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jueves, 19 de noviembre de 2009

La derecha y la izquierda políticas frente al hecho de las bases militares en Colombia

¡Ahí lo tienen!  Parece una tragicomedia.  La derecha política viene de quejarse de que los EEUU han mantenido en el abandono a su “patio trasero” ─¡así piensa ella, incapaz de soberanía!─, mientras las fuerzas enemigas hacen estragos sobre sus intereses y crecen, es decir, mientras los pobres organizan su hambre y claman por un nuevo modelo político de vida.  ¡Dios, qué descuido!

Y la izquierda ─¿qué ha venido pensando la izquierda?─ viene de quejarse de que el mundo se había olvidado de ella y de cualquier otro alto ideal por la especie humana, presuntamente abismada en el quiebre ideológico que proclamó Fukuyama cuando sentenció el fin de la historia y, en consecuencia, la plenipotencialidad del modelo único en el mundo, al grado tal que muchas “izquierditas” vivieron de la esperanza de que los EEUU desapareciesen por obra mágica algún día o que, rebosantes de comprensión humanista, se retirasen de los planos de poder para darle chance a ellas de ejercer sus incomprensible cartillas sin prácticos fundamentos de pueblo (ya sabemos:  se les ha criticado un excesivo teorizar).  Es decir, parecían soñar con acceder al poder de modo fortuito, mediante limosna ideológica o través de una lucha sin fundarse en el apoyo cívico-militar, que es lo que manda la historia.

Unos preocupados por las desatenciones de los EEUU y otros por el olvido del mundo, reducidos los últimos a una especie de arropaje transcultural (las izquierdas existían como adornos de diversidad política de la “democracia”).  Unos pidiendo más apoyo imperial para ellos seguir fungiendo como virreyes explotadores de pueblos y otros lanzando sus clamores de protesta al aire mundial.  Pues, mal, “EEUU” versus “mundo” pareció ser una idea acariciada por la potencia altanera desde hace muchas décadas.  Hollywood es su sudadero onírico (no lo dice quien escribe).

Lo demostraron con Irak cuando, contra la opinión mundial, lo invadieron; cuando hicieron de la ONU un cadáver institucional y pisotearon sus resoluciones, y desde que en todo momento la necesidad de mantener sus altos costes de vida los llevan a buscar bronca a diestro y siniestro dentro del sistema solar.  ¿Tenía algún sentido clamar por la conciencia internacional, por la “presión” mundial, para contener al ogro, siendo que el ogro se figuraba el mundo mismo o por encima de él, y siendo que el resto de la humanidad parecía cruzarse de brazos?  Por aquí la historia le labró el camino de fracaso a tanta gesta revolucionaria:  mucha esperanza sin lucha, y mucha lucha sin pueblo, para no ahondar en detalles.

El liberalismo político es una doctrina de triunfo hasta el momento de hoy, si vamos al caso que gana quien se impone sobre otro, independientemente de su condición moral.  Como no siempre gana el “bueno”, tampoco pierde el “malo”.  Mucho se dice que si los nazis hubieran establecido su imperio de los mil años, otra hubiera sido la historia; y está el clisé, además, de que quien gana escribe la historia.

La derecha política, con su viejo resuello de ansiedad imperial, ha marcado la pauta en el mundo, y no es difícil conocer de sus razones:  individualismo como religión, egoísmo a ultranza, neoliberalismo a millón.  El egoísmo es una mala hierba natural que no necesita cultivo, y conocidos son sus frutos:  supervivencia del más fuerte o con más ventajas (hoy darvinismo social), explotación del más débil o dotado, poder de uno.  Gánate el pan si quieres vivir, progresa en la escala social combatiendo contra otros y sé alguien en la vida.  Lógico y fácil pensamiento que saca del camino ─gustosamente─ a quien no lo comparta.  No requiere gasto energético ni intelectual para su asimilación o comprensión:  sencillamente mueres de no comulgar con ello.

El trabajo arduo de una izquierda, por su lado, es la educación y concienciación de las masas, bajo el enfoque altruista, nada natural, por cierto.  El hombre nace con su gen egoísta para asegurar la pervivencia de la especie, en el contexto de un ambiente hostil y de competencia; pero el mismo debiera ser no tanto suprimido como aplacado, sobre la base de que la especie humana ya logró su preeminencia y permanencia en su ambiente, y sobre la  consideración de que es el mismo egoísmo quien amenaza con arruinar el mundo.  Vía humanismo e intelectualidad el hombre debiera no ser un animal de derecha sino un ser altruista y de sociedad, es decir, de izquierda, en su concresión socialista.  Pero ─se sabe─ la animalista pulsión es el abono triunfal de la doctrina neoliberal que sujeta al mundo.  Gana el facilismo emocional al trabajo intelectual de contenerlo.

Dura lucha supone enseñar lo que no parece de simple brote en la especie ─el altruismo─ y se presenta al intelecto como una asimilación de mayor elaboración.  Tal es el jueguito del facilismo liberal, que disfraza con altura progresista un modelo de vida pulsional animal y combate como antinatural lo que requiere asimilación y pensamiento.  Socialismo es cultivo de una conciencia altruista, su forja en un nuevo gen principal, mutación, si se quiere, aplacamiento pulsional de innecesarias fuerzas egoístas.  Humanismo y humanitarismo.  Cooperativismo, comunitarismo.  No es idealismo, como se le critica, es lucha, con frutos de conciencia. Es un nuevo hombre, como lo ha proclamado la tradición.

Por supuesto, el intelecto elabora y se apoya en la realidad, y acude a la fuerza cuando el animal se desata y hay que enfrentarlo con violencia, sobremanera cuando amenaza los logros de un sistema político realmente centrado en el hombre.  Decía Mao que el poder político nace del cañón de los fusiles, pero ha sido una experiencia histórica que se ha comprendido una vez que el ensayo político ha acumulado progresos que valora defender con la propia vida. La mayoría de las revoluciones tienen el sello de la caótica y espontánea necesidad; suceden y luego se les planifica su defensa, y hasta se teoriza.

En fin, después de tan ligero contraste entre una posición política y otra, vuelvo al principio con la pregunta:  ¿querían más atención los unos y más dosis de conciencia mundial los otros?  Es decir, ¿quería la derecha política más apoyo expreso de los EEUU para atornillar sus virreinatos y más repudio internacional la izquierda para aflorar y proponer los dones de su modelo político, sobre la decadencia del otro?

Pues, bien, la tienen. ¡Allí están siete bases militares más de presencia norteamericana en los contornos de Venezuela, llave de paso al continente!  ¡Y siete vacíos de la opinión mundial, de la ONU, de las relaciones internacionales, de la “presión mundial”!  Respuesta para los unos y los otros.

Se verá en breve, cuando invadir sea inminente, cómo el primer lote correrá (su dirigencia), temeroso de perder la  autonomía explotacional de su feudo:  ansía que lo dejen a sus anchas sobre su “patria” y que no más le saquen al “dictador” Hugo Chávez del camino, en el caso de Venezuela, para él ─el lote─ seguir fungiendo como obediente satélite imperial.  Podría no ser muy buen negocio el tener que compartir tan íntimamente la “soberanía” mercantil de los negocios ─es el primer pensamiento─.  Gringos caminando alegremente por las calles, violando impunemente mujeres y adosándose siempre la mayor tajada de los “hallazgos” comerciales, podría figurar una situación que ni siquiera una derecha política con cierta dignidad estaría en condición de soportar (con todo lo monárquico que comporta el concepto “derecha”, comporta también, de modo histórico y originario, una relativa autonomía y rebeldía).  La historia de la guerra de los EEUU está llena de capítulos de aliados que se les han “volteado” finalmente.

“¡Allí están siete bases militares más de presencia norteamericana en los contornos de Venezuela, llave de paso al continente!  ¡Y siete vacíos de la opinión mundial, de la ONU, de las relaciones internacionales, de la “presión mundial”!"

Para la izquierda política el asunto es más lamentable.  Más allá de tolerar o no mayor o menor presencia imperial, el hallazgo decepcionante estriba en el descubrimiento de que no hay mundo, no hay presión internacional, no hay opinión mundial, ONU o derecho internacional, como plañideramente se figuraron muchos brotes de insurrección en el continente, todos dejados a solas con su destino, abandonados a la intemperie imperial.  Hay la soledad ideológica, la confinación mediática, la solapada maquinación, la conspiración perpetua, la traición, y la cuantitativa certeza del apoyo de unas cuantas dignidades en el mundo, sin duda de gran peso por lo singular; hay, en fin, la soledad humana, la certeza de un destino de lucha por la supervivencia.  ¡Y valgan aquí ─aquí sí─  las loas de reactivación del susodicho gen egoísta, ya ante una amenaza de muerte de la especie!

Clamar por el mundo y descubrir que no hay alma, tiene que tener por respuesta una apabullante capacidad de percepción de la realidad, espoleada por la idea de que se vive en medio de una guerra, como ha sido el perfil que se le ha dado a la humanidad.  Pero no hay mundo, hay esto (y va con las izquierditas ingenuas), como dramático silogismo del hecho real de las bases militares instaladas en tierra colombiana:

  • “el mundo está mucho más cerca de quedarse sin petróleo de lo que se reconoce en los cálculos oficiales” (1).
  • EEUU es el país industrializado de mayor consumo energético en el mundo, y de mayor dependencia petrolera
  • Sus reservas de petróleo, de usarlas, cubrirían para dos años; es decir, tiene 16 mil millones de barriles en reservas y consume 7.300 millones al año (2).
  • El desempleo en su población económicamente activa marca ya el 10%, a saber, unos 14 millones de ciudadanos (3).
  • “datos gubernamentales indican que casi 50 millones de estadounidenses (incluido el 25% de los niños) tuvieron dificultades para obtener lo suficiente para comer el año pasado” (4).
  • Se comprende que el sistema de vida neoliberal es un fiasco humano, y fiasco humano hasta el fanatismo y la aniquilación.  Saber, por ejemplo, que con la mitad de los recursos inyectados a los bancos es posible paliar el problema del hambre en el mundo, es una monstruosidad que no tiene nombre cuando no concita ni acción ni conciencia.
  • Venezuela es el país con mayores reservas de gas después de los mismos EEUU.
  • Venezuela es el yacimiento de petróleo más grande del mundo:  314 mil millones de barriles en reservas, superiores a las de Arabia Saudita (5).
  • EEUU instala seis bases militares en las adyacencias de Venezuela, para alcanzar el tope de 872 bases distribuidas en 46 países del mundo (6).
  • Una de ellas, la de Palanquero, cumple con todos los recaudos para suponerla prácticamente como la puerta de acceso estadounidense no sólo para Venezuela, sino para el continente.

Ante el hecho de que parece haber un sobremundo imperial para las derechas políticas, aun con su defectos críticos modélicos del presente, y de que hay la percepción de no existencia de mundo para las izquierdas (en el sentido de la discusión, y con el permiso del plural), sería básicamente recomendable preguntar ¿qué viene?

Notas:

(1)  “Informante: Nivel de petróleo está más cerca de disminuir de lo que indican las previsiones de la AIE” [en línea].  En Democracy Now! – 10 nov 2.009. - [Pantalla 8]. - http://www.democracynow.org/es/2009/11/10/titulares. - [Consulta:  19 nov 2.009].

(2)  “EEUU rodea militarmente a Venezuela debido a sus reservas petroleras” [en línea].  En Agencia Bolivariana de Noticias. – 19 oct 2.009. - [Pantalla primera]. - http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=203518&lee=3. - [Consulta:  19 nov 2.009]

(3)  Marcelo Justo:  “Las crisis invisibles” [en línea].  En Diario Gramma. – 18 sept 2.009. - [2º pantalla]. - http://www.granma.cubaweb.cu/2009/09/18/interna/artic03.html. - [Consulta:  19 nov 2.009].

(4) “Informe del gobierno: 25% de los niños estadounidenses pasaron hambre el año pasado” [en línea].  En Democracy Now! – 17 nov 2.009. - [2º pantalla]. - http://www.democracynow.org/es/2009/11/17/titulares. - [Consulta:  19 nov 2.009].

(5)  “Venezuela avanza hacia el primer lugar en el planeta de reservas probadas de petróleo” [en línea].  En Aporrea.org [Tomado de Agencia Bolivariana de Noticias]. – 13 ago 2.009. - [1º pantalla]. - http://www.aporrea.org/energia/n140492.html. - [Consulta:  19 nov 2.009].

(6)  Alfredo Jalife Rahme:  “Las 886 bases de EU en 40 países [más siete de Colombia]” [en línea].  En Aporrea.org. – 9 ago 2.009. - [3º pantalla]. - http://www.aporrea.org/internacionales/a84113.html. - [Consulta:  19 nov 2.009].

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Burguesía, patria y guerra: de cómo un burgués jamás empuñará un fusil sino para defender la patria mental de sus mercantiles intereses.

Las palabras del presidente Hugo Chávez, “prepararse para la guerra”, en el marco de un escenario bélico que se le arma al país en su frontera colombiana, han iniciado un verdadero proceso de decantación patriótica.  Lejos de la argumentación facilista opositora de que se trata de una “cortina de humo” para encubrir el anhelo eterno de sus sueños, esto es, que “Chávez está caído” (lata que suenan desde que llegó al poder), se trata de un nuevo hachazo presidencial sobre la conciencia de país que tiene o ha de tener un venezolano frente a la eventualidad de una agresión externa, conciencia ─por cierto─ seriamente lesionada en el caso de la mente opositora, para quien no parecieran existir amenazas foráneas por ningún lado, sino problemas internos que repercuten directamente sobre su definición liberal.

Es decir, sobre su enfoque capitalista de concepción de la vida, su dinero, su individualismo rayante en el egoísmo, su mezquina propiedad privada, su constitución interpretada a su manera, en fin, su prensa, libertad e igualdad como factores históricos de definición burguesa, que la lleva a oler como azufre todo lo que comporte cambios en su “detrimento”.  Vale decir, sobre su condición burguesa.  Porque un burgués es eso:  pretendida conciencia de suficiencia y autonomía por encima de reinos (si hablamos de su origen) y Estados, última situación esta que lleva a la interpretación de que le importa un comino pasar sobre el derecho de los demás con tal de salvaguardar sus prebendas (no otra cosa es el Estado:  la confluencia del derecho de todos).

Ni más ni menos, la oposición política venezolana, declaradamente enemiga del proceso de cambios sociales que se ensaya en el país, del que interpreta va contra sus intereses tradicionales e individualizantes.  Perfil dinosáurico en medio de un mundo que, finalmente, ha empezado a reconocer que las fuerzas salvajes del capitalismo y neoliberalismo como modelo de vida le han deparado gran miseria al mundo; pero conciencias que, no obstante, no trascienden al hecho egoísta de su interés inmediato particular.

Porque burguesía es gen egoísta en ejercicio, el poder de uno, hecho que explica su asimilación (o cogeneración) cómoda e histórica respecto del sistema político liberal que prevalece en el mundo, ese mismo que parece haberlo llevado al extremo de una gran catástrofe social, fundamentalmente de desigualdad.  Vino la burguesía al protagonismo sobre la base de los derechos del hombre, aniquilando reinos, creando  el Estado de Derecho, con altos niveles de autosuficiencia y solvencia económica, separando a la Iglesia del Estado, imponiendo su personalismo, sólo para caer en la trampa de sus propios intereses cuando los interpretan amenazados por el mismo sistema cultivado. Gran cinismo.

De tal manera que los mismos valores defendidos eventualmente podrían convertírseles en trampas de sus propias ínfulas de particular libertad, como es evidente ocurre en Venezuela, actualmente sumida en un proceso de cambios.  De pronto, cuando adviene el proceso de cambios liderado por el presidente Hugo Chávez, empiezan a molestar los conceptos tradicionales ensalzados en sus discursos “progresistas”:  la democracia, la constitución, la igualdad social, la igualdad jurídica, las elecciones, la figura presidencial constitucional.  Porque ése ha sido su sino político derechista:  un Estado de Derecho históricamente a su conveniencia, destruible o inútil si no le sirve el vino de la vida en sus ánforas.

El buen burgués tiende al feudo, a una patria aparte si es posible, en aras de preservar o fundar el mundo de sus particulares intereses, con todo y que su histórico origen registra confrontaciones con los poderes monárquicos establecidos para convencerlos de sus derechos individuales y colectivos, sus sueños de igualdad social y humana, sus progresismo, su humanitarismo, lucha que derivó en la final conquista del Estado de Derecho de las sociedades modernas.  Pero el haber tenido protagonismo en el desbancamiento de las monarquías no licencia para inferir que no pueda tender a ella, como deja entrever sus definición política derechista, esa misma que, contradictoriamente, la hacia sentarse a la derecha del parlamento francés, por allá en épocas de revoluciones. La fuerzas históricas mucho coartaron de sus absolutistas sueños (aquello de “A rey muerto, rey puesto”).

De modo que, más que contradicción ideológica o personalista, su avatar es el cinismo, la gran hipocresía de prometer un mundo colectivo cuando no se puede desprender del individualismo y su cabalgante egoísmo, ese que le susurra al oído que las leyes y el Estado son idóneos sólo si no dejan de servir a sus particularidades, así dejen de hacerlo respecto de generalidades.

Semejante estado del espíritu insincero, contradictorio, no delinea a su portador más que como presa de los buitres plutócratas, que lo manipulan como simples herramientas de avance político.  Tal es la clase media en Venezuela, y la mentalidad opositora en general:  una sarta de ciudadanos provistos de derechos civiles contradictorios (así lo perciben desde su condición) que desdeñan que sus leyes puedan rendir tributos y saludos a otras clases sociales históricamente marginadas (digamos que antiguo proletario).  Fácil es dejar sentado que su perfilamiento como clase social empezó con la confrontación contra los poderes monárquicos o feudales para, finalmente, alinearse bajo la misma bandera del espíritu combatido:  la plutocracia de hoy (el poder político-económico), que la utiliza a su antojo. Aunque tenga que reconocerse, antes de la adopción del presente estado acomodaticio e inconstante, que fue motor siempre inicial de verdaderas revoluciones.

En Venezuela es de sobra conocido la manipulación a la que fue y es sometida la clase media:  la Revolución Bolivariana le confiscaría sus bienes, sus hijos, sus derechos, sus negocios, su historia, tan duramente logrados por esfuerzo propio.  Su individualidad, su propiedad privada, su discurso de libertades y autosuficiencias.  El discurso del miedo, implementado por los poderes económicos superiores mediante brutales propagandas, rindió en su momento excelentes ganancias políticas, la más conspicua la derrota de la propuesta de reforma constitucional de 2.007.

¿Cómo puede, pues, un segmento humano con tales caracterizaciones psicológicas prepararse para guerra alguna en defensa de su patria ─volviendo con la invitación del Presidente de la República─, si el concepto “patria” que manejan es el espacio personal de desarrollo de sus personalísimos intereses?  ¿Cómo puede una oposición política con semejante mentalidad defender qué, si en el fondo del alma no les importa que el país sea desmembrado con tal ellos conservar sus feudos y prerrogativas?  No es la dignidad precisamente lo que caracteriza a estas figuras históricas que se aproximan a su debacle.

La afirmación presidencial de que Colombia funge ya como un estado adicional del Estado de la Unión norteamericana no puede ser más acertada.  La aceptación de ese país para que lo cundan de bases militares (con amenazas hacia la soberanía venezolana) es un asunto concluyente sobre ese sentido.  ¡¿Cómo puede un adlátere ideológico del sistema neoliberal del mundo ir contra la fuente programática de su mentalidad, si la patria grande de un buen burgués son los EEUU?!  Súmese a la consideración que Venezuela fue colonia política y mental de los EEUU hasta la llegada de la Revolución Bolivariana, época que sembró al país de perfiles y daños morales que tiempo pasará para que se superen, además de establecer las morbosas definiciones, claras e ideológicas, de lo que llamamos “oposición política venezolana”, o, con más propósito, “IV República”.

No irá un opositor ni un excelente burgués, en consecuencia, contra la fuente de sus lineamientos mentales, a saber, los EEUU.  No tomará un arma en defensa de su patria, en caso de agresión, porque el concepto “patria” en su cabeza, como dijimos, es una entelequia de la conveniencia personal, para la cual se concitan actitudes de supersuficiencia (típicas burguesas), tales como el desprecio hacia las formas institucionales de la Presidencia de la República, de la Constitución, del Estado, las leyes, etc., mismas que han dejado de ser merecedoras de su cultivo y respeto al ponerse al servicio de causas clasistas ajenas (la atención al pobre).

El Estado ─en su criterio─ dejó de funcionar para ellos, no merece respeto, no rinde ganancias ni privilegios como en el pasado; es, por lo tanto, una institución a combatir, y no puede ser enemigo ni invasor quien atente contra su fortaleza, mucho menos si quien invade o atenta contra la soberanía del país comporta el verdadero ideal de patria (EEUU es la patria grande de un buen burgués, mejor, si opositor venezolano).  De manera que no es de extrañar que la oposición venezolana tome partido por el bando de quien no considera enemigo (Colombia-EEUU), y racionalice que así hace oposición (¿patria?), que así combate el “régimen” de Hugo Chávez, que así luchan por la “libertad”, al utilizar herramientas que lo conlleven a su defenestración política.  Hace “patria” quien trae la patria con una invasión y quien atente contra una figura constitucional que, burguesmente, dejó de ser conveniente.

De hecho, el mismo llamado del presidente de “prepararse para la guerra” les alegra el fondo del alma, porque sueñan utilizarlo para generar fisuras dentro de la unidad de las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN), y recrear un golpe de Estado como el de abril de 2.002, o al menos hechos similares a los pronunciamientos militares de entonces en la Plaza Altamira.  Hasta un ex presidente de la IV República, Carlos Andrés Pérez, ya se animó a dar el primer paso y a llamar a pronunciamientos dentro de las FAN. Vea la prensa nacional.

Pero lo triste es que el llamado presidencial de prevenirnos con una buena defensa militar descubra que haya sectores de la población venezolana (ese perfilado arriba) que racionalicen que la patria no puede ser ese espacio natal presidido por una corriente política de su desagrado e inconveniencia, sino ese espacio extranjero ancla de sus convicciones ideológicas. ¿No es precepto burgués ─y revolucionario en su tiempo─ el derecho personal, la lucha por la igualdad, la institucionalidad, el respeto al derecho de los demás, el contrato social, el Estado de Derecho, los derechos civiles (valga la repetición “derechista”), la enfebrecida democracia, bla, bla, bla?

Nuevamente Hugo Chávez ha logrado timbrar al país, polarizándolo éticamente, decantándolo, desenmascarándolo, esta vez entre la dignidad y la traición, entre una conciencia propia y otra prestada.  Recapacite usted, don burgués, y escoja entre ser un país soberano o seguir siendo la colonia mental de siempre.  ¿No puede ser más fácil para usted tener una patria ─que ya la tiene─ a ser una colonia que sólo anhela, máxime si el recaudo histórico lo apoya?  ¿No puede usted resolver esa contradicción de conciencia, donde sus pulsiones digamos ególatras no choquen tanto con sus presunciones  digamos humanistas?  La patria es tierra concreta, palpable en su propiedad y soberanía; una colonia es desolación mental, castillos de arena en el viento y, esencialmente, un acto de traición. ¿Eso es usted?

martes, 3 de noviembre de 2009

Fábula del lobo imperial y su granero trasero

El futuro no luce nada halagüeño en materia de porvenir político.  Las partes en conflicto, depredadores y depredados, han sufrido cambios en sus organismos que las han llevado a asumir posiciones de combate.  Unos presumiendo de hegemonías, cubierto de viejas glorias, aduciendo ser los dueños del pasto; otros, argumentando evolución, subida en la cadena alimentaria, aduciendo no ser más alimentos de nadie.

Depredadores preocupados porque el alimento ahora le huye, renuente a oír las dentelladas sobre sus carnes.  Sorprendidos de que sus viejas palabras ya no surtan el acostumbrado efecto de hacerles creer que son canciones el ruido de los huesos que crujen.  Que son frentes las espaldas que huyen, oro los espejos y cooperación la explotación.

Y es que el pavor se ha apoderado de su silla imperial, que empieza a trastabillar:  la energía requerida para someter a la selva comienza a escasear y hay la amenaza de que toda esa vieja y larga infraestructura de explotación (petrolera) se quede hueca, sin la fuerza necesaria para emprender acciones de escarmiento ante semejantes actos de sedición.

Por supuesto, les queda mucho armamento, y es tentación hundir el mundo con el hundimiento propio.  ¡Ser o ser es el dilema!  El mundo es un mantel de mesa que puede ser arrastrado en la caída.  ¿Petróleo para 30 ó 40 años?  Las alarmas son rojas.

Porque resulta que los “animalitos” ahora corren para no ser devorados, se unen entre sí y combaten y se defienden, protegiendo sus feudos.  Protegen sus casas, sus recursos naturales, sus riquezas para su propio crecimiento, no creyendo el cuento ése de que es prosperidad el que se los coman y no tengan futuro.  Y al lobo imperial le cuesta creer que esos “animalitos” puedan ser algo más que animales, porciones de energía, comida, combustible, gas, gasolina, oro, petróleo, litio, plata…  Graneros o patios traseros.

Por ello inician una guerra de reacomodo del mundo, de un perfil de mundo que se desploma, para seguir apalancando lo viejo sobre lo viejo. Es la eternidad del tiempo.   Cada quien a su puesto; cada cual a su rol.  La carne para ser comida y el diente para masticar.  Las vacas con sus ubres, los pozos con sus oleoductos…  El frente de la casa al frente y el patio en el espacio trasero.  ¿Qué eso de invertir los valores, como si todavía estuviésemos viviendo el mundo al revés inventado en la Edad Media?

Hay historias de pueblos que mantenían alimentado a su ogro para que no los destruyesen:  cada mes le entregaban una doncella para que se alimentase, sea en su bajo instinto o proteínicamente.  Daba igual.  Hay historias de monstruosos minotauros, de mitológicos dragones…  Hay tantas fábulas, como esta misma que les narro.  Y ello ha de ser la costumbre que rija al mundo, según el lobo, porque es la historia.  Por la ignorancia y la fuerza se gobierna, se somete, se obliga a creer, se engaña, se aterroriza…  El arte lobuno imperial consiste en convencer de que es blanco lo negro, lo malo,bueno, lo idiota, inteligente.  Sobremanera, de que es vida la muerte.  A toda costa. Si, señor.

El lobo imperial que son los EEUU sólo estará en disposición de comprender que ha habido cambios en el bosque cuando esté muerto (¿será eso posible?), porque es su determinación presenciar los cambios cuando experimente la caída y es su convencimiento de que nada fluye (o nada cambia) si no en su contra, parafraseando a conveniencia al viejo filósofo griego.  Y ello es una disposición de la que intentan persuadir a sus ahora guabinosos súbditos, aterrorizándoles, tratándoles de convencer de que es mejor ser pasto que llama, para que no osen dar el primer paso de acabar con el ordenamiento del mundo.  Porque la Providencia los puso allí para ejercer el mando.

Sin importarles que noten sus llagas, sus contrasentidos, sus nuevas crisis, su loca propuesta de que todos cesen y ellos se perpetúen por el tiempo de los tiempos.  Romper semejante orden significaría guerra, confrontación entre pueblos, saqueos, muertes, mares de sangre, como lo especifican en sus discursos cuando se pronuncian… ¿Quién se atreve?  ¿Quién se atreverá? Animalito es animalito, ocupando su puesto en el monte.  Si se trata de un reclamo, hay que ejercerlo ante Dios.  Punto.

De forma que no puede haber cambios ni revoluciones en el “subcontinente” americano, como dan por llamar a la patria de grandes próceres, a quienes, por cierto, no le reconocen ningún estatus sino sedicioso.  Lo que habrá es guerra.  Tal es su creencia. Ninguna especie puede evolucionar, pensar o concienciar de tal modo que aspire a revertir el viejo “orden mundial” (si no ecuménico).  Tal es la mentalidad y reto del lobo imperial.