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viernes, 31 de mayo de 2013

¿Por qué se vende Globovisión y por qué sale La Hojilla?

La concesión a Globovisión está por vencerse.  Usted averigüe la fecha, métase en la WEB y confúndase un poco.

Un montón aseguraba que se vencía en abril de 2013 y otro, en 2015.

Lo cierto del cuento es que es una inminencia el tal vencimiento, para algunos ya acaecido según desinformación detectada.

Pero lo realmente cierto es que, no obstante tan próxima caducidad, el canal fue vendido con todos los visos de un buen negocio, como se vende cualquier artículo por ahí, con legalidad, legitimidad (aunque ya cuestionan unas voces), recibo, ganancia, comprador y vendedor conocidos.

Ponga ahora a funcionar el seso:  ¿quién carrizos estaría interesado en comprar una planta de televisión problemática cuya acta de defunción de plano luce tan inmediata?

Vamos a entendernos.  No es secreto para nadie que medio país espera con ansias la tal fecha de vencimiento para disfrutar, justicieramente, del fin de transmisiones del canal.  Tu y yo sabemos, chavistas, que la vaina es un clamor nacional.  Ese canal de noticias, para muchos una emanación patológica en el país, es una soberano mojón de groserías e impunidad contra el cual nadie ha podido gran cosa (apenas una multita por ahí), aparentemente amparado bajo los derechos de libre expresión, pero con seguridad escudado bajo los poderes imperecederos del dinero y la trata de influencias. Eso tú y yo lo sabemos.

El gobierno revolucionario de Hugo Chávez, que no creía ni en dineros ni en macollas, como cerró RCTV, esperaba el fin de su  concesión para entrarle, para hacer las cosas con toda la legalidad y legitimidad posibles en virtud de ser el Estado el administrador del espectro radioeléctrico del país.

En consecuencia, estemos claros:  quien compra una mercancía podrida y caduca no puede ser más que quien posea el antídoto contra la pudredumbre y la caducidad.  Elemental…, si hablamos de moscas y gusanos. Gente poderosa, con segura incidencia en la toma de decisiones del gobierno (para no decir gobierno), único con potestad para prorrogar finalmente la concesión y la vida del canal.

Ningún loco comprará un pedazo de carne en putrefacción para verla desaparecer en breve plazo devorada por tales insectos.  A menos que...  Ya sabes, a menos que de la carne posea su respectiva varita mágica o poción de la eterna juventud, esa que tanto buscó Ponce de León en la Florida durante el siglo XVI. Y, lógicamente, ya no estaríamos hablando de orate alguno.

─La ley es la ley.  Ese canal podría seguir sólo si cambia de dueño y de línea editorial ─habría relampagueado una voz innominada.

Y así habrá tenido que ser su planteada continuidad, por fuerza, porque con Guillermo Zuluoga como enemigo jurado de la revolución y de las bases éticas del chavismo (el famoso especulador empleador) no había manera imaginable de llegar a una feliz renovación, por más que cambiase la línea editorial del canal.  Y esto hay que entenderlo bajo la óptica de los puntos de honor en el combate político (aunque de putrefacción se trate), del mismo modo que la reapertura de RCTV lo es para un gran sector de la oposición en caso de empoderarse.

¿Qué ocurre entonces?

Don Zuluoga, el señor delincuente de la especulación vehicular, claro y raspa’o en el cuento político de la supervivencia, decide “vender” su planta improductiva, plagada de multas, citas en tribunales, con déficit en sus arcas y señalada en el tiempo para ser liquidada de continuar él, ofensivamente, siendo su dueño.

─Está bien ─musita con su voz quejumbrosa─.   Lo vendo.

Y vende al tío de su mujer, el banquero Juan Domingo Cordero, una joya cuartorrepublicana señalada en la quiebra del Banco Barinas en 1994, hecho que lo puso en situación de huir del país, hasta que en 1999 regresa, en los albores de la revolución bolivariana.

¡Hummm!

Más allá del chisme de insinuar que, arteramente, el negocio se queda entre familia por medio de rutinarios ardides empresariales de cambio de nombre y papeleos… ¿Ya usted también mordió el cebo, verdad?

En efecto, sí, se trata tanto del chisme de familia como de un enorme esfuerzo político-comercial para, coyunturalmente, mientras llega la fecha fatídica del fin de la concesión, cambiar las apariencias, bajar los fuegos pasionales y salvar la temblorosa pantalla.

─Bueno, ustedes compren el susodicho canal, cambien la línea editorial y después hablamos de concesión ─habría  tronado la voz innominada.

Por favor, no nos caigamos a cuentos.  El mismo lobo con cuero de oveja, mientras bala, sigue preservando su original espíritu cánido.  Tal es el dueño, que pone y quita líneas editoriales (y también nombres) según supervivencia, y no tiene que sorprender a nadie que vuelva sobre sus pasos depredantes una vez logrado el objetivo.  Caperucita tiene que dejar de ser una pendeja en la vida y salirse de una vez por todas de esos montes.  Prorrogada la concesión, la línea lobuna retornaría sobre su pelaje.

¿Y el “comprador” qué?  ¡Vamos, pues, muévase e indague!  Busque por ahí y descubra líneas más allá del Banco Barinas.  Si usted lee meticulosamente, digamos entre verrugas, descubrirá que es un guabinoso hombre de banca:  en los noventa del siglo pasado empezó como presidente de la Bolsa de Valores de Venezuela, luego quebró el ya mencionado Banco de Barinas (1994) y fue absuelto un año después del inicio del actual período político (1999); después fue directivo del Grupo Santander (2009), proclive a la venta del Banco de Venezuela al Estado venezolano;  y ahora da paso como comprador de un canal de televisión en pico de zamuro.  ¿No queda a la sospecha que el hombre se mueve raro, errático, como dando pasos a la medida de acomodos o quiebras? Un mandadero de cuello almidonado, híbrido entre política y banca. Y por esta vía se nos viene la conexión gubernamental?  ¡Ah con el hilo! ¡El hilo secreto con la fuente de la eterna juventud concesionaria, mi don, ese mismo contra mosquitos, gusanos y mortecina!

─¿Y que nos dan a cambio después de este esfuerzo contra nuestras propias esencias? ─se habría oído de nuevo la voz quejumbrosa, esforzándose para que en el timbre no se le escapase algún aullido─.  Después de todo, vamos hacia un clima de equilibrio, entendimiento y paz, ¿no?  Damos y recibimos.

─¡Comprado! ─habría caído el rayo por alguna parte, más que apresurado.

Cuentan que un lector de estas líneas, control remoto en mano buscando en vano los espacios La Hojilla (de VTV), Radar de los Barrios y Buenas Noches (de Globovisión), no se pudo explicar cómo es que unas presuntas opiniones personales de un conductor de programa pudieron haber afectado tanto la parrilla informativa y de opinión de la televisión venezolana.   Dizque exclamó:

─¡Carajo, cómo no hacen un referendo sobre el tema éste del canal demoníaco, vinculante como sabemos, a ver si tanto atuendo de oveja piche sirve para algo a los negociantes!

jueves, 23 de mayo de 2013

Ismael Garcia y la maldición de La Hojilla [Cuentos políticos]

Cuando Ismael García, diputado a la Asamblea Nacional por el estado Aragua, presentó la grabación contra el conductor del programa televisivo La Hojilla, Mario Silva, fue estruendoso.

Jamás imaginó que su estrella política pudiera refulgir tanto.

El país se trastornó.  Los medios de comunicación social enloquecieron y no hicieron más que hablar de él, de su patriótica persona, siempre preocupado por la integridad moral de los suyos.

Miraba su nombre por doquier, entre luces de prensa y titulares de la fama.

─¡Ése es Ismael García! ─oía corear por los rincones.

Y hasta temió que sacasen a las calles pancartas con su imagen y nombre retribuyéndole así sus servicios al país, como le decían su abuelos que se hacía antes.

Porque no era para tanto, según se confesó muy secretamente.  Apenas había hecho lo que tuvo que hacer, como declaró a los medios, algo así como cumplir con su deber.  Nada extraordinario, realmente.  Nomás la actitud de cualquiera en la calle que acude a levantar al prójimo que tropieza; aunque, para el caso, se trate de hundir o castigar a la víctima de su trabajo político.  ¡Es el escarmiento de la patria, pues, que ha de castigar las osadas opiniones de un comunicador social sobre el sistema de valores político en el país, sistema tan corrupto y merecedor de castigos como el comunicador mismo!

Eso había sido todo.

Si la gente supiera de su amplitud de pecho y de su capacidad de amor patrio, si duda ya sería presidente del país, tal y como se lo había propuesto desde que salió como imberbe sindicalista de su natal Falcón.  Y es que por su país era capaz de mucho más; y por él mismo, siendo honestos, que se lo merecía: sus esfuerzos, su ardua carrera, sus largos estudios en Cuba como sindicalista, su fundación de partidos políticos varios, sus méritos como diputado regional, como alcalde por su amado Aragua o como lo que es al presente, diputado a la Asamblea Nacional y Secretario General de Avanzada Progresista, su última plataforma política.

─¡Que viva Ismael García, carajo!

“¡Ah, presidente! ─exclamaba mentalmente─.  Eso vendrá a su tiempo y poco a poco.  Pero ya se sabe como es la gente, estúpida cuando está en masas:  hacen de un grano una montaña, tal como ahora mismo.  ¡Ah, si supieran que es nada comparado con mis reales posibilidades.  Si fue apenas una simple grabación...”

Cuando su compañera entra de improviso a la habitación, corta brutalmente sus ensoñaciones y se ve obligado a dejar el balcón y volver a su cama. 

─¡Ya, Maelito, amor mío!  ¿Qué haces en el balcón de nuevo, con ese frío?  ¡Déjalo ya y estate quieto en la cama! ¡Ya tendrás tiempo para trabajar por tu causa!... Empeorarás la tos, querido.  Tómate esta infusión para ver si mejoras un poco.  ¡Vaina extraña esa, si ayer estabas bien, cariño, ¡súper!, con tu alboroto, rueda de prensa, grabaciones y demás!  Siéntate y bebe un poco.

El diputado Ismael García se acomoda en el borde de la cama, coloca sus lentes culos-de-botella sobre la mesita contigua, pasa la palma de sus manos varias veces por su calva sudorosa y, finalmente, apretando su pecho, tose convulsivamente.

─¿Sabes qué dice la comadre Pilar sobre lo que te pasa?...  Me hizo reír con sus cosas, la vieja, pero ella dice que es la maldición de Mario Silva...

─¿Qué es eso, mujer?... ¿Con qué se come eso?  Reconoce que es un gran trabajo y ya...

─Dizque la tos que tú le quitaste al gordo en la grabación ahora se te pasó a tí...  Que lo presentaste limpio, hasta sano, sin su peculiar tos y respiración fañosas, esas mismas que no deja ni por un minuto cuando habla por televisión...

El diputado Ismael García palidece repentinamente, sudando fino.  Toma varios sorbos del guarapo y le pide a su amorosa enfermera que lo deje nuevamente un rato para recuperase.  Luego se deja caer con suavidad de enfermo entre los almohadones de la cama y se dedica a contemplar el azul del balcón allá afuera.

─¡Que viva!

Piensa que el camino a la presidencia de un país cualquiera podría estar sembrado de inesperadas contrariedades y la frase “Nada es perfecto” se le vuelve una pasta pegajosa en su garganta.

 

viernes, 17 de mayo de 2013

Informe de membresía PSUV sobre el barranco electoral del día domingo 14 de abril de 2013 (III)

3.  ¿BUSCAR NUEVOS VOTOS O COSECHAR LOS QUE YA SE TIENEN?

Mire, hay un principio elemental de crecimiento que consiste en... crecer.  Simplemente.

La conceptuación podría complicarse un poco si decimos que se puede crecer aumentando el número de aquello que se procura o subiendo los niveles de calidad de lo acumulado, aunque no se aumente su número.  Usted escoja.

Más aun se puede complicar el rollo si concluimos que la mejor idea de crecimiento es aquella que invita a crecer, numéricamente, al mismo tiempo que con calidad.  Hasta acá la sofisticación del razonamiento.

En política hay que crecer o, en su defecto, mantenerse no importando que estancados pero siempre en un nivel de relativa superioridad respecto del adversario.  Se prepondera o se muere.

Éticamente hablando, más cuanto si se es socialista por apuntar al logro de una única, estable, segura y feliz clase social, el crecimiento ha de orientarse hacia la calidad, calidad revolucionaria para el caso, lógicamente no descuidando el número.  No se gana una elección con el voto de tres calidades contra 3 millones de números.

Ya decía Hugo Chávez que el desarrollo del país debe apuntar a la conformación de una única y poderosa clase media, y por acá, por cierto, se acomodan los tiros de la presente reflexión, punto que dejamos para el cierre.

De votos chavistas, sin calidad revolucionaria, ya sabemos y casi perdemos la república.  Nos referimos a los 600 mil y tantos votos menos que cotejó Maduro (14-A) respecto de Chávez (7-O), a ciencia cierta no muy claros en su destinatario:  si caprilistas o abstenidos.  Lo cierto es que, como hemos dicho, si emigraron de bando, queda evidenciada su importancia nomás coyuntural.  Cesado el embrujo carismático de Chávez,  un cúmulo de electores digamos de “baja calidad” decide votar por el adversario o sencillamente no hacerlo.

Significa que hay que crecer y crecer en sólido, con el agregado ideológico y de consciencia incurso en el hecho, no desdeñando la importancia circunstancial que pueda tener el voto supernumerario llamado “golondrino”.   Más allá de la ética, es política.  Un voto duro soporta viento y marea.

 

“¡Hay que buscar el voto donde no lo hay, aunque se trate de una lógica sin sentido!  ¡Hay que ir a por la clase media, caramba!”

 

Mi trabajo en la parroquia La Vega constató la violación de la lógica de la precedente reflexión.  Se conformó el PSUV con cultivar el voto que, aparentemente, lucia seguro en la zona popular y se olvidó de conquistarlo allí donde lucía precario, es decir, en los sectores de clase media como Montalbán (I, II y III).  Hubo una predeterminación en considerar que en tales sitios el voto chavista es inabordable, sino imposible.  Quien escribe vive en Montalbán II, así como muchísimos otros chavistas que eventualmente podrían abstenerse de validar sus preferencias políticas por causa de tan desalentadora actitud de liderazgo, no hablando ya de la intimidante hostilidad del sector opositor en el sitio.

¿Resultados?  La parroquia La Vega decreció chavistamente en un 3% (7-0 = 58.03%, 14-A = 54.33%) y creció opositoramente en 4 dígitos (7-0 = 41.34%, 14-A = 45.15%).  Y así habrá ocurrido ─¿por qué no?─ con el resto de las 20 parroquias del Municipio Libertador, donde en promedio el voto chavista con Maduro se redujo en un 4%.  De las 21 parroquias que tiene el municipio, el chavismo ganó en 9, incluyendo a La Vega.  Se habrá contentado el PSUV con cosechar lo cultivado en las zonas populares (que como se vio están dejando se ser bastiones, a excepción de las parroquias Sucre y el 23 de enero) sin interesarle la conquista de nuevos espacios.  El hecho es que en la actualidad la Gran Caracas, el área metropolitana, esa porción capital, mirandina y varguense, ya no es chavista.

¡Hay que buscar el voto donde no lo hay, aunque se trate de una lógica sin sentido!  ¡Hay que ir a por la clase media, caramba!  ¿No dijo el comandante que el propósito de la patria es hacer de Venezuela una poderosa clase media?  Ya veremos otras razones en capítulo siguiente, en estos momentos vitales.

Cuando Jesús de Nazaret invitó a un cobrador de impuestos (Mateo) a comer a su mesa, se arrecharon los demás y él tuvo que decirles: “No he venido a llamar justos, sino a pecadores”.    Tal es el trabajo político que debe afrontar el partido:  fundamentalmente sumar, y con calidad, aunque, si al momento no es posible tan carísima ética, simplemente sumar, no descuidando la verdura ideológica de los pastizales conservados.

Sirva la preliminar del presente escrito para enmarcar las imponderables interrogantes una vez la quemazón acaecida:  ¿qué fue lo que se hizo durante la elección pasada?  ¿Se mantuvo cómodamente  la calidad de lo conquistado?,  ¿se perdió numero,  pero se conservó calidad?, ¿se  conquistaron nuevos espacios y se perdieron los viejos?  ¿Qué es política?  ¿Qué es calidad?  ¿Qué es cantidad?  ¿Qué es revolución, socialismo, consciencia?  ¿Qué nombre recibe la confluencia de tales elementos idearios?

Confieso que es más fácil entenebrecer que clarificar, pero por ahí anda el ciego:  hay la gran esperanza de dar con un atisbo de luz salvador sin el riesgo de obnubilarse con su resplandor.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Informe de membresía PSUV sobre el barranco electoral del día domingo 14 de abril de 2013 (II)

2. ¿DECLIVE CHAVISTA?

No hay tal, como parece lógico pensar porque haya muerto el líder de la causa.

Como Bolívar, que no está en declive porque haya muerto, Hugo Chávez es un hecho de consciencia en Venezuela y América Latina.  Como el primero, por haber bregado por la soberanía superamericana, su nombre y legado está destinado al abanderamiento sacro en la lucha por la autosuficiencia de los pueblos.

Pero su muerte, en lo inmediato, en el plano cuantitativo electoral, generó una merma de más de 600 mil votos que casi hunden al país en una crisis de valores y posiciones, justamente cuando se pensaba que el elector revalidaría su fe por un cambio político en el país precisamente por causa de su fallecimiento.

Hablamos de un decrecimiento de 7.6% de votos respecto de los resultados obtenidos el 7 de octubre de 2012, cuando Chávez mismo comandó su campaña.  627 mil 385 votos menos.  Y hasta podrían razonarse como lógicos estos votos en merma si concedemos que sí, que fallamos al creer que la gente votaría más emotivamente por un Chávez ausente.  De allí que los 10 millones planteados nos hayan quedado como una sobreexpectativa.

Chávez son esos 7 millones 563 mil 747 (50.75%) que sacó Maduro, su señalado sucesor; y también fue esos más de 600 mil votos que se llevó a la tumba.  Es decir, se trata de un sinceramiento de las cuentas:  lo que queda cuando él se va y lo que se va cuando ya no se cuenta con él.  En fin, el precio del duelo, la reacción crispada de aquellos que lo apoyaban más por su carisma y figura protectora que por convicción ideológica.  Chavismo ligero o light, en clasificación de algunos (y con asistida razón porque lo que es ligero alza vuelo o se lo lleva el viento).

 

“en medio de la pavorosa situación de contrapeso electoral actual respecto de la derecha, ha de saberse con obviedad que los liderazgos ni se imponen ni se inventan y que en lo sucesivo la representación popular ha de cocerse donde se debe, esto es, al fuego legítimo de la participación con las comunidades”

 

De manera que su muerte, con todo el contrasentido que la expresión pueda figurar, constituye una depuración del chavismo.  La que queda, lo que hay, la baza con la que ha de contar su sucesión, hoy en el poder con Nicolás Maduro y su maquinaria partidista, el PSUV.

De un universo elector constituido por 18 millones 904 mi 364 venezolanos, Chávez es un pilar de un 40%, probamente lo más próximo a lo que se define como su voto duro, voto chavista, chavista sin Chávez, libre ya de la fluctuación referida del chavismo light.

Ergo no hay declive chavista, sino sinceración ideológica, electora, de consciencia, suerte de desembarazo de ese 3.3% que de la población votante significan los 627 mil 385 votos menos de marras.  Y al punto, no obstante la expresada preocupación por el destino quizás migratorio de esos tales votos, no importa tanto su vuelo golondrino como la certeza partidista de saber con cuánto se cuenta para continuar el camino.  Tal es el cúmulo con el que el PSUV, desprovisto ya del efecto carismático de Hugo Chávez, tiene que reempezar a planificar para en lo sucesivo conquistar apoyos de mayor peso de consciencia en lugar de esas fugacidades peligrosas que casi descalabran la republica.

Con Hugo Chávez no sólo se va el carisma y se sincera el ala izquierda ideológica del país, sino que también se ha de acabar el señalamiento a dedo de figuraciones políticas, perdonable en una personalidad con sus dotes, muy probablemente catastrófica en otras potestades.  En la maquinaria política que queda, en el seno de la realidad política forjada por el líder, en medio de la pavorosa situación de contrapeso electoral actual respecto de la derecha, ha de saberse con obviedad que los liderazgos ni se imponen ni se inventan y que en lo sucesivo la representación popular ha de cocerse donde se debe, esto es, al fuego legítimo de la participación con las comunidades.

El PSUV y su proyección de mando político han de ejercerse desde las bases como solución inmediata a la coyuntura presente.

martes, 7 de mayo de 2013

Antonio Ledezma en Florida, EEUU: Venezuela es una... [cuentos políticos]

El Alcalde Metropolitano, Antonio Ledezma, se había ido hasta los EEUU a pedir ayuda para su país, Venezuela.

En Florida, rodeado de otros tantos varios alcaldes, expresó que “ahora más que nunca” el pueblo estadounidense debía entender la crisis que enfrentaba su patria, la cual ameritaba una solidaridad fraternal que él profundamente agradecía.

“─Que esa solidaridad sea preventiva, oportuna, y así como se ha planteado la posibilidad de hacer acuerdos de hermanamiento y adelantar trabajos compartiendo experiencias, Venezuela agradecería mucho un pronunciamiento de los alcaldes de Estados Unidos reclamando que se respete la voluntad del pueblo venezolano, reclamando justicia para el pueblo venezolano”

Entonces una prolongada ovación no lo dejó continuar.  Los alcaldes se habían levantado como resortes para celebrar sus palabras, preñadas ellas de amabilidad, invitación y democracia.  Flotaba en el ambiente un aire de gratitud, de aplausos a rabiar para compensarle la merced de pedir a unos alcaldes regionales lecciones de democracia y solución de problemas nacionales extrafronterizos.  Sin duda un generoso tributo de omnipotencia que se agradecía.

Complacido (¡lo aplaudían alcaldes de los EEUU!), el alcalde Ledezma se centró mejor el nudo de su corbata y se apalancó más decididamente frente al auditorio.  Rindió detalles espeluznantes sobre las condiciones de vida en su país, amordazado por la inseguridad y devorado por la pobreza; y lamentó, muy íntimamente, que tan magnífica ocasión y formas discursivas fuesen arruinadas por esas sus domésticas referencias dantescas.

Como a la sazón se conmemoraba el Día Mundial de la Libertad de Prensa, soltó:

“─Si uno va a una marcha encontrará a los periodistas con chalecos antibalas, que andan con cascos.  Parece que uno estuviera en Siria ─en este punto miró con detenimiento a la audiencia, como procurando que se entendiese el alcance de su petitorio─, pero no, está en Venezuela. Allá vivimos amenazados, bajo un toque de queda permanente.

“─Vengo a pedir auxilio para la democracia venezolana” ─exclamó finalmente, abrumado por los aplausos, consciente de que cerraba una ínclita pieza oratoria, concebida para mover voluntades.

Había sido un éxito.  Tomás Regalado, alcalde de Miami; Luigi Boria, de Doral; George Vallejo, de North Miami Beach, y el comisionado condal José Díaz lo zamaquearon durante varios minutos entre sus brazos y le confirmaron que sí, que estaban de acuerdo, que su país Venezuela era una completa mierda hedionda y que harían lo posible por dar una mano.

─"Que el mundo sepa que Venezuela y Caracas cuenta con solidaridad afuera de sus fronteras. Hay voces para denunciar los hechos impunes que se están cometiendo en la nación suramericana" ─sentenció al cierre Regalado, ya frente al micrófono, formalmente.

El alcalde Antonio Ledezma, pleno de la satisfacción por la obra hecha, regresa entonces a su patria, sonriendo en el avión la ocurrencia de aquellos tan distinguidos alcaldes de llamar a su país “letrina”.    Un efecto estético y artístico de su alocución maestra, a no dudar.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Capriles en llamas [Cuentos políticos]

El ex candidato presidencial 2012-13, Henrique Capriles Radonski, sentía un olor insoportable a chamusquina en su cuerpo.

Se agachaba, se erguía, levantaba sus brazos para inspeccionar sus axilas, revisaba sus delicados dedos, se contorsionaba sobre sí mismo como en busca de su cola, se ensortijaba los dedos entre sus cabellos, se introducía los dedos en los oídos, se olía la boca..., y nada, nada tangible a fuego.  Ni carbón ni cenizas por ninguna parte.

Simplemente era un olor que flotaba sobre su cuerpo, como de algunos lagos emanan vapores nauseabundos, sin que se notase, sin que nada evidenciara combustión alguna frente al espejo en el que se observaba.

Su familia y amigos más sinceros se lo habían dicho:  “Te van a quemar, hijo”, “Te van a quemar, mi cuate”, pero él nunca entendió que pudieran estarle advirtiendo sobre esto, sobre una extraña y nunca vista combustión invisible.

Porque nadie más lo notaba ni olía.  En su casa la mucama, que seguramente miraba el mundo desde una perspectiva diferente a él y los suyos (a lo mejor era chavista), jorungaba por acá y por allá y no hacía aspavientos de percibir anomalías.  Recogía con su escoba y pala polvo y arenilla del piso, y no cenizas.  Y lo miraba con la deferencia de todos los días, sin parecer ocultar complacencia alguna, sin estremecer un milímetro las aletas de su nariz obrera.

Patroclo, su más impoluta amistad, ajeno a esos guabinosos retruécanos de la política, había sido lapidario muy a su manera figurativa y hasta piadosa para enfocar las cosas.  Le dijo, poco antes de las nuevas elecciones de abril de 2013:  “¿De nuevo?  Hay dos tipos de guerreros:  los que se lanzan al fuego de la batalla y los que son lanzados.  Siempre te quemarás algo porque de eso se trata, de lo heroico, pero también siempre importará el control del fuego, querido”.  Y él le había devuelto una sonrisa de incomprensión.

Y ahora, ahora que se olía a chicharrón a quemado, lo comprendía a plenitud, como un repentino golpe sobre la mollera.  Se miraba en el espejo y caminaba preocupado por la estancia de su apartamento, estrujando sus manos encima del pecho, la mirada buscando asidero.

Pero ya no había vuelta atrás, como se dice.  El olor era insoportable y era evidente que se quemaba en vivo, aunque nadie lo notase.  Había oído de quemazones inexplicables, como la tan insólita combustión espontánea, sobre la que arduamente había leído en los últimos días, pero ninguna imaginación podía aproximarse a tan espantoso sentimiento que lo embargaba.

“Y pensar que la explicación siempre estuvo allí ─se repetía, mirando de reojo la mesa al lado del espejo─, tan cerca, en la acera de enfrente, latente, aunque sin verla”. Se detuvo un momento, vacilando, estrujándose un poco más de lo ordinario, mirando francamente hacia el sitio.

 

“Pero ya no había vuelta atrás, como se dice.  El olor era insoportable y era evidente que se quemaba en vivo, aunque nadie lo notase”

 

Molesto consigo mismo, y con el mundo, rumiando que en política no se pudiese conseguir un camarada (para utilizar expresiones del bando adverso), decididamente se va hasta allá y toma el recorte de prensa para releerlo una vez más, con aquella su verdad monstruosa, la que tanto sus asesores como afectos políticos le ocultaron.  Textualmente decía así uno de sus párrafos:

“El ex candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, entrampado en su fatuidad, con negadas posibilidades de ganar elección alguna en Venezuela, ha sido utilizado arteramente por un entramado complot entre asesores y el Departamento de Estado de los EEUU para quemarlo políticamente ─como se hiciera con Carmona Estanga o Rosales en el pasado─ en medio una nada oculta aventura por derrocar al gobierno de izquierda que impera en ese país suramericano.   Aun hoy, cuando ya son oficiales los resultados de su derrota y el mundo ha reconocido a Nicolás Maduro como presidente constitucional de Venezuela, sorprende que el ex alcalde y gobernador mirandino persista en la suicida actitud de dejarse utilizar por innombrados poderes para protagonizar la última etapa de su proceso de combustión y manipulación políticas:  la desestabilización violenta de Venezuela.  Para nadie es un secreto que Capriles, militante de una oposición en bancarrota política y carente de liderazgo, fue nominado más por llenar una ausencia que por sus eventuales dotes de estadista...”

¡Bla, bla, bla! 

Capriles, arrugando el recorte entre uno de sus puños, retorna al espejo como para huir de sí mismo, de su inenarrable condición chamuscada.  Se mira fijamente, con toda la intensidad de sus ojos saltones, y siente el alivio de verificar que de su cuerpo parece no desprenderse nada.  Mesa su cabello enroscado, allí donde hasta hace poquito calzara su imbatible gorra de combate, y se queda absorto contemplándose, apretando y aflojándose las aletas de sus fosas nasales, pensando, intentando no respirar durante un rato, mirando de reojo el teléfono.  Toma una decisión.

Sabe que es absurda, infantil y... ¡hasta demente!, pero, millonario él, siempre con su dinero podría hacer lo que le viniese en gana, sea ya por necesidad, por capricho o a título de excentricidad.   Es su pedo, como se dice en vernáculo.  Levanta el auricular y ordena a la sede administrativa de sus propiedades y a todas las oficinas estatales bajo su jurisdicción que se compren muchas tinas y bañeras, rápidamente y sin gran pataleo. 

Da lo mismo ─pensaba, bajando los ojos y volviéndose a inspeccionar con la nariz─, porque ya tenía rato la vida pareciéndole absurda y sin sentido.