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lunes, 10 de agosto de 2009

“Libres a balazos y costa de nuestra sangre”

Fidel Castro soltó recientemente en una de sus reflexiones que si el golpe de Estado hondureño no se revertía, una ola de transgresiones constitucionales se desataría en la región.  Vale decir, como lo dijo él mismo, estaríamos asistiendo a la muerte de la constitucionalidad e institucionalidad en Suramérica, porque la extrema derecha se envalentonaría y, haciendo caso omiso de la letra y ley del orden democrático, empezaría a repartir palos golilescos bajo la certeza servil de que el señorío de los EEUU la estaría apoyando.¹

Tan simple lógica asesta, también, golpes de conciencia por los cuatro costados, dado que detrás de semejante silogística aseveración se contiene todo un mundo semántico de amenazas y provocaciones que rebasan lo matemático discursivo para extenderse hacia los predios de lo simbólico y de la psicología de las masas, terreno fértil para la manipulación y el juego político.

La estratagema de primero provocar (golpe de Estado en Honduras) para luego mirar la reacción y probar la capacidad de fuerza del conglomerado latinoamericano que se afana en los cambios (la izquierda política) aspira a concluir en una cavernícola carrera de golpes de Estado en la región, cuando no en su solapada recomendación en los países donde las conciencias populares despiertan y empiezan a darse cuenta del descalabro social que le ha comportado la historia y su modelo liberal a ultranza.

Siempre asumiendo que el motor generatriz de tal amenaza es el gobierno de los EEUU, en contubernio con las élites económicas lugareñas de los países suramericanos, habría  que decir que Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua  han asumido una vanguardia en los despertares políticos dichos, siendo depositarios de procesos de cambios consolidados y siendo también, en consecuencia, los enemigos a vencer por la baza imperial, además de la eterna Cuba; pero, por esta misma línea, habría que decir también que no se hace difícil a la adivinación prever traumas en los países donde aún el espíritu de los cambios no ha prendido en las las instancias del poder político.

Por ejemplo, el Perú de los cambios, encarnado en el Ollanta Humala candidato para las próximas elecciones presidenciales, tiene un futuro incierto, casi de imposible reconocimiento en su eventual triunfo si el statu quo (derecha política) toma desde ya la “recomendación” hondureña de no “retroceder” hacia el llamado “comunismo” que ahora promueve el presidente Venezuela.  Simple deducción.  México, allá en el norte a la pata supervisora del coloso estadounidense, ya pisó el camino de la negación digamos revolucionaria, cuando con la elección de Felipe Calderón se le presumió fraude y desconocimiento de resultados electorales en detrimento de Andrés Manuel Obrador, candidato por la izquierda.  Nada digamos de Chile (es difícil abandonar una dictadura así nomás y quedar ileso) ni Colombia, países donde las castas políticas y económicas secuestran el poder y lo dosifican en apariencia de democracia; inclusive, en la misma Venezuela, presunto “eje del mal”, donde un proceso de cambios intenta consolidarse con más ventaja que en los demás países, se esperan situaciones de convulsión para cuando Hugo Chávez vaya a reelección, en el 2.012.

De forma que no es dantesco afirmar que la experiencia hondureña de toma del poder por la fuerza, a pisoteo de las instituciones democráticas, lo menos que comporta es una “recomendación” de permanecer bajo la calma del stablishment político neoliberal a los demás países; es una orden llana, y orden de los EEUU, quienes sostienen y financian su experimento golpista en Honduras, ejemplificándola hacia las demás repúblicas del hemisferio, so pena de plagar la América entera con golpes de Estado en nombre de la libertad. Como si lo ideal fuese una sola región, países todos sumados, bajo la dirección de un general, para gusto norteamericano.  El Inca de gobierno continental propuesto por Francisco de Miranda en su tiempo –se dirá-, pero muy pervertido en su originalidad y acomodado a específicos intereses de lucro y explotación; o el pretor o general romano de una de las provincias del imperio.

Lo dijo el vocero del Departamento de Estado, Phillip Crowley:  “Nosotros creemos que si tuviéramos que elegir un gobierno modelo y un líder modelo en la región para que los demás países lo siguieran, el actual liderazgo de Venezuela no sería ese modelo. Si esa es la lección que ha aprendido el Presidente Zelaya de este episodio, bueno, entonces sería una buena lección.”²  De forma, pues, que la contraparte semántica recomendada, es decir, Honduras y su golpe, es lo que tiene que aprender la América Latina para evitarse problemas con su porvenir “democrático”.  No hay lección más clara.  Venezuela, como en el pasado independentista, es la cabeza de playa contra el imperio, ahora norteamericano; y Hugo Chávez es la reencarnación del viejo comunismo, uno de los argumentos estrellas de guerra fría en los que son campeones los EEUU.  No canta ni pinta más claro un gallo. O es Honduras o es Venezuela; o es ALCA o ALBA, último éste uno de los argumentos que precipitó el golpe militar en Honduras.

En fin, los sentidos están claros.  Hay una propuesta (mejor dicho invitación) de paso por encima de la institucionalidad establecida en las repúblicas latinoamericanas, por ellos denominadas bananeras, con el mayor desprecio.  O dicho de otro modo:  hay una propuesta de guerra sobre la mesa, detrás de la cual subyace una conminación a existir como colonia o a no existir como más nada, para redondear mejor la poca estima que una de las Américas tiene respecto de la otra.  Huelga decir:  hay una invitación a comprender que el futuro libre no estará en la esquina sino a través del uso de las armas y del inevitable derramamiento de la sangre.  Es la acepción de la palabra guerra, por si no había quedado claro.

“Tiempo atrás había ya Mao Tse Tung rematado que el poder político nacía del cañón de los fusiles, para redondear nuestro pesimismo”

“Estados Unidos tiene una larga historia de dominación en el hemisferio. El Presidente Barack Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton tienen la oportunidad de cambiar el curso de esta historia y apartarse de una tradición oscura de dictaduras militares, represión y muerte [con el caso de Honduras, rechazándolo]”³ , leo en  un interesante artículo norteamericano; pero como es de conocimiento por todos, no lo ha hecho.  Por el contrario, financia soterradamente al gobierno de facto hondureño, negándose a catalogarlo como golpe de Estado, dado que la legislación estadounidense le impediría ipso facto consiguientemente proseguir con su estrategia bélica de sostenimiento de un gorila militar y provocación política en la región.  Es de claro ver que las cartas están echadas:  quienes somos, como nos ven y qué se piensan otros de sí mismos, a contrapeso de nosotros.

Es EEUU un país de guerras.  Así sobrevive históricamente, del subyugamiento del otro, siempre disfrazando el sometimiento humano detrás de la cortina de los derechos civiles o humanos; necesita petróleo, energía, perfil, mando, todo un porte de convencimiento para alimentar entre sus ciudadanos la ficción de democracia que sus clases dominantes cultivan intrafronteras, para luego tener “moral” y permitirse hacer “recomendaciones” a otros; necesita de la otra América, de esa parte geográfica hermana, de sus islas, sus aguas, sus tierras, sus gentes; nos necesita.  Pero con la contrariedad de que nos ven como unos guarismos, como una fuente energética, como un mercado esclavo, como un depósitio, como una venta de plátanos, como geoestrategia, como pieza de tablero ajedrecístico en su rivalidad con otros mundos por la Tierra, como burdel o palmera o brisa antillanos para calmar algún sofoco, cualquier cosa menos como institucionalidad y constitucionalidad de repúblicas que abrasan principios de soberanía nacional y valores de respeto humano.  Como si ninguna página de Platón, Aristóteles, Montesquieu o Rousseau no se hubiera jamás volado por estos lares y como si los logros humanísticos no fuesen un patrimonio universal de la especie.

Semejante violencia de percepción y trato no necesariamente conduce a la paz. ¿Cómo? Porque sucede que el hombre, ser de carne e ideas, así como da para la traición en su versión patriótica degenerada (las élites vendidas latinoamericanas), así rinde también para lo elevado, para la idea, para la noción de patria propia y soberana, como lo corroboran nuestros propios héroes latinoamericanos.  Crece, reflexiona, madura y hace la guerra cuando comprende que el destino que encarna es impuesto por otros humanos a través de burdas articulaciones del dominio y el engaño.  Cuando se comprende, el formato del engaño se agota, y cuando la forma del engaño se agota o hay libertad o guerra, tanto más cuanto una de las partes se la impone a la otra.

Sin duda, una situación preocupante, más aun si traemos a colación algunos detalles simbólicos de inevitable asociación cuando de autoridad, imposición guerra o muerte se habla.  Diremos que la Honduras golpista es la versión contraria del Palatino demarcado por Rómulo, fundador de Roma, terreno que habrá de procurar destrucción a quien no lo derribe o pise.  Es decir, es el experimento o provocación de la derecha política motorizada por los EEUU, mismo que al sol de hoy prosigue en pie, a la espera de una mayor contundencia latinoamericana, esa misma que viene perfilando este artículo en el sentido de considerar inevitable una confrontación por las armas y que se resiente que al presente no disponga el continente de mecanismos constituciones que puedan obligar por la fuerza al retroceso de una aberración.  Porque el hombre, símbolo o palabra, es ante todo semántica, y no otra acepción agresora comportan las movidas de piezas de los EEUU en Sur y Centroamérica.

Y del viejo Fidel, guerrero curtido en la Guerra Fría, como combatiente presto a su hora final, habrá que tomarle como proféticas sus palabras respecto de la plaga que nos depara el imperio de los EEUU, a la vieja usanza de los guerreros antiguos que, cuando menguaban, solían vaticinar el fin o la enfermedad de lo que le estaba dado augurar.  Le dijo Héctor a Aquiles cómo habría de morir a manos de Paris, ¡a Aquiles, aquel guerrero invencible!  Más acá, el mismo Bolívar nos dejó un legado de alertas en relación a la opresión de los EEUU sobre América.  Y si usted se pone a examinar, no es sólo la historia de América Latina una de guerras, sino del hombre mismo.  ¿Qué esperanza, pues?  ¿Hay o no hay la guerra como mecanismo entendido y precipitado de liberación?  No hubo dudas para Sandino cuando sentenció que “Nicaragua será libre solamente a balazos y a costa de nuestra propia sangre”; y no la hubo para otros tantos próceres de los hombres libres.

¿Qué cree usted? ¿Supone que irresponsablemente empujamos a disparar un fusil?

¿Queda alguna otra opción cuando una de las partes coloca en la mesa una declaración de guerra, so pena de vivir siempre bajo el oprobio al rehuirla?  Fuera del prejuicio humanista y haciendo abstracción de sus horrores (cosa monstruosa), la consumación de una guerra siempre supondrá la erradicación de una injusticia, so pena, como se dijo, de vivir mansamente bajo oprobiosa existencia.  No se dirá que tiene la guerra un punto plausible, pero tampoco habrá de afirmarse que es celebrable la “recomendación” de vivir bajo el mancillaje y la indignidad de modo permanente.  Tiempo atrás había ya Mao Tse Tung rematado que el poder político nacía del cañón de los fusiles, para redondear nuestro pesimismo.

Dos cuidos se imponen ante tan desolador panorama (nadie me obliga al optimismo):  (a) no pisar el peine de la guerra cuando se pone para tal fin (caer en el juego del otro) y (b) en lo sucesivo comprender que cuando hasta se afirma que las revoluciones no tienen marcha atrás en la América bolivariana es porque sólo a través de la guerra es que se está planteado discutir sus conquistas civiles, sociales, patrias y de conciencia alcanzadas.

Notas:

¹  Fidel Castro Ruz:  “Muere el golpe o mueren las constituciones” [en línea].  En Cubadebate. – 10 jul 2.009. - [Pantalla 7]. - http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2009/07/10/muere-el-golpe-o-mueren-las-constituciones/. - [Consulta:  10 ago 2.009].

²  Eva Golinger:  “La ofensiva imperial en América Latina” [en línea].  En Aporrea.org. – 25 jul 2.009. - [Pantalla 1]. - http://www.aporrea.org/tiburon/a83018.html. - [Consulta:  10 ago 2.009].

³  Amy Goodman:  “Revertir el golpe” [en línea].  En Democracy Now! – 2 jul 2.009. - [Pantalla 2]. - http://i4.democracynow.org/es/blog/2009/7/2/revertir_el_golpe. - [Consulta:  10 ago 2.009]

lunes, 20 de julio de 2009

Autoconvencimiento democrático

  Usted no me la ha preguntado, pero, si quiere saber mi opinión, en Honduras no hubo un golpe de Estado, sino una “sucesión constitucional”.  Así como suena, tan límpido; algo muy parecido al “vacío de poder” que se decretó respecto de abril de 2.002 en Venezuela, cuando,  igualmente, otro presidente constitucional fue removido por la fuerza y sustituido por otro célebre Pedro Carmona Estanga, más su concierto de empresarios, políticos e intereses extranjeros comprometidos con la asonada.

Ni más ni menos.  No le busque usted más pelos al gato.

En Honduras Zelaya desacató una orden del máximo tribunal de justicia del país, siendo luego la rebeldía causal de su defenestración constitucional.  Él se lo buscó.  Violó la ley.  Se comió la luz roja del semáforo y tuvo que pagar la multa.  ¿No es así la ley, que está allí para ser aplicada a todos por igual y con su cumplimiento honrar los mandatos y espíritus democráticos de las naciones?

¿O es que usted pensaba que en Honduras no había una democracia, un cuerpo de ley que respetar y un pueblo que está vigilante de su cumplimiento, antes de que llegara este gorila presidencial a querer revertirla?  En Honduras la letra de la ley no está muerta; se cumple a cabalidad, no presenciándose nunca el bochorno de que un potentado cometa una infracción y no se le castigue luego, como se hace corrientemente con cualquier descamisado campesino.  Igualdad.  Si el mismo presidente no cumple, se le remueve y ya; al fin y al cabo es un funcionario más de la cosa pública.

En Venezuela, por ejemplo, Hugo Chávez vino a revolver el orden constitucional vigente con sus inventos de asambleas constituyentes o populares, transformaciones institucionales y reformas del espectro acostumbrado de vida, hasta el punto tal que a él mismo, cuando se le propina el llamado golpe de Estado, se le declara como una desaparición, una vacuidad, todo bajo un enfoque distinto de cómo apreciar un “accidente constitucional”. Dejemos el clisé de “golpe de Estado” a un lado.

¿O es que usted pensaba que en Venezuela no existía un orden establecido, tan recio en su convicción y estructura que cualquier intento de cambio necesariamente tenía que sonar a inexistencia, siendo por fuerza un rumor, un vacío, como dijimos, un orgasmo intelectual de mentes ociosas, dado que el ocio siempre engendra travesuras contra las cosas constituidas?  Así, pues, Hugo Chávez, como el mismo “golpe” que se le infiere, es un vacío, una ilusión, una mentira o, para decirlo con el poder sintético de quienes defienden la tradición, un tiranuelo dictador.

Una y otra, estos es, Honduras y Venezuela, son unas democracias ejemplares antes de las sendas oleadas anticonstitucionalistas (Zelaya y Chávez).  Venezuela no existe desde una década chavista para acá y Honduras se resiste a correr con la misma suerte fantasmagórica.  Nadie puede culparlas.  Un país es como una casa:  familia, propiedad y tradición, más la paz de los muertos.  Son fundamentos culturales que se respetan, pulidos en su verdad incontrovertible por los siglos de los siglos.  Es la humanidad misma rezumada.

“La libertad humana es una fuerza de selva, plena ella, que impulsa a que cada quien ocupe su puesto de acuerdo a su condición y fuerza”

No puede haber error.  La derecha política, el liberalismo, es el camino social señalado por los repetidos ensayos y errores que han conducido a la verdad científica; más aun, si se considera el uso histórico, camino señalado por la Providencia también es, dado que la humanidad ha vivido y sobrevivido hasta hoy bajo el formato de la diferencia de clases, el específico control de los medios de producción y la justa (en un sentido moral) distribución piramidal de la riqueza.  No es casualidad que la Iglesia apoye sus manifestaciones.

Dudar, ergo, de semejante camino equivale por fuerza lógica a desconfiar de hitos descomunales como Jesucristo, de la histórica Iglesia, de los aportes fundamentales del feudalismo en la formación de las naciones, de las innumerables coronas monárquicas que han existido, suerte de archivos históricos de la sangre bienhechora.  No puede ser que el mundo haya pervivido siempre sumido en el yerro, ni tampoco es creíble lo que dicen que el factor común de la convivencia humana haya sido la explotación del hombre por el hombre.  Redomadas pamplinas.

¿Por qué, pues, quemarse las pestañas elucubrando que existe una voluntad extremadamente inteligente, foránea ella, que diseñó matemáticamente sendos acontecimientos políticos para recuperar ni contener nada perdido en manos izquierdas, si en América Latina no se ha cedido ni un ápice de los territorios humanistas conquistados por la razón y la Historia?  Chávez es un vacío fantasmagórico y Zelaya una historia sucedida.  Parménides y el río latinoamericano siguen igual de tranquilos, porque la verdad tiene el don de la incomovibilidad.  Su cauce es lo eterno.  ¿Qué puede, en fin, haberse transmutado que no vuelva a su canal, como los naturales ríos?

La libertad individual es una conquista del género humano, que la define casi como la deidad ciudadana que es en el presente; y los Estados, unas creaciones del hombre y de la misma libertad individual.  Mal puede entonces lo creado estar por encima del creador, simple razonamiento que ha de excomulgar para siempre la injerencia del Estado en los asuntos de la vida social y económica humana. Eso es libertad, libre albedrío. La paz de lo establecido tiene que ser santa.  Si Chávez y Zelaya un buen día se dispusieron a revertir semejante predestinación, uno armando las bases de la pirámide para que conmuevan su propio techo, con el apoyo del Estado mismo, y otro dándole esperanzas de transformación a una sarta de campesinos y sindicalistas embarrados, se debe concluir que es un soñar orientado al fracaso. Nunca podrá subsistir un mundo patas arriba, como menos una pirámide parada sobre su ángulo superior.  Contranatural, por lo menos.

La libertad humana es una fuerza de selva, plena ella, que impulsa a que cada quien ocupe su puesto de acuerdo a su condición y fuerza.  ¡Ah, divino Aristóteles clasificador de lo humano!  ¡Ah, Darwin moderno, interpretador divino!  ¿Dónde están? ¿Por qué tuvieron que “irse”? Cualquier otra bagatela creada por el ingenio humano –como el Estado- debe de estar al servicio de eternizar las verdades eternas –y valga la eternidad-.  Si en algún momento hubo un “vacío de poder” por allí o un fantasma sucedido por allá con apariencia de “golpes de Estado”, tenga la seguridad plena de que se trata de un veleidad de la sabia Naturaleza, que periódica y estadísticamente tiene un arrojo de engendros, suerte de equilibrante fisiología necesaria.