1000 años antes de Cristo, un joven pastor derrota a un gigante filisteo. Lo sacó de su convencional esquema de combate (cuerpo a cuerpo) y lo enfrentó con una honda. Sin que hubiera manuales exhaustivos sobre la guerra asimétrica y anteponiendo la supervivencia a la arrogancia, venció.
En la Venezuela de 2026, tres mil años después, con ingente cantidad de manuales recopilados, sus políticos petroleros y bananeros cuestionan la ilustración histórica de David. Como fueron humillados por los Estados Unidos el 3 de enero y se dejaron birlar al presidente del país, justifican su cobardía ante el Goliat del momento con el cuento de que es un enemigo mucho más que el antiguo Goliat.
En esa retórica están incursos la presidente encargada de Venezuela (Delcy Rodríguez), el presidente de la Asamblea Nacional (Jorge Rodríguez), la misma Asamblea Nacional en pleno, el ministro de la Defensa (Vladimir Padrino) y otros políticos y comentaristas de menor catadura, como el canciller Yván Gil, el exgobernador Héctor Rodríguez, la influencer Indira Urbaneja, entre otros muchísimos que cuidan el cargo y encargo de la cosa política.
En 480 a.C., el rey Leónidas contiene al desmesurado ejército persa. Con 300 guerreros y el apoyo de unos miles de griegos, obliga al enemigo a una confrontación asimétrica en un estrecho, induciéndolo a su modalidad hoplita de combate. Fueron derrotados, pero, grosso modo, determinaron el rumbo victorioso de las Guerras Médicas.
En la Venezuela de 2026, al soldado que no disparó para defender a su país ante el ataque de los Estados Unidos ni siquiera se le ocurrió que su trabajo y esfuerzo podrían haber dado lugar a un mañana de independencia o esperanza, por lo menos. Obedeció una orden espuria; o, peor aún, no hizo nada. Se echó a dormir, como les respondieron a los familiares que los consultaron.
En 1812, durante la guerra de independencia de México, José María Morelos resistió durante 72 días el asedio del ejército realista, superior en fuerza y número. Antepuso la necesidad y supervivencia de los suyos a la confianza del enemigo, para romper filas posteriormente y vencerlo.
El 3 de enero de 2026, bastó un par de horas para colonizar a un país que estaba avisado de guerra. Venezuela se rindió a pesar de contar con un arsenal de primera línea militar y un ejército, presuntamente, hijo de la heroicidad de Simón Bolívar.
En 1819, en Boyacá, Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander vencen a los realistas a pesar de anteponer campesinos y voluntarios a la fuerza expedicionaria del ejército español. En 1821, un Bolívar debilitado y con menos recursos logra la victoria en Carabobo con brillantes estrategias, el apoyo de José Antonio Páez y la Legión Británica. En 1822, en Pichincha, Ecuador, el ejército fatigado de Antonio José de Sucre, vence a los españoles en un terreno escarpado.
En 2026, los hijos de estos próceres, alegando la estrategia de cuidar el cargo político, ceden la carísima soberanía histórica a unos extranjeros que apenas dispararon para prenderlos.
En 1954, las fuerzas del Viet Minh (Vietnam), ensayando claramente una estrategia asimétrica, echan a los franceses de su país a punta de la famosa guerra de guerrillas. Transportaron pieza por pieza artillería ligera a través de la selva.
En la Venezuela de 2026, enero, al parecer hubo la orden de apagar radares y dormir ante la incursión de naves invasoras al espacio sacro bolivariano. Ni las explosiones de las bombas despertaron a los obedientes soldados.
En 1957, Fidel Castro, con unos cuantos “barbudos” de su Ejército Rebelde, atacó el cuartel de Fulgencio Batista y lo expuso al asedio constante de la guerra de guerrillas, doblegándolo, finalmente.
¿No basta, acaso, la historia para seguir argumentando que el enemigo estadounidense era muy grande como para enfrentarlo y que era mejor salvar el pellejo, aunque la patria se perdiera? ¿Es que, por desventura, los militares venezolanos no estaban ese día hechos de la misma carne y sangre que el pastor David o los lanceros de Páez en Carabobo? ¿O es que son los soldados del ejército venezolano unos seres humanos huérfanos de historia, ajenos a la galaxia heroica de sus padres independentistas?
Es claro que esta ilustración magnánima rebasa la pobre capacidad de un político vendido del partido de gobierno (PSUV colonial), cuidando cargos y prebendas. No disponen de neuronas para contraargumentar. Lo que puedan decir para sustraerse del infame cargo de cobardía y traición los hunde más en el fango de la vergüenza.



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