lograr liberarlo desde la gestión de Joe Biden sentó un precedente prestigiosísimo del país ante el mundo.
Pero de pronto, para pasmo del ser político, del pobre venezolano ─amellado en su capacidad de asombro─, aparece en televisión revelando el hallazgo de que el hombre era colombiano, portador de cédula falsa. ¡Si había sido ministro y su compañero mismo de trabajo… debiéndose conocer ese “secreto” desde hacía tiempo! Hombre de confianza del presidente de la república, al servicio de la causa de luchar contra las sanciones, rodando por aquí y por allá en el mundo en busca de la papa para los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). ¿Qué importancia podía tener, para el caso de que fuese culpable de qué? ¿Es que acaso aquí los únicos que pueden ser imperfectos son los estadounidenses con sus asesinatos y pisoteos del derecho internacional?
La gente gritó traición e ingratitud, y borró un tarjetón electoral de su alma, en medio de un panorama político derruido nacionalmente. Lo más pecaminoso de la asina movida de Cabello es que Saab será utilizado para acusar a Nicolás Maduro en los Estados Unidos y eso, como se ponga ante la percepción, es obra suya.


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lunes, 18 de mayo de 2026

El PSUV como espectro bolivariano: urge su desmantelamiento

Según lo han demostrado los hechos, a partir del 3 de enero de 2026, la ferocidad política del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se dirigía contra el presupuesto de una oposición venezolana traidora. No contra factores extranjeros. No más.
De hecho, desde el punto de vista existencial y doctrinario, el PSUV requiere esa adversidad, del mismo modo que el bien se justifica con el mal y viceversa. Le da ser, brillo y carácter patriótico. Siente revolotear el espíritu de Simón Bolívar entre sus filas militantes. Se siente, en fin, partido con ese montón de venezolanos abominando de la patria. ¡Plomo!
No parece indignar tanto un extranjero que entre al país y se robe un lingote de oro como una pila de paisanos ondeando una bandera gringa. ¿O no ha sido eso lo que han demostrado los hechos después de la fecha indicada?
Mucho fue el que pagó prisión por una bandera o comentario traicionero en las redes sociales o cotidianidad callejera. Mucho fue el que emigró. La furiosa Asamblea Nacional (AN), imbuida de sacros sentimientos nacionalistas, condenaba, prácticamente, de manera serial a esas pobres criaturas.
A tales tontos se les ajustaban las cuentas por hacer o soñar con lo que los extranjeros, primordialmente estadounidenses, hacen en la actualidad. Cargar con su oro y petróleo venezolanos. No amerita pena el fondo, sino la forma. No se trata, finalmente, de dolerse por la muerte concreta de la república, sino del cómo de esa muerte.
Y, por lo visto, morir bajo el peso del calzado de tanto gringo caminando encima del país, llevándose cosas de aquí y de allá, no es tan grave como perecer bajo el mal deseo de un paisano aplaudiendo semejante expolio. Las consignas “¡Muera Chávez!” o “¡Viva el norte!” fácilmente podrían haber inspirado la promulgación de la pena de muerte por parte de la AN. Y habría sido fácil, también, adivinar en la exposición de motivos de tal edicto la referencia al capítulo histórico de la guerra a muerte, decretada por Bolívar so pretexto de salvar a la república.
Habrá que concluir, pues, que esa invitación de los estatutos generales del PSUV a ser anticapitalistas y antiimperialistas ─al grado de tomar las armas─ es sólo una narrativa hueca dirigida exclusivamente contra venezolanos alienados. Porque el mal ideológico y doctrinario ─para ponerlo en estos términos─ anda caminando impúdicamente por ahí, a punto de ordenarle a la AN impunidad en favor de su persona y actos.
Es triste la historia del partido, glorioso en la actualidad sólo porque lo gestó Hugo Chávez. Descolocado, sin dirección, desvirtuado, urgido de venezolanos proimperialistas y traidores contra los cuales ensayarse con su letra, como Leopoldo López, María Corina Machado, Juan Guaidó o Julio Borges. El PSUV requiere, desesperadamente, de “vendepatrias” contra quienes gritar y marchar, no de “comprapatrias” en plena acción. Estos, por el contrario, de facto, son tolerados, celebrados, agasajados…
No cae en cuenta ese partido de que, cuando es él quien regala el país al extranjero, el espíritu de Bolívar deja de ser tal para convertirse en espectro.


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lunes, 11 de mayo de 2026

Uranio y petróleo sin patria

Todo el mundo teme al uranio, todo el mundo podría amarlo. Más que al petróleo mismo. Es poder, poder sin fronteras. Extermina nomás mencionando que se posee en forma militar. Es la guerra y la victoria; o su ahorro. En términos inmorales, podría ser el fin humano; en términos responsables, un renacimiento.
Con uranio nada faltaría para el guerrero. Con ufanarse éste de que lo tiene, podría ser dueño del oro, negro y blanco. El uranio hace que el metal y el miedo manen. Obra milagros. Japón sintió la primera bomba de uranio, la de Hiroshima, y luego se rindió. Sin embargo, su vencedor, los Estados Unidos, lo siguieron castigando con un segundo explosivo, esta vez a base de plutonio-239: el de Nagasaki. Pero, aunque el plutonio-239 químicamente es diferente, lo derivan del uranio, y eso, en términos de poder, es lo mismo.
De modo estratégico, Venezuela lo tiene en grandes reservas naturales, en Roraima, estado Bolívar. 75.000 toneladas. Las grandes potencias lo tienen, por supuesto, ya sintetizado en bombas nucleares. Otros, como Irán, también lo tienen, oculto, de contrabando, perseguido, formalmente en proceso, ansiando ese enriquecimiento del 80%. Israel es un caso de tenencia descarada, sin licencia y sin control, en elaboradas bombas de destrucción masiva.
No se habla mucho de eso, pero, como todas las cosas relacionadas con el poder, reviste un silencio escandaloso. Donald Trump y Benjamín Netanyahu lo buscan. No lo ocultan como apetito. Quieren el de Irán porque los amenaza, les enmaraña el futuro.
Petróleo y uranio son una combinación perfecta. Es como la sangre en la mano que aprieta el gatillo armamentístico. El sueño ideal del guerrero es tenerlo con exclusividad, a solas. Son minerales imbuidos de una naturaleza humana en extremo egoísta. Son como las armas de Aquiles: un regalo de los dioses para un portador único. Por cierto, durante la guerra de Troya, Ayax se suicidó cuando no se le adjudicaron.
Pues, así habrá de ser lo que se cocina en el Medio Oriente. Talismán o escudo, no lo pueden tener dos. Sólo Israel. Irán, de tenerlo, invitaría a ser erradicado. De eso se trata la preponderancia geopolítica. El poder de uno.
Con su poder de potencia uránica, los Estados Unidos sólo tuvieron que exponer su imagen para derrotar a Venezuela y capturar a su presidente, sin rasguño, sin respuesta natural de sus fuerzas armadas. Es el juego militar de las potencias nucleares: el miedo, la intimidación contra los pendejos que se esconden allá abajo. Tomó su petróleo, bautizando con su color oscuro la cobardía del vencido. Tal es la narrativa que los poderosos aspiran no solo para el Medio Oriente, sino para el mundo entero.
Más allá de Venezuela como campo de entrenamiento uránico y petrolero, puede hablarse de una jugada en extremo vital para los Estados Unidos en su afán globalista y geopolítico. La adquisición de ese petróleo constituye un combustible crucial para enfrentar el poder rival en el mundo durante décadas. Suero, oxígeno, pan. Pero lo terrífico e insólito es que, si se llegaran a certificar las 75.000 toneladas de ese uranio bolivariano, el golpe de colonizar a Venezuela habrá que considerarlo maestro.
Se trata de tener como granero al país con las mayores reservas de petróleo del planeta y al onceavo tenedor de uranio, el segundo en Latinoamérica, después de Brasil.
Por lo pronto, como para ensayar cuáles sabuesos y para proyectar lo que habrá de ser el futuro de explotación, los estadounidenses se acaban de llevar 13,5 kg de uranio enriquecido al 20% que estaba en un reactor del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Presuntamente, lo instalaron los británicos con los estadounidenses, era un material de los norteamericanos, con una condición confiscable en virtud de un tal tratado de no proliferación nuclear. Un país vencido no cuenta para portar armas ni aspiraciones tecnológicas.  Su lugar es el suelo de las provisiones.
 
 
 

martes, 5 de mayo de 2026

Parte de guerra, Medio Oriente: ruptura del estancamiento e inclusión de Emiratos Árabes Unidos en la contienda

Se desató el Medio Oriente. Guerra. Se hablaba de un estancamiento de las negociaciones porque el emperador estadounidense no lograba sus objetivos y los rebeldes persas persistían en su cierre, tregua de por medio.
Sus objetivos son, claramente, los de Israel: deposición iraní del programa nuclear, astutamente entrabado en un marco de involucramiento mundial, como lo es el cierre del Estrecho de Ormuz. Es decir, la virtual erradicación de la nación persa.
El estanque se llenó de lodo cuando la OTAN, el presunto aliado de los Estados Unidos, se negó a participar en la aventura. Ello dio pie a una soledad aventuril, que se incrementó con la reprobación de actores como China, Rusia, India, Pakistán... O el mundo entero.
La iglesia hizo lo suyo con la condena papal. España, más allá de una presunta obligación de apoyo por ser miembro otanista, se zanjó en diatribas con Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
El mundo energético empezó a dar traspiés ante una guerra que, al parecer, no era necesaria, y empezó a señalar culpables. Caída de las bolsas, precios del petróleo elevados, carencia de combustible, quiebre de empresas dentro de los mismos Estados Unidos… Nadie acusa directamente al emperador por precaución diplomática, pero todos saben de su responsabilidad desde el momento en que entienden que Irán no inició el embrollo.
Los mismos países árabes aliados, prestados para la jugada de atacar al persa, actúan con recelo. No tenían esa guerra en casa. Se la llevaron, siendo lo peor que, al consentirla, apoyan los intereses del enemigo histórico hebreo. Un lío.
Ahora, forzando un poco la talanquera del estancamiento, los aliados han puesto en marcha dos ideas para buscar reacciones y revolver el fondo del agua. Por un lado, la separación de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP, para debilitarla (interés histórico de los Estados Unidos); y, por el otro, el Proyecto Libertad (pasar barcos escoltados por una flota militar), para desafiar el control iraní sobre su estrecho (interés israelí de reavivamiento militar). Grande es la esperanza de lograr que los árabes guerreen y se sacrifiquen por la dupla aliada.
Pero tal ruptura del estancamiento, que los occidentales consideran respetuosa de la tregua, no ha salido de lo mejor para el provocador. Irán ha atacado a los navíos infractores de la aventura, de varias nacionalidades: Corea del Sur, Inglaterra, Estados Unidos… Y ha atacado a los EAU por ser próxenos de la agresión extranjera.
No hay información precisa sobre si el destructor estadounidense atacado por los misiles de crucero ha sido hundido o averiado. Lo cierto es que han tenido que retirarse los gringos, sin embargo, en medio de una perspectiva flagrante de guerra, contenidamente activa. La novedosa inclusión de EAU en la contienda parece un hecho inevitable. Los aliados buscan vengar el ataque que sufrieron desde Irán, generando con ello una dinámica de obligación y participación de un tercer actor en la contienda contra el Eje de la Resistencia.
Para ello lo sacaron de la OPEP, puede decirse. Se llama drenaje del empozamiento y escalada bélica.


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miércoles, 29 de abril de 2026

La solución final contra Irán

Es un colmo. Irán no ha caído. Por el contrario, está en una situación ventajosa, de fuerza con su estrecho de Ormuz. El país que a lo mejor se entregaba como Venezuela, se ha alzado no sólo como un rival formidable y resiliente, sino que ha ingresado al concierto de las potencias militares.
Donald Trump hizo el trabajo. Con sus inútiles ataques, lo ascendió y condecoró. Allí está el país persa, con sus drones, sus misiles, sus fronteras protegidas, sus aguas bajo control, con su exigencia atómica. El estrecho está bajo su dominio, aunque la flota estadounidense, más a un lado, aplique el bloqueo naval.
De modo que los objetivos no han sido alcanzados. Los iraníes no se han sentado a conversar, tienen los diques de sus aguas y aclaran que jamás desistirán de su desarrollo nuclear. De paso, el mundo responsabiliza a Trump del desastre económico mundial. Vino el gringo a echar a perder un poco más el planeta. El alemán, el francés, el inglés, por mencionar a tres de las siete plagas del belicismo secular, pagan hoy más por la energía. El sarcasmo de la situación es que ellos, no siendo los que lidian con los iraníes, reciben el peor daño. ¡Gracias, Trump!
Pero no se trata nada más de los Estados Unidos con la capa caída. Israel es, en verdad, el perdedor de fondo. Su trabajo de hormiga de aliarse con sus primos árabes (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, etc.) para hundir al persa no ha resultado. Tampoco el esfuerzo que dicen que aplicó para enmarañar al hombre naranja y arrastrarlo a la guerra, aunque se sepa que esto es una falacia.
Irán no se sentará a negociar si (1) el estrecho no queda sin cuestionamiento a su arbitrio, (2) si no se le reparan los daños de guerra y (3) no se le acepta su desarrollo nuclear. La tarea desplegada para enemistar a ambos líderes en la región (Arabia Saudita e Irán) ha sido inútil.
Además, hay que considerar el hecho de que esta contrariedad es su segunda derrota. La primera fue la Guerra de los 12 días. Quedó tan vulnerado con los ataques misilísticos que, para no rendirse, Israel debió pedir apoyo a Washington.
Hoy, de acuerdo con rumores, anda sin municiones, como Estados Unidos sin misiles. Y el país persa, por el contrario, aprovechando la tregua, se ha apertrechado. Drones a granel, lanchas “avispas” por colmenas, túneles secretos rebosantes de misiles.  El panorama pinta hacia gris. Tarde o temprano se habrá de entender lo que se traga en la guerra: si no puedes con el rival, siéntate con él. Y tendrán que conversar con odiadas ganas.
Algunos opinan que a Trump le cayó del cielo el atentado que sufrió durante la cena con la corresponsalía de prensa. De hecho, otros analistas hasta piensan que pudo haberlo procurado. El asunto es que le permitió un poco desviar la atención del bendito Medio Oriente, donde la vergüenza se ensaña en ridiculizarlo con un score de 1 a 0 (allí no ha logrado nada). Otros más audaces especulan que no extrañaría que el educado profesor del atentado termine siendo pintado como un enviado del ayatolá. Ello ayudaría a revertir los niveles públicos de descontento y a licenciarse para acciones militares más cuestionables en el Medio Oriente. La sombra del desastre militar contra Irak, en 2002, amenaza con extenderse también desde Irán.
El lado oscuro de la victoria es que, quien mal pierde, podría aflorar en desesperación. Y allí están las armas nucleares, en Israel. La doctrina que describe a Irán como “enemigo existencial”, denominada Sansón, podría cobrar forma. Atacar nuclearmente al país persa podría ser una vía expresa para erradicar al enemigo, aunque el país hebreo quede bajo condena por siglos. No obstante, el razonamiento consolador es que quedaría vivo. De allí que Irán tenga razón en su busca nuclear: la simetría con Israel equilibraría.
La tesis no es descabellada. Pensadores hay que desde hace rato le dan vuelta. Europa aumentó su gasto militar (Alemania, España). Estados Unidos lo subirá hacia una cifra sideral. El riesgo nuclear ha subido en el mundo. Un país como Corea del Norte ha expresado un criterio pesaroso; otros, como India y Pakistán, interactúan con la región y han sufrido el revés energético para sus economías. Podría estarse hablando del inicio de una vorágine.
La otra cara del ascenso geopolítico y militar iraní es su destrucción.