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viernes, 27 de marzo de 2009

La izquierda y la independencia de El Salvador, a la pata del coloso neoliberal

El triunfo de Mauricio Funes en El Salvador, ex guerrillero del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y figura de vocación izquierdista, trae a mi mente dos asociaciones:  (1)  si alguien dudaba que la derecha política, con su neoliberalismo a ultranza, navegaba contra el progreso de los pueblos, ya no puede tener dudas, dado que su fracaso en El Salvador (uno de los más firmes aliados de los EEUU en la región) constituye una evidencia de desaprobación de gestión y al mismo tiempo un soberano puntillazo en el trasero al conocido enfoque hunde-países de la política del libre mercado; (2) la cautela del nuevo presidente respecto a pronunciarse en relación al proceso de cambios que encabeza en Venezuela y en la América toda el presidente Hugo Chávez.

Sobre el primer punto es harto la literatura, más cuanto se vive a escala mundial una crisis financiera asociada al esquema neoliberal imperante, hecho que ha disparado a los analistas a hablar de crisis y hasta a sus mismas instituciones promotoras (como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial) a reconocerla.  La debacle del modelo neoliberal es hoy un hecho, con la quiebra de su llamada ley de “libre mercado” (hoy los estados intervienen para oxigenar sus economías) y con el terrible desenmascaramiento moral de sus principios económicos cuando se devela que a sus gobiernos les importan más los banqueros que sus pueblos, a quienes utilizan únicamente para enviarlos a la guerra, obtener votos y mantener fachadas democráticas.

Para América Latina, para quien en principio fue diseñado el esquema contralor de economías neoliberales denominado Consenso de Washington, los hechos (la caída neoliberal) no pudieron darse de modo diferente, sobremanera, digamos, dado que el experimento había sido dirigido en principio hacia ella antes de que se convirtiera en una receta de generalización mundial.  Las economías de los países fueron reventadas, literalmente hablando, siendo icónica la de Argentina, la cual se vendía como modélica prosperidad de la filosofía neoliberal desde boca de sus propios medios de recubrimiento de la realidad.

Recuerdo que peleaba bastante con un amigo europeo al respecto:  él criticando los caminos que se gestaban en Venezuela y colocando a Argentina como el modelo económico del mundo, potencia alimentaria y promesa de prosperidad generalizada de su población.  Cuando estalló su crisis (se develó la mentira, mejor dicho), no lo podía creer, se declaró engañado por la prensa, casi del mismo como se declarara un famoso ex presidente venezolano a quien presuntamente lo había engañado la banca.  La gente en Argentina no podía ni retirar su propio dinero de los bancos (el famoso “corralito”), y el efecto privatizante neoliberal se había hecho casi hasta con el agua de la subsistencia.

Una completa calamidad, porque las demás economías del continente se dirigían por el mismo derrotero, a pesar de mirar las barbas de su vecino arder.  Y es porque el sistema obliga, chantajea, amenaza, entuba..., siendo necesario una fortaleza proverbial para escapar de la atenazante red neocolonizadora del sistema económico.   Siendo necesario el brote de la reflexión política y la toma de conciencia humana y social, hecho que tomó forma en Venezuela, como sabemos con su proceso de cambios, prendía en Cuba desde hacía décadas y presentaba condiciones de cultivo en la economía brasileña con su diversidad desde hacia rato.  En tales países el protocolo del Consenso empezó a no ser ley, y el sentimiento antineoliberal, de quiebra de la derecha política, comenzó a potenciar la esperanza humanista que comporta la izquierda.

La derecha cae en recesión, como su paquete económico, y la tendencia hacia la izquierda se multiplica en el continente, el Caribe y Centroamérica.  Críticas sistémicas, autocríticas, tomas de conciencia, develamientos, búsqueda de nuevas rutas, humanización de la política, socialización de las patrias...  Hoy mismo Lula recibe en su país al primer ministro inglés Gordon Brown y le espeta en su cara que los responsables de la crisis que hoy vive el mundo financiero son hombres “blancos y de ojos azules”; y su visitante, fundamental adlátere de los EEUU en el mundo, se ve en la necesidad de responder a lo que obliga la razón y los hechos:  que el Consenso de Washington se acabó y que hay que buscar otro mecanismo para restablecer la confianza en el sistema financiero.

“Por tanto, es una dura situación política que se le avecina al país, ya prevista en declaraciones de congresista estadounidenses cuando manifestaron que, si Mauricio Funes triunfaba y luego cultivaba una aproximación con Hugo Chávez, recomendarían al gobierno de los EEUU desmontar el programa que permite trabajar a 240.000 salvadoreños en la patria de George Washington”

Pero vea usted a lo que se puede referir alguien como Brown en sus palabras, cuando habla de Consenso de Washington, o de sus principios, expuestos a continuación, puntos recetarios para el gran alumnado del mundo, se dirá, concebidos inicialmente para América Latina, como se dijo:

  1. Disciplina fiscal
  2. Reordenamiento de las prioridades del gasto público
  3. Reforma Impositiva
  4. Liberalización de las tasas de interés
  5. Una tasa de cambio competitiva
  6. Liberalización del comercio internacional (trade liberalization)
  7. Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas
  8. Privatización
  9. Desregulación
  10. Derechos de propiedad.¹

No se dirá que esa “otra forma” buscada es la izquierda política, pero nadie puede negar que su propuesta se ensambla como respuesta socialista cada vez en la América del Sur, y ahora en Centroamérica, en especial con esa suerte de trompada que significó para los EEUU el triunfo de Funes.  Los países intentan deslastrarse de viejos y nuevos colonialismo; sus pueblos comen, tienen hambres y alzan sus clamores hasta sus líderes, cada día más urgidos de sincerar sus patrias hacia adentro, dejando el juego traidor de abrir las piernas hacia el extranjero; hay cada vez más el imperioso mandato de no ser más esas especies de conejillos de Indias económicos y de tener un algo más de dignidad nacionalista.

Sobre todo hay el mandato de acabar con los engaños, de dejar de jugar a que se tienen pueblos tontos, anclándose sobre su resistencia hasta rayar en sus elementales necesidades.  Y en este sentido El Salvador había sido tremendo exponente, agotándose sobre su pueblo el modelo neoliberal, impuesto y ejercido por el partido de derecha ARENA durante veinte años, vía maquillaje, en virtud de una siniestra campaña de deformación de la realidad económica del país.  Así había vivido El Salvador hasta entonces:  en la gran mentira neoliberal que apodera a unos pocos y esquilma a todo un pueblo, con su desvergonzante tendencia de convertir patrias, países enteros, en feudos o haciendas de las potencias en boga, más si se le tiene como vecino.

Digamos que en este sentido adelantó El Salvador a México, otro país vecino del monstruo central de las políticas capitalistas en el mundo, aparentemente condenado a ser asimilado, dado que hoy luce con escaso petróleo para sortear su crisis, carente de una economía alternativa y cada vez más siendo sujeto de programas atenazantes del imperio:  considérese su petróleo a veinte años que le queda y el Plan Mérida al cual ahora será sometido.

El otro punto al que me referiré, para terminar, es al mencionado tino político de Mauricio Funes cuando asume la presidencia, en el sentido de no pronunciarse abiertamente inclinado por Hugo Chávez, contexto hacia el cual necesariamente tiene que estar bosquejado, si es cierto que habrá de montarse sobre la ola de los cambios que se despliegan en América.  Dos razones lo llevan a la cautela:  la primera es que no ha servido tal manifestación de afecto sino para desatar prematuramente los disparos de los cañones de la derecha política, herida en su amor propio, como la de su país, sobrando los ejemplos con mandatarios como Evo Morales y Rafael Correa, y con candidatos como Ollanta Humala; la segunda es crucial y es el hecho que el 20% de los ingresos de El Salvador provienen en forma de remesas desde los EEUU.  Esta última razón, toda una camisa de fuerza que obliga a invocar estrategias e ingenio político.

Por tanto, es una dura situación política que se le avecina al país, ya prevista en declaraciones de congresista estadounidenses cuando manifestaron que, si Mauricio Funes triunfaba y luego cultivaba una aproximación con Hugo Chávez, recomendarían al gobierno de los EEUU desmontar el programa que permite trabajar a 240.000 salvadoreños en la patria de George Washington, así como la supervisión estricta de las remesas que desde allá se envíen.  Como se dijo, pues, toda una camisa de fuerza, hecho que desde ya asegura para la gestión del nuevo presidente la carga política de una oposición basada en el chantaje, con historial extremista de “escuadrones de la muerte”, peor, incluso, si derrotada en las recientes elecciones.

De los EEUU, ni hablar.  La sobre seguridad que comporta el saberse sostenedor financiero del pequeño país centroamericano pareciera darle patente de corso para hacer y deshacer con sus conceptos de soberanía, incluso en una situación adversa ideológicamente para sus intereses como la de hoy, cuando se impone la izquierda política y se supone se inicia un proceso de desmitificación neoliberal. Ya vimos, en fin, como el embajador de los EEUU pareciera darle permiso a El Salvador para que establezca relaciones con Venezuela y Hugo Chávez, sin que ellos, el país “generoso” y “justiciero”, sientan hostilidad.  Dizque El Salvador es soberano en la materia y ellos son respetuosos de la autodeterminación de los pueblos...

Ya sabemos a lo que ello apunta.  Veladas amenazas de guerra y sometimiento, ni más ni menos, peor la fuerza imperial si se sabe con el brazo ejecutor del ahora opositor partido ARENA.  Pero también sabemos hacia dónde tiende el corazón del hombre cuando lo puebla la solidaridad social y el amor a su país.  De forma que no tiene porque determinado presidente andar declarando hacia dónde se inclina su razón y pensamiento, sino demostrar con hechos su voluntad de transformación patria.  Cuando la batalla empieza, si la conciencia social de los hombres al mando es cabal, a la final estarán todos de la misma estirpe unidos en un mismo lado.  Las sutilezas, las declaraciones, la política en general, tiene que ser un marco y recurso de la misma guerra.

Mirando la historia de miseria secular de la América Latina, sus lacayismos, sus faltas de respetos a la conciencia propia, la injerencia extranjera, la falta de dignidad nacionalista, el entronizado modelo de explotación económica, la misma historia de sus países escrita y acomodada a particulares intereses, la burla desinformativa de sus medios derechistas de comunicación, sus asesinatos y escuadrones de la muerte, su poca o nada propiedad sobre lo que le pertenece, con su lastre de miseria humana colectiva; no queda sino un enemigo a combatir en busca de la felicidad de los pueblos:  la derecha política cuando pretende abrevar en su origen monárquico, el sistema neoliberal imperante, generador de miserias, el imperialismo en todas sus formas.

Decir que la izquierda política resurge en el continente y se hace esperanza en el mundo incluso llamado “desarrollado” no tiene porque mirarse como un efecto único de la quiebra neoliberal, que, como sea, ya tuvo su tiempo de ejercicio.  Es que la esperanza está y ha estado siempre en el Hombre, en su capacidad de solidaridad social, de amor al prójimo, en su hecho social de animal gregario.  La doctrina socialista ahora, con la caída de los ídolos del sistema capitalista y neoliberal, rebrilla allí en el rincón donde ha estado siempre, con su propuesta humanizante y salvadora de mundos.  Ir hacia ella es inevitable, dado que el mundo ya da síntomas de no ser capaz de soportar más el personalismo, egoísmo y la explotación colectiva humana que comporta el sistema salvaje del cual intenta desembarazarse con estremecimientos de crisis.

Nuestros mayores deseos de libertad para El Salvador.

¹ “Consenso de Washington” [en línea].  En Wikipedia. – 21 mar 2.009. - [Pantalla 2]. - http://es.wikipedia.org/wiki/Consenso_de_Washington. - [Consulta:  27 mar 2.009].

lunes, 23 de marzo de 2009

La cultura del malandraje en un país sin la pena capital. Caso Manuel Rosales y otros remanentes del viejo modelo político venezolano.

Imagen tomada de Sute Sector VII Manuel Rosales, ex gobernador del estado Zulia y actual alcalde de Maracaibo, fue militante de Acción Democrática (AD), como del partido COPEI lo fue el también ex gobernador del estado Yaracuy, Eduardo Lapi.  Ambos, pues, como sea que son jóvenes políticos, pertenecen a lo que se ha denominado “IV República”, según nomenclatura propuesta por el actual proceso de cambios que lidera Hugo Chávez.  Y ambos están señalados por la justicia venezolana por delitos de corrupción, el primero en trámites de juicio y el segundo en fuga.

No es casualidad.  Uno y otro nos retrotraen hacia las neblinas del pasado político venezolano, ese bochorno insoportable de la Historia del país, donde el oficio de hacer política era como una escalera para ascender hacia niveles inmorales de riqueza monetaria y de ejercicio del poder, regularmente arbitrario, sin ningún tipo de correspondencia con la premisa popular, que es a lo que se debe a fin de cuentas un político.  La posición política alcanzada era como una tajada que se le sustraía a ese oscuro mar de riqueza fortuita que es el petróleo, cuya capacidad de enriquecer a quien de algún modo lograba un puesto dentro del establishment explotador de sus recursos es temporal y limitada, dado que el petróleo, la fuente de la riqueza del país, es un material no renovable.  De modo que quien hacía política era un “vivo”, un avispado, una preclara inteligencia que comprendía que tenía una sola oportunidad para resolver su vida, porque privaba en el ambiente la noción de que todo se podía acabar de un momento a otro y había que ponerse las “pilas”.  Ni más menos la sensación de un “país portátil”, embolsillable en virtud de su nada auténtica y perdurable condición, como invita a pensar uno de los libros de  Adriano González León.

Explicándose así, por causa de la visión cortoplacista a la que obligaba el modelo político-económico petrolero, tanta gestión fraudulenta, tanto robo en tiempo record de una administración política, tanta desfachatez que embadurna el criterio a la hora de balancear el más lamentable capítulo político de la historia de Venezuela, tanto más inmoral cuanto más presumía de ser “democrático”.  Ni siquiera la época de la tiranía de Gómez o los excesos del perejimenismo igualan semejante histórico cinismo, dado que en modo alguno llegaron a basar su estamento político en la voluntad popular, como sí lo hicieron los sucesivos partidos de la democracia venezolana:  AD y COPEI, y todos los que por esta línea quisieron.  Probablemente una de las pantomimas más espectaculares en la historia del planeta para explotar a un pueblo, tácito acuerdo o silencio para saquear de la manera más vil la riqueza de un país.

Juan Vicente Gómez enviaba abiertamente el petróleo a los gringos, sin negarlo ni hacer escándalos por ello; adecos y copeyanos, cuando les llegó la hora de ejercer el poder, hicieron lo mismo, pero llamándose demócratas, engañando a todos con que habían revolucionado el país y su economía, y con que ¡ahora sí! los beneficios de la riqueza patrimonial eran para el pueblo.  Y ya sabemos lo que resultó “pueblo” para ellos:  un oficio político para encauzar la vieja riqueza hacia las nuevas manos en el ejercicio del poder.  Una entelequia discursiva de la división de clases y destinos.

De modo que al mamarracho de la venta nacional a intereses extranjeros se le sumó la burla del “discurso democrático”, sofisma incansable que hizo su mayor esfuerzo durante medio siglo para intentar “graduar” al pueblo venezolano como uno de los más estúpidos del sistema solar.  Expresiones como “Con AD manda el pueblo” o “Con AD se vive mejor” constituyeron suertes de niveles de excelencia académica durante la inducción.  Ni más ni menos la misma burla de la que hablamos, que personas como Manuel Rosales o Eduardo Lapi pretenden hacer tragar a los venezolanos el cuento de que su riqueza les manó del suelo o ya la poseían antes de ser políticos, tanto más audaz, cuanto más parece que el tiempo del  “adequismo” o “copeyanismo” era cosa del pasado.

Pero ya vemos que no es así.  Apenas un pedúnculo de esos del pasado tiene la oportunidad de ocupar un cargo dentro de la administración pública, se desata en una furiosa carrera por el enriquecimiento ilícito, como si el país se les fuera a acabar de un momento a otro (tal es su mentalidad) y como si el pueblo de Venezuela continuara siendo el mismo idiota de todos sus tiempos.  Pretender que un “maestro de escuela” (mis excusas si parece peyorativo para los del gremio) como Manuel Rosales acumuló una riqueza tan descomunal durante su trabajo, como la que actualmente se le sospecha, es tan absurdo como intentar explicarlo a través del oficio mismo de gobernador o alcalde, con todo y que son cargos que suponen una mayor remuneración económica.  Lo mismo Eduardo Lapi, quien prácticamente sin ejercer como abogado pretende convencer al “tonto” pueblo venezolano de que la cantidad de dinero con se “resolvió” la vida nada tiene que ver con su gestión como gobernante.

“En China al corrupto se le castiga con la pena de muerte, sin mal no es mi recuerdo de que hasta no hace mucho ahorcaron a uno por ladrón de la administración pública.  En Venezuela es anticonstitucional cualquier procedimiento que niegue la vida, por tener el venezolano derecho a ella de modo “inviolable” [...]  Ni siquiera cuando su dinero mal habido sea responsable de derramamiento de sangre, lo cual es un modo particular y capitalista –digámoslo así- de tener implementada la pena de muerte. “

Uno y otro pueden vivir el resto del sus días sin trabajar más, réplicas presentes de tanto bicho cosificado del pasado, que ocupaban una curul política y después se echaban a dormir, como dejando que la vida se preocupase por ellos, en vez de ellos por su propia existencia, como manda la Naturaleza.  Como tanto ejemplo legendario de ese pasado, como Vinicio Carrera, quien se robó el presupuesto completo de la autopista de Oriente y vive de lo “mejor” en un país europeo; o el mismo Carlos Andrés Pérez, lego cuya riqueza parece convertirlo en una “docta” figura de la supervivencia política cuartorrepublicana; o Blanca Ibáñez, la llamada “barragana”, de quien se dice hasta se mandó a comprar un título de abogada en la Universidad Santa María.  La lista, por lo largo, es prácticamente innombrable, y toda ella pretendiendo hacer de la estupidez del pueblo una virtud, tanto más pulida cuanto más creyese que los bienes patrimoniales finales eran los mismos del principio de la carrera política de cuanto bicho hubo en la IV República, y cuanto más creyese –la gente- que era así porque se trabajaba para ella, para el pueblo.

¿Qué se le puede hacer?  Son –Manuel Rosales y su combo histórico corrupto- sombras del pasado proyectadas hacia el futuro, como el mítico cuento platónico de la verdad en una caverna, cuyo inaccesible ser apenas es reflejado a contraluz en sus paredes.  Viejas mentalidades, modos de vida, visiones de mundo, probablemente extinguibles cuando su portadora generación viva desaparezca, no obstante la naturaleza infinita de las ideas.  “Adeco es adeco hasta que se muera”, reza el dicho corolario de tan insólita manera de asumir que un pueblo es tan idiota como para que crea que la riqueza que se gana uno es la de todos, y legítima, de paso.  Tal cual como nos está sonando el cuento hoy del ex gobernador del Zulia, ex candidato presidencial, actual alcalde del municipio Maracaibo y, en un tiempo y principio, maestro rural, Manuel Rosales, de quien se rumora no le alcanza la gente allegada a nombre de quien colocar sus bienes para disimular el esfuerzo de tanto trabajo.

No faltará quien arguya que la actual gestión de Hugo Chávez está llena de adecos y copeyanos, soterrados todos, visibles nomás cuando se les aclara la esencia y se ven obligados a “saltar la talanquera”; que Hugo Chávez no pudo aparecer en el panorama político venezolano como un ser extragaláctico, necesariamente hecho de la sustancia adeca y copeyana de la matriz contextual, con figuras exponentes ya de vicios tan criticados del pasado, como el robo y el expolio, nombres luminosos  como Raúl Baduel –otrora amigo-, quien supuestamente hasta hace poco mudaba su riqueza hacia Colombia, al mejor estilo cuartorrepublicano, o Luis Felipe Acosta Carlez –ex compañero de armas y ex gobernador del estado Carabobo-, de quien aseveró el mismo presidente se vio implicado en el clientelismo y en propios negocios de casinos. 

Sin duda, toda una argumentación, con ocurrencia presente de lo que se quiere extirpar del pasado.  Probablemente arguya también el criticón que la lista rebasa a esos dos nombres emblemáticos, y nadie se lo podrá negar.  Son hechos que, prescritos o no, flagrantes o lo que sea, en vez de desvirtuar la presente reflexión, la abonan a la hora de afrontar uno de los peores vicios de la Venezuela petrolera, con todo el bagaje de su cultura facilista, cortoplacista, personalista, tramposa y traviesa, rasgos que la hacen ver como la patria del fugaz chorro de riqueza natural del que hay que tomar una gota antes de que se acabe, más rápido que cualquiera de los otros venezolanos restantes.  Es un modo de vida la cultura de la corrupción, sistemáticamente estatuido en el peor periodo de la historia política de Venezuela, petrolero por excelencia.  No mengua así como así su legado de mirar sólo el presente y el futuro como un olvido de que tuvimos un pasado original republicano poblado de valores y grandes ideales que colocan al Hombre a lado de la noción de Patria, y a la Patria sobre la noción de “hombres”, en su figura de pequeñas criaturas plagadas de vicios y debilidades, tales como la mezquindad, el personalismo, la ostentación, la paradigmática plaga capitalista neoliberal de explotación del hombre por el hombre, en la que el oro vale hombres, pero los hombres no valen oro.

En China al corrupto se le castiga con la pena de muerte, sin mal no es mi recuerdo de que hasta no hace mucho ahorcaron a uno por ladrón de la administración pública.  En Venezuela es anticonstitucional cualquier procedimiento que niegue la vida, por tener el venezolano derecho a ella de modo “inviolable”, aspirando a corregir la plaga a través de la toma de conciencia social e histórica, el fomento de valores patrios y el desarrollo de una propuesta socialista fundamentalmente humanista y libertaria.  Tanto menos (hay que decirlo) es viable que ahorquen a alguien por corrupto, si todavía la Revolución Bolivariana no ha logrado revertir ese pedazo de conciencia cultural que nos la presenta a los venezolanos como un hecho natural, dado, casi manante de la tierra como el petróleo mismo, con todo ese facilismo que jalonea hacia la riqueza fácil.  Ni siquiera cuando su dinero mal habido sea responsable de derramamiento de sangre, lo cual es un modo particular y capitalista –digámoslo así- de tener implementada la pena de muerte.  Para el caso, el nombre de uno de los gobernadores mencionados (Eduardo Lapi) aparece mezclado en un ajuste de cuentas de un dirigente agrario, no atreviéndose quien escribe –por no tener pruebas más allá de dichos- a exponer aquí algunos señalamientos en este sentido respecto de Manuel Rosales.

Tanto es así que una vastedad del pueblo venezolano (¡hay que decirlo!) mira el hecho como una normalidad, alumno perfecto del pasado –se dirá-, contemplando a la política como una oportunidad para el latrocinio y el ventajismo.  Y tiene que ser altamente revolucionario (como dejar que Venezuela dependa del petróleo o distribuya más justamente  su riqueza) que el oficio de político sea visto como un trabajo más, como el de educador o policía, pongamos por caso, cuya paga tenga que alcanzar para vivir dignamente mientras se le dispensa prosperidad a los demás.  Tal tendría que ser el ideal, tanto más cuanto el país ensaya cambios cruciales en su genética social y cultural, y no que tengamos que vivir contrasentidos alarmantes como el de un “educador” metido a político para enriquecerse de una vez por todas, tal como venimos hablando del ex gobernador Manuel Rosales o de prófugos como Eduardo Lapi y otros tantos otros.

jueves, 19 de marzo de 2009

Poder envolvente y limitación presidencial

Imagen tomada de www.unida.org.ar Un hombre en el poder no lo puede cubrir todo (eso, precisamente, mide su poder).  Es tarea casi imposible, a menos que accedamos a una era completamente informatizada, globalizada de hecho, donde pueda atender las minucias de la realidad a través de paneles de control.  Y ya sabemos que ello suena a cuento de ciencia ficción, a robots descerebrados abocados siempre al trabajo mecánico.

Debe contar necesariamente ese hombre en el poder con tentáculos que pulsen la vida y luego, a través de informes, le rindan cuentas. (¿Hay otra forma, según vida tan acostumbrada?). Y esos tentáculos son los hombres de confianza, los elegidos por el pueblo en su campaña, sus ministros, delegados o comisionados.  La vida política, social y económica, dividida en sectores, presentada a su instancia principal para la toma de decisiones.

Al menos es el formato tradicional, ensalzado por la historia, por leyendas, por caídas y subidas de imperios a lo largo de los siglos, por tanto experimento monarquista y derechista de este mundo que se vende como salvador de la patria, con hartas promesas populares para luego olvidarlas cuando se conquista el poder.

Como consecuencia se tiene que la información sobre la realidad llega “matizada” al jefe, dado que sus tentáculos la filtran de acuerdo con sus propias limitaciones e intereses.  Un ministro de tierras, enconado contra un latifundista y ansioso porque quizás su propio negocio terráqueo le funcione, presentará recomendaciones probablemente de confiscación contra el bellaco, enemigo número uno –pongamos por caso- de sus propias operaciones comerciarles.  Y así con todos. El hombre es la medida de las cosas.

El jefe de Estado, rey, emperador, tirano quien sea que detente el poder se sumerge indefectiblemente en un ciclo de descomposición hasta que pierde el afecto de quienes lo sustentan en el poder, por obra y gracia de la decepción, hundiéndose en la caída.  Es cuento viejo.

Entonces, hartos ya de ver cómo el perro siempre se persigue la cola, los mirones empiezan a interpretar y a dar sus juicios, concluyéndose casi siempre que un mandatario, antes de serlo, debería quedarse siempre como candidato, es decir, recorriendo siempre su país, en contacto con la realidad aunque sea buscando el voto, conectado directamente con la vida, de modo tal que nunca empiece a sufrir el proceso de disecación sensitivo propio del poder.   Es cuento también largamente debatido, apuntante siempre hacia las fracturas del poder, de la imperfección del sistema de cosas humano.

¡Qué ideal sería que un ministro o amigo no le versione los hechos!  Que su pueblo, en consecuencia, no le pierda el amor que lo enalteció hasta las alturas. Que él mismo no pierda su propiedad moral, esa, la iniciática que lo llevó a canalizar los millonarios fragmentos de esperanzas depositados en él desde la vertiente popular.

Pero ya sabemos que es una misión casi imposible.  La generalidad de los jefes, si no tiene un plan previsto de acción, de aplicación impertérrita por encima inclusive de la incomprensión de las grandes masas populares (dictadura), resuelve sus problemas “reales” sobre la marcha de los acontecimientos, según complazca o no el afecto popular (populismo) o de sus amigos ricos (plutocracia), en consecuencia, procurando mantenerse en el poder.  La generalidad, por lo general (valga el juego de palabras), trabaja según prioridades, muchas veces perdiendo la perspectiva dentro de los “problemas serios”, como muchas veces descuidando un pequeño problema que, al crecer de pronto, le resta el amor de sus seguidores.  Y como la vista se especializa en ver “grandes problemáticas”, lo usual es que de ordinario la nueva  “nimiedad” no sea vista, no entre en las consideraciones, no tenga de hecho lugar en los previstos planes, no tenga una boca defensora en la mesa de las discusiones.

Porque el rollo es –repetimos- que tanto el ojo del que manda como el del que es mandado se especializa en trabajar con lo esbozado, con lo familiar, en no ver molestos fantasmas que de suyo pretenden romper esquemas.  Como si pudiéramos decir que a un Consejo de Ministro, por ejemplo, no pudiera entrar lo no contemplado, acordado, planeado, delineado...  Lo sobrenatural, pues, para el caso.  De modo tal que podría concluirse que es posible que ministros y jefes de Estado terminen por tomar como sobrenatural hechos de la realidad popular no racionalizados dentro de los lineamientos del esquema electoral con el que accedieron al gobierno.  Hechos que nacen o se multiplican durante el ejercicio.

Omitiendo la más pesada carga de esta suerte de crítica, dado que su gobierno se ha preocupado por mantenerse en contacto con la problemática popular y dado que él mismo, el Presidente de la República, de ordinario se pasea por los recovecos del pueblo gobernado; ni el mismo Hugo Chávez ha podido escapar al uso y abuso del paradigma de poder del que hablamos, si nos ponemos en el plan de entresacar al menos un “problemilla”.  Probablemente confiado en que era una variable multiplicada por la desinformación de los grandes medios de comunicación, se dejó tragar por el problema de la inseguridad entre los venezolanos, terrible plaga que, en virtud de tantas quejas, tanto de afectos como de desafectos, finalmente se permitió montar sobre la mesa de las discusiones, siendo irrelevante la consideración sobre su naturaleza u origen, si provocada o espontánea, y empezándose a mirar como una lacra que causaba serios estragos en la población.

Mucho fue el analista que empezó a razonar que lo que tenía entre ceja y ceja el presidente no era ni siquiera la búsqueda de votos, dado que este asunto, arteramente explotado por los medios opositores, le restó presuntamente un significativo porcentaje de apoyo electoral en la justa pasada de aprobación de la Enmienda Constitucional.  Mucho fue el que especuló decepción, porque el Ejecutivo Nacional no miraba una materia que ya era problema de todos.  Finalmente, como sabemos, la problemática de la inseguridad ya ha sido asimilada por el gobierno central como una plaga a combatir, aunque quede el sabor de presentir un defecto en el sistema, y en un sistema que precisamente se precia de comunal, de vaso comunicante con los extensos sectores organizados en comunas, mismas que como ríos, en virtud de una organización socialista-partidista, tendría que rendir sus aguas en la mar principal, con el todo el bagaje informativo que sus aguas suponen.

“Es inevitable que en toda administración imperial las partes tengan función pretoriana, como la misma cabeza.  No de otro modo se puede sustentar el monstruo imperial, afincado en una situación de contubernio digamos universal.”

El caso del presidente Chávez es una nimiedad del tema, que sacamos a flote por el esfuerzo de ser minucioso y  hablar a propósito de nuestra realidad nacional.  El mundo y la Historia, como dijimos, están llenos de demasiados ejemplos, hasta el grado que es un lugar común mencionarlos.  Finalícese el punto hablando sobre un nuevo personaje en el poder, Barack Obama, flamante presidente de los EEUU.

Su caso es emblemático.  Asume dentro de una estructura definida específicamente para “ver” lo delineado por el sistema de su gobierno imperial.  Esto es, sobre una realidad de funcionarios y personajes de visión predeterminada, puestos en sus sitios para ejercer un continuismo programático del sistema, independientemente del jefe de Estado que lo presida (republicano o demócrata), sacrificándose –como dijimos- nuevas y pequeñas eventualidades susceptibles de ser atendidas en la realidad.  Ni más ni menos un gobierno consular, compuesto por delegados de Estados por regiones que dimanan hacia el eje central sus interpretaciones definitivas de la realidad.  Y en función de semejantes informes, el mediatizado jefe de Estado toma decisiones, generalmente impregnadas del desconocimiento real de los hechos, en muchos casos personalizadas con el interés hormonal o político del funcionario a cargo de una región cualquiera.

Obama no es la excepción.  Sus trastabillantes primeros pasos en relación a América latina son de un científico desconocimiento de los hechos, como ya se había hecho tradición en los últimos años de gestiones de la Casa Blanca.  Incluso aún, de no ser por la importante visita que le hiciera Lula, estaríamos hasta tentados a decir que desconoce a ciencia cierta la atmósfera de cambios políticos que por estos lares se gesta, con países en revolución y una derecha política en franca caída; que nada sabe del tan viejo socialismo combatido otrora y que hoy se propone asumir la esperanza modélica de vida que el sistema del libre capital no pudo satisfacer.

La razón, aparte de la ignorancia propia:  nuevamente lo que dejamos sentado al principio:  los personajes del entorno, la gente que rodea al hombre del poder, los tentáculos que pulsan la tecla de la realidad, el sistema endurecido con la práctica perversa de la burocracia y los intereses personales.  La visión preconducida, más cuanto si no se es cabeza revolucionaria alguna y si la asunción del poder no implica compromiso para interpretar clamores de grandes masas populares, sino de sectores interesados en la conservación de cuotas de poder.

Ni más menos el gobierno de los EEUU, incluso con un Obama de los “cambios” electo en el poder.  Para muestra, dos botones.  Uno sobre América Latina y otro sobre las políticas de los EEUU en el Medio Oriente, cuyos viejos cónsules o nuevos funcionarios para “regir” la región constituyen una entubada previsión de lo que será el tratamiento o prioridad políticos.   Thomas Shannon, el Secretario Adjunto de Estado para Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos asegura para América Latina más de los mismo, ceguera política respecto de la nueva realidad en el continente, vencidos enfoques propios de la Guerra Fría respecto de la rivalidad capitalismo-comunismo, hecho que castra de antemano el establecimiento de una relación sincera en el marco de las transformaciones sociales y económicas que tienen lugar en el “subhemisferio”, como lo llaman ellos.  Su cargo estuvo calentado, paradigmáticamente, por las posaderas de otras pretorianas mentalidades políticas, como Roger Noriega y Otto Reich, depositarios arcanos de la ciencia de hacer política para América Latina, transida de colonialismo.

El otro punto trae a colación una materia ética respecto a la vocación y naturaleza de la llamada democracia, si estadounidense, peor.  Nos referimos a quienes en campaña financian al candidato, sea corporación o individualidad económico-políticas, mismas que posteriormente fungen, prácticamente, de gobernantes al cobrar el favor concedido al candidato ganador.  Como ha sido tradición en los EEUU, donde han mandado las cúpulas económicas, tiñendo con sus intereses las políticas nacionales que se suponen encarnan la voluntad del pueblo.  El gobierno de George W. Bush fue el mejor exponente en este sentido, con un Vicepresidente sumergidos hasta el fondo con sus empresas petroleras y de reconstrucción de países arrasados por sus propias invasoras guerras, y con una comitiva de perros de la guerra empujando las políticas guerrerista de una gestión de gobierno que, como se vio, condujo a los EEUU a una situación de crisis económica y credibilidad política, en nada afectando, como es lógico, los bolsillos de los grandes magnates, gentica para la que se gobierna, después de todo.  Incluso hoy, con Obama, se siguen emitiendo  gigantescas ayudas financieras a quienes, a fin de cuentas, no la necesitan y, peor aun, comportan la responsabilidad de los desastres.  Es el sistema “democrático” imperial...

En propiedad, desde el punto de vista de un financista empresarial que eventualmente haya comprado favores con Obama, no es el caso de Rahm Emanuel, pero si se sabe que capitalizó significativa ayuda económica en el 2.008 de parte del mundo económico financiero de Wall Street.  Semejante perfil, sumado a su posición belicista respecto de Irak, no deja grandes opciones de cambio cuando es designado por Obama como jefe del gabinete.  Posición que se consolida con la previa escogencia de Joe Biden como Vicepresidente, otro promotor de lo mismo bélico.

De modo, pues, que el entorno encajona, como decimos en Venezuela para designar la predeterminación de un acontecimiento.  Es relativo el poder de un hombre de poder, según llevamos considerando el impacto de sus allegados funcionarios políticos.  La visión e interpretación de la realidad política y económica puede toparse con los nubarrones oscurecedores del criterio de otras personas o corporaciones interesadas.  Respecto de Venezuela, el cambio de paradigma ya es revolucionario, pues el país tiene un presidente que se ha esforzado por no caer en semejante disecamiento (Venezuela es una república, en nada aspirante a imperio); y respecto de los EEUU, el caso es ya tradición, forma de uso que seguramente habrá de acabarse con la caída del sistema.

Es inevitable que en toda administración imperial las partes tengan función pretoriana, como la misma cabeza.  No de otro modo se puede sustentar el monstruo imperial, afincado en una situación de contubernio digamos universal.  Ello imposibilita los ansiadamente esperados cambios.  Para los ejemplos que llevamos dichos, el sistema político imperial estadounidense, según necesidad de subsistencia y satisfacción de intereses económicos, está barajado de antemano para América Latina y el Medio Oriente.  Semejante cambio de enfoques pasa por la quiebra de intereses corporativos económicos y por la fractura de los moldes de poder político proyectado en las regiones.

viernes, 13 de marzo de 2009

Reacomodo mundial y joyas de la crisis

Reacomodo de fuerzas Las crisis descubren cosas.  Develan.  Levantan ronchas y aporrean el amor propio de dignidades y señoríos.  Por lo general quien la empieza a sufrir, posterga su descubrimiento lo más que pueda, no sea que su eventualidad noticiosa comience a afectar el ritmo normal de lo que le queda de vida.  Por supuesto, el esfuerzo habrá de hacerse hasta que la evidencia de los signos y síntomas lo permitan.

Ni más ni menos como lo hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI) hace poco, cuando reconoció que había una crisis en curso en el mundo y, sobremanera, en los EEUU, el bastión del sistema capitalista mundial.  El tal reconocimiento se hacía cuando ya desde hace rato había desbandada, las bolsas caían, la gente perdía sus trabajos y casas.

Toda una burla caza-bobos, se dirá, intentando el “sistema” funcionar hasta el final, aunque sea fraudulentamente, por un lado intentando proseguir con su tarea de captar nuevos tontos para sus redes de préstamos e inversiones, del modo más ridículo, a pesar de la completa sensación de falta de seriedad y garantía; y por el otro, echando mano de las más increíbles medidas para mantener la salud financiera, como es el hecho que un Estado capitalista viole las reglas de libre mercado y se lance a subsidiar a la banca, en medio del más abierto comportamiento estatista de un Estado socialistas.  Cosas de la vida.

Como un enloquecido enfermo de SIDA en su fase inicial, cuando la evidencia de la enfermedad todavía no es tan impactante como el hecho de saberse contagiado, lanzado a tener tratos sexuales  con otras personas, sanas, renuente a aceptar la crítica realidad.

Las crisis, pues, siendo corolarios de una enfermedad, para nuestro cínico ejemplo de mundo contemporáneo dosificando la verdad, descubren la enfermedad, casi siempre cuando es tarde para resguardarse de ellas.  Por más avisado que se sea en la prevención, no puede contarse con los medios de protección, dado que el “sistema” no lo permite, como si propusiera egoístamente el hundimiento del Todo con el Uno.  Así es de perfecto el sistema.

¿Quien diría que aquel profesor ruso tenía razón, por allá en 1.998, cuando vaticinó la actual crisis que se vive en el mundo, además de otros aspectos que se suponen están por cumplirse, como una guerra civil en los EEUU y su eventual fragmentación en seis partes de influencia nacionalista?  El decano de la Academia Diplomática de Rusia, Igor Panarin, cuando lo dijo fue zarandeado por los gritos de furor de los otros expertos asistentes a la Conferencia Internacional “Guerra de Información”, en Austria, donde dejó sentado que la “fuerza destinada a destruir EEUU tendría una naturaleza financiera y económica a partir del dólar que no tiene ningún respaldo y en consecuencia es una moneda carente de valor.” (1).

En fin, para los efectos que nos ocupan, se han realizado otros “hallazgos”, ya no tan torpes nosotros en el arte de adivinar cosas, menos dados a dejarnos embotar por los efectos de la guerra permanente de la información que el planeta vive.  Hallazgos en dos planos:  algunos a futuro, en las zonas de las proyecciones, si la expresión lo permite, como la misma crisis que se vive hoy, misma que estaba allí, latente y presente, en el pasado –digámoslo así-; otros como efectos directos de la misma crisis, en la zona real, ronchas del sistema imposibles de tapar, dado ya su avanzado estado de descomposición e incapacidad de ocultamiento manifiesta.

Al primer plano pertenecen los barruntos de que China pasara a ocupar una posición líder en el manejo de los destinos de la humanidad, hecho que, como cabe esperar desde que es un estado socialista, molesta en mucho a los cancerberos ideológicos del planeta.  Pero es mejor decirlo con las palabras del profesor Heinz Dieterich, quien lo hace de la mejor manera, hundiendo con fuerza el dedo en llaga:  “El futuro de la humanidad está intrínsecamente vinculado al futuro de China y de su conductor decisivo: el Partido Comunista (PCC)” (2).  El partido comunista dando a luz a nueva potencia, como en el pasado lo hizo con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.  Es para que un montón tiemble.

El mundo se debate y rebate con inocultable vehemencia.  Así son las crisis.  Busca su reacomodo, su nuevo equilibrio, figurándose de hecho la fractura del sistema capitalista imperante.  Al mismo modo de quien se figura su muerte, en medio de una de sus crisis, elucubrando de una vez su lugar final en el cementerio.

Al otro plano pertenecen la mayoría de las joyas recién descubiertas, en virtud misma de los implacables acontecimientos críticos.  Si volteamos la vista hacia un punto anterior a la declaración oficial de crisis que hiciera el FMI –¡que calamidad con estas instituciones, porque a pesar de ellas, ya el mundo estaba en crisis de antemano!-, nos encontramos con el desfalleciente imperio de los EEUU dando un paso en falso en el Cáucaso, dejando en evidencia una aterradora verdad para la gran Europa (la mesnada de los EEUU):  su vital dependencia del tráfico que en su sentido se haga desde el Mar Caspio.  Al imperio capitalista, el maquiavélico, el de las fementidas revoluciones de colores, el injerencista, el contracomunista, las cosas ya desde hacía rato no se les estaban dando de lo mejor.

Y ya en el presente, en medio de la espectacularidad de la crisis, cuando se quiebran bancos y empresas y se pierden millones de empleos, se descubre otra reluciente “joya”, ya como efecto consiguiente, en la línea de las palabras perturbadoras de Panarin:  George W. Bush le tenía preparado a su país un estado de excepción, mismo que suspendería las libertades de expresión y de prensa, previstas en la Primera Enmienda de la Constitución.  De acuerdo con investigaciones que realizan algunas llamadas “comisiones de la verdad”, nuevamente el argumento de la lucha contra el terrorismo –esta vez en propio seno- alcanzaría para cubrir la polvareda galopante de las urgencias críticas del sistema (3).  La tal lucha haría el papel de tapujo para disfrazar las debilidades internas en materia de orden social y financiero.  Simplemente arrestos de dictadura en la “mejor democracia del mundo”.

“Como si dijéramos que la revolución tendría que ir más allá del monto y distribución de una determinada riqueza, que es un hecho a posteriori, centrándose en su fuente, en el modo humano cómo y de dónde se obtiene, de tal forma que las garantías sobre su inagotabilidad sean incuestionables”

Pero hay más de este mundo que gira y gira, eternamente reacomodándose, alimentándose de sus propias eventualidades.  El 4 de febrero del año en curso la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) aprobó en Moscú la creación de una “fuerza de reacción rápida”, conformada por siete nuevos países posteriores al desmembramiento de la vieja URSS.  Tales son:  Rusia, Bielorrusia, Armenia,  Kazajstán, Kirguizistán, Uzbekistán y Tayikistán, sin contar que ya China, junto a la misma Rusia, andaba en plan de suministrador de armamento a esa regiones a través de una organización de ejercicio militar concebida para contrarrestar influencia estadounidense en Asia Central:  Shanghai Cooperation Organization (SCO) (4).  Como paredón frontal a la vieja Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), podría decirse en esta honda discursiva del mundo cambiante, al menos en fase incipiente.

En materia petrolera, la cosa no se queda atrás, y menos aun cuando el llamado oro negro circula por allí como un río linfático crítico, dando avisos mortales de su agotamiento, lo cual pone en alerta a las grandes potencias industriales consumidoras, como los EEUU y Europa, además de la misma China.    No podía salirle peor la jugada imperial  a los EEUU en su afán de asegurar geoestrategia y petróleo con su toma del Medio Oriente, específicamente Irak, donde, por cierto, no ha podido retirarse con sabor a triunfo.  Al efecto desmoronante de ese país como miembro surtidor importante de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) surge el hecho compensatorio de que en breve Rusia, el segundo mayor exportador del rubro, pueda unirse al cártel, creándose una corporación petrolera realmente monstruosa.  Lejano quedaría el sueño que una vez manifestara Ronald Reagan, el supuesto artífice de la caída soviética:  poner a la OPEP de rodillas.

Para Venezuela, “pequeño” país que forzosamente entra en estas consideraciones sobre transformaciones y destinos del mundo, algunos cuentos y cuentas son inevitables.  Se puede empezar reseñando lo que es una evidencia y, en consecuencia, materia combatida desde los EEUU, quienes se sienten desplazados en su poder de influencia, incluso sobre el terreno de su propio “patio trasero”, como nos bautizara Monroe hace muchos años:  en virtud de un gentilicio político libertario, curtido de gestas independentistas, y de las bondades socializantes de una ideología que recoge los destrozos ocasionados por la contraria (el sistema capitalista), Venezuela capitaliza y comanda la fuerza transformadora en un vasto sector del planeta, como es América del Sur.  Incluso, va más allá, y en la actualidad encarna la esperanza de reanimación de la izquierda internacional, como afirma Diana Raby, una investigadora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Liverpool (Inglaterra) (5).

Fíjense en los pronósticos y proyecciones respecto del país, a propósito de crisis y sus llagas y hechos al  descubierto.  Muchas son ya las voces, expertas o institucionales, que proyectan cómo la crisis no tendrá traumática incidencia en el país, ni siquiera en el continente, emergiendo la economía del Bolívar a contracorriente de la mundial, de agregado, como un islote reservorio de hidrocarburos.  Algunos habían previsto ya que el desligue económico de Venezuela respecto de los EEUU ya le aseguraba un menor impacto de la crisis, dado que, como demuestran los hechos hoy, los países más afectados son aquellos cuyas economías están en ese país ancladas, como México, Centroamérica y parte del Caribe.

Otros, como una organización alemana empresarial, Lateinamerika Verein (LAV), y la CEPAL, pronostican el crecimiento económico a contracorriente en 3% de América Latina, así como una situación “privilegiada” del país en virtud de sus  ahorros y petróleo, respectivamente (6).  Ya para el 2.008 el informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) declaraba que el “crecimiento económico venezolano cerrará este año por encima del promedio de Latinoamérica, como ha venido ocurriendo desde 2004” (7).

Por supuesto, hay la expectativa por descubrir las verdaderas debilidades y fortalezas del país en el marco precipitante de la crisis financiera mundial, que, aunque en grado menor afecte a Venezuela, ni dejará de significar que es una crisis como sea ni aflorar en pestes y pústulas en su economía, cualesquiera sean, de la misma manera que a cada quien le ha tocado lo suyo, positivo y negativo, como venimos diciendo.

A las palabras inquietantes del Ministro del Poder Popular para la Economía y las Finanzas, Alí Rodríguez Araque, en el sentido de que la empresa socialista venezolana no depende de los ingresos petroleros, se le puede anteponer un mundo de contraargumentaciones, una de ellas que la posición de vendedor de petróleo del país, el segundo con las más grandes reservas, lo privilegia y hace promisorio sortear la crisis.  Pero las palabras del ministro se pronuncian propósito de la caída de los precios del crudo y sobre el contexto de que el presupuesto anual 2.009 se planificó sobre la base de un precio a $60 el barril (8).

Demás está decir que el puntillazo final que nuevamente pone de relieve la preocupación implícita en las palabras del ministro, es la declaración de la OPEP, en su informe correspondiente a marzo, donde prevé una caída en la demanda a razón de 1 millón de barriles diarios (9).  Sin duda, una severa prueba para la patria de Bolívar, con todo y lo icónico que pueda representarse en materia de cambios políticos y toma de conciencia.

La crisis descubre realidades, levantando soslayados velos, como llevamos dicho.  Una hora crucial le ha llegado al país en su motorización de cambios políticos y correctivos sustanciales de prácticas aberrantes del sistema neoliberal en curso.  De manera que está por verse, en el marco de una situación pesimista que haga inútil una total dependencia petrolera, la capacidad de respuesta revolucionaria del país, en aras de una aleccionadora supervivencia política y económica.

Porque más allá del hecho realmente revolucionario de buscar equilibrar la distribución de la riqueza entre las diversas masas sociales de un país, para un país como Venezuela, de tradicional exportación petrolera, tiene que ser hondamente revolucionario dejar de depender económicamente en breve de tan irrecuperable recurso.  Como si dijéramos que la revolución tendría que ir más allá del monto y distribución de una determinada riqueza, que es un hecho a posteriori, centrándose en su fuente, en el modo humano cómo y de dónde se obtiene, de tal forma que las garantías sobre su inagotabilidad sean incuestionables.

A la Revolución Bolivariana le toca hoy demostrar que son ciertas las palabras del ministro Rodríguez Araque, en su inevitable sentido uslariano de siembra petrolera.  No se afirma que no sean reales las alusiones de su discurso, pero en el contexto precipitante de la actual crisis financiera mundial, de caída en la cotización petrolera, es forzado que surjan a la vista las carencias y fortalezas de la gestión gubernamental en este sentido, empezadas a cultivar a lo largo de una década ya, incluso bajo la salvedad de que un país no se cambia infraestructuralmente en semejante lapso de tiempo.  Pero para el caso, habría que considerar realmente revolucionarios los esfuerzos hechos hacia tal camino, sea ya tanto en la práctica como en la implementación de su sistemático enfoque.

Notas:

(1) “En Estados Unidos estallará una guerra civil que conducirá al desmoronamiento del país” [en línea].  En RIA Novosti. – 26 nov 2.008. - [Pantalla 3]. - http://sp.rian.ru/analysis/20081126/118553444.html. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(2) Heinz Dieterich:  “El Partido Comunista Chino crea la segunda superpotencia mundial” [en línea].  En Aporrea.org. – 24 sep 2.008. - [Pantalla 1]. - http://www.aporrea.org/ideologia/a73131.html. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(3) David Brooks:  “Bush tenía preparado un virtual estado de excepción para EU” [en línea].  En La Jornada. – 5 mar 2.009. - [Pantallas 3-4]. - http://www.jornada.unam.mx/2009/03/05/index.php?section=mundo&article=027n1mun. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(4)  Michael T. Klare:  “La nueva geopolítica de la energía” [en línea].  En Colombia Indymedia.org. – 11 mayo 2.008. - [Pantalla 9]. - http://colombia.indymedia.org/news/2008/05/86487.php. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(5)  Diana Raby / Modaira Rubio, entrev.:  “Investigadora inglesa Diana Ruby:  ‘Es fundamental la reelección de Chávez” [en línea].  En Aporrea.org. – 2 dic 2.008. - [Pantalla 3]. - http://www.aporrea.org/actualidad/n124988.html. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(6) Véase respectivamente “Entidad alemana: A pesar de la crisis mundial economía venezolana crecerá 4 por ciento en 2009 “ [en línea].  En Aporrea.org. – 24 feb 2.009. - [Pantalla 1]. - http://www.aporrea.org/actualidad/n129539.html. –[Consulta:  14 mar 2.009] y Juan Pablo Crespo:  “Cepal:  posición de Venezuela ante la crisis financiera internacional es privilegiada” [en línea].  En Aporrea.org [tomado de]. – 1 mar 2.009. - [Pantalla 1]. - http://aporrea.org/venezuelaexterior/n129865.html. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(7) “ONU: Venezuela es el país con más crecimiento económico” [en línea].  En CadenaGlobal.com. – 8 sep 2.008. - [Pantalla 1]. - http://www.cadenaglobal.com/Noticias/default.asp?Not=189706. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(8) “Plan socialista venezolano no depende de ingresos petroleros” [en línea].  En Agencia Bolivariana de Noticias. – 25 feb 2.009. - [Pantalla 1]. - http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=171301&lee=3. - [Consulta:  14 mar 2.009].
(9) “OPEP prevé caída de demanda mundial de crudo” [en línea].  En Aporrea.org. – 13 mar 2.009. - [Pantalla 1]. - http://aporrea.org/energia/n130583.html. - [Consulta:  14 mar 2.009].

lunes, 9 de marzo de 2009

La Internacional Venezuela

La Internacional (L'Internationale en francés) es la más famosa canción del movimiento obrero. Está considerado como el himno oficial de los trabajadores del mundo entero y de la mayoría de los partidos comunistas y socialistas así como de los anarquistas. La letra original, en francés, es de Eugène Pottier, y fue escrita en 1871 dentro de su obra Cantos Revolucionarios. En 1888 Pierre Degeyter la musicalizó.”

(Tomado de Wikipedia)

Desde que se ha transformado en el himno de los trabajadores del mundo, cada parte del mundo le realizó su arreglo. De modo que hay una versión, para venirnos con nosotros, de Latinoamérica y otra de España.

Dado que en Venezuela cursa en la actualidad una propuesta de desarrollo socialista y en su nombre y experiencia la izquierda internacional ha retomado un nuevo empuje, la circunstancia rinde para que intentemos una versión vernácula de tan histórica pieza. Venezuela es historia patria e historia de pueblo que lucha, con todo y que en las últimas décadas (en la llamada democracia) se le había sumido en un peligroso pantano de ensueños, y no precisamente de ensueños felices.

Afortunadamente de las pesadillas se despierta, y semejante valor es lo que comporta la realidad política y humanitaria de Venezuela para tanto país hermano bajo los mecanismos de la opresión y explotación, como para el socialismo internacional como humana propuesta para combatir crisis. Mientras la derecha política se hunde doctrinariamente, el socialismo se apunta con China y otras experiencias de país como la esperanza de desarrollo económico y tecnológico del planeta.

Por supuesto, el cambio implica traumas. No se hundirá sin arrastrar lo que del mundo pueda el susodicho enfoque, como ya ha demostrado ampliamente con sus explotaciones, invasiones, esclavismos y guerras. O mejor dicho, no se hundirá sin arrastrar lo que de mundo ha dejado. Como si la bola planetaria ha de pertenecerle a cualquier precio. … Vaya, vaya. El planeta tiene que ser una majestad donde dos o tres reyes hacen su agosto. En fin, la humanidad se apronta para sus infinitos problemas de guerra y paz.

Desafortunadamente se vive en el país una confrontación de clases sociales –se quiera o no aceptar-, sin embargo preámbulo necesario para el logro de la madurez y la toma de conciencia. Es un principio y un camino. Por ello hay tanto revuelo en el país, tanto estremecimiento, tanto ricachón y grupos elitescos dolidos por los cambios, enfrentados a las nuevas situaciones que no parecen prometerles el protagonismo acostumbrado. De pronto un desdentado empezó a ponderar que sus derechos ciudadanos no tienen por qué ser menos que los de un millonario… ¡Ummm! El país, sus recursos, sus potencialidades y capacidades de felicidad tiene que ser para todos.

Los dejo con La Internacional venezolana, que sigue hablando del tema y que ambiento con el siguiente audio colgado en Youtube, para que la oiga mientras lee:

Sonido instrumental:

Arriba el pueblo en Venezuela

De pie el hombre sin el pan

Vayamos todos a la lucha

Juntos por la igualdad

 

Enterremos todos los recuerdos

Que nublaron nuestro ser

Liquidemos el pasado vil

Hundiendo el miedo a vencer

 

Levantémonos todos

En la idea final

Que no es más que los pueblos

Vivan en igualdad

 

Levantémonos todos

En la idea final

¡Que no es más que los pueblos con valor!

Vivan en libertad

 

El día que feliz seamos

Ni ricos ni pobres habrá

El país será un mar de la dicha

De un Bolívar sin igual

 

Que la patria alcance para todos

Y el cielo sea nuestro hogar

Los recursos habrán de ser marco

De un desarrollo excepcional

 

Levantémonos todos

En la idea final

Que no es más que los pueblos

Vivan en igualdad

 

Levantémonos todos

En la idea final

¡Que no es más que los pueblos con valor!

Vivan en libertad

 

Sonido instrumental:

http://www.youtube.com/watch?v=8V7KdjmZw6w

jueves, 5 de marzo de 2009

Petróleo y venezolanidad o petróleo y supervivencia

Imagen tomada de La terminal Ciertamente doscientos años de reservas de petróleo parecen decirlo todo respecto del futuro de un país que base su expectativa económica en la salud del rubro en los mercados.  Doscientos años trascienden los plazos de varias vidas humanas y pueden generar un sentimiento de autosuficiencia tal que conduzcan a enfoques cortoplacistas, desgraciadamente desprovistos de todo cuido por el porvenir.

El petróleo no es el futuro del país.  No puede serlo, del mismo modo que no lo puede ser un gran bosque como alimento para muchos dinosaurios, por supuesto hablando siempre de especies herbívoras. Por más que el bosque retoñe, la multiplicación de sus comensales no le augura porvenir alguno.  Tanto peor respecto del petróleo -que en nada retoña y, por el contrario, se acaba indefectiblemente-  y de un país cuyos habitantes crecen año a año.

Es una herramienta de presente y así debe ser vista, nunca figurándose que el tazón de alimentos en que se traduce para el venezolano es un permanente manar de maná del cielo.  Nada por el estilo.  El petróleo se acaba y se la pasa sujeto a los misterios de los mercados y a la amenaza transformadora de la tecnología.  Su capacidad de conquista de prosperidad para cualquier país productor tiene que ser casi virtual, del día a día, cada atardecer satisfecho el país porque rindió el plato del día, pero cada mañana más preocupado porque rinda una ración de futuro.

Digámoslo así:  es una dotación con que el Creador proveyó al país mientras se las ingenia de qué diablos vivirá cuando se le agote.  Así de simple y final, de tal modo que para cuando el efecto paraíso llegue a su término se pueda aseverar que la inteligencia humana logró capitalizar en porvenir un recurso transitorio.  A la contraria, esto es que los animalitos de humanos se dediquen hedonistamente a tragar y beber mientras dura la dotación, se corre el riesgo hasta de extinción, para seguir con el cuento de los dinosaurios, dado que no habrían demostrado las criaturas del país capacidades ni valencias mentales para merecer la posteridad.

Por supuesto, no hay peligro para la especie con que un puñado de humanos desaparezca.  Hay unos 6 millardos de tales bípedos en el planeta, cada uno portando el gen de la imperializante necesidad de ocupar espacios, peor aun si son vitales, como rezaba la doctrina hitleriana.  Se habla aquí de nacionalidades, de sentimientos y economías desguarnecidas, a la buena de dios; de países vuelto trizas en el contexto de un mundo cada vez más confiscador en su globalización.  De Venezuela, pues, por si no lo adivinaba hasta ahora.

¿O no lo cree así?  ¿Se figura usted al país libre de la apetencia extranjera una vez declarado en quiebra?  ¿Se lo imagina íntegro, respetado en su soberanía y valores históricos?  ¿Se lo imagina Venezuela, un país –se dirá- que tuvo Historia, con una generación completa de próceres –¡ironías de la vida!- que en su tiempo forjó tantas otras patrias?  ¿Es difícil, verdad?  Lo más seguro es que a su mente acuda la sempiterna imagen de un árbol caído, del que todos hacen leña.  Una base militar, seguramente, de quién sabe qué potencia mundial; o una temible cárcel a la orilla del Caribe, como Guantánamo; o una zona verde como pulmón del mundo, parque natural patrimonio de la humanidad...  Los venezolanos podrían existir por allí, ¡como no!, como especie animal viva al fin, definidos por la nacionalidad mientras les dure el recuerdo.

Porque el tema del petróleo como herramienta del pan presente sin la cultura superviviente del futuro, está ligado al tema mismo de la venezolanidad, si se considera que en doscientos años de república casi la mitad ha estado coloreado por este aceite de las cavernas.  Si la previsión humana no racionaliza que semejante “normalidad” no es una inmanente naturaleza del venezolano, sin duda no habrá sentido de perpetuidad para la nación.  Tan grave la situación es como fácil tiene que ser para el entendimiento común que el petróleo no tiene que ser futuro, sino transición, como quedó insinuado arriba.

A los Estados Unidos de México les queda 15 años como era petrolera y, dado la poca conciencia de su dirigencia en este aspecto, los pronóstico para ese país son pesarosos.  Ya están declarados en recesión, como lo está también –¡qué casualidad!- su enorme vecino, sin una idea en mente compensatoria de lo que no es ser ya un país dependiente del petróleo.  Nadie dice que desaparezcan como nación, ¡por favor:  el mundo sin los mexicanos!, pero tiene que ser una pena que semejante gentilicio guerrero quede postrado a la buenaventura de otros, como esas existencias parásitas incapaces de sí mismas.  Ya una vez fue penoso que perdieran en el pasado un desmesurado territorio a manos de su gran amigo el vecino, como más que penosa es la consideración que una vez fueron un imperio azteca.

Es un clisé decirlo, pero las ideas no se pierden.  Van más allá de los cuerpos y parecen ser lo único con existencia eterna.  Juega Jorge Luis Borges con su poder –el de las ideas- y, en uno de sus cuentos, ilustra cómo desaparece un lugar de la Tierra cuando deja el último ser de acodarse de él.  Esto es, cuando desaparece la idea, o el recuerdo, para el caso.  Por contrapartida, suponer que el petróleo tiene poderes más allá de la idea y de las existencias, suena a condena.  Traer a colación que los antiguos griegos no han muerto, como consuelo para lo venezolano o mexicano eventualmente desintegrados, es quizás uno de los sofismas más arteros a los que puede acudir la estupidez humana para disimularse a sí misma.  De consternación tiene que ser la expresión del rostro cuando se enteren que en la Antigua Grecia no hubo petróleo o, si lo hubo, ya no lo hay hoy.

“Una patria es eso:  solvencia económica (visualizada a futuro) y suficiente poder político en la selva –valga el contrasentido- para alimentar el sentimiento de la unidad de pertenencia histórica.  Ello por sí solo genera el ataque y la defensa necesarios”

De manera que no hay otra vuelta, como dicen.  Lamentablemente la sentenciosa frase de que el mundo es una selva es cierta.  Nadie vive en él sino es por el mérito de su propia fuerza o inteligencia.  Por su capacidad de mutar y adecuarse.  Por su previsión de potencialidad a futuro.  Por su capacidad expresa de defensa y disimulada de ataque.  Como si se fuera guerrero eterno de una de esas temibles escuelas darvinistas, donde no cabe confiarse de la buena fe de los demás.  Te acabas porque te acabas, sea ya porque eres parte molesta en un panorama que se hunde convenientemente, sea ya porque, al acabársete el pan, dejas a tu vez de ser pan para otro miembro de la cadena alimentaria, recibiendo la última dentellada.  Una patria es eso:  solvencia económica (visualizada a futuro) y suficiente poder político en la selva –valga el contrasentido- para alimentar el sentimiento de la unidad de pertenencia histórica.  Ello por sí solo genera el ataque y la defensa necesarios.

La historia de la vieja Europa tiene que ser ilustradora al respecto.  Se cansó de no prever nada y vivió todas las guerras castigos que pudo vivir, incluyendo las dos más terrible guerras de la humanidad, como es lugar común decirlo.  Desde épocas hasta míticas su panorama geopolítico es cambiante, tragándose y expulsándose a sí misma hasta el sol de hoy.  Consumió la totalidad de sus recursos naturales en aras de la relativa prosperidad que disfruta hoy, pero al precio de tanto yerro y derramamiento de sangre.  Es el magnífico ejemplo del objetivo alcanzado por ensayo y error histórico, a duras penas previendo que todas sus minas agotadas de carbón, oro y cobre debieron ser compás de espera para saber que la paz que se viviría habría sido una guerra evitada.  Lo mismo que se le pide a Venezuela ante la calamidad de que se le agote el petróleo sin invertir en previsiones o sucedáneos.

El desarrollismo europeo a costa del exterminio de las dotaciones naturales no es precisamente lo que explica la relativa situación de prosperidad de sus países, hasta el grado de alzarse como la comunidad de naciones más estable del planeta.  No es exacto.  Europa es la Europa de hoy en virtud del inveterado imperialismo a cuyo ejercicio la llevó su cultura señorial y cristiana, de altiva injerencia sobre cualquier lugar del planeta.  El saqueo y el expolio sistematizado ha sido durante siglos la bandera de su economía, séase gringo americano u originario de la vieja Inglaterra.  Nadie incurrirá en la exageración de aseverar que detrás de la comodidad de un milanés o un parisién hay implícita mucha sangre derramada, pero la historia nos señala a una cultura que aprovechó el empujón de su desarrollismo a ultranza para acabar primero con sus reservas e intentar luego acabar con la del resto del mundo.  Por supuesto, en el ínterin, Europa y los EEUU se han hecho con la herramienta de la tecnología (el sentido de previsión algún día llega, aunque nunca libre de amenazar a otros), el sucedáneo aparente al acabose de los recursos energéticos del planeta.  La tabla de salvación ante la acuciante pesadilla del exterminio.  Hidroelectricidad, energía solar, nuclear, magnética, eólica, etc.

Ya vemos cómo ni la luna escapa a la apetencia exploratoria y cómo en nombre del petróleo, con gran facilidad, se suscitan guerras.  Es porque un paradigma, en este caso el desarrollista a costa de los recursos, no cambia de la noche a la mañana.  El mundo está volcado a la infraestructura de la explotación energética petrolera, dependiendo de sus bondades facilistas hasta el final.  Europa misma, con su sucedáneo tecnológico, es una masa sociopolítica bastante frágil si se le cierra la llave de los suministros desde el Cáucaso; EEUU, ni hablar, tentando cada vez más su estrella de la suerte con sus incursiones imperiales.  Como si tuviésemos que invitarnos a contemplar que Europa no es el camino, ni en su irracional desarrollismo, por lo que comporta de acientífico, ni en su imperializante tecnología, por lo que atañe a la ética.  Como si fuera de obligación señalar que es un lugar y tiempo de decadencias.

Para nosotros, americanos estigmatizados como surtidores, la experiencia ajena ha de ser luminosa.  Es con gran probabilidad como Nuevo Mundo –digámoslo así, con todo y que comporte una acepción colonial- que nuestro suelo y enfoques han de ofrecer una distinta alternativa a la humanidad, empezando por la propia, como se da por hecho.  Conscientes de las maquinaciones que nos condenan a un eterno papel colonialista de proveedores, en muchos casos hasta impedidos de utilizar los recursos propios para el propio desarrollo, se debe dar el paso hacia su uso y explotación sostenibles(como aprendizaje de la experiencia ajena) y hacia el desmontaje de la dependencia petrolera como valor económico fundamental (como forma realmente revolucionaria).  No de otro modo es posible asegurar la pervivencia nacional y el deslastre de tanto “amigo” comprador que te pinta un negro futuro petrolero como próspero mercado eterno y hasta de otro color.

Un desarrollismo basado en la explotación de los recursos naturales será válido en la medida en que, transitorio, como el mismo recurso que explota, aseguré la exploración y la asimilación de una nueva modalidad de subsistencia económica.

Es verdad que el país atesora petróleo hasta para doscientos años, como verdad también que muchos ánimos, en consecuencia, se dejan encandilar con sus irresponsables enfoques cortoplacistas.  Nadie lo niega y nadie tampoco podría rebatirle a quienquiera una concepción personalista de la vida, incluso extensible para el país que lo cobija.  Pero tiene que ser cierto también que no es realmente verdad (valga el alma atildada) que ese petróleo pueda ser efectivo durante tanto tiempo como soporte de economía alguna.  A lo más 40 años, según proyecciones tecnológicas de sustitución, cuyo mayor problema y costo es el cambio de infraestructura.  Los mismos países industrializados, consumidores por excelencia, estigmátizadores del coloniaje de los productores, asoman su nueva arma de control y autosuficiencia:  la sustitución vía habilidad tecnológica, cualquiera sea.

De manera que tiene que concluirse que Venezuela hace piruetas sobre las últimas olas de disfrute del llamado oro negro, antes que se vea en la obligación de ensayar el alternativo modelo de soporte económico y sustitutivo que ya debiera tener a mano.  ¿Cuál será?  ¿La siembra, el campo?  ¿Un relampagueante modelo científico y tecnológico que dé hasta para exportar?  Preguntas, tan solamente.  No es difícil hacerse la idea, en esto de hablar de una economía con infinita trascendencia, que el mejor modelo económico del mundo, que alcance para saciar la necesidad también infinita de tan infinito ser como es el hombre, sea la de aprovechar la renovabilidad de recursos del planeta.  Lo demás es de vida breve, como de vida breve ha de ser lo que de ello dependa.  El viejo Uslar Pietri nos dejó una imagen poderosa que comulga con esto de la renovabilidad, la previsión, transición y la supervivencia:  sembrar el petróleo:  asegurar futuro, invertir en la tierra, mudar hacia una forma nueva de soporte económico que trabaje el plato de comida que se consume, sin esperar que mane, como eterno maná, de la tierra.