martes, 23 de octubre de 2007

La inconciencia política de las caraotas, leche y huevos


Hay un evidente problema con los siguientes alimentos: azúcar, leche, huevos y caraotas: son invisibles. Usted no los consigue en los anaqueles de los abastos y supermercados, pero sí lo hará entre los buhoneros con un sobreprecio que ronda el 50%. En los Mercal se agotan apenas abren, dejando a una gente con las manos vacías en unas colas que datan desde la madrugada. El asunto es real.
¿Qué está ocurriendo, Sr. Rafael Oropeza, Ministro de Alimentación, y Sr. Samuel Ruth, Director del Indecu? ¿Perderán ustedes esta pelea contra los mercaderes de las necesidades del pueblo? ¿Permitirán ustedes, junto con el Ministerio de Economía Agrícola, la incidencia de esta matriz no ya de opinión sino de real necesidad entre nuestra gente, históricamente ajetreada por la cultura de la rosca y la corrupción?
Porque el hecho es que los mencionados rubros se consiguen, pero no donde deben conseguirse, es decir, en los abastos para esos efectos, bajo los regulados precios de acceso al público. ¿Por qué tengo que ir a comprárselo a un buhonero al precio que a él le dé gana en vendérmelo? ¿Por qué, inclusive, tengo que aceptar que hasta en los mercados solidarios, como Mercal, escaseen, sospechosamente, tales productos? ¿Es que tenemos que creer y aceptar como tradición fallas como la que comenta una señora del 23 de Enero, esto es, que las cosas se acaban rápido en el Mercal porque se la venden a los buhoneros para que estos después la revendan al doble? ¡Vamos, la vaina no está bien enfocada! La leche la vende impunemente un buhonero en Bs. 18.000, cuando el precio regulado anda por los 12.000, y la gente tiene que comprarla porque no hay más opción.
Dada la existencia de huevos, caraotas, azúcar y leche pero en los anaqueles del contrabando, ¿por qué, primero, no se ha investigado el asunto, segundo, por qué no se le ha comunicado al pueblo el nombre del pillaje y, tercero, por qué no se ha actuado contundentemente? Un funcionario para un pueblo jamás habrá de tener una excusa, pero sí una explicación, porque es su trabajo investigar, informar y actuar para solucionar. Por ejemplo, aquí está una buena pregunta que ustedes hace un tiempo han debido responder: ¿quién le pasa la mercancía a la economía informal?
La falta de claridad sobre ciertos asuntos que atañen directamente al pueblo consumidor le hace un daño increíble al proceso de cambios que adelanta el gobierno bolivariano, porque justamente la política de cambios se soporta sobre la pretensión de erradicar vicios y fallas propias del sistema político corrupto de los pasados 50 años. Si una investigación sobre estos puntos demasiado sensibles para la gente se embota o no produce resultados, se debe comunicar a la opinión pública rápidamente, en un flujo permanente de información, haciéndole honor a la denominación "popular" de los ministerios; en ningún momento se tendrá que esperar que las hipótesis monten a caballo en un país donde los medios politizados de comunicación hacen correr bolas inclusive en ausencia de una problemática, desplegando mayor saña si encuentran un caldo de cultivo idóneo, como la situación presente, de real desabastecimiento –aunque focal- y explicaciones ausentes.
Samuel Ruth aventura una explicación -una explicación ahora que el asunto ha cogido vuelo- en relación a las yemas, que nos hacen pensar que así ocurre con lo demás: se están desviando hacia el comercio informal con el propósito de ahorrarse el IVA y el pago del flete. Bueno, respóndase la misma pregunta: ¿quién le suministra el producto al comercio informal?
El Viceministro de Economía Agrícola, Richard Canan, sin necesariamente referirse a los concretos alimentos de los que hablamos aquí, habló en una feria zamorana en Petare de cadena de comercialización y especulación, hecho que encarece el producto cuando llega al consumidor final, la masa, el pueblo. Aunque sólo habla del aspecto del alto costo y la especulación, y no de la escasez, no deja de dar en el clavo: la cadena de comercialización, que al final de sus eslabones da el golpe final del lucro personal y la falta de ética para con una población que no merece semejante trato, dado el hecho del largo expolio que sufriera durante décadas.
Finalmente, tenemos las declaraciones del ministro Oropeza (véase Jorge Chávez Morales: "El desabastecimiento no es un cuento chino" en Últimas Noticias. - (2.007) oct 21; p. 43-5), militar él, de quien es mayormente esperable una actitud dinámica de pesquisa del delito. En un principio aclara que el problema de la leche no se puede descontextualizar del hecho de una actual escasez mundial, producto de la sequía que viven los países productores, lo cual pasamos como comprensible; pero luego, refiriéndose al desabastecimiento en general, pasa a denunciar la existencia de una "campaña mediática para atacar la Misión Alimentación y para 'alborotar a la población", lo cual tampoco dudamos, dada la peculiar situación política de nuestro país y la naturaleza depredante de los medios de comunicación (véase, además Beatriz Caripa: "Gobierno promete solucionar escasez de leche pronto" en Ibidem, p. 30). Lo que no es aceptable, hasta desde el punto de vista político, es que se haya dejado complicar una situación hasta el extremo concreto de afectar notablemente a la población y darle herramientas al enemigo, nunca tardo para explotarla desestabilizadoramente y, en la actual coyuntura, electoralmente.
Es cierto que no se puede hablar alarmistamente de un desabastecimiento general, pues, como afirma el director del Indecu, de 126 producto regulados se consiguen 124, faltando nomás leche y huevos, siendo de sensible escasez el aceite, las caraotas y el azúcar; pero el hecho es que esta situación, de real existencia aunque focal, ha tomado cuerpo como crisis general en el plano de la prensa política, que le saca punta con miras a la consulta electoral pautada para diciembre.
Ello nos lleva concluir que las fallas de los funcionarios competentes incorpora el elemento de la inconciencia política, además del comentado efecto injustificado para el pueblo.
Un "parao", pues, primero porque la gente no tiene por qué extrañar ningún alimento y luego porque un funcionario no debe descontextualizarse del hecho político, que es algo así como un muchacho travieso que anda por ahí con una lente poderosa de aumento.

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