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lunes, 13 de abril de 2026

El nuevo Irán: de imperio histórico a república rebelde antiimperial

Lindsey Graham, un senador estadounidense, hizo reír a los iraníes hace poco. Dijo que en 2026 finalizaría con Irán un “conflicto de 2.000 años”. De inmediato lo reprendieron con un sarcasmo colosal: la nación persa tiene más de 2.500 años, en contraste con los pocos cientos de años de los Estados Unidos.
En efecto, los persas existían en tribus más allá del 550 a.C., cuando Ciro el Grande las unificó y formó el primer imperio global, el Aqueménida. Por cierto, cuando conquistó Babilonia, en 538 a.C., Ciro el Grande se convirtió en el segundo libertador de judíos cautivos después de Moisés. Incluso reyes posteriores persas prosiguieron apoyando al entonces maltrecho pueblo hebreo.
Darío I y Artajerjes I ayudaron con el retorno judío desde su esclavitud babilónica, permitiendo y financiando su Segundo Templo, en Jerusalén. De modo extraordinario, Ciro el Grande aparece previsto como el “ungido” en los libros de Isaías, Esdras y 2 Crónicas para liberar y restaurar al pueblo de Israel.
Es un amargo giro del destino que Israel, el pueblo liberado ayer, considere hoy “enemigo existencial” a su antiguo libertador. De hecho, en muchos pensadores contemporáneos está la idea trágica de que los israelitas puedan bombardear con armas nucleares a Irán. Llaman a esta doctrina “Sansón”, en alusión al personaje histórico que localmente liberó a los hebreos de sus opresores con su sacrificio. Significa que, si no pueden someter a Irán ni a sus aliados, en última instancia defensiva podrían arrasarlos con armas nucleares antes de perecer ellos.
Los Estados Unidos, por su parte, fueron fundados en 1776 y no aparecen previstos en ninguna escritura como figura salvadora de nadie, puestos a seguir la correlación histórica iraní propuesta por el sabio senador Graham. Por el contrario, Simón Bolívar los visualizó como opresores de la humanidad en nombre de una providencia de pueblo excepcional que se inventaron las Trece Colonias rebeldes de Gran Bretaña.
Este sentimiento de pueblo “elegido” lo articuló el periodista John L. O'Sullivan (1845) en la famosa teoría de “Destino Manifiesto” de los Estados Unidos, presuntamente llamados a expandirse sin límites entre el Atlántico y el Pacífico.
Históricamente, los persas han sido la contraparte (eufemismo de rival) de imperios hegemónicos occidentales. Antes de Cristo, rivalizaron con Grecia (Guerras Médicas, Alejandro Magno); después de Cristo (imperios Parto y Sasánida), contrapesaron al Imperio Romano. Cuando en 641 d.C. cae Persia ante los árabes, se islamiza; pero, en un fenómeno histórico similar al griego ante el romano, su cultura no desaparece, sino que conquista al conquistador. Como si se dijera, cazador cazado o conquistador conquistado.
Entre los siglos XV y XVIII, después de siglos de dominio extranjero, surgen las figuras de los shahs (líderes), quienes reunifican a Persia y la presentan nuevamente como imperio, el Imperio Safávida. Desde entonces, siempre en la forma imperial, suceden las dinastías Afsárida, Qajar y Pahlavi, última esta que duró hasta 1979, cuando estalló la Revolución Islámica. Con el ayatolá Jomeini, cual Revolución Francesa, la monarquía es derrocada y el ancestral imperio se hace entonces república, República Islámica de Irán.
Intentar, en fin, terminar con Irán en 2026, como dijo el erudito senador norteamericano, o acabar con su civilización en una noche para devolverlos a la Edad de Piedra, como dijera Donald Trump; trae a colación el reto de doblegar a una genética nacional que ha persistido por milenios en medio de períodos históricos de ejercicio político y militar.
El hecho de que una nación pueda ser devuelta a su Edad de Piedra, habla de su completitud como ser histórico y prehistórico, con fases de crecimiento y evolución vividas, cual ser vivo íntegro; habla de su resistencia y resiliencia en el tiempo, de su civilización y persistencia.
Es cierto que Irán hoy no es un imperio, pero es una república combativa con un arsenal genético e histórico listo para el combate, como lo ha demostrado. Su reciente triunfo sobre los aliados sionistas lo bautiza como potencia militar en el panorama geopolítico mundial.


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