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viernes, 31 de octubre de 2008

Democracia portátil

I

Con la proyección de que para el 2.050 los blancos en los EEUU perderán su condición de grupo étnico mayoritario, la situación empieza a ponerse color de "hormiga vieja" (como leí una vez en Miguel Ángel Asturias) para eso que conocemos e idealizamos como "democracia".  Se trata de una prueba durísima para el sistema capitalista, ese mismo que ha querido sinonimizarse en su plausibilidad con la bendita palabra, y que no ha hecho más que convertirla en herramienta de dominio para sus intereses.

Porque, para empezar, como se sabe desde el discurso de las hegemonías, son democráticas sólo las sociedades capitalistas, como nos lo enseñan tan bien desde el corazón mismo del capitalismo del mundo, lugar donde, por cierto, los que arriban a la presidencia del país no son aquellos que precisamente obtiene el mayor favor de la votación del pueblo y donde 400 personas solas tienen más dinero que 150 millones de paisanos juntos, es decir, más que la mitad de la población de los EEUU.

Tan poderoso ha sido el catecismo acondicionador de realidades que para la mente humana no le resulta fácil concebir democracia ahí donde no hay una sociedad de ejercicio capitalista.  O sea, donde no se haya occidentalizado el globo terráqueo, como si la helenización del mundo no hubiera terminado, por el cuento ese de que la democracia fue inventada en Grecia.  Así, Europa es democrática y, como se dice axiomáticamente,  EEUU es la mejor democracia del mundo; y en aquellos lugares donde no hay capitalismo, ...perdón..., democracia, se lucha por la libertad.

A nadie "helenizado"  se le ocurrirá jamás afirmar que en Cuba, China o Corea del Norte hay pizcas de democracia, por el hecho de que en algún momento profesaron (o profesan) el credo ideológico contrario al capitalista; o en Irak, donde hay gente con otra cultura, enfoque político y religión, además de mucho petróleo.  En Colombia, por ejemplo, uno de los países más convulsionados del mundo, donde una estamental casta colonial maneja el país a su antojo, y muy amiga de los EEUU en eso de dejarse penetrar por los postulados de la doctrina capitalista-democrática; siempre habrá más democracia que en  Venezuela, pongamos por caso, país donde en los últimos años se han practicado modificaciones sobre el enfoque catequista, hasta el grado que ya se dice, desde los medios de comunicación de la sacralidad ideológica, que comulga con el terrorismo, la guerrilla y el narcotráfico, muy cerca de ser una plaga o “amenaza” para el mund civilizado (como lo fue Irak con su incierta bomba atómica).

Y cuando es el caso que se trate de una una nación ajena culturalmente a  la matriz occidental, es decir, sin principios cristianos, señoriales, imperiales y racionales (las épocas históricas de la civilización europea), entonces se habla de "guerra de culturas", de confrontación de civilizaciones, para intentar reclamar por qué no hay capitalismo y democracia, los consabidos y fundamentales componentes del "modelo único".  Se hace el reclamo y ya, con gran desparpajo, no importando que tales elementos hayan sido milenariamente extraños al modelo de vida juzgado.

Sobre cualquier nación del mundo, sea socialista, budista o cualquier cosa diferente a la matriz cultural europea, pesará siempre la acusación de antidemocracia, aunque políticamente se trate de una sociedad donde a su modo se ejerza mayor democracia que en la matriz misma de donde procede el cuestionamiento, esto es, la sociedad occidental.  Ser diferente es un pecado que, si no se paga, se cobra.  Por ejemplo, ser socialista conceptualmente es un antivalor europeo (y al mismo tiempo valor europeo), porque confronta el modo de ser (y de haber sido) de una sociedad señorial, de señores feudales con castillos y todo.  El hecho que las estúpidas masas empiecen injerir en los asuntos de la clase dominante, es un acto criminalizable por todos los monarcas y mentes afines del mundo.

Luego tenemos que capitalismo es, tras bastidores, monarquía, imperialismo, señorío, cristianismo inquisitorial y razonamiento de cómo unos pocos pueden someter a unos muchos, necesarios acondicionadores de dónde se puede implementar la fementida y prostituida "democracia".  En sociedades con tales elementos es donde corre con mayor éxito el experimento "democrático" de que el Estado no meta la mano en el mercado y lo deje fluir como fluyen las pasiones de la vida misma.  Eso sí que es democracia, y semejante aseveración tiene la fuerza del ejemplo con el "mejor" país del mundo, EEUU, con todo y que en la crisis presente se haya visto su gobierno obligado a intervenir para regular el mercado y salvar a los salvados.  A quien difiera no se le acusará jamás por no ser neoliberal o capitalista, pero no se salvará de una incoación de dictadura o tiranía, supuestamente lo contrario a democracia, en su lenguaje de las “instituciones”.

II

G.K. Chesterton escribió su ensayo Democracia y capitalismo, donde de una vez intenta combatir la espinita que se quería meter de que ambos conceptos son dos amores que corren tomados de la mano.  Rápidamente acota que

La modernidad no es democracia. La maquinaria industrial no es democracia. Dejar todo en manos del comercio y el mercado no es democracia. El capitalismo no es democracia. Esta más bien en contra de la democracia por su sustancia y sus tendencias. Por definición la plutocracia no es democracia. Pero todas estas cosas modernas se abrieron camino en el mundo al mismo tiempo, o poco después, que los grandes idealistas como Rousseau y Jefferson estudiaban el ideal de la democracia.

y no vacila más adelante en dejar dicho que "Por eso la gente empieza a decir que el ideal democrático no está vigente en el mundo moderno. Estoy totalmente de acuerdo. Pero me quedo con el ideal democrático, que es al menos un ideal y por lo tanto una idea, antes que con que el mundo moderno, que no es más que la actualidad y por lo tanto ya es historia antigua."¹

Y sobre tales palabras viene uno y se pregunta por qué la aclaratoria esta de que el capitalismo no es democracia, respondiéndonos en el acto que procede del afán de evidenciar cómo semejante sistema político-económico depredante de la condición humana intenta apoderarse semánticamente de la bondad idealista del concepto.  Así, volvemos al principio de lo afirmado y caemos en el cuento desviado de que sólo son democráticas las sociedades capitalistas y no lo son, por lo tanto, aquellas que son socialistas o que empiezan a cuestionar al modelo de los modelos, como Venezuela, por ejemplo, que desde hace rato empezó  a mirar sobre sus llagas.

Otros países hay, como Honduras, perfectamente acoplados a la matriz imperial, que han empezado a protestar por un sistema "democrático" que lo único que le ha dado es siete pobres por cada diez personas.  Desde ya, no importando fidelidades del pasado, ha empezado a ser considerado como potencial sociedad antisistema, esto será, a lo largo del tiempo, no democrática.

De manera que no puede dejar de sorprender cómo un modelo, básicamente económico, haya intentado erigirse en el modelo político más perfectamente idealizado por el hombre (la democracia, pues, señora Grecia), no obstando que su ejercicio histórico haya tenido un concentrado precipitado de pobreza y que en la sede de su mayor adlátere (EEUU) los presidentes lleguen al cargo sin que necesariamente cultiven la máxima democrática de ser elegidos por el mayor favor popular.  Son incomprensiones de éstas, nuestra vidas.

Nos resta, pues, decir lo que es ya una verdad a gritos.  La democracia, tal cual como está pervertida por el martilleante discurso de la clase dominante, no es más que un engaño de las élites para permear su modelo económico de la esclavitud, insólito programa de fundamentales contradicciones con la democracia genuina.  Por este calibre, no queda más que seguir diciendo lo obvio:  no hay una real democracia en los EEUU, ni en Europa, ni en cualquier otro país donde cabalgue el modelo de la fundamental incompatibilidad del que hablamaos.  Todo país capitalista es una presunción de solapada dictadura.

Que se ganen elecciones sin votos mayoritarios y que el modelo económico prevalezca sobre la forma política, sacando la garra para ayudar a los suyos, es decir, a los plutócratas, como ocurre ahora con la crisis en los EEUU y Europa, es un cuadro sintomático de que a la mentira institucionalizada le va llegando su hora.

III

Y, en efecto, es sólo cuestión de tiempo, quizás de unos cincuenta años, un poco más allá del hecho cuando las minorías se conviertan en mayorías en los EEUU.  La democracia entonces -y no la idealizada griega, sino la misma del ejercicio capitalista- habrá pasado a la Historia como modelo imposible, es decir, como inútil disfraz discursivo y procedimental del sistema.  Hasta puede que se diga lo que hoy se dice del socialismo:  una doctrina trasnochada, ridícula utopía de los humanos.   Porque el capitalismo, en fase de decantación, se habrá hecho más sincero, más fuerte, más desenfadado, más concentrado, en fin, como cabe esperar si es resultado de su propia doctrina de la supervivencia, esa, la del más apto, la de quien más se coma a su competencia. 

De modo que, evolucionado hacia un estadio donde ya no sean precisas las falsas apariencias, como esa de presumir de democracia; cercano al colmo de su decantación final, con el poder económico casi absolutamente en sus manos;  habrá que esperar se quite de una vez la máscara y proclame abiertamente su verdadera naturaleza política, expresión necesaria de la económica:  un señorío, una monarquía, un imperio, como si se dijera que se retrocede en la historia hacia modelos superados por la vida humana.  Una dictadura mundial, pues, ni más ni menos.

Lo de hoy, la circunstancia de un Estado político metiendo la mano para ayudar a la más poderosa clase económica, a propósito de la crisis financiera en los EEUU, es un pequeño asomo del plutocapitalismo por venir.  El sistema metiendo las manos a favor de sí mismo, descaradamente, para correr la llaga de tapar mejor su "democracia" y soportar lo más que se pueda la mascarada.  Es la crisis una tremenda vuelta de tuerca hacia la situación final de las concreciones, donde el plutocapitalismo se divorcie definitivamente de su discurso democrático e instaure su nueva doctrina política del "progreso", necesaria a sus expresiones.  Donde el poder económico requiera un nuevo vestido político.

Y probablemente este golpe final del sistema económico imperante contra el otro político, tergiversado a más no poder, según lo conocemos, llegue en el momento dicho en que las minorías en los EEUU conquisten el poder de mando que eventualmente podrían derivar del voto, la herramienta de la "democracia".  ¡Vaya payasada, señor Tiempo! ¡Vaya burla de los más poderosos sobre los más débiles cuando entonces toque desmontar un aparataje político que a la forma económica ya no le conviene! Vota, negro o latino, pero ¿de que os servirá si ya no vivimos bajo tan viejas ideas por las que vosotros suspiráis?

Blancos son quienes detentan el poder económico en los EEUU, y el hecho demo y etnográfico de que los suyos hasta hoy sean mayoría en el país, es un argumento de manejo político para mantener el discurso de la democracia hasta cuanto se aguante.  Rinde una seguridad de bomba de tiempo, de resistir el formato "democrático" de soportarse en el poder hasta que la correlación blanca y sufragante no pierda el poder de elección frente a los otros grupos hoy minoritarios, como los negros y los latinos.

Pero de qué democracia y sacralidad del voto elector estaremos hablando cuando la sociedad norteamericana, negra y latina por mayoría, con todo lo que ello implique en el aspecto de las valoraciones culturales y visiones de mundo, empiece a inclinarse por  situaciones nada convenientes a esa clase reducidísima y blanquísima del poder político e histórico de los EEUU, esa misma que, dueña del dinero, lo es también de la Historia, y a quien nadie convencerá de que el criterio mayoritario de un negro, por ejemplo, tenga nada que ver con la génesis y destinos de la "gran nación del mundo".  Adiós democracia -se podrá decir-, con todo y tus actualizadas perversiones que, por lo menos así, sujetas a un discurso engañoso, andas por allí aunque sea de palabra o como recuerdo.  O adiós, pues, para decirlo de otro modo, a lo que de tí habían hecho o quedaba.  Como vaca diste ubre para el ordeño plutocrático, y como vaca darás también la carne para el festín final.

Nota:

¹  Gilbert Keith Chesterton: "Democracia y capitalismo" [en línea]. En [geocities.com]. - [s.f]. - [Pantalla 3]. - http://www.geocities.com/g_k_chesterton2000/demoycap.htm. - [Consulta: 16 oct. 2.008].

martes, 28 de octubre de 2008

Apartheid democrático

Apartheid Buena se la están poniendo las proyecciones estadísticas a los blancos dominantes de los EEUU:  según números, para el 2.050 ya no serán mayoría.  El negro y el latino se reproducen con mayor fruición, y, de ser unos bloques poblacionales minoritarios, pasarán a ser mayoría en tan breve tiempo (el negro, con seguridad).  De modo que el país habrá de convertirse en uno con minorías mayoritarias, para de algún modo seguir significando que no por ello habrán de elevarse hacia los niveles del poder económico y político en el país.

Porque es seguro que el "blanquito" no habrá de soltar así como así su coroto de país, convencido como está que arduo fue su trabajo en fundarlo, viniendo allende los mares.  Con la misma rigurosidad metódica que observaban aquellos viejos puritanos de la Inglaterra del siglo XVI y XVII, así mismo habrá de conducirse en la coyuntura el poder blanco para autoconservarse, aunque se las tenga que ingeniar con la tentación de inaugurar un nunca visto apartheid democrático, como es seguro habrá de vendernos toda la parafernalia comunicacional a su disposición.  Como siempre hacen, pues, hoy mismo, cuando, por ejemplo, lanzan bombas atómicas e invaden países pero en nombre de la libertad.

Eso es tan seguro como que ahora mismo el poder político y económico del país, blanco por predeterminación, realiza esfuerzos desmedidos por conservar sus prebendas:  severas leyes contra los inmigrantes, leyes de espionaje ciudadano y sofisticados artilugios de contención antimotines.  Nada es casual cuando en los tiempos críticos se hacen amagos de control y el poder establecido quiere mostrar la garra.  Como ahora mismo, con el malestar generado por la crisis financiera, al descubrirse la parcialidad de un gobierno clasista que prefirió ayudar a los ricachones:  se habla de implementar, para contener desórdenes, las tropas de asalto, casa por casa, puesta en acción en Irak cuando se perseguía la insurgencia. Estamos hablando del interior de los EEUU.

Por supuesto, esto no parece tener colores, desde el mismo momento en que en la crisis pierden todos sus casas y empleos por igual, tanto blancos como negros y latinos, y menos desde el mismo momento en que el malestar por perder propiedades no tiene tinte racial.  El perjuicio es el mismo.  El asunto es que existe una minoritaria secta del poder económico y político cuya base de convicción es un definido sentido de procedencia y pertenencia, ideológicamente blanca -digámoslo así-, ensoberbecida en la historia fundacional del país, en la mitología del descubrimiento, con un pasado de clanes y de sometimiento del hombre por el hombre que difícilmente podrá conciliar que un parroquiano, advenedizo o inmigrante venga a disputarle la presea del mejor país del mundo.  Mejor todavía:  que un blanco pusilánime caiga en la crisis, junto a negros, asiáticos o latinos, se presta para realzar el noble discurso de que EEUU es el país de las igualdades, aunque de pérdidas hablemos.

EEUU es un país definidamente claro es su estructura plutocrática, tan cónsona con su doctrina capitalista de ejercicio económico:  una histórica y precipitada minoría detenta el poder interno, y también se ramifica hacia el exterior en poderosísimas familias transnacionales.  Como una fuente que envía el agua hacia arriba y ésta luego baja bañando los estratos espaciales inferiores, así con su don plenipotenciario del dinero cultiva un sistema diseñado al servicio personalista de unos cuantos.   Un cónclave atenazante sobre una inmensa realidad popular.  Una nación dentro de otra, colocándola a su servicio vía discurso institucional, legal y mediático.  Amos señoriales cultivando su finca, al mejor estilo tejano, por sacar a relucir una de las más pintorescas maneras de denotar a un estadounidense rico.

Ni más ni menos el sistema donde es más caro el rezo que sentencia que el rico ha de ser cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre, no importando que el axioma se cumpla del modo más descarado posible.  Como lo demostró la ayuda procedente del gobierno para los banqueros, que es como si se dijera para sí mismo, dejando morir a los más pendejos, amarilleen, blanqueen, negreen o aindien, como ya se dijo.  Todo un espectáculo de burla ante el público escenario del pueblo.  El país y el sistema de las minorías a millón.  Como lo demuestran las cifras que nos presentan a los 400 norteamericanos más ricos con un haber económico superior al de 150 millones de habitantes del mismo país.  Toda una perla:  400 personas más ricas que la mitad del país, con un haber de 1,6 billones (1.600.000.000.000) de dólares.  Como si de un selecto grupito del gobierno y la banca se tratase, es decir, de la política y economía, respectivamente, reunidos en la Reserva Federal, sobre la ola del aporte del contribuyente.

Luego tenemos que esta minoría histórica, fundacional, de la sangre o del dinero, coincidencialmente blanca, con representación popular mayoritaria, amanece y se encuentra con que el negro esclavo de los montes del sur de pronto la superará en representación numérica en el país, no quedándose muy atrás tampoco la porción latina, esos molestos inmigrantes que vienen a usufructuar de la riqueza de sus tierras.  Mayorías populares en breve, aunque débiles minorías en su denotación de poder formal económico.  Eso sí, con fuerte impacto en el establishment político, cosa que, por cierto, no obra como se quisiera en la retribución socioeconómica; largamente la historia ha demostrado que quien detenta el poderío económico aparejadamente detenta el político, no siendo regla para el caso inverso.  Cansado está el mundo de la satrapía, de que la política sea la vocería del poder económico, como si dijéramos, en fin, que nada le cuesta al rico -blanco, en este caso- poner a un negro pobre en el micrófono del poder para que le defienda sus intereses.  Y no estoy hablando de Obama, el actual candidato negro a la presidencia de los EEUU, por si acaso.

De forma que, en breve, tendremos a la factoría pura y ancestral blanca de los EEUU realizando ingentes esfuerzos por defender sus intereses, manteniendo el formato aceptable y civilizado del país de las "libertades".  Ni más ni menos que negros y latinos, representantes poblacionales mayoritarios, pensando como ellos, por ellos y para ellos,  para los blancos minoritarios del poder, a la sazón en minoría poblacional.   ¿Cosa dura para el poder instituido, no?  Ese que se vale de la forma política para prevalecer económicamente.  Nótese que ya se empiezan a sentir las consecuencias, porque no es inocuo culturalmente el gusto y disgusto de las mayorías poblacionales, para expresar de algún modo la emotividad influyente de un específico conglomerado humano.  Tiene incidencia política; determina, y ello es un reto que la factoría del poder económico ha de resolver.  Y ya usted lo ve hoy mismo, cómo se plantea que un negro gane la presidencia de los EEUU, de manera insólita, y cómo también se tejen tantas intrigas en su entorno, las más severas buscando su muerte.  Simplemente es un hecho inaceptable para un país de inconmovibles paradigmas.

Pero también es un hecho que no tiene vuelta atrás y promete severos estragos a mediano plazo, porque el poder político suele establecer hábitos y conquistar los espacios económicos con el tiempo; y no es de extrañar que a futuro se anden suscitando inusitados cambios en los EEUU, muy próximos a lo que semánticamente se conoce como revolución, aunque se trate de asuntos puntualmente formales, como, por ejemplo,  la reivindicación en algún panteón de aquel prócer de la independencia olvidado que realmente liberó a sus negros (Robert Carter), o de Gouverner Morris, un redactor de la Constitución que se opuso a que un esclavo valiera tres quintas partes de una persona, o la aclaratoria final de los verdaderas motivaciones de la muerte de Lincoln, Kennedy y otros.  El mismo Obama, aun prestándose para ser vocero de la consabida matriz de dominio blanca, corre el peligro de muerte por su connotación de ruptura paradigmática.

"A alguien se le puede olvidar –¡tremendo peligro!- que no fue un negro quien forjó la Independencia y el Estado de la Unión de los EEUU."

La minoría blanca (la del poder, porque ahora hay que aclarar, dado que habrá otra minoría blanca, es decir, la popular) en breve tendrá que desplegar un discurso de dominio amañado para preservar sus intereses, y ya sabemos de qué es capaz el poder desatado de la matriz capitalista salvaje cuando se ve amenazada.  Para sus efectos hegemónicos o de preponderancia, no hay argumentación de viabilidad que valga que no sea el lenguaje del dinero o el de las armas, con mayor razón si la adversidad a vencer se desarrolla sobre tierra propia, la sede del capitalismo mundial y el lar de la élite predestinada de los tiempos modernos.  Ir contra los ciudadanos propios habrá de traducirse como un necesario sacrificio en nombre de la paz terráquea, ciudadanos sacrificables -por cierto- cuanto más si no presentan rasgos de pureza histórica en su sangre.

Fue hacia allá que apuntó el derechista Patrick Buchanan cuando declaró que hasta no hace poco EEUU era una verdadera nación, con un 90% de mayoría blanca, como lamentándose de la proliferación de valores no exactamente genuinos americanos.  Textualmente, año 2.004: “En 1960, cuando JFK venció a Nixon, Estados Unidos era un país de 160 millones de habitantes, con un 90 por ciento de blancos y un 10 por ciento de negros, y con unos pocos millones de hispanos y asiáticos repartidos entre nosotros. Éramos una nación, un pueblo. Adorábamos al mismo Dios, hablábamos el mismo idioma inglés.”¹ Y por ahí se viene la conclusión final de este artículo:   de seguir haciendo prevalecer sus incómodos intereses y expectativas de cambio sistémico, las minoritarias mayorías de los EEUU (preciso es llamarlas así), el poder político, económico y blanco del país, se verán precisados a actuar o morir, sumido en un proceso histórico de disolución cultural, como es la ocurrencia decadente de una matriz imperial que toca a su fin.  Hacia el final del Imperio Romano poco importaba que un Julio César fuese descendiente de Júpiter de cualquier manera.  He allí el peligro de la memoria selecta liquidada con el advenimiento de novísimos valores.  A alguien se le puede olvidar –¡tremendo peligro!- que no fue un negro quien forjó la Independencia y el Estado de la Unión de los EEUU.

En consecuencia no es descabellado a lo que se pueda recurrir para mantener el “arte” y “cultura” norteamericanos, por hablar así de formas y esencias preservables desde el ángulo discursivo de la clase dominante.  Y del mismo modo como se habla con prestigio y convicción de "arte" y "cultura" como valores caros a la civilización, nada loco es que el lenguaje del poder utilice su fuerza para la persuasión mediática, para el encapsulado mental conducido, so pena del uso de la otra fuerza, la militar; y termine acuñando términos contradictorios para defender la historia y la tradición, con expresiones como "apartheid democrático", para significar que sólo una minoría-minoría es susceptible de ser considerada nación en los EEUU, aunque el país se encuentre infestado de negros y latinos que hayan llegado después.  Los medios de comunicación, como adláteres del poder que son, serán los encargados de propalar y mentalizar la nueva doctrina patria del  mencionado apartheid, del mismo modo que han estatuido como "civilizados" conceptos como  "guerras preventivas", a título de guerra contra el terrorismo, o el llamado "derecho a la defensa", mismo merecible sólamente a quienes desde la vertiente capitalista sean amenazados por un factor enemigo o revolución.

Viéndolo así, pues, con estas incómodas emergencias raciales, si los EEUU no instauran a futuro un severo mecanismo de control político (dictadura, como sea que se disfrace), se verán en la consecuencia de que se le fragmente o disuelva el poder dominante del que hablamos.  Su esfuerzo mayor será el de encapsular la cultura, imponer la historia y cultivar las mentes para el sostenimiento de establishment plutocrático, sobre el contexto cazabobos de las fuerzas inescrutables de la predestinación nacional (racismo) y las del mercado, bicho con vida propia, como reza el eslogan.   En el plano del discurso y de la preservación de las apariencias, su mayor obstáculo será la democracia misma, concepto del que se postulan re-fundadores, después de los griegos; el gran problema será cómo vender su abolición.  Y fíjense que no hablamos de la democracia como estorbo de modo fortuito:  si usted recuerda bien, hace poco el candidato republicano a la presidencia de los EEUU, John McCain, en el contexto de una discusión sobre la crisis financiera que actualmente azota al país y que no parecía dar con la manera ética de aprobar dinero desde el gobierno para ayudar a la banca, confesó que su gran sueño siempre ha sido ser un gran dictador.  Como si dijera que ya habría resuelto el problema de aprobar dinero para la banca sin consultar con Congreso o Cámara algunos, menos incluso con el pueblo, la obligada figura de los contribuyentes.  Menos que menos, para lo que hablamos, y ya en un futuro de convulsiones sociales y raciales en los EEUU, si ese pueblo lleva en su sangre una genética extranjera ajena a los “genuinos” valores fundacionales del la nación mimada por la Providencia.

Porque he aquí  el paso del tiempo y su efecto evolutivo sobre la cosa humana.  Tan cierto como EEUU ha sorteado recesiones de carácter económico en su devenir como baluarte capitalista, así mismo se le presenta hoy igual reto, pero con un agregado aparentemente inédito:  el de crisis social, y ello sin ahondar en la precisión de lo racial o cultural, estigmas de mayor repercusión a la hora de los análisis. Porque es así:  los EEUU parecen tener reseñados en su porvenir una hora de convulsiones sociales, de precipitaciones políticas, de ajuste de lo interno plutocrático para ejercer más eficientemente su dominio sin dejar de aparentar ser el eterno país de las igualdades.  En términos más severos, tendría que hablarse de tiempos terribles, posiblemente de revoluciones; pero es un poco temprano para eso.  Lo que si hay que dejar sentado con toda autoridad histórica es que los bárbaros, en todo tiempo y lugar, no pasan por las humanas civilizaciones sin empreñarle sus porvenires.  Y lo negro, latino y asiático en los EEUU, constituyen hoy un hecho fundamental para el futuro encaminamiento de las transformaciones culturales; y encaminamiento, por supuesto, en tanto endereza y sincera el siniestro de los entuertos de la poderosa minoría que en los EEUU gobierna.

Nota:

¹  Tomado de Amy Goodman:  "Mickey Mouse no irá a votar" [en línea].  En Democracy Now! - 16 oct. 2.008. - [Pantalla 4]. - http://www.democracynow.org/es/blog/2008/10/16/mickey_mouse_no_ir_a_votar. - [Consulta:  27 oct. 2.008].

jueves, 23 de octubre de 2008

El entierro prematuro del FMI

Imagen tomada de Visión política Refiere Edgar Allan Poe en una de sus historias (El entierro prematuro) la angustia de su personaje ante la muerte, personaje quien, por causa de una afección extraordinaria que suspendía sus funciones vitales sin morir realmente, temía constantemente ser enterrado estando aún con vida.  Para conjurar sus temores, hizo arreglos de modo que le tuvieran a la mano un ataúd con dispositivos de apertura desde su interior, para escapar, dado el caso que le ocurriese tragedia tan espantosa.

Su angustia permanente era que "muriese", pudiendo permanecer en tal estado largo tiempo, obligando al protocolo médico de entonces a declararlo "muerto" y a enterrarlo, su tragedia final.   Se precisaba de procedimientos y artilugios no paridos por la ciencia todavía para declararlo muerto con certeza, sin incurrir en equívocos (horror para el caso).  Esperar que trascurriera bastante tiempo sin notar que el cuerpo se descompusiera era una medida poco práctica en la situación vital del personaje; o constituye una omisión habilidosa del relato, desde el punto de vista de la ficción envolvente.

Tal situación de certificación de muerte ante la evidencia de un cadáver putrefacto es lo que acaba de hacer hoy el Fondo Monetario Internacional (FMI) con el asunto de la crisis financiera o la llamada recesión económica, dejando ya de lado el célebre cuento del escritor estadounidense.  Con el aplomo y certeza que pueda derivarse de una situación pestilente de no vida -digámoslo así-, declaró sin más que EEUU entró en una recesión que durará hasta el 2.009, y que era cierto el cuento ese de que se había empezado a vivir una crisis desde hacía rato, con millones de contribuyente perdiendo empleos y hogares.

La borrasca de la crisis se había visto levantar, pero, como dijimos, podría ser ilusoria, y el FMI temía cometer un garrafal error de certificación institucional, proponiéndose esperar tener las pruebas en la mano.  Ver para creer, como diría un Santo Tomás.  Hasta hace dos días que, con gran desparpajo, finiquitó el asunto y decretó que, en efecto, había crisis, y crisis para rato (bueno, en sus términos, para un año).  O dicho de otro modo:  hasta hace dos día fue que sintió, como consorcio plutocrático mundial, lo que otros ya sentían desde hace años en carne viva.

Fue necesario que corriesen las lágrimas, primero, y la sangre, después; o, como se dice en el país:  que la sangre llegase al río, para actuar.   Para abrir el pico y dignarse a reconocer la amarga derrota de un sistema político y económico que sólo ha servido para afincar a una poderosa minoría en el poder mundial, sobre la base del engaño a esos otros miles de millones restantes en que consiste la población de la Tierra.  Cosa sería hoy, por cierto, porque no se puede perder la credibilidad  y el prestigio del mando prestidigitador sobre tantos millones de seres humanos agrupados en sociedades necesariamente políticas.  ¡Ojalá no se llegue al extremo de que, para mantener el "modelo" (hoy en crisis), se tenga que combatir la pobreza matando realmente a sus pobres!  (La costumbre es hacerlo mediante guerras).

Fue necesario que se rompiesen los diques y ocurriese luego la inundación para asumir posiciones que evidenciaran que el sistema capitalista y neoliberal, como toda cosa humana, no era una perfección.  Que muchos quedasen en la calle, sin empleo y sin hogar, y a veces hasta bajo tierra (en EEUU ya hay significativas cifras de suicidio), para animarse a declarar oficialmente la sandez de que hay una crisis.  Que el libre mercado ha sido derrotado por sus propias hormonas, o por una cosa parecida a lo que ocurre en los organismos vivos con la llamada autoinmunidad, proceso defensivo biológico sin embargo autodestructivo.

"Por primera vez en una década el desempleo mundial apunta a alcanzar la cifra de 200 millones, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con el nuevo aporte de los 20 millones que le arroja la presente crisis"...

Por primera vez en una década el desempleo mundial apunta a alcanzar la cifra de 200 millones, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con el nuevo aporte de los 20 millones que le arroja la presente crisis, o recesión, para utilizar la expresión certificatoria del FMI.  Tres de cada cuatro ciudadanos estadounidenses sostienen que la situación es bastante mala, según medición de una cadena informativa adlátere del mismo sistema de las mentiras (CNN).  Y lo peor, desde el punto de vista del sistema modélico que siempre se ha afanado por venderse como la panacea económico-política de la sociedad mundial:  el Estado tuvo que mediar en los mercados, intervenir sobre la banca, para salvarlos, inyectándole unos $700.000 millones, acabando con la epistemológica aseveración de la libertad de mercado del sistema neoliberal.  Como hacen los Estados socialistas, pues, ni más ni menos, al intervenir para regular, no creyendo en instintualidades desbocadas de la condición animal como figuras rectoras sobre la razón y moral humanas.

Una amarga verdad en momentos de crisis o, volteando la expresión, una crisis por la eventualidad de amargas verdades.  Como sea, parecía ya insostenible que el cinismo mundial de la clase económica dirigente siguiese cabroneando que no ha pasado nada, para no aporrearse tanto el orgullo, para alimentar ególatramente la autoestima y subirla hasta niveles de ficción con el cuento de que es un breve capítulo de desperfectos en la trama.  Para intentar salvar, sobremanera, la pócima ideológica de los embrujos, y seguir engañando a granel a los idiotas, cuando no sometiéndolos por la fuerza de las armas para que crean por creer.

Resulta aterrador que la gente comience a dudar sobre las virtudes de su modelo de vida, cuando no a sufrir sus consecuencias depredantes ciudadanas.  ¡Y en los mismos EEUU, sede ideológica del capitalismo mundial!  Millones de almas tendrían que ser convencidas  de que, a pesar de todo, el modelo es el modelo, y que no tiene caso voltear la mirada hacia otros, llámese comunismo, poder de la gente o socialismo, susurros fantasmagóricos del pasado.  ¡Vaya, vaya, con estos ídolos del juicio para no mirar realidades!

El FMI, como organismo plutocrático que busca preservar sus niveles convincentes de credibilidad (vaya pleonasmo), sus niveles engañosos de salud imperial, miente cínicamente sobre una realidad ominosa o deja de hacerlo cuando la verdad ha exterminado a millones.  Así de simple.  Decir lo que dijo, reconocer que el cadáver apesta cuando florean los gusanos, es un infinito acto de burla institucional que pone en entredicho la inteligencia humana, si se considera que es gente muy docta, formada en las "mejores" universidades del mundo.  Lo mismo ocurre con sus negaciones.

Ya usted lo vio:  tardarse en reconocer lo que ya es un río que arrastra cadáveres, no más porque le conviene propagandistamente a su semántica de dominio, es un acto más bien que se encuadra en un paradigma de la desaparición, de la decadencia, porque la tontería podría ser una edad de la vida, pero no una eternidad.  Y así mismo como aseveró que "hay crisis", obligado por la conveniencia de las arremolinadas circunstancias, también juega con los imbéciles del mundo cuando pronostica que se extenderá la recesión hasta mediados del 2.009.

¿Usted le cree, tanto al FMI, como a cualquier otra institucionalidad de la explotación mundial, como la Organización Mundial de Comercio (OMC), el G-7 o la ONU misma, toda esta parcializada con los más poderosos?  Ni en sueños se animarán hacia la verdad, esto es, reconocer que todo un sistema se puede estar quebrando, aunque de los cadáveres sea notorio que empiecen a brotar moscas.   Siempre fiel al eslogan institucional del sistema del capital:  la realidad personal del uno sobre la social de millones.  Egoísmo versus altruismo.

sábado, 18 de octubre de 2008

Una para Venezuela y por la independencia de los pueblos en América Latina

Por supuesto, la crisis no es buena para nadie que no sea tremendo plutócrata que, en el festín, se trague a su semejante financiero y obtenga descomunales ganancias. Como pasa con los diez bancos privados de la Reserva Federal de los EEUU que, a título de ser una entidad gubernamental, "nacionaliza" (en realidad privatiza) aquellas empresas que no pudieron resistir el ritmo de marasmo del capitalismo salvaje. La reciente ayuda de $700.000 millones aprobada por el Congreso estadounidense, a más de ser una pesarosa acción de conjuras críticas, es un acto lujurioso de euforia financiera donde los más poderosos se llenan. Negocio redondo desde el que fabrica el billete (Tesorería), pasando por la banca de la Reserva Federal, que se autofija los intereses a cobrarle al gobierno por "el rescate financiero", hasta la misma esfera del gobierno que, a discrecionalidad, "parte y reparte" la torta de los millones.


Las crisis son para los más pendejos, para el contribuyente, como es lugar común ya decirlo. Y dado que, como sea que el sistema capitalista presupone un equilibrado orden de relaciones financieras en el ámbito mundial, su ruptura afecta también a los países de economías más débiles o monodependientes, que es como si dijéramos también países más pendejos. Aquellos que por cultura y tradición se apegaron a ciegas y a tontas a la práctica del "modelo"; aquellos que, sordos a la inminencia de la crisis, no movieron un dedo para la toma de contingencias; aquellos que, vía chantaje o lo que fuese, se encuentran en el callejón sin salida de la no elección. En fin, los que de cualquier forma dependen casi completamente del vaivén de la economía del norte.

Porque así como el contribuyente estadounidense mantiene las virtudes y funcionalidad de su siniestro gobierno, así también las pequeñas economías del mundo, militarizadas o colonizadas, contribuyen con el soporte imperial del sistema capitalista. Países hay que, a fuer de pequeños o raquítico en su salud económica, obtienen ingresos anuales menores a los de una transnacional como Microsoft, por citar un nombre muy conocido y también poderoso. Muchos hay que dependen de la remesa de sus emigrantes, como El Salvador, cuya fortaleza financiera se soporta en lo que sus ex-nacionales envían desde los EEUU; otros hay entregados hasta el fondo con la causa del capital del Tío Sam, como Colombia y Honduras, cuya mayor notoriedad es el apelativo de ser el genuino patio trasero de la nación de Monroe.

El primero cometía la torpeza hasta hace poco de suplicar por la aprobación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los EEUU (¡en época de crisis y todo!), a pesar de que está visto que lo que acarrea es miseria para sus subscriptores menores, como lo ha demostrado la experiencia. El segundo, Honduras, es uno de los países más pobres de la Tierra, tradicional patio de entrenamiento de las tropas belicosas de los EEUU, lo cual hace suponer un sistema económico completamente volcado hacia la matriz imperial.

La pregunta obligada es ¿qué habrá de ocurrir con estos países que lo único que les falta es figurar en el mapa del Estado de la Unión del país de George W. Bush? Porque es ya casi un hecho que los países que habrán de ser afectados por la crisis son aquellos cuyo mayor comercio se da con los EEUU.

¿Se imaginan economías como las de México y la misma Honduras, cuyo apadrinaje gringo no ha servido más que para plagarlos de falsas expectativas y reales miserias, respectivamente? La primera ya sin petróleo, lista para ser abandonada a su suerte, después que le chuparon hasta la última gota (hasta un muro para atajarla le construyeron); la segunda, desde siempre abandonada. No digamos nada de Colombia, cuya porfía firma hasta la muerte al lado del destino de su jefe mayor, aunque ahora mismo dé señales de acercamiento con su vecino Venezuela.

Pero digamos cosas buenas, también, para no anegarnos de pura incertidumbre, y que nos sirva para albergar esperanzas de cambio para los pobres de la tierra, que son la mayoría. Los humanos mayoritarios, si se quiere ver así, dado que los ricachones capitalistas son una ínfima minoría, como si fueran otra cosa. Digamos, por ejemplo, que la misma Honduras ya dio pasos en firme para salirse del esquema económico que siempre la ha satanizado con miseria a montón (7 de 10 viven en pobreza): hace poco declaró su presidente, Manuel Zelaya, que su alejamiento de la "ayuda" de los EEUU y su adhesión a la Alternativa Bolivariana de Las Américas (ALBA) constituía una "verdadera y segunda independencia" de su país.

Y ello por mencionar una pequeña arista del rombo del proceso de cambios que en firme se ha instalado a avanzar en América Latina, desmontándose del lastre que significa acunar el modelo capitalista imperial de los EEUU en nuestras tierras. Desde hace una década para acá, con Venezuela como cabeza de playa (y con Cuba desde más allá), los países latinoamericanos se han dispuesto al combate por una autonomía y soberanía político-económicas, tomando la previsión de no tratar de correr con la misma suerte que la del gran país ahora en crisis, intentando sincerar sus realidades de acuerdo con nuevas expectativas, otras proyecciones y en consonancia con su propia idiosincrasia, propias capacidades y reservas naturales.

"El caso Venezuela es de especial mención. Promotora fundamental de la integración político-histórica, es quien ha dado los pasos más contundentes en busca de la unificación económica regional y quien le ha propinado las más críticas bofetadas a la injerencia hegemónica de los EEUU en América Latina, de un tiempo para acá."

Bolivia, hoy sumida en desestabilización, vive el trauma del desprendimiento de la matriz norteña, misma que ya ha sufrido la baja de tener un embajador expulsado, pero que, ni corta ni perezosa, ya ha aplicado medidas de carácter económico para obligar a la tradicional sumisión que supuestamente se le debe; Ecuador, país que ya tenía dolarizada su economía, da pasos políticos en firme para escapar del influjo estadounidense y de las élites criollas que se afanan por la tradición de las rodillas sobre el pavimento; Nicaragua es un país que milagrosamente ha escapado de la garra norteña, y ello porque tuvo que derramar mucha sangre a través de una lucha revolucionaria. Otros países como Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, realizan el esfuerzo de volcarse soberanamente hacia mecanismos de integración política y económica regional.

El caso Venezuela es de especial mención. Promotora fundamental de la integración político-histórica, es quien ha dado los pasos más contundentes en busca de la unificación económica regional y quien le ha propinado las más críticas bofetadas a la injerencia hegemónica de los EEUU en América Latina, de un tiempo para acá. Para nadie tiene que ser un secreto que sus iniciativas, de corte autonómico energético, como Petrocaribe y Petrosur, y de corte político integrador, como el ALBA, hoy mismo son objetivos de guerra de la política diplomática imperial.¹

Y ello, ejemplicando con Venezuela, es proponiendo y haciendo, lo cual ha de otorgarle un mayor reconocimiento a la patria de Bolívar. Venezuela blindó su economía más que otros países, porque desde hace tiempo retiró sus reservas de la banca norteamericana y porque, entre otras iniciativas de proyección regional, como el ALBA mencionada y la creación del Banco del Sur, economía adentro reguló el comportamiento de la banca.² Un capítulo contundente que expone a las claras el esfuerzo del gobierno venezolano por combatir la monodependencia exportadora hacia los EEUU, fue el anuncio del presidente Hugo Chávez de colocar en el mercado chino un millón de barriles diarios de petróleo, en un plazo estimado de cuatro años, en vez de los 350 mil que hoy se le venden.³ Sin duda un esfuerzo de diversificación y de independencia económica, si tomamos en cuenta que EEUU le compra a Venezuela el 40% de su exportación petrolera.

Por ello, desde aquí, salutaciones a los países preclaros que intentan desligar su destino de los paradigmas en decadencia, con deblacles financieras, como la hoy vista. Que bueno sea en un futuro afirmar que nuestros países ejercen soberanía, poseen fortaleza económica y política, y dispongan de fondos de contingencia para afrontar ramalazos de crisis, cualesquieran sean. En este sentido, el anuncio del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de que el país cuenta con fondos estratégicos rozantes a los $100.000 millones para afrontar la recesión que supone la crisis financiera, constituye un alivio ejemplar y, al mismo tiempo, un arresto de dignidad para continuar con la labor de independizar pueblos.

Notas:

¹ Fernando Ramón Bossi y Vilma Soto: "La Embajada': las siniestras misiones diplomáticas norteamericanas en nuestra América" [en línea]. En Aporrea.org. - 16 oct. 2.008. - [Pantalla 11]. - http://aporrea.org/internacionales/a65697.html. - [Consulta: 18 Oct. 2.008].
² Ernesto Carmona: "Latinoamérica se prepara para enfrentar la crisis" [en línea]. En Aporrea.org. - 16 oct 2.008. - [Pantalla última]. - http://aporrea.org/internacionales/a65707.html. - [Consulta: 18 oct. 2.008].
³ "Chávez: envío de petróleo venezolano a China alcanzará un millón de barriles" [en línea]. En Aporrea.org. - 23 sep 2.008. - [Pantalla 1]. - http://www.aporrea.org/energia/n121156.html. - [Consulta: 18 oct. 2.008]

martes, 14 de octubre de 2008

Loquitos y suicidas del sistema

Imagen tomada de Andalucía liberal, periódico online La derecha política, esa misma cuyo sueño son los reinados del uno sobre el otro, la misma cuya semántica vital es el lenguaje del libre mercado y la anulación intervencionista del Estado por parte de la plutocracia (para ella hacer desastre), parece dar tumbos hoy y sólo atina a huir hacia adelante, como se dice, hacia el frente de sus propias desgracias, como si quisiera suicidarse, buscando líos por doquier antes de hundirse, como para crear conmoción -se dirá- y medrar del caos después, intentado tapar el sino de su hecatombe.  Se le medio revuelve el esquema de trabajo -su sistema capitalista y neoliberal- y ya tiembla como un ranchito de naipes ante el viento.

Es lo que se palpa a medida que pasan los días y se nota tanta locura en el mundo.  Hoy nomás hay reportes de que en Alemania se incrementa la actividad violenta de sus huestes extremadas, la ultraderecha.  El fascismo del Hitler exterminador anda por ahí flotando, esperando apenas las condiciones para tomar el poder y, nuevamente, intentar fundar su imperio de los mil años.  Y como que le soplan vientos favorables. Es lo que ocurre a la ideología derechista cuando se encuentra en problemas, cuando se le dibujan crisis para seguir vendiendo su imagen de gran panacea política y sistema de gobierno; cuando no puede mantener el orden a través de las vías convencionales, estupidización mediática incluida.  Su orden del día es el engaño, la pantalla, la facción, la tergiversación; como si dijéramos, el legado de Goebbels a la enésima potencia en ejercicio.

Bajo su mecánica y óptica de gobierno, no habría problemas, esas crisis y pobres del mundo, ni tanto idiota por allí perdiendo casas o empleos, renegando de su sistema tradicional de gobierno; porque de cuajo los erradicaría al volverse molestos al estatus.  No necesariamente los campos de concentración tiene que ser como los de Auschwitz y otros del pasado, donde abiertamente se cremaban cuerpos humanos; el ingenio moderno permite camuflar muchas cosas y hacer pasar como "progresista", vía educación de las masa y engaño mediático, cualquier barrabasada contra el hombre.  ¿Para qué dar ejemplos?  Duele la lengua y los dedos de tanto citarlos o teclearlos, respectivamente.

Y eso fue lo que dijo McCain (el candidato a la Presidencia de los EEUU) que quería ser: un gran tirano, un dictador, cosa muy soñada por su persona, según confesión propia.  Porque resolvería con mano de hierro los problemas, sin estúpidos Congresos o Cámaras del Senado que diserten sobre las medidas a tomar para combatir críticas contingencias.  Porque a eso tiende, naturalmente, semejante enfoque político cuando se encuentra aquejado:  a hacer locuras, a extremarse, a huir hacia el frente, a proponer que, si se hunde él, el el mejor esquema político, se hunde el mundo completo.  Y hay que entender que, en el caso de McCain y su "mano de hierro" para resolver rollos, hay una referencia expresa al uso de la violencia para imponer cosas.  Ni más ni menos.

Hay que creerlo. No esperaría gran tiempo para sacar el dinero de los contribuyentes y salvar a la banca, y no dudaría en sofocar la protesta ciudadana derivada con comandos de choque élites antimotines.  ¡No joda, aquí pierden sus casas y empleos y se me callan, carajo!  ¡Joder a otra parte!  ¡Vivimos en los EEUU, el país que ha de ser modelo de felicidad para tener alta la moral ante el saqueo y el expolio al que hay que someter el mundo de los más pendejos!  He dicho.

Pero no es sólo el fascismo el síntoma de la cabra loca y desesperada que es la derecha política ahorita, en problemas para mantener su modelo, en crisis finanaciera.  Es todo, compadre.  El fascismo es la encarnación en uno, en un personalismo, de un estado de demencia colectiva.  La locura de los que tienen cuando se sienten amenazados por los que no.  Y en tal caso, hay que tomar medidas extremas -es su determinación-:  matar, desaparecer, cremar, bombardear, encarcelar, controlar, restringir, censurar, aniquilar, aprisionar y tantos otros infinitivos.  Metido el sistema a cabra loca, como llevamos dicho, no tienen que sorprender sus demencias, por más que se esfuercen sus medios de comunicación manipuladores en presentar la noticia como "actos y hechos necesarios" en aras del orden y la paz.  Que se suiciden los que pierden empleos y casas es "normal" –nos venden-, como habrá de serlo que, a un nivel más serio, se aproveche un evento catastrófico, como el huracán Katrina, por ejemplo, para ajusticiar a cinco o seis mil ciudadanos "incómodos" al establishment –nos ocultan-, como dice que ocurrió una actual candidata a la presidencia de los EEUU.

La crisis del sistema financiero se encadena en el mundo capitalista, como también se encadena la sevicia de los gobiernos al actuar salvando banqueros en vez de pobres ciudadanos en problemas.  Noruega, Finlandia, Inglaterra, Alemania,  además, por supuesto, del ojo del huracán, los EEUU.  En efecto dominó, la plutocracia del mundo estrecha defensas y diseña planes de contingencia, que a la final no son más que de ataque y generadores de caos para distraer la atención.  Puro cortinaje de humo para enceguecer lo que ya no se puede.  Por ejemplo, nadie puede tapar que es una salvajada contra la ciudadanía el "salvataje" que el Estado gringo hiciera en beneficio de la banca.  ¡$700.000 millones para los pobrecitos ricos, mientras que con $5.000 millones  se podrían salvar 6 millones de niños en problemas! O salvar, por ejemplo, a los 4 millones de ciudadanos que viven el trance de perder sus propiedades, por no poder pagar la hipoteca...  ¡sale al costo de un monto ridículamente inferior a los susodichos $700.000 millones!

"¡No joda, aquí pierden sus casas y empleos y se me callan, carajo!  ¡Joder a otra parte! ¡Vivimos en los EEUU [...]!"

No se diga nada del hecho salvador en sí del Estado al inyectar dinero en el mercado para equilibrarlo, actuando el país modelo capitalista como un Estado socialista en pleno apogeo.  ¡Metiendo la mano en el mercado! ¡Se cayó el libre mercado, pues, el embuste del siglo!  Todo era una patraña para engañar a los más bolsas, quitando a los gobiernos de los caminos para saquear economías nacionales a escala global.  La riqueza sólo para los ricos, pues, con intervención del Estado sólo si se les unía, en detrimento de los huevones de siempre, el eterno pueblo del mundo.    Ahora hay un capitalismo cuyo nuevo axioma es la intervención del Estado en la economía de "libre mercado"  ¡Vaya desbarajuste!   Lo que decíamos arriba:  se volvió loco el sistema y anda en una onda como de suicidios, pero queriéndose arrastrar a todos con su suerte.  El sistema neoliberal de nuevo mercado, y valga el pleonasmo.

Pero no es todo.  Está planteada otra ayuda en el Congreso para ofrecérselo a la banca, así como ayudas van y vienen para su banca en los países europeos.  ¡Es que la plutocracia es una gran familia transnacional!  Hay que defenderla, como se defienden gentilicios nacionalistas, como ocurría en el pasado feudal, cuando una sarte de idiotas se iba a la guerra por sus reyes.  Y los medios de comunicación allí, como unas compradas grandes putas de la conciencia, listos para "procesar" la información.  La cosa entró en desbandada, sin duda, como si Bush se quisiera raspar la olla antes de cesar en la jefatura del país más ominoso de la tierra.  La locura le tira a todo lo que se mueva y pueda soltar prenda salvadora, y es cuento hablar de guerras e invasiones, como de reuniones en la OTAN, o de acuerdos siniestros en el grupo G-7, este de los países millonarios del mundo.

Mucho ha llamado la atención -por lo que de suicida tiene- el funcionamiento descaradamente sesgado de las ONU, hoy sin duda el mejor aparato imperial al servicio de la derecha política mundial, con su sistema capitalista y todo, el "modelo único" propalado desde tan alta instancia.  Denunció hace poco el embajador ruso ante la OTAN que la ONU firmo un pacto secreto con la organización a espaldas de los cinco miembros de su Consejo de Seguridad.  Acto de locura que pone a desesperados a correr por cualquier lado con tal de generar caos en la coordenada internacional, para buscar salvarse en medio del zaperoco –será-.  Lo cierto es que la loquita organización Ban Ki-moon, el asiático educado en los EEUU, se colmó de vicios y hoy mismo es eso, una organización viciada de parcialidades. Y dado su misma condición decadente, se impone una reorganización del sistema internacional de garantías de los derechos, y ello, con seguridad, habrá de convertirse en un llamativo trapo de colores que desviará la atención de los desastres de ciertas decadencias políticas.

Andan, pues, que no encuentran qué hacer.  Loquitos, como dijimos.  EEUU propone allá, en el Medio Oriente, confiscar los activos petroleros de Irak si éste país no acepta que ellos permanezcan en sus bases militares de modo casi indefinido, así como que le otorguen inmunidad a sus soldados.  Como ya lo lograron en Colombia, donde el soldado gringo es inmune a sus propios delitos.  ¡No quieren nada, ¿no?! Y es de recordar también, en el mismo Irak, como abiertamente le ofrecían $5 millones a los parlamentarios para que aprobasen medidas que prácticamente sancionaban el confiscamiento de sus propias reservas petroleras.   Una de locos, locura que sus medios de comunicación se afanan en pasarnos como hechos normales de las relaciones internacionales entre países "progresistas".  ¡No me jodan!  EEUU ha matado en ese país 1,2 millones de civiles y para estos hijos de putas la vaina no es noticia.  ¿De qué hablamos?

Pero hay cosas que sorprenden en medio de esta loca agonía del sistema.  Y esto es América Latina.  Como que no le dio tiempo a Bush de meterse a fondo, no más que en Colombia.  Flota Venezuela por allí como un fenómeno de país que no fue invadido por los locos del norte, de modo increíble.  Naturalmente, esta es una apreciación de proyección corta:  por allí viene McCain, el gran dictador-cabra, hablando de ajustar tornillos y tuercas en el continente, de tomar la presidencia.  Con seguridad, bombas atómicas para América Latina, debidamente diseminadas, fragmentadas como en Irak.  ¡No, hombre: o son colonias o patio trasero! ¡A ajustarse, pues!

Y pare de contar el sanatorio mental de la derecha política mundial, en su fundamental artífice, los EEUU.  Pero es aparencial, lo sabemos, esto es la demencia, el ardid.  Simula andar de suicidio nomás que para generar caos, para embochinchar la aldea global, y para medrar de las caóticas estampidas, desviando la atención, como primer efecto. (Es cuento viejo ya lo de las Torres Gemelas y la Guerra contra el terrorismo).   Sin duda.  Sabemos que anda desesperado el sistema capitalista mundial, pero sigue sujetando la maquiavélica cordura de exacerbar su locura sistémica para sobrevivir, como sólo proponen que saben hacerlo ellos solitos, con su idea perniciosa de la supervivencia del más apto.  Se saben en una hora de cambios, de revoluciones, como en la vieja Europa de Francia e Inglaterra, y mientras lo nuevos actores se asientan, ellos, la derecha política mundial con su sistema capitalista neoliberal, se ven en la necesidad de mantener lo más que puedan el teatro político de su existencia.

sábado, 11 de octubre de 2008

¿Perdidos para el mundo y viajando a través de las cañerías?

Imagen tomada de JorgeLetralia La desintegración de la antigua URSS, el ataque (o auto)  a las Torres Gemelas y ahora la crisis financiera, son hechos que han puesto a cambiar el mundo.  ¿Quién lo duda? Uno con más impacto que otro, pero efectivo al fin. El primero es tan significativo que durante su acaecimiento nadie dudaba que comportara una seria modificación de actitudes y modos de vida en el planeta; el segundo, se erigió en una cumbre argumental para que el imperialismo (el armazón de la ideología capitalista neoliberal)  se desbordase y, con las manos libres que le dejaba el supuesto derrumbe de la ideología contraria, apalease con furor aquellas zonas que todavía no habían sido conquistadas (Irak, Afganistán, etc.); el tercer evento todavía cursa y muchos aún dudan si la vaina comporta un derrumbe de algo, un cambio importante que afecte visiones de mundo y modalidades de vida.

Algunos vienen, y así como así, dejan sentado que se cayó el capitalismo mundial, como si la cosa fuese una paja que uno se quitase de la vista con un soplo; otros lo niegan con vehemencia, arguyendo que el mismo se alimenta de las crisis, mismas que son convertidas en un festín para una depredación “interna”.  Otros niegan todo, que es como si dijeran que no les importa un carajo nada de lo ocurra en este puto mundo de las locura humanas.

Otros simplemente pierden sus casas, sus trabajos, son acorralados financieramente...; otros, simplemente, mueren, sea por mano "accidental" o voluntaria...  ¡Caramba, hay de todo en este mundo de los recursos!  Atónitos miramos nomás ayer cómo un señor clase media estadounidense mató a sus hijos, a su mujer, a otro miembro de la familia y a sí mismo, por el hecho de perder su empleo, víctima de los coletazos de la tan sonada crisis que ha puesto a los intelectuales a parir pistoladas.  ¿Desaparece o no?  ¿Se acaba algo o no? ¿Aparece algo nuevo o no?  ¿Ser o no ser?

Dejando por fuera el tema del derrumbe de las antiguas repúblicas socialistas soviéticas, digamos algo del ataque "terrorista" a las Torres Gemelas.  La vaina hizo cambiar un mundo el orden de cosas establecidas. ¡Qué si no!  ¡Cónchale, a la potencia militar por excelencia del planeta se le atacaba, y algo serio tenía que ocurrir!  Como en efecto ocurrió:  EEUU empezó a esgrimir su licencia para meterse en todas partes y matar a cualquier sospechoso, desplegando su misión atrapa-terroristas. Inventó la "guerra preventiva" -¿se acuerdan?-.  Hizo sufrir a una pila de gente, allende sus fronteras, por supuesto.  Véalo:  se iniciaron nuevas guerras con el aderezado argumento, buscando en realidad apoderarse de geoestrategia y de recursos naturales. Ése fue y ése es todo el cuento.  Y las guerras que ya estaban iniciadas sintieron, por su parte, el efecto de una mayor audacia en la profundización de la violencia contra los civiles, más que todo.

Saber hoy que EEUU ha matado en Irak a 1,2 millones de civiles, por ejemplo, es para ponerse a pensar.  ¡Qué pecado tan arrecho cometieron esas personas para que una sarta de niños bendecidos del país de las predestinaciones venga a detonarles el equivalente a varias bombas nucleares, fragmentadamente, por hablar de lo más serio?  ¿Qué hicieron esos diablos del Medio Oriente con forma humana, por amor de dios?  ¿Será haber nacido encima del petróleo…? ¡¿Tener petróleo es un delito en este mundo, por lo visto?!  ¡Vaya, vaya: así las cosas, dan ganas de que se acabe de una vez por todas! Y si la cosa no es que los liquidan con bombas atómicas por pedacitos, es porque lo hacen de otro modo, más pormenorizadamente, como hacen ahorita mismo los tipejos marines cuando en cambote de hasta cinco mil patrullas diarias invaden casas, buscando "insurrectos" o "terroristas" para "interrogarlos" o, así como así, matarlos.  Carnicería islámica, pues. Mahoma es un gran terrorista, dueño del inframundo petrolero.

¿Lo vemos?  ¿Pensábamos que las Torres se habían caído y no más?  Qué va.  El mundo cambió.  Se hizo más violento, agresivo, procaz, inestable, inseguro.  ¿Quién demonios aguanta a la más grande maquinaria militar del mundo provocada a las mil maravillas, como llevamos dicho con el cuento de las Torres Gemelas?  ¡Hermano, ejército parado no gana guerras, sino que se pierde a sí mismo!  Tiene que hacer la guerra; explorar el mundo, expoliarlo.  Parado lo que hace es consumir el sueldo que se le paga a la tropa, y ese sueldo debe de salir de sus propias peripecias sobre el terreno.  Invadir, saquear, matar..., cualquiera de esas tan lucrativas actividades.  Después de los capítulos de Irak, cuando no se respetaron las resoluciones de la ONU; después del asunto de las Torres, cuando se inventó la "guerra preventiva", artilugio de la guerra contra el terrorismo, y después de tanta cosas que duelen e infunden intranquilidad a quienes quieren vivir en paz, la olla del mundo entró en ebullición.  Nada se respeta.  Se puede ir contra cualquier cosa. Nada ni nadie es sagrado, a no ser lo sagrado mismo.

Ni Venezuela, para hablar de un país que no se ha metido con nadie, sale de los cálculos.  Ahorita es dizque terrorista, narcotraficante, armamentista, atomicista, guerrillera o narcoguerrillera...  O Chavista, en una palabra. La realidad es que no es nada de eso, sino petrolera.  He allí el quid. Porque, como dijimos, tener petróleo es delictivo en este mundo de las conquistas y de los conquistados.  Los países desprevenidos (los que confían en el derecho internacional como modo de defensa) son una pila de pendejos, las anacrónicas doncellas del pasado que se llevaban los jinetes asaltantes. Ni era seguro el mundo ayer, ni lo es ahora; pero hay que decir que hoy lo es menos.   Ahora se soltaron los caballos, para decirlo con ritmo latino salsero.

Si ustedes recuerdan bien (aunque sea un mal recuerdo), Ronald Reagan había decidido bombardear a Libia nomás porque su dirigente, Monmar Gadafi, lo había llamado "perro rabioso".  Nada más por allí saque usted la cuenta de cuánto se creen algunos que el mundo les pertenece.  Ergo, ahora es peor, menos seguro. Y no digamos que Chávez llama hoy a los gringos "yanquis de mierda" y por eso le van a zumbar una bombas...  ¡Umm, umm!  Peor, caballeros.  El país del norte, con su OTAN y su ONU, con su señoreo militar del planeta, se las arregla para que la vainita parezca legal, con el tipo en chirona y todo, después del golpe, pudriéndose allá en una cárcel de los EEUU.  Como le hicieron a Noriega, ¿se acuerdan?  Sí, el mismo presidente de Panamá, dizque sembrador de marihuana en el patio de su casa.  Vainas que uno no cree pero ni drogado.

¡Pues, hombrecito, este mundo ya anda en cambios desde hace rato!  Ya nadie lo controla.  Se soltaron las fieras, ahora más heridas que nunca –no me canso de decirlo-.  Como dice el refrán, "la necesidad tiene cara de perro", y eso obliga a un mundo de cosas.  Si no, véalo, con lo que pasa ahorita, con la crisis financiera, que a muchos sesudos se les antoja el fin del sistema capitalista.  ¡Ojala!  Pero ni en sueños.  El arsenal capitalista es militar (valga la redundancia), si vamos a lo que tendría que quedar, en el supuesto de una caída del sistema.  Y ese montón de hierros pesa, caballeros, como dijimos ahorita cuando hablábamos de los ejércitos ociosos.  El país más consumista del mundo de pronto se encuentra con que ese consumo (con el que duermen a sus ciudadanos para que no vean los destrozos que hacen afuera) se acaba, cada vez se hace más difícil sostenerlo, siendo necesario crear caos por todas partes, invadiendo, matando, jodiendo, medrando de los desastres generados...

Si la causa de la crisis es el petróleo -¡que lo es, señores, ¿hasta cuándo idiotas?!-, con sus precios por las nubes y toda una infraestructura establecida para comprarlo barato, lo más simple es tomarlo de los países productores por la fuerza, que es lo que le sobra al sistema neoliberal inescrupuloso del mundo.  Ni más ni menos. Tiene ejércitos por doquier y maquinarias por montón.  Sólo tiene que encenderlos, porque ya cuenta, de antemano, con todos los permisos:  la ONU, la OTAN y cualquier otra “O” que a los efectos sirva.  No es posible dejar caer el centro de operaciones del capitalismo mundial, estos es, a los EEUU.  Sus ciudadanos tienen que seguir viviendo, mejor engañados, con sus respectivos antifaces en el rostro y su acostumbrado idiotismo que les haga creer que cumplen el sueño americano.  El corazón de la maquinaria capitalista-neoliberal-imperialista del mundo se tiene que mantener a cómo de lugar, no importando inclusive si se va contra los mismo ciudadanos.  Es una cuestión de vida o muerte, y ello puede reclamar sacrificios.

Y ya usted vio cómo la dirigencia y poder políticos de los EEUU se sacrifica.  Empiezan a buscar terroristas ahora entre los suyos, entre los mismos estadounidenses.  ¡Qué tal!  Si, como suena:  la gente se ha empezado a molestar y a salir a la calle para reclamar su coroto, hoy mismo, en ocasión de la crisis; pero ya los hijos de sus madres que sustentan el poder en ese país la amenazan, constitucionalmente, por supuesto, para no decirlo de otro modo.  Le acaban de sacar –a tan desgraciada gente y a cualquier otro potencial manifestante- las tropas élites aquellas de combate en Irak, las que iban "casa por casa" en busca de insurrectos.  ¡Caramba, como que no se puede protestar en ese país de los sueños, por nada, por no tener empleo o por perder la casa, como si la única opción de protesta fuese la que acometió aquel pobre hombre al matarse junto a su familia!  Como que es preferible que la gente se muera, pues, ... ¡pero que no proteste, coño!

"Cuando el Estado mete la mano para regular los mercados, evitando la pulsión salvaje del mismo mercantilismo, deja de existir la susodicha liberalidad del capitalismo, y pasa a haber algo parecido a la práctica de un socialismo de Estado.  Ni más ni menos, y eso fue lo que ocurrió en los EEUU. Sólo que el socialismo de Wall Street fue uno muy sui generis:  fue de los banqueros, para los banqueros y por los banqueros"

¿Mala cosa no?  Peor si uno piensa en lo que denunció una tercera candidata a la presidencia, Cynthia McKinney (¡fuera de Obama y McCain hay otros candidatos!  ¿Lo sabía); esto es que, cuando los hechos del huracán Katrina, se descubrieron 5 mil cadáveres ajusticiados.  ¿No me lo cree?  ¿Que fue o no fue el Pentágono, eliminando a personas incómodas?   Vaya y pregúntele a ella, que anda por allá en campaña¹.

Si, hijitos, ahora la crisis, la mentada crisis.  Ella también comporta cambios, con seguridad parecidos a los comportados con el advenimiento de la guerra contra el terrorismo.  Dado que el capitalismo también se lucra con sus crisis, comiéndose a sí mismo, es decir, eliminando a los pendejos que no soportaron la infinita carrera por la supervivencia (la del más apto), como es un hecho que sucede ahorita; no es increíble que en breve tengamos extendido ante nosotros un sistema financiero super-recontra-capitalista-neoliberal.  Porque eso es lo que hace el tan sonado sistema:  se autoalimenta, se autodeglute, se concentra en sí mismo, aparentemente liquidándose por momentos, siendo que lo que hace es mutar en una figura más poderosa.  Y ello inquieta como presagio de futuras tormentas, seguramente nada halagüeñas, como ya dijimos que ocurrió con la ficción etiológica de la Torres Gemelas.  Otro cambio, pues, para tan cambiante mundo.

El primer cambio que tenemos que acusar es aceptar que los banqueros, a pesar de que se comen todo cual agujero negro, es lo mejor de la galaxia.  Y debemos vivir con ello, nadar en ello, balbucear en ello, largar la baba de la idiotez en ello...  Creer la cosa de cualquier modo, como la nueva cultura, a pie juntillas. Es decir, no tenemos que darnos cuenta de nada (como hacen los ciudadanos estadounidenses, que se hacen los bolsas con su sistema de gobierno), so pena de ganarnos la aversión del Estado.  Porque por ahí como que suenan los tiros, se viene el parecer de lo que dijimos:  una mayor represión contra la ciudadanía, una guerra más individual, más dentro de tu casa, sobre la violación de tus derechos personales, sobre el particular de la calle.  La aversión de un Estado que ya ha dado síntomas de ser siniestro contra aquellos que protestan sus derechos obliterados, contra aquellos que no comulgan con la guerra de Irak, por ejemplo, y contra cualquier otra política maravillosa que utilice del régimen neoliberal para mantener la salud y adormecimiento populares. El opio del gringo es el consumismo.

De allí que hablemos de lo que dijimos, de los muertos durante el huracán Katrina.  ¿Pasmoso, no?  Malo..., no hemos mencionado la Ley Patriota y los tantos otros intentos del Estado norteamericano de apresar en su puño a la ciudadanía.  Vea, usted, si no ha abierto más grandemente los ojos:  ¿sabía que la quinta mentira más vedada por los medios de comunicación del mundo al servicio del sistema (un 80%, aproximadamente) es el bloqueo y embargo de las propiedades de aquellos que se han opuesto o se oponen a la Guerra en Irak?  ¿No me diga usted que no lo cree, significando con ello que tampoco lo sabía?  Debe perdonarme, pero para ser estúpido se requiere primero ser ignorante, como es el caso de nosotros dos:  primero yo (cuando lo descubrí) y ahora usted, que menea la cabeza negativamente.  La primera noticia más combatida es la que le dije arriba, los 1,2 millones de civiles que las tropas estadounidense han matado en Irak, rivalizando con las peores matanzas de tiempos pasados².

De modo que lo que viene es la negación procurada de la realidad en el ciudadano.  Como si dijéramos que viene una época en se le habrá de instalar un chips de control a cada quien en su pequeño cerebrito, para así obedecer a esa raza de seres extraplanetarios:  los banqueros y sus sistema superneoliberal defendido por ejércitos.  Más control personal, en fin, mayor violación de los derechos civiles, mayor coerción, mejor dominio, un específico estremecimiento del sistema de creencias cívico:  creer o creer para ser un buen ciudadano.  Por supuesto, hablo de los países imperialista e imperializados, por dentro; porque a lo exterior, a lo que no se someta al vaivén del interés transnacional del mercado, le sale "bombazo".  Y pendiente están:  Irán, Osetia del Sur, Venezuela, Bolivia, tal vez Pakistán...   ¡Quién sabe con éste último, ex amigo de los EEUU! ¿Quién sabe con Venezuela, comprobadamente el mayor reservorio petrolero del mundo?

No comulgo con los agüeros que pronostican la caída del sistema capitalista, que no ha caído, como tampoco se cayó nunca el comunismo, o socialismo, para hablar de su versión más versátil y menos molesta para los delicados.  El susodicho modelo de vivir políticamente ahogado en el libre mercado posee una infraestructura insólita de poderío militar en el mundo...  Y eso cambia mundos.  Y eso cuando se hunde destroza...  Y eso ni siquiera concibe cambio alguno cuando se tiene el arma en la mano, para decirlo, pues, con palabras que impliquen fuerza.  Es un sistema de poder establecido, con crisis en sus formas de financiamiento, pero jamás cerrado a la posibilidad de obtener el financiamiento que le da el beneficio de crear en cualquier momento una guerra necesaria a sus interés, cuando no a su supervivencia, cosa para la cual ha sido concebido. Un ejército, una maquinaria.  Que el sistema ideológico provisto del mayor aparato militar esté en una fase crítica en modo alguno habla de caídas, cuando todavía no se ha disparado el primer tiro.  Óigalo bien:  largo camino queda por transitar para sacar del alma humana tan pútrida manera de hacer y vivir la vida.  Ningún animal se echa a morir en la naturaleza, del mismo modo que no lo hará el sistema neoliberal y capitalista del mundo, mucho menos si es salvaje.

¿Cierto que desalienta?  Hay que decirlo, porque no hay que vivir ni de ilusiones ni de mentiras, como dijimos que vive el pueblo de los EEUU cuando no ve el desfalco que le hacen sus líderes, bajo ese Estado tan controlador que se gasta.  Pero también hay que decir lo otro:  se está cada vez más cerca de un cambio tremendamente humanitario para el mundo:  el vencimiento de un formato para dar lugar a la reflexión, a la recapacitación, al renacimiento del otro, léase, socialismo, socialismo por doquier.  Es lo que está planteado.  Fue lo que hizo hace poco la Reserva Federal cuando metió la mano en el mercado y lo ayudó, inyectándole $700.000 millones, quebrando la sagrada norma del "libre mercado" del capitalismo.  Cuando el Estado mete la mano para regular los mercados, evitando la pulsión salvaje del mismo mercantilismo, deja de existir la susodicha liberalidad del capitalismo, y pasa a haber algo parecido a la práctica de un socialismo de Estado.  Ni más ni menos, y eso fue lo que ocurrió en los EEUU. Sólo que el socialismo de Wall Street fue uno muy sui generis:  fue de los banqueros, para los banqueros y por los banqueros, Estado incluido, porque ambos son ingredientes de la misma plasta de sustancias escatológicas.

La solución, en fín, está dentro de usted, en su humanidad, en no dejarle poner gríngolas ni antifaces al pensamiento que libera al hombre, y que lo hace libre, fundamentalmente, de sí mismo, de las creencias que esperan otros que usted acoja.  Socialismo como propuesta es altruismo, idea magna de la vida, donde hombre y Estado jamás se divorcian.  El Hombre amparado por el Estado y el Estado soportado por el Hombre, en su diseño y funcionamiento. Si eso le parece utópico a usted o a mí, que escribo estás apuradas líneas, es porque ya no tenemos remedio, estamos jodidos, nos bajaron en la poceta desde hace tiempo y disfrutamos del viaje a través de las cañerías.  Con toda propiedad podríamos decir que el mundo apesta, pero sólo para hablar pajas y jamás cambiarlo.

Notas:

¹ Oscar J. Camero:  "Crisis, pueblo y petróleo:  fisiología del engaño" [en línea].  En Animal político. - 7 oct 2.008. - [pantalla 20]. - Crisis, pueblo y petróleo- fisiología del engaño. - [Consulta:  11 oct 2.008].
² Vea el escrito de este periodista, donde recopila lo que menos se intenta propalar en la prensa mundial servida, siendo noticia principal:  Ernesto Carmona:  "EEUU:  Esclavitud disfrazada para el trabajador inmigrante" [en línea].  En Aporrea.org. - 10 oct 2.008. - [pantalla 1 y 3]. - http://www.aporrea.org/tiburon/a65376.html. - [Consulta:  11 oct 2.008].

martes, 7 de octubre de 2008

Crisis, pueblo y petróleo: fisiología del engaño

I.  El petróleo, combustible ideológico

Imagen tomada de El Blog de la Cordura En EEUU, emblema del sistema capitalista mundial, se ha desatado una crisis financiera.  Tan cierto es que, así como no se puede tapar el sol con un dedo, no es posible tampoco ocultar los 4 millones de propietarios que viven el trance de perder sus hogares por incumplimientos hipotecarios.  Verdad de Perogrullo, pues, cuando a semejante mar de lamentos se le suma la "nacionalización" de las empresas gigantes hipotecarias, como Freddie Mac y Fannie Mae, además de AIG, la más grande aseguradora.  De forma que no queda otra opción que creer que ocurre algo extraordinario, de la misma forma que es extraordinario descubrir en el cielo unos elefantes volando. (Sí, como suena, el sistema de los sueños no es perfecto).

Pero vea usted cómo hay más nombres de elefantes voladores en el cielo:  Lehman Brothers, un banco casi bicentenario y la cuarta empresa de valores más grande, quiebra, así como un banco minorista llamado IndyMac; Merrill Lynch, uno de los íconos más conocidos, es vendido, así como fue comprado también el Bearn Stearns con parte de capital de la Reserva Federal de los EEUU, de modo que podría decirse que fue "nacionalizado"; el Godman Sachs y el Morgan Stanley fueron reducidos a simples bancos comerciales.  En síntesis:  podría afirmarse que lo que se llama banca de inversión se disipó con el holocausto de sus cinco más grandes entidades:  Lehman Brothers, Bearn Stearns, Merril Lynch, Godman Sachs y el Morgan Stanley, para mencionar a los paquidermos por orden de tamaño.

De manera que no es momento para andar llamándose a engaños:  de que vuelan, vuelan:  entra en crisis la práctica financiera del sistema político-ideológico que gobierna al mundo, esto es, el sistema capitalista, hasta el grado que ha tenido que tragar grueso mirando el desmontaje definitivo de lo que pretendió fuese uno de sus fundamentos axiomáticos:  el libre mercado.  Uno de los engaños sistemáticos más descomunales de la historia político-económica  del hombre, mantenido a sangre y fuego en el tapete de las creencias.  Porque la historia del capitalismo es eso, fundamentalmente, engaño y sangre; imposición ideológica y modélica del poder económico de los países grandes sobre otros no tan fuertes (supervivencia del más apto), a título de "cooperación", "ayuda" o buenas relaciones diplomáticas, lo que equivale a decir, en lenguaje descarnado, que lo que es producto de una invasión, imposición o chantaje, es presentado al mundo como una "progresista relación entre países", no importando que el país menor reviente internamente en su economía por obra y exigencia del mayor.  Al final, habrá alimentado con su sangre las bases del paradigma, mismo que se tiene que sostenerse a toda costa.  Es la explotación el caldo de nutrientes del tan vendido sistema político-económico.

Ya desde hace mucho rato venía dando tumbos.  Para muchos tocó techo como sistema modélico en la década de los 70, coincidiendo con la mayor producción petrolera de los EEUU.  En ese entonces gozaba el sistema de una innegable fortaleza, directamente proporcional a la de este país productor de petróleo, su principal propagandista:  privilegios indiscutidos como vencedor de guerra, monopolio en materia de conocimiento nuclear y científico, dueños de la moneda estandarizada mundialmente.  Pero después que el recurso fósil se le hace cuesta arriba en producción propia, debiendo pelearlo en los mercados externos contra potencias emergentes como China, además de reclamar el oro negro una valoración propia en el mercado, la historia se ha venido haciendo achacosa, y no es cuestión de ponerse a enumerar los numerosos capítulos de abuso (invasiones, guerras) a los que ha tenido que recurrir el principal adlátere del sistema para mantenerlo a flote como la atractiva oferta ideológica del mundo, intentado tapar sus huecos económicos y fisiológicos con el aporte sanguíneo de la quiebra de los demás.

Porque, como dijimos arriba, ese es el quid del sistema.  En un principio someter para luego, sostenidamente, explotar, manteniendo vivas las apariencias y el discurso del modelo económico salvador de todos los tiempos.  Expoliar, birlar los recursos naturales de los demás países, imponerles una relación asimétrica de competencia comercial, ponerlos a trabajar como esclavos, si quiere utilizarse una palabra de mucha pertinencia para el caso, aunque luego se rotule en la prensa como "relaciones de amistad".  Todo en nombre de paliar el hallazgo de que el manoseado sistema no es perfecto, de que depende en extremo de factores circunstanciales (recursos naturales) peleados con el carácter libre y espontáneo de su propuesta doctrinaria (otra vez el libre mercado) y que, en fin, no encarna la panacea modélico ideológica para el mundo de nuestros tiempos. Tal es el capitalismo, la producción de dinero sin intervención del Estado.

Viejo se ha hecho ya el cacareo respecto de sus connotadas virtudes, sospechosamente coincidente con el acabose e hiper valoración (en consecuencia) de las reservas fósiles del planeta.  Como si el petróleo fuese un combustible ideológico; como si no fuese un rubro más de compra-venta en el mercado que no tuviera que estar conmoviendo bases ideológicas de nada al pasar por las balanzas.  ¡Qué se acaba y algo de la vida depende de él! ¡Vaya, vaya! Mucho de visionario intranquilizador debieron comportar las palabras de quien hasta hoy se le motea como artífice de la caída del bloque soviético, Ronald Reagan, cuando ofreció "poner de rodillas" a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), procurando a toda costa (guerras, saqueos, invasiones) unos precios en el mercado al ras del suelo.  Hecho que, por supuesto, tiene que desdecir de la pretendida libertad de mercado propalada por el sistema capitalista-neoliberal, dado que se hacían cotizar los precios a fuerza de cañón, y dado que así, con ese saqueo y pan regalado de la tierra, cualquier doctrina se puede financiar.

Y tienen que desdecir en gran medida las últimas precauciones tomadas por el "modelo" para mantener sus creíbles niveles de salud imperial.  Irak y Afganistán ya son historia, a rótulo de posesión de armamento de destrucción masiva y lucha contra el terrorismo, respectivamente; así como Georgia y Osetia del Sur, aunque sea éste un capítulo frustrado de intento de aseguramiento de vías de suministro de energía fósil para Europa.  Frescos están los intentos intervencionista contra Birmania, país con yacimientos energéticos significativos, así como la obligación de retiro de Indonesia del cartel de los países productores de petróleo. Como medida icónica de los ingentes esfuerzos que hace el régimen capitalista mundial para mantener su salud doctrinaria, su fementida libertad de mercado, está la reciente presión ejercida contra Arabia Saudita, vía ONU inclusive,  para que se obligase a sus compañeros de OPEP a bajar los precios. El mundo de los chantajes, pues, para incidir en el “libre” mercado.

¡Vaya libre mercado, última mueca discursiva de una propuesta ideológica que había empezado a trabarse con sus propias tuercas!  La situación presente de petición de auxilio financiero al Congreso de los EEUU por parte del meollo conceptual capitalista (la banca) constituye el oficial reconocimiento de la crisis de valores del sistema capitalista, la verdadera desnudez del sistema y Estado capitalistas, subsumido en el interés de sí mismo, de sus mentores, de sus ricachones y banqueros dueños de transnacionales, de sus políticos traidores al espíritu popular, a despecho de una cifra cualquiera de parroquianos que anden en situación de hundirse en el lago de los mil diablos de la quiebra.

Háblese de 4 millones, más del 1% de la población estadounidense, o háblese de los millones de seres humanos de otros países afectados por el bandolerismo sistémico de la ideología que proclama la supervivencia del más fuerte sobre la base embustera del libre mercado, rasgo que se pretendió estatuir –por cierto- como el indicio de una economía progresista.  Total, de cualquier modo al final todos son contribuyentes, las figuras soportes necesarias del sistema, los que verdaderamente sostienen a la teoría y ejercicio capitalistas, como quedó demostrado con el auxilio financiero del Estado norteamericanos a los banqueros por encima de las necesidades mayoritarias de su gente.  Porque es el contribuyente, vía manipulación y engaño, el real sostén de una teoría de lujo para ejercicio y disfrute de "lujosas" personalidades, constitutivas éstas de una pequeña minoría en el mundo, como bien se corresponde con el eslogan que reza "los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres". (En EEUU hay 400 estadounidenses que poseen más de lo que posee la mitad del país, unos 150 millones de contribuyentes; hablamos de algo así com $1,6 billones).

En el fondo, yendo más allá de la consideración crítica de un modelo, tendría que hablarse de civilización, de cultura europea cojeando en uno de sus postulados ideológicos, tan caros como el cristianismo y la razón de esencia helénica, por mencionar dos bases de la cultura occidental.  Y ese cuento tartamudeante es el desarrollismo occidental sobre la base de la explotación de los recursos naturales, en boga hasta el sol de hoy, dado que el planeta todavía resguarda algunas reservas y yacimientos de algo, en esa medida deparándole todavía expectativas al viejo modelo.  Todo el mundo sabe que Europa arrasó con sus riquezas a fuer de desarrollarse, así como no es difícil corroborar hoy que el viejo molde cultural, agotado en su zona de origen, se vuelca en consecuencia hacia las zonas del planeta con suficiente combustible para seguir respirando y hacerle creer al mundo que se está en ejercicio de una infalible doctrina de la felicidad humana.  Tiene el modelo de vida capitalista tantos años de vida como soporte en recursos naturales en el planeta quede, porque su doctrina de esencia y decadencia está fundada en la explotación de dichos recursos, siempre que la aberración humana ideológica no pase a contabilizar al hombre, en carne y hueso, como el combustible final para sostener sus teorías.  Si en decadencia un concepto, en decadencia también el otro.

La secuencia de la historia es lógica, con su cobre, bronce y hierro, para hablar con la Edad de los Metales.  Cada una de ellas constituyó un estadío y mundo de desarrollo, no siendo ninguna de ellas una eternidad de ningún modo.  Un tanto igual ha de ocurrir con el recurso fósil y la ideología a él aparejada, hoy rémora mentirosa que hace las veces de tiburón invencible.  Como se acabó el oro, se acaban también algunas ideas y posturas entre los hombres.

II.  El pueblo y la democracia, el teatro del engaño

Pero tampoco es hora de cantar grandes victorias con la expectativa de una mutación del mundo hacia una situación más humanitaria.  Sin duda habrá de venir el definitivo cambio, porque no es sostenible que un modelo cuyo eje es la explotación del hombre por el hombre, de los recursos naturales y proclame la selva de los mercados, dure más allá de lo que doctrinariamente le proyectan sus postulados.  Exagerando un poco, en la línea de las definiciones de tipo salvaje, podría decirse que una vez agotadas las reservas naturales del planeta Tierra, sean las que fueren, su modelo de desarrollo seguramente habrá de echarle el ojo a ese recurso que todavía estará vivo:  el hombre mismo, en carne y hueso, el hombre en genética, el hombre empastado, encapsulado, comercializado, rebanado, etc.  Porque no es otra la propuesta de un sistema tan desquiciado que conspira contra la vida misma de sus diseñadores, contra la razón humana.  Como si dijéramos que el límite de la doctrina es la riqueza total, quizás en una sola mano, a cualquier precio, sin rivalidad plutocrática por ningún lado (entiéndase:  otros hombres).  Una modalidad de ser dios mismo.  Una absolutez erradicadora de la competencia, de la vida.  Una nada final.

A pesar de que el sistema se estremece con los ramalazos de la crisis financiera presente, cuyo hueco deficitario sobrepasa los $700.000 millones, todavía el animal está vivo en estructura completa extendida sobre el mundo, viviendo un insólito proceso de autodeglución, tragándose a sí mismo, depurándose hacia una criatura más apta, más fuerte, eliminando la competencia, engulléndose a los más débiles del mismo bando.  Tal es lo que ocurre en la actualidad:  el sistema se come a sí mismo, lleva a cabo una suerte de fagocitosis que consiste en eliminar del panorama al resto de los organismos, ahora nocivos por su incapacidad de llevar el ritmo de la contienda y supervivencia.  De suerte tal que, en breve, con seguridad estaremos en presencia de una nueva versión de la criatura, infinitamente más "superpoderosa", soportada sobre el engaño de un Estado pseudodemocrático que únicamente utiliza su telón de fondo para defender y perpetuar los intereses de las clases dominantes en la contienda.

"Es decir, se interviene en el "libre" mercado, se mete la mano para auxiliarlo (esta vez inyectándose casi un billón de dólares), como sea reconociéndose una incapacidad propia de autorregulación.  Y no digamos tan alto que semejante medida de intervencionismo económico no parece más que el accionar de un entusiasta gobierno socialista en pleno apogeo, cuya principal preocupación es normar el mercado y salvarlo de la voracidad de los factores despiadados del capital."

Porque eso es lo que significa la crisis dentro del sistema capitalista:  la oportunidad para que los más poderosos se enriquezcan eliminando la maleza de la competencia más débil, reparando sistemas financieros, adquiriendo propiedades, los espacios que deja libre la muerte de los demás, como el Lehman Brothers, Bearn Stearns, Merril Lynch, Godman Sachs y el Morgan Stanley, ya mencionados.  En el alto nivel de la contienda, el capital no se pierde en modo alguno, sino que cambia de manos, como si se diera cumplimiento a una especie de Ley de la Conservación de la Moneda; o se concentra en selectas manos, para hablar con más propiedad.  Pero no ocurre así con el extremo contrario, el pueblo, las masas, el contribuyente, figura sobre la cual se ejerce uno de los más despiadados engaños que lo conduce a sostener, inexplicablemente, un sistema a quien no le importa más que como moneda, como número, como estadística.  El hecho humano no es contabilizable.

Véalo con claridad:  la Reserva Federal está conformada por una docena de los más poderosos bancos de los 10.000 que en los EEUU hay, todos ellos privados.  Su misión es crear el dinero del país, previa autorización del Congreso, y su trabajo empieza cuando ordena a la Tesorería la fabricación del dinero, pagando de seis a siete centavos de dólar por cada billete fabricado; su ganancia empieza cuando le corresponde entregar el dinero al gobierno, cobrando según unas tasas de interés que fija ella misma, la Reserva Federal, la cosa esa del “gobierno” conformada por bancos privados.  De forma que hay que entender que la sonada institución es una corporación privada que hace su agosto cuando deriva ganancias sobre el dinero de los contribuyentes (ese que proviene de las arcas del gobierno), y que cuando da recursos para auxiliar al sistema financiero, para supuestamente salvarlo (como ocurrió con la AIG), lo que en realidad está haciendo es privatizar una propiedad que en justicia debería pertenecerle al pueblo de los EEEUU a través de la figura de un Estado amparador.

La vileza del engaño estriba en que a semejante "salvación"  se le denomina sin el menor rubor "nacionalización", y en el discurso mediático (una de las más poderosas armas manipuladoras del sistema capitalista) cobra visos poco menos que de historia patriótica, acto donde el mejor sistema económico y político del mundo interviene para salvar a la nación de una debacle, sin caer en la cuenta que de un engaño se pasa sin transición a la comisión de un acto de fracaso doctrinario.  Es decir, se interviene en el "libre" mercado, se mete la mano para auxiliarlo (esta vez inyectándose casi un billón de dólares), como sea reconociéndose una incapacidad propia de autorregulación.  Y no digamos tan alto que semejante medida de intervencionismo económico no parece más que el accionar de un entusiasta gobierno socialista en pleno apogeo, cuya principal preocupación es normar el mercado y salvarlo de la voracidad de los factores despiadados del capital.

¿A qué tanto engaño, pues, con el cuentito del mejor sistema filosófico, económico y político del mundo como mejor modelo de vida, si no puede sostener ni siquiera sus propias mentiras, para no hablar de verdades, que no parecen existir de manera sólida por ninguna parte?  Sólido es, ¡eso sí!, el antidiscurso democrático, insólitamente camuflado tras la cortina de la manipulación mental de una sociedad conducida, ensimismada en la fantasía del consumismo, como si le aplicasen un barbitúrico solapante de realidades.  Sólido es el hecho cierto del más extraordinario sistema electoral del mundo, del cual ya no es extraño que salga elegido el candidato menos votado en las contiendas, como ocurrió con George W. Bush.  Sólido, pues (única cosa cierta), es el espíritu contrario a la prédica de aquellos hombre luminosos de la época fundacional republicana:  Thomas Jefferson advirtiendo sobre los peligros de que sea la banca privada quien fabrique el dinero del país; y Abraham Lincoln hablando de su "gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo", una de las fantasías más arteramente estafadas en el país de la manipulación colectiva.

Porque eso parece ser la sociedad norteamericana:  un momento de éxtasis que no cae en cuenta que vive sobre una bomba de tiempo, en ejercicio de un consumismo imposible, que come más de lo que produce en términos reales, bajo el efecto ilusorio de un sistema infalible que lo que hace es vivir de las especulaciones financieras, de la circulación de dinero a toda costa, de las inyecciones económicas para paliar crisis, de la seguridad de allí derivada, no importando el cómo, el porqué y el de dónde proceda.  No importando la condición humana, como lo demuestra la presente crisis, cuando interviene un Estado salvando a una voraz banca, en lugar de sus contribuyentes, a pesar de que el precio de salvamento de todas aquellas personas que perdieron sus propiedades (y las que están por perderlas) es ridículamente inferior al precio solicitado al Congreso para paliar la actual crisis del sistema financiero. No importando que la fantasía tenga una connotación pasajera.

Y entra aquí nuevamente la triste historia del monstruo ideológico y sus engaños, desplegando las mil y una triquiñuelas efectistas para sostenerse ante el borregaje de sus ciudadanos, sea invadiendo otros países, sea expoliando, sea atenazando, sea ensayando el globo infinito del desvió de la atención, del sostenimiento de una doctrina al precio de muchas guerras y destrucción, conjurando los efectos de una crisis con la creación de otras en otras latitudes.  Buscando, en fin, su combustible para paliar crisis, solapando incapacidades propias. De allí el dicho que la ciudadanía estadounidense, como quiera que sea inocente de los crímenes de sus gobernantes, disfruta de un confort directamente proporcional al derramamiento de sangre que sus dirigentes y tropas generan allende las fronteras, sea cazando terroristas, buscando armas de destrucción masiva o,  simplemente, defendiendo la "democracia" como valor universal.

Porque sí, es posible que se sea feliz con el hecho de que se puedan consumir tantas cosas, esto es, comprar compulsivamente, como parece ser uno de los ingredientes del llamado "sueño americano".  Total, todo parece ser una situación de condicionamiento mental, para no hablar de automatismo comercial.  Pero lo que no parece aceptable, desde el punto de vista ético, es que a título de felicidad propia se tenga que dar por necesario la esclavitud de los demás, refiriéndonos a aquellos países donde los EEUU y la necesidad capitalista practican su búsqueda de combustible ideológico (háblese del combustible literal como de la necesidad del caos, de donde medran) para mantener su flujo de caja; así como que también se tenga que adolecer de la incapacidad de no ver más allá de la razón propia, esto es, del condicionamiento puramente egoísta, consiguiente del sistema.  Como si toda la sociedad fuese tecnificada, alejada deliberadamente de las consideraciones de carácter moral.  Es decir, que se tenga que tolerar la pérdida del criterio propio racional, de la capacidad pensante, que generan esas suertes de "naturalezas muertas" humanas ante las realidades.

Lo que ahora mismo acaba de ocurrir en los EEUU, sobre la humanidad (palabra excesiva) del sistema capitalista internacional, por sí solo tendría que ser un detonante de movimientos de conciencia que apunten a cambios revolucionarios. A manifestaciones sociales.  Porque ahora mismo queda en evidencia la estafa sistemática de una caricatura ideológica, la monstruosidad de un Estado falso que desprecia el interés de las grandes mayorías por entregarse a sí mismo, es decir, a la minoría de la cual es representativo, los ricachones de los EEUU, la plutocracia de las transnacionales.  Un sencillo y aterrador develamiento de que en ese país lo que existe es una dictadura plutocrática, sin embargo un nutritivo caldo de cultivo para un futuro de cambios políticos y de confrontación de clases.  Sólo que es cuestión de tiempo.  El cinismo del modelo neoliberal no pudo expresarse mejor con el desastre que hoy mismo agosta a Wall Street:  el Estado y los ricachones privatizando sus ganancias y obligando, sobre los contribuyentes, a la socialización de las perdidas.  ¡Qué maravilla!

Pero, repetimos, es cuestión tiempo.  No luce plausible que se concrete nada que suene a toma de calles o a protestas en los EEUU, por el hecho de que ya el aparato estatal recorre las calles con comandos élites curtidos en la guerra "casa por casa" en Irak, cuando buscaban insurgentes.   El objetivo es mantener el control a cómo de lugar, procurando que el contribuyente (afectado directamente o no) acepte concienzudamente su rol sostenedor de sistemas, se coma el cuento porque sí, so pena de tener que vérselas con una parafernalia represora sobre la que ya se lanzan oscuras especulaciones del terror, una de ellas la que denuncia una candidata a la actual presidencia de los EEUU –a propósito-, Cynthia McKinney, esto es, que durante los hechos del huracán Katrina 5 mil estadounidenses murieron con tiros de gracia en circunstancias aún no claras, hecho que, como quiera que no se relacione con situaciones de alteración del orden público, dice bastante de la determinación estatal de defender su dictadura del patronazgo.

III.  Es crisis financiera, no del capitalismo.

No obstante que Paul Samuelson, un premio Nóbel de Economía, afirme que "Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo", muchos otros prefieren hablar de crisis financiera, con probabilidad de afectar la salud del sistema capitalista como modelo de vida e ideológico.  Sobre el hecho cierto de la crisis -arguyen-, destacan el carácter encarnizadamente competitivo del sistema, donde la crisis misma es un medio de depuración y enriquecimiento de las hienas neoliberales, quienes se engullen unas contra otras.  De tal forma que la ocasión se presenta como una situación de mutación del sistema en virtud de que los más fuertes eliminan a los menos aptos, obteniéndose una versión concentrada capitalista, bastante poderosa, y no como una circunstancia de derrumbe paradigmático.

Como sea, resulta curiosa la situación en que queda el profeta del desastre de la caída del Muro de Berlín, Francis Fukuyama, al  proclamar el fin de la Historia por hecho del derrumbe de la confrontación ideológica.  Liquidado el comunismo, el mundo quedaba a expensas del modelo maravilloso capitalista, tomando un único derrotero.  ¿Cómo se le habrá de llamar entonces a la eventualidad de que el modelo único empiece a resquebrajarse y a dejar entrever que no es viable el sueño ese del libre mercado, y que los Estados han de intervenir en sus economías para normarlo, para amparar al ciudadano común de los abusos de quienes amasan el capital y tienden al frío de la numerología mercantilista? ¿Cómo se le habra de denominar al mundo, huérfano de las dos corrientes de la Historia?

Hoy más que nunca, con la crisis viva en Wall Street, muy bien puede el socialismo proclamar su lección moral de solidaridad humana, de defensa del Hombre, de apología del altruismo y entierro del individualismo degradante, para que el hombre tenga, en comunión con su sistema de gobierno, la posibilidad de asomarse al futuro con mayores esperanza de amor y equidad.  La caída del sistema capitalista, sobre la convicción de que el mundo debe cambiar y no puede andar soportando modelos desarrollistas, como el culturalmente sugerido desde Occidente, con su quema y tala de los recursos del planeta, con su quema y tala de la dignidad humana; seguramente no dará lugar al retorno expreso y puro de la vertiente comunista, pero es ineludible que en breve habrá de sumir al mundo en la conmoción de la reflexión necesaria, teniéndose que aceptar que de algún modo asistimos a un renacimiento del alma humana.