miércoles, 19 de septiembre de 2007

Robert Alonso y su apología de la guarimba

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Disfruté mucho la retransmisión que hizo La Hojilla (ayer martes 19) de un programa radial que dirige Robert Alonso, hermano de María Conchita Alonso y dueño de la finca Daktari, aquella donde descubrieron a más de medio centernar de paracos entrenándose para crear desestabilización en Venezuela. No es para menos: el conductor del programa mayamero estaba en un estado muy proximo a la ebriedad, desatado, verborreicamente hablando, víctima de un paroxismo antichavez que lo convirtió en una criatura circense. Transido de un patriotismo que le nace de saber a su país de origen bajo el contexto de la Revolución Cubana, se dio golpes de pechos para que la audiencia comprendiese la gravedad implícita en la supuesta cubanización de Venezuela. Al final se oyó el tintineo de los cubitos de hielo en el whisky, y el patriota cerró el programa invitando a la gente acercarse al programa con una bebida, un "whiskisito", "un trago", o cualquier cosa que hiciera olvidar las frustraciones. Repitió hasta la saciedad la dirección http://www.venezuelasinmordaza.net/, donde usted podrá encontrar técnicas para "todas las neuronas" de cómo organizar guarimbas.
(Para saber de qué hablamos, échele un ojo a uno de sus "trabajos" en esta dirección, videos verdaderamente apenantes de manipulación de imágenes, de la verdad y de la dignidad humana misma, haciendo llamados a meter a Venezuela en una olla de sangre, utilizando, paradójicamente, la imagen misma de Chávez, fuera de contexto, porque hasta para eso les alcanza el presidente, para llamar a la violencia, a falta de liderazgo propio. En verdad el hombre cree en la guarimba como su invento para derrocar presidentes, como lo secunda este otro, que sí colocamos porque es de libre distribución en Youtube).


Entre las bellezas que mencionó a lo largo de sus apasionadas preocupaciones por Venezuela, están las alusiones a Antonio Ledezma, Manuel Rosales, Oscar "Cabeza de motor" Pérez, Hernán Escarrá, Martha Colomina y otros que se me escapan, seres poco más o menos que bolsas intelectuales, en sus palabras. Por ejemplo, de Antonio Ledezma y Oscar Pérez, el hombre cuestionó el modo infeliz e ineficiente de cómo pretenden encender la calle, anteponiéndose el mismo, Robert Alonso, como un hombre con estilo y efectivo a la hora de crear zozobra, pues se considera el teórico y el pragmático de las guarimbas, única salida a la crisis chavista. Sueña con que el 40% de la gente inconforme con el gobierno tranque el frente de su casa en los próximos días.
De Martha Colomina y Hernán Escarrá abominó de la universidad donde obtuvieron sus títulos universatarios, lo cuales no sirven un carajo a la hora de tumbar gobiernos. Se pregunto qué podían saber ellos de guerra, y en general se preguntó qué podía saber venezolano alguno sobre la pérdida de una patria.
A vuelo de pájaro soltó el tubazo de que Oscar Pérez se preparaba para optar a la gobernación del Estado Miranda (¡Agárrate, Diosdado!), acompañado de una reprimenda: ¿cómo pretende un luchador por la libertad estar ocupando cargos bajo la forma del gobierno chavista, si con eso se refrenda el sistema que se combate?
Así es de triste e incoherente la oposición venezolana, ahora con satélites internacionales. Como le oyera un día a José Vicente Rangel: la oposición venezolana semeja un saco de gatos.
Robert Alonso vaticinó que Oscar Pérez, Hernán Escarrá y compañía tienen un asilo seguro en Floridad, donde los espera para darle una inducción guarimbera.
Por cierto que sale al pelo comentar sobre las andanzas del abogado constitucionalista, quien ha dejado muy mal parado al filósofo del Zulia, Manuel Rosales: bastó que llamara a la oposición venezolana a salir a las calles en un frente contrarreformista para que rápidamente se colocara en el primer lugar en las preferencias del oposicionismo venezolano (vea la web del diario 2.001: "¿Quién cree usted que debería ser líder de la oposición?"), avergonzando los ingentes esfuerzos del filósofo para descuidar la gobernación del Zulia y dedicarse a una precampaña propia presidencial a nivel nacional. El gordito lo dobló en las preferencias, pues sus llamados abiertos a la rebelión, junto a Oscar Pérez y Oswaldo Álvarez Paz, saciaron el sediento apetito de los radicales oposicionistas venezolanos. Julio Borges, por cierto, figuró entre los últimos, limpiando el sótano.
Se estima que pronto cada líder oposicionista se preocupe por las encuestas y empiece, consecuentemente, a realizar llamados públicos a la rebelión, con miras a frustrar la reforma constitucional con la ñapa de tumbar a Chávez, o viceversa.
A propósito, el señor Robert Alonso fue claro en afirmar que si en los Estado Unidos se hiciera ese tipo de llamados a la población, sus responsables irían presos ipso facto; que eso ocurre en Venezuela, náda más, así que aprovechen.
¡No se puede con tanto cinismo!
En este sentido, lo máximo de su alocusión fue la mención de un encuentro que durante las guarimbas pasada tuvo con una llorosa señora, quién le pedía consejo de cómo tumbar a Chávez porque éste le había matado a un hijo en los hechos de su finca Daktari.
¡Es el colmo, y que lo diga públicamente! Definitivamente algo huele mal en Florida. Siempre algo humano se descompone sobre la faz de la tierra.

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