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viernes, 19 de abril de 2013

Informe de membresía PSUV sobre el barranco electoral del día domingo 14 de abril de 2013 (I)

1. INTRODUCCIÓN

Nicolás Maduro fue proclamado por el Consejo Nacional Electoral (CNE) con 7 millones 563 mil 747 (50.75%) votos, frente a los 7 millones 298 mil 491 (48.97%) de Henrique Capriles Radonski.

Una diferencia ínfima e insólita dentro del proceso bolivariano presidencial, un 1.78% que aparta el sueño y la tranquilidad tanto al candidato derrotado como a sus seguidores, últimos estos sempiternos e históricos cohonestadores de fraude electoral si atendemos al hecho de que llevan años marchando, tocando cacerolas y haciendo suya la acusación de trampa de su dirigencia.

No es para menos.  En el pasado, casi indefectiblemente, con márgenes de derrota de hasta un millón de votos o más, la oposición chillaba sus resultados adversos; hoy, con menos de un 2% diferencial (265 mil 256 votos), lo mínimo que se puede esperar es que se diga que no sólamente ganó unas elecciones en Venezuela, sino en el universo entero, por todos los tiempos de la eternidad.  De allí la renuencia actual a reconocer los resultados y la consiguiente situación de desasosiego político en el país.  La certificación por vez primera de que, en efecto, representa la mitad política del país es un aliciente poderosísimo para potenciar hacia la sublimación victoriosa viejas pasiones de la derrota, especialmente esas que jamás reconocieron la mayoría del contrario.

De un universo elector de 18 millones 904 mil 364 votaron 14 millones 967 mil 737, esto es, 79.17%, un guarismo en verdad sorprendente, muy próximo a la presidencial anterior, que desbancó la proyección pesimista de una escasa concurrencia en atención a la ausencia de un líder carismático como Hugo Chávez, por un lado, y a un presunto cansancio electoral (el país recién salía de otra elección presidencial), por el otro.

Ello pone en el tapete que el pueblo venezolano, de un pasado electoral caracterizado históricamente por una cruenta abstención, en virtud de las tres últimas lides presidenciales (25.3% en 2006, 19.52% en 2012 y el 20.83% presente), es hoy por hoy una realidad de una entusiasta cultura y ejercicio políticos.

El 7 de octubre de 2012, antes de irse, Hugo Chávez dejó una elección ganada en Venezuela con 8 millones 191 mil 132 votos; Capriles, por su parte, lado perdedor, obtuvo en esa contienda 6 millones 591 mil 304.  Hoy Maduro, designado por Chávez para sucederlo, recibe 627 mil 385 votos menos y Capriles, repitiente candidato opositor, recibe 707 mil 187 votos más a su favor. Un decrecimiento de 7.6% en la oferta gubernamental (para no hablar técnicamente de chavismo, dado los resultados) y un crecimiento opositor de 10.7%, todo sobre la base, claro está, de los resultados del año anterior.

El paquete de los 600 o 700 mil votos, o el decrecimiento o crecimiento de las diferentes toldas políticas, como se vea, es el objeto de la consideración del presente informe: ¿por qué tal?  ¿cómo?

Quien escribe es miembro Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y trabajó ad honorem como coordinador de logística y movilización (sendas actividades) en un eje de una populosa parroquia de Caracas.  Su motivación para asumir la dirección de la distribución de insumos y alimentos de los camaradas que como testigos y coordinadores de otras áreas se desempeñaron en los centros de votación, así como para calzarse un megáfono y empezar a arengar al voto salvador de la patria, se fundamentó en la incertidumbre efectiva de la ausencia física de Hugo Chávez como líder ínclito del largo y repetido proceso eleccionario en Venezuela.

Reciente el deceso del líder, la pregunta obligada fue:  ¿votará más o menos gente por la opción chavista aunque acéfala de Hugo Chávez?  La lógica podía llevar a pensar que, dolidos en luto por la muerte del comandante, hasta el más recóndito chavista, furioso con la opción grosera adversa que no cansaba de burlarse de la pena ajena, acudiría a votar en pleno, aumentando hasta límites no vistos la victoria revolucionaria.  De allí la meta de los 10 millones de votos planteada.

Y también podía la lógica llevar a pensar que, ausente Chávez , podría caer dramáticamente el apoyo al partido.  Entonces y ahora, como base especulativa explicativa, siempre se repitió la expresión “Nicolás Maduro no es Chávez”.  Esta última posibilidad, pues, fue la que determinó a este servidor en última instancia a participar activamente en la procura y motivación del voto, acuciado por la pesadilla de una eventual debacle política.  Había que trabajar por la causa, poner el granito de arena en el camino de la patria soñada, a la sazón bajo nubarrones amenazantes.

Hoy los resultado muestran que la participación fue un poco menor, 79.17% respecto de 80.48% de 2012, una disminución no muy significativa de 1.31%, lo cual equivale a 208 mil 516 ciudadanos.  ¿Qué significa si, además, consideramos que el padrón electoral apenas aumentó en 49 mi 429 electores.  Podría ser que:

  1. Los 627 mil votos menos del chavismo que dejaron de votar lo hicieron desalentados por la muerte de Chávez (Maduro no es Chávez) y, coincidencialmente, la votación a favor de Capriles creció en 707 mil votos.
  2. Los 627 mil votos menos del chavismo emigraron hacia la oposición para darle forma a sus 707 mil votos de crecimiento.
  3. Hubo un decrecimiento y crecimiento simple y espontáneo del chavismo y la oposición, respectivamente, en virtud de la percepción electoral de sus ofertas políticas.  Esto es, la izquierda se vicia y decae, y la derecha se fortalece y prospera (ojo), tesis última esta bastante floja debido a lo abrupto del crecimiento experimentado y a la eventualidad simultánea de la muerte de Hugo Chávez.  El análisis parece concluir que la respuesta se encuentra en 1 ó 2.
  4. Triunfalismo:  el chavista no salió a votar porque estaba seguro de que Nicolás arrasaría como “hijo” de Chávez  y con tan fresco fervor en el ambiente por la muerte del comandante.
  5. El intenso intento de hackeo de la página del CNE desde el exterior, que sumó más de 45 mil conatos, hecho que evidencia el complot de factores opositores internos con intereses contrasoberanos externos, podría haber pervertido la integridad de la data electoral favoreciendo la opción de Henrique Capriles Radonski.  De allí que resulte verosímilmente fundada la expresión de Nicolás Maduro “¡Cuidado y si más!” cuando inicialmente aceptó la solicitud de conteo de votos de parte del candidato opositor, refiriéndose a la probabilidad de tal anomalía y a la certificación de una votación mayor en su haber en caso de hacerse la revisión pedida (los votos fraudulentos del hackeo).  Dado el caso, se justificaría así, aun a contra ley, la persistencia de la solicitud opositora de conteo del 100% de los votos porque la detección de una inconsistencia aunque sea a favor de Capriles vulneraría igualmente la credibilidad del sistema electoral venezolano (una jugada política maestra ésta, con toda su carga de cinismo y desvergüenza ética).

Demás está acotar, para finalizar, que las presentes líneas se escriben a título personal, sin más autoridad que la de ser miembro ordinario del PSUV, venezolano, partícipe de tan esplendente democracia,  en ejercicio pleno de la libertad de consciencia y de expresión personales, en el entendido de que tales elucubraciones no vulneran la disciplina del partido sino que, por el contrario, allanan el camino para una necesaria revisión, rectificación y eventual reimpulso, las tres “R” tan aconsejadas por el difunto presidente Hugo Chávez.

 

 

miércoles, 17 de abril de 2013

Alerta: ¿por qué Capriles desconvocó la marcha del día miércoles 17 de abril de 2013?

Pasada la marea genético-golpista inicial de nuestra oposición venezolana, que no reconoció los resultados electorales (nunca lo ha hecho) y pretendió incendiar el país el día después de las elecciones (aunque no se descartan “histerismos” hasta el día viernes cuando se juramente Nicolás Maduro)..., incursiono en el trabajo de fondo de ir en contra de estas mis propias, iniciales  y “tranquilizantes” palabras, expresadas casi frescamente y en pretérito, casi deseadamente, como si el futuro de la patria no estuviese preñado de peligros y los problemas se resolviesen con palabras conjugadas y percepciones puramente optimistas.  Es decir, en breves líneas y con humildad, me dispongo a desdibujar algunas apariencias, básicamente a desentrañar una mórbida verdad escondida detrás del prurito acomodaticio y defensivo humano de no ver más allá de lo deseado.  Ese temerario “pasar la página” y hablar en pasado que nos desperfecciona. 

Empecemos diciendo que la oposición y Capriles andan así como andan, desesperados, porque nunca en catorce años estuvieron tan cerca de una victoria como el domingo pasado, a apenas unos doscientos mil y pico de votos.  Y así como ellos, sus parientes externos, que sempiternamente han buscando la caída de la revolución Bolivariana (léase EEUU, España, etc.).

La lógica de su razonamiento delincuencial, que los induce a desbocarse, a hacer prevalecer el impulso sobre la razón, como lo insinuara el mismo Henrique Capriles Radonski en su última rueda de prensa (16-04-2013), es que, si antes protestaban y hasta casi “ganaban” perdiendo con mayores márgenes de derrota, ahora que la diferencia fue de un 2% o de 250 mil votos, lo mínimo que creen les calza es que la vaina fue una gran victoria.   Si antes perdiendo con un millón de votos de diferencia decían que había sido por fraude, ahora que es mucho menor, imaginen ustedes, ¿qué no dirán?

Esto conduce a que no se minimicen los cuidos respecto de sus acciones futuras, como pareciera que lo acabo de hacer yo mismo, ligeramente, al principio del escrito cuando dije “histerismos”.  Ven hoy la ocasión de oro para ensamblar un ataque lo más demoledor posible, como se lo brinda la oportunidad de haber casi ganado la contienda electoral del domingo (¡sincerémosno!), y no la desaprovecharán.  Cuando digo histerismo me refiero a esas especies de mordidas de pirañas que impulsivamente parecieran dar (y que darán hasta la juramentación de Maduro el viernes), en realidad pequeños ataques con el propósito de mantener el clima desestabilizador caliente hasta la emersión del iceberg golpista completo:  una acción coordinada de deslegitimación ensamblada entre la ultraderecha y el gobierno interventor de los EEUU que, sobre las pautas del manual de la CIA, se debe de estar trabajando a toda máquina.

Durante el día de ayer (martes 16), Capriles desconvocó la marcha pautada para el día de hoy.  Pensó y repensó su oportunidad de oro, que consiste en mantener a sus huestes “cargadas” y activas, incendiar el país, decretar un estado de caos en nombre de su otra mitad nacional “democrática” y proclamar un vacío de poder sobre la base de su ya tan mentada “ilegitimidad” presidencial (la de Maduro, obviamente).  Esquemas de intervención imperialistas aplicados en otros países (Irak, Libia, Siria, etc.) que aterrizan sobre sus planes con pilotaje estadounidense.

 

“se dice que ya mandó a su familia al extranjero, así como otro desestabilizador que lo acompaña en la aventura, Leopoldo López.  Es decir, toma previsiones de combate para minimizar en lo posible daños en su contra”

 

Pero la desconvocó por táctica y no por cambio de estrategia.  Apresurar a un montón de gente hacia el centro de Caracas y tentar a un mortal enfrentamiento entre las partes ha debido parecerle un acto repetido, ya histórico (golpe de Estado de 2002), de prevenidas consecuencias entre el factor chavista y el colectivo nacional.  La oportunidad de oro no se podía lanzar a la calle de manera tan impulsiva, pensando con el hígado, como parecía empujarle la química de sus emociones, tal cual como el mismo lo expresara disfrazadamente en su rueda de prensa.

Además, pensando en muertos, los que se podrían generar en la suspendida marcha de marras hacia el CNE, centro de Caracas, podrían estársele apilando muy rápidamente bajo su responsabilidad considerando los recientemente acaecidos durante el día lunes cuando desconoció los resultados electorales y azuzó a sus jaurías desestabilizadoras.  Es decir, para no tener un plan ahora mismo contundente que no sea el repetido esquema del 2002, los contra (como los muertos y la formación de una letal matriz de opinión pública adversa) empezaron a florear más rápidamente que los pro.

De modo que el hombre prefirió, tácticamente, darle largas al asunto, es decir, distanciarse un poco del funesto lunes en su contra (asesinatos, persecuciones, allanamientos, incendios, destrozos), mantener así sin “descarga” el ánimo de sus anarquizantes seguidores y concentrarse con todas sus fuerzas sobre la figura del Consejo Nacional Electoral (CNE) a efectos de desprestigiarlo paulatinamente.  Porque un renqueante CNE ─y tal es el plan con apoyo desde los EEUU y sus manuales de guerra de IV generación─ carecería de institucionalidad para sostener la proclamación de Nicolás Maduro como presidente electo de la República Bolivariana de Venezuela.

Su propósito final es restearse en una aventura de país dividido (¡ahora sí, al estilo de Libia o Siria!), según resultados electorales, comandando una de sus partes en contra de la figura del Nicolás Maduro, a quien espera redefinir como ilegítimo, como ya abiertamente lo llama cuando le toca aludirlo.  Una aventura golpista larga y pausada, dando tiempo al ensamblaje mediático e institucional a su favor (del exterior, principalmente) y al apoyo logístico e ideológico extranjero.  Una aventura erosionante en contra del CNE y de la imagen presidencial, con extremistas sueltos en las calles haciendo el trabajo sucio de delinear el chantaje de la renuncia o conteo de votos a cambio de la paz y civilización nacional.   ¡Ahora o nunca! ─es su percepción.

Juzgue usted:  se dice que ya mandó a su familia al extranjero, así como otro desestabilizador que lo acompaña en la aventura, Leopoldo López.  Es decir, toma previsiones de combate para minimizar en lo posible daños en su contra, familiares en este caso (sus seguidores han perseguido a familias chavistas).  Por supuesto, cuenta para su guerra con la carne de cañón de quienes no pueden hacer lo mismo, o sea, poner a resguardo a sus familias y enseres en el extranjero:  los pendejos y engañados opositores de a pie, los de siempre, los que patean sin saber hacia dónde marchan, esto ideológicamente hablando y sobre la consideración de que el neoliberalismo se derrumba a patadas en el mundo y no parece una opción de futuro.

Es, pues, Capriles y el inicio de su guerra extranjera en Venezuela lo que se esconde detrás de la trampa de las palabras deseadas, con carne de cañón nuestra y recursos económicos y logísticos que finalmente empeñan la integridad de la patria.

martes, 16 de abril de 2013

Mi diana chavista contra las cacerolas de la demencia

Henrique Capriles Radonski llama a sus seguidores a protestar los resultados electorales presidenciales 2013 adversos mediante toque de cacerolas.

En esta ocasión, luego de tantas elecciones en el país donde la oposición ha perdido holgadamente, la “fortaleza” del conocido candidato golpista estriba en que la diferencia de derrota resultó menor, unos 270 mil votos respecto de los obtenidos por Nicolás Maduro, muy distinto a eventos pasados cuando Chávez los aniquilaba a él y sus seguidores por márgenes superiores al millón, al diez por ciento.  Sin ir muy lejos, el año pasado, 7 de octubre, antes de su trágico deceso, Chávez los fulminó (al mismo candidato y sus seguidores) con una ventaja irrefutable.

Claro, como sabemos, no fue Chávez el que contendió electoralmente contra la oposición y, como es dicho corrido, Nicolás Maduro (el candidato chavista) no es Chávez, sino su señalado sucesor.  De allí los resultados:  mucho fue el que no votó porque Chávez no era el candidato, mucho fue el que emigró de bando (no hablando ya de abstención, dado que fue muy baja) por la ausencia carismática de Hugo Chávez.  De allí los 700 mil votos de merma en la cosecha chavistas respecto de las elecciones presidencias 2012 (Maduro obtiene unos 7 millones 500, Chávez había obtenido casi 8 millones 200 mil) y al mismo tiempo el crecimiento opositor (Capriles obtiene casi 7 millones 300 mil votos y el año pasado había obtenido casi 6 millones 600 mil votos).  Súmense y réstense, respectivamente a cada candidato, los 700 mil votos de marras y mírense luego los resultados de la elección de hoy.

Si en experiencias anteriores, cuando perdía por márgenes irrebatibles, la oposición siempre accionaba contra el Consejo Nacional Electoral (CNE) clamando "¡fraude!” y se rebelaba contra la institucionalidad democrática del país, hoy que pierde por un margen cercano al 2%, a nadie puede sorprender su actitud de querer incendiar el país.  Dentro de la lógica delictiva de su razonamiento y comportamiento, tal diferencia ha de sembrarles en sus convicciones que nunca estuvieron tan cerca y que, por ello mismo, se hacía impositivo recrudecer el comportamiento agresor con el propósito de empujar al país hacia una situación nacional de desestabilización buscando imponer su derrota como victoria del modo más locuaz posible.

 

“La misión idealista humana es y será siempre corregir, enderezar entuertos, no importa que como soñadores quijotes”

 

Quien opositor en el día de ayer sonó su cacerola en el balcón de su casa avaló de manera expedita el anterior razonamiento.  Cuanto mayor fuese el margen opositor que tocó ollas la noche de ayer, mayor es el porcentaje de la problemática mental o de percepción de la realidad entre filas opositoras.

Por supuesto, hay el opositor desquiciado que se figura que, si antes ganaba elecciones con un millón de votos por debajo del triunfador, ahora que se aproxima a una diferencia de 250 mil (ya no un 10, sino 2%), gana por una abrumadora ventaja.  Dos más dos no son cuatro.  Podría aterrar si el resultado de una encuesta arrojará que la mayoría opositora cree que ganó las elecciones, entando en presencia de un verdadero problema de salud mental pública. En dicha encuesta apenas habría que preguntar si caceroleó.

Quien escribe, acérrimo seguidor de Hugo Chávez, respetuoso de la institucionalidad democrática y creyente de que el resultado de 2+2 es igual a 4, al llamado opositor de tocar cacerolas en los balcones de sus casas, acudió por su parte al llamado opuesto de tocar la diana chavista para contrarrestar el chillón efecto de la demencia desconocedora.

Raudo, por allí como a las 7:30, bajó de la INTERNET la diana con la que solía Chávez llamar al voto el día de elecciones, la grabó en un megáfono repetitivo y la reprodujo indefinidamente en el balcón del apartamento.   Tuvo un efecto excelente.  Otros seguidores de Hugo Chávez, de su sucesor Nicolás Maduro, también acudieron a sus balcones y colocaron música partidista alusiva o lanzaron petardos, sea ya porque se animaron con la diana, sea porque también siguieron el mismo lineamiento de quien escribe.  Así, en el sector, centro de Caracas, en la cuadra residencial, fue combatida la hojalata de la locura que a la fuerza ha pretendido subvertir el orden natural de la inteligencia humana.

La misión idealista humana es y será siempre corregir, enderezar entuertos, no importa que como soñadores quijotes.  Con complacencia, pues, el autor pone su grano de arena para combatir semejante desbarajuste neuronal y comparte con todos algunas imágenes de su accionar se dirá cuasiguerrillero, mejor si emuladas por algunos camaradas para próximos desbordes de incivilización.

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jueves, 11 de abril de 2013

El sabor a miel... de abejas del voto opositor venezolano

En elecciones, lo lógico y más frecuente es que votes por tu candidato para llevar la opción de tu preferencia a la victoria.  Parece irrefutable:  el elector, satisfecho con su líder, con su gestión de trabajo, o con su programa y proyección de gobierno, va y vota, y lo elige o reelige, según sea el caso.

No parece lógico y plausible que el elector lleve a la victoria a su candidato no votando por él, por más que el mundo se vuelva loco y mueva hacia arriba las patas.  Por más que se haga apología de ese medieval mítico mundo al revés...

Se vota, el candidato cuantifica el voto y punto.

Pero en política existen los mil y un demonios de las sutilezas que no se manifiestan en el acto simple de escogencia del elector, aunque lo haga sobre dos básicas opciones.

El elector es una materia cargada de infinidad de motivaciones y susceptibilidades al grado tal que uno lo puede medio barruntar por su  lado patológico cuando lo observa sufragar, mayormente  en medio de situaciones de irregularidad:  hay el que se come el papel comprobante del voto, el que escupe, el que golpea la mesa o máquina de votación, el que vocifera o protesta y encuentra dificultad por doquier...

Uno mira y dice:  “Bueno, este tipo loco y todo, vino a votar (o a tratar de hacerlo) por el candidato de su locura”

Y hay el que vota tranquilamente, ese cívico animal de ciudad, que es la mayoría.  “Votó de modo inexpugnable ─piensa uno─.  ¡Quién sabe por quién!”.

Respecto del primer ejemplar, y para el caso concreto de Venezuela, donde se ha desatado una campaña política contra la institución electoral desde el bando político opositor, que repite incansablemente que el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el gobierno son una única tramoya, no es difícil entresacar que se trata de un elector opositor.  Un enloquecido votante ─se dirá─ de las filas de la oposición que, victima de la guabinosidad del discursos de su dirigencia, cargado de malsania, salió a patear electoralmente al contrario.

Pero en Venezuela (y en el mundo entero, se supone) hay más peculiaridades más allá de la cordura.  O mejor dicho, existe una gran peculiaridad en el elector opositor, largamente reflexionada por los analistas sobre el tema.  Y es un tema por allí, por los ados de la disociación, de la esquizofrenia, para decirlo ya sin mucho rubor, y para lamentarlo también porque es lo que mayoritariamente parece afectar al grueso del universo opositor venezolano, esté ya compuesto por votantes pateadores de mesas, como se dijo, o también por esas criaturas electoras de aspecto manso que no dejan traslucir su infernal mundo interior de odios y afectos.

Porque tal cosa última es lo que ha enseñado la experiencia, que conduce a meter en el mismo saco a casi todo el mundo opositor venezolano, cívicos votantes o pateadores de mesas:  se cansa uno de ver a tanta gente “educada”, representante del sector digamos moderado o culto, expeler el dragontino fuego de la decepción al abrir las fauces, soltando sapos y lagartos contra sus llamados “pat’en el suelo” chavistas, contra los bidentes o recogelatas seguidores de un líder zambo.  De modo que uno puede llegar a pensar que el título académico y el cultivo de la inteligencia que el hecho titular presupone se les bajó de la cabeza hacia esa parte del cuerpo donde casi nunca llega el sol; y piensa uno, constructivamente, que para tales criaturitas (y para el país) es de conveniencia permanente no decir palabra para así uno quedarse con la percepción de que existe un sector de la oposición exenta de afecciones psicopáticas.  “Calladito te ves mejor”, se dice mucho en Venezuela cuando no se quiere percibir aristas de personalidad abominables.

 

“sino que vota en contra del otro, situación que se le ofrece menos escatológica al gusto y más patriótica al amor propio, según cultura de su fisiología política”

 

En fin, la peculiaridad en cuestión es esa locura del mundo al revés mencionada al principio del escrito.  El elector opositor venezolano cuando vota no lo hace realmente por su candidato, aunque físicamente lo marque como su elección en las tarjetas, sino que vota en contra del otro, contra Hugo Chávez y el chavismo, para el caso, de modo tan intenso que hasta le parece deseable perforar la máquina con su dedo.

De plano, podría no sonar nada extraordinario, si se considera que el elector escoge entre dos proyectos de país y al votar por el suyo se podría interpretar que elige el menos malo.  Pero no, queridos lectores, entre la oposición venezolana el cuento no es así de sano.  No se trata simplemente de rechazar al contrario, votando por el suyo propio, sino de una lamentable sensación de vacío e inutilidad al ensayar la escogencia propia.

El elector opositor venezolano, loco de perinola por tanta TV y discurso internacional interventor, pobre, mediano o rico, culto o ignorante, sabe de entrada que su opción es una plasta de ñoña atravesada por un palo que no destaca del suelo respecto de  la humanidad y programa de gobierno del candidato contrario; y vota por sí, no obstante, todo resentido, fruncido en su alma, fallido, a sabiendas de que de alguna manera su dedo se embarra sobre la imagen de un candidato inconcluso, castrado, fútil, fatuo e imbécil, sin poder en la mollera y carente de un programa de país que al menos combata mínimamente la emanación nauseabunda.

Entonces, para efectos de autoestima, desarrolla el mecanismo de defensa de imaginarse que al votar por su opción no se embarra el dedo con la propia ñoña (deficiencia, carencia, inutilidad), sino que vota en contra del otro, situación que se le ofrece menos escatológica al gusto y más patriótica al amor propio, según cultura de su fisiología política.

Y así, para finalizar, de tan loco tan loco proceder en el elector venezolano no es difícil concluir lo que no se aguantan estas líneas:  que el acto de no valorarse a sí mismo, en su propia idea y condición, votando contra el otro, establece que su sufragio no se emite por amor y obra de lo propio, sino por odio al contrario.  Lo cual equivale a decir que la oposición venezolana vota por odio, cosa muy diferente a aquella opción política que, afecta a su propio líder, obra y gestión, vota por convicción, por reconocimiento positivo de la autoestima, por amor.

Tal es la fabulosa condición psíquica del elector opositor venezolano, digase en aproximación, en su perfil habitante de la otredad, entre paredes de un mundo bifocal patas arriba.

martes, 9 de abril de 2013

Chavismo que vota, oposición que odia

EL SILOGISMO DEL VOTO CHAVISTA, VOTO DE AMOR Y PATRIA

Cuando tu reflexionas que un chavista vota porque apoya una obra de gobierno que acabó con enquistadas miserias en el país, fomenta la educación y la alimentación de los menos favorecidos y promueve la inclusión e igualdad sociales, así como que dignifica la imagen de país que debe tener la Venezuela patria, concluyes que lo hace por algo tan sencillo como el amor, un pilar de la vida humana que brota de la conciencia.

Porque, pregúntese, ¿quién carrizos hará una condena o negación de aquello que le reivindica y le favorece y no le dará su voto bueno? Tal vez un demente, habría que responder.

De forma que un chavista vota como votaría la razón humana, espontáneamente por aquella naturaleza que le es propia y propicia, lógica, familiar, humana, buena, contextual, vital. Así, de votar por amor a saber que vota por agradecimiento, retribución o cualquier otro sentimiento que implique devolución, no debe sorprender. Al pelo cae la frase “Amor con amor se paga”, tan acuñada por el fallecido presidente Hugo Chávez. Tal ciudadano (ya no sólo chavista) actuaría con base en la percepción de que el Estado cumple su rol en el contrato sociopolítico, amparándolo, luciendo irracional su condena.

Se tiene, luego, que el voto chavista ha de ser el voto universal de la razon humana, como se le vea (con el perdón del silogismo y la pasión del discurso). Incluso para aquel votante adverso y locuaz que comete la osadía de creerse mayoría cuando es en realidad parte de la minoría. Si un país y una democracía se define por la cuantificación numérica humana y el chavismo es mayoría en el país, como lo ha demostrado siempre, y esa mayoría ha decidido que su gobierno le reivindica y le sustenta la patria a todos, entonces votar diferente a un chavista (que es el país) es votar contra la patría, contra sí mismo.

SECTOR CHAVISTA QUE CASTIGA, PERO NO ODIA

Tal es el hecho mayoritario.  Si hay un chavista que vote de otro modo, digamos no a favor del gobierno sino en contra de la oposición (no por amor, en fin), lo hará como un efecto histórico sociopolítico del castigo y no como un acto de odio, a pesar de que en el país hay mucha gente aporreada vital y moralmente por la gestión derechista y criminal del pasado.  El chavismo propala la inclusión y la conciencia humanas como oferta ideológica y si ejerce un voto de esta laya, de castigo, no significa que lo haga por odio, del mismo modo que en el escarmiento de un padre no hay un odio implícito hacia su hijo sino una intención correctora.

PIEDAD POLÍTICA Y CHAVISMO PATERNAL

El chavismo como hecho socialista tiene fundamentos cristianos (igualdad, justicia), e ideológicamente observa la comprensión, la tolerancia y el perdón, como el mismo presidente Hugo Chávez en varias oportunidades lo ejerciera sobre sus adversarios políticos.  Es amplio, telúrico, universal, con capacidad de comprensión y piedad ante la perversión del prójimo político.  Su estado de conciencia política, idealmente, reconocerá como rebaño descarriado a un ser político de derecha (por ejemplo, la oposición política en Venezuela) que aspire a votar contra si mismo, su propia casa y condición de habitante.  Lo categorizará como un ser de inconsciencia e inconsistencia.

Porque un rebaño descarriado no se odia, ni se combate, ni si erradica; se encarrilla.  Y porque no es natural que un ser vivo, menos si pensante, ejerza una acción en contra de su propia integridad como especie e individuo, en contra de la soberanía sinérgica de su hábitat o casa.  Para el caso, un revolucionario (si chavista mejor) ejercerá la piedad política ante la constatación de un alma desnaturalizada, desorientada, como lo haría un padre ante el hijo o un hombre ante su hermano, e implementará una acción correctiva de luz y consciencia.  Rescate y orientación del hombre ha de ser su norte ideológico, la misma acción que implementara el líder central, Hugo Chávez, respecto de la patria.

EL CHAVISMO EXTREMO NO VOTA POR CHAVEZ, SINO EN CONTRA DE LA OPOSICIÓN

No digo que no exista por ahí un sector más “chavista” que el mismo Chávez que, en la exacerbación y radicalización de los postulados progresistas ideológicos, terminen desconociendo al mismo líder, deformándolo, finalmente no votando por él, sino en contra de todo lo que desdiga su apreciación extrema e insondable de realidad.  Votarían contra la oposición con odio tal vez, considerándola jamás un rebaño descarriado al que hay que rescatar, sino eliminar.  Lógicamente nunca votarían en contra de Chávez, como sea expresión moderada de sus enfoques, pero en lo más profundo son los que acarician el golpe, la erradicación y la imposición, punto mórbido de igualación con aquello que se cree combatir (el fascismo de la derecha política).  Si surgiesen dos Chávez, uno el maestro ideológico conocido por todos y otro abiertamente revanchista e impositivo por encima de la propia condición chavista, votarían sin duda por el segundo.

EL VOTO OPOSITOR DEL ODIO, NEGATIVO Y SUICIDA

Pero la oposición, la derecha, como perversión política y humanista que es, cónsona con su propia condición desarticulada y pandestructiva, no vota por ella misma de modo directo, sino decididamente de manera indirecta, en contra del Hugo Chávez y el chavismo.  Es decir, no alberga un cultivo amoroso de conservación positiva entre filas propias que no sea la múltiple acepción de la palabra odio: egoísmo, esclavismo, explotación, neoliberalismo.  Vota, pues, por odio, contra el otro a favor de sí misma, y sus valores a conservar son los mismos destructivos que secularmente han mantenido al mundo en crisis desde que el capitalismo lo domeña.

¿Quien no sabe que anda precaria, sin un corpus ideológico unificador en medio de su misma humanidad valorativa en crisis?  ¿Quién no sabe que considera a su propio candidato un bobo, quizás el menos entre los suyos, pero su candidato al fin, su única opción en contra de esa gigante acción de conciencia que es el chavismo desde 1998 en Suramérica?  ¿Quién no sabe que vive de ficciones y no de realidades, de espalda a su propia patria y condición humana al aspirar lo exógeno postizo a lo propio auténtico, haciendo de un grano un mundo, moviéndose sobre un espacio crítico cuarteado, mirando fantasías sobre realidades?   ¿Quién no sabe que vive de la cultura de los números, esa que te aleja de la carne, lo sensible y lo humano para convertirte en un guarismo porcentual?  ¿Quién no sabe que no es posible que la abandere un líder con esos valores suyos en crisis, hoy en plena decadencia mundial?  El mundo muta y pasa la página de aquello que no le ha servido para la prosperidad propia, y lo que ha sido valor troca a antivalor inservible del mismo modo que lo que ha sido hegemónico troca a incertidumbre y recesión.

De forma que cuando se desmorona lo que se ha sido y es, no pudiéndose en el ocaso propio apreciar un signo de vitalidad prometedora, no sobrevive sino el resentimiento, la queja, la impotencia ante el mundo desplazante, en resumidas palabras el odio, el revanchismo y la venganza.  Votar por Capriles, que es materia ideológica de lo que muere en el mundo presente, no es nada halagüeño; pero es lo único que hay de la propia materia perdida con visos de esperanza.  En cambio, votar contra el otro, contra aquél y aquello que parece desmontar o desenmascarar tu farsa y apuntarte hacia la decadencia, parece constituirse en un acto con mayor revestimiento de vida.  Algo así como si eliminaras las armas que te apuntan para seguir viviendo en vez de saberte inmune, por fuerte condición propia, ante las balas.

EL ODIO OPOSITOR NACE DE LA CARENCIA POSITIVA PROPIA

Porque así es el odio:  nace de la carencia propia ante la existencia mayoritaria ajena, eje fundamental de la crisis personalista y capitalista del momento. Negar la prosperidad mayoritaria sólo porque la propia no se ha acomodado a ese hecho es egoísmo.    Negar la libertad mayoritaria sólo porque te resientes de la pérdida de mano de obra esclava es miseria.  Negar la soberanía de tu país sólo porque se desprende de la batuta intervencionista de otros parece oler a traición patria.  Negar, en fin, al chavismo, condenarlo y fantasear con masacrarlo, votando contra él como si lo apuñalara (ese votar contra el otro que hemos dicho), simplemente es la expresión de la baja visceralidad del egoísmo y el odio.  Resentirse porque una mayoritaria cantidad de seres humanos al fin dio con una fórmula política para procurarse un bienestar redentor, superando un abismo histórico, de paso defendiendo el acto liberador, equivale a sufrir por la felicidad del otro.  ¿Existe peor definición de odio o egoísmo?

MISIÓN REVOLUCIONARIA: EL PAIS DE TODOS

Hemos dicho que ser de la derecha política es un hecho perverso de la condición humana, situación que amerita de guiatura, de presencia salvadora revolucionaria, de humanismo, de ideología, de un insigne grado de consciencia transformadora que, en vez de erradicar, encarrile, como se ha dicho debe de hacerse con el rebaño extraviado.   El revolucionario, si chavista mejor, debe ejercer lo que podríamos denominar la piedad revolucionaria, ese acto de identificación de la condición humana perdida en el otro (el adversario), y trabajar para rescatarlo, concienciarlo, sumarlo, así neutralizarlo, sin pagar con la misma moneda de odio siempre recibida. 

Si la historia ha demostrado que el odio tiene su mayor obra en la expresión del mundo actual, no es posible a la razón continuar por ese derrotero.  Venezuela es el país tanto de chavistas como de derechistas opositores, ya con bastantes niveles de odio político.  El mandato habrá de ser la cobertura total, la cohabitabilidad, la aceptación e inclusión, la equilibrada sinergia.  No tiene que ser posible que se siga en el mismo hueco histórico de rebatir el odio con el odio, y al revolucionario de nuevo cuño le quedará por tarea combatir el odio y el egoísmo del opositor venezolano con el amor y la construcción patria, con el seguir haciendo a pesar del humor destructivo del adverso, hasta que finalmente, como en la fábula de Esopo donde el tibio sol vence al recio viento, la sonrisa se explaye sobre esos labios acostumbradamente fruncidos.  Que el acto de consciencia en el otro sea como el nacimiento de una flor, donde sol, viento, tierra, agua y cielo obren como un hacer palpable, sin echar mano a la consideración de cortar el capullo antes.

lunes, 8 de abril de 2013

La avenida Baralt, columna vertebral del poder en Venezuela y también del delito común

Como lo es la autopista Francisco Fajardo respecto del Dtto. Federal, la avenida Baralt es una de las columnas primordiales del centro de Caracas.  Compite en importancia con otras como la Bolívar, Universidad, Urdaneta y Lecuna, para mencionar las que encuadran ese meollo que se conoce como el casco histórico de la ciudad.

La avenida Baralt (Rafael María), desde el norte de la ciudad hacia el sur, hace contacto con las siguientes parroquias:  San José, La Pastora, Altagracia, Catedral, Santa Teresa y San Juan, 6 de las 22 que tiene el Municipio Libertador (ó 6 de las 32 que tiene el Área Metropolitana de Caracas).

En sus adyacencias (una manzana más o menos) están la Catedral de Caracas,  la plaza Bolívar, El Palacio Municipal, El Palacio Federal Legislativo (llamado Capitolio, sede de la Asamblea Nacional), el Teatro Municipal de Caracas, la Iglesia San Francisco, el Palacio de las Academias, el Centro Simón Bolívar (CSB),  el Palacio de Miraflores, el Correo de Carmelitas, el Panteón Nacional, el Cuartel San Carlos, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), el Consejo Nacional Electoral (CNE), el parque El Calvario,  el Mercado de Quinta Crespo, la plaza Francisco de Miranda, la plaza La Pastora, etc., todos edificados patrimonios de importancia histórica o arquitectónica, económica y turística.

Cabe resaltar que en su recorrido, la Baralt se “baña” con cuatro de los cinco poderes que conforman el Poder Público Nacional de Venezuela, a saber:  el Poder Ejecutivo (Palacio de Miraflores y la Presidencia de la República), el Poder Legislativo (la Asamblea Nacional), el Poder Judicial (el TSJ) y el Poder Electoral (el CNE), quedando muy alejado el Poder Moral, que está conformado por la Defensoría del Pueblo, el Fiscal General y la Contraloría General de la República.

Es decir, para resumir reiterando, 4 de los 5 poderes públicos de Venezuela tienen sede adyacente a esta importante avenida.

De manera que, por lo dicho, luce ocioso seguir desgranando la importancia que eventualmente podría revestir en la vida nacional y particular esta avenida: su perfil político, económico, administrativo, turístico e histórico es obvio.  Para emblematizar con cierto ánimo de exageración, podríase decir que la avenida Baralt es al Distrito Capital lo que Caracas a Venezuela:  un punto capital.

Semejante presupuesto esbozasdo no encontraría extraordinario que tales espacios demarcados por la vialidad de marras se mantuvieran perennemente resguardados, ordenados, pulcros, funcionales, bajo una constante campaña de concienciación ciudadana orientada a la valoración, a un enfoque patrimonial y a una habitabilidad o uso deseados.

Pero no, es ése no es el hecho.  Si bien es cierto y loable que recientemente el casco histórico de la ciudad, así como puntos más alejados cual el bulevar de Sabana Grande, fueron recuperados por la Alcaldía de Caracas en una arduo trabajo de humanización citadina, no es menos cierto que los tales trabajos de embellecimiento formal no fueron acompañados por otro de concienciación ciudadana para el cuido de las nuevas formas creadas.  Es decir, no fue trabajado el componente espiritual y cultural, de suyo la esencia de la forma.  Al parroquiano se le crearon y ampliaron nuevos espacios, pero él siguió desplegando el mismo comportamiento de desidia, ignorancia y desamor al que se había acostumbrado durante la Caracas burda, desaseada, violenta y hacinada previa a la revolución Bolivariana.

 

“Para emblematizar con cierto ánimo de exageración, podríase decir que la avenida Baralt es al Distrito Capital lo que Caracas a Venezuela:  un punto capital”

 

Faltó el espíritu de la educación cívica y la renovación cultural.  Faltó llenar el molde de lo fabricado con la esencia de la vida que late, del pensamiento que juzga, valora y ama.   Aculturación, motivación, ciudadanía, escuela, ley, sanción.  Penosamente no se comprende cómo, por ejemplo, aún sobreviven algunas plantitas sembradas durante los trabajos del mencionado plan de humanización:  sus espacios son rebatidos por el comerciante informal o el peatón desalmado. Quien escribe vive en el área y testimonia con propiedad.

De tantos detalles de la inconsciencia ciudadana, dos aspectos se han desarrollado estruendosamente, y van más allá del acto solo ciudadano de cultivar la conciencia, requiriendo la intervención del Estado en su rol sancionatorio, resguardante y moral.  Tales son la delincuencia (inseguridad) y la desidia patrimonial.  Como cierre, se comenta el primero, descrito en el modus operandi mismo delincuencial, esperando que, a modo de crónica, quede como testimonio para el momento en que se escriben estas líneas.

El delincuente aborda lo más deportivamente una unidad de transporte público a la altura del Mercado de Quinta Crespo.  Por lo general esa unidad transita la avenida Baralt hasta el TSJ, donde cruza hacia los lados de la avenida Panteón o hacia La Pastora.  Roba a dúo a los pasajeros, se calza luego una gorra y se quita la camisa para quedarse en franela (y así despistar), apeándose a la altura de la plaza Caracas, donde se pierde entre los vericuetos del CSB huyendo con las pertenencias de esa suerte de rebaño en que ha devenido el ciudadano común que sale a trabajar o hacer una diligencia.

A la inversa, bajando por la Baralt, abordan la unidad de transporte a la altura de la esquina Pedrera (Capitolio) y se bajan en Bucare, igualmente con las pertenencias de la gente, con una repentina gorra puesta y un nuevo color de ropas.  Huyen con sentido San Martín sin ser molestados por funcionarios policiales, ante la impasibilidad, desasombro o impotencia de los que presencian la “movida”.

Atracan también a los transeúntes del CSB, a plena luz del día, a gente que mira la mercancía de los locales frente a sus vidrieras.  A las mujeres les espetan directamente que entreguen sus bolsos, del modo más cínico.  Ni que hablar de los ancianos, a quienes despojan de la pensión cobrada. No hay contención e impera, por el contrario, una brutal impudicia.

Situación insostenible, sin duda, tipo bomba de tiempo con ojivas nucleares ciudadanas.  La gente de a pie, el rebaño mencionado que aporta sus trozos de bienes para el sostén del delincuente, mira quizás de modo impasible, pero con seguridad alimentando algún depósito del desespero y la violencia humanos que buscará desborde en determinado momento.

Para el caso concreto que se comenta, es una evidencia que la capacidad preventiva de los cuerpos de autoridad y seguridad del Estado ha sido superada y que, del modo más enérgico posible, como fase subsiguiente mientras se recuperan los niveles de control, lo que procede es la aplicación de un plan represivo, dicho esto con toda la lamentación que merece la baza idealista humanizante, sin fruto hasta el momento, cuando no quebrada.

La gente muere a diario, es atracada y vejada, y pareciese que la tal humanización es sólo usufructuada por el delincuente.

Lógicamente, desde un punto de vista político, electoral si así se quiere enfocar, a propósito de la coyuntura presidencial del país, no hay nada más indeseable al momento que un delincuente sembrando incertidumbre en la psique ciudadana en pleno  centro de Caracas, amén de erosionar el perfil  de protección y amparo que debieran encarnar los cuerpos de seguridad estatales.