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jueves, 19 de marzo de 2026

El bueno de los Estados Unidos reconoció a Delcy y suspendió las sanciones petroleras a Rusia

¿Cómo definir la reflexión? Si el lobo se ajusta o se quita la máscara, es posible que el gesto pueda interpretarse por la oveja como un acto de bondad. Es probable que sesudos analistas del reino ovejuno se lancen a perfilar las honduras significativas del movimiento lupino.
Por ejemplo, podrían interpretar que el lobo muta, o que reflexiona, o que ha desarrollado conciencia, concluyendo que comerse a esos pobres animalitos es un crimen. No faltará, inclusivo, una ovejita blanca escritora que concluya que el lobo podría hasta convertirse en oveja con el tiempo, impregnando el ambiente con un hedor de amor y paz.
La imagen también trae a las mientes al ogro mitológico que asesina a diez humanos al mes en una villa y, cuando decide matar a nueve, es elevado en panegíricos hacia el infinito. El amor y la piedad son la fuerza que mueve al universo.
Tal ocurre con dos acciones de carácter geopolítico que ensayó Donald Trump recientemente. La primera fue en el marco inicial de la agresión contra Irán, suspendiendo las sanciones al petróleo ruso. Algunos idiotas interpretaron la movida como debilidad o concesión cuando lo que procedía era hablar de necesidad. La guerra contra Irán acarrearía carestía energética y convendría a los intereses imperiales permitir la fluidez petrolera.
Hoy, el estrecho de Ormuz está bloqueado por Irán y cualquier barril de petróleo que ruede por ahí es bienvenido por los aterrorizados estadounidenses. No se diga nada de la industria petrolera de Venezuela, a la que le están aflojando las amarras sancionatorias con gran bondad y piadoso sentido de progreso popular.
La otra es la medida de reconocer a Delcy Rodríguez como mandataria legítima de Venezuela, haciendo caso omiso de lo que puedan pensar los verdaderos electores del país. Entonces saltaron muchos cerebros a prodigar las merecidas loas a los vientos, incluyendo a personeros del mismo gobierno. El imperio estaría a punto de reconocer su error al agredir a Venezuela y, lo que es mejor, podría liberar a su presidente.
La cruda verdad es que, precisamente, para hundir a Nicolás Maduro, se requería ante los tribunales gringos anular su legitimidad presidencial, reconociendo en su lugar a Delcy. Las instancias federales de justicia de los Estados Unidos, para continuar con su caso, solicitaron al gobierno trumpista pronunciamiento sobre su investidura presidencial. Si se respondía «presidente», entonces la justicia debía reconocerle inmunidad y, posiblemente, hasta desestimar el proceso penal.
¿A qué hablar de progreso o de sentido moral por causa de un simple reajuste de la soga en el pescuezo?

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