martes, 9 de abril de 2013

Chavismo que vota, oposición que odia

EL SILOGISMO DEL VOTO CHAVISTA, VOTO DE AMOR Y PATRIA

Cuando tu reflexionas que un chavista vota porque apoya una obra de gobierno que acabó con enquistadas miserias en el país, fomenta la educación y la alimentación de los menos favorecidos y promueve la inclusión e igualdad sociales, así como que dignifica la imagen de país que debe tener la Venezuela patria, concluyes que lo hace por algo tan sencillo como el amor, un pilar de la vida humana que brota de la conciencia.

Porque, pregúntese, ¿quién carrizos hará una condena o negación de aquello que le reivindica y le favorece y no le dará su voto bueno? Tal vez un demente, habría que responder.

De forma que un chavista vota como votaría la razón humana, espontáneamente por aquella naturaleza que le es propia y propicia, lógica, familiar, humana, buena, contextual, vital. Así, de votar por amor a saber que vota por agradecimiento, retribución o cualquier otro sentimiento que implique devolución, no debe sorprender. Al pelo cae la frase “Amor con amor se paga”, tan acuñada por el fallecido presidente Hugo Chávez. Tal ciudadano (ya no sólo chavista) actuaría con base en la percepción de que el Estado cumple su rol en el contrato sociopolítico, amparándolo, luciendo irracional su condena.

Se tiene, luego, que el voto chavista ha de ser el voto universal de la razon humana, como se le vea (con el perdón del silogismo y la pasión del discurso). Incluso para aquel votante adverso y locuaz que comete la osadía de creerse mayoría cuando es en realidad parte de la minoría. Si un país y una democracía se define por la cuantificación numérica humana y el chavismo es mayoría en el país, como lo ha demostrado siempre, y esa mayoría ha decidido que su gobierno le reivindica y le sustenta la patria a todos, entonces votar diferente a un chavista (que es el país) es votar contra la patría, contra sí mismo.

SECTOR CHAVISTA QUE CASTIGA, PERO NO ODIA

Tal es el hecho mayoritario.  Si hay un chavista que vote de otro modo, digamos no a favor del gobierno sino en contra de la oposición (no por amor, en fin), lo hará como un efecto histórico sociopolítico del castigo y no como un acto de odio, a pesar de que en el país hay mucha gente aporreada vital y moralmente por la gestión derechista y criminal del pasado.  El chavismo propala la inclusión y la conciencia humanas como oferta ideológica y si ejerce un voto de esta laya, de castigo, no significa que lo haga por odio, del mismo modo que en el escarmiento de un padre no hay un odio implícito hacia su hijo sino una intención correctora.

PIEDAD POLÍTICA Y CHAVISMO PATERNAL

El chavismo como hecho socialista tiene fundamentos cristianos (igualdad, justicia), e ideológicamente observa la comprensión, la tolerancia y el perdón, como el mismo presidente Hugo Chávez en varias oportunidades lo ejerciera sobre sus adversarios políticos.  Es amplio, telúrico, universal, con capacidad de comprensión y piedad ante la perversión del prójimo político.  Su estado de conciencia política, idealmente, reconocerá como rebaño descarriado a un ser político de derecha (por ejemplo, la oposición política en Venezuela) que aspire a votar contra si mismo, su propia casa y condición de habitante.  Lo categorizará como un ser de inconsciencia e inconsistencia.

Porque un rebaño descarriado no se odia, ni se combate, ni si erradica; se encarrilla.  Y porque no es natural que un ser vivo, menos si pensante, ejerza una acción en contra de su propia integridad como especie e individuo, en contra de la soberanía sinérgica de su hábitat o casa.  Para el caso, un revolucionario (si chavista mejor) ejercerá la piedad política ante la constatación de un alma desnaturalizada, desorientada, como lo haría un padre ante el hijo o un hombre ante su hermano, e implementará una acción correctiva de luz y consciencia.  Rescate y orientación del hombre ha de ser su norte ideológico, la misma acción que implementara el líder central, Hugo Chávez, respecto de la patria.

EL CHAVISMO EXTREMO NO VOTA POR CHAVEZ, SINO EN CONTRA DE LA OPOSICIÓN

No digo que no exista por ahí un sector más “chavista” que el mismo Chávez que, en la exacerbación y radicalización de los postulados progresistas ideológicos, terminen desconociendo al mismo líder, deformándolo, finalmente no votando por él, sino en contra de todo lo que desdiga su apreciación extrema e insondable de realidad.  Votarían contra la oposición con odio tal vez, considerándola jamás un rebaño descarriado al que hay que rescatar, sino eliminar.  Lógicamente nunca votarían en contra de Chávez, como sea expresión moderada de sus enfoques, pero en lo más profundo son los que acarician el golpe, la erradicación y la imposición, punto mórbido de igualación con aquello que se cree combatir (el fascismo de la derecha política).  Si surgiesen dos Chávez, uno el maestro ideológico conocido por todos y otro abiertamente revanchista e impositivo por encima de la propia condición chavista, votarían sin duda por el segundo.

EL VOTO OPOSITOR DEL ODIO, NEGATIVO Y SUICIDA

Pero la oposición, la derecha, como perversión política y humanista que es, cónsona con su propia condición desarticulada y pandestructiva, no vota por ella misma de modo directo, sino decididamente de manera indirecta, en contra del Hugo Chávez y el chavismo.  Es decir, no alberga un cultivo amoroso de conservación positiva entre filas propias que no sea la múltiple acepción de la palabra odio: egoísmo, esclavismo, explotación, neoliberalismo.  Vota, pues, por odio, contra el otro a favor de sí misma, y sus valores a conservar son los mismos destructivos que secularmente han mantenido al mundo en crisis desde que el capitalismo lo domeña.

¿Quien no sabe que anda precaria, sin un corpus ideológico unificador en medio de su misma humanidad valorativa en crisis?  ¿Quién no sabe que considera a su propio candidato un bobo, quizás el menos entre los suyos, pero su candidato al fin, su única opción en contra de esa gigante acción de conciencia que es el chavismo desde 1998 en Suramérica?  ¿Quién no sabe que vive de ficciones y no de realidades, de espalda a su propia patria y condición humana al aspirar lo exógeno postizo a lo propio auténtico, haciendo de un grano un mundo, moviéndose sobre un espacio crítico cuarteado, mirando fantasías sobre realidades?   ¿Quién no sabe que vive de la cultura de los números, esa que te aleja de la carne, lo sensible y lo humano para convertirte en un guarismo porcentual?  ¿Quién no sabe que no es posible que la abandere un líder con esos valores suyos en crisis, hoy en plena decadencia mundial?  El mundo muta y pasa la página de aquello que no le ha servido para la prosperidad propia, y lo que ha sido valor troca a antivalor inservible del mismo modo que lo que ha sido hegemónico troca a incertidumbre y recesión.

De forma que cuando se desmorona lo que se ha sido y es, no pudiéndose en el ocaso propio apreciar un signo de vitalidad prometedora, no sobrevive sino el resentimiento, la queja, la impotencia ante el mundo desplazante, en resumidas palabras el odio, el revanchismo y la venganza.  Votar por Capriles, que es materia ideológica de lo que muere en el mundo presente, no es nada halagüeño; pero es lo único que hay de la propia materia perdida con visos de esperanza.  En cambio, votar contra el otro, contra aquél y aquello que parece desmontar o desenmascarar tu farsa y apuntarte hacia la decadencia, parece constituirse en un acto con mayor revestimiento de vida.  Algo así como si eliminaras las armas que te apuntan para seguir viviendo en vez de saberte inmune, por fuerte condición propia, ante las balas.

EL ODIO OPOSITOR NACE DE LA CARENCIA POSITIVA PROPIA

Porque así es el odio:  nace de la carencia propia ante la existencia mayoritaria ajena, eje fundamental de la crisis personalista y capitalista del momento. Negar la prosperidad mayoritaria sólo porque la propia no se ha acomodado a ese hecho es egoísmo.    Negar la libertad mayoritaria sólo porque te resientes de la pérdida de mano de obra esclava es miseria.  Negar la soberanía de tu país sólo porque se desprende de la batuta intervencionista de otros parece oler a traición patria.  Negar, en fin, al chavismo, condenarlo y fantasear con masacrarlo, votando contra él como si lo apuñalara (ese votar contra el otro que hemos dicho), simplemente es la expresión de la baja visceralidad del egoísmo y el odio.  Resentirse porque una mayoritaria cantidad de seres humanos al fin dio con una fórmula política para procurarse un bienestar redentor, superando un abismo histórico, de paso defendiendo el acto liberador, equivale a sufrir por la felicidad del otro.  ¿Existe peor definición de odio o egoísmo?

MISIÓN REVOLUCIONARIA: EL PAIS DE TODOS

Hemos dicho que ser de la derecha política es un hecho perverso de la condición humana, situación que amerita de guiatura, de presencia salvadora revolucionaria, de humanismo, de ideología, de un insigne grado de consciencia transformadora que, en vez de erradicar, encarrile, como se ha dicho debe de hacerse con el rebaño extraviado.   El revolucionario, si chavista mejor, debe ejercer lo que podríamos denominar la piedad revolucionaria, ese acto de identificación de la condición humana perdida en el otro (el adversario), y trabajar para rescatarlo, concienciarlo, sumarlo, así neutralizarlo, sin pagar con la misma moneda de odio siempre recibida. 

Si la historia ha demostrado que el odio tiene su mayor obra en la expresión del mundo actual, no es posible a la razón continuar por ese derrotero.  Venezuela es el país tanto de chavistas como de derechistas opositores, ya con bastantes niveles de odio político.  El mandato habrá de ser la cobertura total, la cohabitabilidad, la aceptación e inclusión, la equilibrada sinergia.  No tiene que ser posible que se siga en el mismo hueco histórico de rebatir el odio con el odio, y al revolucionario de nuevo cuño le quedará por tarea combatir el odio y el egoísmo del opositor venezolano con el amor y la construcción patria, con el seguir haciendo a pesar del humor destructivo del adverso, hasta que finalmente, como en la fábula de Esopo donde el tibio sol vence al recio viento, la sonrisa se explaye sobre esos labios acostumbradamente fruncidos.  Que el acto de consciencia en el otro sea como el nacimiento de una flor, donde sol, viento, tierra, agua y cielo obren como un hacer palpable, sin echar mano a la consideración de cortar el capullo antes.

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