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jueves, 20 de septiembre de 2007

Etanol y petróleo versus miseria colonial

Nadie pretende eternamente vender petróleo, porque de sabido es que se acaba. Es una riqueza que mana de modo natural en privilegiados países con yacimientos. De él se ha dicho que es el oro negro, el excremento del diablo y la última Pepsi Cola del desierto, para utilizar una frase hechecita cursi.
Lo cierto es que quien lo tiene, paradójicamente, en su mayoría transita estadíos de subdesarrollo, y se ve continuamente sometido a presiones de mercado y a movidas estratégicas de piezas en el plano internacional, bajo fuertes apetencias de poderosos países consumidores. En su nombre se suscitan guerras e invasiones, y hace deseable para las grandes potencias que las fronteras geopolíticas y administrativas de los países productores sean borradas de las mentes y colocadas bajo su arbitrio. Ser dueños del petróleo mundial no es cualquier baratija. Así, por esta onda, oí hace poco -nada confirmado- que en algunos centros de enseñanza estadounidenses se les inculca a los pequeños la idea de que el Amazonas, llamado el pulmón de la tierra, es de propiedad gringa y que es necesario irse preparando para recuperarlo de las manos de unos indios estúpidos que lo cuidan.
Los chorros de riqueza que disparan los pozos, según lo dicho, parecieran no traducirse en el beneficio deseado, dada la situación poco diversificada de las economías de los países productores y dada su dependencia de los países industrializados. Como si creara en el consciente colectivo la idea de una fuente de la eterna riqueza, inductora de la flojera y el facilismo, que crea a su vez una ficción de fortaleza sobre una edificación con patas de barro. De modo que el bendito recurso en semejantes condiciones deviene en maldición.
Lo ideal, por consiguiente, sería salir de él lo más rápido posible, en las mejores condiciones de venta con el propósito de "sembrar" -como acuñó el viejo Uslar Pietri- los ingentes recursos obtenido en la construcción de nuevas vías económicas. El primer efecto sería de carácter psicosocial: a trabajar se ha dicho y a aprender nuevas profesiones para poner a producir al país, porque Venezuela (como otros países) ya no cuenta con la "papita pelada". De inmediato otro tipo de fuerzas "interesadas" se cernirían sobre el país, pero ya no serán las petroleras, de suyo demoníacas y enajenadoras.
Dijo Ronald Reagan una vez que pondría a la OPEP "de rodilla", y lo hizo, vendíéndose para entonces el barril en la irrisoria suma de $8. Pero fue un logro pasajero, pues los precios rondan en la actualidad el monto de $100 por barril. Los grandes consumidores de energía son los principales responsables de semejante situación en detrimento propio, pues parecen derrochar y consumir como si la materia prima se fuera a acabar pronto, lo cual es cierto. Una vez oí a Carlos Andrés Pérez rogarle a la OPEP que no aumentara los precios porque los países industriazalidos se pondrían bravos y buscarían fuentes alternas de energía, palabras a todas luces de la época de piedra y propias del mismo CAP, huérfano de la noción filosófica de que la ciencia jamás puede detenerse en el contexto de la humana inquietud por conocerlo todo.
Los Bush hacen el gobierno que todos esperaban. Dado los precios altos del combustible, invaden para obtenerlo "gratis", aunque en Irak los pozos no pueden bombear el oro negro en la cantidad deseable. El terror de que los precios superen la barrera de los $100 ha puesto a correr a más de un país de los llamados de "primer mundo" con su respectivo armamento colgado a la espalda, sus asesores cienfícos a un lado y los asesores políticos más allá, buscando acuerdo a diestro y siniestro con países claves para conjurar la amenaza. Así se explican recientes alianzas, una de ellas la EEUU-Arabia Saudita, sospechosa por los cuatro costados dado el buche petrolífero gigantesco de los sauditas; así, también, el asunto viene a afectarnos de modo directo, con las últimas camorradas de los EEUU con respecto a Venezuela, locos por derrocar al presidente del país poseedor de las más grandes riquezas. No debe tampoco sorprendernos que utilicen sus perros, como la dirigencia colombiana, para azuzarlos contra nuestra soberanía sobre el Golfo de Venezuela, seguramente dotado de unos cuantos recursos que le quitan el sueño a muchos.
Finalmente, hablan los científicos y los políticos al unísono, con una voz que nos suena insistentemente gringa: la salvación está en el maíz, en el etanol. Vamos a producir etanol. Hagamos que el mundo produzca etanol. Suficientes halagüeños hay por ahí como para que lo tengamos que hacer nosotros mismos. A los mismos países vendedores de petróleo les podemos sembrar la idea maicera, no importando que atenten contra sus propios intereses económicos. Total, ellos estaría gustosos. Brasil está dispuesto, pues es muy grande para conformarse con el poquito de petróleo que produce; ya México lo hace, aunque sin tener la necesidad de hacerlo (ellos son nuestros no sólo hasta los límites de la vieja California. ¡Qué padre"); muchos otros hay por ahí que mueren por complacernos. ¡Vamos, recursos hay!
Y el maíz ahora, de ser en un tiempo sagrado para los mayas, parece devernir en una nueva modalidad de maldición para el mundo en desarrollo, en especial para los países nativos, como México, Centroamérica y otros países del continente suramericano.
Veamos, y cito casi en su totalidad la nota interesantísima de Gustavo Alonzo Jaime en "Verdades de Cojedes" en Las Verdades de Miguel, p. 19, del 14 al 30 de septiembre 2.007:
El director general de la Organización de la s Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación (FAO), Jacques Diouf, en entrevista ofrecida al Financial Times, expresó que: "Uso de maíz para producir etanol está aumentando la pobreza", provocando excesos en las reacciones sociales y políticas de países productores de este cereal. Igualmente aseveró que "los temores sobre el impacto inflacionista de los biocombustibles sobre los precios ha incitado a Cargill, la compañía agrícola más grande del mundo a solicitar apoyo a la Casa Blanca para aumentar la producción del etanol con subsidios de impuestos". Con respecto al maíz, éste representa el 65% del consumo en países en vías de desarrollo, mientras que en los países desarrollados su consumo es de apenas del 10-20%. Esta situación derivada hacia el etanol también tiene graves consecuencias en la producción de la caña de azúcar, zanahoria girasol y palma africana, entro otros cultivos, además de haberse ratificado el alza de precios en la adquisición de tierras desplazando a campesinos principalmente en países como Brasil, Argentina, Nicaragua, México, Uruguay, Colombia, etc.

Para complementar sobre los estragos del etanol, ya por vía del video, agregamos el siguiente video cargado en Youtube por la Televisión Española, sugerido por una lectora de está página.

Tal panorama hacen muy vigentes las previsiones del presidente Hugo Chávez cuando muestra sus reservas a la hora de firmar acuerdos comerciales con leonidos países que imponen asimétricas condiciones a su favor. Muchos mueren por ahí con el deseo de firmar un ciego TLC con los EEUU, y hasta el mismo Negroponte (18 sep 2.007), el número dos del Departamente de Estado, se pronunció pidiéndole al Congreso celeridad en la aprobación de varios TLC con países latinoamericanos (Perú, Panamá y Colombia) antes de que Chávez les embasure la cabeza y salga victorioso en eso de hacerles ver las desventajas de los acuerdos, frustándolo todo. El Alca es un mal recuerdo.
Respecto de los campos de maíz, perdón de petróleo, me viene al recuerdo una canción de Alí Primera, aquí para ustedes. Lo lamento por la sensibilidad escuálida oposicionista venezolana.

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