La caída de Venezuela como república está en proceso… avanzado. Una de sus columnas conceptuales ya se ha quebrado y las otras tiemblan como hojitas ante el viento. El tutelaje que han empezado a ejercer los Estados Unidos sobre el país desde el 03ENE26 fracturó el nervio primordial definitorio. El ideal constitucional, la palabra escrita con sangre universal y patria, el poder formal ciudadano…
Al no haber poder o soberanía que resida en el pueblo (Art. 5, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela), no hay, pues, la idea libertaria que orientó a la Revolución Francesa contra la monarquía como sistema ancestral. Ni hay ese antecedente fundacional de tres capítulos republicanos que legara Simón Bolívar y el resto de los próceres de la independencia.
Del otro lado de la acera hay, en fin, monarquía o imperio. No hay término medio. O son los ciudadanos con su Estado y el pacto social, de un lado; o es el poder formal de un Estado absoluto que dicta la pauta sobre sus tutelas, del otro. El legado universal y progresista de la Revolución Francesa es la erradicación final de ese sistema vitalicio, hereditario y cuasidivino que es un reinado como eje formal político.
Desarrollarse en función de una mancomunidad ciudadana que asienta y respeta leyes es distinto a hacerlo a través de la expansión y anexión militar que las omiten. Lo primero es república ideal y democracia; lo segundo, imperio. Ideales de conquistas del hombre versus arquetipos de convivencia animal. Y Venezuela hoy es una anexión.
Por consiguiente, la teoría y praxis de la soberanía como conquista ejercida por el pueblo están rebasadas desde el momento en que el gobierno encargado de Venezuela aceptó la tutela de una potencia extranjera sobre sus recursos naturales, el 03ENE26, y sobre su territorio, hoy con la catástrofe de La Guaira. Los Estados Unidos, so pretexto de asistencia humanitaria, están ocupando hoy ese estado costero, con dominio militar del espacio aéreo y terrestre, y con su logística asistencial en hora de contingencia. Hay “marines” tipo litoral apostados en el aeropuerto principal de Venezuela y un par de buques están atracados en las aguas bolivarianas. La pesadilla de la Primera República de 1812, que cae, en gran medida, por causa de un terremoto, vuelve ahora para anunciarle la muerte a la Quinta con los eventos sísmicos de La Guaira. Históricamente, entre los intervalos de una república y otra, se es colonia.
Pero, con la soberanía violada, se mueven también las otras hojitas republicanas. Estados Unidos, además, está determinando la orientación de los poderes del Estado, minándolos en su concepción de independencia y autonomía. Ahora critica y recomienda atribuciones para el poder electoral, ora el ciudadano. Ejerce dominio pleno sobre el poder ejecutivo y legislativo, y amenaza al judicial. Para muestra, un botón: ordenó la modificación a su conveniencia de la ley que rige el oro y el petróleo, y pareciera que la Asamblea Nacional fuese el tinglado de sus viscerales deseos en materia de voracidad energética.
Respóndase a la siguiente prueba: ¿es posible hoy en Venezuela hablar de democracia o libertad republicanas sin apuntar a la subversión y la revolución ciudadanas que las restauran?


