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jueves, 28 de junio de 2012

Libertad y capitalismo, viejas cadenas ya que oprimen a la especie humana

I

Capitalismo - Fin Todo ser viviente está dotado de un mecanismo de defensa, de adaptación u ofensa que le ha dado un sitio de pervivencia en el plano de lo palpitante presente.  Si no, sería historia.  No estaría en el firmamento, como no lo está el pájaro dodo, ese pájaro estúpido que se dejaba manosear por cualquiera; o como el tigre dientes de sable, depredador cuya arma ofensiva al parecer atentó contra su propia existencia; o el mamut, caramba, o los dinosaurios, que no pudieron desarrollar una rápida aclimatación a su cambiante entorno, debiéndose mudar al otro mundo.  Ayer mismo se murió El Solitario Jorge, la última tortuga gigante Geochelone abigdoni, de las Islas Galápagos, dando fin así al respirar de su especie.

Es regla evolutiva.  La naturaleza, con su efecto ambiental, te dota de herramientas para sobrellevarla, sea definiéndote como bicho que atacas, te defiendes o combinas ambas maneras.  Si en el decurso de ella no te adecúas, te vas al carajo.

Del humano ─se dice─ lo dotó de inteligencia para prevalecer sobre el cosmos viviente.  Y tanta fue la altanería en la dotación que el hombre se figura eterno, por encima de los vaivenes naturales.  Un animal infinito que pretende modular la naturaleza a sus caprichos y hasta hacerla depender de sus humores.  En el principio fue el hombre..., nada de eso de la nada, joder.

II

Ahora, de lo humano, especie viviente dotada de tantas guirnaldas de supervivencia, se desprende naturalmente lo relativo a él, las ideas, sus sistemas, visiones, filosofía, modas, amores, etc., del mismo modo que de los gatos se desglosa lo gatuno o felino según se vea, obteniéndose una cultura del gato que el hombre mismo crea y recrea:  los gatos sagrados de Egipto, hombres gatos, gatos inmortales con más de siete vidas, las constelaciones-gato, el gato Tom de las caricaturas o la chica superbuenísima llamada Gatúbela.

Y el cosmos de estas humanas emanaciones es, lógicamente, el hombre mismo, su mente, su alma, su discurso.  Si el hombre se va al diablo, ellas caen como sueños, no quedando ni siquiera el polvo de su rastro.  Existen con nosotros y somos nosotros mismos. Un tipo decía por allí que el hombre es el estilo, esto es, el modo cómo enfoca y vive más que un pedazo de animal carne.

Y como las criaturas vivas que desarrollan garras, picos y palancas para su ataque o defensa, para su adaptación ambiental y consiguiente supervivencia, los sistemas derivados del pensar humano (esos sistemas de ideas, sistemas filosóficos, llamados formas o estilos de vida, o modos de pensar, o regímenes de gobierno para normar la convivencia humana o esas convenciones del pensamiento que el hombre mismo se autoimpone mientras las agujas de la historia progresan) también desarrollan sus mecanismos de defensa, mejor definidos como de existencia, para no estar a cada rato haciendo distinciones respecto de otras expresiones, como ataque y adaptación.

Así se tiene un montón de esquemas de vidas, propuestas, sueños, utopías, sistemas políticos, filosofías. Paseése por la historia universal un poquito y puede que se abrume. Hasta Copérnico vivimos creyendo que la Tierra y lo demás planetario giraban en torno a sí, complaciendo el ego creacionista del Señor, mirando al Sol como a un plebeyo que nos hacía reverencias cada día.  Este sistema desarrolló sus garras y picos para defenderse como ser ideario viviente, de cara a la natural tendencia de todo lo que palpita en este mundo:  la eternidad.  La Iglesia se encargó de enviar al demonio a los millones de seres que amenazaron su existencia, que no se resignaban a vivir ecológicamente con el “sistema” o estatus.

Pero ya sabemos:  el cuento no es ni siquiera triste, sino ridículo.  Después vino Galileo, Descartes, y acabaron por rodarle el piso a semejante concreción mental, haciendo de ella un dinosaurio, quitándoles el suelo, los manglares, los ríos, los altos árboles con frutas, la descomunal vegetación donde se arrellanaban.  Fin del cuento.   Al dejar de ser geocéntricos, somos ahora somos heliocéntricos; ¡quién sabe qué a futuro!

Tal cual le pasa a las mismas especies de sangre cuando le jorobas su ambiente o rompes su cadena de alimentación:  desaparece. Los cuerpos de ideas, como los cuerpos de sangre de quienes dependen, son especies susceptibles de extinción según no se adecúen a nuevas realidades. Animales de carne abierta, siempre derrotables por la hitoria.

III

El capitalismo nace con la Edad Moderna, por allá en el siglo XVI, con su caballo de sostén respectivo, la burguesía.  Ambos, ideas y receptáculos, son seres consecuentes de históricas y recientes hecatombes, efectos de la caída de ideas y dioses, de estructuras del pensamiento como la comentada arriba, el geocentrismo que, como se vea en su particularidad ejemplar, representó la debacle de un conglomerado existencial de valores que afectó la existencia máxima, la del hombre, redimensionándolo en su conducta.

 

“Se tendrá, pues, que el portentoso sello del porvenir, una vez liquidado el dinosaurio del egoísmo presente, será la mancomunidad [...]”

 

Y, como se sabe, a ser caído, ser nuevo.  El piso de los dinosaurios fue cubierto por otras elaboraciones mentales humanas, impuestas por la exigencias históricas.  La Iglesia y sus dioses, los todopoderosos señores feudales y toda esa vieja forma de dominio del hombre por hombre implicada se estaba yendo al otro mundo para dar paso a otros moldes libertarios e individuales de vida. Sobremanera la libertad, entonces cosa nueva.

A esta desacralización del cielo y la tierra que empezó a vivirse con el siglo XV y XVI, para completar la tortilla, se sumaba el descubrimiento de la imprenta, el evento más espectacular de la humanidad en siglo y medio, la herramienta más poderosas para desentrañar misterios y secretos y la más igualadora desde el punto de vista de la cultura.  En adelante podía un campesino que aprendiese a leer igualar el nada espectacular bagaje intelectual que ostentaban los reyes de entonces.

El hombre empezó a asumir su nuevo estilo de vida, libre, fuera de los esclavistas feudos, autónomos en su modo de vivir, con su propio dinero e industria, a su manera, insólitamente, aun con la sangre teñida de rojo, existiendo sin la dependencia sacra de ningún señorito.  Eran aquellos burgueses iniciales que proclamaban no deberse a reyes ni a dioses, sino a su conocimiento y artes, con el tiempo a su dinero, el mismo don dinero de hoy del bestial capitalismo.  Los mismos que con el tiempo perfeccionaron su materia intelectual y existencial, el nuevo monstruo de la vida, el ideario, el esquema, el sistema, la ideología de hombre viviendo solo consigo mismo y de su congénere, de su producción, erigiéndose en dios de sí mismo para medrar con poderes sobre sus semejantes.

La nueva criatura, pues, como llevamos dicho, el capitalismo, ahora precipitada o mutada en neoliberismo con el correr de los siglos, hasta hoy, plena Edad Contemporánea.  Como el geocentrismo a lo largo de la Edad Media, desarrolló armas defensivas y ofensivas para asegurar su supervivencia, para liquidar obstáculos en su camino (como lo hiciera la vieja Inquisición, por ejemplo), para aspirar al infinito.

De manera que el capitalismo, filosófica e históricamente hablando, fue una expresión de libertad y, si se quiere, de soledad humana en sus principios.  Un modo del hombre de ampararse contra el desmoronamiento de las viejas dependencias.  Una manera de sobrevivir ejerciendo el egoísmo como defensa, como lo que es de hecho, un tendencia entrelazada con el animal instinto de supervivencia. Un natural hecho de vivir que no pide permiso.

Tan individual se hizo el humano que su cerebro casi se despega del organismo para existir por cuenta propia, conspicua y personalistamente.  Un ser de fuerzas abismales, de poderosas personalidades y talentos subyacentes, transido las más de las veces por misterios prototípicos. Un ser vanidoso y sectario, único casi en su intraespecie, con altas paredes y posesiones en sus hogares, con púas y armamentos para repeler a otros de la misma especie, ofensivos competidores del nuevo humanismo.  Con Sigmund Freud y Anna Freud, y sus mecanismos de defensa, el ser individual de carne y hueso y su respectivo ser virtual, de espíritu e ideas, corona su definida existencia de organismo libre y todopoderoso, huérfano de dioses.

No es de extrañar que los cultos de la personalista vanidad atesoren cerebros como los de Albert Einstein, elucubrador de armamentos de exterminación masiva, al fin herramienta de dominio del nuevo sistema imperante, palanca de guerra y sometimiento, de afincamiento del proverbial modo vital; y como los de Walt Disney, a su manera otro aporte para la estupidación de la materia a ser dominada, esto es, el hombre por el hombre, mandato del statu quo.

IV

Hoy, Edad Contemporánea, el dinosaurio pasta sobre las praderas del no dudar; lo vemos a cada rato, tiembla la tierra a su paso. Pero es el hombre y su vieja forma de vida ya, aunque se encabrite en reconocerlo.  Después de alcanzar la cresta natural de todo proceso vital, eclosionado el potencial máximo de sus huevos, la especie ideario (capitalismo y derivado), junto con la misma orgánica que la soporta (la mentalidad), se apresta a cerrar su ciclo, llegando al fin. Y con la idea, por supuesto, se marcharán muchos hombres, sus soportes, esa generación seglar cuya muerte vivificará nuevos espacios. No hay cambio sin muerte, o sin trueque generacional, para decir con una delicadeza menos “criminal” o revolucionaria.

¿La glaciación para tan espectacular desaparición de especie?  Sencillo:  el hombre ahora se teme a sí mismo, se hizo tan víctima de su propia libertad que ahora su egoísmo lo engulle, con ambiente incluido.  Una implosión total hacia el centro de su propia destrucción, megalómanamente, como precisamente se corresponde con una especie deidad de sí misma.

Nuevos miedos, nuevas prisiones de las que zafarse.  Individualismo, libertad que mata y amenaza hasta la especie.  Emersión de nuevas praderas y creación de nuevas formas de vidas, idealistas, como hemos venido hablando, que desarrollen el gen contrario de la vieja forma que muere: el altruismo, la solidaridad, los conglomerados humanos unidos para fundar un nuevo esquema de vida, una nueva libertad, el futuro, y para conjurar la vieja que extermina.

Antiguas escrituras profetizan que el mundo, finalmente, en los cabales de su destrucción, se descompondrá de la estructura que mantiene en el presente, organizándose no tanto en países como en comunidades, aterrándose a la cultura e industria del grupo que la preside para subsistir. El comunitarismo, recogiendo ya las tendencias del mundo fragmentado en el que vivimos y, claro está, las contribuciones aureamente idealizadas de la participación y la igualda humanas que propugna el socialismo como remedio fatal a la barbarie neoliberal. Se tendrá, pues, que el portentoso sello del porvenir, una vez liquidado el dinosaurio del egoísmo presente, será la mancomunidad y la comprensión de la hermandad entre los nuevos humanos.  Esto, por supuesto, quitándole el sesgo apocalíptico que inevitablemente reviste lo religioso.

martes, 26 de junio de 2012

Paraguay, alma y democracia oxidados

Monarquía paraguaya ¿Usted cree que después de 68 años de dictadura o gobierno colorados en Paraguay puedan de un día para otro romperse los esquemas mentales de soporte de una franquicia política y su determinada ideología, así como las estructuras psicosociales, económicas y culturales moldeadas tanto sobre la población sometida al trance como sobre las mismas las castas o grupos dirigentes modeladores?

¡Vamos, intente comprenderme y responder con sinceridad la pregunta!  Como la situación, la pregunta puede parecer barroca, pero no bizantina.  Está escrita en español, con sentido y lógica propios del ser latinoamericano, donde floreó tanto bandolerismo, golpismo y dictadura.  Donde florea, para ser más responsables.

Cuando Fernando Lugo llega al poder en 2008, quiebra la seguidilla de la derecha política enquistada en el país guaraní.  Aunque nadie pueda afirmar que el hombre se defina significativamente de izquierda, por más que se asevere tan gráficamente que es el segundo presidente de tal ideología que llega al poder en Paraguay.  ¿Se es de izquierda por oponerse a la derecha política?  Simplemente es un párroco católico que concitó la unión de fragmentos opositores en contra del cansancio generado en la nación por el Partido Colorado y, obviamente, entre las partes a soldarse estaban allí las afinidades de la izquierda, listas para apoyar.  Según están fundados los esquemas y humores en el país, según los hechos flagrantes demuestran la verdadera naturaleza política de la clase gobernante y cultura paraguaya, nadie de científica izquierda sobreviviría en el poder ni un día.

Tampoco nadie puede afirmar que, por romperse la continuidad gobernante de la derecha política por Fernando Lugo, esté desmontada. Precisamente lo contrario es el tema de este escrito.  Está más rozagante que nunca.

Pero volvamos a mordernos la cola como la serpiente y contésteme la pregunta:  ¿usted cree?  ¿Se podrá cambiar un modo de ser nacional después de casi setenta años bajo un estilo de vida?   Nadie se cierra, nadie dice que no a la esperanza del cambio, por favor, por ahí no es la cosa.  Se trata, sencilla y lógicamente de dejar con claridad sentado que el poder ejercido durante tanto tiempo por un individuo o cofradía política, sin espíritu democrático, deviene en dictadura y siembra en las conciencias populares el hábito de la obediencia y, por contrapartida, el del mando en las élites.  Y no cabe aquí un refutamiento con el argumento venezolano de Chávez en el poder (más de una década), porque él ha llegado al poder, está y pinta que se irá según lo dictamine la voluntad popular. ¡Mediante elecciones, pues!

Digamos, en otras palabras, esclavitud constitucionalizada, ese mismo sesgo y rasgo que encarna el flamante golpe de Estado constitucional que asestó la estructura psíquica derechista de ese país.  Lugo fue un parpadeo y concesión a la razón crítica, para guardar apariencias.  Pero en Paraguay se debate y abate un alma nacional en pena, con visos de esclavismo popular y guirnaldas de autoritarismo gubernamental, ambos en mutua relación de complementaridad.

No se borran 70 años de cultura así como así, faltando nomás, para coronar la idea, la proclamación de la monarquía en ese país.

No ofendo a Paraguay ni a su pueblo al decirlo.  Hablo de la realidad latinoamericana, del caciquismo, generalismo, autoritarismo, dictadura...  Hablo del hecho sociopolítico y psicosocial del golpismo en nuestro hemisferio como forma vida, como gobierno.  Hablo de Venezuela, mi país, que lucha por emerger del esclavismo derechista donde estuvo hundido durante media década; de Chile, de cual estoy seguro está hecho de la misma pasta paraguaya, dominando actualmente por la fiera y enquistada derecha política, calladita allá, escondiendo la garra, pero la militar garra que brota cuando un perfil “izquierdista” toca sus santos intereses.

 

“No se borran 70 años de cultura así como así, faltando nomás, para coronar la idea, la proclamación de la monarquía en ese país.”

 

Y no dejemos de mencionar a la reciente Honduras, pobre país atenazado (como México más allá) por la presencia del colonialismo; colonialismo que es propósito y ambición política sublimados de toda mentalidad monárquica, derechista y capitalista, y ansiedad que instituye también el vasallaje popular como forma de vida.

Digamos la verdad, caramba, y dejémonos de pruritos pendejos que enturbian la reflexión y el objetivo de los cambios mentales.

Ese país, como Chile (donde las estructuras derechistas de la dictadura pinochetista están soterradamente intactas), está llamado a un derramamiento de sangre para obrar un cambio si no orquesta una inteligente revolución de desmontaje.   Se impone el estudio de la realidad latinoamericana, de los precedentes de los movimientos revolucionarios en la región, de las mismas dictaduras, del caso venezolano, boliviano (caso Evo en el poder), etc.  Sobremanera, se impone el estudio y combate del colonialismo, imperialismo y derechismo internacionales; sus debilidades, las oportunidades que ofrece su actuar, el mismo momento presente de florecimiento de las izquierdas o actitudes de cambio en el ámbito mundial...  El estudio del mismo pueblo en su alma, sueños, lamentos, aspiraciones.  Sobre este aspecto último, en Venezuela el vuelco político se montó sobre el llamado Caracazo, una expresión popular de repudio a la derecha gobernante que conllevó a gestar el apoyo de una veta militar y la posterior revolución Bolivariana que conocemos.

Porque es verdad, no hay revolución sin la presencia o amago de un poder aterrador para la factoría gobernante; y este armamento siempre encarnará en la presencia supranumeraria del pueblo armado, sea con ideas o balas, o con ambas cosas a vez, todo, por supuesto, sobre un tejido de organización.  Tales son lugares comunes, pero escalones al fin para subir un razonamiento.  Dígase que para el desembarazo de la derecha política, enquistada estructuralmente, cruenta ella por ejercicio político, obtusa hasta la muerte, se impone no tanto la receta de Lenin de cortar hasta las semillas la posibilidad de sucesión sistémica como orquestar un revuelco poderoso, largo, evolutivo, contracultural.

En fin, se trata de un simple decir de que la cosa no es nada fácil y que la balanza de la historia y la justicia se oxidó inclinada hacia un sólo lado, solidificando acompasadamente almas nacionales.  ¡Duro camino el de la vivificación!

De manera que nos respondemos nosotros mismos (¿o se decidió usted a hacerlo, finalmente?):  no, no es posible cambiar un modo de ser nacional así como así, de la noche a la mañana, después de casi tres cuartos de centuria.  Trecho o lamentable sangre falta mucho por recorrer o correr, respectivamente.   Atenta, por un lado, la apatía del gen sociopolítico ese esbozado por Bolívar cuando dijo que un pueblo se acostumbra a obedecer a un tirano; y, por el otro, el entusiasmo sanguinario de quien se hace con el don de mando.  Pueblo guaraní y élite como fusionados en un globo que debe dejar de ser globo y explotar, para aventurar una expresión simplona.

Vayan las palabras de El Libertador:

La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía.

¿Usted cree que el tigre abandonará por decisión propia su naturaleza depredadora (peor si estructural y sociopáticamente afincada) sólo porque las gacelas decidieron con sus manitas, pestañas largas y pezuñas votar un buen día que no se las coma más?

¡Por favor...!  En Chile, Paraguay, Perú, Colombia, El Salvador, Honduras y otros países con perfiles militares y políticos similares, con fotos de presentación sociológica afines, la revolución está en dejar la costumbre de sacrificar una gacela cada cierto tiempo para alimentar al ogro ideológico que los aterroriza y explota perennemente.

domingo, 24 de junio de 2012

Golpes de amor

A Paraguay con amor, a secas.

I.

Garrote en Paraguay Para saber de golpes no hay que ser muy docto que digamos.  Nomás basta estar en el sitio donde los reparten y acusar su impacto. Se obtiene así un conocimiento de primera mano que se trasciende a sí mismo y se convierte, filosóficamente hablando, en sabiduría. 

Y nadie te dirá qué es ni cómo es porque lo habrás aprendido en la escuela de las trompadas, asistiendo al salón de clases de tu propia humanidad.

Clásica situación filosófica lo anterior para enseñar la distinción entre conocimiento y sabiduría.  Quien recibe los coñazos es el sabio y quien no, que los conoce sólo a través de lecturas e imágenes, sólo tiene el conocimiento.  O de este modo:  sabe qué es un limón quien lo ha probado, llamándose conocimiento a todo lo demás que pueda decirse sobre el cítrico sin mordisquearlo.

II.

Un golpe es un golpe, sea boxístico o de Estado.  Ambos, por más que se sujeten a convenciones, a la aceptabilidad y tolerancia, quebrantan el ideal de convivencia y sociabilidad humano.  Si te lo da un vecino, supone una carga de violencia, indistintamente de su motivación; si lo da un boxeador a otro, supone la animalidad normada hasta niveles de aceptación y entretenimiento; y si se da en un país, lo da la puja de un interés contra el otro, fundamentalmente por razones económicas según Marx lo desenmarañó en sus doctos misterios para el pueblo franco.

No existen golpes de paz ni de violencia constitucionalizada.  El golpe en cualquiera de sus expresiones parece siempre orientarse hacia patios de retrocesos en el plano evolutivo humano, definiendo “evolutivo” a lo que apunte al humano como una especie sobreviviente, fortalecida y saludable.  Esa especie humana, con su ideario, ha convenido en que el amor es lo más saludable y deparador de supervivencia que existe; y con su razonamiento lleva a entender como un contrasentido, por ejemplo, la expresión  “golpes de amor”, de difícil digestión fuera de lo poético y de la lúdica semántica.  Por su naturaleza demoledora y carácter antisocial, ha de asumirse el golpe como contrario a la paz, la convivencia, la institucionalización, el amor...

III.

Precisamente en el marco del amor es donde más se reparten golpes, pero debe saberse que ni el golpe en sí ni su motivación es amor.  Cuando pequeño mi madre me asestó un memorable golpe cuyo recuerdo encarna en una cicatriz:  ya se sabe, su argumentación fue el amor de crianza que la obligaba para conmigo con el propósito de ejemplarizarme y evitar indebidos pasos a futuro; pero el envés podría ser que ella perdía los estribos y se esmeraba en desahogar un violento instinto.  Comento este detalle personal para no convertir el discurso en una suerte de crítica por criticar o habladuría de la paja del mundo sin tocar particularidades.

De juvenil asistí también a escenas o noticias donde el dador de amor o enamorado mataba o apuñalaba al objeto de sus bellas emociones.  ¿Quién no las lee?  A diario los periódicos se visten de sangre para informárnoslo.  Y como sea que hasta este punto parezca que se emborrona el cariz satánico del golpe y el benefactor del amor por hablar de ellos de modo revuelto, lo cierto es que, volviendo al elementarismo, golpe jamás podrá ser sinónimo de amor, por más que esté último proclame que los propina.

IV.

Un golpe de Estado es... un golpe, como llevamos dicho.  Implica una ruptura, fractura, retroceso, amenaza soterrada o violencia declarada.  De una facción contra otra, de un bando contra otro, de un interés contra otro, de un poder contra otro, de un sector de un pueblo contra otro...  Pero a diferencia de los enamorados, donde el amor figura un campo de batalla sin reglas, en la política la cosa se soporta en convenciones, en contratos sociales.  Aquí “democracia”, “ley, “pueblo”, “progreso”, etc., son entramados de una histórica convención sociopolítica.

No se dan golpes de Estado contra quien no encarna ni ejerce la convencionalidad; simplemente tales se defenestran.  En política los golpes aplican contra quien tiene de su parte la acordada regla del juego del apoyo popular.  “Tumbar” a un presidente quiebra una regla; hacerlo contra un dictador la repone.   Mal va la cosa cuando un presidente es defenestrado como se merece un dictador y éste es instituido en un cargo como le conviene a un presidente, prescindiendo de lo que debe regir en los dos procedimientos:  el apoyo del pueblo.

 

“el pedo de este mundo siempre será un rollo de clases, de pobres y ricos, de riqueza monopolizada y miseria generalizada, de minorías poderosas golpeando ‘amorosamente’ a grandes masas debilitadas”

 

Y así se pueden obtener situaciones de ex presidentes llamados dictadores y dictadores “presidentes”.

No hay ni amor ni constitucionalidad en tales operaciones cuando se prescinde de la tal convención final, esto es, el apoyo de la gente, por más que escrito se presuma en el documento constitucional, por más que se quiera recordar que “democracia”, griega, se refería a a cierta clase de ciudadanos y no a la chusma, como despectivamente algunos doctos llaman al pueblo. Ha de decirse que hablamos de democracia moderna y contemporánea, cuando pueblo apunta a participación.

Una carta constitucional que prevea la salida de un jefe de Estado sin el aval popular (el amor en este caso) va contra la naturaleza de lo humano y es letra escrita contra su propia destrucción.  Es inconstitucional por contrasentido y vicio.  La consulta nacional de pueblo siempre tendría que ser el camino.

V.

Cuando Marx asentó que el don dinero (el poder económico, pues) era la fuerza que motivaba las transformaciones en este mundo, de mismo modo que Freud proclamaba el sexo, Adler el poder y Jung los prototipos, la gente ya sabía esa pendejada por vivirla en espacio propio.  De hecho, sobre el campo de su humanidad fue que los sabios ensayaron sus conclusiones.   No tenía que ser docta para comprenderlo.  Bastaba con que dijera “No sé por qué la maté”, por ejemplo, para que diera el mejor indicio de comprensión de motivaciones tan insondables.

Porque con explicación o sin ellas, siendo docto o no, los misterios de esta humana existencia han permanecido en el mismo sitio.  ¿Por qué, de dónde, cuándo, cómo y para qué?

VI.

Y el pueblo, esa reglamentación del juego político, sencillez pegada a tierra y alejada de las celestes proyecciones de los muy doctos, por antonomasia es el mayor sabedor de golpes, políticos, de Estado.  Como el agua que se mueve de un extremo a otro donde los polos devuelven la corriente, es protagonista de sí mismo, causal y receptor de los dichos golpes... o amores, como quiera que lo pinten los especialistas.

Coloca el pueblo en el sitial a su benefactor o verdugo para que lo dirija, y tendría que ser el mismo quien lo cese, con acciones, vía constituciones o acciones constitucionalizadas, como ha de mandar el espíritu legislador que apunte a lo saludable o perpetuador de la especie animal y social (respeto al criterio de las mayorías).  El trabajo del docto siempre será horadar dicha afirmación con el propósito de la confusión y la institución de falsas realidades, elevadas, sí, como es cosa de su estilo, pero en consecuencia alejadas de lo terráqueo del pueblo llano.

La misión histórica del docto político siempre ha sido y será doctrinar el engaño.  Casos hay en que los doctos, que son una ínfima minoría, se superponen a la gran mayoría popular y la obligan al adefesio.  Ya dijimos eso de las constituciones que van contra sí mismas... Y ahora decimos que los bichos doctos, cuando no son herramientas del poder estatuido, son el poder mismo, para que no vayan quedando posibilidades de concesiones bondadosas.

VII.

Y así puede el docto pintarte que existen ayudas humanitarias que te matan, protecciones que te bombardean o constituciones políticas basadas en democracias sin demos, o dictadores presidentes, para aterrizarnos un poco en un país que vive en flagrancia el tema de este escrito.  Para ello utiliza tu temor, que genera confusión, y el poder que tú le has delegado, que genera la fantasía necesaria del sometimiento.

Pero, en fin, podrá pintar mil cosas para soslayare un golpe de Estado, con discursos y flores científicas (todo docto es un sofisma que emborrona y confunde a tenor de hablar de temas inmarcesibles), pero sin poder jamás soterrar la compresión elemental de un pueblo llano, el pueblo dicho, esa agua que se mueve para allá y para acá según los vaivenes, ese campo carnal de vivencia profundas:  que el pedo de este mundo siempre será un rollo de clases, de pobres y ricos, de riqueza monopolizada y miseria generalizada, de minorías poderosas golpeando “amorosamente” a grandes masas debilitadas, de una clase política pastoreando a populares rediles de ovejas.

Toda una paradoja.

  

jueves, 14 de junio de 2012

La OPEP o el pájaro dodo

Aquí entre nosotros, que no somos nada de analistas o sesudos, nos preguntamos lo siguiente:  ¿pertenecer como miembro productor a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) no necesariamente genera un apoyo en calidad de aliado del resto de los miembros?

La respuesta la sabemos, es “¡No!”  La historia lo certifica, de modo que paja no hablamos.  Usted piense por su cuenta, retrotráigase un poco en el glorioso pasado de guerra de algunas potencias colonialistas que todavía imperan en este mundo, nomás unas dos décadas hacia atrás.

Lo primero que en ese lapso viene a la mente es Irak, el fallido fabricante de armas de destrucción masiva, miembro de la OPEP, actualmente desbancado, puesto a bombear su petróleo hacia reconducidos ductos.  Vale preguntar:  ¿cómo es que continúa siendo miembro de la OPEP ─si es que lo es─ y no lo han sacado de la organización para cristalizar el proyecto de ponerla “de rodillas”.  Sorprende.

Ahora sigue Irán, otro miembro de la OPEP, insólitamente, no obstante su condición de país fundador…  No obstante su condición cualquiera en el plano de las maravillas, pudiera decirse.  Nada importa, ni que seas cuna histórica de la civilización del planeta, como lo fue Irak; ni que encarnes un trozo importante de la historia mundial y de la diversidad cultural, como lo es Irán, la antigua Persia.  Un coño menos ha de importar que seas fundador de la OPEP; por el contrario, hijo, tal reseña (peor aun) habrá de ser colectada como trofeo de guerra por quienes siempre han soñado con mandar al diablo a tal agremiación petrolera.  Importa el petróleo como meta final; y lo que ante tus ojos pueda lucir como perlas o méritos disuasivos, para otros, ya sabes, podrían resultar llagas condenatorias para la agresión.

A futuro seguirá Venezuela, país de paz que con nadie guerrea desde su lucha de independencia, miembro suprafundador del cartel, país que en los actuales momentos se decanta por instaurar un sistema de justicia y equilibrio social corrector de tantas llagas del pasado...  Llagas que, como acabamos de enunciar, son prendas religiosas ante los ojos del agresor, derecha internacional.

Esto es, para hablar en bruto:  la actitud ideológica actual de Venezuela que consiste en ayudar a su pueblo (prenda del humanismo), históricamente sumergido en el atraso, renunciando a la derecha política (prenda de los agresores), habrá de ser el argumento final de agresión para llegar a su petróleo. Un carajo importará, como dije, ser miembro fundador de la OPEP, país de paz, país feliz de la tierra, país sin analfabetismo, país sin hambre, país de insólitas bellezas naturales, país de agua y vegetación, país de oro y otros metales, país de mujeres bellas...  A más rasgos, para concluir la retahila, más brillo o pus en el botín, según se vea.

¿Y por qué ocurre tal barbarie, es la pregunta natural a la reflexión?  ¿Por qué la agresión impune ante caras impávidas e impotentes?  Estamos todos en un grupo generando petróleo para que el mundo camine y, ¡pum!, a un malnacido consumidor se le ocurre ya no comprar el producto sino ir por él y sus yacimientos, como se dice, por sus entrañas de gallina de huevos de oro, con corral y huerta incluidos, y robarlo.  Y entra al seno de la organización gremial donde estamos todos, se supone que en hermandad comercial, unidos por fines comunes, y ¡pum!, mata y dispone como le da en gana frente al rostro de todos y nadie osa mover una paja.  ¿De que diablos se trata, pues? ¿Cómo se mueve la razón del mundo?  ¿Es porque la OPEP no es una organización de alianzas militares, sino comerciales, sin armas ni criterios para defender su hacienda, tolerante con el pillaje y la piratería hasta el grado insólito de exponer su propia existencia.  ¡Joder, la orden mendicante de las monjas carmelitas podría también empezar a vender petróleo!  ¡El pájaro dodo, que se extinguió por la manoseadera de los humanos, se quedó pendejo ante el cuadro pusilánime vendedor de hidrocarburos!

Son vainas que no se entienden sino por la cobardía.  Porque eso son los miembros de la OPEP, gallinas, más allá de serlo por lo de los huevos de oro.  ¿Cómo se entiende que una asociación de países que vende el producto más preciado de la tierra, se dirá casi rivalizante con los vitales agua y aire, no tenga capacidad para defender su cohesión gremial ni criterio disuasivo ante las agresiones y robos?  Con dejar de vender todos al unísono su necesitado producto se tendría para disponer del mundo a su antojo; y no diremos hasta el grado de disuadir cualquier ánimo belicoso en su contra o en contra de uno de sus socios, sino para “arrodillar” a cualquiera, devolviéndole así la pelota semántica a las potencias imperiales cuyo sueño ha sido precisamente ése mismo respecto de la OPEP, utilizando en revanchismo la textualidad del difunto Ronald Reagan.  Tal es la teoría.

 

“Y allí, donde se sirve el plato energético más apetecido del este mundo, la cosa no puede estar más en claro: la superviviencia de uno es la del grupo y viceversa.”

 

La práctica es que hoy viene la Unión Europea (UE), el elemento más sensiblemente necesitado de petróleo (vainas inexplicables de la vida), y propone un embargo económico a Irán, así como así, a uno de los socios preponderantes de la OPEP, con amenazas de guerra y demás, y nadie dice un carajo.  Cada quien por su lado, sumido en el acto autista y estupidizante de bombear petróleo para vender, porque así se lo prescribe su organización mercantil, su cuota de producción y otros perfiles idiotas “de dejar hacer-dejar pasar” que a futuro con seguridad acarrearán su muerte como consecuencia del desmembramiento de la organización.

En verdad que da grima escribir sobre el punto, pero, para quien comprenda, se escribe para drenar indignidades y emociones.  Uno se indigesta a diario con el devenir del mundo y a cada rato hay la necesidad de partos.

Claro queda que en la OPEP la agresión a uno no comporta al todo y no hay desarrollo de la capacidad de solidaridad.  Menos parece encontrarse indicios de comprensión de las oscuras pero también nítidas fuerzas que tientan su destrucción.  No dice nadie que no sea así, honor a la verdad, pero otra cosa es dar indicios de asumir la tal comprensión, para lo cual se requiere un par de cojones.

Muchos dirán que el rollo estriba en que hay una infinidad de problemas ideológicos, diferencias culturales y sutilezas religiosas entre sus miembros que impiden la hermandad correlativa al plano mercantil; y que, por consiguiente, estas letras están hechas del pasto que se pierde en la calle.  ¡Pamplinas!  Tú vendes petróleo para subsistir; y si de la mancomunidad de propósitos depende tu vida, señor país miembro de la OPEP, claro es que, si la entidad desaparece, tú lo harás también con todas vuestras peculiaridades ideológicas, culturales y religiosas.  De modo que tu triste vida habrá sido historia, una soberana estupidez que le huyó estrepitosamente a la solidaridad humana y a la razón.

En Venezuela hay un dicho siniestro que reza que “la amistad es una cosa y el dinero otra”.  Frío y terrible, porque da a entender que priva la relación mercantil sobre la personal.  Pero, puestos a ver, otra cara tiene la expresión, aunque también siniestra y paradójica :  si el caso es que del dinero depende el amigo, al grado que muere por no tenerlo (aparte la consideración sobre el maldito sistema que así te reconduce), hay la posibilidad, pues, de que si no le pagas su dote te quedes sin el amigo y hasta tengas que correr con el gasto de sus exequias.

Uno puja por un mundo más humanizado y sin guerras, con solidaridad, hermandad, sin sistemas reguladores de “calidades” humanas, como reza el clisé, derrochando si se quiere el mayor utopismo del mundo (así es el hombre, bicho de ideas); pero eso no quita, caramba, que no tengas que hacer la guerra para defender tu vida o la de tu comunidad, de la que depende la de todos y la tuya misma.

No puede existir OPEP si en el plano comercial no se articula como en el militar, con el manejo de alianzas y pactos de no-agresión.  Las circunstancias históricas obligan a ello.  ¿Para qué la organización? Así como el contrario viene con un embargo y amenaza con guerra a uno de sus miembros, humano y lógico es que todos le cierren el chorro petrolero para que se largue con su agresión a otro lado.  Primero está asegurar la vida, para que correlativamente sigan existiendo las peculiaridades de cada quien, puestos a aceptar que los humanos también necesitan matarse por efectos, derivaciones y sutilezas.

Si las diferenciaciones culturales e ideológicas impiden la unidad en la OPEP, y estos efectos humanos se redimensionan como más importantes que la biológica vida misma, sólo así huelga hablar de unidad y defensa.  A dejarse hacer todo el mundo, pues.   Pero si tan importante es el efecto, la sutileza y la peculiaridad humanos, ¿no es necesario estar vivo para defender semejantes intereses, por más vanidosos que parezcan?

Seguro estamos que todos los miembros de la OPEP aprecian y se aferran a la vida, así como a secas suena, como biológico hecho de existencia.  Debe decirse, en fin, no importa que con toda la ingenuidad del mundo, que el punto de comunión gremial no es ni ha de ser el hidrocarburo per se durante el tiempo de existencia que le quede, sino la vida de sus agremiados. Y allí, donde se sirve el plato energético más apetecido del este mundo, la cosa no puede estar más en claro: la superviviencia de uno es la del grupo y viceversa.

martes, 5 de junio de 2012

Liderazgo y cambios sociales en Venezuela: caminos de soberanía, vientos de guerra

Con lo de ayer suscitado en la OEA, nuestro país, Venezuela, fundador de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y propulsor de la “Carta Social de las Américas” desde 2001, gana el cetro de país líder en la promoción de cambios sociales revolucionarios no sólo en América sino en el mundo. Eventualidad que, como veremos, no se desarrolla aquí con el propósito de un inútil envanecimientos sino, por el contrario, para correlacionar unos puntos de alertas y supervivencia.

La Carta Social se aprobó, finalmente, después de once años de combate, y ahora se hace materia constitucional continental la obligación de los gobiernos de promover la justicia social entre sus pueblos.

Y también, a instancias indubitables de Venezuela por su decisión reciente de desembarazarse de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se arponeó la servil catadura foránea y parcializada de este ente, volcado a la manipulación de nuestros pueblos desde instancias extrañas a nuestra sociología.  Ecuador y Bolivia fueron puntas de lanza en el fustigamiento de esa suerte de bolsa de los vientos del desastre y retrogradez.

Con mucho, en conclusión, podría decirse que se desmontó lo que por décadas ha frenado el desarrollo social y económico de nuestra América.  Se sembró, más que una semilla, una estaca de la desinstitucionalización de la misma OEA, más allá de los predios de la CIDH.

¿La razón de semejante aseveración?  Como el mismo secretarios general lo dijo, José Miguel Insulza, obligado prácticamente por los países asistentes a aflorarse en moralidad:  “[la CIDH es] uno de los últimos vestigios del neoliberalismo”.  Expresión por sí sola explicativa.

Pero barajándola se entra en el detalle histórico de la opresión, modalidad de vida ejercida por los gobernantes neoliberales agremiados en la OEA en contra de sus propios pueblos, y dirigidos por el autor intelectual y fáctico de los crímenes contra el desarrollo en América Latina y Suramérica: los EEUU.  La OEA ha sido un organismo centinela al servició del clan opresor secular y capitalista en el hemisferio, contraria a cualquier brote de cambio social positivo, con dispositivos como la CIDH para sonar las alarmas e ir en contra de quien osado hiciese el intento de quebrar los barrotes de la explotación secular.

Simple explicación de una historia de cárceles y camisas de fuerza.  El mecanismo era así: identificado el agente cambiante (digamos revolucionario para no andar por ramas), en el acto saltaba la susodicha OEA a fustigar con sus manotas diversas, una de ellas la también susodicha CIDH, quien no dudaba en calificar de “violador” de los derechos humanos a cualquier “revoltoso”, figura jurídica esta que allanaba el camino a intervenciones e invasiones.  Los ejemplos, caramba, sobran.

Piénsese nomás en Venezuela, país que ha venido realizando cambios en materia social desde 1998, promoviendo la equidad y justicia sociales:  desde la creación de la CIDH, por allá en 1979 (en plena hegemonía de la derecha política), hasta 1999, sólo emitió un recurso de amparo a solicitud de una parte venezolana, por supuesto en contra del establishment; pero, en lo que va del gobierno de Hugo Chávez, a trece alcanzan las sentencias de amparo a favor mayoritario de organizaciones contrarias al bienestar popular o social.

Tal estadística habla por sí sola y hace que sobren las explicaciones.  OEA y CIDH, entes prejuiciados, parcializados y al servicio de dictaduras y clanes económicos extranjeros y nacionales a expensas de las masas populares, condenadas al silencio y la resignación.  Factores contrarios al progreso social, político y económico en la región.  Ogros institucionalizados en contra de la socialización del poder y bienes humanos.  De allí que solo haya que dar un pasito para redondearlas como agentes de la retrogradez y estancamiento positivista, de la explotación clasista, de la manipulación extranjera. Quien va contra la mayoría popular defiende y enquista a la minoría neoliberal.

Y de allí que ayer, movida por el terror de un decreto de extinción, se haya visto conminada a aprobar la Carta Social de las Américas, aunque resulte paradójico el hecho justo cuando la organización luce más desguarnecida, como bien ha de alegrar (imaginamos) a quienes abogan por la debilidad de acciones socializantes.  La palabrita “social” seguro sonó a pesadilla en muchas mentalidades y fue razón para soterrar empecinadamente por tanto tiempo su espíritu del cambio.

 

“Quien va contra la mayoría popular defiende y enquista a la minoría neoliberal”

 

Por ello decimos con el mismo Insulza que la OEA (y no sólo en un órgano de ella como la CIDH) es una institución puramente neoliberal, en decadencia, saludable en su desmontaje, por consiguiente.  Lo decimos a su despecho, porque el Secretario General de la OEA hoy parece ser el candidato que trabaja el apoyo de los EEUU para su lanzamiento en Chile.  Ni más allá ni más acá, para decirlo con sabor crítico venezolano, el candidato del imperio en su natal país cúprico.

Ahora sólo resta no esperar lo que parece imposible en este mundo de las injusticias sociales (todo escrito tiene su verso y reverso):  que el notorio liderazgo de nuestro país y gobierno en materia social y revolucionaria (amparo del mayoritario marginado) precipite la baza de aquellos poderosos que ofendidos se puedan sentir con la autonomía e independencia de nuestro pueblo.  Aunque, metido en el alma de un soldado, gozoso del combate y presea prometida de la libertad, semejante sutileza ha de importar un carajo.

Nada extrañaría que los EEUU y su combo, reunidos allá en su círculo geoestratégico militar, en cualquier rato decidan que pierden peligrosamente su granero o patio trasero, a saber, Suramérica, aliada crecientemente con China y Rusia, para mayor colmo.  Y entonces decidan “rescatarnos”, como acostumbran ellos con sus manuales, con invasiones, genocidios y asesinatos selectivos y sistemáticos, todo en nombre de la “libertad”, “progreso”, “estabilidad” y “seguridad” regionales.  Exorcizarían con sus medidas criminales de salvamento no al anacrónico fantasma comunista que puebla sus mentes de guerra fría, sino a este viejo socialismo de los nuevos tiempos que les aguza el sueño.

Ante ello, en su precipitación e inminencia, no hay talismán que valga.  El incrédulo podría decir:  "'¡Pamplinas, quién atacará a una región que progresa y crece y se sirve a sí misma sirviendo a su pueblo, y no ataca ni se mete con extraños!”  Pero el peligro es real, más cuanto si la historia ha demostrado que el progreso y pacifismo de un país no es causal disuasivo de destrucción ni invasión si en su seno se oculta algún codiciado tesoro.

Libia es el último ejemplo histórico de la saga.  Era el país más prospero y rico del África, con índices de progreso superiores al de los mismos países europeos, con una moneda fuerte, liderazgo regional, pero con la maldición de atesorar en su entrañas petróleo y agua, y encarnar geoestrategia en su ubicación en el mapa.  A nadie le importó semejante configuración de progreso, independientemente de su sistema político, por cierto, con derecho a existencia y singularidad cultural, a despecho de la cosificación explotadora del neoliberalismo internacional.  Gadafi ensayaba un modelo de atención tribal que enfurecía a los señores de la guerra y del metal:  ¿Qué sentido tiene el dilapidar (no invertir) el dinero en malolientes masas populares?

Sumado al hecho de que Venezuela llama una atención de paradigmas revolcados con su liderazgo, postulados y progresos sociales, el petróleo y el resto de sus recursos naturales han de encarnar, desgraciadamente, la maldición de los pueblos de paz pero con riquezas que invitan al ataque y guerra de conquista. Es esto ya clisé en la consideración de los analistas, consideración que se dispara con las triunfantes discusiones en la OEA, su desmontaje, la abolición de la CIDH, con la creación del ALBA, la fundación de la UNASUR, el logro de la CELAC… En fin, con la soberanía e independencia, agentes de desobediencia digna ante el opresor.

Estaremos esperando, pero, de una vez, como todo ciudadano del mundo con dignidad, nuestro país ha de alzar la voz para proclamar sus derechos de existencia y libertad por encima del cualquier temor o amenaza, en ejercicio de la moral y ética, en procura del bienestar social popular, nacional y continental; teniendo en mente que, precisamente por el temor y la pusilanimidad, es que los pueblos dejan de ser libres y se acostumbran a la esclavitud.