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sábado, 30 de mayo de 2015

El petróleo y su efecto castrador sobre el venezolano



I
El petróleo es el lío, sabido es.  Dota y castra a una vez a quien la suerte tiene de bañarse en él.  Sabido es también que es un material precioso debajo de la corteza terrestre tanto más cuanto se sabe que se acaba.  De él sale casi todo lo que el confort humano pide, como producto acabado o como maquinaria que trabaja para producirlo.  Sobra hablar de ello.

Hubo un tiempo (tiempo de navegantes y trueques, era de sumerios, asirios, griegos o romanos) en que la sal era tan preciosa y útil que como moneda se utilizaba.  Y así pasó también, más avanzado el tiempo, con las especias en las llamadas indias americanas e indias asiáticas, como los nuevos ingredientes descubiertos para la salud, la comodidad y la vanidad humanas.

Para quien en petróleo, sal o especias se baña, mirándolo monótonamente como adorno del paisaje, puede apestarle el petróleo, la sal o las especias.  Pero si de pronto descubre, como navegante o de oídas, que otras gentes en otros lares sal no tienen, especias ni petróleo, a lo mejor se hace navegante comerciante, y se resuelve monetariamente la vida, para decirlo con actualidad, sabiendo que sólo tiene que inclinarse para tomar el recurso de la superficie o entraña de la tierra y venderlo a quien tan lejanamente lo necesita.  Tierra adentro, donde el mar no penetra, pueden los hombres locos dar la vida por unos terrones de sal o palitos de canela.  Nada más simple para hacer felices a otros y ricos a sí mismos.

II
Pero entraña un riesgo eso de poseer, disponer y manipular (sin ningún esfuerzo humano) lo que naturalmente la tierra da a unos sobre el mar de necesidades de otros.  La mente, la creatividad y la conciencia se secan de tanto doblarse la espalda en medio del acto de tomar y vender para llenar la alforja.  Quien anda en abundancia declina y quien en necesidad, prospera porque honra el camino de exigencia de la evolución de la especie.  La historia y ficción hablan arduamente al respecto.  Los romanos, saturados de riquezas y sensualidad, cayeron ante el bárbaro quejumbroso, bélico y deseoso de un mundo mejor y más equilibrado.  En una novela de H.G. Wells los ricos se atrofiaron de tanto no hacer nada, ahogados entre el poder y el confort; y los obreros evolucionaron al grado de una siniestra mutación, perdidos entre sus necesidades y ruidos de las maquinarias que operaban, para tomar el control del mundo y comerse a los ricachones como a ganados desde el fondo de la tierra.
 
A quien el petróleo, la sal y las especias faltan, viven en la imaginación perpetua de su necesidad, naturalmente una sana y hasta lógica necesidad.  Un preciso lugar común aterriza acá:  la necesidad es madre de toda invención humana.  Si no pueden tomar en un primer impulso los pozos petroleros o las salinas para quitarse la preocupación existencial de su carencia, resignadamente están llamados a obrar maravillas con la cantidad que puedan comprar.  Y contraatacar, devolviendo una moneda pulida y reelaborada a aquel holgazán vendedor, hecha a base de la preciada sustancia comprada.
 
Cosa que ha ocurrido, suerte de bumerán de la historia y de la sinergia civilizatoria.  Se quedó el vendedor vendiendo, quizás con mucho dinero y también otras muchas necesidades; y el comprador inventando, innovando, intentando compensar con su ingenio lo que no tiene, viviendo y remediando.  Háblese de petróleo, él único rubro poderoso vigente de la triada del ejemplo:  quien lo produce se quedó para país productor y quien lo consume (todo mundo pero prioritariamente los países industrializados) para país avispado e innovador que suele devolver la moneda con productos derivados y sofisticados.

III
Vive Venezuela una guerra económica.  Falta de todo, mucho de ello pamplina derivada del petróleo, producida en los países compradores.  Pero más allá y vitalmente imbricado con la cotidianidad y supervivencia, faltan los alimentos:  el arroz, la carne, la leche y otras denominaciones que la cultura de un pueblo acostumbrado a vender y a no producir ha puesto en boga como extraterrestre monedita de oro.  (Por cierto, el oro no abunda para nadie en la Tierra y al respecto todo el mundo aviva el seso para conseguirlo).
 
Venezuela tiene agro, pero no camina como industria porque es más fácil pensar en petróleo, que mana del suelo a chorros.  ¿A qué partirse el lomo debajo del sol sembrando papa si con tomar un barril, llenarlo y venderlo ya hay dinero para comprar un camión?  Y así con la tecnología y la posibilidad científica para innovar en la vida:  ¿para qué inventar sin con la plata del petróleo, que mana gratis del suelo, se puede comprar lo necesario a otros países que sí se dedican a tales menesteres invectivos?  Se ha llegado al colmo del conformismo que ha podido oírse en la calle al venezolano comentar que los yacimientos de petróleo son del pueblo (no se niega) y que el Estado debería depositarle a cada habitante una cuota de las ventas de petróleo (cuestionable).
 
Al venezolano se le secó la mollera con la producción y venta facilistas de petróleo.  Descuidó su ingenio y capacidad de supervivencia, viviendo como si fuera un imperio que se imagina infinito e imbatible en su reverdecer.  Pero de pronto caen los precios de las ventas de petróleo, de los cuales vive, y el porvenir se quiebra, encontrándolo con que no sabe producir lo que come, una papa, criar una gallina, de paso dependiendo hasta el alma de lo que venden los países compradores de petróleo, para mayor ironía.  Quítese ahora mismo el petróleo a Venezuela y perece como país, como Estado, con hambrunas, revueltas, invasiones, espectáculo lamentable de humanos vagando sobre la tierra aquejados, además, por un invencible dolor de cintura y espalda, aquel que tendría que haberle quedado de su antiguo oficio de doblar y levantarse para llenar el galón de petróleo.
 
Hubo un tiempo en que los EE.UU. se levantaban como maquinaria, poblada por hombres luminosos de ciencia, ajenos a la barbarie que como cultura capitalista hoy define al país.  Uno de ellos fue Thomas Alva Edison, traído a la ocasión por su condición de inventor.  Su biografía habla de que acometió un invento cada quince días y que patentó alrededor de mil a lo largo de su vida, dotando a su país natal y a Europa del perfil tecnológico necesario para afrontar la contemporaneidad.
 
Es un momento de crisis no sólo para Venezuela.  El mundo se desgaja por más costados del que debiera, y el país de Simón Bolívar no escapa a los vientos.  Pero desgajado el mundo, algunos países lo serán menos que otros, y pervivirán aquellos que, desprovistos de los comodines que provee la telúrica naturaleza (muletillas de la existencia), solos consigo mismo, con su ingenio y maravilla para la autosuficiencia, sepan y puedan procurarse un elaborado producto de la misma tierra petrolera, un plato de arroz cultivado, una tajada de proteína criada, que en nada tiene que ver con consumir un tazón de hidrocarburo.  El planeta siempre será agrícola y pecuario, y la tierra esa enorme materia para la alimentación humana, sea ya con el cultivo, la cría o la extracción, pero siempre con el conocimiento de saber preparar a partir de ella.
 
La crisis, esa larga cola que no consigue alimentos, insumos diversos o periquillos de cualquier tipo, o que no los sabe generar, tiene que convertirse en una oportunidad para que el gobierno nacional la asuma y la convierta en una carta a su favor, trabajando con la gente, con las comunidades afectadas, con el pueblo, con ese ignorante existencial malogrado por el petróleo, invocando sus capacidades creadoras para que se supla a sí mismo, para que se dignifique y levante, invirtiendo para enseñarle, dotándolo de vida y herramientas, siempre con la conciencia, con el principio, con la elemental noción  de que se debe aprender a vivir con el conocimiento de saber amasar la tierra y no dispensarla fortuitamente como un chorro que se dilapida a los cuatros costados.
 
El petróleo no es el alma, ni el ingenio, ni la humanidad, ni el alimento del venezolano.  Es una sustancia perecedera que se debe agotar y cuando ocurra no debe quedar la sensación del vacío de una humanidad perdida.  Quedará siempre la tierra, no importando que como cascarón hueco para el caso de los venezolanos, pero apta para el ingenio y el aprovechamiento, para la siembra y la cría, para la vida.  El llamado es actuar desde ya como si el tal recurso no estuviera presente en la vida económica del país (economía que compra todo), de manera que se impone enseñar al pueblo a suplir su ausencia virtual con producción vernácula y orientada a la supervivencia, empezando, por ejemplo, desde cómo elaborar un jabón (que es muy simple) hasta cómo críar un pollo o cultivar un huerto, que es más fácil.
 
A riesgo de que parezca jocoso para quienes ven el mundo como un estado irreversible del mercantilismo humano, planteada está la retoma del cooperativismo, el apoyo a la industria pequeña y familiar; y, para causar encono en un montón de gente que se ofendió cuando Hugo Chávez lo planteó (¡ah, Cuba, cómo le dueles a tantos con tus inventos!), el rescate de los cultivos organopónicos y los criaderos verticales.
 
Oscar J. Camero / Sígueme en @animalpolis / Más: Perfil Google



domingo, 24 de mayo de 2015

Narcoestado en Venezuela como herejía o arma de destrucción masiva

1.  LA VERDAD MENTIRA

Cuando en los primero años del 1600 Galileo Galilei se hizo con un telescopio (de cuño holandés) y empezó a escrutar el cielo, puso a temblar a la Iglesia Católica y su concepción geocéntrica del universo, aquel cuento de que todo gira en torno al planeta Tierra.  Basó sus aseveraciones sobre pruebas experimentales, reivindicando a su vez las afirmaciones de Copérnico respecto del heliocentrismo, esto es, que el sistema planetario es solar, gira en torno a esa estrella.  Además, aportó datos observatorios sobre la luna y sus montañas, sobre nuevas estrellas, sobre los satélites de Júpiter, manchas solares, fases de Venus, comportamiento de las mareas, entre otras molestias para el status quo de la época.  Simplemente se convirtió en un hombrecito incómodo para los poderes (Iglesia, reinados, etc) que esquilmaban la ignorancias luminosa del ganado humano.

Había que eliminarlo, so pena de que todo el basamento de dominio se viniese al suelo al desacreditar la “verdad” institucional.  Aunque, probablemente por estar ahítos de sangre (en esa época abrasaban a cualquiera que chillase una verdad), no llegaron a tanto, pero lo obligaron a renegar de todas esas verdades vistas en el cielo.  Y así fue.

2. UNA NUEVA CONSTELACIÓN EN EL CIELO

De acuerdo con el Informe Mundial sobre Drogas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) 2014, Colombia ocupa el primer lugar en incautaciones de cocaína en el mundo (lleva 15 años en ese sitial), seguido por los EE.UU., 36 y 16%, respectivamente.  En cuanto a incautaciones de éxtasis, Colombia ha ido aumentando desde 2012 y EE.UU. ocupa un tercer lugar detrás de Singapur y Europa completa.  Respecto del consumo tanto de cocaína como de éxtasis, por aportar el dato del país del norte, EE.UU.  ocupa un tercer lugar detrás de Escocia y España, hablando de cocaína, y un octavo si se habla de éxtasis.

En cuanto a marihuana, las incautaciones en el mundo son lideradas por los EE.UU. con un monstruoso 39%, ocupando Colombia el tercer lugar (7%) detrás de México (25%).  Y relacionado con su consumo, Colombia, Norteamérica y Europa son sus mayores consumidores.  Puede ver un resumen del informe en este práctico artículo de la revista Semana, por cierto escrito desde las entrañas mismas de la gran maquinaria productora:   “Estos son los países que más drogas consumen” [en línea].  Semana. 11 sept. 2014. (http://www.semana.com/vida-moderna/articulo/informe-de-la-onu-revela-consumo-de-drogas-en-el-mundo/395174-3). [Consulta:  24 mayo 2015].

En el informe ejecutivo de esta Oficina de las ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), donde podrá encontrar un resumen con la consideración de tendencias y problemas definidamente aislados, se lee que los laboratorios fabricantes y la producción de metanfetamina ha aumentado en América del Norte, y que de un total de 144 toneladas de anfetamínicos incautadas en el mundo la mitad correspondió a esa geografía, conformada por EE.UU., Canadá y México.

Textualmente: 

El consumo de cocaína más problemático se registra en América. En América del Norte ha disminuido desde 2006, debido en parte a una persistente escasez. Sin embargo, más recientemente se ha observado un leve aumento de la prevalencia en los Estados Unidos, así como un aumento de las incautaciones marítimas. (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Informe mundial sobre las drogas 2014 [en línea]:  Informa ejecutivo.  [2014]. (http://www.unodc.org/documents/wdr2014/V1403603_spanish.pdf). [Consulta:  24 mayo 2014]).

En cuanto a producción de droga, según informe presentado por los mismos EE.UU., líder en consumo (lo cual lo califica para hablar en la materia), Colombia, después de México, es el segundo suplidor de derivados ilegales de opio; y, junto a Bolivia y Perú, preponderante productor de coca (consúltese la nota en “La lista de los mayores productores de droga en el mundo” [en línea]. El Universal. 16 sept. 2014. (http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/lista-mayores-productores-droga-mundo-noticia-1757229). [Consulta:  24 mayo 2015]).  Al respecto, es decir, respecto del rol protagónico de Colombia en la producción mundial, existe una profusa literatura que huelga acá citar.

De modo que el sitial preponderante de los EE.UU. como país consumidor, así como el de productor de Colombia, constituyen hechos reales del mismo tenor que los hallazgos de Galileo Galilei en su época: una verdad irrefutable, un sol, un sistema, una realidad documentada y sostenida por un ente como la ONU, tan refulgente como la teoría heliocéntrica copernicana que, para apagarla, sería necesario quemar al ente rector internacional y borrar la historia contemporánea de la mente humana.

3. OFICIO INQUISIDOR

Pero es Venezuela el país escogido para su eliminación a fin de solventar la problemática de los dos colosos mundiales de la droga, uno productor y el otro consumidor, del mismo modo que se escogió en 1633 eliminar a Galileo Galilei para apagar sus “inadecuadas” demostraciones (lo hicieron abjurar), aunque el sol no haya tenido la culpa de ser el eje del sistema solar como para que condenen al pobre astrónomo ni la patria de Bolívar poseer la reserva de petróleo más grande del planeta como para que la responsabilicen y la intervengan militarmente.  Poco faltará para aseverar, aunque no figure en ningún estudio científico o estadística, que el petróleo de Venezuela es responsable de la desmedida apetencia por la droga del país consumidor (EE.UU.) y de la desaforada industria del país productor (Colombia).

Venezuela no aparece de manera significativa en ninguna lista de países consumidores, es decir, listas de entes calificados en la materia; y si aparece reseñada en el informe presentado por los EE.UU. en 2014 como país comprometido con el tráfico y la producción de droga, se comprenden fácilmente las motivaciones políticas al respecto:  (lo ya dicho) el petróleo incide en la producción y consumo de sustancias psicotrópicas y se requiere acabar urgentemente con el Estado venezolano para así salvar al país del norte y al vecino suramericano.

Tal sería la razón para entender por qué fue catalogada como “amenaza inusual” para la seguridad de los EE.UU. recientemente y cómo hace apenas unos días haya sido objeto de una campaña de descrédito contra sus funcionarios tendente a presentar al país como un Estado forajido con jefes de carteles de la droga entre sus poderes públicos, narcoestado, narcodemocracia, o lo que mejor suene a los efectos de posibilitar una acción militar en su contra, parecida a la que se acometió contra Irak por sus “armas de destrucción masiva” o contra el mismo Galileo Galilei en su tiempo por causa de su “herejía”.

Que el enorme yacimiento de hidrocarburos venezolano figure en la acción “libertaria” del policía del mundo como una incómoda característica del país “libertado”, es asunto secundario o accidental.   Importa es el narcotráfico, combatirlo hasta erradicarlo para dejar, finalmente, de consumir y producir drogas.

martes, 12 de mayo de 2015

De la imposibilidad de la paz en Colombia

Hay cifras.  ¿Necesidad hay de mostrarlas?  Desde la implementación del Plan Colombia, impuesto para combatir el narcotráfico, éste ha aumentado.  De modo que el mismo se traduce al presente, según lineamientos constitutivos esbozados, en una estafa.

¿A menos que el Plan Colombia no haya sido implementado para lo que se supone fue?  ¿Entonces?

Es la verdad que se sabe, la más pura.  El Departamento de Estado de los EE.UU. jamás ha reunido méritos para inducir a la creencia de que ayudó a Colombia (y se ayudó a sí mismo) con el susodicho plan por una humanitaria causa:  por su parte, salvar a sus ciudadanos del consumo de estupefacientes y, por el otro, ayudar a otro pueblo contra la vileza de vivir del cultivo psicotrópico.  Demasiado hermoso.

Medio planeta sabe que los EE.UU., sin piedad, han experimentado con su propio pueblo, con sus soldados, con sus funcionarios.  Es una casta transnacional, reptiliana casi (como es costumbre hoy definir al mal), esclava de su delirante pasión por el poder y la hegemonía.  Menos se puede creer que haya sido movida de buena voluntad para ayudar a otros, a Colombia.  ¡Por favor!...

¿Entonces qué?  ¿Y el Plan Colombia para qué?  Simple respuesta:  para fomentar la producción de drogas, generar caos y justificaciones de su presencia militar, invadir al país pendejo que se creyó el cuento de la ayuda y montarle un montón de bases militares en su seno con el real objetivo de perfilar su poder hacia una conflagración futura con China en el Pacífico, la nueva potencia, y señorear por otro siglo más a la actual esquiva América Latina.

Los EE.UU. desprecian profundamente a los pueblos.  Su dirigencia, como se dijo, no parece humana en tanto humanista, entregada a la baja pasión de la guerra y el disfrute de ver correr ríos sanguinolentos.  Combaten a los pueblos utilizando contra ellos el recurso mismo que suelen esgrimir a título de ayuda, como la droga.  Sacan beneficio económico de su tráfico, fomentándolo, y con ello financian el costo de permanecer invasores y en guerra en tierra ajena.  Ya se vio con el famoso capitulo Irán-Contras; ya se sabe que usufructúan con el opio en Afganistán; se sabe que en México han hecho su agosto vendiéndoles armas a los cárteles de la droga mientras por otro lado se visten de gala para promocionarse como adalides en contra de los mismos, “ayudando” a México, México tan lejos de dios y tan cerca del gringo.

Véase si no hay razón.  Tan cierto es el asunto de la guerra con China y el establecimiento de una base militar en su contra hacia el Pacífico que ya la pobre Colombia anda engolosinada con ser el pequeño Israel de América Latina, miembro de una OTAN latinoamericana, sede central de una eventual Alianza del Pacífico.  ¡Vaya tontos!  El día aclara.  El Plan Colombia hoy pare una Alianza del Pacífico, que en nada tiene que ver con narcotráfico, siendo desde un principio concebido como un instrumento para combatirlo.  ¿Piensan en esto los colombianos?  ¿Así han sido engañados desde su dirigencia política?

El futuro de Colombia, ya con siete bases militares estadounidenses en su seno, es la guerra.  Ya entre la garra del halcón está, como las famosa suerte echada de Julio César.  No vale de mucho debatirse y mover las patitas en el aire, expidiendo lastimeras plumas:  es un pajarillo atrapado.  La cortedad política de su dirigencia o sus ambiciones rocambolescas de volver a ser una colonia en pleno siglo XXI no le han permitido ver a Colombia que es utilizada vilmente por el poder imperial para sus propósitos, ajenos a ninguna droga o guerra contra la guerrilla.  ¡Mirad, pueblo, por favor!  ¡Qué conversaciones de paz contra la guerrilla ni que Plan Colombia contra el narcotráfico!  Ambos eventos, guerra y narcotráfico, son los ingredientes necesarios para justificar la presencia de factores exógenos de guerra en el país, como las bases militares, por mencionar el puntal tremendo.  A menos que en el país ocurra un terremoto que vuelque las instituciones y la vileza de una dirigencia sin alma, la paz en Colombia no es plausible.

domingo, 10 de mayo de 2015

El aterrador panorama que Colombia depara a América Latina

La desintegración, sucintamente; o la recolonización de los países y su reconversión en lo que es ella actualmente, un protectorado.  Tal sería el panorama, la herencia implicada en su sumisión a poderes y culturas ajenos a propia idiosincrasia, suramericana y soberana.

¿A qué mentirse?

Anda el país de Santander por ahí metiéndose en casi todas las organizaciones de nuevo cuño para la conformación de la patria grande en América Latina y el Caribe prácticamente no como un adefesio político, sino como una infiltración hegemónica de los EE.UU. y su guerra contra los pueblos libres en el área.  La CELAC, la UNASUR, etc.

Como su pueblo es sangre hermana de lo suramericano, nadie propone su exclusión de agrupaciones fraternales; el problema es con su dirigencia, los amos del valle, los que hacen de Colombia su billetera y catre:  ¿por qué no sincerarse y dejarse de tanta hipocresía?  ¿Por qué faltar a la lógica y a la justicia del pensamiento? ¿Por qué si te crees tan arrecho, distinto y superior juegas a juntarte con tu “hermanos” cuando la realidad es que te quieres deber a factorías extranjeras?  Como si pretendiera abiertamente, a título de “hermano”, desplegar un papel de quinta columna en América Latina, reportando hacia el polo que la define ideológicamente:  Europa, la OTAN y los EE.UU.

Colombia, estando en América Latina, no le pertenece, lamentablemente para el pueblo, que es quien finalmente sufre la inconsistencia de sus gobernantes.  Su reino no es de este suelo. 

¿Qué hace en UNASUR presuntamente conformando una alianza suramericana cuando sus mentores son los EE.UU., de quien nadie ignora procura la división del continente?  Entra al foro con la legitimidad de país y sale con la catadura de espía.  Estremecer la mesa, despaturrarla tiene que ser su misión.

¡Un país con siete bases militares extranjeras en su territorio, no se sabe si fabricando ya armas atómicas, miembro de una alianza suramericana!  Hecho inexplicable en tanto en UNASUR se cuece una unidad precisamente para exorcizar amenazas como las que definen a Colombia, ello sin preguntarse, seriamente, contra quién serían esas armas nucleares que presuntamente trama en sus entrañas.

No se metió en el ALBA por descarado principio de parcialidad hacia los EE.UU., cuya ALCA fue derrotada en su implementación política y económica por Hugo Chávez, y ella misma, Colombia, era su principal ansia desatada en América Latina.  Después se consoló firmando tratados de libre comercio con los EE.UU. 

Según pasado y presente, hay la impresión de que Colombia siempre se resintió en separarse como colonia de España.  Hoy se prosterna ante los EE.UU. y para nadie es sorpresa que, si no al estado cincuenta y tanto, aspira por lo menos a ser la Israel de América Latina.  Dicho por sus propios gobernantes.  Piénsese en Álvaro Uribe, por ejemplo; ¿qué se puede esperar?

Piense en aquella vez cuando tomó partido por Inglaterra en contra de Argentina cuando la guerra de Las Malvinas.

Ayer su prócer, Francisco de Paula Santander, intentó muchas veces asesinar al Libertador, Simón Bolívar, adalid de la independencia suramericana.  Ello sin alegar que las clases pudientes del país siembran el odio contra Venezuela hasta hoy, emblema de soberanía y libertad, cuna de la libertad de América Latina, de Bolívar y, más recientemente, de Hugo Chávez, el creador de la revolución Bolivariana.

Colombia es un problema en la región con su entreguismo a potencias extranjeras.  No se puede esperar de ella neutralidad cuando es ella misma quien empuña el garrote titiritero. Nadie puede quemarse las manos porque no agreda a Venezuela en medio de una confusa configuración circunstancial armada, terminando de aplastar el poco de latinoamericanismo que pudriese aún albergar en su pecho y obedeciendo de plano a su clara vocación alienígena.

Colombia está armada ─es la excusa─ porque tiene una feroz guerrilla a la que enfrentar, y entonces recibe el apoyo de “bondadosos" países como los EE.UU. con su Plan Colombia que, amén de “combatir” al narcotráfico (las cifras han aumentado), también le echa una “ayudidita” con los irregulares.

Colombia es una bomba, problema de todos.  Las conversaciones de paz en La Habana (¿cómo siquiera se han hecho?) deben cristalizar lo más rápido posible.  Debe desmontarse la guerrilla para quitar la lógica imperial de que el país necesita estar invadido para ser ayudado contra tales “plagas” de la civilización.  Hasta a eso llega la razón simple:  recomendar dejar las armas subversivas, en un principio realistamente justificadas, para ahora luchar no tanto contra un Estado capitalista, salvaje y espurio de pueblo, sino para ejercer la soberanía patria.  Si hay paz, si no hay guerrilla, se supone que habrá entonces menos enemigos a enfrentar con tantas bases militares.  A menos que el enemigo sea la casa misma, los vecinos, Venezuela y su petróleo, la unidad latinoamericana, indócil a colonialismos ésta, como lo soñó Bolívar.

La lógica política dice que esa paz a la que se aspira en La Habana ha de ser imposible.  No le conviene a los EE.UU., que requieren una eterna excusa de intervención más allá del narcotráfico, ni a la dirigencia militar del país neogranadino, a quienes se les metió en el seso ahora ser europeos, ser OTAN, ser miembros de una fantasmagórica “Alianza del Pacífico” contra China, actualmente la primera potencia económica del planeta.

En vez de apostar a lo propio, a Suramérica y el Caribe, a la unidad, a la historia férrea y soberana vernácula, a la diversidad de relaciones económicas y políticas con el mundo, Colombia quema sus castañas en los templos de unos decadentes EE.UU., ante el ídolo de la unipolaridad.  Y tomó esa decisión desbordante de ventosas en una hora en que el país del norte ha sido desplazado como primera economía, come más de lo que produce, vive amenazas internas de estallido por causa de su descomunal deuda y se abate desesperadamente sobre el mundo con guerras en busca de su hegemonía perdida.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Para lo que quedó la SUNAVI: registro de problemas habitacionales, no de soluciones

A contrapelo respecto de la política gubernamental de sanear el problema habitacional del venezolano con la construcción de viviendas marcha la Superintendencia Nacional de Arrendamiento de Vivienda (SUNAVI).  Claro, la SUNAVI no construye viviendas como el gobierno, quien, a propósito, hace poco en el estado Vargas entregó la número 700 mil.  La SUNAVI encaja en la problemática integral de carencia de techo desde otro ángulo, enfocándose en regular la justa relación que debe privar entre el que alquila (arrendatario) y el que arrienda (arrendador), levantar la información sobre el hecho habitacional en el país, entre otras funciones detalladas más abajo.

Hay el que no tiene casa y podría estar en la calle, viviendo arrimado o nómadamente; hay el que está viviendo bajo un techo que no es suyo, arrendándolo; hay el que lo tiene precisamente, por esfuerzo propio o por auxilio gubernamental; y hay el que tiene muchos techos y se dedica a vivir de ellos, arrendándolos.  Una generalidad de la situación que en varios de sus aspectos presenta un perfil inquietante, de larga data en el país y que, justicieramente, la política gubernamental ha incluido dentro de sus lineamientos para subsanarlo, combatiendo matices perturbadores que abarcan al sin-techo que lo busca como al negociante de muchos techos que se aprovecha de la necesidad de otros para lucrarse.

Dentro de este cuadro oneroso del problema habitacional, el margen que ocupa la realidad de los que arriendan (arrendatarios) no es menos pesaroso: una significativa tajada del problema general si se considera que de 2 millones de familia sin vivienda, 1,4 arriendan, según cifras del año 2010 dadas por un directivo de una organización en la materia (José Acuña:  “Vivienda y desalojo en Venezuela” [en línea]. En: Aporrea.  16 Oct. 2010. [ca. 17 pantallas].  http://www.aporrea.org/ddhh/a108131.html. [Consulta:  6 Mayo 2015].  Tal porción significativa de la realidad (seguramente menor al presente) es a la que está llamada a cubrir la SUNAVI, de manera que huelga a la vista su importancia y rol institucional en la mitigación del problema.  Su misión, en palabras claves, de acuerdo con el artículo 20 de la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda, que contempla su creación, es:  velar por el cumplimiento de los deberes y derechos observados en la ley tanto para arrendatarios como para arrendadores, fijar el canon de arrendamiento, realizar inspecciones y fiscalizaciones de los inmuebles, efectuar procedimientos para la determinación de ilícitos, imponer sanciones, determinar indemnizaciones, proveer refugios, levantar información en la materia para el Ejecutivo Nacional, trabajar con las organizaciones sociales para fomentar el acceso a la vivienda, crear el Registro Nacional de Arrendamiento de Vivienda, controlar los contratos de arrendamiento de vivienda, etc.

Pero la SUNAVI, probablemente avasallada por la dimensión del fenómeno arrendatario en el país, prácticamente no se ha dado abasto para contribuir de manera efectiva en el alivio de la situación habitacional en general; por el contrario, la ha complicándola porque suma al hecho de carestía la carga que viene a significar la inoperancia burocrática, piedra de tranca temible que en su disfuncionalidad lo que ha hecho es amparar a los abusadores de siempre, esto es, los que desalojan.  Un ejemplo:  no responden a tiempo con el servicio SAVIL (Sistema de Arrendamiento de Vivienda en Línea), adonde lo usuarios arrendatarios acuden para consignar sus pagos al tener desavenencias con los arrendadores; resultado:  que los arrendadores se valen de tal tardanza de la institución para practicar desalojos al acusar a los arrendadores con que no pagan.  Sin ir muy lejos:  quien escribe (expediente FI-1473-14) lleva siete meses esperando una inspección a la edificación donde vive.  El asunto, kafkiano de plano, ya va recreando el ambiente reflejado por el escritor Franz Kafka en su novela El proceso.

¿Qué está ocurriendo?  La SUNAVI prácticamente está inoperativa, sea ya porque su misión la rebasó, no tiene personal, la tarea es demasiado magna para la cortedad de una sarta de burócratas que la gestionan.  Lo que ha hecho es registrar y registrar casos, problemas, quejas, lamentos que se quedan grabados como en una cinta magnetofónica para una historia olvidada, sin respuesta.  No sale a la calle, no es operativa, no tiene alguaciles que cubran la geografía para el mínimo cometido de entregar una notificación o convocatoria, no conecta con las bases populares, donde podría estar su salvación como institución dado que ella trabaja y se debe al pueblo.  En su record ha de tener, abrumadoramente, más registro de lamentos que de sonrisas generadas en el rostro de los usuarios por la resolución de algún inconveniente. 

En su expediente institucional, a modo de karma que arrastra sin resolución, pesan en la SUNAVI los siguientes retos con los que no ha podido:

(1) el tema de los cien edificios (punto de cuenta que Hugo Chávez dejó pagado para adquirir estos inmuebles)

(2) la providencia administrativa 00042 (edificios de vieja data), con la que os dueños se han limpiado el trasero, vendiendo los inmuebles como nuevos porque la SUNAVI no inspecciona, no calcula el canon a tiempo, sólo registra lamentos, como se ha dicho.

(3) el tema de los refugios

(4) la discapacidad para afrontar a los poderosos ─ ley en mano─ frente a los oprimidos y desalojados de siempre, a los que está llamada a proteger por principio, por ética, por legalidad y justicia, según dicta el mandamiento socialista del legado de Hugo Chávez, ese que provee y salda la deuda histórica con el pueblo.

¿Qué hacer con la SUNAVI?  O es intervenida, o es reestructurada aumentando su personal y capacidad de atención o es convertido en un ministerio tal vez transitorio con perfil real de poder popular.