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miércoles, 11 de junio de 2014

Leche, azúcar, arroz, aceite, margarina... ¡Colas! Ése es su problema, no el mío.

“¡Durante cuanto tiempo nos engañaron! / Trasmutamos ahora, / nos apresuramos a huir / como huye la naturaleza, / Somos la naturaleza” Walt Whitman: Hojas de hierba.

No vengo acá a dar consejos a nadie.  Escribo y me expreso, y tocó puntos álgidos de la situación nacional: los alimentos y sus alrededores.

Lo primero que debo dejar sentado es que no hago colas para comprar lo que como.  Y no es que mande a alguien a hacer colas por mí o que sea supermillonario y que la alimentación no me preocupe, sólo esperando que de mi holgadez brote lo que requiera comer.  Nada de eso.

Simplemente no como, por principios de salud, lo que el grueso de la gente traga y pelea en la calle.  Ni vegetariano del todo soy, ni carnívoro tampoco.  Me pongo en el centro y echo diente a los dos reinos naturales, siguiendo recetas de moderación no tanto alimentarias como para el alma.  Decía Montaigne que en la moderación encarna una de las mayores virtudes del hombre, y la moderación es el centro.

Yo no tomo leche.  Tengo 47 años y desde hace 27 se me desactivó en el organismo la enzima que la degrada.  De manera que consumirla me acarrearía daños de salud como alergias, mucosidades, putrefacción en las vías digestivas y de expulsión, retortijones, diarreas.  Lo de la enzima es determinante y matemático:  les pasa también a los elefantes, que son amamantados por sus madres los primeros años y después, mientras se han transformado en los animales terrestres más corpulentos, nunca más chupan ese líquido blanquecino sin detrimento en nada.  Además nunca dejo de preguntarme por qué un ser humano tiene que andar consumiendo leche de un animal como la vaca, un bicho de otra especie, por el resto de sus días, peor si la pobre vaca es envenenada con hormonas para producirla.  No quiero morir tan joven.

La carne roja presenta una estructura molecular que la hace lenta en su digestión, durando horas un pedazo en la panza.  Según estudios, por su capacidad para generar oxidación celular, juega un papel importante en la incidencia de cánceres.  La ciencia ha comprobado que en el intestino humano se han conseguido trocitos de ella tapiados durante años, indigestos, en algún lado almacenados lógicamente de modo tóxico.  La consumo una vez a la semana o cada 15 días.  Dejo constancia que no hago apología de la razón vegetariana porque no comulgo con los extremos; consumo tanto los vegetales como la carne bajo un controlado criterio de salud.  Así que no me verá usted matarme en una cola para recibir una porción desesperada de sangre y tejido orgánico.  Pesco (en el mercado) y como pescados con gran frecuencia compensatoria.

El azúcar junto con el aceite comestible son unos de los rubros que más ocasión de risa sardónica me han dado.  Y me perdona si usted ha sido uno de esos estúpidos peleones de cola que me han dado esas motivaciones.  Es como si pelearan por veneno, lo cual, más que risa, tiene que mover a lástima.  El azúcar en una de las mayores monstruosidades de la sociedad industrial sobre el pobre consumidor.  Te la meten en todo sin anestesia vía publicidad y necesidad de venta transnacional, como si fuera necesaria para la vida en esa forma blanquecina y granulada.  ¡Por favor!  Lea y deje la ignorancia.  La ciencia revolucionaria y sincera (esa que no se alinea con el matador de usuarios y que está al servicio de la vida) ha dejado claro que el cáncer se alimenta de ella, si, del azúcar, y esto sin hablar de la diabetes y otras preciosuras.  Piense un poco:  el azúcar no es de ese color blanquito que usted ve en el mercado; es morena, y el blanquito es un químico exterminador que le agregan, como el que le ponen a la sal.  En su lugar, consumo moderadamente papelón, sin hacer colas; y si quiero no hacer ni una pulgada de cola, compro la stevia, una hojita natural tres veces más endulzante que el veneno blanco, completamente natural, sano, antioxidante. 

Lo mismo hay que decir del aceite de girasol, soya, maní o ajonjolí:  son venenos meticulosamente elaborados, sometidos a cocciones degradantes de lo natural, a temperaturas de 300º centígrados.  ¿Quién se come una industrialización como ésta?  Simple, un tonto que no barrunta con qué lo están prensando.  Engordan y enferman, y baste nomás mencionar las afecciones coronarias.  Es una sustancia inestable a la hora de freír que reacciona hacia estados químicos perniciosos.  Yo no lo consumo; compro el aceite de oliva, sin matarme con otros en una cola estúpida, y me lo como al natural en ensaladas.  Para freír ─y ahora sí que doy un consejo─ es buena la manteca de cerdo por su estabilidad química, así como el aceite de coco comestible y la misma mantequilla (no margarina), para levemente sofreir.  Por lo general como asado, medio embadurnando de mantequilla la sartén.

Uno de los puntos donde más idiotas consigues para reír dolorosamente es el tema de la mantequilla.  ¡Caramba, te dices que a tu pueblo le falta un montón de picardía y educación alimentaria! ¡Comer avispas, pues, como decimos en Venezuela! Todos se matan por comprar margarina, de paso tolerando que la llamen mantequilla, como si al agua se le pudiera denominar bencina, estricnina o cianuro.  La margarina es una cosa y la mantequilla otra.  La margarina en un principio fue un químico concebido para las vacas, para engordarlas y ponerlas a producir más leche.  Fue retirado de la práctica por la mortandad que ocasionó y enterrada por un tiempo.  Hasta que llegaron los negociantes del alma de los pueblos y la resucitaron:  vieron que agregándole color y sabor podría parecerse a la mantequilla (más costosao), y la vendieron como su sustituto barato, matando lentamente a un gentío.  Tú la consumes y al tiempo te mueres con problemas del corazón y arterias, con obstrucciones en los órganos.  Tú la dejas destapada en un rincón del patio y comprobarás que no la come nadie, que ni las hormigas ni moscas se le acercan ¡porque es un plástico casi!  Según científicos delatores, le falta una molécula para ser plástico, y eso es lo que el tonto nuestro pelea y codea en las colas para comprar.

La mantequilla real es más sana, y resulta buena consumirla.  Las paredes de nuestros tejidos están como hechos de mantequilla-mantequilla, y tal es la que habría que pescar en el mercado.  Se consigue si la buscas, y aquí reconozco que trabajo un poco más lanzando mi caña de pescar en el río.  Pero es completamente imperativo comprender las diferencias entre una y otra, mantequilla y margarina, y desechar el tóxico.

No compro arroz blanco ni pastas espaguetosas, ni harinas blancas de maíz.  Consumo el arroz integral que lo venden por kilo en el mercado de Quinta Crespo o en cualquier otro lugar.  No me mato pisándole juanetes a nadie para hacerlo.  Voy y ya, y me libero de un artículo empaquetado muy desdibujado de su origen natural. Igual digo de la harina blanca, blanca como el bagazo, esa que utilizamos para las vernáculas arepas.  A ambos rubros los empegostan con gluten (aunque lo nieguen los empresarios de la muerte) y otras baratijas para que sus elaborados mantengan la forma íntegra y elástica que el paladar babea.  El grano de arroz al cocinarse debe de ser blanquito e integro, y el color agregado y el gluten, respectivamente, hacen ese milagro a costa de la salud del ignorante.  Ý así con los espaguetis, en grado sumo, una elaboración de harina que toma la forma alargada por el plastificante gluten agregado.  De paso dígase que la llamada harina de pan es un íntegro bagazo, sin valor nutritivo, despojada de sus virtudes en la cocción a altas temperaturas a que es sometida; y cuando tú la comes, mi querido mortal, no agregas nutrientes al cuerpo, sino el formato para embalar las heces que expides al exterior.

El gluten es como una plastilina que se combina con los alimentos para que adopte forma y elasticidad, y una arepa es muy bonita y apetitosa tal cual como la vemos en la pantalla de la televisión, formadita ella, como una cápsula dorada de sabor.  Y los espaguetis son esas lombrices semi sólidas que no se rompen al enroscarse en el tenedor.   ¡Pamplinas!  Así vende el demonio para embaucar almas.  El gluten es una extracción del trigo con gran alcance para enfermar a las personas, generalmente tóxico, alérgico silencioso (moco, inflamaciones), causante de dermatitis y enfermedades autoinmunes.  Usted lo hallará en la avena, el trigo, el centeno, la cebada, por si se decide a consumirlo para el caso de no ser alérgico.

¿Y qué hace uno, entonces, sin arroz, harina y pastas?  ¿Qué diablos comer si no hay ese acompañamiento fabuloso?  Como dije, compro arroz integral, ese que es de color marroncito y que se despaturra cuando se cocina; para la arepa consumo la harina integral, la marca Mazorca si no se consigue la primera, algo más sana.  Pero en general, soluciono todo el embrollo con el maíz, que muelen delante de mis ojos en el mercado, con el que me preparo unas deliciosas y sanas cachapas.  Mientras me la como con mantequilla, me asomo por el balcón para ver a un montón de gafos apuñalándose por un paquete de arroz pervertido.  También compro quinua, un grano procedente de Bolivia, Perú y Ecuador, muy completo en su aporte proteínico, el más completo entre los vegetales conocidos.  Los espaguetis los consumo una vez cada tantos días y he llegado al extremo de comprar unos hechos de arroz, de arroz limpio.

Demás está decir que, situado en el centro de consumo de lo animal y vegetal, como bastante monte en ensaladas como regla general de alimentación.

Podría extenderme un rato más con otros “alimentos”, pero finalizo mi perorata, que no consejos, para dar pie a una crítica.  Amigo lector, no sea tan pendejo y no se deje enloquecer.  Busque entre la grama la verdad, hasta encontrar la aguja.  Lea.  Interróguese a diario por lo que come porque, a fin de cuentas, usted será lo que devora, como dice el dicho.  Preocúpese un pelín más por usted mismo, y no coma la mierda que otros le empaquetan y venden por televisión y otros medios de presión.

Atónito he visto cómo de la escasez de los productos mencionados, casi todos de una marca de una popular cerveza de Venezuela, se ha politizado el comportamiento de nuestros habitantes.  Caramba, no se deje.  No le dé gusto a las fuerzas transnacionales que están detrás para que usted les compre su basura y hasta les haga propaganda matando a otros en las calles en medio de un griterío.  ¿Cómo es eso que el país se cae a pedazos y muere de hambre porque no consigue una margarina (de determinada marca), un eximio veneno, como dejamos dicho?  El colmo del colmillo es que en las manifestaciones políticas he constatado la manipulación de colocar en pancartas imágenes de los productos mencionados en este escrito, de la específica marca de la cerveza, insinuando que hemos de morir si no los conseguimos lo más rápido y abundantemente posible.  ¡Hasta dónde nos han modelado los poderes interesados con su gluten, que conllevan al venezolano a confundir sus marcas empresariales con los verdaderos alimentos necesarios para el pueblo!  Intolerable.

Los tontos somos nosotros.