Siguiendo el rastro del dinero, se descubre la magnitud del robo y del secuestro que los Estados Unidos han cometido contra Venezuela. “Robo” por los $13.000 millones que el país bolivariano ha vendido por concepto de exportaciones petroleras entre enero y julio de 2026, y que el país del norte represa; y “secuestro” por la obviedad de la captura del presidente Nicolás Maduro, ocurrida el 3 de enero próximo pasado, metáfora, también, del secuestro del país.
Cada palabra es una responsabilidad y establece una relación lógica. Procede el robo una vez que es secuestrado el custodio principal. Nicolás Maduro, al parecer, según restos amorfos de un aparato de Estado ante el extranjero, era la única resistencia nacionalista. En ausencia de la cabeza, alimento es el resto del cuerpo. Y así Venezuela deja de ser Estado, hasta cierto punto, como dejaron de ser los incas cuando cayó Atahualpa ante Francisco Pizarro o los aztecas debido a la muerte de Moctezuma II. Ni imperio ni república. No se hable de Guaicaipuro, resistencia nativa cuya muerte desmoronó a los Teques y a la gran alianza caribe de Caracas.
Más allá de analogías, Maduro era hombre de diálogo, un civil, en nada un guerrero de espada o flecha, como las referencias belicistas apuntadas. Pero durante su estadía en el poder, nadie se atrevió a vejar tanto la patria de Simón Bolívar como se vejan ahora los restos de lo que fue un sistema de gobierno. Tuvo que ser capturado, reducido por las armas (más de cien bajas).
Se trata, más bien, de un esquema estratégico militar, empleado hoy, por ejemplo, en el Medio Oriente, en específico contra Irán, donde se ha intentado reducir a un Estado a fuerza de asesinar su liderazgo (los ayatolás).
Y al seguirse el rastro del dinero, como se dijo al principio, lo que se descubre, además de robo y secuestro, es una infame tutela, para no hablar de colonia de manera precipitada. Un país con sus recursos capturados, explotados, administrados, sin liderazgo digno. Que a Venezuela le hayan abierto los Estados Unidos una cuenta bancaria que se extiende hasta Qatar para recabarle los fondos de las ventas petroleras, habla del tamaño de la vergüenza.
Véase: Caracas vendió, más o menos, 200 millones de barriles de petróleo en el lapso indicado. Facturó los $13.000 millones dichos, actualmente en cuentas gringas. Y ha recibido solamente $300 millones, el equivalente a 5 días de producción petrolera, de un total de 180 días [(N.d.). Com.Mx. Retrieved July 29, 2026, from https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/22/economia/financial-times-eu-recauda-mas-de-13-mil-mdd-por-petroleo-venezolano-sin-transparentar-el-destino-de-los-recursos]. De allí que se comprenda, cabalmente, el porqué de la alegría del presidente estadounidense cuando celebra que está haciendo mucho dinero con la presidente venezolana y que, con el petróleo retenido, ha cobrado a Venezuela el equivalente a 28 veces el gasto de su incursión militar.
Lo más grave es que se detectó desde el Congreso que la Casa Blanca ordenó el desembolso de $6.000 millones por concepto de ayuda humanitaria por los terremotos, y el gobierno venezolano no ha registrado disponibilidad de tal monto. Hay el antecedente inmediato de una farsa imperialista acometida en Haití desde el terremoto de 2010: los recursos liberados para la asistencia humanitaria jamás llegaron a manos de la empresa local, sino que fueron asignados a contratistas de los Estados Unidos, lo cual equivale a decir que el dinero retornó a su país de origen. La gravedad del desfalco que se cierne sobre un dinero que es propiedad del Estado venezolano es obvia.
Finalmente, más allá de la burla y el robo del siglo denunciados, asiéntese dos hechos, por si acaso aún existe alma humana que no esté al tanto: (1) el país es una tutela o protectorado desde el momento mismo en que no administra sus recursos y es despojado de su soberanía fiscal elemental mediante cuentas bancarias de sus fondos; (2) no hay buena fe en un país que, además de invadir y secuestrar al presidente de otro, es incapaz de liberarle con transparencia sus propios fondos en el contexto de una crisis humanitaria.
Ciérrese la rueda diciendo que, así como se evidencia la mofa contra una república humillada, el hecho acarrea responsabilidades penales sobre los funcionarios públicos que han hecho posible el esperpento, desde la presidente encargada para abajo, pasando por la Asamblea Nacional, el vicepresidente del partido PSUV o el ministro de la Defensa. No es posible que se continúe propalando la especie de que en Venezuela se evitó una guerra el 3 de enero de 2026 capitulando como se capituló. Como si se dijera que se defendió la patria de Bolívar entregándola. Semejante absurdo hace más cara la pena que merece la traición al involucrar la burla contra la inteligencia y la buena fe de un pueblo que quiso confiar en su dirigencia.
Nota de honestidad intelectual: El autor contó con la asistencia del modelo de inteligencia artificial Gemini (Google, 2026) como herramienta de soporte para la investigación documental, contraste de datos y estructuración de este artículo.



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