jueves, 19 de mayo de 2016

ESTIMADA AGENTE POLICIAL DUBRASKA ÁLVAREZ, TE PIDO DISCULPAS


Estimada Dubraska Álvarez, agente de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), salvajemente atacada en la avenida Libertador, Caracas, mis respetos, admiración y excusas.  Los dos primeros conceptos por ser mujer, en razón doble si agente de un cuerpo policial al frente de una situación tan peligrosa como custodiar una marcha opositora caracterizada por la violencia, por más que se cacaree pacífica, conformada en sus ingredientes por personas jóvenes compradas por el paramilitarismo.  El tercer concepto (las excusas) por ser responsable yo de algún modo como venezolano de que nuestros agentes policiales salgan tan desguarnecidos a hacer el trabajo de afrontar situaciones tan peligrosas.  Somos una sociedad y respondemos todos por todo.  ¿Dónde estaba tu arma de reglamento, la misma que, es cierto, nadie pretende que se use contra los manifestantes, pero que habría servido en última instancia para defender tu vida, a punto de ser arrebatada?  O en su defecto:  ¿dónde estaban los apoyos armados alejados adecuadamente del sitio de la marcha, listos para auxiliar? Te pido disculpas por eso, por ser tan fresco, por ver la agresión de la que fuiste objeto desde la comodidad de un sillón al llegar a casa, por no estar allí para haberte dado un puñetazo a un energúmeno de esos,  y porque en el país existe una prohibición de porte armas para afrontar ejemplares humanos que protestan entrenados bajo conceptuaciones paramilitaristas, tipo Lorent Saleh y otros muy conocidos, gente de muy baja condición humana y cobardía, como mostró al mundo el video de los acontecimientos (https://youtu.be/98dDJeM9Mqg?t=5m40s).
Sé que trabajas en un cuerpo profesional con una nueva óptica, la PNB, cuerpo que nace corrigiendo el entuerto monstruoso y criminal de la otrora Policía Metropolitana (PM), de cuyo nombre nadie quiere acordarse.  Sabemos que es una policía humanista, comunal, comunitaria, gestora de paz, idealmente diseñada para situaciones que aspiramos a superar como país y sociedad, como los abusos de autoridad, las matracas, las mafias, los secuestros y extorsiones; pero también sabemos que la realidad que aspira a enmendar o normar, la realidad sobre la que están llamados ustedes como funcionarios a trabajar, supera con desborde el ingenuo pensum del idealismo de la preparación universitaria.  Es decir, la formación que los funcionarios reciben no parece compadecerse con la realidad siniestra del mundo exterior.  Esto es, si yo voy a ejercer mi trabajo y a entrar en combate, debo ir provisto de las herramientas necesarias para ello, refiriéndome a los dispositivos de combate y defensa, persuasivos u ofensivos, según el perfil situacional.  A menos que, y esto es peor, jefes policiales nos engañen y nos digan que trataremos con niñitos de pecho que sólo expelen pucheros.  ¿Ah, ministro para Relaciones Interior, Justicia y Paz, Gustavo González López?
He oído a personas admirables, como José Vicente Rangel, pidiendo a los cuerpos de seguridad más comedimiento a la hora de atacar bandas armadas, pidiendo más "suavidad", por ejemplo, al accionar de la Organización para la Liberación del Pueblo (OLP), que se le respeten los derechos humanos que los delincuentes no tienen a bien a respetar en sus víctimas.  Así también he oído a muchos otros por la misma línea, gente que no parece caminar sobre el piso de la Venezuela presente, en contacto con la agreste realidad.  Te pido excusas por semejantes desaguisados de la sociedad venezolana, de sus dirigentes e intelectuales, de sus notables voceros que no parecen concordar en que la realidad es dura y exige consiguientemente un duro tratamiento.  Inútil y estúpido es que me ponga a advertir a los fanáticos de siempre que ni tú ni yo estamos pidiendo regresos a prácticas superadas de violación institucional de los derechos humanos, ni que se critica a la política del gobierno en materia de seguridad por criticarla.  No es eso.  Ahí está el resultado.  Casi mueres un día miércoles.  Lo que se pide es un mejor criterio realista a la hora enviar a nuestros agentes a la calle a confrontar situaciones arriesgadas, no provistos nada más con el pensum bienintencionado de la academia o preñados de ingenuas intenciones; se quiere que al hampón se le trate como hampón y punto, sin medias tintas ni escrúpulos pendejos que hagan sentir al venezolano que hampones virtualmente somos todos y que todos tenemos la mismita igualdad de trato y derechos que ellos.  Y he allí que te señalo a un violador, a un paramilitar u otro asesino para que le pasemos la tabla rasa buena que le pasamos a los ciudadanos comunes del país.   ¡Por favor!... 
La reflexión debe terminar con que se reconsideren las circunstancias en que se echarán a nuestros agentes de policías a realizar sus trabajos en las calles, que sean perfilados ellos de acuerdo con el tamaño de las circunstancias, tanto como en provisión de herramientas no solamente defensivas, sino también ofensivas.  Y si hay que sentarse a reformar la ley policial, ordenanzas y decretos que podrían mandarlos a una muerte segura, que se reforme.  ¿Si un agente policial muere a manos del hampa, qué habrá de esperar de ciudadanos armados con un poco más de ingenuidad?  Por lo pronto, el jefe policial responsable del dispositivo de seguridad en la avenida Libertador, Caracas, donde ocurrieron los desafueros, es decir, donde no hubo un contingente de apoyo para rescatar a Dubraska, debe dar unas cuantas explicaciones.
En fin, basta ya de tantas mentadas de madre, escupideras, pedradas, tiroteos y tanta otra falta a la cuota de autoridad que debe ejercer un cuerpo de orden público en el país. Que a un policía no se le respete, mucho más si se le mata porque no inspira autoridad, es una desgracia que ha de afectarnos a todos como nación, país y Estado.
Hago votos porque te recuperes, Dubraska, y, como te dije, mil perdones.
Y a continuación la lista de los angelitos pacíficos que te golpearon y que fueron capturados:  Jheremy Bastardo Lugo, Daniel Hidalgo, Luis Antonio Camacho, Romer Moreno, Deivis Vermecí, Richard Rondón y Jefferson Valderrama.  Uno de ellos, Romer Moreno, confesó que el jefe de seguridad del diputado Henry Ramos Allup les pagó para que protestasen violentamente.  Como tú, espero justicia y que sus huesos reciban el adecuado tratamiento de un hampón golpea-mujeres metido entre las rejas de una cárcel, sin que tenga que salir un José Vicente Rangel por ahí a decir que hay un exceso en que se les aplique la ley.

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