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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Maquiavelo, Obama y Raúl Castro reestablecen relaciones

De repente Obama y su equipo de gobierno se dan cuenta de que su política aislacionista contra Cuba se baraja al presente como un “enfoque obsoleto” que “durante décadas, no ha logrado avanzar nuestros intereses”, según conversación sostenida con su homólogo cubano, Raúl Castro; y propone normalizar las relaciones.

Intercambian espías presos, se habla del embargo y su alivio, y de la eliminación de las restricciones en los viajes y el turismo.  Ello ocurre después de décadas de guerra comercial declarada e intento de ahogo de la economía cubana; después de tantas votaciones en la sede de la ONU a favor de la suspensión de las medidas contra el país caribeños; después de tanta pudredumbre y conspiración forjadas en el seno de la llamada “gusanera cubana”, Miami, en el estado de Florida, con el auspicio del mismo gobierno que hoy propone la mesa de diálogo.

Al mismo tiempo el gobierno de los EEUU firma el proyecto de ley que amplía las sanciones contra Rusia y faculta a Obama para proporcionar ayuda letal y no letal a Ucrania.  Esto es, entiéndase, suministro de armas antitanques, radares antiartillería y aviones tácticos teledirigidos para el gobierno de un país que se apresta a puyarle los talones a Rusia en sus mismas fronteras y a atacar a unas regiones alzadas con mayoría poblacional prorrusa.

El doble accionar estadounidense ocurre justamente cuando Rusia decide con Vladimir Putin dejar a un lado la excesiva cautela en su política internacional y arrostrarse un perfil más agresivo, contundente, dispuesta a contraatacar y reestablecer la simetría perdida durante la última década ante los EEUU.  Como en los tiempos de la Crisis de los Misiles, cuando EEUU instaló misiles con ojivas nucleares en Turquía y la otrora URSS reaccionó e intentó hacer lo propio en Cuba, para contraatacar con una base de misiles nucleares en el mismo “patio trasero” de los EEUU, para nivelar la balanza militar y geopolítica, recientemente Rusia decidió retomar los vuelos de reconocimiento de la vieja URSS sobre el Caribe y el Atlántico hasta México, considerar la posibilidad de establecer alguna base en Centroamérica (Nicaragua, por ejemplo, si ya no es Cuba) y desarrollar decididamente su influjo sobre los países suramericanos. Todo con el propósito, como se dijo, en medio de una política internacional más frontal, de compensar el desafuero norteamericano en su frontera ucraniana

De forma que la decisión de normalizar las relaciones con Cuba huele a política ajedrecística, a deporte militar, a transitoria movida de pieza, maquiavélica, tomada con el concreto propósito de aprovechar su efectismo para embaucar a un gentío latinoamericano en la aventura celebratoria y desarmar, arteramente, a Rusia en la región.  Por eso el gobierno de los EEUU declara que espera la debida valoración a su decisión, histórica como ahora dice, con luces y platillos.  Hostil e inconveniente ha de lucir un país del hemisferio que al momento decida acoger la influencia de Rusia, su peor enemigo, o descreer de la buena intención de su gesto.

Así es la guerra y su parafernalia y técnica:  mientras sonríes por un costado por el otro hundes la daga.  John Kerry conversaba recientemente con Serguéi Lavrov, mientras rodaba en EEUU el proyecto de guerra contra Rusia desde Ucrania (decisión de suministro de armas a Ucrania y ampliación de sanciones contra Rusia).  Y así hay que leer la repentina toma de conciencia estadounidense respecto de su “obsoleto” tratamiento a Cuba:  es una mano que luce magnánima, generosa, racional, justiciera, mientras la otra esparce légamo y cenizas para aventurar una terrible guerra desde y sobre la estupidez europea (Ucrania).

viernes, 5 de diciembre de 2014

En busca del espíritu perdido en materia de vivienda y arrendamiento

(1) Una ley bonita

La Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda (LRCAV) es una de esas hermosísimas leyes que la gestión de Hugo Chávez encausó con su política extraordinaria de participación ciudadana.  Movimientos sociales y colectivos afectados en la materia de vivienda la parieron y la presentaron, y en 2011 fue publicada en Gaceta Oficial y puesta en ejecución.

Pero es muy hermosa para creerlo, como varias otras leyes que ruedan por ahí sin aplicación efectiva.  Es, para trascender el calificativo dulzón, una ley cuyo contenido deviene en un instrumento altamente combativo, justiciero, ético, revolucionario.  Pionera en su género en el mundo, como lo proclaman sus artífices, dado que esto de regular la relación específica entre arrendador y arrendatario es cosa de impresionarse en un mundo donde rige el libre mercado y el salvajismo lucrativo.

Combativa porque afronta una realidad enorme y acumulada de intereses mercantilista en materia de vivienda, dando cara a propietarios leoninos y empresas inmobiliarias; justiciera, porque le dice al sin-techo que tiene derechos constitucionales para vivir dignamente, y actúa contra la a probabilidad de abuso de parte de sus arrendadores; ética, porque ningún Estado o sociedad ha de consentir el desmedro moral de un sector de sus habitantes; revolucionaria, porque el socialismo es igualdad y equidad ante el desmán mercantilista, y la ley lo consagra desde sus primeros capítulos: 

la presente ley está dirigida a “enfrentar la crisis de vivienda que ha afectado a nuestro pueblo como consecuencia del modelo capitalista explotador y excluyente; con el fin supremo de proteger el valor social de la vivienda como derecho humano y la garantía plena de este derecho a toda la población, contrarrestando la mercantilización y la especulación económica con la vivienda, que la convierte en un medio de explotación y opresión del ser humano por el ser humano; y promoviendo relaciones arrendaticias justas conforme a los principios del Estado democrático y social, de derecho y de justicia, cumpliendo el mandato de refundación de la República, establecido en la Carta Magna” (Art. 1, LRCAV).

Maravillosa como se dijo, pero sin cumplimiento pleno, fea en la práctica.  A tres años de su sanción, después de celebrar la exitosa escaramuza de proclamar el derecho arrendatario contra la omnipotencia arrendadora, aparte otros incuestionables logros en la práctica (nadie lo niega), se quedó en el aire como la misma voz emocionada que la proclamó.  Una realidad apabullante de situaciones apelmazadas durante décadas en la materia, una actitud onerosa acendrada en el arrendador, una estructura cimentada de inmobiliarias atornilladas sobre ese campo fértil que son los arrendatarios, una práctica mercantilista y judicial hecha mercado que erosiona el avance humanista del espíritu de la ley, constituyen severas objeciones a su ejecución plena.

Con decir ─y es decir bastante─ que desde el mismo arranque de la ley, Chávez vivo, se aprobó un punto de cuenta para la compra de 100 edificaciones de vieja data como plan piloto para su estreno legal y es el hecho que en su mayoría las edificaciones siguen intactas hoy:  los arrendatarios como siempre alquilando y los arrendadores como siempre arrendando.

 

(2) Sus fealdades

¿El problema?  Son dos, el Estado y el ciudadano.  El primero porque pare hermosos especímenes legales ─con auxilio de la participación popular─ y luego no los cumple, encausa, sigue, satisface…, no da marco para el disfrute de los derechos consagrados en su ADN y letra, y la situación en consecuencia queda peor:  en afrenta para un Estado y sus instituciones incompetentes y en desgracia para un pueblo eternamente jodido; el segundo porque la ley consagra en su artículo 147 la participación popular para que “vigilen, la planificación, ejecución y control de la política nacional en materia de arrendamiento”, y el movimiento popular en general ha resultado un fiasco de increíble apatía de aquellos mismos ciudadanos amparados por la ley, a la que no le paran pelotas sino cuando están con la soga al cuello.  Organizaciones sociales matrices, como el Movimiento de Inquilinos y de Pobladores,  que se reúne cada martes a las 5:30 PM en la sede de las residencias estudiantiles, frente al edificio La Previsora, Caracas, son loables excepciones de lucha, mas organización de lucha al fin que requiere nutrirse de una fuerza popular, como se dijo, insensible hasta el presente.  De manera que el Estado, en su empuje transformador y socialista, con espacios dados a la participación popular, por un lado cumple coadyuvando en el parto de la ley bonita, aunque falle en el posterior seguimiento; y el poder popular, barajado en el pequeño grupo de la dirigencia, cumple también con presentar la ley, puyarla para su legislación, diseñarla, pero falla también en el encausamiento del grueso de la participación popular.

La ley, pues, se cae por desidia y falta de pueblo, pueblo omiso que así instituye la incompetencia de las instituciones; y cae también por la carencia de transformación de la dirigencia popular, anémica de apoyo, sin contundencia en la propuesta de sus recomendaciones, probablemente estancada en el marasmo que genera el Estado con su burocracia y, lo dicho, debilidad de apoyo popular.  Jamás podrá entenderse por qué un pueblo, en este caso su sector arrendatario, con sus derechos de vivienda servidos en bandeja legal de plata, puede lucir tan desmotivado hacia un reclamo que lo celebra como ciudadano digno merecedor de vivienda y que, de hecho, se la dota, como ha venido haciendo el Estado venezolano, justa salvedad enunciada sobre la crítica acá perpetrada.

 

(3) Consecuencias de la inoperancia: arrendador alzado

Mientras tales quistes crecen, burocracia estatal alimentada y hasta certificada por la apatía del poder ciudadano, los gremios de la contraparte, el arrendador, se fortalecen en algunos aspectos.  De entrada hay que conceder que la inoperancia del Estado los corona a plena medida porque da largas al cumplimiento redentor de la ley en favor de un mayoritario y desfalcado arrendatario.  Pero se crece en las instancias legales:  han presentado recursos para pedir reforma de la ley y hasta han logrado sentencias del Tribunal Supremo de Justicia en cuanto a fijar procedimientos de desalojos con plazos temporales (desalojos con sentencia firme).

 

“se hace precisa la medida de expropiación, como paso evolucionado y lógico después de los tiempos de espera y promoción de los mecanismos de la ley, mayoritariamente omitidos o violentados”

 

Sin duda una arremetida de la derecha política, que no escatima ningún esfuerzo para atacar las políticas de reparación social que adelanta el gobierno; arremetida que, reconózcase, ha superado el primer round de las impresiones de la proclama de la ley y ha pasado ahora a la acción judicial y práctica en contra de un amodorrado arrendatario.  Nadie desconoce que el sector arrendador, la cámara inmobiliaria y otros gremios en la materia de vivienda, han tomado el aparato operativo de la oposición política para adelantar su programa de lucha, encaminado a desmontar la ley de arrendamiento y soñar con pasados libertinos de la IV República.  Mueven dinero, pagan, compran voluntades e infiltran el sistema para coartar su capacidad de respuesta.

Importantísimo para la reflexión es la Providencia Administrativa  00042, emanada del Ministerio del Poder Popular para la Vivienda con el propósito de virtualizar aspectos sugeridos en la LRCAV (Disposición V)  en relación a la posibilidad cierta de que un arrendatario tome efectivamente, en preferencia de compra, apartamentos de edificios con más de 20 años dedicados al arriendo.  Tal instrumento regulatorio vio luz en marzo de este año y tuvo su ruidosa proclama celebrante por parte de instituciones, movimientos sociales y arrendatarios, pero, curiosamente, desde entonces, desde que este instrumento legal empezó a “obligar” con plazos específicos a los arrendadores a ofrecer en venta sus apartamentos, el tren de vivienda en materia de arriendo pareció detenerse, estancándose la lucha.  Se saturó con reclamos la institución estrella en el asunto, la Superintendencia Nacional de Vivienda (SUNAVI), se exacerbaron las posiciones encontradas, un inquilino vino y se hizo a la idea de que el apartamento era suyo así como así y un propietario también vino y cerró más la guardia, empezando a actuar con arbitrariedades (desalojos) ante una aparente inminencia de pérdida de su inmueble.  Extraordinaria circunstancia de una magnífica resolución aprobada en defensa de los derechos de quien por mucho tiempo arrienda un inmueble como inquilino, pero aparentemente incrédula de su propia bondad, sin nadie capaz de ponerle el cascabel al gato.

¿Alguien ha puesto el cascabel al primer edificio?  ¿Dónde está el primer edificio expropiado (la resolución lo contempla con la expresión “embargo ejecutivo” para el caso de que el arrendador no cumpla, no pague las multas, etc.?  Peor inclusive:  ¿dónde están los primeros propietarios infractores multados, dado que la resolución referida contempla multas a plazo y multas por reincidencias?  No hay un caso en medio de una selva estridente de infractores.  Como si la ley le quedara grande al pueblo, a las instituciones y al mismo Estado legislativo.

¿Qué hacer?  Aquí va una propuesta, para no hacer del escrito una pura queja.

 

(4) Propuesta de expropiación

Considerando que la ley está servida con sus mecanismos; considerando la problemática tanto del aparato del Estado y del poder popular, inconsciente de la bondad que manejan para su propio beneficio; considerando que las leyes y resoluciones mencionadas son tajantes y explícitas en sus procedimientos administrativos para la impartición de justicia; considerando el abierto desconocimiento o burla de la ley por parte de los arrendadores, sujetos en la letra a expresos plazos de tiempo; considerando el problema extremo de vivienda en familias arrendatarias, y la posibilidad de retrocesos hacia predios de la IV República; considerando el esfuerzo de desmontaje legal que realiza el sector inmobiliario y la derecha política; considerando la deuda social que acumula el sector arrendatario del pueblo venezolano y considerando la actitud bienhechora del fallecido Hugo Chávez en pro del pueblo padeciente en general, a quien en su tiempo no le temblaba el pulso para asumir retos y tomar decisiones, se hace precisa la medida de expropiación, como paso evolucionado y lógico después de los tiempos de espera y promoción de los mecanismos de la ley, mayoritariamente omitidos o violentados.

Exprópiese y cúmplase la ley.  Exprópiese e impártase justicia.  Exprópiese y que se haga escarmiento para quienes se ríen de la legislación venezolano y no reverencien el contenido humanizante de gobierno de cambios inaugurado por Hugo Chávez.  Asúmase el reto, gobierno y pueblo, de ejercer la coherencia.  Hay la ley con sus mecanismos, hay el burlador de sus contenidos, ergo hay el lógico castigo.  No propinarlo es faltar al principio propio y violar la ley.  Ya el tiempo de conocimiento y promoción de la ley pasó, venció, y resta ejecutar sus mecanismos punitivos.

Como otrora la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario gestó conatos de golpes de Estado con su articulado punitivo de expropiación, y como recientemente lo hizo la Ley de Costos y Precios Justos, que generó la guarimba con su letra de incautaciones, así también el Estado ha de tener el guáramo de afrontar el riesgo para hacer cumplir la LRCAV, ejecución que, por cierto, nadie cree que llegue a situaciones de golpes de Estado.  ¡Un golpe de Estado por parte de los multiarrendadores! 

El plan es simple.  El artículo 147 de la LRCAV da cobertura a la participación popular en la vigilancia, “planificación y control de la política nacional en materia de arrendamiento como parte integral de la vivienda y hábitat, que garanticen los derechos establecidos en la presente ley.”  Luego se tiene que el poder popular y las organizaciones sociales en materia de vivienda se diseminan en células parroquiales y diagnostican el área, levantando un censo, partiendo de la base de que es el pueblo quien mejor se conoce a sí mismo.  Y luego se somete a experticias, protocolos y análisis la información recabada (apartamentos vacios, edificios sin dueño, edificios en escasas condiciones, etc.)  con el fin de sugerir a la SUNAVI, como entredice el artículo, un panorama o política de expropiación.  El poder popular y las organizaciones sociales estarían articulándose con la SUNAVI para, entre otros beneficios, aliviar la carga de trabajo, simplificar el trámite como manda la ley, impartir justicia y expropiar donde la medida punitiva tenga lugar.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

De cómo las gallinas se arrechan en diciembre y suben los costos

Una pregunta quizás idiota, pero de importantes repercusiones para quien a diario se enfrenta a los precios de los alimentos en los mercados.  ¿Por qué, ahora en diciembre, suben los precios?

Es una estupidez, lo sabemos.  Suben para rendir mayores ganancias, y más en diciembre que la gente tiene platita en los bolsillos.  Cosas del libre mercado, natural, como podría exclamar un selvático capitalista, incluso acá en Venezuela donde pugnamos por controles y conciencias de carácter socialistas.

Pero la respuesta no satisface y el alma del quien pregunta sigue en penitencia.  ¿Por qué?  ¿Es que acaso la producción en estos días decembrinos se hace particularmente difícil y costosa que hace necesario aumentar los precios para recuperar gastos?  ¿Se angostan los culos de las gallinas y necesario se hace subir los precios del cartón de huevo, para poner un práctico ejemplo (la semana antepasada el cartón costaba Bsf. 220, la pasada 240 y hoy va por 270 en el Mercado Quinta Crespo)?  ¿El queso se corta, se pudre, se pierde o las vacas se ponen ácidas que necesario se hace subir el precio del kilogramo para recuperar esfuerzo, tiempo y dinero?   Casualmente en estos días decembrinos.  El cemento vuela a pesar de su peso de piedra empacado...  Por cierto, ¿donde está desde que su producción el Estado la ha tomado?

Y se puede seguir con un montón de artículos alimentarios o no, de construcción, estética..., lo que sea.  Suben y punto.  Rubros se dirá inteligentes, con vida propia, que se hacen rebeldes a la oración productora de su empresario, adivinos de que en los bolsillos de la gente hay más plata, presuntuosos que se tasan con más valor.  Dice la gallina al criador:  “O vendes mis huevos más caros en este mes de diciembre o no pongo un carajo”.  Y el pobre empresario, sube los precios para complacer a su amada gallinita, obligado, afectando la cadena de precios hasta el tonto consumidor final.  ¿Es eso?

¿O no es la gallina o la vaca, sino un mojón de esos ubicado en la llamada cadena de comercialización que hace de las suyas?  Un tipo desalmado en la cadena (como el vendedor final, el transportista) que arbitrariamente decide vender más caro y listo, con pena más que gloria para la gallina o vaca, llamadas a pagar los platos rotos.  El desalmado burlescamente podría decirte a la hora de venderte un producto en el que apenas ha tenido que ver para su producción:  “Las gallinas se arrecharon, no quieren poner”.  Y se guarda un grueso billete en sus bolsillos que no se compadece ni con la puja gratis del pobre animalillo ni con el esfuerzo productor del criador, en este caso empresario honesto.

Los precios suben y no hay responsables ni razones convincentes.  Misterios del libre mercado, por un lado, o leyes del mercado, por el otro.  Una de tales leyes es:  hay más plata en los bolsillos de los tontos consumidores, por ende, más demanda, lo cual concluye en aumentos.  Y como es en Venezuela, que es parte de un mundo capitalista y salvaje, no hay que extrañarse:  el mercado es libre con sus misterios y salvajadas, sin leyes ni controles.  Se está en el planeta Tierra, pues.  Es un agua natural que corre por donde se lo señale el cauce el tal mercado.  Ni el hombre ni el Estado han de estar interviniendo.  Un santuario intocable el fenómeno.  ¿A qué preocuparse, siquiera preguntar?

De manera que en el final de cuento la gallina o la vaca podrían resultar exoneradas de culpa y culpables los pendejos finales de la calle que anden con más platita en los bolsillos en un mes como diciembre.  A la hora y en el sitio indicado. ¡Bang!

Si no hay otra explicación que la arbitrariedad de un mojón en la cadena de comercialización para esclarecer el aumento de precios en este mes postrero del año, dos hecho quedan a la reflexión:  (1) los consumidores finales, pendejos de fin de cuerda, son unos reos en la calle, listos para pagar el capricho lucrativo de cualquiera, a la merced de tales humoradas, sin protección estatal y carente de una fuerte conciencia que les impida apoyar salvajadas con sus compras y apetencias; (2) el libre mercado hace de las suyas con su ley “a mayor demanda, mayores precios” en un país que procura revolucionarse desde humores capitalistas hacia estadíos soñadores socialistas.

Si el valor de producción de un huevo, un chorro de leche o una piedra de cemento es el mismo tanto en diciembre como en enero, ¿por qué el desparpajo del aumento entonces?   ¿Es que hay que aumentar porque la gente está feliz y cobró utilidades?  ¡Ah, sí, casi se olvida con la preguntadera!  Es el aumento de la demanda, lo cual evidencia que el tal libre mercado es una frondosa enredadera arraigada en Venezuela de tal modo profundo que inmune a revolución alguna resulta.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Del sentimiento arrendatario al Tribunal Supremo de Justicia

Un día va un arrendatario (inquilino) a la Superintendencia Nacional de Vivienda (SUNAVI) a ampararse contra un abuso o falla determinados cometido por un arrendador (propietario) y se encuentra con que debe encarrilarse en un procedimiento.  Cosa lógica, nadie lo discute.  Son pasos a cumplir.  Protocolos, recaudación de documentos, análisis y encauzamiento legales.  Ley, en fin.

Podría ser que el arrendatario se haya ido a denunciar al maloso de su arrendador porque, arbitrariamente, sin hacer caso de pautas legales creadas para los efectos, le subió el canon de arrendamiento (alquiler); podría ser, también, porque el avaricioso señor de negocios ya no le conviene un arrendatario con tanta antigüedad y tanto derecho legal generado a su favor (preferencia de compra, por ejemplo, además de descuentos en el inmueble), y entonces se propone desalojarlo; o podría ser, finalmente, porque el arrendador se apoderó de los espacios comunes de una edificación para negociarlos, quebrantando el componente arquitectónico y estructural que le es propio a la edificación, así en su plenitud arrendada a unos ciudadanos.

Podría ser un montón de cosas las que hacen acudir a un atribulado sin-techo propio a la institución a buscar amparo.  Y ya en la institución, sometido al respectivo procedimiento administrativo-legal, con decenas de diligencias por acá y por allá, y recaudos que vienen y van, descubre luego que tiene que esperar.  No es que esperar sea una locura o algo inesperado.  Ya se dijo arriba, es parte del procedimiento.  El expediente del quejoso se tiene que ordenar, archivar, revisar, analizar, notificar y tantos otros “ar”.  De hecho la leyes las más de las veces rezan:  ...”en un plazo de [tantos] días”. 

El asunto es que en la institución, lo más seguro atiborrada de trabajo por hacer y con expedientes amontañados, la palabra “esperar” se hace atleta olímpica y rompe cualquier tipo de plazo o marca establecida por la ley, haciéndose hasta familia de otra parecida, “expirar”:  de días a semana, de semanas a meses y de meses a años.  Rompe records, pues, la palabrita.  Y el atribulado arrendatario desespera.  Te faltó una foto ─podrían decirle─, una firma, el catastro, la partida de nacimiento del edificio, la cédula de tu arrendador, te llamamos...  Hay casos de solicitud de sanción contra un arrendador abusador y arbitrario, por ejemplo por construir en áreas comunes un negocio o por dividir los apartamentos para alquilar en dos, que ya cumplen la edad de la misma Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda desde que se plantearon a la institucionalidad.  Una ilustración, para quien se le ocurra comprobar, puede ser un reclamo presentado en la Dirección de Sanciones contra un arrendador signado con el expediente DS 121-09-12): del 2012 hasta hoy, denunciando desde el hecho que el dueño no se ha registrado hasta la quitadura de una bajante del inmueble.

Y ocurre que durante tal lapso pueden suceder tantas cosas...  Desde un desalojo del pobre diablo por parte de su arrendador hasta la edificación de un nuevo apartamento en las áreas comunes, por mencionar el primer evento que venga a la imaginación lógicamente tomado de la realidad.  Entonces el arrendatario pasa a la historia con su anécdota de dolor y abuso, y el arrendador, como en su pasado “glorioso” de vacío legal, se sale, nuevamente, con la suya.  Me refiero al tiempo de antes de la llegada de Hugo Chávez a la presidencia, cuando hicieron desastres los arrendadores contra la “emperrada” población de arrendatarios.  Aunque, no se crea, se siguen sucediendo eventos indignantes hoy.  ¿No? Siga leyendo.

Se hace la siguiente salvedad.  La SUNAVI hasta hoy ha tenido tres gestiones.  La primera acusó el impacto de su misma creación, al asumir el acumulado de injusticias apelmazado durante tanto tiempo sobre el arrendatario venezolano, traducido en una forzosa ineficiencia administrativa; la segunda tuvo la virtud de pensar la extraordinaria providencia administrativa 00042, que regula los edificios de vieja data y pone a los arrendatarios en posición de adquirir el inmueble durante más de veinte años dedicado al arriendo, pero igualmente feneció en el escarceo burocrático; y esta tercera, que preside José Rafael Jiménez Villasana y que presenta la peculiaridad de haber mejorado la atención en general en el suministro del servicio, pero que presenta el reto de un desafiante porvenir dado que apenas cumple unos tres meses de gestión.

Pero un día va un arrendador, con toda su fuerza gremial, apoyo mediático y plata en el bolsillo, a quejarse porque un arrendatario con sentencia firme de desalojo no ha desocupado aún el inmueble y entonces ocurren cosas como éstas:

A tal efecto, tratándose de una actuación administrativa la Sala entiende necesario fijar un plazo perentorio vencido el cual el Tribunal se encuentre habilitado para ejecutar su decisión. Siendo así, en función de lo dispuesto en el artículo 60 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, que dispone un lapso de 4 meses para que el ente administrativo, es decir, la Superintendencia Nacional de Arrendamiento de Vivienda emita un  pronunciamiento, más una prórroga de dos (2) meses si media un acto expreso que la declare, ha de ser ese el lapso racional y suficiente para que la ejecución de un fallo definitivamente firme que ordene el desalojo esté a la espera de que la autoridad administrativa garantice el destino habitacional del arrendatario. Vencido este plazo sin que haya habido pronunciamiento expreso de la Administración, el juez entonces quedará habilitado para proceder a la ejecución de la sentencia; sin menoscabo de las facultades del administrado para instar a la Administración a que cumpla con el deber de solucionarle transitoriamente su problema habitacional. Así se decide (Venezuela. Tribunal Supremo de Justicia, Sala Constitucional. Carmen Zuleta de Merchán.  [“Decisiones”].  3 oct 2014. [ca. 21 pantallas]. (http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/Octubre/169300-1213-31014-2014-13-0482.HTML. [Consulta: 20 nov. 2014]).

¡El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que no la SUNAVI (que parece ser para el perraje), se pronuncia y sentencia que el ocupante será susceptible de ser desalojado en el plazo de 6 meses como máximo por orden de un juez sin menoscabo de que tenga o no donde carrizos cobijarse!  Sí señor, el chiquitín arrendador no puede esperar tanto y el TSJ hasta le fija cómodos plazos de resolución de problemas, cuando la otra cara de la moneda, el perraje, los arrendatarios, sí que merecen sentarse durante años a esperar que la tierra para soluciones a sus tantas demandas.

Tres preguntas para la indignidad humana:  (1) ¿Para el caso de una diligencia institucional, es el tiempo de espera de un arrendador más importante y digno que el de un arrendatario, último éste que puede pasar años intentando sancionar al primero por evidentes comportamientos de infamia en muchos casos?  (2) ¿No ha sido suficiente el sufrimiento y afrenta de la población arrendataria en tiempo pasado para que hoy, sin el menor considerando respecto de lo que es una deuda histórica social acumulada, en el marco de una ley redentora, se le maltrate como a perro con botaduras en la calle?  (3) ¿Parece lógico que en tiempo de revolución y de justicia social tres pelagatos en el TSJ legislen a favor del explotador de siempre, de minorías redomadas capitalistas, extrajeras para empeorar las cosas porque a la final se llevan a otros países el dinero que extraen de Venezuela? 

A no dudar, con la afrenta esbozada en el escrito, lo que se plantea para resolver tales entuertos es la presión en la calle, la movilización de las comunidades hasta las instituciones de tal modo que se ventile la podredumbre y el sentido contranatural de algunas instituciones venezolanas en tiempos de redención social.  Con tres TSJ en el país, con decisiones como la de marras, no es difícil vaticinar un Estado con quebrantamiento de los derechos humanos y felonías en contra de necesitadas mayorías. ¿Sin la máxima entidad legislativa, qué le puede quedar a un Estado, para no hablar de poder moral?

¿O es que acaso la puesta en la calle de una señora con 40 años de arriendo en un apartamento, por las razones que fueren, no constituye una violación a los derechos humanos?  ¿Es concebible semejante atrocidad en el tiempo presente?  Se impone con urgencia vital retomar el sentido justiciero de la noción Chávez, dado que bajo su égida impensables serían semejantes leguleyerías.  Que las leyes venezolanas (y universales) consonen con la justicia y la ética es una cara aspiración humana.

Los desalojos tienen que estar prohibidos si son violatorios de los derechos humanos, como de hecho por ley están, pero con aplicación virtual, como es notorio.  No puede ser aceptable ninguna legislación, bajo ninguna sutileza o sofisma, cuyo propósito sea arrastrar la dignidad humana en aras de ningún templo contrarrevolucionario, capitalista salvaje por extensión y pleonasmo.

viernes, 14 de noviembre de 2014

BUHONERO Y CÍNICO PA’MÁS ÑAPA

Lo que llaman cinismo es naturalidad, al menos en su origen filosófico.  Los cínicos antiguos así lo comprendían e intentaban.  Tomaban ejemplos de la naturaleza, imitando a los animales.  Por eso Diógenes, el famoso filósofo que vivía en un barril, replicaba tanto a los perros cuando de hacer alarde de sus ideas se trataba, y escogía al perro para imitarlo porque la sede de los filósofos de su escuela estaba en un lugar llamado el Mausoleo del Perro.

Se masturbaba al aire libre, se orinaba sobre la mesa de los comensales no importando que se tratasen de reyes o plebeyos, se rascaba como un perro en la plaza y el mercado.  Un completo cínico, pues, en obra y palabra.

Entonces, como ahora, cínico fue peyorativo.  Nadie toleraba semejante comportamiento, aunque deslumbrase la enseñanza; a lo más se reían los griegos de las travesuras de sus filósofos.

Nuestros buhoneros, de la plaza y el mercado, de la avenida Baralt, centro de Caracas, en tiempos en que el término ha evolucionado y es criminalmente peyorativo, son cínicos.   Pero lo son de obra nomás, sin doctrina.  Nada filósofos por ningún ángulo, por cierto, sin ninguna escuela ni nada que enseñar sino un ejercicio ciego de… su cinismo.  Casi que podríamos decir un puro comportamiento animal.  Casi, pues, la especie pura que aquellos viejos cínicos intentaban imitar para dar expresión ilustrativa a sus teorías.

Comen, duermen, defecan, mean, fornican, viven y comercian en la calle, sin ninguna cortapisa, como seres de selva, apenas importunados por la maleza cuando les restrega la cara.  Recogen en la basura y venden, rompiendo como animales las bolsas públicas del aseo, vendiendo lo que sólido les parezca para embaucar a otros (lo he probado:  he visto cómó inservibles cachivaches que he botado son puestos en venta en las adyacencias del Mercado Quinta Crespo).   Tiran una lona y ocupan media acera de los peatones para vender tres pilas o una prenda de ropa reciclada.  Recogen los restos de alimentos que otros vendedores mayores tiran para revenderlos.  Venden artículos de primera necesidad en las aceras de la avenida Baralt, sin ningún lío ni ley, ni policía fiscalizante, a pleno pulmón de selva, sin importarle la conciencia de que cometen un delito.  No te dejan caminar; entorpecen el tráfico vehicular; pagan vacunas a policías (BsF. 200).  Y de tal modo se han apoderado de las calles que es difícil en verdad saber quién es indigente y quién comerciante informal.  Esto es:  quién es humano, quién cínico y quién animal.

Si alguna ideología han de poner en práctica con su hacer será la del capitalismo salvaje, para decirlo en términos también cínicos (es lo mínimo que nos cabe cuando somos víctimas).  Sí, señor, el buhonero un ilustrativo capitalista, todo espontáneo, porcino, sin ley de los hombres, todo mercado e instinto visceral en su circunvalación cerebral, sin más frenos que las de sus apetencias monetarias.   No tiene por qué existir mayor diferencia en actitud con los grandes capitalistas de cuello perfumado, hechos de la misma pasta natural, sin conciencia ni escrúpulos, meones o cagones sobre la acera moral del resto de los mortales, ambos especímenes del mismo légamo. Suben sus patas a la altura del pecho o bolsillo y rascan sus despeluzadas indecencias sobre la necesidad de los pueblos, figura ésta que saben es su víctima, por más brutos de la selva que se pinten con sus felonías.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Huevos

Es tema viejo.  Lo dijo el viejo Uslar Pietri cuando habló de sembrar el petróleo.  Pero no hemos sembrado nada.  Sigue siendo el petróleo el rey del ingreso venezolano.  Riqueza fácil que mana de la tierra y que nos pone en situación de abrir nomás la boca para comer, apuntando bien al chorro.  Flojos.

Uslar no dijo nada de los huevos.  Pero los decimos nosotros.  El petróleo mata al huevo.  Esto es, no hay huevos, ni yema…, ni vida.  O los hay, pero voladores, hecho por demás insólito acostumbrados como estamos al vuelo de las aves.  Pero de que vuelan, vuelan.  Si no lo cree, váyase al mercado y ahora mismo pida un cartón de 30 yemitas y oiga el precio.

Flojos o cómodos con el ingreso petrolero, hecho que impide la atención a la cría y el agro nacionales.  Es una revolución pendiente.  Conscientes estamos de los esfuerzos del gobierno (especialmente con Hugo Chávez) de virar el rostro a la cría y siembra, pero también hemos dicho que no es fácil cambiar hábitos históricos arraigados, paradigmas existenciales, vidas, mentes, mundos.  Es la lucha.

Lucha que no se hecho.  Se ha propuesto, se ha pensado, se ha pospuesto.  Mas, oiga usted, cuando los empresarios ovoproductores se dan cuenta de la falta de políticas definidas en la materia, migran hacia Caracas, por nombrar un lugar, para abrir la boca también de manera que les caiga el chorro de petróleo, con todos sus nutrientes, suponemos huevo también incluido. Es cómodo y rentable. Apaga el músculo y enciende el fogón de la grasa en la barriga.

En noviembre de 2013 el cartón costaba BsF. 120; hoy, noviembre 2014, 240.  La semana pasada me fui a al Mercado Quinta Crespo y compré uno en 220, pero la cosa se actualizó ya y, junto a una señora que compraba a mi lado, abrí la boca desmesuradamente para digerir los 250 que me dijo el vendedor.  Me dije, explicándome la vaina, que se trataba del aumento respectivo que nuestro pueblo, nuestros comerciantes, nuestros buhoneros y bachaqueros, por esta época se autodecreta automáticamente con miras en las utilidades de los consumidores. Vivos y pendejos.

─¡Don, si no le gusta el precio, vaya a hacer una cola al supermercado, si es que los consigue! ─suelen responder los vendedores más jocosos si insistes con tu rostro cuadriculado.

Las empresas avícolas se la pasan chillando de fallas con el suministro, todos gritos alusivos a problemas con la importación, sea ya desde Colombia o Argentina.  ¡Porque sí, porque importamos, hijo!  Hay una producción nacional por ahí, pero ya sabe usted, pichacosa, acezante, flotante, desuniformada, saltimbanqui; y es hecho que a trechos, para compensarla, se importa.  Llevamos ñema de otros países.  Compramos pollos, por ejemplo, a Colombia, para mantener el ritmo ponedor del culito de la gallina.  Se requiere una materia prima para generar la eclosión maravillosa de clara, concha y yema desde las profundidades de la gallina, y hay rezagos en el suministro de la materia prima para ese sector huevero.

¿Miento yo?  A finales del año pasado la industria nacional se quejó de un rezago en la producción nacional por causa del faltante de 1,7 millones de pollitos que no terminaban de volar desde Colombia, así como 32 mil cajas de huevos fértiles.  ¿Qué necesidad tenemos de andar en semejantes trotes, importando buche y pluma cuando acá sopla un aire a veces hasta mejor para cultivar y criar?  La masa espesa del petróleo sin duda obnubila nuestras miras. ¡Vaya, mueve allá la boca hacia el chorro!

En 2012 Colombia vendió a Venezuela $ 2.000 millones y Venezuela, por su lado, apenas pudo colocar 500.  Colombia nos mandó “gas de petróleo, electricidad, medicamentos, bovinos y carne congelada”, y nosotros “aceites de petróleo, abonos, aluminio y láminas planas de hierro y acero” (http://www.el-nacional.com/economia/Colombia-exportara-polvo-huevos-Venezuela_0_263373693.html, prensa opositora, para más ñapa).  Aunque en ese año no figuró el rubro de los huevos ni leche, tema de esta letra, lo hace para el año siguiente, y la cifra es espléndida para valorar esa condición metálica proveedora de materia prima de nuestro país, pudiendo en verdad constituirse en una seria potencia económica si, como decía el difunto viejo, sembrase en la producción nacional agrícola parte de la renta petrolera.  A cambio de echar petróleo a otros, nos echan huevos, no existiendo paridad ni justicia en el asunto.

Es cierto, el huevo lo pone la gallina y no el argentino ni el colombiano, siendo la cosa igual que la del petróleo, que lo “pone” la tierra; pero ellos hacen el esfuerzo de la cría y la producción sobre un factor que no amenaza jamás con desaparecer, a menos que una innombrada peste matadora de pollos y huevos advenga. Nosotros, por nuestra parte, acopiamos máquinas y tecnologías para acondicionar y envasar el oro negro y, finalmente, venderlo, después de una industria de refinación y otros petates.  Situación casi pareja en cuanto a esfuerzo humano para que ambos rubros puedan venderse, unos encartonando huevos y otros embarrilando petróleo.  Pero sucede lo dicho, que los pollos y los huevos no se acaban, ¡y el petróleo sí!

El petróleo se va y deja en el país explotador un hueco, por no decir un vacío deprimente.  Y si no se toman medidas sembradoras de huevo, por referirnos a la cría y siembra de cualquier modo, por referirnos en elipsis al futuro, puede que el hueco sea de tal proporción que haga desaparecer en medio de su vacío al país monoproductor del hidrocarburo.  Si usted quitase en estos momentos el petróleo a Venezuela, el país desaparecería como estructura de Estado organizado, quedando nomás, sobre una población desgaritada, el concepto histórico de nación, esa bizarra leyenda de tierra guerrera de libertadores, suerte de yema nuevamente prometedora de patrias, sino la repetición lamentable y amenazante de un cascarón vacío.

Sabemos que parte del problema es el venezolano mismo, ese vivaracho que no se quiere acostumbrar a la faena, ésa que conmina extinciones, ni desacostumbrarse del comodismo, ésa que aniquila futuros. Le dan dólares, por ejemplo, y montan una fiesta en nada relacionada con los objetivos propuestos, careciendo de compromiso, directriz, motivación y obligación. Pero es aquí donde ha de entrar el Estado con mano de hierro para controlar y fiscalizar si el poder popular, empresarial o como dé por denominarse, se sirve a capricho.

¿Puedo emitir tales opiniones sin que me acusen de traidor a la patria por criticar la política afecta y, presuntamente, dar argumentos a esta nuestra oposición sin patria?  Claro que puedo.  Me canso.  Quiero a mi país y suelto la reflexión para evitar bancarrotas o desapariciones que nos derroten y faciliten retornos afrentosos hacia pasados políticos inhumanos.  Soy militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), soñador, concreto, constructor de patrias en la medida en que con la emisión de alertas llamo a la dirección nacional política al control y reflexión. Y así lo hago saber en mis intervenciones. A quien me espete que por qué no critico a la oposición, que bastante basura tiene en sus alforjas, le respondo que no soy caballero que endereza entuertos para mejorar la tumba del pasado, sino para apostar a la vida y al futuro con aquel ideal que me suena a esperanza. 

lunes, 10 de noviembre de 2014

Encuentro con Movimientos de Inquilinos y Rol de las Instituciones en Materia de Arrendamiento de Vivienda - Viernes 14/11/2014, Parque Central, Torre Oeste, sótano, 8:00 AM

EL EVENTO

Este viernes 14 de noviembre de 2014, a partir de las 8:00 AM, en el Teatro Fe, sótano 1 de la Torre Oeste de Parque Central, se realizará el Encuentro con Movimientos de Inquilinos y Rol de las Instituciones en Materia de Arrendamiento de Vivienda.

Su apertura estará a cargo de la Dirección de Gestión Social del Ministerio Público; luego intervendrá el Director de Fiscalías Superiores del Ministerio Público en relación al problema de los desalojos arbitrarios.  A las 10:00 está prevista la intervención del Superintendente Nacional de Arrendamiento de Vivienda y Hábitat, José Rafael Jiménez.

Posteriormente está programada la apertura de un ciclo de preguntas y la intervención del Movimiento de Inquilinos sobre el “Rol de los Movimientos Sociales de la Coyuntura Inquilinaria que atraviesa el país”.  A las 11:30 se hablará sobre la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda (LRCAV).  Y luego se repetirán otros ciclos de preguntas, además de la intervención de personalidades ligadas al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y a la Defensoría Pública, quienes disertarán sobre teoría del socialismo, legado de los inquilinos y aspectos puntuales de la ley.

El evento finalizará a la 3:00.  Dará tiempo a los asistentes para un almuerzo libre entre las 12:30 y 1:30.

 

PROGRESO, MIGRACIÓN Y POBREZA

Debido a una dinámica sociocultural que no viene al caso desmenuzar, la ciudad de Caracas, como otras urbes principales del país, se atiborró de gente sin casa propia, gente que empezó a vivir arrendando.  Digamos, nomás para mencionar un aspecto, que la gente corre hacia la capital de un país monoproductor, petrolero para más señas, para huir de las desventajas que heredaría de quedarse a vivir en una provincia paupérrima, lejana, sin empleo, sin grandes oportunidades sociales y educativas.  Sin agro e industria, por mencionar otro aspecto consecuencia del primero, en busca del codeo con circunstancias urbanas donde se erigen las principales instituciones de la administración pública del país, vale decir donde se cuenta, administra y distribuye el dinero de la renta de su principal rubro; donde se ubican las universidades mejor atendidas y, en fin, donde se arraiga el árbol histórico y cultural de la identidad nacional.  Esto es tema migratorio suficientemente documentado:  los puntos capitales del país respecto de las provincias, injusta e históricamente marginadas de la proyección sociopolítica.  Para los efectos de la materia arrendataria en cuestión, tal es Caracas, como Maracay, Valencia, Maracaibo, Barquisimeto, entre otras ciudades.

El hecho es el dado.  Una realidad de 2 millones de familias sin vivienda, 1,4 millones específicamente en situación de arrendamiento en el ámbito nacional según estimaciones en 2010, sobre la base del Instituto Nacional de Estadística, de José Acuña, Vice-Presidente del Frente Nacional de Inquilinos; es decir, hablamos de unos 7 millones de personas si tomamos en cuenta que el promedio de integrantes de la familia venezolana es de 5 (José Acuña:  “Vivienda y desalojo en Venezuela” [en línea]. En:  Aporrea.  16 Oct. 2010. [ca. 17 pantallas].  http://www.aporrea.org/ddhh/a108131.html. [Consulta:  10 Nov. 2014])

 

EXPOLIACIÓN Y CAPITALISMO INMOBILIARIO DURANTE LA IV REPÚBLICA

Una descomunal realidad primordialmente enquistada en las grandes ciudades, emblemáticamente Caracas.  Sobre semejante realidad de estrecheces y necesidades, como es conocido por todos, practicó la llamada IV República su imperio capitalista de explotación y sujeción inmobiliarias, siempre navegante sobre un panorama de ausencias legales y de pisos jurídicos.  ¿Quién no recuerda las atrocidades de los desalojos que entonces se ejecutaban, cuando el propietario, el vacío legal imperante, el juez y las fuerzas de seguridad del Estado se confabulaban para ir contra la humanidad de un desamparado arrendatario armado nomás en el interior de su hogar con las solas fuerzas de los restantes miembros de su núcleo familiar?  Un desbarajuste violatorio de los derechos humanos de familias completas que desenlazaba una historia con el ocupante en la calle, vejado, su enseres en un galpón rifados a las peores apetencias delictivas.

El autor citado nos “grafica” un procedimiento de desalojo forzoso:

“llega el Juez, la depositaria con dos camiones tipo 750, con más de 20 ‘caleteros’, el cerrajero, gran cantidad de funcionarios policiales o de la GNB, en ocasiones, dependiendo del Juez, las ya comunes ‘bandas armadas’ que lo escoltan, en ocasiones, un fiscal, por si la familia se opone a ser desalojada, para detenerlos en ‘flagrancia’, por desacato a la autoridad, un defensor (…) del niñ@, no para velar por los intereses del nin@, si no para amenazar a la familia, si hay menores de edad, de que si se pone “cómico”, los niñ@s van a parar a un albergue de menores.
Ya habiendo “reventado” la puerta, o una pared de la vivienda, entran “todos”, secuestran en muchos casos a la familia, la amedrentan, les impiden que llamen a alguien que los defienda, los esposan, y cualquier atrocidad inhumana que se les ocurra a cualquiera de estos personajes. [...] Y lo peor es que en su mayoría, las familias se enteran del desalojo, en el pleno momento en el que llega el tribunal a la vivienda que ocupan como inquilinos.
Los corotos van a una depositaria; los que llegan, claro, por que [sic] muchos los hurtan estos personajes.”

 

LA LLEGADA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Con la llegada de la Revolución Bolivariana y la inclusión de aspectos de carácter humanista y de justicia social en su articulado, el panorama de la situación arrendataria en el país se propone dar un vuelco fundacional más que reformador (no existía una legislación sustancial en la materia para modificar).

El artículo 82 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela observa el derecho del venezolano a una vivienda digna y cómoda.  “Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada, segura, cómoda, higiénica, con servicios básicos esenciales que incluyan un hábitat que humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias. La satisfacción progresiva de este derecho es obligación compartida entre los ciudadanos y ciudadanas y el Estado en todos sus ámbitos.”

Desde entonces, en virtud del concurso de sectores afectados, pueblo y comunidades organizados, se empezó a gestar el ideario de una ley para afrontar la crisis en la materia y así atender a los millares de familias en situación de desposesión, amén de combatir el carácter capitalista y mercantilista del problema que dibuja en la necesidad de vivienda del prójimo una oportunidad para oprimir y explotar.

En octubre de 2011 surge la LRCAV, seguida de posteriormente de su respectivo reglamento. Venezuela, en virtud de los movimientos sociales organizados para los fines, se erigía pionera en el mundo en cuanto a disponer de una legislación para regir la mecánica de las relaciones arrendador-arrendatario.  El accionar legal apuntaba a aplicar justicia social en medio de un marco de compensación histórico respecto de los arrendatarios victimizados.

La discusión sobre la problemática se matiza y surgen categorizaciones.  Inquilinos en edificaciones de vieja data, en edificaciones con más 20 años dedicados al arrendamiento, consideraciones sobre el carácter estratégico del tema de la vivienda en el país dado la ingente necesidad de resolución de deficiencias, consideraciones sobre los desalojos, los refugios temporales, etc.

El mismo presidente de la república, entonces Hugo Chávez, da un paso efectivo para impulsar las actuaciones de justicia y compensación social de la referida ley aprobando un punto de cuenta para la adquisición de las primeras 100 edificaciones de vieja data o de largo ejercicio inquilinario, beneficiando así a unas 1.700 familias, impulso inicial, por cierto, no cristalizado hasta el sol de hoy. Tema de reclamo y discusión.

 

PROBLEMAS

De manera que empiezan los problemas, especialmente de insuficiencia del Estado y sus instituciones en cuanto a cubrir la enorme necesidad heredada desde los tiempos de la IV República.  La flamante Superintendencia Nacional de Arrendamiento de Vivienda (SNAV), creada por la mencionada ley, no parece capaz de dar curso a tan desmesurada realidad, acumulada durante décadas en el país.  Las restantes instituciones del Estado, copartícipes en la garantía de la aplicación de la ley inquilinaria, empiezan a lucir apáticas y asincrónicas desde el momento en que se les anuncian sus nuevas funciones y son convocadas a situaciones puntuales de ejercicio.  Los propietarios en su generalidad, acostumbrados al poderío e impunidad que les daba el vacío legal, persisten en seguir actuando como si en el país no se hubiese aprobado una ley regulatoria, e incurren en vicios que atiborran a la SNAV con denuncias y situaciones irregulares.  Los arrendatarios mismos, aprovechando puntos imprecisos de la mencionada ley, con sus demandas dan la impresión concluyente de que el Estado se parcializó y que en el país se creó una ley para iniciar una cacería de brujas en contra de los arrendadores, justos y no justos en el mismo paquete.  Súmese a lo anterior la permanente campaña de desestabilización de la oposición política, que no pierde oportunidad para aprovechar situaciones de incertidumbre, desconocimiento o descontento para enmarcar ataques en contra del gobierno nacional.

Se llega en fin a una situación de zozobra, de percepciones truncadas y de insuficiencias que no tardan en vender la imagen de que en el país se les ha dotado a los venezolanos de una magnífica como insólita ley de regulación de vivienda pero que en la práctica no se cumple.  Un algo como demasiado hermoso como para ser verdad.

Puntos anteriores todos que podrían enriquecer una discusión reparadora sobre la materia de vivienda.  La falta de aptitud para responder oportunamente ha dado largas a la aplicación legal y ha dado también tiempo a los factores explotadores de siempre, adosados circunstancialmente a la derecha mercantilista del país, para penetrar instituciones, funcionarios, magistrados, y hacer correr el torpedo de la contrarrevolución aguas adentro, en quintacolumnas, presentando una imagen peor que la ya real conocida con sus problemas, dando tiempo a la organización cínica de los gremios contrapatrios de propietarios, quienes con su poder económico compran prensa, plumas y decisiones judiciales para desvirtuar el espíritu justiciero legislador y torcer el rumbo de la historia hacia su reciente pasado afrentoso.

 

LA PONENCIA DE UN MAGISTRADO DEL TSJ, UNA VICTORIA DEL PROPIETARIO Y UNA DERROTA DE LA INSTITUCIONALIDAD DE VIVIENDA

Actualmente cursan en el TSJ varios recursos del gremio inmobiliario y de propietarios en contra del corpus legal de vivienda, se estandarizan mecanismos administrativos de desalojo que incorporan o ignoran inclusive al mismo ente de vivienda en su leguleyería y se asoman algunas aristas victoriosas obtenidas para el gremio, como la ponencia de la magistrada del TSJ Carmen Zuleta de Merchán, donde se habilita a un juez para que proceda a un desalojo habida cuenta de la incompetencia, insuficiencia o inoperancia de la SNAV en el plazo total de unos 6 meses.  Y ya hemos dicho que la SNAV, funcionalmente en tan poco tiempo para cúmulo habitacional tan grande, no tiene capacidad para dar respuesta en el margen de los plazos legales.

“A tal efecto, tratándose de una actuación administrativa la Sala entiende necesario fijar un plazo perentorio vencido el cual el Tribunal se encuentre habilitado para ejecutar su decisión. Siendo así, en función de lo dispuesto en el artículo 60 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, que dispone un lapso de 4 meses para que el ente administrativo, es decir, la Superintendencia Nacional de Arrendamiento de Vivienda emita un  pronunciamiento, más una prórroga de dos (2) meses si media un acto expreso que la declare, ha de ser ese el lapso racional y suficiente para que la ejecución de un fallo definitivamente firme que ordene el desalojo esté a la espera de que la autoridad administrativa garantice el destino habitacional del arrendatario. Vencido este plazo sin que haya habido pronunciamiento expreso de la Administración, el juez entonces quedará habilitado para proceder a la ejecución de la sentencia; sin menoscabo de las facultades del administrado para instar a la Administración a que cumpla con el deber de solucionarle transitoriamente su problema habitacional. Así se decide (Venezuela. Tribunal Supremo de Justicia, Sala Constitucional. Carmen Zuleta de Merchán.  [“Decisiones”].  3 oct 2014. [ca. 21 pantallas]. (http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/Octubre/169300-1213-31014-2014-13-0482.HTML. [Consulta 10 nov. 2014]).”

Usted saque conclusiones:  la juez decide que un arrendatario va para afuera teniendo refugio o no adonde irse, soportándose en el hecho de que la SNAV no ha dado respuesta en los plazos estipulados por la ley.  ¿Y cuántos miles de casos no hay por ahí con plazos vencidos en los que el arrendatario luce impotente respecto de un arrendador impune?

 

HECHOS PUNTUALES PARA LA REFLEXIÓN Y DISCUSIÓN

· Desalojos y sentencias firmes:  no obstante estar prohibidos los desalojos arbitrarios, desalojos se hacen en la actualidad con el concurso de factores inoperantes institucionales y entes de seguridad del Estado, amén de amañamientos por parte de los arrendadores.  Hay casi un centenar de familias con sentencia firme de desalojo en su contra que seguramente merecerán un capítulo aparte en la definición legal del tema arrendatario.

· Refugios:  recientemente se habilitó al SNAV proveer refugio temporal a las personas en situación de alquiler que tengan sentencia definitivamente firme para desalojar la casa donde residen.  Una medida que en términos administrativos aligera el procedimiento de atención al infortunado, pero que trae a la práctica el riesgo de generalizar el procedimiento como una solución que mediatiza la meta de dotar con una vivienda propia a un afectado.  Se cambiaría la expectativa de aspirar a una vivienda digna por la opción de un refugio.  Eventualmente un retroceso si el dictamen es solucionar concretamente con vivienda el defecto.

· Resolución 00042:  en marzo pasado una providencia administrativa entró en vigencia para normar los aspectos inconclusos de la disposición transitoria V de la LRCAV. Tal dispone que edificaciones con más de 20 años dedicadas al arriendo deben ofertar en venta el inmueble a sus ocupantes.  La providencia, taxativa e imbuida del espíritu del legislador, ha sido torpedeada por la oposición y factores inmobiliarios del país, quienes aspiran en breve plazo desmontarla.  Aducen, con la buena pro de algunos magistrados del TSJ, que una providencia no puede penalizar como la 00042 sanciona, lo cual facultaría al respectivo reclamo y final derogación.

· Ponencia de la magistrada del TSJ Carmen Zuleta de Merchán:  ya comentada arriba.

 

OBJETIVOS

El Encuentro con Movimientos de Inquilinos y Rol de las Instituciones en Materia de Arrendamiento de Vivienda busca evaluar la situación legal e inquilinaria del país, asentar fuerzas con los diferentes movimientos organizados y afinar criterios de acción para, en breve plazo, reimpulsarse, salir a la calle y trascender hacia las instituciones para exigir la aplicación de la ley, evitar los desalojos arbitrarios y normar con justicia los definitivos.

Con tu asistencia se difunden los aspectos cruciales de la lucha y se encamina hacia la victoria social uno de cometidos de cualquier sistema de gobierno progresista:  el derecho a una vivienda digna.

Te esperamos.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Mi Venezuela virtual y pesimista

Piso la calle a diario.  Soy afecto, activista y crítico a una vez del sistema, de esta propuesta de cambios que vivimos en Venezuela con proyección “salvadora” para el mundo.  Cuando camino ando con la conciencia clara de que somos un país petrolero, que a diario se retuerce por no sentirse así no más, monoproductor, casi país virtual si se nos fuera de las manos por momentos el ingreso por concepto de venta de petróleo.  Y ya con esto tengo un peso de conciencia que me aplasta hasta que llego, por ejemplo, al mercado a comprar mis artículos, quizás, para expresarlo con más consonancia, sintiéndome como un hombre invisible.

Mientras doy pasos digamos reflexivos, miro mi entorno y no puedo evitar pensar que estamos fritos, para expresarlo con jerga de chicharronero.  Entonces otro pensamiento se suma al primero para terminar de aplastarme, quizás como una chiripa sobre el pavimento:  nosotros mismos la estamos poniendo, para hablar ahora de tortas de fiestas.  La mayoría de nuestra gente, de nuestro pueblo, es la plaga mayor, y lo digo sin rubor y sin, por un momento, substraerme del concepto generalizador dado que yo no soy mejor que nadie.

 

“Somos corruptos, ladrones, vivos, tramposos, impuntuales y forajidos.  No tenemos patria ni la amamos.”

 

Si pienso con consuelo que el gobierno tiene una directriz humanista y socialista, propicia para el cambio necesario, y lo celebro, la erección se me cae cuando avanzo dos cuadras por la avenida Baralt del centro de Caracas y analizo lo que hace nuestra gente de a pie en la calle:  informalizar el comercio, robar con la marrullería del buhonero, ser vivo, vandalizar el tráfico con los motorizados, cometer la infracciones estrictamente relacionadas con los alimentos básico, ser irrespetuoso, ¡joder al mismo pueblo!  Substraerse del esfuerzo directriz que desde arriba acomete el gobierno. Ha debido Bolivar expresar, tajantemente:  “Un pueblo que atenta contra sí mismo”..., y quizás terminar la frase a lo Lincoln con su metáfora sobre la casa dividida. Concluyo que somos nosotros mismos, la gente que tanto habla y chilla en la calle, los que tenemos acogotados al país.  Somos corruptos, ladrones, vivos, tramposos, impuntuales y forajidos.  No tenemos patria ni la amamos.  No tenemos conciencia de país, es decir, no visualizamos que con nuestras pequeñas actitudes jodemos al cosmos entero.  Si en micro no tenemos una conciencia de elemento integrador del conjunto, en macro somos una dispersión con los días contados. Una cagada.

Retiro mi vista de lo inmediato y pienso entonces en el gobierno, en el equipo político que direcciona a Venezuela, y allí salgo aporreado de nuevo.  Sin duda tenemos valores en la dirigencia central (el Pdte. Nicolás Maduro como sucesor de Hugo Chávez y aquellos cerebros anónimos  y honestos del sistema); pero cuando pienso en la corrupción, en el robo, las mafias (CADIVI), las roscas (vivienda), los favores, el nepotismo, me imagino que de nuevo estoy mirando el caos de la viveza callejera del centro de la ciudad, y me pongo filosófico y pienso de nuevo en que estamos fritos como país, que nos soportamos a duras penas con el milagro del ingreso petrolero y que la corrupción parece la expresión de un agresivo gen activado en la especie humana, lamentando que eso sirva para excusar un poco al venezolano.

Pienso en China y en otros países que han reconocido el vicio y fantaseo con severos castigos, con penas de muerte, con cabezas colgadas en las plazas; y en el acto me retrotraigo pensando que ése es un camino fácil y sangriento, histórico e inútil, y que existe el otro, el de la reeducación, el lento, el serio, el desafiante, el reto, el de los valores, el que nos propone una meta que parece calzarnos grande y patearnos de impaciencia en el mero trasero, ahitos como estamos de tanta substancia capitalista, plenos del vacio ideológico del humanismo y del sagrado socialismo propuesto.

sábado, 4 de octubre de 2014

La “conexión gocha” ya está en Caracas

El Táchira se mudó a Caracas.  El Táchira de la guarimba frustrada, es claro.

Ya había señales, planes develados, resentimiento contragubernamental acumulado.  El primero fue la guarimba, derrotada por ella misma.  No hubo gobierno que pudiera, para ser sinceros.  Se cayó sola al caer en descrédito ante la opinión pública, que empezó a cansarse.  El gobierno central hizo como Gandhi, resistir pacíficamente hasta el final, tolerando el desmán, esperando que el crimen se hastiara de sí mismo.  Sus razones:  el temor a desatar una verdadera guerra si actuaba con expresión.  Factores poderosos, colombo-estadounidenses, andaban detrás del encendido de la chispa.

Pero quedó el resentimiento contragubernamental profundo en esa oposición extremista, ahíta de guerra, frustrada por continuar.  Les advino un obligado período de silencio, de aparente inactividad, interpretado como triunfo por el gobierno venezolano, los más ingenuos como arrestos de toma de conciencia y comprensión democrática.  Una locura neuronal.

Mientras tanto las autoridades realizaban pesquisas sobre los escombros humeantes de la guarimba, especialmente en el estado Táchira.  Inteligencia.  ¿Quién, quiénes?  ¿De dónde? ¿Motivaciones? ¿Financiamiento?  ¿Colombia?  ¿La frontera?  ¿Secesión? ¿Uribe? Entonces se filtraron algunos hallazgos:  evidencias de planes, grupúsculos, células, ansiedades por trasladar la “fiesta” guarimbera a Caracas.  Hágase memoria.    Uno de los detalles más memorables fue el comportamiento “voluntarioso” del gobernador Vielma Mora, apresurado por llevarse los méritos del trabajo post-guarimba sobre los escombros, cuando fresco en el recuerdo estaban sus declaraciones blandengues y acobardadas respecto de las acciones de los grupos violentos.  Hay un programa de radio grabado con un conocido periodista opositor donde se recoge su “patriotismo”.

Pero tales intentos de trasladar San Cristóbal a Caracas, en piedra y humo, terminaron por disiparse, aparentemente.  Hubo detenciones y los impulsos concebidos para trasladar el terrorismo fueron exorcizados.  Mientras tanto el gobierno descubrió lo que todo el mundo sabía:  el Táchira, San Cristóbal, un estado subversivo.  Es decir, lo descubrió como tentáculo alimentador de la guarimba y de los actos de desestabilización en general. Como vía de paso desde Colombia. El Táchira pertenecía más a Colombia que a Venezuela.  Se la había ganado el paramilitarismo y el contrabando.  Hacia la zona de la frontera todo el mundo era informal y hacían del contrabando y el “bachaqueo” un estilo de vida.  Como los buhoneros en Caracas:  familias que compran los productos venezolanos en Mercal o abastos Bicentenario y lo acaparan y especulan.  Familias tachirenses completas dedicadas a vivir del contrabando:  llevaban a Colombia nuestros productos, extraídos de Mercal y abastos Bicentenario.  Hasta el más tonto vendía una paca transfrontera de cualquier cosa, si no meaba gasolina.

 

“Una declaración de guerra:  tú me tomas mi muchacho (Lorent Saleh), yo te tomo el tuyo (Robert Serra)”

 

Cuando el gobierno, ¡por fin!, mete el guante en Táchira y desmiembra al contrabando, dejó sin empleo a un gentío en el estado, y tocó intereses de militares corruptos albaceas de la frontera. Eso lo sabe medio pueblo.  El humor se fermentó y se transformó en bilis.  No se hizo esperar la protesta de los factores colombianos posesionados de Táchira y de su población comprada.  Ocurrieron colmos. Se molestaron con el gobierno venezolano por izar bandera sobre un estado que republicanamente es de su pertenencia.  Hablamos del paramilitarismo añejo ya en su afán de subvertir y pervertir a Venezuela, y de Álvaro Uribe Vélez, aquel a quien le faltó cojones para atacar a nuestro país cuando fungió de presidente de su país, en palabras del difunto Hugo Chávez.  Todos sabemos que trabajan, bajo directrices del Departamento de Estado de los EEUU, para desestabilizar a Venezuela.  Les dolió el Táchira arrebatado de sus garras, regulado en su frontera, patrullado, cerrado en sus trochas de contrabando.  Un montón de gente quebró con la toma de lanchas, bidones, camiones, domicilios.  Mantenían a la gente del Táchira, en la zona de la frontera, bajo protectorado, viviendo de la informalidad y el delito, como acostumbran hacer los carteles de la droga en las barriadas, construyendo infraestructuras para beneficio de los pobladores en lugar del Estado.  Pablo Escobar Gaviria, pues.

Cuando detuvieron en Colombia al joven estudiante Lorent Saleh (ahijado político de Uribe) y develaron sus planes de asesinatos selectivos y operaciones terroristas, no es difícil barruntar que la muerte del diputado Robert Serra es un mensaje de uno de esas organizaciones colombianas de muerte al Estado venezolano.  Una declaración de guerra:  tú me tomas mi muchacho (Lorent Saleh), yo te tomo el tuyo (Robert Serra).  La misiva de un barón de la guerra y el paramilitarismo como Uribe Vélez.  Quien mató a Serra, materialmente hablando, será siempre un pobre pendejo, un miserable instrumento que no servirá para llegar a la autoría intelectual del hecho.  Todo el mundo podrá saber quién lo asesinó fundamentalmente y no se podrá hacer un carrizo.  Ok, fue Uribe... ¿Y entonces?

Actualmente mucha gente en el estado Táchira, resentida por la intervención del Estado venezolano en el asunto del contrabando y el bachaqueo, está ganada para una guerra contra su propio país, gente manipulada por factores de guerra colombianos.  Ya han hecho, descaradamente, hasta marchas y protestas defendiendo el contrabando, su “oficio” injustamente saboteado por el gobierno de Venezuela.  Hasta allí se ha llegado, el pueblo venezolano perdiendo la cédula.  El objetivo final, en el marco del pautado inicio de “toma de calle” de la oposición venezolana, es trasladar el descontento “gocho” a Caracas para incendiarla.   Más paramilitarismo disfrazado en la protesta. Eventualidad ya conocida y sufrida.

La pautada toma de la calle por parte de la Mesa de la Unidad (MUD) para el 4 del mes corriente debió ser suspendida porque los factores extremos que en ella militan no obedecen a reglas y se echaron al pico a Robert Serra asincrónicamente.  Es muy significativo que el ex presidente Ernesto Samper, colombiano, Secretario de la UNASUR, haya declarado al respecto que la muerte del diputado es una señal de la penetración del paramilitarismo en Venezuela.

La “conexión gocha”, la bisagra paramilitarista en Venezuela, ya está en Caracas, y no es descartable que asesten más golpes si de lo que se trata es de una guerra declarada al país desde la baja Colombia. Atentos.

martes, 23 de septiembre de 2014

El Monstruo del puente Llaguno

La vaina iba bien, se recuperaba la confianza en el país con los golpes del presidente al contrabando y a otras peras de boxeo. Si, no hay dudas: ahí están los números y una sensación de civismo creciente en la estructura política del país… Pero fallamos.  Nunca lo reconocimos suficientemente, y nos enfrascamos en criticar más y más, pecando de desequilibrados, viscerales, sesgados...

El tiempo de construcción que nos brindó la derrota de la guarimba hizo recrecer durante los últimos meses el tejido erosionado de nuestra democracia siempre hacheada.  Volvió el país a su curso político ideal, sin machaques callejeros, marchas, incendios.  Y el gobierno se apuntaló en las encuestas como pacífico y progresista, hecho que siempre lo ha sido, por cierto, pero jamás reconocido por los otros.  El problema interno en la oposición, su silencio divisor, le dio un respiro y propaló la percepción de que el gobierno había ganado.

Hasta que ocurrió.  Fue puesto en libertad Iván Simonovis (bueno, “casa por cárcel”), el “Monstruo del Puente Llaguno”, y el gobierno se granjeó en filas propias el fuego crítico y cuestionador que había menguado desde la oposición.  Al parecer una costumbre de querer andarse quemándo siempre y formándose vainas que nadie necesita. ¡No te digo yo!

Pero, como decía al principio, la culpa es de nosotros mismos, mía, gentica que nunca reconocemos a tiempo lo que idealmente está hecho y nos damos cuenta de ello cuando realmente ocurren eventos criticables, mínimamente lamentables como el de marras.  Como si las altas nubes del Olimpo del gobierno lo hicieran a propósito con el fin de estremecernos a punta de contrastes.  ¿Me copian?

¿Dura la cosa, no?  Salió el asesino, y todavía andan por ahí los fantasmas de las víctimas tan chorreantes de sangre, tapándose el hueco como el Prudencio Aguilar de Cien años de soledad.  ¿Náusea, verdad?  ¿Qué fue por medidas humanitarias desde el Tribunal Supremo de Justicia, según argumento de un gobierno humanista y respetuoso de los derechos humanos?  ¡Caramba!  ¿Está claro, verdad?  No se puede respetar el derecho humano de uno a costa de violentar el del otro.  No es balanza, no es justicia, y menos cuando en el caso presente no hablamos de uno, sino de decenas de muertos y cientos de dolientes.  Simonovis a su casa metiéndole el palo en la llaga a todos, y peor aun cuando el sujeto jamás ha mostrado arrepentimiento público por sus crímenes.

Perdón, me quedé dormido en el juego de la reflexión.  ¿Me tocaba jugar a mí?  Paso.  Establézcase la pena de muerte si no se quiere que sigan ocurriendo hechos así:  eventos “humanistas” criminales.  Entonces no habría un Simonovis que soltar y asunto zanjado.  ¡Pero si estamos de acuerdo en que un gobierno humanista no puede consentir en su sociedad la pena de muerte, al menos, carajo, no se cometan crímenes en nombre de tal exención!

Diré en lo sucesivo, señor Gobierno, “eso, esto, aquello, está bien”, para que no me vuelva usted a estremecer el espíritu animal que llevo por dentro con otra llamada de atención hacia lo bueno con lo malo, con otro gestito “humanitario”, por ejemplo.  No evolucioné hasta vuestros niveles y me quedé petrificado como bárbaro.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La ceguera de Europa va la guerra

EEUU acaba de declarar que pondrá en Estonia, país báltico a orillas de Rusia, dispositivos de guerra de rápida respuesta, claro está, dizque en el marco del conflicto ucraniano.  Su objetivo no es realmente apoyar a Ucrania en caso de injerencia por parte de Rusia, sino atenazar a Rusia, el gran rival hacia su hegemónica unipolaridad sobre el mundo.  Ucrania es una mentira, un cebo, un ardid, la final excusa.

EEUU da por hecho su control sobre China después de anular, lo más rápido que pueda, a Rusia.  Le resultaría fácil.  Bastaría con unas cuantas amenazas, siempre atómicas en el fondo, para achicopalar a una potencia que todavía no es del todo en términos militares, más allá de lo económico.  De manera que el tiempo apremia.  La unipolaridad aún está al alcance, en sus razonamientos de potencia imperial, presuntamente en saludable expansión.

Apremia concretar el trabajo desintegrador de Reagan, el error histórico (también desintegrador) de Gorbachov y Yeltsin de desmoronar a la vieja Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.  Habría que coronar con remates certeros hoy semejantes esfuerzos victoriosos del ayer, por un lado, de un patriota como lo fue el presidente y actor estadounidense y, por el otro, de un borracho y de un mimado de Occidente, éste último a quien la jauría capitalista aplaudía a rabiar.

Pero el problema es que Rusia está llena de mortíferos armamentos, tanto o más que los mismos EEUU.  Es una nación de temer, jamás hueso blando en la historia bélica.  Los países que soltó con la federación fueron conquistados por la miel occidental, e indispuestos en su contra.  Ucrania es el emblema.  Y la reacción rusa tiene a todos en expectativas.

Hay una locura de amenazas nucleares desatada, para no decir guerra (una guerra sería nuclear en estos tiempos, por fuerza:  EEUU soltó el equivalente a varias bombas atómicas dosificadas en Irak en su tiempo de invasión).  A las economías quebradas de Europa les conviene la guerra y la buscan para revolver el agua y aventurar la mejoría de su suerte.  Ucrania, la primera, ansiosa de lo que sea, nuclear o no, incapaz de controlar su interior, donde hubo un golpe de Estado de consecuencias incorregibles; España corre a la aventura a ofrecer aviones para situarlos en Estonia; Inglaterra, adlátere eterno de los EEUU, no duda en decir “Sí”; Francia, quebrada, y Alemania haciendo malabares para que no se le vean las costuras de crisis por las pasa, lucen al acecho, listas para el salto.

Ese duque del pasado que asesinaron en Austria y que, dicen, generó un conflicto mundial, es una mentira.  Fue una excusa, una propaganda de guerra, una mala interpretación de los hechos, de la misma manera que alguien pueda aseverar que la guerra de Troya fue generada por la cólera de Aquiles.  Es excusa y mentira también el ataque a Polonia como motivador de guerra.  El asunto es económico, y cuando los países están quebrados empujan al combate para estremecer el árbol de los destinos.  El resto es edulcoración, adorno, diplomacia, juego de las palabras para atenuar las vilezas del alma humana. En aquellos momentos fue un asunto de disputa de mercados,  de supervivencia entre anglosajones y germanos, por simplificarlo en una de las razones; hoy, siguen siendo los mercados y la supervivencia el meollo del asunto, donde el dólar boquea como insignia mancomunadora de prosperidades.

Hoy a nadie le importa Ucrania.  Es un discurso que está allí para excusar el disparo de bajas pasiones.  EEUU, ligero como pájaro, fuera de los ramalazos de una explosión atómica, mete leña al fuego en el área lejana.  Para más concreción, es el origen, quien financió y armó la revolución de colores que defenestró el gobierno constituido de Ucrania (a nadie se le oculta que el nazismo es uno de esos colores que más han tomado brillo).  Europa, por su lado, es el campo de experimentación, acostumbrada históricamente a las balas y bombas, al correr de la sangre, hoy ciega seguidora de los EEUU.  Su nuevo patio trasero, creyente defensora de sus propios intereses cuando la verdad es que es una región decadente que no atina a comprender que está siendo utilizada para apuntalar los objetivos de otro.  De un hombre ignorante podría decirse, eventual y metafóricamente, que es ciego; de uno instruido, pero en necesidad y sin gran capacidad de elección, también.  Tal es la vieja Europa, como se mofó un presidente de los EEUU.

Es cosa de no entenderse.  Aprietan en sanciones los países europeos contra un país que, si lo decide, les corta el gas y los pone a hibernar en el invierno, escondiendo debilidades con arrogancia.  Civilizada estupidez.  EEUU manda de lejos y ellos cumplen las órdenes muy cerca de la candela.

Hoy corre Europa en mesnada a instalarle en Estonia una vieja Turquía a Rusia, como si imaginara que la vieja Crisis de los Misiles es una anécdota irrepetible del pasado.  Como si creyese que los rusos, por su reaccionar tranquilo ante las recientes sanciones económicas, han de continuar así por siempre.  Como si supusiesen, estadounidenses y aliados, que después de lo de Estonia, los rusos no buscarán la simetría, una vieja o nueva Cuba.  Sin duda, se cocina un plato fuerte en breve entre los fragores silenciosos del ajedrez de guerra. La genética rusa es también la de un animal que sobrevive... y ataca.

En una nueva Crisis de los Misiles, eufemismo de hecatombe planetaria, quien desaparecería en primer término de la faz del mundo sería lo que hay sobre el terreno del conflicto entre los polos, puntos de localización de armamentos y naves, y de importancia estratégica, los tontos útiles de siempre.  El ajedrez se juega sobre un tablero, y los primeros escaques serían Ucrania, Estonia, Letonia, Rumania, Polonia, además de los nuevos que se quieren sumar, como Suecia y Finlandia. Otros países serían ocupados, suerte de pulgas militares pero con importancia geoestratégica, como España.

Por la misma percepción de sus frágiles situaciones, que castra hacia el porvenir, hay la premonición y tensión de que se aproxima una catástrofe, y los países europeos han concordado ampararse bajo el ala desecante (Irak, Libia, Afganistán, Siria, Yugoeslavia, invasiones a África y América Latna) del imperio norteamericano. Si hay crisis hay miedo, y si hay miedo puede haber ceguera. Hora de desbandas emocionales y asunción talismánica de bandos.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Cuentos sobre motorizados y peatones desesperados

Sigo con los motorizados.

En meses pasados crucé comentarios con una columnista también de Aporrea y hablamos de la posibilidad de reunirnos un lote de escritores de ficción e intentar publicar nuestros materiales, dado que la mayoría de las editoriales del país y del Estado andan es pendiente del tema político.  Me pareció razonable, pero en el momento me agarraba fuera de base por no tener al día mi caos.

Mi amiga desapareció.

He arreglado el material que he podido y en lo que va de año he escrito dos libros de microrrelatos sobre un tema respecto del cual soy un peatón avezado y sufrido (los motorizados) y otro sobre la ciudad de Caracas, en ficciones, es claro.  El primero se llama 20 motocuentos y un peatón desesperado (a émulo del poemario de Pablo Neruda) y el segundo aún no tiene nombre, probablemente Caracas te quiero, nombre de uno de sus relatos.

Antes de caer en las garras del vil capitalismo, que te ofrecen expresas herramientas de publicación, ofrezco mi material por esta vía a editores interesados, locales o nuestros, teniendo claro que me refiero por los momentos al material cabalmente terminado, el de los motorizados, ficción que cuajó en derroteros de la crítica social, mayormente pesimista, como fue seguro la experiencia vital de quien la concibió y escribió. Es decir, ofrezco una muestra del conjunto para dar una idea.

Se trata del minicuento número 16, sobre el drama mismo de ser motorizado, especie sometida a riegos procedentes, más de las veces, de su propia imprudencia.  Pero el conjunto de textos en general habla de la ciudad aporreada por este medio de transporte y sus conductores, los peatones, el tráfico, los fiscales, los funcionarios de Estado y sus políticas al respecto, la delincuencia, casi que esbozando una cultura del motorizado, si me es permitido decirlo.

En sus manos:

“16

LAS MOTOS MÁS POPULARES DE VENEZUELA

En el Hospital Miguel Pérez Carreño cortan la pata al motorizado sin mucho chiste.  No hay camas disponibles, menos especialistas tan escurridizos como los cirujanos y traumatólogos, y las enfermeras y empleados te sueltan en rosario a cada rato que no se pueden dar el lujo de ocupar durante tanto tiempo los espacios y especialistas con un motorizado que, las más de las veces, es un cabrón irresponsable que ha dañado a muchos y no tiene contemplaciones para joderse a sí mismo.

─¡No, Sugar, por favor no me lleves para allá, hermano!  Me quitarán la pierna...

─Tranquilo, Batracio, estaremos contigo.  Eso que te dijeron es mentira.

Lo llevaban entre dos, hamburguesado entre el chofer y el parrillero, con la pierna al aire porque el destrozo y el constante goteo de sangre no permitían bajarla.

─Te estás desangrando, hijo ─terció el otro─.  Hay que resolver rápido.  Yo que tú me calmaría, pana, Los médico son los que saben y no puedes andar con esos miedos.

─Te lo digo, Jorge, ahí cortan patas por departamento...

Entonces tuvieron también que sostenerle la cabeza porque se desmayó.

Cuando llegaron a emergencias, después de encadenar su moto a un tubo de las defensas del hospital, ellos mismos hicieron de camilleros y se abrieron paso hasta el lugar parsimonioso de los enfermeros, quienes saltaron en su auxilio cuando los vieron.  Rápidamente los suplantaron y les pidieron que esperasen en la sala de espera.  Pero ellos insistieron y fueron detrás de su amigo, como se lo habían prometido.

Entonces a través del largo pasillo les hicieron preguntas:

─¿Qué le pasó?

─Rodó desde la moto.

─¿Cómo fue?

─Se le atravesó un peatón y se lanzó contra un carro

─¿Y la moto?

─Quedo en el sitio, echa leña.

─Tiene severo traumatismo en el pie.

─Sí, enfermero, fue muy duro el golpe.

─Bueno que lo trajeron rápido porque, si no, se desangra.

─Somos sus cuates.  Eso fue hace cinco minutos en la avenida San Martín.

─¿Y que marca es la moto?

─Una Bera, doc.

─Bien, hemos llegado al pabellón de los motorizados.  Hasta acá ustedes llegan.  Regresen y esperen afuera.  Después que lo atiendan, les informaremos.

Antes de irse, pudieron ver detrás de los hombres de la vigilancia que estaban apostados en la entrada un recinto circular con tres grandes puertas, copadas de camillas y convalecientes, muchos de ellos con las extremidades sobre cabestrillos o en el aire, las más de ellas amputadas.

No pudiéndose contener, preguntaron a los vigilantes qué eran las habitaciones.

─Son los departamentos de amputación motorizada ─dijo uno de ellos con macabro gusto─.  El primero es para los Skygo, el otro para los Bera y el último para los Empire Horse, el más congestionado.

Sugar y Jorge se miraron a los ojos con consternación. “

viernes, 29 de agosto de 2014

Buhoneros metidos en cintura en Mercado Quinta Crespo, Caracas

A golpe de diez de la mañana de hoy me sorprendió el siguiente panorama dígase desértico del Mercado Quinta Crespo.  No había buhoneros (o “trabajadores informales”, en términos más convencionales y “respetuosos”), ni mercadería de la canasta básica vendiéndose por ningún lado, sino en los interiores del mercado.

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Me dije que los habían erradicado finalmente, posiblemente una acción del Estado en el marco de las últimas emprendidas en la frontera para controlar el contrabando de alimentos y otras especies.  “Les tocó”, me repetía, revisando los rostros satisfechos de los viandantes que, por lo menos una vez en la vida, caminaban con libertad sobre la especie de plazoleta ubicada frente al mercado, delimitada por dos callecitas.  “Así debe de ser”.

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Día despejado frente a Mercado Quinta Crespo.

─¿Qué pasó con los muchachitos traviesos, vendedores de todo? ─le pregunté a un viejo.

─Los mandaron de vacaciones a esas plagas.

─¡Qué maravilla! ─soltó una señora más allá, que nos había oído.

Compré una arepa asada con queso y un jugo natural en una venta de las entradas del mercado, y seguí mi paso proviniendo desde el puente Casacoima hacia la avenida Baralt.  Con la sensación periférica de vacío en mi ojo izquierdo, descubrí a unos cuantos metros la razón del fenómeno a mi lado derecho, justo donde está el busto de Joaquín Crespo, en una esquina del mercado.  Allí estaban todos apilados, en medio de una congregación gremial, discurriendo sobre sus infortunios.

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Trabajadores informales en reunión ante el busto de Joaquín Crespo, frente al mercado.

Pelé por la cámara e hice algunas fotos y, con la cautela con que debe procederse entre quienes con seguridad se sentían afectados por los recientes decomisos que le habían hecho las autoridades, me colé entre los asistentes de la informal reunión para saber un poco del discurso que soltaba su dirigente, una mujer gordita, cuasi rubia, de unos treinta años.  Todos mostraban rostros de consternación, algunos de furia.  Téngase en cuenta que antier, en medio de un operativo policial y de la Superintendencia de Precios Justos, le fueron decomisados en cinco locales espaciados en el Mercado Quinta Crespo, 13 toneladas de alimentos de la cesta básica del venezolano.  Y yendo un poco más atrás y hacia otros mercados, en Catia, le fueron decomisados 6 toneladas de los mismos productos, acaparados en galpones donde además guardaban sus enseres como mesas, sillas, parasoles, parafernalia de su mercadería.  Fueron presos los responsables de los galpones “aguantadores” y vendidos a precios justos los alimentos a la población.

 

Bachaquero venezolano en Cúcuta, Colombia

Bachaquero venezolano en Cúcuta, Colombia, como decir buhonero en Mercado Quinta Crespo, Caracas (foto tomada de Antonio Gramsci @aulaucv)

─A mi me prensan de allá arriba ─les decía su líder, con voz trágica─ y yos los prenso a ustedes.  No quiero problemas, se los recalco.  Son órdenes directas del Superintendente, del ministro.  No quiero ver más víveres sobre las mesas de venta.  No quiero problemas con ustedes ni con las autoridades.  Y entiendan que yo misma estoy afectada porque vivo de esa venta.  Y esto va también con los que venden cervezas.  Nada de cervezas.  Y aquel que no tenga puesto asignado en este lugar que se busque otro trabajo porque habrá control.  Y otra cosa, tengan más cuidado.  Las personas a quienes ustedes les venden, ellas mismas los delatan, los denuncian.  Gente chismosa.  Hay que cuidarse.  Hay funcionarios de civiles metidos entre la gente, verificando, simulando que compran.  Así fue que nos descubrieron los depósitos.  Así que ya lo saben, no toleraré más problemas e indisciplina entre nosotros.

Cuando yo mismo me revisé de pies de cabeza, no pareciendo un buhonero, perdón, vendedor informal, me salí de la reunión.  Además, había fotografiado al grupo, sintiendo el apuro de parecer un espía al descubierto.

Tomé rumbo Baralt arriba y apenas lo hice me topé con un crítico más expresivo que yo que recién había visto la aglomeración y reaccionaba.

─Está bien que los controlen a esos hijos de putas, hambreadores de pueblo.  ¿Quién ha dicho que se tiene que hacer negocio con el hambre y la necesidad de la gente?  ¡No jodan!

Y me terminé de ir con la cabeza llena de satisfacciones, pensando que por fin accionaban contra esos delincuentes, bichos que escondían los alimentos de primera necesidad para venderlos a precios desorbitados en las orillas de la calles.  En su descargo, controlando la efusiva felicidad que genera la corrección de tan indignos entuertos, pensando en la figura hasta ahora providencial del señor Superintendente, hice dentro de mi cabeza las siguientes distinciones:

“─No son buhoneros porque no venden baratijas, sino, al contrario, alimentos de gran valor para el pueblo venezolano.  Lo buhoneríl lo tienen en el alma, en la escasa conciencia que significa enriquecerse con la necesidad del otro.  Una monstruosidad, unos tantos monstruos.  ¿Ah, que son venezolanos con necesidad de trabajo?  ¡'Pues, tal cosa no justifica el crimen porque, si a ver vamos, justifiquemos entonces al criminal que de otra manera mata a la gente!  Son trabajadores informales y eso los faculta a no tener un puesto formal de venta y una mercadería fija, pero no a especular ni a traficar alimentos.  La informalidad no necesariamente apologiza un proceder delictivo”.

La sirena de una patrulla me acompañó hasta mi casa, corrigiendo el mantelero de muchos vendedores informales a orillas de la Baralt, a quienes se les invitaba a recoger su mercadería so pena de confiscación. El día de hoy la ciudad se desperezó con una prometedora aureola de civismo, por primera vez en años.

El motorizado en Caracas, delincuente licenciado

El motorizado es un tío reciente en Venezuela como lote, cultura, gremio y organización.  Es un fenómeno del año 2005 en adelante en tanto notable, agresivo, forajido, criminal, incívico.  Notablemente peyorativo, lamentablemente hasta el sol de hoy. Es la mayoritaria realidad, tanto si el lector camina o no camina por la ciudad y la cosa no le parece tal.

Antes había motos por doquier, nadie lo duda, como en cualquier país con tanto tráfico, pero sin ese perfil tan siniestro con que se le aprecia hoy.  Mas eran minorías, al grado que se sentía como una especie de prenda, objeto accesorio guardado en la casa para pavear, casi como hoy se utilizan las bicicletas, sacadas los domingos por sus dueños para ejercitarse.  Excepción hay que hacer con las motos de la gente en las barriadas populares, especialmente en los cerros, donde la moto se erige prácticamente en una necesidad para subir y bajar, para remontar zonas donde el vehículo a cuatro ruedas no entra en medio de intricados callejones y escaleras, y rendir en la actividad llamada vida diaria.

El motorizado era una especie tímida, apenas asomada en las calles, apabullada por el mayoritario tráfico de vehículos con carrocería. Entonces era muy frecuente utilizar ese medio de transporte para trabajar como mensajero, como aún se hace preferentemente.  Al tope tal que el motorizado era prácticamente el mensajero, el trabajador rápido de una empresa bancaria o de entrega de correspondencia.

Durante los noventas se dio en Caracas la modalidad del atraco y "arrebatón" desde las motocicletas.  Delincuentes se lanzaban en motos al atraco, a dejar mujeres desparramadas sobre la calle, llorando por una cartera o cualquier o otro bien preciado. Fueron controlados.

Después la ciudad empezó a crecer más, el tráfico a oxidarse, la calle a hacerse inviable.  Y empezaron a llegar las motos chinas, baratas, solución ávida para una ciudad congestionada como Caracas, deseosa de movimiento.  La motocicleta se hizo solución, reina en la ciudad, porte en los barrios (el equivalente a un carro en la urbanización), moda y necesidad.  Medio mundo la compró y luego como que no halló qué hacer con ella, para exagerar un pelín la nota.    Se transformó en la herramienta rápida de traslado, en medios de trabajo, además de los ya conocidos mensajeros.  Surgieron los mototaxistas, fenómeno pionero de la caótica situación del tráfico e incivilidad vehicular vivida hoy en Caracas.  Las esquinas fueron tomadas para terminales de motos, captandoras de pasajero; las aceras avasalladas, utilizadas frecuente como vialidad para escapar de las colas; los semáforos y reglas de tránsitos violentados; los peatones en las aceras atropellados, muertos, sacados de sus propios cauces de circulación. Si usted disiente, lo invito a caminar por el centro de Caracas.

Los mototaxistas no son los motorizados en general, responsables por tanto del caos completo mencionado.  Pero sembraron la semilla del desorden con su nueva modalidad de trabajo, a veces sin identificarse, con un pasajero a cuesta al que llevan a toda velocidad a su destino, no respetando la normativa citadina vial.  A veces atracando al mismo pasajero, a cuenta de ser o hacerse pasar por mototaxista.  A cuenta de envalentonarse y llenarse la boca para decir que se “come” la luz porque tiene que trabajar y vive de eso. En el crecimiento de la semilla hay, además, responsabilidad del Estado permisivo y del ciudadano de a pie pendejo.

La escuela del desorden vial en Caracas empezó con los mototaxistas por ahí en el 2005, más o menos, gremio numeroso, gente con una máquina y necesidad de trabajo; el caos se hizo luz desde el momento en que la autoridad los certifica, así como así, con chaleco y casco, sin mayor exigencia y normativa, con escaso control, dando pie para que luego el motorizado se crea, en medio de su escasa instrucción vial estatal, calificado para cometer delitos tranquilamente en las calles.  Luego copiar y pegar, imitar y ejecutar por el resto de los motorizados citadinos, fue clase fácil.

No hay motorizado que respete leyes que no se hacen respetar.  O sea, no hay una cultura sedimentada sobre el hecho responsable de manejar una moto, más si se va trabajar con ella.  Es para juzgar, pensar y empezar a establecer responsabilidades.  Imberbes muchachos montados en motos practican “caballitos” en medio de la ciudad, a veces poco antes de montar a un parrillero, sea amigo o pasajero, no ya sin casco, cosa que a fin de cuentas no importa un carajo, sino sin la conciencia de ser un actor social.  ¿Qué es más conveniente buscar, la culpa o la solución al problema?  ¿Culpa del ciego con el garrote o de quien se lo da? ¿Solución que restringe y reeduca?

Caracas vive un drama.  El Estado para no discriminar, para reconocer derechos de organizaciones sociales, de motorizados agremiados, les ha dado cobertura, les ha hecho refugios en la autopista Francisco de Fajardo, ha pedido que respeten sus derechos, los ha montado a transitar por la autopista en aras de virtualizar prebendas constitucionales; pero no los ha educado. No lo ha exigido, pulido, enviado a la escuela. No ha hecho respetar de parte de ellos, los motorizados, la porción que le corresponde respetar, como en cualquier pacto social:  las leyes, la ciudad, sus ciudadanos.   Si ellos necesitan violentar una señalización vial en virtud de su trabajo, el ciudadano de a pie necesita, por su vulnerable parte, atravesar la calle.

Demás está señalar que la ciudad así, con tanto ingrediente ácido, es un coctel fermentado de intranquilidad social. Un ciudadano que sale de su casa y atraviesa la calle tranqulamente para leer un periódico en la palza adyacente a su residencia, nunca votará al diablo, como dice el refrán, sino que votará, electoralmente, a quien le procure tan simple acto ciudadano.