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viernes, 30 de octubre de 2009

El petróleo está echado

Ya usted lo habrá oído mucho:  las cartas están echadas; o, como dijo César con sus tropas cruzando río prohibido en su camino hacia Roma, lo cual desataría una confrontación con el Senado y una sangrienta guerra civil:  alea jacta est, la suerte está echada. Bastante hemos oído de historias fantásticas donde el personaje, para obligar a la suerte o definir su destino, lanza la llave del retorno a la profundidad del mar.  Así el camino toma un solo derrotero, y valga la caminería en la expresión.

Dos años de subsistencia tendrían los EEUU de utilizar sus propias reservas petroleras.  Usted vea las cifras nomás (1).  Ello simplemente debiera iluminar nuestro entendimiento:  su economía, su infraestructura, su perfil imperial, su rol protagónico político en el mundo, quedarían debilitados y comprometidos.  De manera que se trata para ellos de una situación de vida o muerte, tanto peor cuanto no se ha dado con una fuente energética sustituta, mucho menos construido su correspondiente infraestructura de explotación; y tanto peor, además, si se considera su creciente dependencia petrolera, lo cual resulta insólito de un país inteligente y previsor..  Para el 2.025, junto a China, se estima que EEUU consumirá el 40% de las reservas mundiales de petróleo (2).

El petróleo es la vía fácil o señalada porque su explotación tiene una infraestructura centenariamente cimentada.  Ni cerca le ha llegado ni le llega otra fuente alternativa de combustible.  Es la fuente de energía que alimenta al mundo, que le da soporte a su nivel de vida, y no se exagera al valorarla como una condición basal de la actual civilización en tanto sostiene confortables costumbres, ideas y artes humanas (los derivados del petróleo cubren hasta el cuerpo humano).  Quizás billones de dólares podrían necesitarse nada más para reducir la dependencia de la energía importada (petróleo incluido), invirtiendo su gasto en combustibles alternativos, como los de fuentes renovables (solar o eólica), en la llamada segunda generación de biocombustibles (tomados de los vegetales no comestible) o en la gasificación del carbón (3).  Hidrógeno, energía nuclear o celestial, o cualquier otro tópico energético implica un gasto descomunal en su implementación como fuente sustituta alternativa, sin contar que la energía nuclear involucra criterios morales de uso y su utilización está confiscada por las potencias militares del mundo.

Esos billones de dólares es lo que vale nuestra civilización petrolera, que cuenta con el conocimiento tecnológico para dar el vuelco, pero que no arriesga el gasto.  Más barato es la guerra, porque por aparejos suma un botín cuando se es vencedor, y, como sabemos, ese botín son países asolados, confiscados en sus territorios y recursos naturales, por supuesto, incluyendo el petróleo.  Invadir a un país y tomar su petróleo es ridículamente más sencillo y baratillo que ponerse a sustituir fuentes energéticas, y no existen razones para creer que así no seguirá siendo hasta el momento en que sea impostergable aferrarse al precipicio final de la era petrolera.

Momento final, crítico, traumático, de reacomodo de fuerzas en el mundo.  Con toda seguridad, momento de guerra, como la Primera y Segunda guerras mundiales.  El fin de la era, y la hora de la incertidumbre respecto del porvenir, con toda la sintomatología de los cambios de las eras y finales de mundos:  que si el Apocalipsis, que si los jinetes de colores, que si las pestes, que si la señora guerra.  Probablemente hasta  llegué el Anticristo, para darle un tono pintoresco a las palabras.  La desinstitucionalización del mundo se empieza a perfilar, y eso no equivale más que a decir que las instituciones dejan de ser convenientes a sus signatarios y creadores.  Recordemos a la ONU respecto de Irak (por poner el ejemplo mayor), esto es, su resolución de que no se invadiera, y, también, el acto de omisión que hiciera EEUU al respecto, invadiendo finalmente porque sí.  Porque su subsistencia está primero y el pan-petróleo debe ser procurado a toda costa.  Nada digamos respecto de Cuba (para seguir la línea, aunque ya no petrolera), que por años ha obtenido su resolución favorable a la suspensión del bloqueo que le aplica EEUU y de nada ha servido.  De la era que muere, las organizaciones  empiezan a no servir a los propósitos creados.  65 guerras se han suscitado desde la creación de la esa organización inservible que ha sido la ONU.  Pero volvamos…

Países hay cuyas reservas aguantan para ciento cincuenta años, como Venezuela y Arabia Saudita, pero la era del aprovechamiento sistemático, suficiente y global del petróleo la estiman los técnicos hasta los años setenta del siglo.  Y no debe ocultarse a la inteligencia dos cosas, so pena de ser un estúpido (los hay muy cultos, graduados en universidades europeas):  (a) EEUU muere petroleramente y busca con ansiedad prolongar su vida; ser un país armado poderosamente, hasta el grado que lo ha llevado a llamarse “policía del mundo”, le da la facilidad de tomar de donde quiera (me refiero a países vulnerables) su panacea.  De hecho, ningún tonto creerá que, en nombre de principios de no intervención y del derecho internacional, ellos están dispuestos a morir.  Ya Irak y la ONU nos contaron un cuento en la materia .  (b) Venezuela es uno de esos países “vulnerables”, pacífico, insuficientemente armado, incipiente en revolución, con más grito humano que tiro de arma de fuego, de paso anegado en petróleo, esa preciada sangre del vampiro.  Hagamos un silogismo con los dos considerandos, “a” y “b”, y obtendremos un futuro “c” apesadumbrado.

La suerte, pues, que es como decir la guerra, está echada, y recuerde que no a otra cosa aludió Julio César cuando sentenció la frase frente a su río Rubicón.  Y no porque yo lo diga o porque Venezuela comete el “delito” de ser rica en petróleo, proposiciones ambas ridículas.  Se trata de una circunstancia de convergencia histórica, cuando se acaba el recurso, una gran civilización de consumidores se ve amenazada de extinción, y, sobremanera, los agentes depredadores comprenden que la cadena alimentaria se les subleva, es decir, América Latina y el Caribe, su tradicional “patio trasero”, despiertan, alzan la voz y se rehúsan al destino de ser sólo bocados en las fauces.  América Latina, del Sur, del Caribe, en revolución, con movimientos telúricos de conciencia , sublevada y, en breve, según la pintan las señales, en armas, para defender sus espacios.

Para los EEUU, la comprensión de que en su “patio trasero” cunde una suerte de rebelión en la granja, es un detonante de altos niveles de alarma:  a su problema de exploración estratégica de recursos, se le suma que el granero quiere arder en llamas.  Han tirado la llave del destino al mar y nos han “entubado” hacia la guerra de defendernos en nuestro hábitat.  Son ellos o nosotros, en esa restante porción de vida que le promete el secuestrarnos como fuente energética para su feneciente modelo civilizatorio.  Véase la siguiente cronología, que figura una lógica de precipitantes factores de confrontación:

  • Golpe de Estado en Venezuela, con participación de los EEUU (frenar la Revolución Bolivariana)
  • Reactivación de una flota de guerra en el Caribe (síntoma de preocupación, de pérdida de influencia)
  • Golpe de Estado en Honduras, con participación de los EEUU (crear un espacio, básicamente, de intimidación hacia el continente, como diciendo es lo que pasará a quien insista en sustraerse de su influencia o dominio)
  • Bases militares en Colombia (las alarmas se disparan y se comprende que Venezuela ha tomado una conciencia peligrosa de cambios, contagiada a otros países).
  • Venezuela empieza a comprar armas para su defensa (hecho necesario, según se perfilan las pretensiones de los EEUU, pero al mismo tiempo argumento útil para acusarla de armamentismo).
  • Y, lo último, el intento del Congreso de los EEUU de colocar a Venezuela en la lista de países terroristas (difuso concepto que aglutina narcotráfico y guerrilla) (4).

Venezuela, como ojo del huracán, puesta en el trance de ser reserva energética a cualquier precio (precio ínfimo comparado con el esfuerzo de buscar nuevas fuentes de suministro), tanto más cuanto mayor es la probabilidad de que su presidente no se someta voluntariamente al imperativo de ser “granero” y, también, tanto más cuanto grandes son sus presentes esfuerzos  por diversificar el mercado de sus ventas petroleras.  Por ello las rondas de buques de guerra en los alrededores del país, las bases militares en Aruba y Curazao (al norte), la del Arauca, Colombia (al suroeste), y las tantas otras restantes proyectadas en su periferia (5).  En lista negra Venezuela, terrorista ella, probablemente bloqueada, seguramente consumiendo internamente su petróleo, esperaría la hora final de la invasión mientras es obligada a preservar sus recursos para los amos del mundo.  Una forma estratégica de preservar su recurso petrolero es bloqueando o embargando al país, impidiendo su comercialización, penalizando al país que se atreva a comprarle, como se hace con Cuba y su bloqueo desde hace décadas, como reza por allí una tal Ley Helms-Burton.

Probablemente la guerra contra nuestro país tarde en llegar una década o unos quince años ─siendo optimista (6)─, pero lo cierto es que en la hora presente sus halcones preparan las condiciones.  Mientras tanto tiene el país, como única vía de supervivencia, (a) procurar alianzas más activas con Rusia y China, de mayor compromiso, (b) armarse adecuadamente para su defensa (por lo menos para disuadir con numerosass bajas al contrario), ( c) obtener la tecnología necesaria para autodotarse de armamento defensivo en caso de bloqueo (7) y (d), también, ir abandonando la actitud dependiente petrolera, de tal modo que el oro negro no sea una condición de chantaje para la existencia propia.

Si somos una reserva energética, granero o patio o lo que sea, si nos sentimos como tal o no nos sentimos como tal (da igual), si nos perfilan las potencias militares como tal, si tenemos petróleo (que es el hecho), combustible del mundo; no tendríamos ya que decir que la suerte o la guerra o las cartas o los dados están echados, sino el petróleo.  La humanidad siempre ha tenido un futuro de guerra:  le toca a los unos u otros, circunstancialmente.  Esta vez el hado revolotea sobre Venezuela, y es bueno conocer de ese destino bélico y nada halagüeño del mundo, porque sirve para decir ─parafraseando un refrán─ que guerra avisada no debería permitir que desaparezcan naciones.

Notas:

(1)  Oscar J. Camero:  “Breve retrato petrolero del sistema imperial de los EEUU” [en línea].  En Animal político. – 23 oct 2.009. - [Pantalla 8]. - http://zoopolitico.blogspot.com/2009/10/breve-retrato-petrolero-del-sistema.html. - [Consulta:  29 oct 2.009].

(2)  Michael T. Klares:  “La nueva geopolítica de la energía” [en línea].  En Indymedia Colombia. – 11 may 2.009. - [Pantalla 14]. - http://colombia.indymedia.org/news/2008/05/86487.php. - [Consulta:  29 oct 2.009].
(3)  Klares, Op. Cit., [pantalla 12].
(4)  Eva Golinger:   “US CONGRESS MEMBERS ATTEMPT TO PLACE VENEZUELA ON TERROR LIST/CLINTON PACTS WITH DICTATOR MICHELETTI IN HONDURAS” [en línea].  En Postcards from the Revolution. – 28 oct 2.009. - [Pantalla 2]. - http://www.chavezcode.com/2009/10/us-congress-members-attempt-to-place.html. - [Consulta:  29 oct 2.009].
(5)  “Bases militares de EEUU en Latinoamérica” [mapa] [en línea].   En Telesur. – 2.009. - [Pantalla única]. - http://www.telesurtv.net/noticias/afondo/especiales/bases_militares_latinoamerica/. - [Consulta:  29 oct 2.009].
(6)  2.025 no es un capricho.  México, el gran vecino energético de los EEUU, estará ya seco en sus pozos y las proyecciones disparan las necesidades de los EEUU hacia niveles alarmantes.
(7)  James Petras:  “Venezuela debe buscar apoyo extra continental para hacer un balance y equilibrar el peso que tiene EEUU en Colombia” / entrevista [en línea].  En Rebelión. – 14 sep 2.009. - [Pantalla 4]. - http://www.rebelion.org/noticias/opinion/2009/9/venezuela-debe-buscar-apoyo-extra-continental-para-hacer-un-balance-y-equilibrar-el-peso-que-91448. - [Consulta:  29 oct 2.009].

miércoles, 28 de octubre de 2009

Desprecio gringo

EEUU nos desprecia profundamente.  Un pito vale para ellos nuestra cultura, nuestros valores patrios o históricos, mirándolos, según sus pretensiones, como eventuales objeciones a su política colonizante de devastaciones nacionalistas. Un carrizo valen para ellos nuestros liderazgos, soberanías, leyes, mejoras sociales; por el contrario, son piedras en el camino, vallas a tumbar, para ellos poder ejercer su prerrogativa de dominio.

Una nación sin convicciones históricas y fundacionales suficientemente fuertes es para ellos un candidato fuerte a colonia, base militar o granero energético.  Un país sin una arraigada conciencia histórica se le figura un pasto fácil para las llamas, para la aniquilación del poco valor que pueda resguardar.

Necesario es el vacío, la ignorancia, el caos, para ellos ejercer, maquiavélicamente, su hegemonía.  Un Simón Bolívar molesta, en tanto icono de lucha por la libertad y contra la opresión procedente de imperios.  ¿Por qué?  Porque su sola mención, su solo recuerdo, invoca sentimientos de pertenencia, de patria, de igualdad, de conciencia y lucha contra el invasor.  De resistencia, hecho que le resulta enormemente costoso al país norteño en la eventualidad de una guerra domeñante, invasión o expropiación.

Son ellos quienes, en nombre de semejantes apetencias imperiales, hacen del desprecio cultural una política de dominio.  Son ellos quienes inventan y ejercen la tesis de la aniquilación de culturas, de guerra de civilizaciones.  Son ellos quienes pregonan y ejercen el modelo unipensador en el mundo, ése que te demuele en un país una estatua del Che Guevara o Sandino para colocar una del payaso de McDonald's, y hablar luego de libertad, unidad o uniformidad, derechos civiles, libre albedrío y tantas otras pajas instituidas en sus discursos.  Son ellos quienes nos desprecian.

Matar al líder para acabar con la resistencia; incendiar las bibliotecas, para acabar con las memorias históricas; robar las obras civilizatorias,  los íconos culturales, las joyas históricas, la arqueología, para figurarle a los pobladores que tales son solo sintomatología de un mal recuerdo, de un país débil que se llamó tal, de una noción de nación tan frágil que es una invitación ─suponen ellos─ a que los lugareños se aborrezcan a sí mismos y los amen a ellos.  (Véase nomás el caso Irak). Tal es el discurso del desprecio, del irrespeto a la inteligencia de los demás, cínicamente sin importarles que a la víctima no se le esconda una de las evidencias más grandes del sistema solar:  que son ellos, los EEUU, su dirigencia que no su pueblo, la entidad que cultiva más odios en la Tierra.

Otrora (Guerra Fría) fue la lucha contra el comunismo y el antisemitismo su bandera cínica de combate, su política de Estado abusiva e invasora, su discurso caza-bobos y despectivo de la inteligencia de los pueblos.  Hoy son el terrorismo, el narcotráfico y el militarismo, las nuevas herramientas discursivas de dominio, el nuevo modo de decirte que les importa un gajo lo que pienses o seas, en aras de avasallar y penetrarte para pisotear tus fundamentos:  tu historia, tus valores nacionales, tu sentido de pertenencia, tu psique colectiva; y en aras de implementar ellos, finalmente, su hegemonía.  La nueva manera de despreciarte en tu ser histórico para ellos fundar sobre tus huesos una nueva colonia.

No otra cosa hace cuando con descaro puede acusar al mundo entero de militarismo, y son ellos quienes venden el 75% de las armas que se producen en el mundo, y tienen un presupuesto militar y de defensa superior a la suma de los presupuestos militares del mundo.  ¿Qué le puede importar quién cuando lo acusa de desarrollar o comprar armamento y amenaza con invadirlo?  Un carajo. ¿Qué de historia, nombre, inteligencia, nacionalidad, puede importar en ti si cada una de tales cosas resulta para ellos un problema, una estupidez nacionalista a resolver, o, mejor dicho, una nadería a aniquilar?  ¿Dónde queda la lógica, la inteligencia, la estadística, que eventualmente se pueden invocar para concitar la justicia?  ¿De qué sirve saber que tienes razón si a la final morirás igualmente bombardeado?  No está la razón al servicio de la vida, podría, para el caso, sentenciar el filósofo.

“Yo soy idiota, tú eres idiota, ellos piensan…”

Y para el caso de América Latina y el Caribe, no puede ese país (EEUU) ejercer un mayor despectivo cinismo.  Allí nadie puede ser inteligente, ni tener historia, ni hablar de estadísticas, ni de lógica, ni tener próceres, ni moral, ni patria, para rebatir nada.   Es un “patio trasero” y punto, al que en la actualidad le calzan sus últimas irrefutables invenciones:  narcotráfico y militarismo.  Venezuela se arma dizque nuclearmente (lo dicen así como así) y el resto de los demás países o coadyuvan al narcotráfico o son narcotraficantes.  Un Bolívar, Martí, Sandino, Guevara, son solo objeciones histórico-nacionalistas que impedirían el florecimiento de su dominio cultural y civilizatorio, o, en el mejor de los casos para ellos, rótulos tras los cuales se solaparían la subversión y el terrorismo. Lo que ellos dicen ha de ser la verdad y lo que los demás oyen debe de ser cierto; el resto de cualquier consideración es estúpido.  Yo soy idiota, tú eres idiota, ellos piensan…

Somos militaristas y narcotraficantes, y punto, sobremanera ésta última acusación, que ellos providencialmente parecen haber reservado para nuestros países.  No puede tener lógica ─ni la merece─ quien será destruido.  Como si tal fuese el eslogan de sus maquinaciones, de su política imperial.  Veamos el sarcasmo sobre este punto del narcotráfico:

¿Para efectos de qué puede servir que alguien exponga que Puerto Rico, por ejemplo, es dominado por ellos en mar, tierra y aire, y es ese país un paraíso para el narcotráfico; que alguien denuncie que ellos utilizan dineros del narcotráfico para financiar guerras, como el caso Irán-Contras respecto de Nicaragua; que ellos son el principal productor de marihuana y el mayor consumidor de cocaína en el mundo; que la producción de droga aumentan donde ellos es establecen supuestamente a “ayudar” con su DEA; que el Plan Colombia aceleró los índices de producción de estupefacientes; que ellos solo certifican y penalizan ─metiéndolos en listas “negras”─ a quienes sólo producen y no a quienes consumen descomunalmente, como ellos; que obliguen a otros países invadidos (por razones de narcotráfico) a ejercer impunidad hacia ellos, como el caso de Colombia, donde sus soldados tienen una especie de derecho de pernada sobre la población femenina, a quien violan sin que los pueda penalizar el Estado?

Solo hay una respuesta:  para nada, para sólo ver que a los caballeritos del norte les importa un carrizo tu inteligencia y tus convicciones.  ¿No fue a eso, por cierto, que vino Obama a las cumbres de nuestros países, para a burlarse en propia cara de nuestros presidentes y ejercer un profundo desprecio de Estado?  Parece allí, a propósito, quedar institucionalizado el desprecio del que hablamos.

Somos narcotraficantes, terroristas y militaristas, y punto.  Que alguien, llevado por el silogismo o la lógica, argumente que la cosa parece un invento (o una burla, mejor dicho) y que no parece justo que quien adolezca de llagas llame a los demás llagosos, es un firme candidato a ser hecho burla por sus inusitadas conclusiones.   Un loco, probablemente un suicida, un bicho nacionalista, algún anacronismo que no parece apreciar el progresista pensamiento del mundo.

No pareciera tener gran valor que las evidencias hagan parir una pregunta como esta:  ¿con todo lo que sabemos, con lo que se sabe de ellos, qué son ellos cuando nos hablan de militarismo y nos imputan como narcotraficantes?  Según ellos, nadie parece suficiente aquí para contestar; y lo mejor que se puede hacer es esperar que ellos nos “soplen” la respuesta.

viernes, 23 de octubre de 2009

Breve retrato petrolero del sistema imperial de los EEUU

Decir que los EEUU nos pretenden por nuestro petróleo, es un lugar común de los más pegajosos de este mundo.  Que aman nuestra flora y fauna, nuestras tierras mineralizadas y la geoestrategia que les proporciona, puede resultar hasta más ridículo de tanto realismo que comporta.  Pero ¿qué se le hace?  Es un hecho del que se puede hablar infinitesimalmente, como cuando comentamos el estado del tiempo, así demos la impresión de que con nuestras palabras agreguemos otra gota de agua al mar.

Es un hecho del que hay que hablar, pero hablar a conciencia en tanto potencialmente podría afectar nuestras vidas con su eventualidad; tratarlo con gravedad, combatiendo el halo de perogrullada que lo envuelve, mismo que podría llevarnos a percibirlo como un asunto dado de la vida, vitaliciamente regular, como el mar mismo, el cielo y la tierra, casi despercibidos debido, precisamente, a su condición de superexistencia y cotidianidad (no otra cosa refieren los clisés). La vida, pues, tu vida, el imperialismo diario de nuestras vidas.

Y habituamiento insólito ése de que sobre nuestras existencias penda una enorme espada de guerra y de apropiaciones, con todo el caudal de sangre y vidas humanas que supondría derramado.  Como si fuésemos un ganado, unas reses, en un delimitado redil propiedad de fuerzas superiores; como si fuésemos una alacena de donde el despensero nos toma dosificadamente.  Esperando nuestra hora, vale decir, cuando al amo imperial le empiecen a fallar los suministros por otro lado (o se le haga difícil obtenerlos) y se decida a explotarnos frontalmente, sistemáticamente, para seguir chupando una ubre que le prolongue la vida.

Porque nadie lo dude:  ninguna vida no pide permiso para vivir, y en la medida en que los EEUU comporte un sistema de vida (imperial), en esa medida vivirá, si se quiere naturalmente (no hay alto ni bajo instinto), procurando la dote que le asegure su subsistencia.  Instintivamente, se puede decir, dado que el impulso es la fuerza básica de la vida.

De forma que no creerá usted, pedazo de iluso, socialista soñador o humanistas de mil cipotes, que ellos le pedirán a usted permiso para vivir, del mismo modo que usted no lo haría, por más que no responda a las leyes de este mundo y nos hable de idealismo o convicciones.  No creerá que ellos menguarán voluntariamente para que usted brille como un magnífico sol en un nuevo y nunca luchado sistema planetario.  Que se irán y le dejarán.  Que fenecerán para que usted nazca.  Qué se sacrificarán para que usted viva, porque usted es mejor y más bonito.  ¡Por todos los dioses!  La vida misma, en su esencia superviviente, no procede así, con tanta innaturalidad.

Los EEUU son un ser viviente, por si no lo sabíamos, con tendencias básicas como toda vida, y básicamente egoístas, esquilmantes, expropiantes, territorialistas, esclavistas, animal en la selva al fin, donde la ley del más fuerte es gen.  Pero vida animal más allá de la animalidad misma, como ha sido la histórica condición humana, destructura de mundos: tanto más cuanto más los defina la condición ideológica del capitalismo expoliante, que los lleva más allá de la instintualidad y la subsistencia.  Porque usted lo sabe…  Un animal selvático no acaba con su ambiente, no contamina hasta más no poder, no destruye de un solo trancazo lo que se puede comer, no mata a otros más allá de la necesidad y la supervivencia…  Ya usted lo ha visto:  es como si quisiesen ser la especie única en el planeta, y planeta destrozado por ella misma, lista en su bestialidad tecnológica para empezar a devorarse a sí misma.  Tales son las proyecciones de tan inusitada especie al “timón” del planeta Tierra.

Lo demostraron con Irak.  Invadieron y punto, sin ONU ni otros ocho cuartos, como se dice, sin pedirle consejo a usted ni a un iraquí.  Desaparecieron el país, su gentilicio, sus museos, sus bibliotecas, su largo linaje de ser otrora cuna de la civilización más  antigua de la humanidad.  Se lo depredaron y ya; se lo deglutieron, se lo asimilaron.  Su modo de vida consumista, su terrible tren de derroche y suntuosidad, así se lo sentenciaron como una inaplazable necesidad.

El mamífero requería petróleo para asegurarle unos años más a su declinante sistema económico basado en la energía de los hidrocarburos.  Y también el espacio, para posicionarse geoestratégicamente en el Medio Oriente y poder procurarse primacía en la lucha por los terrenos del mundo, ya aludiendo a su competidor de siempre, Rusia, y a la flamante  y creciente economía china, que ahora figura un gigantesco zancudo explorador de hidrocarburos.

Dueños del petróleo, asegurarían por largos años (hasta que se agote) la primacía de su modelo imperial.  Estarían en capacidad y sobre la disposición de recursos para alimentar sus tropas, moverlas, ponerlas en lucha donde lo requiera la preeminencia de su “providencial” especie, fabricarle armas; y tierra adentro, entre la frontera social de su nación, seguirían con el suficiente arresto de poder para mantener entrecamisado a su engañado pueblo con el cuento de la “mejor democracia del mundo”, a la final bajo el ardid de la competencia egoísta y el consumismo galopante, que le hacen creer libre.   Tal es el engendro, engendro con combustible, armas y dinero para perdurar hasta que las reservas de su modelo de vida suplan.  Lo que vendrá después es otro cuento.

Algunos pronostican que la era del petróleo cerrará en los 60 ó 70, a pesar de que hay países (como Venezuela), con reservas útiles hasta para doscientos años.  Pero el petróleo en el mundo, como masa energética confiable pancivilizatoria, podría dar la talla hasta este primer centenario.  Entretanto los EEUU, como vitalidad política e ideológica que basa su subsistencia imperial en la explotación de los hidrocarburos, ya realiza sus movidas de piezas sobre el tablero.  Se trata de matar o morir para obtener petróleo, para seguir viviendo; y, como les dije, nadie pide permiso para vivir, mucho menos si se trata de un imperio, de todo un sistema establecido de poderes y sumisiones, alimentado por el llamado combustible del diablo.

“No es difícil barruntar que, si además del petróleo se posesionan de la Amazonia (un descomunal recurso), aquí hay bastante combustible para alargarle la vida a tan enloquecido imperio.”

Es la guerra, pues, que no quede dudas.  No existe otro modo de confrontación, lamentablemente para los soñadores.  Se es imperio o no se es, y ello implica un combate vital, como en todo ser.   Nadie le quita el combustible a una vida sin una guerra, y, aun, en el supuesto de que petróleo se acabase hoy repentinamente, los EEUU difícilmente menguarían mansamente para que otros ocupen sus aniquiladas hegemonías.  Entonces se habrá caído en un quiebre estructural económico-ideológico (como ya empieza a haber señas de ello con la decadencia capitalista), dando paso a lo que queda de tanto luchar por los espacios y sus recursos desde siglos pasados:  las armas, la guerra, hasta que el mundo asuma su nuevo orden.  Y armas nucleares, para más señas, entrando ya, con toda semántica, en la completa Era Nuclear. (Las guerras en el mundo son inevitables, porque constituyen el espacio y tiempo de un reacomodo crítico, social, económico e ideológico).

Vea la preocupación norteña así:  en 1970 los EEUU producían de su propia cosecha más de 10 millones de barriles diarios; hoy apenas llega a 5.  Tienen reservas por el orden de los 16 mil millones, y consume anualmente 7.300 millones, es decir, dos años aproximados de subsistencia.  Diariamente se tragan 19 millones de barriles y, como les dije, ¡produce 5!¹  ¡Caramba, cualquiera se asusta y pertrecha, a sabiendas de que un ogro devastador se sabe con pobres expectativas de vida, restándole nomás como argumento de supervivencia su propia condición de ogro dotado de armas!

No existe ningún problema silogístico (ya es un lugar común, como dije) en imaginar que, ansiosos de pura vida, necesitados de porvenir, se vuelquen hacia nosotros, anegados regionalmente como estamos de petróleo y con una insondada Amanzonia.  ¡Hombre, y sin pedir permisos, para que usted lo sepa!  De hecho la región del Amazonas está señalada entre sus libros escolares como de su propiedad, como una región que actualmente está manos de unos “indios” como nosotros que no la cuidamos (preparan sus huestes desde la infancia).

Si, es un lugar común común remencionarlo, pero nuestra región andina le suministra a los EEUU el 25% del petróleo que consume (de ello nada más Venezuela proporciona el 15) y no es difícil barruntar, después que Venezuela (nada más ella)  está cerca de certificar reservas por el orden de los 314 mil millones de barriles, más que la misma Arabia Saudita, que tiene 170…²  No es difícil barruntar que, si además del petróleo se posesionan de la Amazonia (un descomunal recurso), aquí hay bastante combustible para alargarle la vida a tan enloquecido imperio.

¿Copió usted mi preocupación por éste tan aplastante lugar común de que nos buscan para depredarnos?  Digo algo más, para terminar:  es ciertamente Euroasia-Cáucaso-Medio Oriente (el triángulo petrolero) la red energética más estratégica del planeta, dado que posee el 70% de las reservas de petróleo del mundo, y donde el imperio estadounidense se la juega día y noche con sus conspiraciones (lo último fue su aventura en Georgia); y podrá ser, también digo, el Medio Oriente por sí sólo, como lo declarase el expresidente Eisenhower, la “zona del mundo más importante estratégicamente”, por sus reservas de petróleo…  Pero nada tan fácil y barato como nuestra América, donde, a modo de contingencia, es posible invadirle sus países y extraerle luego sus recursos sin grandes dificultades, mientras se le solucionan al imperio sus reveses en la dicha zona “más estratégica del mundo”.  Como sabemos, no hay aquí, como por allá, países armados atómicamente para defender sus soberanías, que le ofrezcan gran resistencia (Brasil ha poco dio el primer paso y compró submarinos nucleares para custodiar sus recientes hallazgos petroleros). Como si fuéramos, pues, la mandarina petrolera, que se pela con facilidad; o, llamándonos de otro modo, el combustible vital de aquellos que, ineludiblemente, buscaran consumirnos. El pan, el combustible, el alimento.

No venga entonces, hombre, a recriminarme el clisé:  del mismo modo que vienen por nosotros en plan de expoliación, no es posible que a usted se le oculte el lugar común consiguiente:  ellos no pueden ser amigos, ni humana ni animalmente hablando (¿el instinto, se acuerda?).  Tan claro como el cielo, elemental como el agua y la tierra.  Tal debería ser la impronta de todo este largo, trillado y preocupante cuento.

Notas:

¹  “EEUU rodea militarmente a Venezuela debido a sus reservas petroleras” [en línea].  En Agencia Bolivariana de Noticias. – 19 oct 2.009. - [Pantalla primera]. - http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=203518&lee=3. - [Consulta:  23 oct 2.009].

²  “Denuncian en Rusia que bases en Colombia desestabilizan a la región” [en línea].  En Diario Gramma. – 24 ago 2.009. - http://granma.co.cu/2009/08/24/interna/artic15.html. - [Consulta:  23 oct 2.009].

lunes, 19 de octubre de 2009

Oposición ilusa e izquierda ciega

Vea las siguientes cifras del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) en cuanto a la calificación de “buena” de la gestión presidencial:  mayo, 61,5; julio 64,2; septiembre, 57,9 y octubre 62,4%.   Digamos que son niveles sostenibles y uniformes, además de extraordinarios para cualquier presidente en el mundo.  Una breve incursión en las corroboraciones se lo certifica a cualquiera.  Usted vaya.

No obstante, el mes de octubre amaneció de fiesta para la oposición venezolana, y usted por donde lee encuentra que Chávez está prácticamente caído, como ya parece ser costumbre a la hora de sus enfoques políticos y el uso de sus también extraordinarias reglas de medición.  No citaré las fuentes por estar saturada la INTERNET con la noticia repetida.

Presuntamente para el mes de octubre, que refiere los porcentajes del mes anterior, la intención de voto para el presidente de la república aterrizó en 39,8%.  Si el IVAD así lo manifiesta, nadie lo duda; pero al  parecer el motivo de la fiesta opositora consiste en comparar el renglón de “calificación de gestión” (buena, regular, mala, etc.) con el de “intención de voto”, que prefigura ya una porcentualidad electoral.  Así, la insondable mentalidad opositora, instruida su dirigencia en los exquisitos centros de educación de la derecha mundial, toma una cifra de aceptación presidencial (de las mencionadas arriba, por el orden del 60%) y la compara con la respuesta obtenida a la otra pregunta.  Algo así como comparar las patas de una gallina con la cabeza y argüir luego que hay legitimidad en la comparación por pertenecer las partes a un mismo todo.

Sin embargo, no me crean mucho.  La página del IVAD permanece cerrada (dice “en construcción”) como para realizar comprobaciones y sé que un opositor a ultranza celebrará que yo ande mintiendo del modo más descarado con la difusión de verdades tan “inventadas” (¡así son sus silogismos!); crítica de todos modos sin remedio, porque, incluso, para el caso que la susodicha página encuestadora estuviese abierta, sabríamos igualmente cuáles serán sus pronunciamientos:  página “oficialista” o “gobiernera”, no creíble, por consiguiente.  No hay atajos.  Además, en desmedro de sus apreciaciones, este autor podría ya estar manifestando síntomas de contagio perceptor, de tanto remover con un palo la materia derechista y alucinante opositora.

Pero dado este orden de cosas, dual, donde unos dicen la verdad y otros no, y viceversa, y donde las fuentes solamente son creíbles si responden a la determinada profesión política particular, parece propicia la ocasión para presentar los siguientes esquemas, válidos para la reflexión de ambos bandos, uno de ellos (la derecha política) empeñado en ver lo que no existe y el otro (la izquierda), en no ver lo que sí.  Vamos al grano.

“Nadie lo duda, y la vaina pide arreglos y atención con la misma fuerza y optimismo con que celebramos que la Revolución Bolivariana le haya deparado al pueblo venezolano un mejor índice en calidad de vida.”

El primer caso se desglosa así:  la ONU acaba de certificar a Venezuela en el puesto 58 como el país con más alto Índice de Desarrollo Humano (IDH), con un crecimiento sostenido desde el año 2.003, tomando como criterios de evaluación aspectos tales como educación, salud y economía.  De hecho, la organización remata que Venezuela está entre los cinco países con el más alto crecimiento sostenido desde el año dicho, hechos o noticias todos para nada tomados en cuenta en los habituales portales de información “creíbles” de la oposición venezolana.  Tiene su versión de realidad y punto, y le vale un pito que le digan que la pared que señalan no es negra sino blanca.  Nada digamos que ahorita mismo, cuando termino este escrito, la FAO (otra dependencia de la ONU) acaba de dictaminar que Venezuela es uno de los países mejor alimentados de América Latina:  las kilocalorías ingeridas por los venezolanos alcanzan las 2.790 diarias, por encima de la cifra recomendada por algunos autores para un hombre adulto (2.700).

Pero veamos más muestras y más botones:  al presente se niega esa oposición a reconocer que la misma organización (ahora como PNUD: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) declaró a Venezuela como “Territorio libre de analfabetismo”, el 28 de octubre de 2.005.  O, para ser más farandulero si se quiere, ni por asomo se le ocurre mencionar que Venezuela figura hasta en el Record Guinness desde el 2.008 como el gentilicio más feliz de la tierra (vaya e investíguelo usted mismo, hombre, y déjese de conflictos con las fuentes).  De forma que la creación política opositora venezolana pareciera sugerir, cuando insiste en no creer en veredictos de instituciones otrora amadas, que tendrían que existir dos ONU, dos PNUD y hasta dos organizaciones de records (Guinness Word Records) para saciar su ansiedad de mundo virtual.  (¡Ay, con esa segunda opción de realidad que siempre se anda dando!)

Los puntos dichos podrían justificar, naturalmente, los altos niveles de aceptación de la figura presidencial y su gestión de gobierno (para no detallar más y para no convertir esta nota en una loa sin autocrítica, dado que podría correr el riesgo de no acotar lo que sigue).  Pero existe el otro problema que apuntalé arriba, ése que la vertiente izquierdista parece no querer ver (al menos en los niveles altos de la dirigencia, de las instancias donde se fraguan los discursos):  la inseguridad y la corrupción.  Nadie lo duda, y la vaina pide arreglos y atención con la misma fuerza y optimismo con que celebramos que la Revolución Bolivariana le haya deparado al pueblo venezolano un mejor índice en calidad de vida.

Es un nubarrón, una cresta de tempestad, que debe ser aplacada con el ímpetu con que Bolívar se ofrecía hasta para enfrentar a la Naturaleza.  Ello sin mencionar ahora el nuevo problema:  los apagones en el ámbito nacional.  A toda hora son argumentaciones que desdicen de lo bueno logrado, si lo queremos poner grave y si invocamos la estoica, severa o masoquista (juguetona, ingrata o lo que sea)  naturaleza humana que parece solazarse más con resaltar los defectos que los logros.  Argumentaciones tales que usted y yo sabemos constituyen un extraordinario frente de ataque de los sectores opositores, cuyo discurso contrarrevolucionario crecientemente parece estar calando tanto en los centros urbanos como en las zonas rurales, si juzgamos por las expresiones de molestias del hombre de a pie, a expensas, por cierto, de las manipulaciones de  opinión de los medios de comunicación del país.

Vivir prácticamente en la calle me lleva casi altaneramente a exclamar “¡He dicho!”, y a dejar mi contribución de análisis para quienes tienen capacidades operativas dentro de la dirección política.

jueves, 8 de octubre de 2009

Drama en la calle: motorizados y devaluación política

Usted, ciudadano común, hombre de a pie, como en clisé suele llamarse a quien vive sencillamente u opta por la sencillez, sale de su casa a realizar una diligencia cualquiera y de inmediato se topa con lo innegable:  casi lo atropella un motorizado al cruzar la calle.

Repuesto del susto, después de corroborar que no estaba tan loco como para lanzarse a la calle con la luz del semáforo en verde, suelta una imprecación y continua con su paso hacia su objetivo, olvidándose de tales conductores mientras se desplaza por la acera.  Pero sabe, con certeza, que hay más cruces adelante, que debe cruzarlos, y la vida se le empieza a presentar como un azar, una aventura, donde su seguridad parece hacerse un juego…, nada divertido, por cierto.  No puede evitar pensar que sólo es un hombre común, clase media o de nivel más bajo (dejemos la política), que sale a echarle un pie a la ciudad con todo el derecho que le da el vivir en ella y llamarse por su denominación.

Pero mientras camina por la acera sabe, por experiencia propia, por el sentir de la gente que transita en la calle, que el tal sentimiento o aspiración no es más que una soberana pendejada, simplemente porque no parece existir por allí nadie ni nada que le ponga coto a semejante adrenalina sobre ruedas, motorizados a las claras sin sujeción legal alguna, sin cartilla legal a que deban respetar, ni funcionarios o acción públicos que los obliguen.  El hecho de avizorar a un malabar de ellos venir desalojando a las personas de la acera por donde usted camina se lo confirma, pasando del modo más consecuente a pensar que no existe ni siquiera una pequeña noción de ciudad, de ciudadanía, de convención del derecho, de contrato o acuerdo común para seguir ciertas reglas de entendimiento que al menos ilusione que se puede vivir con algo paz en Caracas.

Usted sabe que es así, por más que la razón que lo haya sacado de su casa a hacer diligencias lo distraiga de su convicción.  No puede evitar sentir que no vive en ninguna ciudad, sino en un campo o selva, donde hay que cuidarse de algunas sorpresas del ambiente, como de un toro o tigre.  Porque sí, el motorizado es eso, un toro en la ciudad, interpretando que la luz roja del semáforo es un blanco a atacar con mucha saña.  No le queda dudas, ni tampoco se sorprende cuando oye de los labios de un señor mayor por allá, después de saltar para evitar una embestida, que “¡Ésta es una ciudad de mierda!”.

Sigue su camino, oyendo resonar la frase en su cabeza, sabiendo que no llegará a la esquina sin dejar de oír otro brote popular que sazone el tema:  “No hay gobierno en la ciudad [o país]”; y usted sabrá, también, por más que se identifique con la fase de cambios políticos que experimenta el país, que no hay manera de rebatir semejante monumentalidad, de la que solamente le falta sentir el olor.  Ni por atisbo abrirá la boca; sabe que es verdad, que no hay modo ni decente ni político de refutar nada, y sabe que se convertiría en el hombre más indigno si, loco al fin, como todo fanático, de paso herido en carne propia, se pusiese a pedir paciencia a la ciudadanía o a usted mismo para que soporten el rollo, se pusiese a defender la barbarie de ser casi atropellado todos los días, o a argumentar (¡sofista al fin!) que la agitación motorizada es una de las bondades del “proceso revolucionario”, hecho que le da más libertad y facilidades a las clases sencillas.  ¡A otro huevón con esos huesos!

Usted es chavista, para decirlo de una vez, y celebró cuando el Presidente de la República permitió a los motorizados utilizar las autopistas, porque ello quebraba la pretensión burguesa de acaparar espacios y vialidades, y porque le violaba al ciudadano el derecho constitucional del libre tránsito…  Se entusiasmó cuando empresas chinas llenaron directamente el país de motocicletas baratas (vendidas indiscriminadamente hasta a quienes ni sabía manejar una bicicleta), porque ello quebraba el monopolio inveterado de la IV República de sólo pactar con los actores comerciales de siempre. Y, finalmente, se felicitó porque se hubiera encontrado una manera alternativa de vadear el pegajoso tráfico de la ciudad, favoreciendo la producción y el desarrollo…, procurándole mayor suma de felicidad al simple mortal…

Pero ahora que desde hace rato salió a realizar una diligencia, de la que ya ni se acuerda por estar pendiente de salvar su vida, no consigue el modo racional de defender al gobierno en la materia, de cómo afrontar con argumentos ese clisé diario que hace descansar el origen del problema en el mismísimo Presidente de la República.  “¡Vaya desfachatez! ─se repite en voz alta todos los días─:  ¡Echarle la culpa al Presidente de la República, quien no puede estar pendiente de los detalles!”.  Y usted, usted, usted…, usted piensa en el “detalle” de su propia vida.

Mas oye a la gente en la calle proferir maldiciones a granel, mencionando “este gobierno”, lanzándoselas al mismísimo presidente, como dije, acongojándole que la vaina se haya convertido en un problema deteriorante de imágenes, de criterios, de perfiles, de gestiones, de prestigios, cierta en sí misma, si ha vivido en carne propia su eventualidad al sentirse amenazado…  Pero más claro no puede estar usted en que el roto opositor venezolano es una vaina seria, chilla más que un camión de cochinos, culpando al Presidente de la República hasta de que le birlen a la novia, si es que no le montan los cuernos…  Eso lo sabe hasta el hartazgo, el fanático es así; pero el rollo es que hasta usted, usted mismo, señor ciudadano, defensor de la causa, puede llegar a sentir que se lo está creyendo.

“Ahora son los motorizados, que andan matando gente en las calles, desdibujando gestiones, palabras, aseveraciones, sueños, restando puntos y adeptos, descorazonando pasiones…”

Y no será de tanto oírlo entre tanta boca escuálida, cuyo mejor argumento de imputación y ataque es decir que “el Presidente les dio permiso” o “tiene cuadrillas motorizadas defensoras”, sino quizás de tanto descubrir con tristeza cómo una  nunca vista buena  gestión de gobierno en Venezuela pierde adeptos por el hecho de no atender un “detalle” que pone en riesgo la vida de los ciudadanos, dando pábulo, también, al argumento atacante (y cierto) de la inseguridad.  Y puede ser, además, que se lo esté usted creyendo de tanto descubrir cómo resulta cuesta arriba aseverar ─a modo de defensa─ que esta gestión de gobierno ha atendido como nunca antes a la ciudadanía, al país completo, pero al mismo tiempo no parece capaz de protegerlo.  ¡Vaya que es difícil, si al momento en que persuades al parroquiano debes apartarte para que no te atropellen y mirar más adelante ─de paso─ cómo el conductor le toca el culo al fiscal!

Y no se trata de que lo acusen a usted  de “ligero” o “acomodaticio”, desde el ángulo de lo ideológico.  No.  De ello no se trata.  Usted puede sentirse “revolucionario”, persona que se arriesga a diario en la calle y se ufana de ello, mezclándose con su pueblo, incapaz de mudar su apoyo a la gestión de gobierno, gobierno que, a pesar de los defectos, aspira a la belleza de humanizar al hombre ; pero tiene claro que no todo el país es como usted, que es patria y revolución con el gobierno, perdonador de detalles…, aunque esos detalles a veces casi lo maten.  Lo sabe con desencanto, ha leído muchos flojos corazones, estos sí acomodaticios, palpitantes de conveniencias del momento, criticones por criticones.  Y hay muchos de ellos en las calles, alzando la voz, saltando la acera, salvando su vida, implorando a Dios por un arreglo, creando eso que los técnicos llaman “matriz de opinión”. 

Caramba, no es que usted esté bravo con el presidente Chávez.  Usted sabe lo íntegro que es.  Usted sabe que lo más seguro es que él no sepa del problema, y que son los niveles menores de gobierno los verdaderos responsables.  Pero usted se arrecha igualmente, porque le da coraje que el opositor argumente que se aleja de la gente, que se monta en un carro, en un avión, en una silla presidencial, y toma luego distancia de la cotidianidad nacional (aunque el presidente diga muchas veces que sale de incógnito a recorrer la ciudad); que le digan que este gobierno poco a poco no va siendo de este mundo.  Se alebresta aunque, como ya dijimos, estemos claros en que las cosas no sean así necesariamente sino en la boca fanática del opositor o del débil mental e ideológico.  ¡Ay, ay!

Y lo que es peor, ya no en alma escuálida opositora, sino en la propia:  gira en su cabeza la convicción de que el gobierno es huérfano en asesoría pública, esa que se relaciona con la propaganda, las matrices de opinión y las encuestas.  ¿Por qué?  ¡Cónchale, es lento en reaccionar!  Por ejemplo, le ha montado la oposición miles ya de campañas desacreditadoras a través de sus medios de comunicación y ahora fue que, después de diez años, reaccionó metiendo en cintura a algunas emisoras; lo mataba el problema del acaparamiento y a duras penas, después de perder puntos electorales, fue que reaccionó para meter en cintura al ladrón; lo jodían los buhoneros con la incertidumbre diaria que creaban en las vías y, ¡pum!, recién es que viene resolviendo el rollo.  Todo ello luego de que la oposición política, pérfida y recalcitrante, le explotase la llaga a saciedad.

Ahora son los motorizados, que andan matando gente en las calles, desdibujando gestiones, palabras, aseveraciones, sueños, restando puntos y adeptos, descorazonando pasiones…, para exagerar como un quejón “escuálido”.  Y sin remedio usted, señor ciudadano, chavista o no, tendrá que irse a la casa a esperar que el tiempo se dé cuenta del problema (o que pierda una elección), dado que no le queda otra opción, si es una evidencia que a un motorizado no se le puede reclamar nada ni ganar una:  al momento le rodean, le acorralan, se solidarizan en el delito entre ellos contra la víctima que es usted, le encañonan, etc.  No es un problema que usted pueda afrontar simplemente…, usted, señor sencillo, que sólo sale a trabajar o a realizar diarias diligencias y no es un guerrillero urbano, de esos que podrían atreverse a protestar porque tienen un arma de fuego para defenderse, dado que la letra de la ley no dispara.

martes, 6 de octubre de 2009

Irrealismo opositor venezolano

Nuestra oposición política ha llegado al extremo de imaginar que el mundo que vive es virtual, transido como está de tantas crisis y cambios, en general apuntando hacia situaciones nada sintonizadas con su peculiar modo derechista de enfocar la vida.  Tenemos una década sabiéndolo, soportándolo y lamentándolo, y nunca comentarlo dejará de ser una ocasión para experimentar un extraordinario sentimiento de devastación ética y de locura, concretado en pena ajena, por decir menos.  Como si el avatar ─adverso a sus intereses─ de los acontecimientos le autorizara a darle carta cabal al disparate, a una sistemática ceguera de los sentidos y a una obstinada negación de sus facultades mentales, empeñadas en recrear las antiguas mesetas donde “pastaba” el viejo dinosaurio de sus existencias.

Y digo “virtual” porque tan de moda está el término, en esta nuestra Era Informática y de eclosión cinéfila, cuando la posibilidad de evadirse o de escoger nuestra propia versión de mundo está a la mano.  ¡Vaya locura!  Como en la película Matrix o cualquier cuento de ciencia ficción, donde el hombre se topa con una humanidad asolada por las máquinas y resulta harto alucinante refugiarse en las añoranzas del pasado.  Vivir una vida de fantasías y viejos cuentos parece resultarle una opción irresistible; el presente no cuenta.

En Venezuela  no se ha llegado al extremo de contar con opositores en semejante estado de desolación mental, criaturas de la ficción requeridas de tubos y cables inductores de realidades; pero en escala menor ya hacen sus ensayos.  Por ejemplo, el hecho de comprar y creer en determinados periódicos, o ver únicamente ciertos canales de televisión, o comprar ciertas marcas de productos (en nada relacionados con la producción nacional), asistirse clínicamente sólo en ciertos centros de salud, donde la mano del Estado no luzca tan proveedora, entre otros tantos ejemplos; constituyen situaciones que le proporcionan a un extremado opositor venezolano una versión de la realidad a su medida, que reniegue del presente y haga más patente su ilusión de vivir en el ayer.  Como si el espanto personal de corroborar que el país cambia y ha dado cobertura cada vez más a mayoritarios sectores sociales tradicionalmente olvidados les autorizara locuazmente a imaginarse que tienen una especie de selector de realidades, que en nada habla de futuros sino de pasados, o, mejor dicho, de sus pasados en futuro, si se me comprende.  O dicho con una frase de Jorge Luis Borges, en su cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, respecto al personaje Herbert Ashe:  “padecía de irrealidad”, perfectamente aplicable en su tiempo presente a la oposición política extremada venezolana.

En fin, amigos, como si se dijera que aquí ni pasa ni ha pasada nada; que seguimos incólumes en el tiempo, con aquellos viejos presidentes, calvos, barrigones y sinvergüenzas a más no poder, y aquellas castas sociales rectoras del destino económico y político del país.  Con los dineros de la nación para todos y ninguno, y las descomunales sustracciones del erario público, bajo el guiño inteligente de corruptas miradas.

“Empieza a existir con fuerza el pasado y a ser primitivo el presente y hasta el futuro.”

Huelga decir que nada se ha construido ni mejorado; todo se niega.  Nada hay; todo falta.  Y, si por ventura, algo beneficioso adviene, será siempre porque ya había sido diseñado en el pasado, o había ocurrido ya.  Ergo, los puentes sobre los ríos venezolanos virtualmente fueron construidos todos por el pasado; ergo, todos los centros médicos, también; ergo, mercado de alimentos; ergo, la política internacional de Venezuela y su proyección exterior; ergo, ergo…  Se podrá decir que fueron Jaime Lusinchi y Carlos Andrés Pérez (hoy en fuga en el exterior) los artífices de la nación venezolana, defendidos a capa y espada cuando su inmoralidad y putrefacción se esgrimen en algún momento para establecer una situación comparativa con el presente.  Porque lo presente es peor, como dice el dicho (“Todo tiempo pasado fue mejor”), aunque la regla no impide a veces que se le hagan correctivos a ciertos hechos o presunciones del ayer, como la aseveración, por ejemplo, de que Bolívar tuvo algunos atisbos socialistas.  Pero, para el caso opositor del que hablamos, aquél que niega todo, el asunto no comportaría ningún problema:  se decretaría que Bolívar no existió y ya.

Existe Honduras (con golpe de Estado y demás) como una posibilidad ejemplar de acabar con “regímenes” del presente (como el chavista) que vinieron a perturbar la babosa paz de las masas atontadas, allá en el pasado.  ¡Eso sí!  Es cierto, tanto que la tocamos con la mano ─podrían decir─; pero en modo alguno es cierto, otro ejemplo, que la ONU haya certificado a Venezuela en el puesto 58 a escala mundial del Índice de Desarrollo Humano (IDH), sobre la base positiva examinada de tópicos como “tendencias demográficas, economía y desigualdad, así como educación y salud”.¹  Tal tiene que ser una falacia, un indigesto vómito de una institución como la ONU, que empieza a sonar tan falsa como las mentadas crisis financieras e ideológicas mundiales, esas mismas que dejan maltrechas la sostenibilidad del sistema liberal tan conocido y amado.  Para el caso (opositor del que hablamos), se hace perentorio dejar de creer en tan decadentes organizaciones como la ONU y fundar otras que arrojen a la luz pública diferentes versiones de realidad.  Que deje la ONU de existir y ya.

La oposición política venezolana, ésa misma que arrasó al país durante tantas décadas, siempre ha estado allí, tal como es ahora mismo.   Pero en el ejercicio del poder las costuras no se le notaban; los rasgos encefálicos quedaban disimulados; los grititos de locura  etiquetadamente se mantenían contenidos.  Pero cuando el telón de los acontecimientos se le rasga, entonces se desborda, se diarrea…  Empieza a no existirle el futuro, ni el presente; y empieza, a propósito, ese largo éxodo del que hablamos, hacia las primigenias fuentes de su locura desnacionalizadora, que a fin de cuentas es lo que priva en la formación de su mentalidad liberal.   Es decir, empieza a ser de la derecha extrema, lo que contiene latente todo derechista político:  el poder del uno, la supeditación del todo.  El mando del uno, la obediencia del todo.  El retorno hacia las fuentes medievales de los feudos, donde no había países, sino reinos, imperios, monarquías…; supremacía de unos pocos sobre muchos cuantos.  Empieza a existir con fuerza el pasado y a ser primitivo el presente y hasta el futuro.  ¿Qué lógica, no?  El “peculiar modo derechista de enfocar la vida”, mencionado al principio.

No hay países, hay imperios; no hay dignidades, hay arreglos, concesiones o anexiones; no hay porvenir, sino pasado. No hay más ideas que la única, la globalizada y final.

Nota:

¹  “Venezuela asciende poderosamente en desarrollo según ONU” [en línea]. En Diario Gramma. – 5 oct 2.009. - [Pantalla 1]. - http://www.granma.cubaweb.cu/2009/10/05/interna/artic15.html. - [Consulta:  6 oct 2.009].