jueves, 11 de febrero de 2016

DILEMA EXISTENCIAL CHAVISTA: LLAMAR A ELECCIONES ES PERDER Y NO LLAMARLAS ES FORTALECER AL ENEMIGO


Al chavismo le gustan las elecciones.  Ya tiene una faja de 19 victorias y 2 derrotas, aproximadamente.  No hay problemas en llamar a elecciones por ese lado de la moneda.  El asunto es la otra cara, el momento presente de mucha cola en la calle en pos de los alimentos e insumos variopintos.  La gente anda arrecha, cual toro expidiendo polvo desde sus cascos, y podría resultar contraproducente convocarla dado que podrían empatar la jornada de voto o abstención castigo ejercidos desde el 6D.
Esto para comentar la única vía que existe para disolver la adversa Asamblea Nacional que se formó en Venezuela:  el llamado a reforma constitucional.  Pero luego habría que hacer las temidas elecciones bajo la situación dicha.  Nada fácil el asunto.
Mientras tanto el reloj avanza y ocurren dos cosas nefastas para el chavismo o lo que queda de él.  (1)  La oposición se refuerza en su nuevo bunker legislativo y (2) la negligencia oficial y partidista, incapaz de sacudirse las costras de la autodestrucción, sigue dejando operar al enemigo interno, esto es, la corrupción, la negligencia, la falta de respuestas contundentes a los problemas emblemáticos (desabastecimiento, inseguridad, bachaqueo) que envíen un mensaje de confianza a la población.
Increíblemente, por poner un ejemplo, aún no se ve un operativo coordinado contra los llamados "bachaqueros".  Cualquier país ya habría militarizado las calles para luchar contra tal enemigo, porque tales son eso, ni más ni menos, gente que le tira al pueblo, contratada en gran medida por los interesados en la desestabilización nacional (no puede ser un empleo el ejercicio de un delito), gente que desangra la riqueza y paz nacionales tirándola allende las fronteras.  Nadie pide un estadio de futbol para detenerlos, pero es claro que hay que actuar con magnitudes olímpicas sobre el problema.
Tampoco se ha visto a ningún gran señor preso por actos de corrupción, ¡pero es que ni siquiera alguien que haga las veces de chivo expiatorio al menos, como el famoso chino de Recadi de tiempos pasados!.  Se requiere una campaña comunicacional de impacto, de guerra si se quiere, pero que pregone con evidencias en mano y culpables tras las rejas.  Esto es una deuda con el país y una reparación moral.
Sorprende la desidia de ver al gobierno perder el poder progresivamente, desorientado, cual hormiga loca, falto de pueblo.  Resulta increíble creer que esté jugando a que crezcan las colas con la ingenua idea de que la gente culpará de ello a la oposición por la promesa electoral que hizo de acabar con ellas.  ¡Malo, malo!  No funciona así.  Las colas se han incrementado y cada vez es más difícil conseguir los artículos básicos; pero la gente en la calle no culpa a la oposición, sino al gobierno.  Es un tiro en los pies persistir en ello si es política de Estado hacerlo.  "¡Toma tu Asamblea Nacional!" es un eslogan efectista nomás.
Es el dilema.  No llamar a elecciones fortalece a la oposición y llamarlas corre el riesgo de una derrota política monumental.  Ello tumba el razonamiento de llamar a la renuncia a Nicolás Maduro para evitar la incapacidad de dejar crecer al enemigo interno porque inmediatamente habría elecciones.  Ni siquiera por las buenas podría hacerse, por aquello de salvarlo de ser defenestrado como ocurrió con Fernando Lugo en Paraguay, o para evitar lo que se vivió con Violeta Chamorro y Daniel Ortega en Nicaragua.
La derecha está allí, en un poder paralelo entronizada, el legislativo.  Y lo que hará dejará empequeñecido a lo de Mauricio Macri en Argentina.  Venezuela es petróleo y poder geoestratégico, y buitres más letales que los proargentinos son los que están asomados hacia el convulso interior de Venezuela esperando el momento de la carroñada.

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