viernes, 16 de enero de 2026

Fue la CIA quien postuló a Delcy por encima de María Corina

El director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió con la presidente encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Fue el jueves. Conversaron un par de horas. Un funcionario anónimo contó al The New York Times en los Estados Unidos que hablaron de inteligencia, estabilidad económica y de la necesidad de que Venezuela deje de ser «refugio seguro para los adversarios de los Estados Unidos, especialmente los narcotraficantes» (Nytimes.com, www.nytimes.com/es/2026/01/16/espanol/estados-unidos/cia-delcy-rodriguez-venezuela.html. Accessed 17 Jan. 2026).
La visita no podía ser más siniestra. Venezuela acaba de ser bombardeada por los Estados Unidos, hecho que derivó en el secuestro militar de su presidente y en la muerte de 47 soldados venezolanos y 32 cubanos, estos últimos con tiros de gracia. Materialmente, hubo destrucción de lanzaderas Buk-M2, almacenes, un hospital y centros de comunicaciones militares (Cerro El Volcán, Observatorio Cagigal, Fuerte Tiuna, etc.).
En términos geopolíticos, pende sobre el país la amenaza de un segundo ataque (según Donald Trump) para tomar los espacios de producción petrolera, con lesión cuantitativa de la soberanía.
De manera que el encuentro no deja de ser una imposición propia del chantaje, pero que el aparato estatal debe digerir en nombre del plan de gobierno: (1) mantener la paz, (2) rescatar a la pareja presidencial y (3) preservar el poder político.
Moralmente, el roce constituye una monstruosidad. El emisario estadounidense, por más que la inteligencia política lo maquille, es un enemigo de la patria bolivariana. Debe haber "estómago" para estrechar su mano, así como le habrá costado al emperador Hirohito en 1945 estrechar la mano homicida de su vencedor MacArthur.
En la cabeza del funcionario saltan las claves de la «Operación Determinación Absoluta», delineada fundamentalmente por la CIA. Fue esta agencia la punta de lanza contra Venezuela y la que, finalmente, después de su acción encubierta (infiltración, ciberataques), sembró en Trump el rechazo a María Machado, la preservación de la cabeza institucional de Delcy para evitar el caos y un trato diferencial al país respecto al de Irak de 2003.
Como espejo, la CIA consideró erróneo el desmantelamiento del gobierno iraquí y de su ejército, además de la creación de una insurgencia. De hecho, en caos, el Irak actual no fluye petroleramente.
Con la opinión de Richard Grenell, la CIA perló el retrato de Delcy: su disposición al trabajo conjunto conjuraría el caos improductivo que representa Machado.  La soberbia trumpista ideó que fuese el «padre» intelectual quien abordara a su «criatura».


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