jueves, 31 de enero de 2008

Inocentes e infelices declaraciones del ministro Wellington (Ecuador): no a la alianza del ALBA

Los denodados esfuerzos que los invisible tentáculos del poder en el mundo han hecho para configurarnos como eficiente "patrio trasero" de los EEUU, pasa por la reconducción de nuestros pensamientos, visión de mundo, sentimientos y hasta preferencias en cuestiones tan sencillas como, por ejemplo, comprase un par de zapatos, de marca preferiblemente, y marca determinada. Se trata de las innominadas fuerzas del mercado y la cultura que, a título de progreso, tiende a manufacturarnos como producto de calidad que a su vez (¡curioso ser viviente!) procura otros productos, también de calidad.

El acto simple de comprar el par de zapatos puede implicar tres situaciones: (1) que se desee comprar una específica marca, (2) que dicha específica marca tenga un precio que al momento no pueda pagarse, lo cual, a su vez, genera (3) una situación que te recita internamente que eres un fracaso al no poder obtenerlo, cosa que recuerda mucho la definición de fracaso para todo aquel que no logra el llamado “sueño americano” de otras latitudes. Es simple educación, misma que arranca desde el vientre, según la moderna ciencia. Y cuando se inocula bajo las consignas simplistas de que la vida humana, como la animal, es un acto de competencia donde el mejor adquiere cierto aspecto, estatus y mentalidad, entonces tenemos lo que podríamos denominar la jungla ilustrada del capitalismo salvaje, donde el personalismo es protagonista y el sentido de lo social existe en la medida en que rinda dividendos.

De manera que la elección del par de zapatos seguramente se resuelve con la adquisición de una marca que te "clasifique" en determinada materia, de prestigio y triunfadora, según recomiende la fuerza manipuladora y soterrada del libre mercado imperante. Vales lo que tienes, y eso lo encuentras desde el estrato más bajo hasta el más alto, en los que se mata por un par de zapatos "de marca" o se dilapidan enormes fortunas por otras supermarcas, respectivamente. Es el contexto cultural donde se desplazan los hombres, seres de cultura, sea nativa, mezclada, transculturada o alienante. Porque eso somos, unidades vivas culturalmente configurables y configuradas, más allá de las pulsiones básicas de la existencia animal.

En la historia humana, cuando un país intenta someter a otro a su arbitrio y costumbres, sobre la base de una condición prestigiosa dominante, el proceso se denomina colonialismo, y así como lo genes hacen los suyos al intentar animalmente perpetuarse, así las formas sociales, política y culturales hacen lo propio. De modo que en el asunto todo mundo resulta inocente: unos dominantes de modo automático y otros automatizados como para que no conciencien el dominio. El pecado estaría en que la colonia jamás descubra que piensa con pensamientos prestados. Así las cosas, hablamos de una especie de delito de lesa libertad.

Pero es acto de reconocimientos y autodespertar de difícil logro, si desde el vientre materno se está educando "para la libertad", esto es, según el bagaje político y cultural del momento. El llamado simplismo del libre mercado y cultural se concreta en un facilismo conductual, donde el todo ya está predeterminado. Así que, en el plano de nuestras condiciones, que norteñamente llaman "patio trasero", donde la metrópolis imperial ha desplegado el enorme esfuerzo de que pensemos como ellos, no es difícil saber qué marca comprará a futuro y cómo se vestirá el bebé que porta la madre en su vientre, esto si logra entrar en el aro del modelo de triunfo recomendado en su contexto.

Tal modelo comportaría el consumo de productos e ideas generadas desde la matriz imperial, generalmente avasallante en su deslumbrante maquinaria de deshacer nacionalidades para crear una suerte de repúblicas o aéreas colonias, desarraigadas. La televisión y los medios de comunicación, el chantaje de los productos en el mercado, el hombre sonriente en las pantallas, ejecutivamente vestido, las chicas superpoderosas con desmesuradas glándulas mamarias, el chico exitoso con las motos y varios carros, hacen lo suyo. Y ese “suyo” es extraño y no propio, porque en Latinoamérica, por obra y gracia de lo dicho anteriormente y por génesis histórica de la Conquista, lo indio y negro es abominable y lo blanco y europeo es restañante. Como si el drama identificatorio de lo latino es que, siéndose indio o negro, se pretenda únicamente ser lo que en realidad es un componente en la sangre (lo europeo), como si se añorara lo extraño y remoto que nunca se ha vivido pero que se pretende considerar propio. Tal es la tendencia a lo extraño.

Es una verdadera complicación que se refuerza con la clara mentalidad de mucha gente, dirigente o no de países, el corte y estilo de las instituciones, la programación de entretenimiento popular, la celebración de fechas y fiestas extranjeras (Halloween, es una), así como vocablos, modo de vestir, gustos, ideas, mascotas, en fin... Todos los planos. Naturalmente, es un huracán histórico cultural ya dado, con cauces ya regulados, con coposa fronda y ramaje extendido. Es de cualquier forma un daño ya hecho, si vemos en la palabra "daño" implicado el mal de no caer en conciencia de que no pensamos ni por ni para nosotros. Habitantes genuinos del patio trasero. Seres prestados en su propia tierra. Gran rollo.

El asunto cobra gravedad cuando la dirigencia de un país, que se supone una abierta conciencia histórica que guía los destinos de la nación, incurre en el mencionado delito de lesa libertad de pensamiento que, sin darse cuenta, no escoge lo conveniente propio sino lo conveniente a lo ajeno. Suerte de seres autómatas, delineados formatos de la máquina trasnculturadora, bagazo de trapiche de la penetración extranjera. Y me refiero a un personaje en concreto, no teniendo la precisión de saber si tuvo academia en la famosa Escuela para las Américas [de hecho sabemos que no es así porque no es militar, pero para el caso que lo fuera, resulta interesante la consideración], donde todo el proceso cultural mencionado arriba como susceptible de que un humano lo viva a lo largo de su vida, lo vive el cadete en unos cortos años, precipitadamente.

"Las declaraciones de Wellington asumen tres calificantes: automáticas, inocentes e infelices, y nos coloca en la honda de considerar que el trabajo de desprenderse de colonizantes lazos es titánico y a largo plazo"...

En consecuencia, y lo que es peor para la conciencia que escoge, estaríamos hablando de unidades vivientes perfectamente delineadas (el militar), típicamente latinoamericanas en el sentido de pensar por otros y para otros, y hasta de rechazarse a sí mismo como lamentable humano de estos trópicos, con una autoestima nativa quebrada y una alta estima exótica reforzada. Caballos de Troya en el contexto del poder militar en los países latinoamericanos, según se así se ha criticado la formación que imparte esta institución a los cadetes del ya dicho “patio trasero”. Para algunos analistas, son permanentes candidatos a golpes de Estado que el imperio estadounidense prepara a futuro, para cuando se decida a conspirar desde las cúpulas militares, es decir, cuando la colonaia se le ponga adversa.

Pero no es caso del Ministro de la Defensa ecuatoriano (que no es militar), Wellington Sandoval, cuyo nombre ya nos lanza piedras desde el viejo continente, quien, de modo extemporáneo, sin consultar siquiera con su jefe Rafael Correa, el Presidente de la República, ya dio por hecho que conformar una alianza militar de pequeños países subdesarrollados contra eventuales agresiones del imperialismo norteamericano quiebra los fundamentos de la formación cultural latinoamericana (la suya -diría yo-). De tal modo, a priori, con el argumento de que la integración de Ecuador a la alianza del ALBA violaría la autodeterminación de su país, descartó la propuesta del mandatario venezolano, Hugo Chávez, de conformar una estrategia conjunta latinoamericana de defensa.

Y lo dicho lo hace desde el plano de la automatización (colonial, para ser más preciso y en la honda con este “culturoso” escrito), desde ese sentimiento que asume como sacrilegio ir contra la madre cultura de los amos del patio trasero (el sólo pensarlo), los sacrosantos EEUU. Lo demuestra el hecho de pensar por otros, hasta por el mismo presidente, según se desprende de sus propias declaraciones, antes de consultar con Correa, cuando dice que "la última palabra, obviamente, la tiene el presidente de la república (Rafael Correa) y tenemos que respetarla, pero estoy seguro que el presidente mantendrá esta línea de paz y de respeto a la autodeterminación de los pueblos".

Como si se dijera que el ministro consideró, dada su formación, que el arte de su pensamiento constituye la tabla rasa de todos, no viendo ninguna ventaja en que países que intentan dejar el atraso se fortalezcan en una unión, reacios a los espacios de cualquier patio posterior, cupiendo preguntarse -dada sus declaraciones y actitud- qué ventajas pueden encontrarse más allá de la fronteras conocidas, es decir, más allá de la cerca de nuestra casa.

Sin duda, muchas, podría responderse si más allá se encontrase el territorio mismo norteamericano, nivel máximo de todo colonizado; pero el mismo hablante podría preguntarse ¿para qué ir tan lejos si ya somos parte de tal alto territorio, con todo y lo de "patio trasero" que se pueda endilgar? O ¿para que armarnos contra nosotros mismos -aludiendo a la eventualidad de defendernos de una agresión gringa-?, lo cual, a más de lamentable, es empobrecedor hasta la tristeza.

Las declaraciones del Wellington asumen tres calificantes: automáticas, inocentes e infelices, y nos coloca en la honda de considerar que el trabajo de desprenderse de colonizantes lazos es titánico y a largo plazo, más grave aun cuando pretende operarse sobre actores cuya formación y nacionalidad parecen pertenecer a otra galaxia, que se ofende con discursos liberadores.

Como se dijo, nadie es culpable. El ministro simplemente da fe de su formación, su cultura, su marca. No cree sentirse libre liberándose de lo que es, para caer nuevamente en el galimatías de arriba sobre la identidad y la idiosincrasia latinoamericanas. Para su mente es natural descartar todo lo que atente contra la condición trasera, porque cuando se crece en determinado terruño, se ama y se quiere, a título de patria, el bendito terruño, y no habrá ser viviente ni fuerza política que desdiga semejante sentimiento. El delito contra la conciencia está cuando, por reconducción (no formación) cultural, no se discierne entre patria y patio trasero de otra instancia, entre pensamiento y alienación (ahora sí, formación), víctima y compradora compulsiva del libre mercado de los objetos culturales. Se es ser de cultura, ser de ideas, sin culpa de ello. La revolución se implica en reeducar.

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miércoles, 30 de enero de 2008

El discurso de las siete suelas y la sandez opositora


La vida no se cansa de ser absurda, con todo lo que de poética tenga. Puja la naturaleza y obra el milagro de que millones de células y nervios tomen forma corporal para desplazarse o arraigarse sobre la corteza terrestre, con énfasis en ese tope creativo o evolucionista llamado "hombre". Pero una vez que se está vivo, una vez que se empieza a rodar o respirar entre el espectáculo del mundo, entonces empiezan las sorpresas o maravillas del comportamiento animal, sobretodo del humano.

De una rata o un leopardo nada digo, depredado o depredador, porque de origen ellos representan y pertenecen al modelo natural educativo que nos enseña y funda la lógica como la disciplina de las causas y las consecuencias. Pero del hombre... ¡Ay! Y más aun el hombre político, en su perversión fundamental de construcción positiva, es decir, en su degradación y propósito inmediato de manipular a sus congéneres tocando sus elementos básico de supervivencia... ¡Ay! Tanto en Venezuela, con su ilógica oposición que se subasta, como en los EEUU, con su ilógico discurso que pretende convencernos de que los ratones cazan gatos, hay mucha locura donde cortar.

¡Caramba, que el ratoncito cansado de que se lo zampe el gato y mute luego para tomar revancha, lo paso como una historia de ciencia ficción ambientada en el milenio X! Pero que venga el gringo antes y pretenda en su discurso fundarse en una lógica cuyo modelo es una naturaleza que todavía no se ha inaugurado en el firmamento del humano conocimiento, es un colmo del sinsentido que ofende la inteligencia del mismo ratoncito.

Cuando EEUU, con su coro afecto en Venezuela, proclaman que hay que sancionar al país donde gobierna Hugo Chávez porque dizque por su espacio pasan los más grandes cargamentos de droga, sin nada decir del país que la produce (Colombia en un 80%) ni de los países que soportan el narcotráfico con su consumo (EEUU y España), ello constituye una oda a la estupidez humana, en este caso a la brutalidad política. Otros lo denominarán cinismo, terrorismo dialéctico, ofensa a la inteligencia del género humano, burla, o lo que fuere que siempre y simplemente represente un modo de ser fanfarrón y arrechito de barrio que repite una y otra vez "yo te jodo porque te jodo".

Es el mundo al revés, amigos míos, la lógica de un discurso sin pies ni cabeza, como aquellas medievales concepciones de la vida patas arriba, como la invertida práctica de algunas sociedades infernales de leer biblias en retroceso, como la recomendación de ciertas terapias de ejercer la cotidianidad de modo inverso a título de estimular la imaginación y la inteligencia. Es, en fin, el discurso gringo de la decadencia imperial que todavía arrasa pueblos bajo su pantalla surrealista, levantando aún expresiones de admirada exclamación y apoyo, como la que sueltan los oposicionista venezolanos que a cada rato exhalan ¡ahhh! ¡hummm! ¡maravilloso, papi!

Pero nada debe extrañar cuando los destinos están sellados, incluso bajo la condena de la desaparición. Si el muchacho al caer al piso intenta sujetarse de la mesa, pero no lo logra y apenas agarra el mantel, entonces arrastrará consigo todo lo que está arriba. Es una lógica irrefutable, avalada por leyes físicas y naturales gatos que cazan roedores. Algunas mentes son como especies en extinción, que hasta el último momento, bajo su inadecuado comportamiento natural, siguen cazando y cobrando presas.

Mientras por un lado EEUU hace lo suyo con sus desquiciados discursos, que siguen funcionando (¡ojo!), los nuestros en Venezuela también entran en concurso con sus mundo al revés: presos políticos (así llaman a golpistas y asesinos), ausencia de libertad de expresión (así denominan al libertinaje), hambre y miseria (así llaman a la caída del ingreso de los ricos de siempre), dictadura (así tildan la gestión de quien ha sido ratificado en 11 comicios electorales), crisis alimentaria (así disimulan el tráfico y acaparamiento propios de la comida), represión fiscal (así bautizan al cobro de impuestos), aislamiento internacional (así motean a los esfuerzos de integración latinoamericanistas), crisis energética (así hablan de los precios petroleros, altos, en su criterio).

Sin embargo, tan desquiciado discurso sigue funcionando y cobrando víctimas, como se dijo de los felinos, que hasta en el último de los suyos tenderán a cazar sus ratones. En Venezuela el contrasentido dialéctico pretende la desestabilización, preparar los escenarios caóticos propicios para defenestradoras invasiones. Y EEUU hace lo suyo en esperar el momento propicio, no importando forzar la lógica de los argumentos para entrar, como ya hicieron en Irak con el cuento de las armas nucleares, como ya hicieron con Manuel Antonio Noriega, preso hoy en sus cárceles, bajo el cuento acusador de narcotraficante, cultivador de psicotrópicos incluso en su propio patio. Ni que hablar de Husseim, hoy ahorcado, oriundo de un país donde la acción que lo llevó al patíbulo le birló los pozos petroleros a sus paisanos. ¡Es una lógica del carajo!

Hoy EEUU planea como águila sobre la tierra del cóndor. Busca donde arraigar su discurso, donde sembrar la insidia y el rencor para recoger su consecuencia: la guerra. Por supuesto, a título de defensa de los derechos humanos, de combate al narcotráfico, la democracia, la soberanía y otras estupideces que cacarean sus voceros. El objetivo es Chávez contra viento y marea. Él produce la droga en Colombia, la pasa por su propio país, la consume y da apoyo económico para que los habitantes del Bronx de Nueva York la compren por montones. Es un narcotraficante y adicto, y su puesto está reservado al lado de Noriega.

"Hoy EEUU planea como águila sobre la tierra del cóndor. Busca donde arraigar su discurso, donde sembrar la insidia y el rencor para recoger su consecuencia: la guerra"

Por supuesto, el mundo se cansa de tanto descarado roedor que se come a grandes tigres. El discursito loco gringo hoy anda cojeante y no se afinca tanto como antes sobre las humanas conciencias. ¡La vaina de las armas nucleares en Irak peló mucho ojo en el mundo! Hoy los rusos andan por ahí, recelosos, equilibrando situaciones; los iraníes ganan guerras sin disparar un tiro y, para completar, este zambito del patio trasero anda inventando revoluciones.

Sería un triunfo de la sinrazón humana que la vileza y la mafia imperialista haga prosperar una situación como la que se le intenta perfilar a Venezuela, el país de los grandes recursos naturales y petróleo; sería una deshonra para la inteligencia del género humano que bajo el argumento vacuo del narcotráfico se planifiquen invasiones, se dé la invasión y eventualmente todo mundo guarde silencio. Cuando el porvenir se sospecha abyecto, es porque es abyecto el presente mismo, presente mismo configurado en Venezuela por el oposicionismo vendepatria, la histórica Colombia conspiradora y sus tutores amenazantes. Ni que hablar de abyectos pasados, como las agresiones al Chile de Allende, Panamá, Guatemala, Cuba, Irak y tantos otros, donde se invadió porque sí.

La locura imperial sigue soportando el cuento del narcotráfico, así, impúdicamente respecto de las virtudes concientes del cerebro humano, cuando todo mundo sabe que ellos, EEUU proveen los químicos a Colombia para procesar la droga, así como el gran mercado de consumidores; la locura pretende florecer en oprobio cuando todo mundo sabe que Colombia genera el 80% de la cocaína en el mundo y que, de hecho, la producción y el consumo aumentó sospechosamente desde que los norteamericanos se asentaron en su suelo vía Plan Colombia. Pero no, hay que penalizar, ajusticiar, encarcelar, a quien -en su criterio- la transporta, ¡Hugo Chávez, cabeza actual de la gestión de gobierno en Venezuela que como ninguna otra del pasado le ha dado palo al narcotráfico, abortando cargamentos! Fin de una era del entendimiento humano.

Tomemos aspirina para que, al disimular el dolor, erradiquemos el cáncer. ¡Buena esa, sarta de orates! En su ensayo “Nuestra América, habla Martí de los “gigantes de siete leguas” que engullen mundos, apoyados en la estupidez de los locales, fatuos ellos, dispuestos a subastarse con tal de presevar sus posiciones. A tales sandios, tales gigantes; a tales gigantes, tales discursos.

Vale la pena citar tan magnífico comienzo:

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones…

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martes, 29 de enero de 2008

Colombia, de la traición a la guerra

Colombia es un país que se baja los pantalones constantemente ante el cónclave imperialista de los EEUU y Gran Bretaña. El primer y segundo lugar de estos dos países en cuanto a inversión económica, respectivamente, es un reflejo correspondiente de tal situación, lo cual no puede dar más fe de una "ideal economía con apertura de mercado". Un país modelo, pues, como bota por esa boca a cada rato cualquier miembro de la casta rancia oligárquica que se ha secuestrado el país para sí, cuando se tiene que defender de las acusaciones de que el país en sus manos posee una economía de protectorado o colonia que, peor para sus vecinos latinoamericanos, funge como base de amenazas e intromisiones de potencias extranjeras en la región.

Colombia es el perfecto traidor de América Latina, por naturaleza histórica, desde que su prócer, Francisco de Paula Santander, intentó asesinar en varias ocasiones a Simón Bolívar para quebrar su sueño integracionista. Es un país cuya dirigencia hoy, después de la revuelta popular gaitanista, que reclamaba patria para todos, no ha conseguido más forma de mantenerse en el poder que vendiéndose al interés extranjero, quien se aprovecha y lo utiliza con propósitos que en esencia no comportan ningún agradecimiento ni solidaridad para con su situación de guerra, si es que la preocupación de toda guerra, finalmente, es la paz, cosa que a EEUU poco interesa.

La perfección de su modelo traidor radica en el hecho que una de las partes involucradas en el conflicto bélico que dura ya 60 años, es decir, el gobierno, sea percibido, vía alianzas y matrices de opinión, como la voluntad de la Colombia entera. Y así, con ese cachivache del engaño encima, se lance luego a ser aceptada, oficialmente, por sus coterráneas naciones vecinas como voz valedera y progresistas en los diferentes acuerdos, cumbres o reuniones que se suscitan en el continente, no obstante comportar tras su disfraz el verbo cantante y contrario de otros intereses. Es un colmo.

En tónica con su naturaleza alienada, a donde va no mira por el interés regional, sino que representa el interés de sus tutores (EEUU, Gran Bretaña), aunque de cualquier modo ello equivale a decir que velan por si mismos, esto es, por complacer a quienes los cuidan en el cargo de explotar y expoliar a su propio país, a precio de que le quiten el pueblo y la guerrilla de encima. Con arrodillamientos debe Colombia pagar (su dirigencia), y donde se presenta lo hace para sabotear, para exorcizar de una vez todas el espíritu bolivariano sobreviviente de la integración latinoamericana, asesinado por uno de los suyos en tiempo pasado (Santander), y retomado por varios latinoamericanos, entre ellos el más preponderante, Hugo Chávez.

Saboteó Uribe con su impuntualidad la conformación de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), pidió hipócritamente, en su tiempo, integrarse al naciente Banco del Sur, pervirtió y pervierte con su entreguismo al extranjero la esencia solidaria de una agrupación de países andinos como la Comunidad Andina de Naciones (CAN), y, más recientemente, con su nerviosismo cortesano, cierra filas en contra de la menor posibilidad de hablar de paz en sus tierras. Sería el fin de la hegemonía de los suyos en el poder en Colombia no hacer lo que hace.

El precio que la dirigencia colombiana paga para que sus tutores la mantengan en el poder, amén de lo ya dicho, son las miserables baratijas del Plan Colombia y la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU, por el cual ruegan hasta morir, en el colmo del jalabolismo e indignidad históricos. Porque todo aquello que compra el espíritu y la dignidad humanos tiene valor de baratija, hasta menor en valor que los viejos espejitos de la época de la Conquista. Hay cosas que no tienen precio, y la dirigencia colombiana se lo cree a pie juntillas en su literalidad: no vale nada.

Debe pagar cediendo su territorio como base militar y ofreciéndole permanente a sus titiritero la posibilidad de una guerra regional para que ellos hagan su agosto, desde que es maquiavélica doctrina del imperio "dividir para gobernar". Así paga Colombia, vendiendo a otros, como desde siempre es práctica y oficio de traidores. Y hoy mismo, que EEUU viene de una frustración en el Medio Oriente, Colombia le ofrece a sus amigos en venta, en sacrificio, para que sus tutores se compensen de sus frustraciones guerreristas. Como si el precio de mantener unos privilegios justificara semejante indignidad.

Como si dijeran a cada rato a sus tutores "Papá, quítame de encima a la guerrilla, que no nos deja saquear el país como es debido", "Papá, creemos una matriz de opinión, ya a 50 años del origen, cuando nadie ya se acuerda, para satanizar a una de las partes de esta guerra", "Papa, no digamos nada del comportamiento de los paramilitares, para que no hablen por ahí de terrorismo de Estado", "Papá, ampárame con tu visto bueno y no albergues dudas sobre mi entreguismo: afíncate en el Plan Colombia, apruébanos el TLC y juntos gobernemos a Colombia por los siglos de los siglos", "Papá, haznos invulnerable en nuestra institucionalidad ante las FARC, el ELN, Chávez y sus amigos." "Papá, te amo". Y dirán "papá" seguramente por hecho de no tener madre, madre patria.

De darse una nueva Guerra de las Malvinas, no habrá de quedar dudas hacia quien se inclinarían, como en el pasado se inclinaron por su Gran Bretaña, como hoy se inclinan por los EEUU ante cualquier controversia, justa o injusta, que pueda tener con algún vecino. Es el precio del alma la venta del criterio y la solidaridad, y a su modo de ver, el de la dirigencia Colombia, todo es valedero y pagable en su afán de que la soporten en su cargo de atenazar a un pueblo. Porque en Colombia hay un hecho cierto (y esto lo afirmamos serenamente, con la misma fuerza que ellos despliegan para traicionar y arrastrarse): se lucha para liberar el país de una cofradía ominosa que la secuestra y le cierra su repartición equitativa a todo un pueblo, amén de regalarla al extranjero. La contraparte, llamada guerrilla terrorista por los EEUU, intenta desanudar el lazo, dando cobertura, desde un principio, a los desvalidos de Colombia, los explotados, los sin tierras, los sin patria, hartos de los abusos de una casta explotadora.

"La "mezquina casta gobernante", como la calificara el guerrillero Simón Trinidad antes de oír su condena a 60 años de cárcel en EEUU, constituye una de las amenazas más peligrosas para tranquilidad y progreso soberano de América Latina. Comporta el entreguismo, la traición, el sabotaje de la unión y el oscurantismo"...

Hoy es un país (en su dirigencia) al que abrir las piernas al imperio se le convirtió en un hábito, se le inoculó en los genes, no sintiendo prurito alguno en cometer actos de lesa soberanía, nacional y continental, como eso de expatriar a los suyos bajo la figura de la extradición hacia las cárceles de los EEUU, no importándole que mediante tal acto se trasluzca la miseria de sus propias leyes; no sintiendo vergüenza por permitir que a sus detenidos lo requisen agentes agentes de la CIA, no importándole prestarse en su territorio para la confabulación bélica regional de superpotencias, como la recientemente acaecida con la visita del llamado "zar antidrogas", la del almirante Michael Mullin, Jefe del Estado Mayor Conjunto, la de Condolezza Rice, la de Bush, en fin... Todos ellos para entonar el canto amenazante de que Colombia les pertenece y es su odalisca preferida en América Latina. Con ella no se metan.

Los últimos acontecimientos políticos, sobretodo la liberación de los rehenes por mediación de Chávez, su pedido de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) sean retiradas de la lista del terrorismo de los países del mundo y la posterior declaración de apoyo de la Asamblea Nacional a su postura, dispararon los tapones de la tranquilidad en Colombia, es decir, perturbó el largo estatus de la arepa fácil y explotada al pueblo, cosa que mantienen las castas del poder enquistado, preparándose de inmediato la respuesta: Colombia ofreciendo su humanidad para que el imperio desfile por sus tierras de modo intimidante, y Uribe viajando a Europa para desalentar a cualquier entusiasta de la propuesta chavista.

Y no era para menos: que la Unión Europea reconociese en algo la “locura” del presidente Chávez, significaría un duro golpe al estómago y al bolsillo de la satrapía colombiana, viéndose obligada a dirimir su conflicto sin el facilismo de acción del mote terrorista, que habilita al imperio en sus tierras, y bajo la revisión de organismo internacionales. El reconocimiento a la beligerancia de la guerrilla no sirve al secular encadenamiento que las castas de poder local mantienen sobre el país, ni sirve al interés imperial de mantener al país divido por la guerra con el propósito de dominarlo, menos cuando el relajo le permite fortalecer sus bases militares en la zona. Lo que es negocio para uno o dos, no lo es para la América Latina toda.

Por ello vimos llorar al pequeño hombrecito paramilitarista en Europa, otrora personaje al servicio de Escobar Gaviria (EEUU desclasificó pruebas), rodando por el viejo continente, pidiendo, rogando, implorando que no se oiga en nada a la petición de Chávez, firmando acuerdos a diestro y siniestro, dando concesiones a cambio de que a ese “loco” venezolano se le pare el trote en eso de afirmar que él, Álvaro Uribe, es un paramilitarista al servicio de Washington. ¡Si no ha matado a una mosca! Nada más en España firmó 16 acuerdos en el marco del un llamado Convenio Asociación Estratégica, de ahí este tan caluroso abrazo del oso real que vemos en la gráfica.


Vale todo para mantener el oscurantismo atornillado en el poder del país colombiano, y que sea reconocido por el mundo, por los países, por los organismos internacionales, aun cuando en su interior cunda el desdén por el bien progresista de los suyos, el vacío humanitario que realmente necesita ese país. Naturalmente, como de árbol caído, todo mundo cobra lo suyo en Colombia, si es que está que bota la casa por la ventana para que le aplaquen los vientos de cambios. El paso del Departamento de Estado por su capital, Bogotá, y por Medellín, a la par de la condena a 60 años de Simón Trinidad en sus cárceles, constituye en su lectura una vuelta de tuerca intimidatoria para aquellos que osen perturbar la dulzura de la paz “establecida”; y el vuelo del pajarito a Europa constituye una expresión del acobardado miedo que suelen sentir los traidores. Es un movimiento defensivo, antes de la fase segunda de implicar al gran responsable, Hugo Chávez, con el narcotráfico y la guerrilla, siempre tendiendo hacia el formato de captura de Manuel Antonio Noriega en Panamá.

La "mezquina casta gobernante", como la calificara el guerrillero Simón Trinidad antes de oír su condena a 60 años de cárcel en EEUU, constituye una de las amenazas más peligrosas para tranquilidad y progreso soberano de América Latina. Comporta el entreguismo, la traición, el sabotaje de la unión y el oscurantismo, ante la complacencia del "gigante que lleva siete leguas en la botas", para usar una frase de José Martí en "Nuestra América". Y fue muy alusiva la cita que luego hiciera de otra expresión del prócer cubano: "Lo que Bolívar no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy', rematando después con palabras propias "Esa es la tarea por concluir, y corresponde a los que hoy están en las FARC'

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lunes, 28 de enero de 2008

Oscar Pérez y Hermmán Escarrá, dos gamelotes políticos en tiempo de elecciones




En la política corriente, esa que se ha institucionalizado como un esquema consabido al que el elector se somete y refrenda yendo a votar, no existen lo que propiamente se llama "hombres con ideas". No puede haberlo, so pena de presentarse un conflicto entre las particulares ideas del candidato y el sistema que preserva el modelo político “democrático”. Por lo general, y esta generalidad se ha verificado en lo pocos casos que se han dado, cuando una figura con semejante talento adviene, no viene sola sino con toda una época, y viene para generar cambios. Es lo que se conoce como revolución, hecho que ocurre extraordinariamente en el mundo.

Debe el candidato, en aras de la estabilidad del sistema, mostrar condiciones y formato mental tal que aseguren su obligado respeto a los intereses partidistas, institucionalizados de suyo, desde el momento en que los partidos y el esquema lo están. Detrás de su aparataje subyacen las cuotas de poder de los entes innominados que controlan y manejan las palancas fundamentales de una sociedad a que la colocan a su servicio bajo la pantalla de la democracia y la ley. Ello lo sabemos hartamente, incluso antes de que nacieran doctrinas que la fundamentan como su filosofía.

Tenemos así que la tendencia esquemática de los modernos modelos políticos en países como EEUU, España y México, para nombrar la familiaridad, se reduce a una dualidad derechista o de centro, dando espacio siempre, como un cargo de conciencia, a una izquierda empequeñecida, que sobrevive tenuemente como un partido menor (aunque no siempre menor), timbrado y controlado por sus cuatro polos, como si allí se contuviera la amenaza desestabilizante de los intereses creados, lo brotes temibles de la revolución, de los cambios, esto es, los hombres de ideas de los que hablamos.

El Partido Demócrata y el Republicano en EEUU, el Partido Popular (PP) y Socialista Obrero Español (PSOE) en España, y el Partido de Acción Nacional (PAN) y el Revolucionario Institucional en México, para citar países de la familiaridad, sin dejar por fuera a la Venezuela de la IV República, como es claro. En cada uno de ellos, la derecha y factores de la izquierda (llamado socialismo) se juntaron para jurar un pacto de centro, el cual defienden a capa y espada, a excepción gringa, donde la derecha y la derecha lo hicieron para jurar una alianza de derecha elevada al cuadrado. Partido Socialista, Partido de la Revolución Democrática (PRD), Movimiento al Socialismo (MAS), son algunos nombres, unos con más relieve que otros. En cada uno de esos países, también, subsiste la izquierda en su forma recia, como partido comunista, en la forma que dije, estigmatizado, temido, controlado y hasta utilizado por la hipocresía que quienes gobiernan para llamarse "amplios" políticamente, pues dan espacio en sus países a todas las tendencias, con todo lo que de amenaza al estatus impliquen.

De los partidos comunistas surgen invariablemente los socialistas como una propuesta de toma del poder intentando utilizar los métodos de la democracia, de tinte conceptual derechista, dada la imposibilidad de calar popularmente con las doctrinas de corte intelectual del comunismo filosófico. Semejante conato ha tenidos sus momentos de gloria en muchos países, pero también ha sido escenario para grandes situaciones de vergüenza política, como en Venezuela con Teodoro Petkoff y un tal Mujica, quienes al ser asimilados por el sistema se muestran más derechistas como el que más, es decir, se van a la ultra derecha con tal de mantener cuotas de poder que a fin de cuentas no son más que migajas en los bolsillos de otrora "dignidades revolucionarias".

Tales hombres, de derecha y de izquierda, del sistema o idealistas, son los que le dan vida a ese discernimiento que llamamos "política". Unos están ahí, como en un semillero, para cuando llegue el momento de cambiar con sus vidas e ideas a veces hasta el mundo. Otros, pertenecen a la cotidianidad de entender la política como un esquema consuetudinario. Unos presentan un discurso que comprometen con sus vidas, como hay tanto ejemplos; otros, presentan otro que comprometen con la institucionalidad y los intereses creados tras bastidores “democráticos”. Un Salvador Allende por allá, un candidato cualquiera del otro bando por acá.

Dentro de las filas de la derecha (y es una perogrullada decrilo) no tendrá jamás cobertura un individuo del que se dude asegure aportes a la costumbre, por más que se le trabajen matices de la diferenciación, como la raza, el color de la piel o el sexo, en fin, nada que implique cambio importante, lejos de hablar de revolución. No va más allá de un acto de maquillaje travieso para discursear entre las masas, suerte de encanto circense para el elector. Por ejemplo, el candidato Obama en la actual campaña de los EEUU, sobre el cual recaen ilusiones de que puede cambiar el curso del tratamiento de los apaleados estigmas como el ser negro o latino en EEUU, o ser inmigrante; o con la misma Hillary Clinton, a la que le manejan su novedosa condición de mujer candidata, para efecto y consecuencia de las identificadas con su sexo en ese país. Son ambos, blanco y negro, mujer y hombre, anglosajona una o de origen keniano otro, objetos políticos del mismo saco, a quienes los filtros han permitido su ascenso porque en sus convicciones nada hay que amenace o cambie el hábito.

Para los ciudadanos es una agradable competencia entre el negro y la blanca que viste el ánimo con la novedad que entretiene. Ningún hombre de ideas por ningún lado; hombres del sistema por doquier. Nunca dejará de sorprender que el "negrito", de resultar ganador, reprima aun más a los de su color y se ponga más severo con los inmigrantes y hasta le sume un piso al paredón de la vergüenza que se construye en la frontera con México; o que la blanca dama se olvide del cacareado voto femenino. Al ser candidato del sistema, se es objeto de presión del sistema mismo: cada uno de ellos, según la costumbre institucional, hará sus propias guerras y reprimirá a quien tenga que reprimir, porque no son ellos quienes gobiernan, sino las anónimas fuerzas del sistema capitalista e imperial. Es el formato. El hecho de ser negro o indio, marginados estigmas en el país, no asegura mayor cantidad de "humanismo" en el alma de un eventual candidato, como muchos mientan por ahí; sino que lo diga la misma Condolezza Rice en el poder, caballo de batalla de George Bush, hasta hace poco metiendo sus narices en Colombia, matando moscas blancas o negras según le convenga a “patria”.

..."dos figurones del discurso político avergonzante, ayer abstencionistas porque consideraban dudosa la institucionalidad electoral, hoy postulantes a candidatos para la alcaldía de Petare (Sucre) y gobernación de Anzoátegui, respectivamente, de repente convencidos de la credibilidad del juez"

Y al no haber hombre de ideas, tampoco los hay de palabra. Dado el esquema institucionalmente petrificado del uso político moderno, la política ha derivado en el arte de elaborar un discurso que coincida con el pensamiento de la mayoría, fundamento de la apostrofada y llamada democracia. Un arte de cabarets y prostíbulos, para ahorrar palabras. El político que hoy dijo "blanco", en su afán por mantener el favor del pueblo, mañana dirá "negro" sin grandes escrúpulos, cual meretriz realizando un baile sensual ante su cliente, el postor. Logran sus propósitos, y muchos de ellos, dadas las circunstancias históricas, hasta logran escalar el puesto máximo, sin trabajan sus inconsecuencias para que las olvide el pueblo.

Pero por lo general son pequeños políticos del sistema que no trascienden al cargo inmediato de mantener un sueldo a costa de los disparates de su lengua. Si bien es cierto que el sistema les da cobertura, dado su carácter espectacular, donde nadie quiere un hombre de esos "de ideas" que sea consecuente con su palabra -¡nada perturba más!-, también es cierto que un político que incurra en semejantes contradicción reduce de modo trágico sus posibilidades en el mercado de la política, pues tanto el sistema como el elector se resienten de lo inestable que genere desconfianza, y a un político en ese trance, de hablar gamelotes o cualquier pistolada, por lo general le dan un cargo menor de consolación. Políticos así rozan el estatus de payasos del circo político de su contexto y tiempo. Candidatos de la risa.

En Venezuela, para no ir tan lejos, tenemos dos joyitas de estas últimas que no nos hacen sentir precisamente orgullosos de nuestra fauna política, pero que seguramente, por el esfuerzo bufonesco, el pueblo estará dispuesto a compensarlo con algún "carguito" dentro del aparato de gobierno local o legislativo, según en el área regente la oposición, que de oposición hablamos, por cierto. Se tiene que ser agradecido con lo pintoresco y gracioso.

Se trata de Oscar Pérez y Hermmán Escarrá, dos figurones del discurso político avergonzante, ayer abstencionistas porque consideraban dudosa la institucionalidad electoral, hoy postulantes a candidatos por la alcaldía de Petare (Sucre) y gobernación de Anzoátegui, respectivamente, de repente convencidos de la credibilidad del juez.

Uno se dice: ¡Cómo apreciar qué para votar por quién! Ambos constituyen una burla para el electorado venezolano, uno de ellos llamando a la abstención durante los comicios que la misma oposición ganó y el otro, amén de abstencionista, llamando a su famosa "marcha sin retorno" durante los mismos comicios; ambos aspirando a gobernar. ¡Qué tal! A no dudar, ambos entrarán en el juego variopinto de las elecciones políticas, pero título de eso nomás, de juego, de espectáculo, como se dijo arriba, llenando el requisito de todo evento electoral: su carácter circense o carnavalesco. Un violento de tiras cómicas y desestabilizadoras en la calle y un gordito leguleyo inconstitucionalita aspirando a la constitucionalidad de unos cargos. ¿No es para reír un rato?

Puede permitirse la política en el contexto bufonesco de la democracia derechista no tener palabra, ni postura, hablar gamelotes, ir de aquí para allá, a la deriva, como un payaso, ¡que importa!; lo que importa es que una vez hecho el desaguisado, no puede aspirarse a gobernar seriamente a un pueblo contando con su propio voto –un harakiri de la risa-, menos cuando el contexto en que se desenvuelve no es precisamente el de la sempiterna derecha política que fabrica a sus candidatos.

Sin duda son especies retrógradas, políticos disecados en el tiempo, ejemplares que no consiguen laguna política para sus nados, modelados por el cincel de la inconsecuencia y la incomprensión del momento histórico que vive su país. Pero, como se dijo, el desagracimiento no es justo y está página le hace justicia a su pintorequismo y graciosura, porque nos ha permitido hablar del tema de la democracia, la derecha, la izquierda y, sobretodo, de los hombres sin posiciones ni palabras, y viceversa.

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jueves, 24 de enero de 2008

Monárquicos y pitiyanquis al desnudo


Como rezan los dichos, inevitables en los comentarios sobre política por su simpleza comunicativa: "Unas van, otras vienen", "Unas son verdes y otras maduras". Después de la borrasca comunicacional creada en torno al insulto del rey Juan Carlos de Borbón mandando a callar a Chávez, resulta que hoy la presión sobre sus espaldas para que se disculpe es inaguantable. "Saldremos como corcho de limonada, don Rey, y no sólo de Venezuela, porque con ese país se solidarizan sus allegados, donde también pulimos la plata", le suplican importantes grupos económicos. Otro vino y lo remató: "Además, este hombrecito ya se está expandiendo por Honduras y Guatemala”.

El asunto como que ya está echado, como diría el césar, si le damos crédito al columnista Marciano, restando sólo precisar cuándo Su Majestad realizará su mea culpa ("Piedra de Tranca" en Diario Vea. - (2.008) ene 23; p. 7). ¡Ay, padre pío, cómo por la plata baila el mono! ¡Qué dirá la oposición escandalosa para recoger tanta cuerda que estiraron con sus medios de comunicación! ¡Qué pena!

Y no se trata sólo de decirle a un negro mezclado con indio, otrora zambo colonial, "Disculpe, señor presidente", así a secas, sino de mostrar la voluntad de reconciliar las relaciones exponiendo con más generosidad la bóvida testuz. No es poco lo que arriesga España ante la materialización de una integración bolivariana continental sobre la ideológica base independentista de que en el pasado fue combatida como imperio monárquico subyugador, así como hay hoy se combate la condición de colonia que pretenden secularizar nuevos imperios.

Él debe presentar sus excusas tranquilamente, con las misma desvergüenza que lo lleva a callar las atrocidades de la violación de los derechos humanos en Colombia por parte de los paramilitares (30.000 cadáveres en fosas comunes), a título de no enfriar las relaciones con un país donde España constituye la tercera fuerza de inversión, después de EEUU y Gran Bretaña, cayendo en los detalles que muestran al Grupo Prisa (los mismos del diario español El País), por ejemplo, como dueños de la cadena Caracol Radio y al Grupo Planeta como propietario en un 55% del diario El Tiempo, el más importante de Colombia.

Desde que el capitalismo bruto, ese mismo que se arrastra en el áureo lodo del mercantilismo a ultranza, pretende demostrarse como rasgo natural del alma humana, en su venalidad, ninguna formalidad le importa. Desde hace rato no le importan esos discursos sobre la solidaridad humana, las pasiones, la dignidad. Son rebrotes ahistóricos del alma humana, arraigados en algunas cabezas sobrevivientes por allí. Rupios. Lo que ha de pesar es que España es la puerta de Europa en América Latina y se ubica entre los primeros cuatro del mundo que invierten.

No valdría la pena arriesgar todo un mundo de construcción inversora por el rezagado discurso ideológico de unos cuantos cabezas calientes que andan enfermando el continente con la prédica de una ridícula integración que prioriza la mancomunidad, los intereses comunes y caducos sentimientos nacionalistas, según el mundo es hoy una globalidad. Eso sí, la mancomunidad Europea, con sus intereses y moneda comunes, es otra cosa, no apta para países en desarrollo... Es un formato original, patentado, de exclusivo uso.

Así, por causa de semejantes apéndices del pensamiento humano, dizque socialistas, no puede arruinarse el progreso humano. Si hay que pedir disculpas, se pide y listo. Socialismo es el nuestro, el de España. Tal es la simpleza con que para algunos los problemas en el mundo se resuelven. Callar o no callar, cuando de mandar a callar a otros no se trate. La petrolera Repsol YPF posee intereses en Bolivia y Argentina. España está imbricada en el turismo, tabaco y petróleo de Cuba, siendo su tercer socio después de Venezuela y China. ¿Quién arriesgará qué? Los negocios son los negocios y es difícil bajar la presión de los capitales aterrados que persiguen al rey Juan Carlos para que se humille.

El capítulo del "cállate" con el presidente Chávez, sin embargo, rinde un fruto positivo para el Rodríguez Zapatero en campaña (las elecciones son ahora en marzo), quien salió fortalecido con el golpe efectista de ganarse esa población electoral que fluctúa entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP), población de mayores afectos derechistas, hay que decirlo (véase Samuel H. Carvajal Ruiz: "Resacas de una polémica" en Temas Venezuela. - (2.007) nov 23-29; p. 21). Porque en España, desde que la derecha y la izquierda pactaron un centro político, muchas veces las tendencias no se diferencian, y ocurre que muy tranquilamente un derechista vota por un izquierdista y viceversa, del mismo modo que un elector norteamericano está a las expensas del mejor postor republicano o demócrata en los EEUU, apuntando allá ambas tendencias hacia el mismo paquete.

..."[las disculpas futuras del rey y la crisis económica norteamericana]¡Qué dirá la oposición escandalosa para recoger tanta cuerda que estiró con sus medios de comunicación! ¡Qué pena!"

No obstante el mimetismo o acuerdo político, y no obstante el irrespeto implicado en la ofensa de Santiago de Chile, con todo lo que cálculo político pueda tener el evento, el hecho es que si Zapatero gana (vuelvo con Marciano), lo hará para "gobernar con los votos de la unidad de la izquierda en el Congreso de Diputados. Y tal hecho podría tener significación."

En consecuencia, la prensa opositora en Venezuela desde ahora tendría que andar en la busca de una técnica mediática de suavización del futuro acto de contrición del monarca, dado su fanatismo, del mismo modo como escurren el bulto en relación al desmoronamiento de la economía de los EEUU, su amado imperio, cuando recurren a la desinformación y a pretender presentarnos los graves hechos como unas cosquillitas de un mal momento.

La derecha, loca ella de absurdos, en su afán de demostrar que cualquier modelo de economía para un país es mejor que el que Hugo Chávez le ofrece a su país, no escatima descaros -sobretodo- de seguir presentándonos a la economía norteamericana como sólida y recomendable. Se dirá que hasta le cuesta perder el hábito de andar estimulando al venezolano para que grite que este país no sirve y se vaya al extranjero. No pueden perder las apuesta en el pulso contra el modelo del "régimen" bolivariano, porque el modelo estadounidense que tanto blanden y nos meten hasta en la sopa, su bandera, su idioma, su tecnología, su sistema de seguridad social (en crisis), su estabilidad laboral y de salarios (en crisis), su sistema de salud (en crisis), su sistema hipotecario (en crisis), sus inversiones (en crisis), todo constituye su modelo. Quedarían desvirtualizados, como una pistola ideológica sin municiones. Unos pitiyanquis desarmados.

Todo un espectáculo mirar a políticos tan destemplados tragar grueso.

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miércoles, 23 de enero de 2008

De la queja a la traición o cuando se ha fracasado en la vida


De antiguo he sabido de gente que se queja y se queja por su situación presente sin poder evitar el facilismo de culpar a los demás, tanto más fácilmente si el supuesto responsable de sus males es un ente corporativo político, como un gobierno. Tanto así fue -y es hoy- que simplemente se convirtió en un hábito descalificatorio entre los venezolanos que gusta presentar al gobierno de turno como el responsable de sus males personales. Es cuento viejo. Es decir, para ir al grano con los ejemplos, que si tu mujer te abandona o te despiden del trabajo por borracho, la culpa es del gobierno de turno y no tuya. Así, siempre resulta inocente el que prefiere tenerse como sospechoso de fracaso.

La cosa se complicó cuando el mismo gobierno empezó a contagiarse de sus gobernados, lográndose la institucionalización de la echadera de culpas como hábito nacional cuando un presidente dijo en un discurso "Recibo un país hipotecado", aludiendo a la gestión anterior. La cosa así planteada, desde arriba, ahora parecía liberar a un poco de gente de la culpa por sus fracasos personales, devolviéndole un poco de salud mental al venezolano, aunque en el fondo supiera que cada quien es responsable, mayormente, de sus propios pasos, a menos que hablemos en el país de una situación política de deterioro encarnizado de los derechos humanos fundamentales, lo cual le reconduce el destino a cualquiera. Aunque es de creer que la libertad de pensamiento inalienable, porque cada quien es libre de pensar lo que le dé la gana, inclusive bajo condición de muerte.

Al cabo del tiempo el Estado ha devenido en una suerte de vertedero nacional de culpas, con efecto liberador y hasta motivante para animarse a quemar unos cuantos cauchos en una vía pública, lo cual parece complementar en muchos casos la terapia. Tenemos, pues, a un venezolano quejón, de pasado y presente, porque lo lógico es que los segundos hayan nacido de los primeros. Estamos por todos lados. Para comprender el fenómeno hay que convenir en que no existen problemas, sino gobiernos, aunque un elector de esos, y no sólo venezolano, jamás haya subido a un tribunal a responder no sólo por sus actos y fracasos personales, sino también por su voto, a menos que convengamos en que su castigo esté implicado en el resultado de su elección misma.

Tenemos, en fin, a un quejón que, así como elector que vota por lo que le da la gana sin que jamás nadie le pida cuentas, así también le echa la culpa al gobierno de sus problemas, cualquiera sea, como un gran blindaje contra el destino. Me he enterado, inclusive, que el fenómeno ha arraigado hasta entre algunas etnias que poco conocen del Estado, y no precisamente por inacción estatal, sino por decisión y vida propias.

Tengo un amigo cuya vida personal está vuelta un embrollo. Naturalmente, Hugo Chávez desde hace años es el culpable de sus desgracias, hasta desde el mismo momento en que su esposa empezó a engañarlo. Al menos eso es lo se palpa cuando se le oye exclamar "Las mujeres hoy no valoran el matrimonio... Mira lo que hacen...¡Este gobierno!" Al rosario de quejas suma el pesar que el jefe no le aumenta el sueldo, sumándole el otro que le hace llegar reportes de que en otros países, como EEUU, la gente vive en el paraíso con sueldos y poder adquisitivos súper sónicos. No se cansa de hablarme de una amiga agringada que va y viene del país, cada vez más humillándolo con su alto nivel de vida cuando se lo detalla.

La amiga en cuestión se gradúo de ingeniero en Venezuela en tiempo pasado y logró colarse en el gran país del norte aceptando el trabajo de lavar platos, como hispano indocumentado a quien se le paga menos por el chantaje de la delación. Lógicamente, a mi amigo semejante situación le parece una simple escala de niveles a ir superando hasta "triunfar en la vida”. Poco le importa que se sea ingeniero o médico degradado allá en tierra gringa; con astucia lo comenta poco y prefiere centrarse en los rojos labios de su amiga cuando se mueven para narrarle maravillas. Aunque no me ha vuelto a hablar de ella desde una gran contrariedad que sufrió en su país amado: uno de sus hijos tuvo que huir a México porque el Departamento de Estado lo requirió para embalarlo hacia Irak. Ella misma, inclusive, empezó a tener problemas con las autoridades de inmigración.

Tartamudeante cuando lo dice, lo he visto reconocer, sin embargo, algunas medidas del gobierno venezolano en materia laboral, como eso que se preocupe por defender al trabajador de la actitud depredante que asumen a veces los jefes en su sed de ganar en todo terreno, lo cual a veces parece comprender que no es de origen del presidente. Por ejemplo, lamentó bastante una medida de la frustrada Reforma Constitucional que obligaría a los patrones a cancelar prestaciones o deudas adquiridas con los trabajadores despedidos hasta durante un plazo de 10 años. Con la reducción de la jornada laboral a 36 horas no estuvo de acuerdo porque iba en contra de los empresarios, que son quienes le dan empleo.

Pero en general abomina del Presidente de la República, culpable de todas sus miserias. Fiel a la tradición, no tiene pelitos en la lengua para expresarlo. Inclusive el gobierno -en su criterio- ha sido culpable de algunos trastabilleos con las notas de su carrera universitaria, porque lo desmotiva que se tenga que estudiar tanto para ganar unos sueldos luego que no son iguales a los de EEUU, hoy, por cierto, sumergidos en una gran depresión económica, seria tan seria que ya se rememora el desastre que significó para su gente cuando se llegó al extremo de hacer colas para comer una ración de sopa. Hablo de la Gran Depresión de 1930.

Pero mi amigo nunca habrá de razonar ello. Igualmente en su ánimo está vivo el prurito por emigrar en busca de un “mejor horizonte”, como es el clisé. De todos modos, dado sus amarres sentimentales y obligaciones familiares, dudo mucho que pueda estar montando en un yate para despedirse de la patria, donde Chávez no lo deja crecer.

Paso con mi amigo y comento otros casos, de más alcurnia, si así nos podemos referir a la gente de farándula que tiene mejor poder adquisitivo, muchos de ellos ricos de tradición.

Leo una columna de Jesús Bustindui, en Últimas Noticias (6 de enero de 2.007, p. 59), donde aparece una actriz -en su criterio ex, porque dice que ya no trabaja-, Rebeca González, quien sin mucho ambage manifiesta su intención de marcharse del país
porque aquí nadie la llama y ella siente "como que no hago falta". Sin caer en la audacia de afirmar que le echa la culpa también a Hugo Chávez, como es la tradición venezolana, queda abierta la posibilidad cuando recuerda su comadrazgo con Carlos Andrés Pérez, sus momentos de dirigencia sindical y sus comparaciones con Doris Well y Marina Baura. Como si dijera "tiempos pasados, tiempo mejor". Pero ella no es la única en esta película: ya María Conchita Alonso, cubana de nacimiento, se le había adelantado a todo el mundo, yéndose de empresaria para México.

Al final remata –la señora González- con una frase toda llena de confusión, culpa o inmodestia: "Le he dado a mi país todo lo que tenía, pero tengo mucho más que darle". Afuera, por supuesto, completaríamos nosotros.

Pero no se necesita estar sintiendo el impulso del viaje hacia lo desconocido para conjurar la sensación de fracaso personal o miseria que pueda estar viviendo un venezolano cualquiera bajo las condiciones degradantes del "régimen". Hay otra cepa de venezolanos, ya políticamente más opositores, que van más allá de la simple y tradicional echadera de culpas al gobierno, concretándose a declararlo más específicamente como infrahumano, oprobioso y violador de los derechos humanos, merecedor, por consiguiente, del derrocamiento.

"¡Cuánto no habrá por ahí, bajo la eventualidad de un golpe de Estado, que considere su vida un fiasco y relinche de gozo cuando se le ofrezca un puesto muy bien remunerado para cazar chavistas"...

Tales venezolanos afirman que jamás se irían del país, por convicción patria y luchadora, prefiriendo quedarse para luchar contra el "tirano", como denominan a Hugo Chávez. Como todos los demás quejones, aman a EEUU, y conciben entre sus planes la original idea de no irse hasta allá, sino traerlo hasta acá, inclusive con el desastre económico que actualmente está viviendo, generador de pérdidas millonarias, quiebras de empresas y desempleo. Para ellos siempre será preferible coletear un piso a un gringo o limpiarle el moco a su hijo, que soportar el reclamo nacionalista e integrador de Hugo Chávez en América Latina. En otras palabras y en términos prácticos, proponen apoyar una invasión militar contra Venezuela, alineándose, insólitamente, cuales pitiyanquis, con el soldado gringo o colombiano, lo cual en la práctica parece ser lo mismo, desde la hora en que Colombia decidió traicionar el espíritu independentista latinoamericano, por allá en 1829 y, con especial énfasis, desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Si no se va a la montaña, hay que hacer ella venga.

Para muestra, doy un botón, refiriéndome nada más al espacio que usa la expresión derechista en la Internet, sobretodo en algunos sitios de opinión. Y si sumamos a este botón otros sitios y otras expresiones donde se le mienta la madre a Hugo Chávez con el mayor libertinaje de expresión del mundo y donde la imagen presidencial es pintarrajeada como homosexual con la mayor naturalidad del mundo, concluimos que la derecha venezolana, en sintonía con el espíritu imperial extranjero y la conspiración en ciernes, se soltó el moño, perdiendo la mascarada de seguir ocultando, formalmente, su ansiedad de golpe de Estado. Échele un ojo a estos post: "¿Tendrá USA que invadirnos?" y "Reactivan 4ta. flota de marina de EUA en el Caribe" (en sus comentarios).

Más allá de la tradición culpabilizadora de la que hablamos, para estos venezolanos el asunto parece concretarse en una cuestión de simple lógica: culpar para luego traicionar. O en su sino hamletiano: ¿culpar o traicionar?. A tales compatriotas, más que censurarlos por el exceso de una baja emoción del momento o pérdida de la compostura cívica en sus expresiones, les sugiero que examinen más detenidamente los matices del porvenir que pretenden depararle a Venezuela. Es una cosa seria.

No se trata de andar coartando ninguna libertad de expresión, porque en efecto la han ejercido con complacencia, plenamente, sin represión ni consecuencias. Se trata de concordar que la misma no se puede basar en el escarnio ciudadano ni en el desmontaje de valores nacionales que perfilan su comportamiento como actos de traición a la patria, ni más ni menos. Note nomás como uno de ellos, con gran desparpajo, dice "me da mas rabia con Chávez que [por su culpa] tenga que estar de acuerdo con esas opiniones", es decir, verse en el trance de alinearse con los gringos en caso de invasión; y como un comentarista tranquilamente exclama "terminen de invadir para ver cuál es el aguaje de Chávez". Sonrío de pena para con ellos cuando me acuerdo del vidente que fue detenido por vaticinar la muerte de Rafael Caldera, presidente de la República entonces; ¿qué no habrían hecho con ellos? Publicar en primer plano, con responsable identificación, "Caldera eres un marica y un coño de tu madre", o subvertirse o promover traición a la patria, habría sido digno de observación para comparar realidades.

Dejando el tema de la culpa o la traición atrás, lo que sí habría que decir, quizá como su consecuencia, es que da frío a veces asomarse al campo cavernoso de la extrema derecha como opción política, más cuando se convierte en consuelo y albergue de sujetos frustrados en su plano personal que miran en el poder y la defenestración un modo de ejercer revanchas. Memorias tenebrosas de esta modalidad política en el poder encarnan en la dictadura de Augusto Pinochet en Chile y, sin ir muy lejos, en la seudo democracia venezolana de la cuarta república. Más horrible no canta la muerte.

Yo le diría a un fracasado de esos que no necesariamente alcanzarían una situación de triunfo personal por conseguir un puesto ejecutivo bajo una dictadura, dedicados a cazar gente, como muy claramente perfilaron que podrían hacer de llegar al poder los alcaldes Leopoldo López y Capriles Radonsky cuando persiguieron ministros de estado y atacaron embajadas durante los hechos golpistas de abril de 2.002. ...A menos que convengamos en considerar exitoso a un hombre asesino.. ¡Cuánto no habrá por ahí, bajo la eventualidad de un golpe de Estado, que considere su vida un fiasco y relinche de gozo cuando se le ofrezca un puesto muy bien remunerado para cazar chavistas y revertir el proceso avanzado bolivariano! ¿Cuánto?

No más palabras.



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martes, 22 de enero de 2008

Alianzas y guerra fría: cuando el imperio se repliega

I. Del Medio Oriente a América Latina


La conformación de alianzas de poder a escala planetaria, como en el típico esquema de la guerra fría, comporta el apiñamiento -digámoslo así- de una serie de países con importancia económica, militar o estratégica (y todos con una motivación defensiva común), en torno a una gran potencia que por sí sola tiene una capacidad destructiva letal para la humanidad. El propósito, en la medida en que más y más países se ensamblan en un bando u otro, es una especie de equilibrio respetable, fundado en la intimidación armamentista del uno para con el otro. Se trata de una competencia silenciosa por la supremacía, donde las cabezas de cada bando no escatiman gastos para, de modo indirecto, por lo general a través de segundos países, incidir en el debilitamiento o rezago del contrario en la carrera del poder, sea ya restándole zonas de influencias, aliados, posibles aliados o sumándole un enemigo.

Demás está decir que cada bando maneja y cultiva su zona de influencias, y de antemano, como la simple previsión de un juego, procuran tener una idea adelantada de cómo estallaría una conflagración, no descartando ningún matiz del incendio. En cada zona de influencia habría aliados, plataformas, mercados y suministros, a la vez que la misma zona de influencia constituiría un punto de estrategia intocable, de honor, contexto y justificación -a veces vital- de la alianza misma. Cada bando presume a ratos de ser más dueño del mundo.

Es una guerra por granos, tensa, y con todo lo que de seria tiene semeja esas infantiles peleas donde un pequeño quiere intimidar a su rival mostrándole una gran piedra, a lo cual el otro responde con otra más grande, y así sucesivamente.

Es, pues, la II Guerra Fría -como una II Guerra Mundial- ya en curso nuevamente. Después de la gran depresión rusa como polo indicativo de poder en el mundo, fase durante la cual la unipolaridad "occidental", estadounidense, copó el mundo, sembrándolo de plagas y estragos, emerge nuevamente el coloso para equilibrar la balanza mundial, obligado prácticamente por la audacia del imperialismo norteamericano de pretender instalarle unas plataformas misilísticas en sus mismas fronteras, hecho que es un colmo. Después de tan largos años, cuando mucho país ante el abuso gringo añoró aquella vieja bipolaridad amparante o defensora, hablan nuevamente los generales con un lenguaje propio de quienes están lanzados a la pelea.

El jefe de las Fuerzas Armadas, el general Yuri Baluyevsky, dijo lo siguiente hace tres días apenas:


Nosotros [los rusos] no planeamos atacar a nadie, pero consideramos necesario que todos nuestros socios en la comunidad internacional entiendan claramente (...) que para defender la integridad territorial y la soberanía de Rusia y sus aliados, se usarán fuerzas militares, incluyendo preventivamente el uso de armas nucleares
Sin duda unas palabras que cubren la preocupación rusa por la locura de los EEUU de fijarle unas bases en sus fronteras con el cuento de la intercepción de los misiles iraníes disparables contra el suelo norteamericano. El argumento, con el mismo peso específico de las supuestas armas de destrucción masiva de Irak, se cae por sí solo, porque los calculo militares no prevén un desarrollo de un misil iraní con un alcance tal hasta entrada la década de los años 20. De modo que la ávida torpeza beligerante gringa, como en el pasado cuando ellos mismo despertaron como un gigante a la guerra con el capítulo de Pearl Harbor, lo que ha hecho es despertar al otro coloso, en manejo de un lenguaje contundente, provocador, que hace uso frecuente de la palabra "aliados", en franca retrospección histórica, lo que equivale a decir en franco reto. Esto apoyado con la reciente ostentación de novedades armamentistas, como cuando presentó su "sistema defensivo aeroespacial sin parangón en el mundo, el S-400, capaz de derribar de manera simultánea 12 objetivos aéreos de cualquier tipo desde una altura e 10 metros hasta los 30 kilómetros" (Jorge Petinaud Martínez: "Rusia fortalece sus defensas estratégicas" en Diario Vea. - (2.007) sep. 12; p. [23-4]. Tomado de El Renacimiento de la Guerra Fría.

En la comprensión de que el escenario de los poderíos y estrategias se gestan en el Medio Oriente, ambos representantes de los polos se desplazaron hasta el mismo terreno de operaciones, uno, Vladimir Putin, hasta Irán, donde finiquitó los cabos últimos de una alianza, y el otro hasta Israel, donde fue convencido de la imposibilidad de dominar, imperialmente, el terreno. Sobre espaldas del presidente norteamericano, George Bush, pesaba un fardo que le quitaba cualquier aura inspiradora de confianza y seguridad: su desastre en Irak, donde no ha podido conjurar la molestia de unos aldeanos que impiden la supremacía y el bombeo del petróleo; al espaldas del premier ruso, Vladimir Putin, la clara presión de sus generales: ¿hasta dónde habrá de dejarse galopar al caballo? Urgente es la reconstrucción y refundación del mecanismo de las alianzas, que no es más un retorno al pasado cuando el futuro, hecho presente, luce inhóspito e inhabitable.

Las consecuencias fueron inmediatas. El sueño imperial de tomar los campos petroleros de la antigua Persia, para sumarlo al desorden iraquí y al caos con los precios del barril en los mercados, rodaron por el suelo, teniendo los EEUU que retirar sus planes obstinados de invasión, quedándole no más la carta desestabilizadora de Israel en la región, quien hace lo suyo con los palestinos, a título de provocador mundial, como quien pesca en río revuelto con la esperanza de cambiar el rostro provisional del destino que los vuelva a poner en situación establecer un dominio. Pero los acontecimientos tomaron otro rumbo, y ahora los rusos, temiblemente, suministran el uranio para los reactores iraníes, y los iraníes se dan el lujo de atacar con lanchas "avispas" la flota naval norteamericana en el Golfo Pérsico, amenazándola con ataques suicidas.

Así, en virtud del padrinaje ruso, concretado en una alianza, los iraníes ganan la primera batalla a los estadounidenses sin disparar un tiro. Naturalmente los extremos beligerantes se reacomodan en una situación sopesada, configurándose en el Medio Oriente una zona de influencia de equilibrada disputa por las grandes potencias. Los adláteres de bando y bando quedan como cabezas de playa en la región, en sus propios territorios, cada cual portando el estandarte de los jugadores mayores, verdaderos movedores de piezas en el tablero. De modo que un país como Irán, en la necesidad de defender su soberanía y dignidad nacionales, se ve precisado a sobrevivir pagando el precio menor del tutelaje extranjero, lo cual necesariamente le resta autonomía de acción y lo sumerge en la relatividad del equilibrio, en la relatividad del interés de los dueños del tablero que coincide con la propia, como es expresión Israel, a quien los EEUU le dosifica sus incursiones guerreras en el área, a ratos excediéndose, pero siempre dentro de la teoría de los daños colaterales del dominio, de las alianzas y de la guerra. En el fondo, las grandes potencias dictan la pautan de acuerdo con sus intereses y en función de la vicisitud local o estratégica que configuren sus aliados.


II. De América Latina al Medio Oriente

Un capítulo esclarecedor en este sentido fue la decisión unilateral de la URSS de retirar los "36 proyectiles estratégicos de alcance medio y otras armas tácticas nucleares" de Cuba, su aliado, una vez que en alta instancia Jruschov y Kennedy pactan el retiro de los amenazantes cohetes Júpiter norteamericanos emplazados en Turquía, con cercano alcance a tierra soviética. El terror norteamericano de tener sembrados en su propia zona de influencia (para ellos más precisamente "patio trasero") los temibles cohetes estratégicos SS-4 -había 21 instalados- fue el detonante de una negociación apremiante que dejó a Cuba fuera del juego de las condiciones, lográndose nomás hacérsele entender a los gringos que era un aliado ruso y que no debía ser atacado, sin precisar nada sobre el bloqueo que ya había cobrado forma en términos operativos y que persistió en el tiempo en su versión de cerco económico y toma monitoreante de la isla de Guantánamo. (Véase Eduardo Yasells Ferrer y Ernesto Pérez Shelton: "La crisis de Octubre" en Orbe. - (2.007)oct 28-nov 3; p. 4)).

"El reto mayor es terminar la obra iniciada por la Revolución Cubana en cuanto a sacar a América Latina de la bolsa conceptual de patio trasero del país norteño, por un lado, y por el otro"...

Como sea que el integrante de una alianza pierde potestades de alto nivel decisor, eclipsado por el interés estratégico del "socio mayor", toda alianza rinde el fruto de la autonomía relativa, la inviolabilidad del territorio, el aseguramiento de los recursos naturales para peculio propio y, especialmente, el libre curso de las identidades nacionales, por lo menos no transculturadas por fuerzas imperiales con las que cultural, económica o militarmente hay una relación de enemistad, hostigación o pleito.. Es la relatividad del equilibrio. En mano yanqui, la suerte cubana sería hoy un monumento al oprobio asolador de pueblos, salteador de dignidades, al genocidio, pedazo de tierra del planeta arrebatado a una nación, como suele ser práctica de los grandes imperios unipolares. Estaría hoy en su santo lugar, como la tenía Fulgencio Batista: cuasi estado de la unión estadounidense, colonia cuasi portorriqueña, o costeño burdel imperial.

A todas estas, resta labrar la idea de la inserción de nuestros países latinoamericanos en el contexto de las alianzas equilibrantes, a modo de defensa de la agresión de uno de sus polos: Los Estados Unidos de América. Tanto más urgente cuanto más nuestras tierras están conceptualizadas como "patio trasero", según Doctrina Monroe, y terreno de experimento y aplicación de recetas imperiales y económicas, respectivamente, según dictámenes del neoimperial Consenso de Washington. La reciente derrota estratégica gringa ante Irán y su repliegue de planes invasores, su fracaso flagrante en Irak, con la consecuencia de un precio petrolero inimaginable para ellos, hace presumir que el belicista gabinete de George Bush en su último año de gobierno buscará países más débiles pero igualmente con petróleo para compensar el descalabro energético mundial y la debacle económica propia. Nada más fácil que yendo a orinar al baño de su patio trasero, de segura propiedad secular y por lo tanto "desasistida" desde el punto de vista de la toma de un refrescante aire imperial de guerra, donde Venezuela, full de reservas, es el ojo del huracán, pero una pulga más fácil de aplastar al mismo tiempo que ofrece la posibilidad de reivindicar sus fusiles en derrota.

El Plan Colombia, el argumento del narcotráfico y la guerrilla, la oposición interna traidora y la misma actitud trapacera del gobierno Colombiano -perro de guerra gringo-, junto a las últimas e intimidantes maniobras de la armada de los EEUU en el Caribe, apuntan a un fortalecimiento de la convicción de que en América Latina se puede conseguir lo que ha resultado en extremo duro en el Medio Oriente. ¡Para que ir tan lejos! De paso que la acción conjuraría molestos comportamientos de “sudacas” locales como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales, los Kirchner y, hasta cierto grado, Lula Da Silva, todos ruidosos promotores de una presunta unidad continental revolucionaria, independentista casi, como si ellos estuvieran facultados para tomar como suyo lo que tradicionalmente es de tutela militar estadounidense.

El reto mayor es terminar la obra iniciada por la Revolución Cubana en cuanto a sacar a América Latina de la bolsa conceptual de patio trasero del país norteño, por un lado, y por el otro, culminar el sueño independentistas de nuestros próceres y pensadores americanos, frustrada en su cabalidad por las podridas castas de poder neocoloniales vendidas al interés extranjero y hechas con el poder desde antaño. Se trata de ir por la segunda independencia, como bien reza una estrofa de Alí Primera en su pertinente canción "La guerra del petróleo", de irresistible cita en este artículo por la actualidad que comporta, dado el eje bélico Venezuela-Colombia-EEUU.

Ven, amigo colombiano
vamos juntos a cantar
por segunda independencia
vamos juntos a luchar
Conviene que nuestro país, en una contundente demostración de resistencia a ser un objeto perteneciente a nadie, mueva sus pasos más audazmente hacia la alineación con el otro polo de poder en el mundo, a título defensivo, por ahora, pero de modo urgente, de manera que nuestra geografía y geopolítica continentales adquieran la dimensión de zona de influencia mundial donde las fuerzas del poder se contrarresten y equilibren. Ello en lo inmediato dificultaría sueños de invasiones y haría que intereses y conceptos de estrategia armonicen -si así se puede expresar- en el equilibrante juego de los opuestos.

Pero se debe reconocer, sin embargo, que la propuesta echa mano bastante de situaciones idealizadas, para no decir utópicas, porque los mercados, las relaciones centenarias, el hábito, la transculturación y otros conceptos de la tradición, tienen su peso específico en la mayor o menor dificultad para crear o desacralizar zonas de influencias de la fuerza de las costumbres. América Latina no es a Rusia lo que el Medio Oriente, como el Medio Oriente no era para EEUU lo que es América Latina. Es un largo camino, un cultivado clisé, un embrollo de amarres coloniales, cuyo intento de desenvoltura casi genera una guerra nuclear con la "Crisis de los Misiles".

Mas, de lo que no debe quedar dudas es que el planteamiento de la "segunda independencia" latinoamericana es y debe ser, por historia, patria y tradición, un hecho irrenunciable. La unidad continental que gesta el socialismo del siglo XXI en América Latina es un poderoso paso

Aquí la canción de Alí Primera, muy al pelo para la situación presente que se vive entre el trípode Venezuela-Colombia-EEUU: "La guerra del petróleo"

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lunes, 21 de enero de 2008

La mala leche del buhonero

¿Comercio o burla?

El trabajador informal que vende la leche en 20 bolívares fuertes, lo hace en bolsas que llena con la leche de Mercal. Así, a un producto de la cesta básica, regulado en aproximadamente 12 bolívares fuertes le hacen rendir una ganancia que tiende al 100%. Un simple cambio de empaque es todo el trabajo que hace, cosa requerida para cometer su fechoría, pues sería mucho el descaro venderle al pueblo un producto de exclusiva localización en mercados solidarios con un precio sobrepuesto.

Lo anterior es una burla, más cuanto a veces el precio lo disparan hasta los 25 bolívares fuertes. El consumidor, bajo el chantaje de la escasez, paga lo que le pidan, y cuando paga, sin poder hacer nada, perpetúa un cínico ardid de viveza de un vendedor que pertenece a su propio estigma, a su comunidad, a su misma condición social, es decir, un hombre sencillo de barrio que a título de no tener empleo (como es el argumento de la economía informal) un buen día decide echarle la vaina a sus propios conciudadanos. Como si dijéramos, pueblo contra pueblo.

Ello me hace recordar una frase de Abraham Lincoln sobre la unidad y la solidaridad: "una casa dividida contra sí misma no se puede sostener", lo cual, trasladado al contexto en su sentido semántico y no circunstancial, evidencia una moralina inaceptable y una deplorable falta de solidaridad de un comerciante que, más allá de una informalidad que eventualmente puede licenciarlo para muchas cosas, se coloca al margen de la ley y al lado de la trampa y el expolio contra su propia gente. Si el comercio informal, el buhonerismo, es expresión de una gran pobreza y descomposición social en Venezuela, como lo presenta la feroz prensa opositora hoy para resaltar la indolencia y el fracaso de una política de empleo, estoy de acuerdo, pero no en el sentido de esa crítica política dirigida, cínica ella (antes denigraba de los informales), sino en el sentido de la perversión moral que comporta dicha descomposición. Voy más allá: hay que tener arrestos de traidor y carencia del sentido de pertenencia para, en nombre de una necesidad propia (el empleo), crear otra calamidad en otro orden (el alimentario) para con los suyos mismos, como el peor enemigo. Como si se pudiera decir que los alimentos escasean para el pueblo porque los tiene el mismo pueblo, bajo condición de acaparamiento, secuestro o como se quiera denominar al trabajo de lo que, sin duda, es una organizada mafia que trafica con la necesidad del venezolano. Es un absurdo, es inmoral, es desleal… que el mismo producto destinado a venderse solidariamente en abastos para esos fines, para la gente más necesitada, sea secuestrado de los anaqueles y revendido por la misma gente necesitada, sin comentar que al sacarlo del empaque se transgreden las normas higiénico sanitarias.

Si el comercio informal pretende volver a copar las calles del casco central de la ciudad para, en nombre de su argumento de marginación social, cometer las tropelías descritas, que cuenten con mi voto desaprobatorio. No se puede pretender institucionalizar un delito a cuenta del chantajeable acto de mea culpa de un Estado que los reconoce como cierto en su expresión de desempleo, lo cual, por cierto, es un trabajo digno de investigación, en la precisión de determinar, científicamente, cuánto es el buhonerismo y la informalidad sinceros, y cuánto es el tramposo y traidor de pueblos que allí se cuela. No se puede institucionalizar un mecanismo de conjuración de una carencia social para que cree, a su vez, más carencia en la población. Quien ejerce el comercio informal revendiendo alimentos de la cesta básica con súper precios, estafando, acaparando, más allá de su condición de justificante necesitado social, más allá de buhonero, es un delincuente que merece cárcel, donde por lo menos ejercerá su derecho a alimentarse sin dañar a otros.

Es un hecho que no se consigue el preciado polvo lácteo, en general, sin hablar de marcas, a menos que se vaya a ciertos mercados de caché, donde sospechosamente sobra. Ahora mismo estoy presenciando una cola en Capitolio, Av. Baralt, donde la gente se trajina en una fila para comprar una lata de “Canprolac” en Bs.F. 18 en una ¡tienda farmacéutica!. Pero también sé, a ciencia cierta, que desde principios de año los buhoneros están vendiendo en bolsitas la leche de Mercal. Ellos mismos, sin retruécano alguno en la lengua, te dicen en voz alta, cuando le preguntas la marca, que es la leche de Mercal sin el empaque. Las medidas solidarias creadas para paliar la pobreza, es aprovechada por la pobreza misma para empobrecerse más, como un autoflagelante.

"Quien ejerce el comercio informal revendiendo alimentos de la cesta básica con súper precios, estafando, acaparando, más allá de su condición de justificante necesitado social, más allá de buhonero, es un delincuente que merece cárcel"

Ciertamente hay una situación de escasez a escala internacional y nacional, reconocida por el gobierno a la hora de generar o importar, pero ello no se tiene que convertir en una razón para que el pueblo, por obra y gracia de los miserables traficantes, acaparadores y revendedores, sufra más para conseguir el producto. La pregunta de rigor que hay que formularse, para extender más las suspicacias sobre este problema es “¿Por qué tengo yo que comprarle a un buhonero lo que debería conseguir en su debido abasto, es decir, en Mercal, para hablar nomás de esta marca solidaria, ahora “buhonera”?

Al responder notamos cómo se extiende la red de los sinvergüenzas que lo que hacen es medrar a costa de las necesidades de la gente. Alguien en Mercal, sin duda, es el proveedor de los informales, porque no es posible que uno de ellos compre las inmensas cantidades que compran para la reventa cuando es sabido, público y notorio que no se permite la venta de más de dos bolsas por persona. ¿Quién responde por esto? A riesgo de cansancio, no voy a mencionar aquí a quién le corresponde tal labor de investigación. Ya soy un disco rayado (véase "La inocencia política de las caraotas, leche y huevos", "Consideraciones sobre la derrota del sí", "Chávez, el hombre comidad", "Lo que viene y la seguridad alimentaria", entre otros en esta misma página). Es evidente que existe un entramado, un cónclave, una mafia o lo que sea que hace reverdecer a la autoridad competente como inepta.

La mafia debe ser detenida rápidamente, pues para efectos políticos, esos que buscan procurarle una mayor suma de felicidad al pueblo y se frustran en el intento, y ganan o pierden elecciones, la cosa se complica más cuando a la carencia se le suma el estigma de ausencia de autoridad. El sentimiento de indefensión de la población en materia alimentaria no rinde ni pingües ganancias, sino pura pérdida.

El comercio informal, el buhonerismo, aceptados en su corolario y legítima expresión de desempleo, con derecho al reclamo de un trabajo, se pervierte y deriva en delincuencia cuando se coloca en el plan de traficar con la miseria del llano pueblo, del cual también es expresión. Bajo tal perfilamiento de inmoralidad a la cual es obligado por su situación personal o familiar de necesidades, según justificación propia, debe ser tratado con la severidad que observa la ley, y puestos a esperar, si es necesario, la construcción del centro comercial donde serán reubicados, con todo lo que de sucedáneo tenga esta medida, porque ya sabemos que atiende a la expresión formal de un problema y no lo corrige en sus cimientos, que no es más que el fortalecimiento de una economía generadora de empleos (cómo dije, hay que investigar cuál es el verdadero perfil del buhonerismo, cuánto es expresión y cuánto perversión).

Y a quien contraargumente que los pobres delincuentes –hablo de los que aprovechan la condición de informales para delinquir y no de los reales necesitados- se quedarán sin trabajo y sin comer mientras esperan, yo, consumidor final, le respondería que también tengo necesidades, y no precisamente de que me hurten y me pongan a hacer indignantes colas para comprar un envase de leche.

jueves, 17 de enero de 2008

Crónica de una ciudad sin buhoneros

Sin ánimo de caer en "sesudos" análisis, no más llevados por la emoción de ver, sentir y transitar por una Caracas limpia, ordenada y con menos delincuencia, las siguientes son las irresponsables reflexiones –de un día- de un habitante que vive la urbe a diario, cosa que hay expresar de tal modo, pues un conglomerado de problemas es como una enfermedad que se padece.

Y ya sabemos que para sentir emociones no echamos mano de textos legales para regularla, y el organismo animal que nos gobierna se deja atrapar casi plácidamente por ese gen egoísta que late en el fondo de la supervivencia y comodidad mismas, lo cual en la práctica se traduce en una cerrazón a las motivaciones del otro. Y ya sabemos, también, que un Estado, un gobierno, en su esbozo ideal, como dijera José Martí en "Nuestra América", es una situación "apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas".

Pero como venía diciendo, ando en la calle, a secas con la ciudad despejada, consustanciado con mis parroquianos deambulantes, disfrutando de una especie de paz aparentemente emplazada y regulada por la guerra, es decir, por la amenaza de retorno de la caótica adrenalina del comercio informal sobre las aceras, los gritos de las subastas, los alimentos acaparados, el arrebatón camuflado, las peleas, el sucio amontonado, las trancas descomunales, el ocupamiento a medias de las avenidas, las molestias de los conductores y sus pitos, las entradas del Metro atascadas, las paradas del transporte público sitiadas de baratijas y hasta los regaños por caminar sobre el espacio de una calzada pública presuntamente privatizada o regulada. Nada que ver con viento idealizado del Guaraira Repano acariciando tu rostro con su soplido sin obstáculos.

Se los dije. No ando en la tónica de largas cavilaciones leguleyas, gremiales o morales, y sí bajo el secuestro de ese horrible sentimiento de insensibilidad social, egoísta, hasta violador de los derechos humanos. Disfruto mi ciudad y ya. Tomo mi autobús en la avenida Baralt, a la altura de Quinta Crespo y tardo 15 minutos en llegar a la Esquina Guanábano, entrando a La Pastora, lo que antes me robaba 50 o 60 minutos de mi vida en medio de un ensordecedor marasmo. De atracos no hablo, porque en lo personal no lo he vivido, pero la expectativa de vivir una disminución del 40% en el casco central, como ocurrió con la abolición de la economía informal en Sabana Grande, es realmente estimulante. De modo que continúo con mi increíble paso sin basuras u objetos en la calle, sumido en el efecto de un dopaje puramente urbano.

No me dejo invadir por la infeliz hipocresía de los periodistas opositores y cronistas urbanos, muchos blogueros, que ahora añoran la barahúnda buhonera por todas partes, cuando el año pasado, en pleno apogeo de comercio informal, llenaron las páginas de sus diarios con irritados e indignados reclamos a la autoridad municipal para que recogiese a sus locos asoladores de urbes. Sobra decir que la basura en la calle, el atasco automovilístico y la inseguridad, amén de la reventa de alimentos, fue el pretexto poderoso para su inveterado discurso de ataque a la autoridad local por parte de semejantes asalariados de empresas políticas periodísticas, que miran el color de los hechos según su conveniencia desestabilizadora (¿o debo decir "reconciliadora"?).

Hoy que la ciudad está despejada, entonces se dedican a buscar a los trabajadores informales en sus propias casas (allá en los cerros, donde fotografían el paisaje) para estimularlos al reclamo, azuzarlos contra la autoridad insensible a su problemática, para que protesten ante Miraflores y el Tribunal Supremo de Justicia la maldición contenida en el Decreto (¿?) 278 de la Alcaldía. Se trata de crear la crónica de un estado de descomposición social disimulada tras el cortinaje del aparato represor de un gobierno enemigo del pueblo.

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Por supuestos, semejantes pensamientos sobre el arte político de los hombres entra en mi cabeza y no me permiten disfrutar del paisaje ciudadano cabalmente, como me lo había propuesto desde el principio. Pero más allá de disquisiciones de tipo moral sobre una nación infeliz, transida de miseria, donde es delictual sonreír o disfrutar una buena comida sin ser mirado como un mezquino, mi felicidad pasajera se aferra a un mástil de la razón incontrovertible, lo cual me permite continuar tranquilamente dejándole el paquete a otros, como es el propósito de este insensible artículo.

Tal razón es: El comercio informal, cuando degenera en buhonerismo, esa actividad vendedora díscola y desenfrenada, incurre en la violación de unos cuantos derechos ciudadanos constitucionales, entre ellos el libre tránsito, y de una pila de ordenanzas municipales, entre ellas el abarrotamiento de las paradas, de esquinas, sobredimensión de sus espacios, suciedad, ruido y otras condiciones del ejercicio de su trabajo. Pero a ello se contrapone, naturalmente, la argumentación de los aquejados al prohibírseles ocupar los espacios públicos: ellos también amparan su reclamo en el derecho constitucional al trabajo que los asiste. ¿Buena la cosa, no? ¿La ley internamente colindanda, de modo incomprensibl entre sí, ambigua, o simplemente aplicada con ineficiencia desde afuera, por errados intérpretes? Un derecho constitucional contra otro.

Este argumento me permite seguir paseando con mi insensible perfil de hombre despreocupado, dejándole el embrollo a otros, mientras fijo la vista en el cerro el Ávila, seguramente frío, si uno se acerca mucho. ¿Que hay un problema de pobreza extremada, según la prensa que leen los mismos deambulantes que me acompañan, y que el comercio informal es expresión de ella, respuesta al desempleo? Bueno, que las autoridades competentes tomen cartas en el asunto, sin mí, quien hoy está de parranda moral, renuente a aceptar la vieja conseja que dice que todos somos responsables por todos. Irresponsablemente disfruto los días de paz de la ciudad, de limpieza, hasta que dure, sin andar metiéndome en pellejos de otros. Toca al Estado determinar cuánto es el precipitado de esa presunta depauperación social que sale a reclamar su pan a las calles, aunque en su reclamo entorpezcan el pan de los demás.

Procesar el precipitado, atenderlo, rescatarlo, y sobretodo, mirar qué lo genera y explicárselo al ciudadano, si es que la solución no surge de una instantánea varita mágica. Un censo severo -con árbol genealógico si es posible-, con visitas domiciliarias para verificar los hechos, más el respectivo estudio socio-económico, son necesarias imposiciones de quien busca solucionar.

El censo, el árbol genealógico dicho a son de broma, es clave, porque el buhonerismo es como el agua, si se regula por aquí, se irregula por allá. Suele ocurrir mucho que un grupo de tales informales trabajadores son asentados en un centro comercial para sus efectos al ser desplazados de las calles, y al final del cuento lo que queda flotando es una burla, porque los beneficiados siguen manteniendo el otrora puesto de la calle en la figura del yerno, hijo, primo, amante, amigo, adoptado, paisano o mascota, para hablar de seres afectos a los que se agracia. De tal modo, como se vea, lo que se hace es licenciar a la viveza criolla, esa misma que medra aquí siendo de allá, en vez de arreglar problemas, aunque sea de modo sucedáneo.

"Por ejemplo, mirar las Plaza Caracas y Daniel Florencio O’ Leary, toda despejada la primera, bella la segunda con sus fuentes y verde grama, constituye para mí una experiencia sensorial extraterrícola, si me permiten el término"

Por ejemplo, mirar las Plaza Caracas y Daniel Florencio O’ Leary, toda despejada la primera, bella la segunda con sus fuentes y verde grama, constituye para mí una experiencia sensorial extraterrícola, si me dan la licencia de especular sentimientos. Camino sobre el empedrado de la primera, bajo la luminosidad de los 28º de nuestra ciudad hoy, y me interno luego bajo la edificación, primero cerca de las tiendas, sótano y, finalmente, las adyacencias del CNE; y sólo así puedo certificar a cuánto arriba el daño infligido sobre la estructura del conglomerado: piso y paredes desbaldosados, precios de artículos rayados en las paredes, restos de ganchos o artilugios improvisados, grasa, hedor y cualquier otro figurín propio de un campo de batalla. Mi cabeza se mueve desaprobatoriamente de un lado a otro, sin aguantarse, y pienso en cómo uno, a pesar de estar disfrutando una bondad del presente, no puede evitar rememorar una incomodidad del pasado. Así somos –me digo-, aunque hoy, como he dicho, yo me resista a ello.

Lo mismo ocurre cuando recreo la Caracas nocturna, incandescentemente brillante en medio de sus escasos y oscuros árboles, pero limpia. Lo he certificado yo mismo, más allá del entorno donde vivo. La cuadrillas de limpieza trabajan con eficiencia a altas horas de la noche y la dejan como una vasija limpia -porque eso es la ciudad cuando es tomada como apero-, en increíble contraste con el día del comercio informal. Claro, de noche todos los gatos son pardos, como se dice, y pienso en el oficio de quien se queja por quejarse cuando lo digo, aunque tampoco hablaré de ello. A nadie consta su limpieza. Estamos acostumbrados, al menos hasta hace 20 días, a mirar una diurna aglomeración de basuras, que es lo que se ve.

Hoy cuando la ciudad pretende brillar, aun como tímida perlita, y de día, no puedo evitar preguntarme cómo es que un derecho imposibilitado a uno le da la potestad de arruinar el derecho de otros. Es decir, ¿hasta dónde la ley faculta, en su tolerancia, para que venga alguien a llenarme el paso de conchas de cambur, agua de desechos y de azarosas basurillas volantes? Esa sensación de salir a la calle acompañado del cesto de la basura de la cocina.

¿Se dan cuenta hasta dónde es sabroso ser irresponsable y expresar nuestra baja felicidad, sin andar colocándose en lugar de otros, en sus justos o injustos reclamos? En fin, para finalizar, a modo de tips, y para no criticar por criticar, presento algunas observaciones que la insensibilidad humana y social de este servidor padece hoy día:

(1) Quienes celebran una ciudad limpia y ordenada deben, como el que escribe, dejar a un lados las hipocresías de naturaleza intelectual y expresar su apoyo a la autoridad local, el alcalde, para que llegue a un arreglo con los trabajadores informales de modo que se exima a la ciudad de sufrir los embates operativos del trabajo informal. No de otro modo, en medio de un conflicto de emociones e intereses generado, se llega a un conciliado acuerdo. Es decir, tú me reconoces y yo te reconozco. Como con el Caracas o el Magallanes, hay que tomar partido.

(2)Ser más activo socialmente, es decir, reclamar al trabajador informal para cuando regrese a los espacios públicos, si es el caso que ocurre. Mucho puede hacerse respecto de la suciedad, el ruido, el espacio que ocupan, si nos quejamos.

(3) Formar patrullas civiles que se dividan por calles el problema de concienciación laboral en armonía con el debido paisaje urbano, pulcro y funcional. Buhonero, me botas la basura y riegas la porquería a media calle, ¡recógela!

(4) Instalación de módulos de rescate y atención al indigente. En las noches destrozan el trabajo de limpieza de las cuadrillas municipales. En el pasado eran los perros realengos. Suele ocurrir que una bolsa grande de esas de basura, las negras, es rota y dispersada a lo largo de un cuarto de cuadra.

(5) Sensibilización ciudadana a través de afiches y paseos parlantes, orientando a la valoración positiva de la situación presente de limpieza y ordenamiento.

(6) Patrullaje policial, cámara de video en las álgidas esquinas de tráfico diurno y nocturno, y buzones públicos para recoger sugerencias e indicaciones del ciudadano.

(7) Realización de un operativo contra el bandolerismo motorizado, quienes circulan sobre aceras y en sentido contrario a las señalizaciones. La situación presente, sin tensiones, no lo justifica, aunque la otra tampoco. Afinco para manifestar mi creencia que éste es un serio problema de malestar ciudadano.

(8) Y como todo, la comodidad tiene su precio. La penalización a través de multas debe volver a la ciudad, adoptando la modalidad de la charla orientadora previa, llamadas de atención, aprovechando la circunstancia para crear una base de datos con los registros de quienes usan cotidianamente la ciudad en su aspecto público y funcional, para que, en caso de una infracción, se erradique en primer grado de quienes la usan a diario, con conocimiento de nombre y apellido. Téngase en cuenta que el sistema contrario, el de premios, también rinde un inusitado impacto en la conciencia ciudadana. Así como algo corresponde hacer con un ejemplar ciudadano, también se exige para con un motorizado sobre la acera, un automóvil a contra flecha y un comerciante, formal, que derrama su basura al frente. Un peatón "cochino" no puede tampoco escapar. En este sentido añoro las campañas de concienciación en la TV.

(9) Un llamado de atención a la prensa escrita y audiovisual, para que, positivamente, se incorpore en la educación ciudadana, en vez de andar gimoteando por un país que –en su criterio- se cae a pedazos. Puede prestar espacios y propaganda para concienciar.

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