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lunes, 17 de marzo de 2008

Clase media y medios en la agenda de la oposición

Con miras a la descalificación y ataque políticos, de cara a las elecciones de noviembre de este año, el cónclave opositor ya acordó lineamientos. Viene con los humos altos después de su pasada victoria contrarreformista del 2D, como si fueran dueños de un acostumbrado expediente de triunfo sobre Hugo Chávez. Posee el clan opositor su estrategia y, sobre la marcha, la alimentan, tácticamente, aprovechando cualquier nimiedad que se presente para rasguñar de cualquier manera la gestión de gobierno. El problema de eventual guerra entre Venezuela y Colombia ha sido su último fortuito recurso, aunque nada nimio, por cierto, para matizar su sistemático trabajo de hacer rodar la imagen presidencial.

Es un año electoral y no se oculta que el oposicionismo venezolano caza al vuelo cualquier dato que recrudezca el efecto de su trabajo. Están "aguantados" para la hecatombe que sueñan crear en los momentos preliminares al evento electoral, mes de septiembre. Sus ideólogos estudian en detalles circunstancias de otros países, europeos o centroamericanos, para intentar establecer paralelismos de desalojo del poder, visto que la receta que se utilizó contra Allende parece haberse viciado y andar en los labios de medio mundo. Sopesan también que la sorpresa es clave y toman en cuenta que la contra-ideología del gobierno anda ojo avizor. Consideran normal y transitorio el actual desmán que viven en sus filas intentando definir los candidatos, conscientes de que la plantilla política que regentan es de muy difícil control emocional, megalómana por excelencia. Son más caciques que indios.

Con esfuerzos siguen el guión de guardar a sus muchachos universitarios para el fatídico noviembre gubernamental, momento en que harán explotar temas como la sempiterna autonomía universitaria, el cupo y acceso universitarios, cuyas medidas deben tener el efecto de controlar a los negritos de los barrios entrando. Trabajan a tiempo completo, ahora, después del rollo con Colombia, en la posibilidad de que declaren terrorista al gobierno de Venezuela, aunque no tengamos a la vista por aquí a ningún Bin Laden ni estemos construyendo bombas atómicas. Se esmeran en intentar ventilar a la opinión pública los problemas internos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), tratando de homologarlo en su funcionalidad y estructura con los viejos y viciados partidos políticos del pasado, como para que Chávez se trague su criticón discurso antipuntofijista.

Pero veamos a grandes rasgos sus líneas operativas, a cuyo guión intentarán sujetarse pacientemente, tratando de no perder el norte por causa de emocionales reacciones que puedan generar situaciones que se descubran en el camino. Por el contrario, con sangre fría, tendrán en mente siempre capitalizar, a modo de bomba, el trinitrotolueno político que se consiga por allí para hacerlo estallar en la fecha convenida. Ya utilizaron con gran ardor mediático el problema con Colombia, presentando al presidente como enemigo de la paz y del país (Rosales dijo que era un traidor); ya andan en un afán desbocado de añadirle al expediente de Chávez elementos que entusiasmen al congreso estadounidense para que lo declaren afecto terrorista o terrorista. Véase los puntos, en el orden en que los enuncia el columnista Marciano, en su "Piedra de tranca" del 3 de marzo del presente, Diario Vea:

(1) Feroz campaña comunicacional
(2) Problemas internos del PSUV
(3) La delincuencia
(4) La corrupción
(5) La pequeña burguesía y sus miedos en relación a temas como la propiedad y la educación.

Como en una suerte de orgasmo mediático, los puntos enunciados se irán trabajando acumulativamente hasta llegar a la anhelada situación de explosión comunicacional con efecto detractor electoral. Quien viva en el país no podrá negar que ya todos estos puntos están en ejecución, no pudiendo, por los momentos, mientras no tengan definición candidatural, dedicarse en su totalidad a su cabal explotación política. El punto (2) ya fue trabajado en comunión con el (4), donde los mismos de la plantilla afecta al proceso dieron la justificación de ataque, ventilando situaciones que colocaron en primer plano a personeros como José David Cabello y Luis Tascón; el punto (1) es de erupción volcánica permanente; el (3) y (5) se trabajan al unísono, en una campaña de aterrorizamiento colectivo con la que aspiran generar una matriz de opinión lamentable en el estrato fundamental de la clase media, a la que se le reza que en el país no se puede vivir en paz, que el plan Chacín no sirve y, como con la famosa cuña del carnicero de la contrarreforma, en este país se amenaza la propiedad privada, manejada como se maneja en Cuba –¡el terrible país comunista!- el tema de la educación.

Sorprende un mundo que siendo el presidente de la república un excelente comunicador, con centenares de programas de televisión en su haber, la gestión que preside no haya podido valorar en su fundamental medida la importancia de una política plataforma comunicacional, y digo "política" en tanto ella apunta al arte de atraer la atención del ciudadano para, comunicacionalmente, incidir en su bagaje informativo. Será imposible subir la sintonía de canales como Venezolana de Televisión (VTV) si en los cerebros que la dirigen no ocurre el parto de comprender que se tiene que ser primero atractivo para fungir luego como interlocutor poderoso. No es sólo una ley del mercado, para hablar deliberadamente de un concepto capitalista, es también una máxima de la psicología humana.

"Tengo conocimiento que algunos que viven 'abajo' encomiendan a los que viven 'arriba', en los cerros, para que les consigan alimentos"

Es una hora de claves comprensiones, de ingentes esfuerzos. El canal del Estado fue recibido con una sintonía de 3% (como dijera cínicamente un día Marcel Granier) y al presente ostenta una audiencia del 8%. No hay justificación para ello. Deben dejarse atrás, en nombre de lograr una superior incidencia política, viejos y temerosos resabios ideológicos, como ese que comporta el a miedo aburguesar en tiempo de revolución la programación de un canal del Estado. No se puede ser tan miope en nombre de petrificados oráculos ideológicos, y no se dice aquí que las ideas sobre las que se apoya la revolución socialista no brillen en su humanismo como ninguna estrella en el cielo; de lo que se trata es de acompañar cada gesta humana y gesto político con el asesoramiento de la ciencia y la sociología, para ser más pertinente. Nadie habla de manipular a nadie, pero sí de llamar la atención para intentar explicar un mensaje. Es demasiado simple.

No pretenderá un cerebro director por ahí que en un dos por tres se logre atraer con difíciles postulados socialistas una atención venezolana que ha sido bombardeada y aburguesada durante casi un siglo por el facilismo consumista de la cultura gringa. Es una actitud condenada al fracaso. Se debe, por lo menos, presumir de mayor inteligencia. Los estratos populares, con tendencia hacia la clase media, desdeñan navegar en un fango de gran complejidad dialéctica, y Marx o el marxismo -¿se acuerdan?- es un hito filosófico en la historia de la cultura humana de imbricada funcionalidad teórica. Mucho y sistemáticamente tuvo que trabajar Lenín para concretar el Estado socialista, esto es, en un sentido educativo, y aun así con tremendas fallas en el plano de la ideología que debe generar criterios en el aprendiz pueblo. Y nadie habla -se repite- de menosprecio de la inteligencia de nadie; se habla -se repite- de ciencia, de psicología humana, de amenidad, de atención y distracción, de la tecnología de la amenidad y la atención para convertir un canal de televisión en un contendiente poderoso. ¿Es difícil entenderlo? A riesgo de ser señalado en su directiva como ente burgués, inclúyase en la programación una telenovela, películas, una comedia, un talk show o cualquier otra cosa y bájese un poquitin la dura píldora de la intelectualidad, que hacen segundón a un canal con toda la tecnología e infraestructura para la competencia. Luego podrán irse apretando las tenazas educativas e informativas, siendo necesario hoy ir al grano del combate por la atención. De Telesur no digo nada porque, en mi criterio, es un canal excelente, de primer nivel informativo y cultural.

Respecto de la clase media, en la agenda de trabajo de la oposición política, existe un mundo del cual hablar. Se debe tener claro, ¡clarísimo!, que el discurso presidencial, volcado hacia los sectores populares, no la ha contemplado, pudiéndose hasta inferir que la ha perdido, dado que el discurso se ha enfocado hacia los extremos, ricos y pobres, sin consideración por el centro. El oposicionismo político la trabaja (a la clase media) con desmedido tesón, consciente, más rápido que el gobierno, de su poder generador y masificador de matrices de opinión. Si no se quiere creer, piénsese un poco en los resultados del 2D, sobre los que todo el mundo concluye que tuvo gran peso la famosa cuña del carnicero. Ya se ha hablado en otros artículos de su nada desestimable poder modélico sobre las clases de menor estrato social, sobre los que son jefes, maestros, profesores, comerciantes, profesionales en general, personas cultas, admiradas en el modo y plano más inmediato. Mucha gente sencilla he conocido que ha entrado a una empresa hablando español y sale hablando inglés, para hablar en sentido figurado. Es para pensar.

La oposición no pierde tiempo y siembra desde hace rato la insidia y el resentimiento en este sector de la población, para no decir de la oposición. Artera, hace notar con qué facilidad consigue un pote de leche la gente en el mercado solidario de una barriada, contrastándolo con la dificultad de la gente de una urbanización en su abasto. Tengo conocimiento que algunos que viven "abajo" encomiendan a los que viven "arriba", en los cerros, para que les consigan alimentos. El asunto -hay que repetir- es para pensar. Ojo claro, lector: clase media baja y media.

De forma que hay que concluir que en dos puntos cojea el gobierno bolivariano: plataforma comunicacional y clase media. Atender sus problemática significa hacerse con una contra que va más allá del efecto talismán: es contraatacar políticamente. ¿Podemos reflexionar sobre ello constructivamente?

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