martes, 26 de mayo de 2009

El blanco poder negro en los EEUU

No entiendo cuál es la esperanzadera que se tiene con el negro.  Tienen que disculparme, pero no lo comprendo.  Que Obama es el cambio en la política imperial de los EEUU sólo porque la coloración de su piel es distinta a la tradicional que han ostentado sus predecesores, es una ilusión que raya en la ingenuidad.  A ello se le suma que viene de un pasado oscuro, cimbrado de esclavitud, coloreado de humillaciones y trabajos pesados.

Claro que él creció en otra época y otras circunstancias.  Tuvo la suerte de abonarse la “ventaja” de que uno de sus padres perteneciese a la tradición, es decir, al color blanco originario nacional, y en medio contexto donde ya la sangre de muchos mártires había dado el fruto de luz libertaria.  El “yo tuve un sueño”, de Martin Luther King, en su caso había cogido vuelo:  estudios universitarios, cero esclavismo, prestigio, respeto a su dignidad, como debe ser.

Por más que la prensa estúpida y mal intencionada que lo rodea saque a cada rato a todos que el palacio de gobierno que ocupa, de modo insólito, fue construido por sangre, sudor y mano de obra esclavos.   Como si eso diera para que el supuesto atribulado y nuevo presidente de los EEUU no pueda dormir en paz, rodeado por penitentes fantasmas que a cada rato le presentan sus reivindicaciones desde el más allá.

¿Hacia dónde vamos con el argumento?  ¿Será, por ventura, a creer que por tales circunstancias pigmentarias ya la humanidad resolvió ingente cantidad de problemas que en gran parte dependen de la actitud política que despliegue la potencia militar de los EEUU?  Condolezza Rice, no obstante ostentar en su nombre las huellas de los granos que seguramente sus antepasados sembraron (arroz), es más blanca que el más pintado, adlátere y perro guardián del mismo sistema que millones de idiotas sueñan con que Obama cambie.  Así como suena:  dos negros universitarios mirando el mundo, una de ellos del color que ya conocemos y el otro siendo inducido hacia otras tonalidades.  Tal es la esperanza.

Ha poco el intelectual estadounidense Chomsky hizo públicas sus dudas sobre el “pupilo de la esperanza”, como debiera llamarse de una buena vez el simpático negrito de la Casa Blanca.   Lo llamó algo así como “un blanco pasado de sol”.  A cien días de mandato, cuando Irak sigue siendo un nuevo cuento viejo, Irán el mismo de la gestión bushiana, la tortura de Guantánamo una caja negra de la impunidad y violación de los derechos humanos, Cuba aún con bloqueo, Israel la perenne nación elegida, Corea del Norte el nuevo peligro y Hugo Chávez el jefe de un terrible “eje del mal”; parece torpe seguir creyendo en colores, así como tonto es continuar aferrándose a un utópico deseo de cambio. ¿Existen razones, más allá de los colores?

Colin Powell, aquel viejo hombre fuerte de las anteriores gestiones de gobierno, también fue de color oscuro antes adoptar el definitivo matiz blanco que hoy ostenta.  A su modo, fue un antecedente en materia de poder de quien hoy funge de presidente en la Casa Blanca   …Igual que Condolezza, nuestra aludida arrocera.  Ambos, finalmente, asimilados por el sistema, el estatus, el molde, el motor de fuerzas estructurales de la sociedad de privilegios que son hoy los EEUU.

Por supuesto que su advenimiento al poder del sistema blanco norteamericano es un hecho sorprendente, aunque no inesperado en esencia, si uno se pone a sacar cuentas.  Más que eso:  un síntoma delatador de problemas.  Los balances no venían cuadrando, los saldos blancos no arrojaban las convicciones requeridas; el color negro y latino crecía multiplicadoramente, atiborrándose, sedimentándose como nuevo elemento de sentimientos y cultura dentro del espectro del discurso “democrático” a tener en consideración por quienes han dirigido el país, como ha sido la costumbre desde Abraham Lincoln en adelante…  Tanto así que ya memorizamos el tal discursito de la “democracia”, “igualdad” y “libertad”; “patio trasero”, si para América Latina.

De forma que no iremos a creer que otra cosa distinta a esta preocupación por el quiebre de la tradición “blanca” es Obama.  Un hecho discursivo, reparador de apariencias; un taimado ardid dispensador de equilibrios e igualdades desde el gran país de la “democracia”, a un tiempo válvula de escape de la presión social, desconfigurada racialmente desde hace una cuantas décadas para acá.  Finta de los factores de poder dominante para hacer consistente el inveterado discurso de los “progresos”, mismo que le imponen a los demás pendejos de este mundo.  Cálculo blanco sobre el espectro de los colores y las nuevas realidades.  Chivo expiatorio y al mismo tiempo agente de la distracción del error propio.

…”a Obama no habrá de quedarle más que tres destinos:  el dado, eterno reo de los mecanismos de poder; el de payaso escarnecido en su representación factorial étnica y cultural, o el de repentino cadáver de la conveniencia plutocrática malograda, último éste para el caso que las aguas dejen de estar controladamente calmosas sobre la superficie social de los EEUU”

Naturalmente, él lo sabe.  Ni idiota que fuera.  En verdad su alma podría albergar la semilla de cualquier reparadora reivindicación que clame la justicia y la Historia, pero la sabe lanzada sobre un infértil territorio de piedras.  Esperanza como semilla al fin, como lo desea mucho del mundo, ahíto de ansiedad; imposibilidad como árbol frutal, ni siquiera imaginado.

Elemento como tuerca y tornillo enclavado en la maquinaria del viejo poder blanco que juega con la estupidez del mundo.  Apariencia de elección popular, Obama es un reo de la fisiología imperial de los EEUU, de los sacrosantos poderes plutocráticos que desde allí intentan monopolizar el mundo.  ¿Cómo venir, pues a creer la perla buena de que eso se habrá de acabar sólo porque en su historia de dominios hubo un eclipse un mal día?

Existe un gen fundador, hay una estructura, un centro ideológico sistémico, disimulado arteramente en el manejo del discurso, llegada la necesidad de confrontar la evolución de los tiempos.  País de blancos con oportunidades, donde, para que se vea como tal, gobierna un negro.  EEUU es el país apropiado por unos pocos, todos de sueño anglosajón iniciático.  Aquella Vieja Inglaterra resabiada, con ínfulas de nuevo pueblo, nunca visualizó en la novedad futura algo que nunca fue ella misma.  Ni negros, asiáticos o latinos…, a no ser más que como giros discursivos.

El futuro de los EEUU, tanto como sistema político democrático e ideológico, y hasta como hecho integrado territorial, podría ser una calamidad en breve, si nos atenemos a los factores considerados que lo delinean como una predestinación étnica jugando hipócritamente con los “colores” o discursos de la conveniencia, haciéndose la idea que el resto del mundo es como su adormilado pueblo.  Obama puede no saberse un inocente sujeto de la Historia, que puramente llegó al gobierno por los efectos de la sinceridad circunstancial; pero, con seguridad, se sabrá un hombre pensante con las manos atadas, esto es, un conflicto viviente que un día tendrá que asistir a la imposibilidad de ejercer su libertad, su libre albedrío, su humana dignidad.

Más cuanto –sospechosamente- accede a la presidencia de los EEUU en momentos en que el valor blanco se ha fracturado un poco, presentándose como la oportunidad para que el factor emergente negro (el enemigo) haga su trabajo, a duras penas entre la actual crisis.  ¡Vaya, vaya, vaya!  Sus orígenes precisados, esposa e hijos, el foco del mundo sobre su frente, cínica nueva figura impuesta como cabeza de una situación de crisis mundial, presenta Obama una de las mayores vulnerabilidades que presidente alguno jamás ha presentado, así lo sea del “país más poderoso” de la tierra, como se suelen llamar los gringos a sí mismos.  Precisamente por ese hecho mismo, listo para aniquilar la oferta negra de andar ejerciendo poderes, aunque sea en tiempos de crisis.

Ya lo hemos visto:  los medios de comunicación han empezado a realizar su trabajo, de indetenible descrédito de la figura presidencial. Han empezado, soterradamente, a acusarlo de todo: que sí blando con el terrorismo, con Irán, con Corea del Norte, con China, con Venezuela…  No perderá la derecha política mundial, blanquita, semita y sajona, en medio de este trance obligado de estirar el discurso hasta lo oscuro del espectro, la oportunidad de arrodillar de una vez la posibilidad de estar realizando cambios sobre la matriz conocida, incluso de desearlos.  De correr con la suerte que el país que aprisiona (la derecha política) no se le desboque en medio del descontento social de la coyuntura, a Obama no habrá de quedarle más que tres destinos:  el dado, eterno reo de los mecanismos de poder; el de payaso escarnecido en su representación factorial étnica y cultural, o el de repentino cadáver de la conveniencia plutocrática malograda, último éste para el caso que las aguas dejen de estar controladamente calmosas sobre la superficie social de los EEUU.

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