sábado, 25 de agosto de 2007

Prensa, estudiantes universitarios y coeficiente intelectual


"Un prodigio de las matemáticas de nueve años, March Boedihardjo, ha sido aceptado por la Universidad Baptista de Hong Kong y se convertirá en el universitario más joven, informó la prensa local."

Leo en en "Niño prodigio de nueve años admitido en la universidad de Hong Kong", e inmediatamente me lo figuro padeciendo el acoso de la prensa sensacionalista -es seguro- que no lo dejará en paz. Él mismo ya se preocupa por eso. Pero es comprensible que los medios vayan con él y le den centimetraje en sus cámaras, pues el hombrecito tiene un talento poco común y eso es noticia.

En nuestro país no hemos tenido noticias del descubrimiento de un genio de esta categoría, a menos en los últimos años. Al menos la prensa no me ha dado un regalo así ni parecido a los ojos.

Eso, sí, desde hace unos meses para acá la prensa nuestra ha descubiero no uno sino a muchos estudiantes universitarios cuyos méritos son razones más que suficientes para catapultarlos a la fama nacional y hasta internacional, y tales méritos consisten en tener un talento que no es precisamente un alto coeficiente intelectual, sino más bien unas no vistas habilidades. Desde ese punto de vista no me quejo, porque es inevitable que lo extraordinario sea noticia como queda dicho.

Las poco vistas habilidades de esta cantidad de estudiantes son harto conocidas ahora, debido al trabajo minucioso que realizó la prensa venezolana en esos días: habilidad para agitar al país por causa de la no renovación de la concesión a una planta de televisión que ya lo mantenía agitado, de modo que fue algo así como llover sobre mojado; acaparar metros y metros de cinta televisiva enfocando sus dotes de estudiantes "fenómenos" en eso de salir a protestar porque no hay causas para ello; tener retentiva fuera de lo común para leer lo que otros le dicen que lean (Ars Publicidad) en el foro de la Asamblea Nacional (aquí se ganan a los monjes tibetanos, capaces de memorizar biblias completas); invertir la Bandera Nacional y restarle de su diseño una estrella para así significar inconformidad con un gobierno de elección democrática y exigirle la renuncia; llorar furibundamente delante de las cámaras para demostrar el innato talento histriónico de las personas que no provienen de las zonas populares y que hacen vida universitaria, emulando a divos de la pantalla venezolana como Norkys Batista, María Conchita Alonso (trató de llorar con Rosales) y Franklin Vírgüez.

En fin, el comentario viene a colación porque se mueve otra vez la maquinaria para realizar ingeniosas muestras de talento estudiantil en "planificadas" marchas universitarias. Como vamos camino al mes de diciembre, momento para el cual está planteada la consulta nacional sobre la reforma constitucional, probablemente incluyan el asunto en el pliego de los reclamos, seguramente sin dejar por fuera los precios de la hojas de hallacas y el hilo de pabilo que este "régimen" les encarece.

Amanecerá y veremos.






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